¿Drácula, Dracul, Vlad? ¡Bah…!

Arte y guión: Alberto Breccia
(Hotel de las Ideas, Buenos Aires, 2019, 64 páginas)


Alberto Breccia (Montevideo, 1919-Buenos Aires, 1993) está considerado uno de los más grandes dibujantes de la historia de la historieta mundial, y se radicó con su familia en la Argentina cuando tenía tres años. Su obra es vasta y comenzó a sobresalir a partir de Vito Nervio, que dibujó desde l947 a 1959 con textos de Leonardo Wadel. En los años cincuenta toma contacto con el guionista Héctor Germán Oesterheld y en dupla producen varias obras que están entre la cumbre de este noveno arte. Entre ellas pueden citarse Sherlock Time, Mort Cinder, Vida del Che Guevara (que dibujó junto a su hijo Enrique) y una nueva versión de El Eternauta. Con guión de Norberto Buscaglia adaptó Los mitos del Cthulhu, de H.P. Lovecraft. Acompañado por el guionista Carlos Trillo, realizó Un tal Daneri y Buscavidas. Junto a Juan Sasturain (textos) plasmó la consagrada saga Perramus. Son famosas sus versiones de los cuentos de Edgar Allan Poe.

La historieta que se comenta fue realizada por el artista en 1982 y hasta ahora era inédita en nuestro país. Anteriormente se publicó, entre 1983 y 1984, en la revista española Comix Internacional, y en los años noventa en libro en Francia.

¿Drácula, Dracul, Vlad? ¡Bah! carece de diálogos, está compuesta por viñetas mudas, y aunque hay una concepción plástica en su dibujo y en sus colores, su proyecto es netamente historietístico, con ciertos puntos en común con el arte del cartoon. Laura Caraballo (curadora de la muestra «Breccia 100. El dibujo mutante») manifiesta en el prólogo: “Aquí, las masas de color yuxtapuestas dejan emerger la línea como una suerte de daño colateral, pero no como un fin en sí mismo. No hay trazo, hay mancha. Este carácter expresivo del color y de las formas, porta oportunamente la carga grotesca que atraviesa la obra de Breccia de principio a fin”.

A partir de la tapa, su trabajo está poblado de mujeres y hombres deformes y edificios resquebrajados, como si estuvieran a punto de derrumbarse. Su colorido es restallante y muy elaborado.

La obra consta de cinco capítulos. El primero, «La última noche de carnaval», tiene lugar en Venecia y presenta un mundo de pesadilla, abarrotado de muertos. El negro es fundamental y recorre sus páginas. La concepción de Breccia es netamente experimental. En este episodio Drácula está a punto de morder a una mujer, pero aparece Superman como un salvador y aquel huye dejando a la pareja gozar de un romance. Pero el final es desopilante, porque el superhéroe muere inesperadamente, y el último cuadrito muestra un primer plano de la mujer con colmillos manchados de sangre: Drácula ya la había mordido y convertido en vampira.

«Latrans canis non admordet» es el título en latín del Capítulo 2, que significa “Perro que ladra no muerde”. Su creativa estética trae reminiscencias de un genial corto de animación: El corazón delator (1953), de Ted Parmelee, una producción de la casa UPA. Hay viñetas –como la del plano general en que El Conde viaja en carroza–, que podrían lucirse en cualquier galería de arte. En esta oportunidad sufre de dolor de muelas, y concurre a un dentista. El cuadrito de media página en el cual el profesional lo revisa es de antología por su muestrario de objetos insólitos. En su trazo predomina la línea curva y en su composición una óptica barroca. Luego, en el castillo, recibe a un huésped con quien cena. Y concluye con una viñeta en la cual asoma una burla feroz: Drácula hinca sus colmillos en su visitante mientras este duerme, pero se le cae la prótesis que le había colocado el dentista.

En el Capítulo 3: «Un tierno y desolado corazón», los interiores del castillo demuestran su exuberante figuración. Aquí, nuestro mordedor está perdidamente enamorado de una mujer moribunda, va a verla en su mansión, entra en el dormitorio donde languidece en la cama, y la salva mediante una transfusión de sangre que se exhibe en un magnífico cuadrito de página entera.

En el Capítulo 4, «Fui leyenda», se traslada a Buenos Aires en la época del Proceso. Abundan imágenes propias de los «Caprichos goyescos» al mostrar el horror de matanzas, mutilaciones, torturas y acciones aberrantes. Como señala Caraballo en su prólogo, aparece el único texto de la serie: un cartel fijado en una pared anuncia “Todo va mejor con Coca-Cola” en tanto una fila de personas espera frente a una olla popular. Drácula, espantado, se refugia en una iglesia católica. La concepción artística trae a la memoria la citada Perramus.

El Capítulo 5, «¿Poe?.¡Puaf!» presenta al famoso escritor trabajando en el estudio de su casa de Baltimore, mientras por la ventana entre un cuervo. Drácula está observando su vivienda y lo ve partir hacia una taberna, donde el poeta bebe hasta emborracharse. Al salir el vampiro lo muerde y se fuga, pero la sangre, por supuesto, estaba colmada de alcohol y, completamente ebrio, cae al suelo y se agarra de un poste. Un policía lo detiene para encerrarlo en un calabozo.

