Nos escuchan

Publicamos un relato de Pedro Acuña, alumno del Taller Literario de Carlos Penelas en nuestra Biblioteca.


“Nos escuchan” comenta Raúl. “Pasa seguido. Hablamos con un grupo de amigos sobre un tema y al rato empiezan a caer avisos en los celulares. ¿Me entienden? No escribimos nada en los celus. Por ejemplo, charlamos sobre un viaje a Madrid y al rato aparecen avisos de promociones en viajes a Madrid en los celus” añade entre preocupado y divertido. Trabaja en una farmacia. Es farmacéutico. Poco sabe de informática e inteligencia artificial. En los últimos años nada le ha salido bien, sea por azar o por motivos que intuye, pero no termina de comprender.

“¡No te puedo creer!”, responde Laura, sorprendida y con un poco de temor. “¡¿Entonces saben todo?! ¿Cuánta gente lo hace?”. Mientras lo dice levanta de la mesa del living, junto a Esteban, los platos con restos de pizza y empanadas. Y la botella vacía de cerveza. Se han reunido en casa de este último para festejar su cumpleaños.

Esteban, analista de big data, aclara que persona alguna oye lo que dicen. “Tan sólo son algoritmos que capturan las palabras a través de los celulares, las analizan y devuelven ofertas de venta”. Les omite que, amén de su labor de analista, a veces realiza escuchas ilegales para su otro trabajo. Está convencido de que tanto ella como él lo ignoran.

Minutos atrás ha abierto los regalos. Ella le obsequia una camisa escocesa. Él unos auriculares inalámbricos. “Para que escuchés mejor”. Raúl comenta sin mayor sentido que su regalo – lo dice en inglés: gift – es el más indicado. “Tanto que te gusta la música”, añade.

Fueron compañeros de escuela. Solteros. Rondan los treinta y cinco años y por razones diversas vienen escapando a los compromisos. Esteban y Laura son amigos con derechos. Ella no hizo estudios superiores y trabaja como secretaria en un estudio contable. Algún tiempo atrás tuvo un romance fugaz con Raúl.

Llega el momento de soplar las velitas. Apagan la luz. “Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz…” cantan la melodía de las hermanas Smith Hill mientras el homenajeado sopla con alegría. Cuando intentan encenderlas nuevamente reparan en el corte de luz. Bromean en la oscuridad y al minuto, minuto y medio todo se ilumina nuevamente. Se escuchan las campanas lejanas de la iglesia que indican el final del martes.

Brindan con champagne. Las copas estilizadas chocan en el aire.

“Sigan ustedes si quieren; yo me preparo un café” dice Raúl cuando ve que Laura llena nuevamente las copas. “Qué linda está ¿por qué me dejó?¡ Y encima por éste!” piensa con ira contenida. Recuerda el primer año de la secundaria cuando la conoció, fue un flechazo de ambos.

“Me sumo al café” dice Esteban. Un gesto de decepción alumbra en los labios de Laura. Desde la escuela ha sido igual. Ella decidida y arremetedora. Raúl introvertido e inescrutable. Esteban, un cazador nato. Nunca se interesó por ella en la escuela, pero algo se le despertó cuando supo que salía con Raúl. Trabajó con sigilo para conquistarla. “Él nunca se va a enterar. Por otra parte, Laura está más contenta ahora”, medita.

“Qué cortados. Ya sé que mañana nos levantamos temprano, pero no soy tan blandita como ustedes”. Los observa. No puede creer que en algún momento haya pensado en Raúl como pareja. Se siente liberada y plena desde que está con Esteban.

Ellos se miran con sorpresa, pero no cambian de opinión. Comienza el leve zumbido de la cafetera con las cápsulas de café. Raúl respira con alivio; sabe que tiene alrededor de una hora hasta llegar a su departamento.

Laura corta porciones de la torta que preparó a la tarde. La miran atentos. Sus manos son finas; uñas pintadas con precisión en un rojo frenético. Ni que decir de su sensualidad.

“Muchos años atrás ví La vida de los otros; ahí sí había un espía que escuchaba. El espía era comunista y oía a disidentes, pero no me acuerdo bien la trama”, comenta Laura. Raúl - que tiene presente tanto la película como cualquier detalle que vivieron - duda si ella recuerda con quién la vió.

Dos tazas de café, las copas de champagne, el diluido olor de la vela apagada, la torta de manzana, forman una mezcla rara de aromas. Raúl aprovecha para avisar que se retira al advertir que Laura como Esteban bostezan. Pasa primero por el baño. Cuando sale, ambos duermen placidos sobre el sofá del living. No los molesta. Revisa un par de detalles y se marcha cerrando la puerta con sigilo. El barrio se encuentra en silencio. Mira su reloj; casi la una de la mañana: es miércoles. Camina hasta la esquina donde está el auto. Gira la llave, enciende el motor y emprende el camino con una íntima sensación de alivio. Tres pensamientos de vesania absoluta lo asedian. ¿Se despertarán? ¿Habrá cerrado bien puertas y ventanas? ¿Cuánto tardará en explotar el gas?

Pedro Acuña
 

Sobre el autor
Pedro Acuña. Nació en 1962. Se crió en Mercedes, provincia de Buenos Aires y a los 17 años fue a vivir a la Capital Federal. Es abogado, docente y trabaja en un banco. Le gusta leer y en su adolescencia colaboró en un diario de su lugar de origen. Participa en el taller literario que dicta Carlos Penelas. De Acuña ya habíamos publicado el cuento "Lucho", que puede leerlo acá.

El presidente

por César Aira
(Mansalva, Buenos Aires, 2019, 128 páginas)



Su prosa es segura y fluida: sus imágenes se deslizan sin estridencia, casi imperceptiblemente. Utiliza también un rico vocabulario, por momentos exquisito.

La historia –lo advierte la nouvelle– funciona a través del espíritu del cuento de hadas oriental insertado en un Buenos Aires actual casi fantasmal: “Pero en los hechos la realidad estaba toda agujereada, sus anfractuosidades eran innumerables, variables e impredecibles las profundidades de cada pozo.”

El presidente paulatinamente transita hacia el género fantástico y no desaprovecha dar un giro kafkiano a las descripciones: “…sabía mejor que nadie que todo interior contenía otro interior. Nunca se terminaba de entrar a ninguna parte.”

Hay pocos personajes, todos estrafalarios, empezando por el Presidente –vive en un precario y oculto cuarto de la Casa Rosada–, que todas las noches recorre las calles vacías y oscuras de la ciudad como si fuera un ciudadano común; su novia Xenia, que tiene un capacidad superior para resolver los problemas prácticos y atiende una tienda miserable propiedad del mandatario; la Rabina, que fue su amante y lo inició en la vida sexual, y el Pequeño Birrete, por el que sintió un gran cariño y que supuestamente murió, ya que también pudo ser un amigo imaginario propio de la infancia. En definitiva, es una fantasía que gira hacia un absurdo colmado de humor, que a ratos se torna sarcástico: “…pero antes quería terminar de leer el diario. De pronto le encontraba un interés absorbente a esas historias inventadas.”

Pese a su título, El presidente no es una nouvelle política, sino en cierto modo experimental, un anhelo de renovación literaria. En este ámbito logra introducir profundas reflexiones de todo tipo: “Hallarse en el mundo era la experiencia más terrible, la fragilidad inmensa del ser vivo lo condenaba al miedo, a la ignorancia de todo, y la boca, vuelta un hocico bestial, se le abría en un alarido de dolor.”

César Aira (Coronel Pringles, provincia de Buenos Aires, 1949) es traductor, dramaturgo y escritor de ficción (tiene más de cien novelas cortas publicadas). Recibió Diplomas al Mérito de los Premios Konex a las Letras: en 1994 por Traducción y en 2004 por Novela. Fue galardonado con la Beca Guggenheim en 1996. Obtuvo en 2013 el Premio Trayectoria Artística del Fondo Nacional de las Artes en la categoría Letras. En 2014 recibió de Francia el Premio Roger Callois para autores latinoamericanos y de Chile el Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas en 2016.

Germán Cáceres

Este libro forma parte del catálogo de la BibliotecaSiendo socio puede retirarlo para su lectura.

Una nueva teología


Dios no podía soportar su felicidad
cuando los oía reír juntos en el jardín.
Los sorprendió arrodillados en la inmundicia
(o peor), con jugo de granada
resbalándoles por la cara. Los descubrió
cortando un higo con fresca delicia
como si algo capital se les hubiera manifestado.
Me parece que todo - la serpiente, la manzana
con el conocimiento del bien y el mal - era un galimatías
porque Dios no podía consentir quedarse solo
con su creación mientras Adán y Eva se lo pasaban
tan bien como un hombre y una mujer juntos en el Paraíso,
igual que nosotros, amor, igual que nosotros.

Edward Hirsch
Lay Back the Darknes / Aligeren a la oscuridad, 2003
(Versión de Pedro Casas Serra)

Feliz día del Bibliotecario

Cada 13 de septiembre recordamos el “Día del Bibliotecario”, en recuerdo a la salida de la "Gazeta de Buenos Aires" del 13 de septiembre de 1810. Allí, Mariano Moreno fundaba la Biblioteca Nacional y nombraba a los primeros bibliotecarios del país.



En "La Gazeta" Mariano Moreno, Secretario de la Primera Junta de Gobierno de la Revolución de Mayo, escribía el artículo "Educación", donde informaba sobre la creación por la Junta de Mayo de la Biblioteca Pública de Buenos Aires, hoy Biblioteca Nacional y de los nombramientos del Dr. Saturnino Segurola y Fray Cayetano Rodríguez, quienes fueron los primeros bibliotecarios oficiales de la nueva era de la Independencia de la República.

