Última función de Doris Dörrie

Segunda y última función del ciclo dedicado a Doris Dörrie en el Cineclub La Rosa, con la proyeccipon de Sabiduría garantizada. Será el miércoles 31 de agosto a las 20.30 horas en Austria 2154, con entrada libre y colaboración voluntaria.


Miércoles 31 de agosto - 20:30 horas
SABIDURÍA GARANTIZADA
(Erleuchtung garantiert, Alemania, 1999, color, 109 minutos)
Dirección: Doris Dörrie.
Elenco: Uwe Ochsenknecht, Gustav-Peter Wöhler, Petra Zieser, Ulrike Kriener, Anica Dobra, Heiner Lauterbach.


Dos hermanos están atravesando una crisis vital: Gustav, un experto en feng shui, intenta buscar la paz interior; Uwe, por su parte, no le encuentra sentido alguno a la vida desde que su mujer lo abandonó. Juntos emprenden viaje a Japón para alejarse de su entorno cotidiano y encontrar la tranquilidad, pero los problemas les persiguen allá donde van: nada más pisar tierra pierden sus pasaportes, se quedan sin dinero y no saben volver al hotel en el que se hospedan. (Filmaffinity)


Más información: Cineclub La Rosa

Día del lector

Con el objetivo de promover el hábito de la lectura, desde 2012 cada 24 de agosto se celebra el Día del Lector, en homenaje al natalicio del Jorge Luis Borges.

Sigue el curso "Historia de la Ciudad"

El Lic. Leonel Contreras continúa con el curso "Historia de la Ciudad de Buenos Aires" todos los lunes a las 19 horas.


Desde Pedro de Mendoza hasta nuestros días, Leonel Contreras repasa la historia de nuestra ciudad en un taller dividido en unidades temáticas cronológicas, por lo que permite incorporarse a lo largo del año.

Contreras es Licenciado en Historia de la Universidad del Salvador y trabaja en la Dirección General de Patrimonio, Museos y Casco Histórico de la Ciudad de Buenos Aires. Ha publicado diversos libros sobre la historia y los personajes porteños.

Para informes e inscripción llame al 4802-8211 (de lunes a viernes de 16 a 20) o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar

Donación de Ediciones Fabro

Agradecemos la donación de Ediciones Fabro del libro de Rafael Ianover Una historia oscura. Papel Prensa y la conspiración mediática de 1976,que fuera presentado en nuestra Biblioteca por Atilio Orsi.

Además, recibimos Héroes de tiento, de Carlos Aira. 

El sabor de la cereza

El sábado se realizó el homenaje a Abbas Kiarostami en el Cineclub La Rosa, con la proyección de la película que le dio la Palma de Oro en el Festival de Cannes, El sabor de la cereza.






Ayer y hoy
Emiliano Penelas, programador del Cineclub La Rosa, presentanto la función de este sábado y en una foto con Abbas Kiarostami, en el Festival de Cine de Mar del Plata 1998.


Feliz día del niño

¡Para todos los jóvenes lectores, también hay propuestas en nuestro catálogo!


La guitarra azul

de John Banville
(Alfaguara, Buenos Aires, 2016, 296 páginas)


En cierta forma esta novela responde a una visión muy difundida en este siglo XXI: la imposibilidad de captar la realidad, o si se quiere la verdad que anida en el universo (“¡No existe la cosa-en-sí, tan solo sus manifestaciones!”). Hay profundas reflexiones sobre el cosmos, los mundos paralelos y la cuestión del tiempo según la física cuántica (“Pero el mundo es resistente, vive de espaldas a nosotros en alegre comunión consigo mismo. El mundo no nos permite entrar en él.”).

Puede entenderse, también, como un monólogo interior del protagonista, el pintor Oliver Orway Orme, que relata su accidentada y malograda vida, que derivó en un calamitoso desenlace. Es, además, un cleptómano que roba por el sólo hecho de disfrutar de un profundo estremecimiento: evoca, sin proponérselo, a la obra Del asesinato considerado como una de las bellas artes, de Thomas de Quincey.

Oliver se siente absolutamente frustrado (“Estoy acabado, soy un saco de dolor, de arrepentimiento, de culpa.”). Entre otras cosas porque se agotó su inspiración plástica, pero ello es consecuencia de sus carencias afectivas y de sus actos egoístas y sin rumbo. Pero los otros personajes adolecen de defectos similares, no son rescatables y menos aún queribles. Banville describe la ausencia de valores de sus atormentadas existencias, dominadas por las dudas y las contradicciones. Demuestra ser un agudo psicólogo, sobre todo de la actividad del inconsciente: la introspección del protagonista es constante.