Tal vez la mejor definición de esta obra maestra la dio el propio autor. Su hija Patricia Breccia –una notable dibujante de historietas de nivel internacional– señaló a Juan Manuel Strassburger (Radar, 30.6.19) que “Desde el primer momento su objetivo fue hacer a Drácula pero como sátira. Una adaptación fuera de lo convencional. ´Me quiero cagar de risa yo´, me decía. ´Me quiero divertir´”.

Germán Cáceres

Los índalos

Germán Cáceres reseña Los índalos, película que acaba de estrenar Gato Martínez Cantó, quien comenzará el Seminario de desarrollo de proyectos documentales para cine y TV.


Ante todo hay que aclarar que los indalos son figuras rupestres que se encuentran principalmente en Almería (Andalucía). Para varios intelectuales representan la silueta de un hombre ancestral que sostiene un arcoíris. Se le suele asignar un atributo protector contra los malos espíritus.

Aurora Sáchez, la relatora –y en cierta forma protagonista de este documental, ya que se basa en su traumática vida– tiene dos índalos en su vivienda de Nicaragua, que representan a su hermano Roberto y a su hijo Iván, ambos participantes del intento de copamiento del cuartel militar de La Tablada, durante el cual murió el primero y el segundo se convirtió en un desaparecido.

Los buenos augurios de los índalos no son por supuesto estos desenlaces fatales, sino la fe en la vida por parte de Aurora y la convicción de que debe transitársela con dignidad. La asistió en esta empresa su solidaria hija Mayra, hermana de Iván y sobrina de Roberto, que está tratando que estas dos fuertes figuras del pasado no le impidan forjar su futuro.

Pero la militancia y la política signarán el desgarrador periplo vital de Aurora, pues su padre participó junto a los republicanos en la guerra civil española. Finalmente este pudo huir a un campo de refugiados francés y luego trasladarse con su familia a Buenos Aires (Aurora repite una frase de él: “Lo malo no es irte de tu país, sino que te echen”).

El gran mérito de los directores y guionistas Gato Martínez Cantó, Santiago Nacif y Roberto Persano es no participar en las declaraciones y testimonios de Aurora Sánchez y de su hija Mayra, como tampoco en las intervenciones de otros testigos (un fotógrafo, el hijo de Roberto, un ensayista, un amigo nicaragüense de Iván, la novia de éste –también de Nicaragua–). La finalidad de la película es registrar las terribles pérdidas que sufrió la protagonista, que sin embargo no ha quebrado su fe en la vida y tampoco cuestionado las decisiones tomadas por sus seres queridos. Además, esas cicatrices que tanto martirizan su alma no le impiden ser habitada por la presencia invisible de Iván en cuanto pronuncia su nombre.

Aurora Sánchez junto a Mayra regresaron a Nicaragua, donde viven en la actualidad. Son primorosas y conmovedoras las escenas que captan sus playas y sus pueblos. Aurora comienza a ser invadida por los recuerdos y entonces deciden viajar por España y evocar a sus antepasados a través del aroma de plantas y flores, como lo realizó literariamente Marcel Proust. Cuando también visitan Francia (donde se puede apreciar el inefable encanto de París) toman nota del monolito que se erigió cerca de la frontera con España, en honor de los heroicos soldados republicanos, entre ellos el padre de Aurora y abuelo de Mayra. En Buenos Aires hay lugar para el mágico barrio de la Boca, pero también muestra el doloroso entierro de las cenizas de Roberto y el horror de las escenas bélicas en el cuartel. Todos estos logros se debieron al trabajo de cámara de Emiliano Penelas (responsable de la fotografía) junto a los directores Roberto Persano y Gato Martínez Cantó. El resto del equipo técnico colaboró muy profesionalmente para plasmar una película de resonancias humanísticas y, a la vez, conmovedora.

Germán Cáceres


Los índalos
(Argentina, 78 minutos, color, 2019)
Guion y dirección: Gato Martínez Cantó, Santiago Nacif y Roberto Persano
Producción: Paimún Cine - Sigil Comunicación & Sociedad
Dirección de Fotografía: Emiliano Penelas (ADF)
Montaje: Omar Neri y Monica Simoncini.
Sonido: Lucho Corti
Animación: Martín Céspedes
Música original: Nicolás Esperante
Diseño Gráfico: Sebastían Jiménez
Cámara: Emiliano Penelas - Roberto Persano – Gato Martinez Cantó
Asistente de fotografía: Darío Longobucco
Corrección de color: Patricia Batlle

En cartel en el Cine Gaumont, Rivadavia 1635.

Día del lector

Con el objetivo de promover el hábito de la lectura, desde 2012 cada 24 de agosto se celebra el "Día del Lector" en nuestro país, en homenaje al natalicio del Jorge Luis Borges, en 1899.



Por supuesto que la obra completa de Borges se encuentra en nuestro catálogo.

El secreto perfume del mundo

de Beatriz Isoldi
(Paradiso, Buenos Aires, 2019, 212 páginas)


Beatriz Isoldi, presidenta de la institución Gente de Letras, es una prolífica narradora y ensayista que ha obtenido importantes reconocimientos: Primer Premio de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires en cuento (2007) y ensayo (2008), el premio Municipal de literatura de la Ciudad Buenos Aires en ensayo (bienio 2006-2007) y el Premio Esteban Echeverría. (2013). Ganó en dos oportunidades la Faja de Honor de la SADE.