Es por eso que en el Congreso de Bibliotecarios celebrado en 1942 en Santiago del Estero, se decidió instalar esta fecha como Día del Bibliotecario, que quedó instituida a nivel nacional en 1954.

En la foto recordamos la visita de la escritora española Almudena Grandes a nuestra Biblioteca, donde fue nombrada Socia Honoraria

Libro de fanzines

(Temperley, Tren en movimiento, 2018, 192 páginas)


En la «Introducción» Schmied aclara que el libro encara una “…búsqueda de producciones que ya se hayan interesado en el tema de la microedición a la vez que plantea el desafío por encontrar nuevos abordajes, e incitarlos, si es posible.”

En «Fragmentos de una historia de la microedición» se aclara que los “…textos acompañaron la muestra curada por Alejandro Bidegaray y Alejandro Schmied en el Centro Cultural Rojas de C.A.B.A. entre el 4 y el 28 de agosto de 2017”, de la cual se incluyen algunas imágenes de tapas y publicaciones. En ellos se destaca la existencia de nuevos activismos. Este movimiento de revistas subterráneas (revistas subte) fue importante en la época del Proceso por referirse en gran parte a una problemática vedada por la censura. Aquí se habla mucho de contracultura al proclamar de que “El fanzine es herramienta, vehículo, medio. También recurso estético, elección productiva. La autogestión como afirmación.” Debe aclararse que fanzine surge de la conjunción de dos vocablos ingleses: fan, admirador, fanático, y magazine, revista. Se trata de ediciones no profesionales realizadas con medios rudimentarios (fotocopias especialmente, por las cuales los fans estaban fascinados como medio de divulgación) y con escasa circulación dado su carácter no comercial.

A continuación figura la entrevista que en enero de 2013 Melina Dorfman y Alejandro Schmied le realizaron a «Patricia Pietrafesa», responsable del famoso fanzine Resistencia. Allí menciona que en su formación fue fundamental el libro de Juan Carlos Kreimer Punk, la muerte joven (1978). Pietrafesa se consideraba punk, movimiento musical sinónimo de resistencia, y por eso le puso ese nombre a su publicación. En uno de sus números aparece una nena que está saltando y comenta “quien dijo que no hay futuro si por cada policía muerto nacen mil niños”. Fue detenida por esta frase pero aclara que en ese momento no fue maltratada. Más adelante, declara que: “Sentíamos el poder de la libertad individual, el poder que da la realización, decir ´yo acá pongo lo que yo quiero cuando yo quiero´. Es re fuerte. Me di cuenta del poder que tenía.” Patricia Pietrafesa tocaba en un conjunto de rock, hacía festivales y le encantaban manifestar sus puntos de vista sobre libros y películas: de allí su fascinación por el fanzine como medio de comunicación y de expresión estética. Reivindica al punk como una cualidad que había surgido en todo el mundo, y que representaba “un montón de cambios y de ideas para poner en marcha.”

Rafael Aladjem, creador de «Homoxidal» en 2001, relata la evolución de ese fanzine, que empezó a enrolarse en la corriente queerpunk y cuestionando “cualquier esbozo de dogma en la órbita glttb, y el uso de la provocación y la introspección como ejercicio vital, anterior a cualquier definición o etiqueta”. Los fanzines, más allá de sus diferencias y propósitos pueden considerarse revulsivos y cuestionadores de todas las prácticas sociales.

«Los fanzines en la historieta argentina (1979-2014)», por Julián Blas Oubiña Castro y Roberto Barreiro, es un informe muy erudito, fruto de un titánico trabajo de investigación. Comienza con una queja porque los ensayistas entienden que no obstante haber tenido una presencia constante en la historieta argentina durante más de treinta años y su importancia “para cualquier estudioso que aprecie la cultura popular y, en especial, el noveno arte”, carecen de una reseña histórica. Además, señalan que no pocos cultores del género tienen un desprecio por esta manifestación de jóvenes que no son profesionales y carecen del andamiaje técnico necesario como para llevar a cabo una producción comercial de calidad. Se considera que el primer fanzine apareció en 1972 y se llamó Archivo de la historieta. Más allá de su edición rudimentaria (en papel entintado, con pocas páginas y escasos números fotocopiados) traían valiosa información sobre el medio y todo tipo de historietas, entre ellas no pocas “raras, extrañas, de un humor absurdo y de estilos poco convencionales”. Otros dos términos de la jerga que deben aclararse son el inglés fandom, que señala a un grupo de entusiastas de algún producto o acontecimiento. Otro es prozine: se trata de un fanzine con ambiciones de plasmar un producto de gran calidad artística. Entre los fanzines destaca Comiqueando lanzado en 1986, y centrado en la investigación, que cita continuamente los comic-books norteamericanos, que tuvieron tanta influencia en nuestro medio, sobre todo a través de los superhéroes. La figura descollante de esa publicación –que actualmente es virtual– es Andrés Accorsi. Los responsables de esta nota se preguntan si “…si en realidad los fanzines no han sido otra cosa que la punta de lanza de un proceso que ha trocado comercialidad por apertura estética”. Debe destacarse que varios colaboradores o directores de fanzines lograron incorporarse al profesionalismo como dibujantes, ilustradores y guionistas, tanto en el país como en el exterior. Ya en los noventa las posibilidades de los autores de fanzines eran prácticamente imposibles debido a las crisis económicas. “Así, el fanzine ya no fue una paso previo e inicial, sino que era la única posibilidad de publicar”. Sin embargo, en abril de 1994 se desató con Catzole, cuya tirada llegó a dos mil ejemplares, un nuevo torrente de fanzines. El Tripero, realizado por el taller de alumnos de Alberto Breccia luego de su fallecimiento, que sacó ocho números entre 1994 y 2003, se destacó por el “claroscuro, o sea, expresionismo de luces y sombras, con una tendencia ´feista´”. Falsa modestia publicó ocho números entre 1996 y 1999 en Mar del Plata. Fue un trampolín para la consagración de un artista como Gustavo Sala, cuyo humor absurdo está plagado de exabruptos cuestionadores. RAN (Robot Argentino Nipón), que entre 1993 y 1999 emitió dieciocho números, estuvo dedicado al manga y al animé. Mención aparte merece la revista Fierro que salió en setiembre de 1984 con pretensiones de renovación y ser reconocida por un público adulto. Traía el “Subtemento Óxido”, con una estética cercana al fanzine, parte de cuyo plantel de autores terminó colaborando en la misma Fierro. Esa década fue testigo del derrumbe de históricas revistas de historietas. Así Fierro en 1992, Skorpio en 1996 –tras una trayectoria de veintidós años–, y la poderosa Editorial Columba en 2001, que marca la desaparición de la historieta industrial: todas las editoriales del rubro habían cerrado o suspendido sus publicaciones. En estos años se produjo una revolución en el mundo adolescente con la historieta Cazador, en la que trabajaron Jorge Lucas, Sergio Ramirez, Ariel Olivetti y Renato Cascioli, que se transformó en revista, con un humor zarpado y audaz. Lápiz Japonés fue un proyecto autogestionado con afán experimental a cargo de profesionales prestigiosos que se inspiraron en la famosa revista Raw de Art Spiegelman. De Hacha, producto de una cooperativa, aparecieron seis números entre 1996 y 2000. Entre el 23 y el 25 de mayo de 1997 tuvo lugar el «Historietazo», acontecimiento a partir del cual, según Andrés Accorsi, se inicia el período que denominó Primavera de los fanzines, por el nacimiento de numerosas publicaciones independientes. Pero, lamentablemente, en 2003 salen por última vez productos de la escena independiente de esa década. Un evento importante para el mundo de los fanzines fue la organización en 2008 y 2009 del festival «Viñetas Sueltas».

Sobreviviendo aún está Rebrote (surgió alrededor de 2004), que tiene por ídolo al dibujante Lucho Olivera (1942-2006), cuya dirección integran, entre otros, Felipe Ávila (falleció en 2018) y Marcelo Bukavec. Remarcan Oubiña Castro y Barreiro que “hubo varios emprendimientos similares de artistas agrupados en blogs comunitarios”, pero que “debido a las tradiciones y costumbres (…) solo se ven legitimadas en el objeto, es decir, cuando son impresas en papel. Esta búsqueda de legitimización es la que promueve la continua aparición de fanzines.” Y agregan que la historieta dejó de ser popular y hoy es un arte para minorías y, por consiguiente, las ediciones son de muy bajas tiradas. Por consiguiente el fanzine comienza a mirar el circuito comercial como un igual. Como corolario de la nota sus autores reflexionan que la participación femenina –antes casi inexistente– enriqueció el género. Y razonan así: “Puede que la industria haya desaparecido o se haya reconvertido en un mercado pequeño y diversificado, tan segmentado que pocos artistas y editores pueden vivir de este; pero la historieta argentina, como arte y tradición, nutrida en buena medida por los fanzines y las revistas autoeditadas, ha demostrado aptitudes excepciones para su supervivencia, y las nuevas creaciones no tienen nada que envidiarles a las de antaño.”

Otro artículo es la entrevista realizada por Julián Blas Oubiña Castro a «Diego Arandojo», que además de guionista de historietas es periodista, escritor, dramaturgo y –con el seudónimo de Dearand– dibujante. Lafarium Cuatiquis (que significa algo así como «Habitación sin tiempo ni espacio») fue un fanzine que fundó en 1997 junto a su amigo periodista Maximiliano Ramos. Querían dar un espacio al género gótico en todas sus manifestaciones. A partir del 2000 se transformó en una website, es decir una revista digital en formato horizontal. Actualmente la publicación usa el lema “La mirada invisible del arte”, “con lo cual intento transmitir ese concepto de algo que no está ceñido o atrapado en un límite espaciotemporal.” En la actualidad Arandojo trabaja más como guionista de historietas que como dibujante, en razón de que ahora es autor de televisión y de teatro. Entre las entrevistas que realizó se destacan las de Edward Packard, creador del concepto de los libros «Elige tu propia aventura», y la de Makoto Uchida, creador de famosos videojuegos como Golden Axe y Altered Beast.