En esta novela brilla su bella prosa, colmada de imágenes, metáforas y símiles. Dejarse llevar por la armonía de sus frases constituye una delicia para el lector. En los tramos finales del libro, la escritura se torna caudalosa y adquiere la fuerza de un torbellino arrollador. Además, como otros importantes creadores contemporáneos, no utiliza guiones para los diálogos. Otro aporte es la recorrida que realiza por las calles de Buenos Aires, y así desfilan Ecuador, 25 de Mayo, Parque Chas, Avenida de Mayo, Plaza Flores y, sobre todo, el Pasaje Santos Discépolo: “Me fascinaba esa cortada misteriosa con aires europeos, magnífica y meticulosamente arruinada con leyendas en las paredes …”

Francisco Ledesma, el protagonista, relata la historia en primera persona y manifiesta que es un novelista reconocido pero un auténtico solitario, un “lobo estepario”, como el mismo se autodenomina apelando al célebre libro de Hermann Hesse. Debe señalarse que la autora demuestra poseer una extensa cultura por la cantidad de músicos, artistas y escritores que nombra.

Al comenzar la novela, Ledesma estaba sufriendo un período de escasa creatividad y reflexionaba que “no son los deseos buenos o malos los que construyen la realidad (…) ni siquiera sobre los hechos en el territorio inestable de la ficción”.

No solo Ledesma es escéptico y depresivo, sino también su hijo Abel, un pintor sin éxito. A ambos los abruma una tremenda desolación.

Y entonces comienza a evocar su vida pasada, porque en esencia desconoce lo que le ocurrió. “¿Sucedió realmente como me lo cuento?”, se cuestiona: no sabe quién es, no logra distinguir los hechos reales de sus fabulaciones. Más adelante comenta que “Recordar es una situación conflictiva”. En la atmósfera del texto se advierte que Isoldi admira al Premio Nobel Patrick Modiano.

La introspección que realiza Ledesma es una suerte de racconto para intentar descifrar si antes de enviudar fue feliz en su vida matrimonial, misterio que otorga una suerte de suspenso a la lectura. Y reconoce que resultó ser un atormentado y se identifica con Ricardo Stepens, el protagonista del cuento «Noche terrible», de Roberto Arlt. Asimismo, considera a la rutina como una particularidad de la condición humana, dado que él no quiere salir de su apática vida por miedo a la novedad: ya se acostumbró a la desgracia.

Finalmente, llega a la conclusión de que su amada Mirna, siempre rodeada de secretos, llevó una vida aberrante y desgarradora.

El secreto perfume del mundo es un título hermoso, acorde con la notable calidad de la novela.

Germán Cáceres

¡Hasta siempre, José!

Lamentamos profundamente el fallecimiento de José Martínez Suárez, Socio Honorario de nuestra Biblioteca y amigo del Cineclub La Rosa.


A los 93 años, este sábado falleció José Martínez Suárez. Con una pena inmensa, pero sabiendo que nos seguirán acompañando sus películas, los miembros de la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte despedimos a un amigo, Socio Honorario de nuestra casa, siempre presente en el Cineclub La Rosa. Hasta siempre, José, buen viaje.

Mitos nacionales. De los próceres a los ciudadanos ilustres

Conmemoraciones como la de San Martín, fallecido el 17 de agosto de 1850 en su casa de Boulogne-sur Mer, nos llevan a preguntarnos si acaso no hay más argentinos de ese temple. ¿Se acabaron los próceres? ¿No los necesitamos? ¿Podemos vivir sin figuras ejemplares, que nos señalen cuáles son los valores importantes? ¿O será acaso que somos incapaces de conceder un reconocimiento más o menos unánime a esas figuras?


Sin duda, hay un poco de cada cosa. La Argentina tiene hoy un panteón de próceres, y también de figuras que, sin llegar a ese alto rango, reconocemos como destacadas. Una lista de sus nombres nos revela una cierta desproporción: el peso enorme de quienes actuaron entre 1810 y 1825, en la etapa inicial de lo que sería la Argentina, y muy especialmente de los guerreros de la independencia.

Desde 1853, y a medida que el Estado se iba consolidando, los historiadores iniciaron el camino de la construcción de la nación argentina y de su pasado. Bartolomé Mitre comenzó en 1857 con Belgrano y la independencia argentina, concluida en 1876, y en 1887 publicó San Martín y la emancipación sudamericana. Con ambos libros explicó los orígenes de la nación, señaló a sus principales próceres fundadores y tendió una línea que, uniendo Mayo con la Constitución de 1853, definía una visión liberal de la nación. Por esos años otros historiadores -Adolfo Saldías y Vicente Fidel López- plantearon matices más o menos importantes, y Ernesto Quesada, con su valoración de la figura de Rosas, señaló una diferencia fundamental.

Por entonces el país ya era muy distinto de aquel sobre cuyo pasado comenzaba a disputarse. La inmigración masiva llegaba como un aluvión y de él emergía una sociedad diferente y extraña, que planteó un fuerte desafío a quienes conducían el Estado. Lo enfrentaron con un programa que era común en los Estados de la época: nacionalizar a las masas y crear en ellas una base común que hiciera posible el contrato político en que se asentaba el Estado.

Se propusieron conformar una idea compartida de la nación. Su propósito se advierte en el nuevo énfasis puesto en las escuelas en la enseñanza de la historia, la lengua y la geografía nacionales, en el renovado interés por la celebración de las fiestas cívicas, en el estímulo de las movilizaciones patrióticas, y en la formación de un panteón que reuniera, material o simbólicamente, a los próceres y reconociera, con un juicio tranquilo e imparcial, su aporte a la formación de la nación.

El entusiasmo generado por la repatriación de los restos de San Martín, en 1880, o por la construcción del mausoleo a Belgrano. iniciada en 1896 con la ayuda de numerosas asociaciones civiles, dan la pauta del clima patriótico de esos años. Desde mediados de los años 80 los historiadores venían trabajando en el rescate de los próceres de la Independencia, ilustres olvidados o desconocidos. En este proceso, que se quería armónico, comenzaron a aparecer las disidencias. Muchos de aquellos guerreros habían participado luego en las enconadas guerras civiles, cuyos recuerdos aún estaban vivos. Para los descendientes de Dorrego, era intolerable la presencia de Lavalle en el panteón. Los hispanistas reclamaron un lugar para Álzaga y Liniers, héroes de las Invasiones Inglesas. Otros pidieron el reconocimiento de Facundo Quiroga o de Juan Manuel de Rosas. Las estatuas, su envergadura y su ubicación fueron también ocasión de encendidos debates.
Un panteón

En 1894 se intentó construir un panteón que, como en París o en Londres, reuniera los restos de los próceres reconocidos. Roca presidió la comisión organizadora que, a poco andar, admitió que no se podía incluir a nadie con actuación posterior a 1825. Se trataba de separar el momento fundador, de la unidad y la concordia, del posterior a 1825, irremediablemente dividido por las querellas políticas o ideológicas. la nacion -el diario de Mitre- advirtió premonitoriamente que de ese modo solo sería un panteón de la Independencia y no un verdadero Panteón Nacional, que incluyera a quienes se destacaran posteriormente.

A fines del siglo XIX, entre los dirigentes, las discusiones sobre el pasado reflejaban las incertidumbres del presente y los desacuerdos sobre el futuro por construir a partir de aquellas raíces. La inmigración masiva renovó las inquietudes cuando nuevas camadas de hijos de inmigrantes comenzaron a competir por posiciones antes reservadas a los criollos. También se la asoció con las protestas, a menudo violentas, organizadas por trabajadores o chacareros. Incluso se temió que la nutrida colectividad italiana -que erigió una estatua para Garibaldi- fuera la base de un proyecto colonial de Italia.

En este nuevo contexto, el nacionalismo de matriz liberal de los fundadores cambió de sentido, y comenzó a gestarse una corriente cultural que se expresó plenamente en elCentenario de Mayo. Frente a tales peligros, la Argentina debía tener una nacionalidad consistente y homogénea, que fortaleciera los rasgos propios y neutralizara los ajenos. El modelo era Alemania, una potencia pujante con una nacionalidad compacta y cohesionada, que era ajena al repertorio liberal.

Paradójicamente, ese ansia de unidad exacerbó primero la querella entre los intelectuales. Los parámetros reconocidos de una nación fuerte eran la raza, la lengua y la cultura. ¿Cuál era la raza argentina? ¿La hispana, como lo proclamaría la estatua del Cid Campeador, la criolla, la aborigen quizá, o la resultante futura del crisol de razas? ¿Que lengua debía hablarse en la Argentina? ¿El español de España, como se empeñaba Enrique Larreta, el gauchesco de nuestro gran poema nacional, Martín Fierro, o el porteño, español degradado por el habla de los inmigrantes? ¿Cuáles eran la música o la pintura nacionales? Todas estas discusiones, intensas y apasionadas, se anudaron en un tópico perdurable: el "ser nacional". Los nuevos nacionalistas no sabían cuál era, pero estaban convencidos de que existía, y que debía ser revelado mediante una acción militante que lo liberara de injertos europeístas o cosmopolitas.

Sobre este imaginario nacionalista, fuente de dudas y de certezas, comenzaron a trabajar tres actores de voz potente y performativa: el Ejército, la Iglesia católica y los movimientos políticos populares. Cada uno dejó su huella en el relato histórico.
Expresión del pueblo

El Ejército identificó la nación con el territorio nacional, convertido en una de sus bases simbólicas. Pero además fue atribuyéndose la custodia de sus valores esenciales, eternamente encargado de vigilar y reprimir a quienes los amenazaran. La Iglesia, que combatía al Estado laico, proclamó que la Argentina era una nación católica, construida por prohombres católicos. Masones, protestantes, liberales, socialistas y otros más, que estaban entre "los hombres de buena voluntad", convocados en 1853, resultaban de dudosa argentinidad. Finalmente, el radicalismo y el peronismo, los dos grandes movimientos democráticos y populares, se concibieron a si mismos como la expresión del pueblo y de la nación -el gran actor de la historia- mientras que sus eventuales adversarios -el "régimen", la "oligarquía"- eran declarados ajenos al pueblo y hasta sus enemigos.