Carlos Abraham –que cuenta con una extensa obra sobre literatura de género, de la que se puede mencionar La editorial Tor: medio siglo de libros populares, 2012– escribió la nota «Los fanzines argentino de ciencia ficción y fantasía». Y comenta que Hugo Gernsback publicó en 1926 y en Estados Unidos la primera revista profesional del género: Amazing Stories. Y a partir de ese hecho se fue formando un numeroso fandom. En el artículo indica que la primera manifestación argentina fue la revista Más Allá (1953-1957), que publicó editorial Abril, y cuya sección de correo denominada “Proyectiles dirigidos” se erigió en “un hervidero de opiniones, polémicas y propuestas”. Después destaca la figura de Héctor Raúl Pessina (1937-2016), como el máximo cultor en el país del fanzine. En 1961 fundó el Club Argentino de Ficción Cientifica y en 1962 empezó la publicación de The Argentine Sciencie Fiction Review, que reunía textos en español y también en inglés para acceder a la amplia bibliografía anglosajona. La nota distingue entre hard science fiction –por la formación científica de sus creadores– y soft science fiction –por el enfoque humanista y social–. En 1975 se fundó el Club de Ciencia Ficción de Buenos Aires, que dio origen a un fanzine. El 1982 se organizó el importante Círculo Argentino de Ciencia Ficción y Fantasía, que contó con una publicación propia denominada primero Boletín y luego CACyF Boletín. Otros famosos fanzines fueron Sinergia, Nuevomundo –dirigida por Daniel Crocci–, Cuasar y Gurbo. En 1989 apareció Axxón en formato electrónico, dedicada a todas las manifestaciones del género: su director principal fue Eduardo Carletti. Concluye Carlos Abraham afirmando que “aparecieron alrededor de sesenta fanzines argentinos de ciencia ficción a lo largo de una cantidad casi idéntica de años. (…) tales publicaciones no hubiesen existido sin un interés concreto por parte de los aficionados”. Y, asimismo sostiene que en el presente un aficionado al género no crea un fanzine, sino un blog o un grupo de Facebook.

Finaliza Libro de Fanzines con una entrevista realizada por Abraham a «Héctor Raúl Pessina» el 22 de mayo de 2004, en la cual éste habla de su deambular solitario por el género, pese a su perseverante fundación de fanzines. Cita la época que leía solamente revistas en inglés para estar al tanto de lo que se escribía últimamente en el mundo. Por el eso fue apodado “El alienígeno solitario” o “The lonely alien” dado que la mayoría de sus revistas las escribía en inglés. Participó de muchas convenciones internacionales de ciencia ficción y formó una muy rica amistad con Forrest Ackerman, del cual afirma que a pesar de haberse visto personalmente solo tres veces “es uno de mis mejores amigos”. (…) “la ciencia ficción me permitió conocer muchísima gente que, de otro modo, no habría conocido, hacer grandes amistades, pasar hermosos momentos, no sentirme solo”.

Germán Cáceres

Día del maestro

"Ahora les pido un favor. Levanten la mano: cuántos de ustedes han tenido un maestro en cualquier momento de su educación que los hizo sentir más felices y orgullosos de estar vivos de lo que alguna vez creyeron posible.


Por favor, digan en voz alta el nombre de ese maestro a la persona que está sentada o parada al lado suyo... Si esto no es bueno no sé qué pueda serlo."

Kurt Vonnegutt

Borges por Jorge Drexler

«Yo» de Jorge Luis Borges por Jorge Drexler



Drexler, la música
Acá, el disco Frontera, que el uruguayo publicó en 1999.



Encontrá a los libros de Jorge Luis Borges en nuestro catálogo.

¿Cuántas veces murió Fernando?

Ani y yo nos encontrábamos en el pasillo del departamento, mirando la habitación en la cual dormía Natalia. Cómo podría llegar a verse la habitación desde un pasillo, siendo que la puerta está más adelante, sólo lo explica que se trataba de un sueño.

Foto: Arthur Tress

Nos sentíamos asustados pues en esa habitación yacía, en una cama matrimonial, mi tío Fernando. Estaba muerto. La cabecera de la cama daba sobre la izquierda. Frente a la misma, perpendicularmente la cama en que dormía Natalia, como cruzando la anterior pero más alejada permitiendo el paso entre ambas, la primera matrimonial, la otra individual. Más adelante y al centro la puerta ventana que da al balcón mostrando la mañana, clara.

Me acerco con el miedo que produce la muerte aun cuando el muerto sea un ser querido. Veo el rostro de Fernando. Estaba tranquilo, tapado hasta el pecho por frazadas y sábanas bien dispuestas, su cabeza hacia un costado, sus ojos cerrados, barba de uno o dos días.

Nuestra preocupación era sacar a Natalia de esa habitación sin que se enterase que dormía al lado de un muerto, angustiándonos que se despertara.

Mis sueños siempre terminan cuando no sé de qué manera logro preguntarme o razonar o recordar que Fernando ya había muerto en 1975. No conoció a mi hija ni la casa donde vivo.

Mi querido tío Fernando era un trabajador orgulloso, peronista a carta cabal, convencido de su doctrina. De fuerte carácter, divertido; se lo distinguía en todas partes por su risa resonante y su pipa. Casi la antítesis de mi padre lo que explica que no se aguantaran. Vivía en su pequeño departamento de la calle Potosí con su esposa (hermana de mamá) y su madre, Adela Barco, sin hijos por lo cual adoptó, trató, a sus sobrinos como tales.

Se tomó su tiempo con los sobrinos y nos enseñó a jugar al póker, a las damas, al ajedrez; nos llevaba al cine a ver las películas de cowboy cada tarde de domingo, según la plata que tuviera y se encontrase con trabajo o desocupado. Por supuesto, siempre jugábamos sentados a la mesa del comedor.

Al llegar la noche de cada domingo, a las nueve, acomodaba el sillón frente al televisor, apagaba la luz del salón comedor y nos disponía para ver a Tato Bores, exigiendo silencio y riendo estentóreamente cada ocurrencia.

Adela Barco, su madre, ya nos había dado todas las cosas ricas que sabía hacer: buñuelos, tortas fritas y otras parecidas que como eran más chicas de tamaño les decía mentiritas. Mi tía Enriqueta el café con leche, el budín de nuez y las masitas azucaras que sabía hacer, por enseñanza de Adela, llamadas rosquitas españolas. ¡Cuánto placer!

Pero Adela, Mamadela, tenía también un carácter fuerte. Tanto como su apellido se atrevió a cruzar el Atlántico con su hombre o sin él, no recuerdo lo haya contado, desde España a las Américas y pasó a Chile, como actriz, junto a su madre llevando consigo a su único hijo, Fernando. También navegó el Pacífico desde Chile hasta Perú y cruzó otra vez la cordillera cuando el hijo quiso refrendar su nacionalidad argentina y se vino para hacer el servicio militar.

Adela, valenciana de nacimiento, madrileña por adopción, entendía al amor como pasión y esa pasión era Fernando aceptando entonces la tremenda pobreza de los años treinta, durmiendo en el tranvía de terminal a terminal, orgullosamente. Escudriñaba con atención el piso de las veredas por si encontraba una moneda y alegrándose si aparecía (en esos años de miseria en Buenos Aires fue muy común encontrar dinero en las calles generalmente cerca de los buzones del correo que eran vandalizados, y de los sobres de las cartas esparcidos algún billete brotaba).

Claro que el carácter de Adela no era el mejor que alguien podría esperar . Recuerdo que ninguno se llevaba bien del todo con ella (debo decir que tuve la inmensa suerte de ser su excepción), infundía respeto y pocos aguantaban su mirada firme, su espíritu peraltado.

También se peleaban mucho, Adela y Fernando. En el año que enfermó, finalmente falleció Mamadela, el hijo contrajo una rara enfermedad de tipo cancerígena que también lo llevó a la tumba nueve meses después en 1975.

Fue aquél año en que murió por primera vez, ciertamente, Fernando. Lo lloré como una verdadera injusticia, tan luego en ese momento en que había vuelto a ver a Perón en el gobierno, cuando podía vivir su matrimonio plenamente.

Creí que ya no iba a llorar a mi querido tío después de 1975. Pues no, en 1996 se murió Tato Bores y otra vez el sabor de las mentiritas, del budín de nuez, las rosquitas españolas, los juegos de ajedrez, damas y póker, las nueve de la noche a oscuras en el comedor del departamento de la calle Potosí frente al televisor. Mañana era lunes, los juegos se habían terminado.

Borges se cansó de manifestar su temor ante la inmortalidad, en cambio yo -que claramente nunca seré él - la compraría. No obstante, a esta altura de la vida creo recién entenderlo. Cómo sería la cosa sin los naipes, las rosquitas, las películas, es decir, los juegos.

Ahora este raro sueño, de nuevo, otra vez. Natalia es grande y tampoco juega conmigo. Aunque ella sigue jugando.

Ernesto Cháneton
15 de agosto de 2020


Sobre el autor
Nacíó el 21 de mayo de 1950 en Buenos Aires, Argentina. Abogado recibido en 1978. Hasta 1994 se desempeñó como abogado del Correo Argentino, ingresando como asesor, luego en el año 1997, en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, en la materia de contratos administrativos y obra pública. Continuó con dicho asesoramiento desde 2000 y hasta 2004 en la Procuración General de la Ciudad de Buenos Aires. A partir de 2008 practica exclusivamente la abogacía de manera particular.