Fueron tres vías distintas que convergieron en una idea común: la Argentina era y debía ser unánime y la parte de los argentinos que escapara a estas definiciones tenía que ser marginada o excluida. El principio confería un enorme poder a quien lograra imponer su idea de la unidad. A la vez, era el generador de inevitables reacciones por parte de los afectados. Imponer su propio panteón era una de las manifestaciones de la hegemonía. Cuestionarlo era la esperable respuesta de quienes habían sido expulsados de la patria homogénea. Coincidir en nombres de personas ejemplares, de ciudadanos destacados, presentes y pasados se volvió cada vez más difícil.

El pasado histórico fue campo de estos combates, y la discusión se ensañó con muchos que se perfilaban para un reconocimiento, si no unánime, al menos amplio. El primero fue Sarmiento, reconocido inspirador de la educación pública, uno de los más celebrados logros de la Argentina. Pero se ganó la inquina de la Iglesia, tenaz y eficaz, y padeció de la pluma, a menudo soez, de escritores nacionalistas para quienes el cosmopolitismo y la europeización son mala palabra. En 1988 la Cámara de Diputados le negó un homenaje. En 2011, en el bicentenario de su nacimiento, la Televisión Pública lo ridiculizó en su canal Paka Paka.

En los años 60 y 70 la denostación de Rivadavia y la exaltación de Rosas enardecían a los jóvenes estudiantes. La figura de Rivadavia -motejado de "mulato"- quizá no ha mejorado mucho, pero la de Rosas no despierta ya pasiones encendidas. Para los historiadores serios, fue un gobernador un poco más autoritario y faccioso que el término medio de su tiempo, un defensor de la soberanía, al menos la de Buenos Aires, y uno de los constructores -a su manera, bastante unitaria-, del Estado nacional.

En la memoria y en la historia las revisiones no se detienen nunca, pues se mira el pasado a la luz de los problemas del presente. La reivindicación de los pueblos originarios -un fenómeno mundial- sacudió la imagen de Roca, que se había ganado el procerato por la unificación territorial de la nación. El artífice de esa gesta -muy cara a los nacionalistas- ha pasado a ser un feroz genocida, y sus estatuas son objeto recurrente de escraches. Con el mismo criterio anacrónico, quizá pronto nos enteraremos del costado patriarcal y discriminador de cada uno de nuestros prohombres, quienes seguramente fueron además grandes contaminadores del ambiente.
Soñar la unanimidad

En una sociedad como la nuestra, que es plural y diversa pero se ha acostumbrado a soñar con la unanimidad, las brisas facciosas se convierten en vendavales que arrasan con todo, y sobre todo con las estatuas. Probablemente allí esté el nudo del problema de la escasez de próceres -cuya presencia se ha acotado al momento fundacional de la patria-, y también de prohombres reconocidamente destacados y ejemplares. No hay grandes referentes que cimenten los principios de una sociedad democrática, y quienes extrañen su ausencia deberán asumir la tarea de construir esas referencias, paciente y trabajosamente. Obtendrán éxitos parciales e incompletos, pero los alentará la posibilidad de acuerdos parciales y transacciones razonables.

Eso es lo que se hace en el ámbito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, cuya Legislatura confiere con amplitud la distinción de Personalidad destacada y, en casos excepcionales, la de Ciudadano ilustre. Buscan en los diversos ámbitos de nuestra sociedad, plural y creativa -la ciencia, la creación cultural, el deporte y otros- , a quienes supieron aunar una profesión con el servicio a la comunidad y al interés general. Allí coexisten bloques políticos que expresan una gama amplia de visiones políticas e históricas, y los nombres probablemente surjan de negociaciones, acuerdos y repartos. Bienvenidos.
Los estadistas

En cuanto a los estadistas, no es difícil coincidir en algunos nombres: Yrigoyen, Lisandro de la Torre, Juan B. Justo, Arturo Illia quizá; el tiempo ha enfriado las pasiones que los rodearon. Más cerca de nuestro presente tenemos a Juan Domingo Perón y a Raúl Alfonsín. Aunque durante buena parte de su vida pública fue el jefe de una facción, no es difícil rescatar en Perón un valor ampliamente compartido, que sin duda se extiende a Eva Perón: la justicia social. Raúl Alfonsín es ampliamente identificado con los derechos humanos y la democracia, que son hoy valores asumidos por una sociedad que discute sobre sus formas pero no sobre los principios. También se lo asocia con otros valores políticos y éticos -la república y sus instituciones, el pluralismo, la deliberación- que conmueven a una parte algo menor pero que raramente son negados. Es difícil encontrar hoy a alguien más digno de incorporarse al grupo de los hombres eminentes.

Pero en este campo nadie tiene asegurado su pedestal. La mirada presente del pasado es impiadosamente revisionista y poco comprensiva de las circunstancias en que vivieron los hombres. Permanentemente estamos afirmando nuevos derechos y valores y reclamándole al pasado por haberlos ignorado. Nuestra cultura política se ha vuelto muy intolerante y violentamente expresiva. Las estatuas de nuestros ciudadanos ejemplares, que se levantarán con tanto esfuerzo, se asentarán -triste es admitirlo- sobre terrenos poco firmes.

Por: Luis Alberto Romero y Lilia Ana Bertoni
Diario La Nación, sábado 17 de agosto de 2019

La desaparición de Stephanie Mailer

de Joёl Dicker
(Alfaguara, Buenos Aires, 2018, 656 páginas)


Este autor ginebrino que nació en 1985 y escribe en francés novelas situadas en los Estados Unidos, goza del mérito y del privilegio de concebir libros extensos que se convierten en rotundos best-sellers y ganan importantes reconocimientos. Por ejemplo, La verdad sobre el caso Harry Quebert obtuvo el Premio Goncourt des Lycéens, el Gran Premio de novela de la Academia Francesa, el Premio Lire a la mejor novela en lengua francesa y en España fue elegido Mejor Libro del Año por los lectores de El País y recibió el Premio Qué Leer al mejor libro traducido y el Premio San Clemente otorgado por varios institutos de Galicia; además, Jean- Jacques Annaud lo adaptó como serie televisiva. Su primera novela, Los últimos días de nuestros padres, recibió el Premio de los Escritores Ginebrinos. Respecto al texto que nos ocupa, en la contratapa aparece un comentario celebratorio de Valérie Trierweiler en Paris Match: “Seiscientas cincuenta páginas que nos harán adorar el insomnio.”

La escritura de Dicker es fluida y trabajada aunque con escasas imágenes. De tanto en tanto desliza pensamientos sencillos que valen la pena:”- Huy, no hay que fiarse de las apariencias. A veces creemos que conocemos a las personas y descubrimos secretos asombrosos sobre ellas.”/ “-Cuando has matado una vez, puedes matar dos veces. Y cuando has matado dos veces, puedes matar a toda la humanidad. Ya no hay límites.” Excelente la traducción de María Teresa Gallego Urrutia y Amalia García Gallego.

La historia transcurre en 2014 e investiga un caso criminal que estaba cerrado y que ocurrió veinte años antes, o sea en 1994. La narración oscila entre ambos períodos y por momentos se tiene la impresión de que todo sucede al mismo tiempo.

Los tres policías que investigan (Jesse, Derek y Anna) se expresan en primera persona y también lo hacen otros personajes –hay unos treinta–, procedimiento que Dicker combina con descripciones en tercera persona.

Se trata de una novela policial, aunque el autor, en una entrevista que le realizó Ana Prieto en Buenos Aires para Ñ del 1/12/2018, no está seguro que lo sea pese a plantear seis crímenes: “En realidad no se trata de la escritura en sí sino del hecho de crear. Los procesos creativos son muy importantes porque es la única manera de salirnos realmente de nuestras vidas, algo que también logra la lectura.”

El relato resulta ágil y dinámico: prácticamente en todas las páginas ocurren hechos. Es una suerte de cajas chinas al revés dado que cuando se van abriendo se encuentran cajas más grandes.

Joёl Dicker demuestra oficio y una imaginación ilimitada al armar sin contradicciones ni errores una trama extensa y complicadísima. Recurre a golpes de efecto y desliza una intriga en los finales de capítulo. Y posibilita que casi todos los numerosos personajes se conecten entre sí y que las sospechas sobre su culpabilidad se vayan desplazando sucesivamente sobre ellos.

No obstante se le puede achacar que el empleo del cruzamiento de asesinatos (utilizado para eliminar el móvil del crimen y despistar a la policía) tiene su antecedente en la película Extraños en un tren (1951), de Alfred Hitchcock , basada en la novela del mismo título de Patricia Highsmith.

La desaparición de Stephanie Mailer concluye con un audaz final feliz porque uno de los personajes –que había asesinado a la amante que lo chantajeaba– logra ocultar su crimen y llevar una vida plena junto a su familia. El mismo resultado logran los tres protagonistas, que en el curso de la novela fueron revelando sus respectivos conflictos personales.

Germán Cáceres

El libro forma parte del catálogo de la BibliotecaSiendo sociopuede retirarlo para su lectura.

Infografía: James Last

Texto: Pablo Eduardo García Peña
DG: Diego Hernández Plazas

Donación

Agradecemos al fiscal Federico Delgado que nos hizo llegar su libro Injusticia, que ya forma parte de nuestro catálogo.


Benedetti completo

Los Cuentos completos de Mario Benedetti también están en nuestro catálogo, junto a otros libros del gran escritor uruguayo.


El cerebro del niño, en un seminario intensivo

En la mañana del sábado 10 de agosto se llevó a cabo en nuestra Biblioteca un seminario sobre estimulación lúdica en niños, dictado por la Dra. Carina Castro Fumero y la Lic. Rita Marini.


Con una gran concurrencia de profesionales de la educación, estudiantes avanzados de carreras docentes, profesionales y estudiantes avanzados de psicopedagogía, ciencias de la educación y carreras afines, se desarrolló el seminario "Cómo cuidar el cerebro del niño y potenciarlo a través del juego".


Dictado por la Dra. Carina Castro Fumero y la Lic. Rita Marini, la exposición incluyó videos y materiales destinados a divulgar los avances de la neurociencia y el desarrollo de la arquitectura del cerebro que se funda en los primeros años de vida.


La Dra. Castro Fumero es Magister en Neuropsicologia Clínica Pediatrica y Lic. en Psicología con tres maestrías en universidades en España, Argentina y Costa Rica, sub-especializándose, cada vez más, en neurodesarrollo. Creadora de “Bee Company”.


Marini, es licenciada en Psicopedagogía con posgrado en neuropsicología infantil del aprendizaje, diplomado en juego y Master en Gamificación y Luficicación en IEBS, y profesora de Enseñanza Primaria. Creadora de “ATIR Aprender Jugando”.