Siempre fue lector, amante de la música y escribió desde su adolescencia sin publicar. Recientemente, ingresó al Taller Literario del poeta Carlos Penelas a quien debo agradecerle paciencia, conocimiento y enseñanza. Y su notable amabilidad.

El amor prevalece y la distancia no existe: 40 años sin Vinicius de Moraes

Vinicius de Moraes (Río de Janeiro, 1913-1980) siempre escribió canciones, desde muy joven, pero lo hacía a escondidas. No quedaba bien que un joven poeta adorado por los académicos fuera compositor. "Era como si tuviera dos personalidades que se ocultaban mutuamente, una no le contaba a la otra que existía", comenta la actriz y cantante Mariana de Moraes, de 50 años, nieta del Poetinha que cantó sobre amor y añoranza como nadie. La primera composición la hizo a los 15 años, en 1928, pero "Loura ou morena" solo se musicalizó en 1932, gracias al compositor Haroldo Tapajós.


Ahora, para conmemorar el 40 aniversario de su muerte, Mariana rescata las historias que hay detrás de ésta y otras letras y poemas de su abuelo en un curso en línea de cuatro clases. El 25 de enero, aniversario de la ciudad de San Pablo, arrancaron los homenajes con un concierto en el que Mariana cantó el repertorio de Vinicius, que pretendía transformar en un álbum este año. Pero la pandemia de coronavirus ha retrasado sus planes.

A lo largo de casi 30 años de carrera, Mariana -hija del fotógrafo Pedro de Moraes y de la actriz Vera Barreto Leite- ha participado en varios proyectos sobre Vinicius en todo el mundo y, aunque no había grabado las canciones de su abuelo, siempre admiró su obra. "No porque sea su nieta, sino porque soy una fiel seguidora de João Gilberto, que fue el primer y mejor intérprete de Vinicius", dice. Mariana siempre mezcla poesía, historias y música en sus espectáculos. La oportunidad de preparar un curso sobre su abuelo, que comenzó esta semana, le dio la idea de llevar sus historias al escenario cuando termine la cuarentena. "Quiero contar sus historias, la historia de sus canciones y los valores éticos que transmitió a su familia, sobre cómo vivir la vida".

Una de estas historias trata sobre cómo el joven poeta consagrado, que recibió una beca de la Universidad de Oxford, conoció a quien quizás fue su mayor compañero: Tom Jobim. Vinicius había escrito la obra Orfeo de la Concepción y estaba removiendo cielo y tierra -pidiendo préstamos a amigos y endeudándose- para cumplir el sueño de escenificar la obra en el Teatro Municipal de Río de Janeiro. Mientras buscaba un compositor para el musical, conoció a Tom Jobim. Y el sueño se cumplió. La obra estuvo tres noches en cartel y pasó a la historia como la primera vez que 36 negros actuaron en el panteón de las artes escénicas brasileñas. Orfeo de la Concepción se convertiría en la película Orfeo negro (1959), dirigida por el francés Marcel Camus, que ganaría el Óscar a la mejor película extranjera y la Palma de Oro en Cannes.

"En algunos de sus textos, Vinicius revela cómo desarrolló esta idea de trasladar el mito griego de Orfeo a la favela de Río y de que no fuera un héroe helénico que toca la lira, sino un hombre negro que toca la guitarra", dice Mariana, que destaca la admiración de Vinicius por toda la cultura africana y afrobrasileña.

No es extraño, entonces, que dedique una de las clases de su curso a las afrosambas que Vinicius compuso con su amigo Baden Powell. "Una de las grandes banderas de su vida fue demostrar que el arte popular no es menor que el arte erudito o académico y atreverse a unir ambos. Su trayectoria muestra cómo esa poesía erudita caló en el artista popular e hizo que la música en Brasil adquiriera una dimensión que no había tenido nunca antes", dice Mariana.


De esta fusión surgió la bossa nova y su santísima trinidad: Vinicius, Tom y João Gilberto. "Estas y otras amistades son un capítulo muy importante en su vida. Todos hablan de las nueve mujeres que tuvo, pero, de hecho, lo que más cultivó fueron amigos, de todas las áreas", afirma su nieta. Desde Pablo Neruda hasta el pintor Carybé, pasando por el poeta Manuel Bandeira, el escritor Rubem Braga, el maestro Pixinguinha, hasta Carmen Miranda y el cineasta Orson Welles, a quien conoció en Los Ángeles, el primer destino de Vinicius de Moraes como agregado cultural del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Mariana convivió más con su abuelo cuando dejó su carrera diplomática, que ejerció entre 1943 y 1968. Vinicius murió cuando ella tenía 11 años, el 9 de julio de 1980. "Cuatro años antes, me fui a vivir al exilio, a Francia, con mis padres. Justo en esa época, la dictadura militar lo había expulsado del Ministerio y era libre para ser un artista. Fue su fase de estrella del pop", recuerda, refiriéndose a los conciertos que Vinicius comenzó a hacer en el extranjero. "Siempre me llevaba a los conciertos que hacía en París y, al menos tres veces al año, era la única persona de la familia que veía. El recuerdo que tengo es de un abuelo muy amoroso".

Mariana, que fue afinada desde pequeña, era la niña de los ojos del poeta. "Estaba muy orgulloso de mí porque cantaba y era una niña afinada que se sabía todas las canciones de João Gilberto", se ríe, recordando con cariño cuando Vinicius le regaló un grabador para que pudiera practicar. Mariana habla con igual afecto de su tía, Susana de Moraes, la primogénita de Vinicius. "Ella hizo por mí lo que él habría hecho, fue una gran amiga y consejera". Fue su tía quien le aconsejó que no cantara el repertorio de su abuelo hasta que su carrera estuviera consolidada. "Ella decía que primero tenía que hacerme un lugar y ser reconocida por mi propia voz", cuenta Mariana sobre su tía, para quien Vinicius compuso "Valsa de Eurídice" en su cumpleaños de quince, mucho antes de presentarse oficialmente como compositor.

Mariana señala que la figura de Vinicius de Moraes, así como su obra, es atemporal, a pesar de que, según ella, actualmente no está "de moda" en Brasil. "Los artistas de este país están abandonados. La música popular brasileña está abandonada. Es muy triste, porque la música popular le dio a Brasil una identidad, igual que el fútbol en el deporte. Desde Cartola a [Heitor] Villa-Lobos", lamenta, y critica la falta de política cultural del gobierno de Jair Bolsonaro.

La artista cree que, si estuviera vivo, su abuelo se posicionaría "con su pragmatismo amoroso" en contra de esta realidad. "Fue importante para la carrera de prácticamente todos los que hoy hacen música popular brasileña. Estoy segura de que, si estuviera aquí, utilizaría su privilegio para ponerse políticamente en contra del actual panorama sociopolítico del país, del fascismo, del racismo, de la ignorancia", dice, y luego añade, con nostalgia: "¡Cómo me gustaría haberme emborrachado con mi abuelo!".

Pero, incluso en una realidad menos romántica que las canciones del Poetinha, Mariana también encuentra paralelos y vislumbres de esperanza al recordar a su abuelo. "El otro día encontré un texto suyo sobre la Segunda Guerra Mundial, en el que habla sobre el dolor de ese momento e incluso utiliza la palabra cuarentena para referirse a la situación de los familiares de los soldados que fueron a la guerra. Fue un momento difícil, pero ya pasó". Como escribió en "Chega de saudade", Vinicius de Moraes nos recuerda que el amor prevalece y que "la distancia no existe".

Vinicius de Moraes junto a su nieta Mariana: "mi abuelo me adoraba porque me sabía todas las canciones de Gilberto" Crédito: viniciusdemoraes.com.br

Joana Oliveira
Folha de Sao Paulo

Encontrá a los libros de Vinicius en nuestro catálogo.

Tierra de nadie

“… no siempre sentimos la necesidad de esa otra vida.” 
Nina Berbérova


Nos sentamos en una antigua mesa de madera frente a la ventana. Una luz gris ilumina el ambiente. Rebota sobre el piso de parquet, cuadros, libros, el aire denso y cálido por la calefacción. Afuera un árbol deshojado cubre el cielo y algunos edificios a medio construir. Mi abuela está ladeada. Su sonrisa es infantil. Mientras charlamos escuchamos bossa nova. Ella recuerda su infancia en Brasil, su último casamiento, a su padre. Cuando se emociona le cuesta hablar y sus ojos se llenan de lágrimas. Pero se olvida de todo tan pronto lo dice. Sus sentimientos viajan como una montaña rusa a lo largo de su vida. De repente quiere bailar y enseguida, riendo o con un gesto melancólico, me dice que está estrolada. “No es fácil, querido”, y yo le hago burla y la repito al unísono, a cada momento, imitando su acento portugués. “No es fácil llegar a viejo” le digo gritando y riendo. O repito “estrolada” alargando la “s” y acentuando la “a”. Nos reímos juntos. A veces le digo que tenemos que irnos a la costa. Y ella que quiere ver el mar. En noviembre, cuando vuelva el calor. No es fácil querido, repite, no es fácil.

Cada tanto silencia, queda con la cabeza inclinada y la mirada perdida unos segundos. Otras veces me pide que escriba una novela de su vida. No me niego ni afirmo. No quiero hacerlo. Nadie puede estar interesado en la vida de mi abuela. Una mujer feliz, intensa, llena de luchas y recompensas. O capaz yo no estoy interesado en escribirla y ese es el verdadero motivo. Pero me emocionó también con ella cuando la cuenta y me dan ganas de llorar. No lo hago. Contengo las lágrimas un rato y enseguida estoy bailando. Ahora es mi turno le digo y elijo un tango. Casi siempre es Muchacho interpretado por Adriana Varela. O dejo que suene de fondo Piazzola. Otoño porteño… me hace acordar a mi viejo y empezamos a hablar de él. De su infancia, Diagonal Norte, los locales Suaya, mi abuelo, mi vieja. A veces está mi tío con nosotros. Sonríe igual que ella. Me dice que mi viejo era un calavera, un tipo del centro. Todos ellos son personajes de la literatura porteña. Siempre lo viví así.