Que nadie duerma

de Juan José Millás
(Alfaguara, Barcelona, 2018. 216 páginas)


Juan José Millás (Valencia, 1946) es un escritor y periodista que ha publicado numerosos libros de ficción traducidos a más de veinte lenguas. Entre sus principales obras figuran las novelas Cerbero son las sombras (1975, Premio Sésamo), La soledad es esto (1990, Premio Nadal), Dos mujeres en Praga (2002, Premio Primavera), El mundo (2007, Premio Planeta y Premio Nacional de Narrativa) y los cuentos de Los objetos nos llaman (2009). También recibió muchas distinciones por su labor periodística.

El título del libro es la traducción de «Nessum dorma», el aria más bella de la ópera Turandot, de Puccini, que funciona como música de fondo, ya que Lucía, su protagonista, la evoca en todo momento.

En Que nadie duerma impera el delirio y el absurdo. Muchos de sus diálogos traen a la memoria la obra de teatro La cantante calva, de Ionesco y, ¿por qué no?, a los mismísimos Hermanos Marx. El lector está en su derecho de rechazar este código, pero el que lo acepte podrá gozar de una estupenda e imaginativa novela, dado que la prosa de Juan José Millás es una de las mejores de la lengua castellana.

Lucía es una empleada informática que pierde su puesto porque la empresa en que trabaja debe cerrar a raíz de una quiebra fraudulenta. Entonces cambia de profesión y se dedica a conducir un taxi. Y comienzan entonces sus increíbles monólogos en los cuales se considera una falsa delgada –“no confundir con la obesidad oculta”, sostiene–, es decir un ser parecido a un ave zancuda, y cree que en su cuerpo de mujer anida también un pájaro. Hay un diálogo disparatado que mantiene con un colega que le confiesa: “… cuando estás con la mente y con el cuerpo en el mismo sitio, la realidad adquiera una luz extraordinaria.” Y le comenta, además, que “…era muy ansioso, pero se me quitó y ahora mismo soy capaz de estar en Madrid estando en Madrid”.

Esta conclusión es el punto de partida para los futuros algoritmos y diagramas de flujo que implementará Lucia en sus disparatados razonamientos o en sus conversaciones con los pasajeros. Así, aunque ella recorre Madrid –de la que cita innumerables lugares– afirma que también está conduciendo por Pekín, ciudad en la que se desarrolla la historia de Turandot, ya que se siente una auténtica princesa, como la heroína de la ópera. Para ello simplemente sitúa su GPS en la capital de China.

Lucía también circula por Madrid (o Pekín como ella pretende) buscando al amor de su vida, un actor poco conocido que fue su vecino ocasional. Mientras tanto, al sentirse ave, ve rasgos de pájaro en todos los viajeros que toman su taxi. Algunos hacen comentarios irónicos, veta que Millás siempre transita. Por ejemplo, uno de ellos es periodista económico y le comenta que: “Hay días en los que todos los periodistas económicos escribimos el mismo artículo en todos los periódicos”. O la excéntrica opinión estética de su venerado actor:”La realidad y el realismo no tienen nada que ver, aunque la mayoría de la gente confunde una cosa con otra”.

Esta historia sobre esta alma solitaria que considera que “La vida era también un plano ciego en el que cada uno debía ir colocando los acontecimientos que la delimitaban”, concluye con una venganza trágica y sorpresiva, en la cual la maldad es castigada.

Juan José Millás es un talentoso narrador, de consumado oficio, ya que en esta trama tan bizarra y ramificada no deja ningún cabo suelto.

Germán Cáceres

El libro forma parte del catálogo de la BibliotecaSiendo sociopuede retirarlo para su lectura.

Infografía: Isaac Newton


Texto: Pablo Eduardo García Peña
DG: Diego Hernández Plazas

Pasó Juan Pablo Greco por la Biblioteca

Juan Pablo Greco y Sonoro Rioplatense tocaron en nuestra Biblioteca el sábado pasado, compartiendo candombes y milongas, folklore urbano de las dos orillas. Fotos y videos.










Cómo escribo

Escribo a mano y hago muchas, muchas correcciones. Diría que tacho más de lo que escribo. Tengo que buscar cada palabra cuando hablo, y experimento la misma dificultad cuando escribo. Después hago una cantidad de adiciones, interpolaciones, con una caligrafía diminuta.


Me gustaría trabajar todos los días. Pero a la mañana invento todo tipo de excusas para no trabajar: tengo que salir, hacer alguna compra, comprar los periódicos. Por lo general, me las arreglo para desperdiciar la mañana, así que termino escribiendo de tarde. Soy un escritor diurno, pero como desperdicio la mañana, me he convertido en un escritor vespertino. Podría escribir de noche, pero cuando lo hago no duermo. Así que trato de evitarlo.

Siempre tengo una cantidad de proyectos. Tengo una lista de alrededor de veinte libros que me gustaría escribir, pero después llega el momento de decidir que voy a escribir ese libro.

Cuando escribo un libro que es pura invención, siento un anhelo de escribir de un modo que trate directamente la vida cotidiana, mis actividades e ideas. En ese momento, el libro que me gustaría escribir no es el que estoy escribiendo. Por otra parte, cuando estoy escribiendo algo muy autobiográfico, ligado a las particularidades de la vida cotidiana, mi deseo va en dirección opuesta. El libro se convierte en uno de invención, sin relación aparente conmigo mismo y, tal vez por esa misma razón, más sincero.

Italo Calvino

Cómo cuidar el cerebro del niño y potenciarlo a través del juego

El sábado 10 de agosto de 9 a 12:30 horas en nuestra Biblioteca, Austria 2154, la Dra. Carina Castro Fumero y la Lic. Rita Marini brindarán este seminario destinado a profesionales de la educación, estudiantes avanzados de carreras docentes, profesionales y estudiantes avanzados de psicopedagogía, ciencias de la educación y carreras afines y a todo adulto que comparta su vida con un niño. Se entregará certificado de asistencia y material en PDF. Inscripciones abiertas.



La neurociencia nos confirma que los cimientos para la arquitectura del cerebro se fundan los primeros años de vida. Las investigaciones nos van revelando datos sorprendentes sobre el cerebro, su proceso de desarrollo y los factores que pueden influir en él. Así mismo vamos entendiendo como mediante una serie continua de interacciones dinámicas en las cuales las condiciones ambientales y las experiencias personales ejercen una influencia significativa en cómo se habrán de expresar las predisposiciones genéticas.

A su vez, el juego prevalece en la infancia, período en el que el cerebro se desarrolla más rápido, favoreciendo la creación de nuevas conexiones neuronales. El juego es importante para nuestro desarrollo biopsicosocial y supervivencia. Lo que se aprende a través del juego, luego lo podemos aplicar a otros contextos. El juego permite crear escenarios para las relaciones sociales y el aprendizaje, un formato de bajo riesgo para descubrir y desarrollar las habilidades y talentos.

El encuentro tiene como objetivo conocer estos factores y procesos, que interactúan de modo complejo para poder tomar mejores decisiones en el día a día y acompañarlos a través del juego, para generar un cambio y ayudar a los adultos del mañana a desarrollar su máximo potencial, logrando ver niños seguros, felices y con grandes habilidades emocionales e intelectuales.

Temario

  • Definir conceptos: Estimulación Temprana, estimulación Oportuna y sobreestimulación.
  • Comprender la importancia de estimular el cerebro en los primeros años de vida basándose en los 4 principales aportes del neurodesarrollo.
  • Entender como cuidar el cerebro del niño atendiendo las siete áreas que la investigación en neuropsicología ha confirmado.
  • Revelar por medio de actividades sencillas y cotidianas como potenciar el desarrollo cognitivo del niño.
  • Develar los descubrimientos de la neurociencia sobre el juego.
  • Conocer las diferentes etapas del desarrollo y como estas influyen en los tipos de juego.
  • Conocer el rol del adulto en el juego con niños.
  • Compartir diferentes juegos y propuestas lúdicas para aplicar en casa.

Dirigido a:

  • Profesionales de la educación: docentes, directivos de todas las áreas y niveles, estudiantes avanzados de carreras docentes.
  • Profesionales y estudiantes avanzados de psicopedagogía, ciencias de la educación y carreras afines.
  • A todo adulto que comparta su vida con un niño como, padre, madre, abuelo/as, tíos/as entre otros.

Fecha: 10 de agosto de 9 a 12,30 hs.

Modalidad: un encuentro presencial. SE ENTREGA CERTIFICADO DE ASISTENCIA y MATERIAL PDF.

Informes e Inscripción: contacto@atiraprenderjugando.com.ar

Profesionales que dictan el taller
DRA. CARINA CASTRO FUMERO
Magister en Neuropsicologia Clínica Pediatrica y madre de 2 niños.

Lic. en Psicología con tres maestrías en universidades en España, Argentina y Costa Rica, sub-especializándose, cada vez más, en neurodesarrollo. Lleva más de 15 años trabajando en el área de la salud mental de manera individual y en centros de intervención interdisciplinaria. Fundando Clínicas de atención integral y Empresas con el objetivo de informar y empoderar a todos los adultos que comparten su vida con chicos y quieren tomar mejores decisiones para potenciar sus capacidades y habilidades.

Autora del libro “¿Qué puedo hacer yo? Guía para entender, cuidar y potenciar el cerebro de los niños.

Creadora de “Bee Company”, empresa creada con el fin de informar y empoderar a todos los adultos que comparten su vida con un niño. Para que con mayor conciencia y conocimiento puedan tomar mejores decisiones y así ver crecer niños felices, seguros y exitosos.

LIC. RITA MARINI
Lic. en Psicopedagogía con posgrado en neuropsicología infantil del aprendizaje, en la universidad Favaloro. Diplomado en juego y Master en Gamificación y Luficicación en IEBS. Profesora de Enseñanza Primaria.

Creadora de “ATIR Aprender Jugando” empresa argentina que considera al juego como un valioso instrumento que potencia el desarrollo cognitivo, emocional y social motivando a niños, adolescentes y adultos a superarse y seguir aprendiendo.

Lleva más de 10 años desempeñándose en el ámbito educativo en los tres niveles ocupando diferentes roles como docente y psicopedagoga.

Ha participado como disertante en congresos de Argentina. Dicta talleres para padres y profesionales. 

Infografía: Nino Bravo

En la semana en que hubiera cumplido años, el recuerdo de Nino Bravo.


Texto: Pablo Eduardo García Peña
DG: Diego Hernández Plazas