Cuando no estoy en su casa mi abuela siente saudades. Yo en cambio, cuando estoy con ella, siento nostalgia. Sé que se va a morir más pronto que tarde. Como mi viejo o mi otro abuelo. Como yo. Nostalgia presente, así lo llamo en mi fuero interno. No está mal que así sea. Bien pensado no es tan grave. Digo, la muerte. No me perturba. No siempre por lo menos. Mientras pasan las horas en ese cuarto, mis ideas viajan en esa dirección. Medito sobre esas vidas centenarias, sobre su memoria selectiva. Qué es el tiempo realmente. O qué es el amor. O qué vale la pena y que no… ese tipo de estupideces.

Cuando me canso voy a caminar por la ciudad. Paso horas observando las mismas calles. Los locales vacíos, los carteles de venta en las fachadas de los edificios. Antes de salir saludo a mi abuela con el codo. Ella ya está acostada y supongo va a seguir así hasta que regrese. “Ala macom”, dice desde la cama y me pide que vuelva al día siguiente. Si, abuela, mañana vengo a cenar, y al cruzar la puerta, vuelvo a mi otra vida, a la que no tiene horas. Al desvelo, a los poemas inconclusos, al futuro incierto. Pronto estaré ahí de nuevo, pienso, en lo de Dulce, y no tendré la menor necesidad de escribir.

Julián Ferreira
Ilustración original de Andrés Muller

De Julián Ferreira, alumno del Taller Literario de Carlos Penelas, publicamos Azul y otros poemas.

La casa infernal

de Richard Matheson
(Minotauro Esenciales, Buenos Aires, 2020, 320 páginas)


Stephen King ha declarado: “De todas las novelas sobre casas encantadas, La casa infernal es la más aterradora que se ha escrito jamás”. Fue publicada en 1971.

Su autor (Nueva Jersey, 1926- California, 2013) ha abordado libros de ciencia ficción y de terror y se destacó como guionista. Creó memorables episodios televisivos de las series La dimensión desconocida, Viaje a las estrellas y Alfred Hitchcock presenta. En cine es responsable del guión de varios filmes dirigidos por Roger Corman basados en cuentos de Edgar Allan Poe. El primer trabajo cinematográfico de Steven Spielberg, Reto a muerte (1971), se basó en su cuento «Duel». Otras de sus obras llevadas a la pantalla fueron El increíble hombre menguante (Jack Arnold, 1957) y El último escalón (David Koepp, 1999). Su obra cumbre es Soy leyenda (1954), novela apocalíptica renovadora del tema de vampiros, y su primer cuento publicado fue «Nacido de hombre y mujer» (1950). Ha obtenido los siguientes premios: el Word Fantasy, el Bram Stocker, el International Horror Guild Award, el Retro Hugo, el Locus, el Readercon y el British Fantasy.

La casa infernal toma como inspiración las clásicas novelas de Shirley Jackson El reloj de sol (1958) y, sobre todo, La maldición de Hill House (1959). Desde sus primeras páginas logra captar el interés del lector: los diálogos son excelentes, la escritura es serena, fluida y sin rastro de ampulosidad. La traducción de Isabel Merino Bodes resulta ejemplar.

Solo intervienen cuatro personajes, que visitan la maldita Casa Belasco –cuyo propietario ya falleció–, famosa porque en 1931 y 1940 se intentó investigarla y el desenlace fue fatal: “Ocho de las personas implicadas fueron asesinadas, se suicidaron o enloquecieron”. Sólo una de ellas se salvó, el médium físico Benjamin Franklin Fischer que en 1970 intenta descifrar su misterio bajo las órdenes del doctor Lionel Barrett, un reconocido parapsicólogo. Los acompañan Edith, esposa de Lionel, y la médium psíquica Florence Tanner. El doctor no cree en fantasmas ni en la supervivencia, sino en las facultades inmensas del ser humano que aún permanecen desconocidas. Para probar su existencia ha construido una máquina cuyo descomunal instrumental describe en un extenso párrafo seguido de una inagotable enumeración de los fenómenos paranormales: Adivinación; Apariciones; Catalepsia; Desmaterialización; Ectoplasma; etc., etc. Más adelante ensaya una aproximación a la parapsicología: “Al igual que la física y la química, es una ciencia de lo natural”. Y también del ectoplasma: “Una exteriorización orgánica del pensamiento. La mente reducida a materia, sujeta a observación, cálculos y análisis científicos”.

La novela comienza el 18 de diciembre de 1970 y concluye el 24 de diciembre de ese año. Los capítulos llevan por título esas fechas y se subdividen en datos horarios en los que se enumeran los hechos extraños que van sucediendo (p.e. sábanas, almohadas, fundas y colchas que empiezan a volar; o platos y vasos que se disparan a toda velocidad desde una mesa o de las manos de los personajes). El poltergeist es un fenómeno frecuente en la historia.

La casa, construida en 1919, en un principio fue dominada por la lujuria y el libertinaje sexual de Belasco y sus invitados, que en 1928 exploraron la mutilación, el asesinato, la necrofilia y el canibalismo. Ese rasgo aparece ahora en la figura de Edith, dominada por una posesión que la conduce a desear a Florence, que a su vez –también sometida por un espíritu– pretende tener relaciones con Benjamin. El texto aclara que Barrett es impotente.

Más allá de su calidad literaria, esta novela no es ajena a las convenciones que ofrecen las casas encantadas.

Germán Cáceres

Cien años de radio en la Argentina

Hoy celebramos el centenario de los "Locos de la azotea", y publicamos la foto del estudio de nuestra futura Radio CSV on line.


El 27 de agosto de 1920 Enrique Susini, César Guerrico, Luis Romero Carranza y Miguel Mujica dieron inicio a la radiofonía argentina cuando transmitieron la ópera Parsifal desde la terraza del Teatro Coliseo. Esa fue la primera transmisión radiofónica (integral y completa) de un programa de radio, realizada por los cuatro radioaficionados que pasaron a la historia como los Locos de la Azotea.

 

Puertas de acceso al control y estudio de la radio

A fines del año pasado nos embarcamos en un viejo sueño que teníamos quienes trabajamos en la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte, que era tener nuestra propia radio on line. Con tiempo, paciencia y mucho esfuerzo (aquí podrán ver la evolución de las obras) logramos terminar el estudio de lo que será la futura Radio CSV, en suspenso hasta que pase la pandemia, pero con muchas ganas e ilusión por comenzar.


Felices cien años de radio en la Argentina, feliz nacimiento a Radio CSV.

16 de junio

El 16 de junio es el día en el que transcurre el Ulises de James Joyce. Ese día, además de celebrarse en el "Bloomsday", tiene su propio tema instrumental, compuesto por Minutemen.


El Bloomsday es un evento anual que se celebra en honor a Leopold Bloom, personaje principal del Ulises de James Joyce, y se celebra todos los años el día 16 de junio, día en que transcurre la novela, desde 1954.

Los celebrantes procuran comer y cenar lo mismo que los protagonistas de la obra, o realizar distintos actos que tengan su paralelismo en el libro, y en Dublín se sigue el itinerario exacto de la acción.



La banda estadounidense Minutemen, compuesta por el guitarrista D. Boon, el bajista Mike Watt y el baterista George Hurley, grabó el tema "June 16th" en homenaje a Joyce y su monumental obra en el disco Double Nickels on the Dime, de 1984.



Encontrá a los libros de James Joyce en nuestro catálogo.

Germán Cáceres con Ray Bradbury

A 100 años del nacimiento de Ray Bradbury, la Feria del Libro recordó su visita al país para la 23° Feria, en 1987. Comparte la foto con Germán Cáceres, responsable de la crítica literaria en nuestra página, y Marta Díaz, entonces presidente de la Feria.


Sentados, de izquierda a derecha: Fernanda Vela, Liliana Monzo, Bradbury, Marta Díaz.

Parados, de izquierda a derecha: Viviana Pérez, Clara Santillán, Fabián Porcelli, Mónica Tow, Victor Antoniazzi, Germán Cáceres, Daniel Monzo y Jorge Barberán.

Encontrá a los libros de Ray Bradbury y de Garmán Cáceres en nuestro catálogo.

"Fahrenheit 451", resistir para defender las palabras de la tribu

La inversión que convierte a los bomberos en pirómanos que queman los libros hace de esta novela de Bradbury un libro revolucionario. A propósito del centenario del autor.

Oskar Werner y Julie Christie, protagonistas del film Fahrenheit 451

Tardé varios años en comprender el coraje de Guy Montag, el bombero que protagoniza Fahrenheit 451, la novela de Ray Bradbury. En una época en la que los libros se quemaban, él se atrevió a esconderlos y a leerlos. Ese, si se quiere, es su valor literal. El profundo, el que hace a su ser, me llevó años conocerlo, probablemente porque los grandes personajes de la literatura maduran con nosotros.

Mientras jugaban a las cartas en el cuartel, Montag le dijo a sus compañeros: "Trataba de imaginar qué sensación producía ver que los bomberos quemaban nuestras casas y nuestros libros". Sí, yo demoré muchos años en pasar de atribuir esa pregunta a la mera curiosidad del bombero y encontrar en ella la raíz de la empatía. Un tiempo semejante al que tardé en descubrir que al preguntarle a su jefe, Beatty, si el mundo "siempre ha sido así", Montag señalaba que la desconfianza frente a lo dado es el motor de grandes cambios.

Nadie construye su verdad en soledad, si bien lo está cuando da el paso decisivo. Por eso los compañeros de ruta de Montag también son importantes. Aun Beatty, su jefe arrogante y seguro de todo, que se toma el trabajo de explicarle el sentido de su tarea. O Mildred, la esposa de Montag, sometida a los psicofármacos y a lo que sucede en las telepantallas (un anticipo de este presente colonizado por la Web). Mildred, como Beatty, se deja llevar, aunque sin convicción. El jefe de los bomberos, en cambio, es un soldado de la destrucción de libros.

El personaje decisivo en la vida de Montag es Clarisse McClellan, la joven vecina de "ojos oscuros tan fijos en el mundo que ningún movimiento se les escapaba". A partir de una pregunta sin respuesta posible, ella le muestra al bombero la endeble ficción en la que vive: "¿Es usted feliz?". Montag descubre que hasta había olvidado esa posibilidad: "¿Qué si soy qué?", le responde.

Las páginas finales de Fahrenheit 451 son sublimes. En las afueras de la ciudad, un grupo de fugitivos se reúne en torno al fuego. Cada uno de ellos sabe un libro de memoria. Huyen de la barbarie, se han exiliado para preservar la sabiduría que construyó la polis que los expulsa. Entre los que resisten está Montag: "Le esperaba una larga caminata hasta el mediodía y si los hombres guardaban silencio era porque había que pensar en todo, y mucho que recordar [?]. Sintió el leve cosquilleo de las palabras, su lenta ebullición. Y cuando le llegara el turno, ¿qué podría decir, qué podría ofrecer en un día como aquel, para hacer el viaje algo más sencillo? Hay un tiempo para todo. Sí. Una época para derrumbarse, una época para construir. Sí. Una hora para guardar silencio y otra para hablar".

Además de una novela absorbente, el libro es un manifiesto político: "Si no quieres que un hombre se sienta políticamente desgraciado, no le enseñes dos aspectos de una misma cuestión", plantea con brutalidad el jefe de Montag. Puede ser que nos conforme pensar que la frase remite a los regímenes totalitarios derrotados en 1945, o a la flamante Guerra Fría (Fahrenheit 451 se publicó en 1953). Pero es imposible no sentirse interpelados hoy por esa afirmación. Sabemos que no son necesarios ni un régimen autoritario ni una dictadura para que avance la barbarie y la simplificación del pensamiento. Basta un clima cultural. Bastan la indiferencia y el apuro.

Tardé años en descubrir la estatura de Guy Montag. Me llevó tiempo interpretar cabalmente su capacidad para pasar de la duda a la acción, en una actitud con la que se opone a su educación y su pasado de forma radical. Y reconocer que no fue un único gesto heroico, sino que el bombero dio pequeños e irreversibles pasos con convicción creciente. Cada uno de ellos lo alejaba un poco más de lo que había sido. Bradbury pinta esa conversión con imágenes bellas y poéticas. Por ejemplo, cuenta la impresión que le había causado al bombero, "en el último fuego, un libro de cuentos de hadas, del que casualmente leyó una línea".

Bradbury es un autor que se esconde en frases tan sencillas como esta: "El cierre de cremallera desplaza al botón y el hombre ya no dispone de todo ese tiempo para pensar mientras se viste, una hora filosófica y, por lo tanto, una hora de melancolía". Al igual que en Crónicas marcianas, en Fahrenheit (también reeditado recientemente por el sello Minotauro) el pasado es una formidable herramienta disruptiva. El genio de Bradbury probablemente radique en esa capacidad de transmitir esperanza desde la melancolía. No es una nostalgia decadentista. En la novela, la narración construye el puente entre los distintos tiempos que constituyen la experiencia humana. No es otra cosa esa reunión de derrotados, que fundan su esperanza en viejas palabras atesoradas. Llamamos a los bomberos para que enfrenten las llamas y nos salven la vida. Los llamamos ante una emergencia. La inversión radical que transforma a los bomberos en pirómanos que destruyen para salvar hace de Fahrenheit 451 un libro revolucionario.

El primero que Beatty debería haber ordenado quemar.

Federico Lorenz
Diario La Nación, 15 de agosto de 2020

El libro forma parte de nuestro catálogo. La película, dirigida por François Truffaut, fue exhibida por el Cineclub La Rosa en diciembre de 2009.

Día del lector

Hoy se celebra el Día del Lector en homenaje al nacimiento de Jorge Luis Borges, del que en 2020 se cumplen 121 años. "Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mi me enorgullecen las que he leído", había dicho el célebre escritor argentino.



 

Ray Bradbury. El poeta que vio en Marte el mundo del presente

Las estrellas y los cohetes siempre fascinan. Las distancias espaciales agrandan la mente. Tal vez por eso, uno de los rasgos principales de la literatura de Ray Bradbury (1920-2012), de cuyo nacimiento se cumplen cien años, es la mirada crítica sobre nuestro mundo a través de su duplicación en Marte. En la vastedad del espacio, Bradbury encontró angustia y soledad, pero también se zambulló en la inmensidad cósmica y en el planeta rojo para elaborar "cuentos con propósitos morales".


Siempre se lo encasilla en la ciencia ficción, pero su universo imaginativo no se ancla en la especulación científica futurista. Desde sus colaboraciones en la revista pulp Planet Stories, descolló sobre todo en la literatura fantástica. Solo concedió que su novela Fahrenheit 451, de 1953, podría ser incluida en un imaginario de science fiction. La fuerza de sus historias, con intenciones moralizantes y mediadas por lo fantástico y poético, ponen en evidencia los peligros del exceso tecnológico, la deshumanización, el belicismo, el hombre amenazado en su libertad, la repetición de una mentalidad regresiva y alienada, el deterioro de la imaginación en la cultura de la mecanización y el racionalismo no autocrítico.

Crónicas marcianas (1950), la primera perla de su estrategia narrativa, rebosa ya escepticismo respecto al camino tecnocientífico que, en su devenir sin límites, socava civilizaciones y personas. Se trata de un libro arquetípico en el que la visión crítica, a horcajadas de la imaginación, embiste contra el racismo y el extermino de ecosistemas y pueblos nativos. Borges tradujo y prologó la primera edición de Minotauro, en la que se pregunta: "¿Qué ha hecho este hombre de Illinois, me pregunto al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me pueblen de terror y de soledad? ¿Cómo pueden tocarme estas fantasías, y de una manera tan íntima?".

Bradbury no conoció la educación formal. Fue un autodidacta. Su escuela fueron las lecturas en una biblioteca pública, mientras vendía diarios en la calle.

En su creación literaria cultivó distintos géneros, además de lo fantástico, desde prosas policiales hasta las de tenor realista y costumbrista. También trabajó como guionista en numerosas películas y series de televisión. Escribió además poemas y ensayos. Y tuvo sus experiencias teatrales en Los Ángeles y Nueva York. Leviathan 99, a pesar de su condición de ópera, fue escrita como obra de teatro. En 1969 presentó en el Royce Hall de la Universidad de California de Los Ángeles su cantata Christus Apollo, con texto leído por Charlton Heston y música de Jerry Goldsmith para orquesta, coro y soprano; y escribió Madrigales para la era espacial (1972) con música del argentino Lalo Schifrin.

En Zen en el arte de escribir, Bradbury observa que escribir es ser libre de las exigencias del mercado o de los "círculos de vanguardia". El escritor debe buscar una "alimentación deliberada" que es la lectura, tanto de la "alta cultura" como de la "cultura de masas" con sus cómics.

La alimentación creativa en Bradbury comienza en 1932, a sus doce años. Entonces lo asombra el mundo futurista y espacial de Buck Rogers, la novelística de Edgar Rice Burroughs, el programa radial nocturno El mago Chandu o el personaje de feria el Señor Eléctrico.

Nacido el 22 de agosto de 1920 en Waukegan, Illinois, Bradbury recordaba sus días infantiles como un "pasado sensorial" en el que todo lo que sentía como niño "de alguna manera era verdad".

Los relatos bradburianos impresionan por su fluida narrativa "cinematográfica". De hecho, se autopercibía como "hijo del cine", y no dudaba en afirmar que sus cuentos eran guiones porque "cada párrafo es una toma". Fue guionista de Moby Dick, la versión fílmica de John Huston de la célebre novela de Herman Melville, en 1956. Y escribió el guión cinematográfico de su novela La feria de las tinieblas (1962).

Además de las mencionadas Crónicas marcianas (que acaban de ser reeditadas en la colección Esenciales del sello Minotauro), entre sus grandes libros de cuentos también están Las doradas manzanas del sol (1953), El país de octubre (1955), Remedio para melancólicos (1955). Y, sobre todo, El hombre ilustrado (1951). Aquí se encuentran algunos de sus relatos modélicos, entramados a través de la historia de un hombre solitario que vaga con el cuerpo cubierto de tatuajes-ventanas que se abren a una red de historias paralelas.

En "La pradera" unos niños juegan en el Cuarto de la Vida Feliz, una habitación que permite el traslado virtual a otros escenarios geográficos o históricos. Los niños se obsesionan con este juego de simulacros. Por eso su padre, George, decide el cierre definitivo del cuarto en la casa máquina, para que sus hijos no enajenen su libertad en dosis excesivas de tecnodependencia. "Nos hemos pasado los días contemplando el ombligo, un ombligo mecánico y electrónico", dice George. Pero los niños se resisten a perder su mágico juguete. Prefieren recibir golosinas virtuales antes que hacer las cosas por sí mismos. Abrumados, George y su esposa reclaman la ayuda de un psiquiatra, que aconseja el cierre de la sala virtual. Pero antes, en una imaginaria selva africana dentro del Cuarto de la Vida Feliz, los padres serán víctimas de la inesperada venganza de unos hijos desairados.

"La pradera" es un relato de anticipación. Antes de la aparición de Internet y lo virtual, el ese cuarto de juegos sugiere el peligro del reemplazo del mundo real por la simulación del espacio tridimensional.

Falso orgullo
En "Lluvias continuas" unos astronautas quedan atrapados en un planeta Venus sumido en un aguacero continuo. En el simbolismo arcaico el agua es fuente de la vida, pero también es la inundación y lo que disuelve las formas. Este último rasgo prevalece en el relato, de modo que el agua es lo que socava y erosiona al humano, antes orgulloso y seguro de sí. "Unos pocos días bajo esta lluvia y uno ya no tiene ni cara, ni piernas ni manos", dice el narrador.

"Los desterrados" es emblemático de la literatura de Bradbury como defensa de los poderes de la imaginación. En el relato, una ley prohibió las obras de la imaginación libre hace casi un siglo. Los ejemplares de poderosas obras de ficción, desde Poe y Bierce hasta Stoker, Irvin, Blackwood, Lovecraft o Huxley fueron encerrados en los museos. Esos autores desterrados sobreviven a orillas de un mar seco en Marte. Unos astronautas de la Tierra llegan al Planeta Rojo con la misión de destruirlos. Son la marea invasora de la cultura de la ciencia y el progreso, de aquellos que "no quieren dejar nada sin clasificar"; de los que "carecen de la imaginación", "esos jóvenes del cohete, tan limpios, con sus escobas antisépticas y sus cascos como peceras"; los "sacerdotes de un nuevo culto", que ansían edificar, aun en la solitaria sequedad marciana, otra catedral de religión científica con sus dogmas de verificaciones empíricas, sus ritos matemáticos y sus ceremonias tecnológicas. El líder de la resistencia es Poe, que, a pesar de sus esfuerzos, "parecía el demonio de una oscura causa perdida, un general derrotado en una desastrosa invasión".

La intuición artística, libre del límite lógico, es parte de lo siniestro para la civilización unilateralmente racional. Por eso los invasores queman los ejemplares remanentes de las obras de los desterrados, de aquellos que ven más allá de las atalayas científicas. La libertad de la imaginación, entonces, arde en un fuego destructor. Recurso que Bradbury imaginó también en "Usher II", de Crónicas marcianas, donde la otredad maldita representada por una réplica de la Casa Usher de Poe en Marte es destruida por una gran hoguera. "Nada de libros, nada de casas, nada que pueda sugerir de alguna manera fantasmas, vampiros, hadas y otras criaturas de la imaginación", dispone la ley. También en Fahrenheit 451 (su gran novela, junto a El vino del estío, de 1957), la cultura escrita del pasado lleva a los hombres a pensar por sí mismos, y eso amenaza a una sociedad del control total, por lo que los libros son devorados por las llamas de especiales escuadrones de bomberos.

En "La mezcladora de cemento", Ettil Vrye asume que debe ser parte de la invasión del planeta Marte a la Tierra. Sabe que los terrestres han imaginado muchas invasiones marcianas. Todas fracasan. Ettil cree que la literatura prefigura la realidad, por lo que el nuevo intento de conquista debe de estar destinado también al fracaso. Cuando llega a la Tierra no lo esperan cañones, fuegos de metralla o misiles. Porque los terrestres reciben a los invasores con aplausos, hurras y fanfarrias. Ettil comprende: "hemos sido arrojados en esta civilización como un puñado de semillas, en una mezcladora de cemento. Ninguno de nosotros podrá sobrevivir. Nos matarán a todos, pero no con balas, sino con un amable apretón de manos. Nos destruirán a todos, pero no con cohetes, sino con un automóvil...".

Realismo político
Casi una meditación de realismo político: la mejor forma de dominar no es por la amenaza y la muerte, sino por un exceso de aparente cordialidad. La sociología de la manipulación que abriga el relato bradburiano se asemeja al Discurso de la servidumbre voluntaria de Étienne de La Boétie, un ensayo del pensador francés del siglo XVII que observa que la esclavitud es voluntaria. Nadie es dominado si previamente no lo consiente. Así, Ettil termina por entender que "la guerra es mala, pero la paz puede ser algo horrible".

En "Globos de fuego", también en El hombre ilustrado, Bradbury traslada a un escenario marciano la voluntad evangelizadora para reintroducir, como siempre, su indirecto aguijón crítico por la mediación de lo fantástico. Tal vez los nativos del Planeta Rojo aún viven en el pecado original, ignorantes de Dios. Es preciso entonces ayudarlos a ver la verdad. Para cumplir su misión, unos misioneros construyen una iglesia, con un órgano. El padre Pelgrine toca el instrumento. El ansiado encuentro se produce. Pero no es lo esperado: los marcianos que acuden al llamado de la música aclaran que han encontrado una vía de liberación y flotan como globos luminosos: "Tomamos esta forma de luz y fuego azul y comenzamos a vivir, para siempre en el viento, el cielo y las colinas, ya nunca orgullosos ni arrogantes, ni ricos ni pobres, ni apasionados ni fríos".

Los viejos marcianos son ahora inmortales, viven libres del pecado, emancipados de las pasiones violentas. Cada uno de ellos "es un templo en sí mismo". El Padre Pelgrine comprende: "No podemos levantar una iglesia para vosotros. ¡Sois la belleza misma!". Los globos de fuego marcianos enseñan una verdad más amplia: el camino a lo divino está en los muchos mundos, en la Tierra, en Marte, en todas partes. Y el cuerpo es también lo que puede ser transformado: de la pesadez orgánica hacia cuerpos-luz, una forma de espiritualización de la materia.

Pero el cuerpo puede ser también el de un androide, que refleja un camino de la inteligencia artificial no solo como red de algoritmos eficaces sino como una maquinaria para emular, e incluso superar, lo mejor del sapiens: la empatía, la comprensión, la sensibilidad. Así es en el "Canto del cuerpo eléctrico", de Fantasmas de lo nuevo (1969), en el que una abuela, en realidad un humanoide eléctrico, actúa como fuente de enseñanzas de la familia; es una colmena de abejas-pensamientos que poetizan el mundo. Una abuela con un cuerpo eléctrico (una expresión que procede de "Yo canto al cuerpo eléctrico" de Walt Whitman), es la máquina espiritualizada que transmite a sus nietos una visión más alta de la existencia.

Los opuestos, conciliados
Y el deseo de superación de los conflictos y de la reintegración flota también como libre modelo utópico en la hermosa narración "La dorada cometa, el plateado viento", de Las doradas manzanas del sol. Dos ciudades se refugian tras murallas. Una ciudad tiene la forma de un cerdo, la otra de una naranja. El mandarín de la ciudad-naranja asegura que el cerdo devorará la naranja. Entonces ordena reconstruir sus murallas con la forma de un garrote para golpear al cerdo. La ciudad-cerdo replica rediseñando sus muros con las llamas de una hoguera para quemar el palo agresor. Pero el conflicto impide el tiempo pleno del amor, de la pesca, la caza, la devoción familiar o la veneración de los antepasados.

Al final, los mandarines de las dos ciudades comprenden. La sabiduría es la unidad; la ignorancia, el enfrentamiento continuo. Así, las murallas de una ciudad adquieren la forma de una cometa dorada; las de la otra, la agilidad del viento. Las ciudades antes empeñadas en destruirse ahora serán La Ciudad del Viento plateado y La Ciudad de la Cometa Dorada. "La cometa quebrará la uniformidad de la existencia del viento y le dará sentido. Uno no es nada sin el otro. Juntos, todo es cooperación y una larga y prolongada vida".

La épica también brilla en la literatura de Bradbury. En "El tambor de Shiloh", de Las maquinarias de la alegría (1964), es inminente una batalla. Pronto, la guerra se encargará de robar miles de vidas. Los cañones vomitarán furia y enojo. Las plantas y los pájaros también serán víctimas de la violencia. Joby, un niño, espera junto a su tambor. Algo podría hacerle intuir que lo mejor sería evitar el riesgo, no participar en la tempestad de balas que se avecinan. Pero el general de su ejército lo visita, le dice que él dará las órdenes pero que Joby y su tambor marcarán el paso, por lo que debe saber que si golpea lentamente su instrumento "el corazón golpearía lentamente en los hombres". Solo el vigor de su tambor podría vestir con "una armadura de acero a todos los hombres".

En el relato "En una estación de buen tiempo", de Remedio para melancólicos, George Smith admira a Picasso. Encuentra al genio español en una playa. Con un humilde palito de helado, el artista dibuja sobre la arena un jeroglífico de imágenes de docenas de sátiros, toros, unicornios, ninfas. El artista se va y Smith recorre, una y otra vez, "el friso de arena", hasta que la marea sube y disuelve los dibujos en la playa, que solo sobrevivirán en su memoria.

Y como Smith, Bradbury hace de su escritura un acto de memoria: del humanismo y la poesía, de la imaginación y las doradas manzanas del sol. Y de la grandeza del espacio. Pero no el espacio como mera escenografía galáctica o marciana, sino como, primero, metaforización del espacio del conflicto en la Tierra, de la amenaza del exceso de técnica y racionalidad, de la alienación y la mutilación. Aquello que impide que la mente se expanda en el otro espacio, más allá de Marte y hacia lo nuevo y distinto, en el que los cohetes de Bradbury viajan dejando detrás su estela de fuego.

Esteban Ierardo
Diario La Nación, 15 de agosto de 2020

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Raymond Chandler evening

Padre de la novela negra y de uno de sus detectives más famosos, Philip Marlowe, Robyn Hitchcock evoca a Raymond Chandler en uno de sus temas más recordados junto a The Egyptians.



It's a Raymond Chandler Evening,
At the end of someone's day,
And I'm standing in my pocket,
And I'm slowly turning grey.
I remember what I told you,
But I can't remember why,
And the yellow leaves are falling
In a spiral from the sky.
There's a body on the railings
That I can't identify,
And I'd like to reassure you, but
I'm not that kind of guy.
It's a Raymond Chandler Evening,
And the pavements are all wet,
And I'm lurking in the shadows
'Cause it hasn't happened yet.

El tema pertenece al álbum Element of light, de 1986



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Charles Bukowski a cien años de su nacimiento: el poeta detrás del mito

Consideraba que era una suerte ser famoso en Europa y poco conocido, e incluso censurado, en Estados Unidos; tildado de ateo, machista, homofóbico, se declaró creyente de la bondad de las personas (a las que no obstante quería lejos de él) y en el poder de los gatos de alargar la vida; en su opinión el alcohol estaba entre las mejores creaciones de la humanidad, Charles Bukowski (1920-1994) fue durante décadas el prototipo del escritor underground, epítome del realismo sucio estadounidense. Su narrativa, que le trajo fama y dinero, eclipsó en parte la obra poética, que lo perfiló como un "antibeat" de la clase trabajadora. Detestaba a Allen Ginsberg, Neal Cassady y William Burroughs y admiraba a Ezra Pound.Este domingo se cumplen cien años de su nacimiento.


Espontaneidad y alcohol
Había nacido en Andernach, Alemania, un 16 de agosto, y llegó con sus padres a Los Ángeles, Estados Unidos, a los tres años. No tuvo una infancia feliz, y en su juventud se mudó a Nueva York para hacerse escritor. En 1946, estaba de vuelta en Los Ángeles, donde siguió haciendo trabajos menores mientras escribía y publicaba cuentos y poemas en diarios y revistas literarias. Durante casi diez años, pasó el tiempo bebiendo en bares: ese fue su periodo reconocido como los barfly years, que retrató en su volumen de cuentos Erecciones, exhibiciones e historias generales de locura ordinaria (1972) y fue llevado al cine por Barbet Schroeder en el film Barfly, con guion de Bukowski. A los cincuenta años, aceptó la propuesta del editor John Martin, de Black Sparrow Books, que le ofreció pagarle cien dólares mensuales de por vida si abandonaba su trabajo como cartero para convertirse en un escritor de tiempo completo. Una de las primeras obras que siguieron a esa oferta fue la novela Cartero, de 1971, donde aparecía por primera vez Henry Chinaski, el antihéroe alcohólico y misógino que muchos identificaron como un álter ego del autor. Nacía el mito Bukowski.

"Pese a lo autorreferencial y provocativo de su prosa, y pese a que se trate de un autor más conocido por sus novelas, Bukowski dedicó gran parte de su vida a la poesía, escribiendo y publicando más de veinte libros en el género desde 1959 hasta el día de su muerte -dice el poeta y traductor Juan Arabia-. Con sus relatos cortos y novelas hizo algo de dinero, pero su corazón siempre estuvo más cerca de la poesía, género con el que se sintió sin duda más identificado". En Mujeres (1978), el escritor reconoció su deuda con John Fante, su mentor literario.

Aunque afirmó que la poesía estaba sobrevalorada, escribía versos todos los días. Sus poemas se publicaron por primera vez en periódicos de Los Ángeles como Open City y The Los Angeles Free Press y en revistas literarias. Flower, Fist and Bestial Wail, su primera colección de poesía, se publicó en 1959. "A diferencia de la atmósfera que aún prevalecía por la influencia de la Nueva Crítica, y la convergencia posterior de la Escuela de Nueva York (John Ashbery y Frank O'Hara, entre otros), es decir, de una poesía llena de giros, revisión y trabajo, tan contraria a su falsa y mentada espontaneidad, Bukowski planteaba que los poemas tenían que salir 'de la misma forma que sale un vómito a la mañana luego de una borrachera'" -describe Arabia, editor de Buenos Aires Poetry-. Al igual que Walt Whitman, William Carlos Williams y la Generación Beat intentaron llevar la poesía a un lugar más orgánico, uno que coincidiera con el discurso y las tradiciones estadounidenses, Bukowski llevó el lenguaje más cerca del verdadero núcleo y centro del corazón de la sociedad norteamericana: no solo hay un modo de vida americano sino un modo de muerte americano. Ningún otro escritor fue tan rudo, solitario y original como él".

Acuérdate de tu corazón
"El centenario de Bukowski ofrece una buena oportunidad para releer y repensar su tremenda poesía, que se ha distinguido desde el principio por generar cualquier tipo de recepción menos la indiferencia -dice a La Nación  el poeta, ensayista, traductor y catedrático cubano Víctor Rodríguez Núñez-. En uno de sus poemas tempranos, recogido en The Roominghouse Madrigals (1988), narra cómo un domingo aburridísimo su mujer le pide el divorcio y su respuesta: 'acuérdate de tu corazón'. Esa frase podría estar dirigida, también y sobre todo, a la poesía estadounidense de su tiempo, y aun la de nuestros días, severamente limitada por la represión de los sentimientos". Para Rodríguez Núñez, la obra del poeta de Los Ángeles se vincula con la manera latinoamericana de entender la poesía. "Es menos whitmaniana y más vallejiana, y esto explica la fervorosa aceptación que ha tenido al sur del Río Bravo -señala-. Como toda poesía verdadera, la de Bukowski desafía la ideología dominante, en su caso la combinación del protestantismo fundamentalista y el liberalismo burgués, para quienes los casi 165.000 muertos por la pandemia no son razón suficiente para cerrar las iglesias ni los negocios. Su voz es la de un outsider y por tanto la de uno de los nuestros, para quien escribir es la única libertad".

Para la poeta y ensayista Anahí Mallol, encontrarse con la escritura de Charles Bukowski es siempre un shock. "Bukowsi te enfrenta con la no complacencia absoluta: caen las ideas habituales acerca de la belleza o la virtud del poema -dice-. Y algo te interpela: la sospecha de que todo es una gran farsa, que no hay nada que esperar, que la poesía es poesía cuando va directo a lo que quiere decir, con un lenguaje coloquial, casi desprovisto de imágenes, y avanza como golpes, hacia el corazón de un dolor objetivo, de una desesperación generacional y existencial". En cierto sentido, la poesía de Bukowski es una escuela de entrenamiento para asimilar el fracaso que, tarde o temprano, llega en la vida. "Mientras, te da unos consejos valiosísimos sobre escribir, y te confiesa, a medianoche, que hay un pájaro azul que canta, muy de vez en cuando, en el centro del corazón -concluye la autora de Como un iceberg-. Entre Emile Cioran y los jóvenes Rolling Stones, Bukowski está ahí, para decirte que si vas a hacerlo, lo hagas hasta el final. Aquí, ahora. Escribí. Aunque a nadie le importe".

En las redes
La editorial Anagrama, donde se publicó gran parte de la obra narrativa de Bukowski, prepara una gala virtual con especialistas en la obra del escritor estadounidense. Este sábado, a las 14 (hora argentina), en la cuenta de Facebook de Anagrama se podrá asistir a la charla entre los escritores Mariana Hernández, Carlos Velázquez y Bernardo Esquinca y el librero Ángel Tijerín sobre la "literatura salvaje" del homenajeado. Y el martes, a las 21 (hora argentina), en la página de Facebook de Eventos Gandhi, de México, los escritores J.M Servín y Roberto Castillo Udiarte conversarán sobre el autor de El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco, que ilustró nada menos que Robert Crumb.

Otra iniciativa destacada que se puede rastrear con el hashtag #100AñosDeBukowski es la de TVUNAM, de Ciudad de México, que en el día del centenario del nacimiento del escritor transmitirá el documental Bukowski: Nacido en esto, en doble función, a las 17.30 y a la medianoche. El documental de John Dullagan, de 2003, también se puede ver subtitulado en este enlace. En la Argentina ese día habrá que estar atento a las cuentas en redes del músico y escritor Fito Páez, el último bukowskiano del Río de la Plata.

Tres poemas de Charles Bukowski

Como un delfín

Morir tiene su lado difícil.

No hay escapatoria.

El guardián tiene su ojo en mí.

Su ojo malo.

Estoy cumpliendo la condena ahora.

En soledad.

Encerrado.

No soy el último ni el primero.

Sólo te estoy diciendo cómo es.

Me siento sobre mi propia sombra.

El rostro de los ancianos oscurece.

Las viejas canciones todavía suenan.

Con una mano en mi mentón, sueño con

nada mientras mi perdida infancia

salta como un delfín

en el mar congelado.


4:30 A. M.

Los campos crujen

con pájaros rojos;

son las 4:30 de

la mañana;

siempre son las

4:30 de la mañana,

y escucho a

mis amigos:

los basureros y

los ladrones,

y gatos soñando

pájaros rojos

y pájaros rojos soñando

gusanos,

y gusanos soñando

acompañado de los huesos de

mi amor,

y no puedo dormir,

y pronto llegará la mañana,

los trabajadores se despertarán,

y me buscarán en los muelles,

y dirán

"está borracho de nuevo",

pero estaré dormido,

finalmente,

entre las botellas y

la luz del sol,

toda oscuridad detrás,

mis brazos extendidos como

una cruz,

los pájaros rojos

volando,

volando,

rosas que se abren en el humo,

y como algo

apuñalado

y cicatrizante

como

40 páginas a través de una mala novela,

una sonrisa sobre

mi cara de idiota


Carson McCullers

ella murió de alcoholismo

envuelta en una manta

en una reposera

de un barco

de vapor.

todo lo que de ella

quedaba

eran sus libros de

aterradora soledad

todos sus libros sobre

la crueldad

del amor sin amor

como el turista que paseando

descubrió su cuerpo

y notificó al capitán

y ella fue despachada rápidamente

a otro lugar

en el barco

y todo

continuó simplemente

tal

como ella lo dejó escrito.

Traducción de Juan Arabia

Daniel Gigena
Diario La Nación, 16 de agosto de 2020

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