El autor relata con morosidad utilizando una prosa superlativa y exquisita: enlaza las palabras buscando su sonoridad. El lector se regocija con el lenguaje poético de este orfebre del lenguaje: “Pero recuerdo tardes de soleada quietud que ya no existen, cuando el cielo, de un profundo turquesa, contenía una oscuridad palpitante en su cénit y la luz sobre la tierra talada parecía ebria de su propia densidad …”. La narración da rodeos, oscila desde el presente para volver al pasado y mencionar vagamente una parte del futuro desarrollo. Soberbia la traducción de Nuria Barrios.

Por sus citas culturales el escritor demuestra poseer una extraordinaria versación, sobre todo respecto a la historia de la pintura (en una época intentó ser pintor).

John Banville (Wexford, Irlanda, 1945) ha recibido el Premio Broker en 2005 por El mar, en 2011 el Premio Franz Kafka y en 2013 el Premio Austriaco de Literatura Europea. En España obtuvo los Premios Leteo y Liber, y en 2014 le fue otorgado el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Es candidato permanente al Premio Nobel. Bajo el seudónimo de Benjamín Black escribió notables novelas policiales, entre ellas La rubia de ojos negros (2014).

Germán Cáceres

Este libro forma parte del catálogo de la Biblioteca. Siendo socio puede retirarlo para su lectura. 

80 años sin Federico

En la madrugada del 18 de agosto de hace 80 años fue fusilado uno de los escritores con mayor talento del siglo XX. Su muerte en las primeras horas de la guerra civil le convirtió en una leyenda que aún pervive.



La figura de Federico García Lorca, 80 años después de su fusilamiento, se ha agrandado con el tiempo. Por su personalidad, por su condición de símbolo, pero, sobre todo, por el vigor creativo y la permanencia de quien seguramente es el mejor poeta español del siglo XX. García Lorca bebió de la tradición popular y de las referencias cultas y supo aunar, en una obra diversa y multiforme, el pálpito de la época, el ritmo de la modernidad y el pósito de lo clásico. Se le adscribe a la Generación del 27, pero su impronta se extiende más allá. Su poética se desliza entre las pasiones humanas, que retrató con el color de su estilo propio, en un marco de asunción de la musicalidad de la lengua castellana, y un deseo de interrogación que le llevó a las puertas del surrealismo. En su teatro se conjuga la contundencia de la tragedia con el más hiriente costumbrismo y con unas ansias de renovación estética que todavía hoy se perciben como absolutamente contemporáneas. El poeta granadino posee el secreto de los clásicos: interroga continuamente a las nuevas generaciones.

La muerte de García Lorca fue uno de los episodios más terribles, y con más significado ideológico, de la guerra fratricida en España. Ochenta años después es el ejemplo más claro de la sinrazón y el odio que dominaron en este país. Que aún no sepamos dónde se halla su cuerpo es, además, un relato de indignidad, silencio y despropósitos, impropio de una democracia que quiera recuperar su memoria.

Fuente: El Periódico, España.


García Lorca en nuestro catálogo
En los estantes de la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte se encuentran los siguientes títulos de Federico García Lorca: Romancero gitano (Losada), Bodas de sangre (Losada) y Bodas de sangre, La casa de Bernarda Alba y Yerma (Dunken). Además, la antología Poesía del siglo XX (1920-1945) (Centro Editor de América Latina).

Homenaje a Kiarostami

En el marco de la décima temporada, y tras superar las 200 funciones, el Cineclub La Rosa realiza una función especial dedicada al maestro iraní, recientemente fallecido. Será el sábado 20 de agosto a las 21 horas.


Sábado 20 de agosto - 21 horas
EL SABOR DE LA CEREZA
(Ta'm e guilass, Irán / Francia, 1997, color, 98 minutos)
Dirección, guión y montaje: Abbas Kiarostami.
Elenco: Homayoun Ershadi, Abdolrahman Bagueri, Safar Ali Moradi y Afshin Khorshid Bakhtiari.


Un hombre de mediana edad decide suicidarse. Su única preocupación es encontrar a alguien que le ayude y se comprometa a enterrarlo. Esta situación le permite conocer a una gran variedad de personajes. Palma de Oro en el Festival de Cannes 1997.


"Es una película incómoda, lenta y difícil. Casi puede leerse como una extensa alegoría: el viaje interior de un extraño personaje que ha decidido suicidarse y busca a alguien que le ayude a ser enterrado dignamente, para evitar ser devorado por perros y aves carroñeras. El paisaje general que Kiarostami elige para reflejar el alma del protagonista es la periferia de una gran ciudad, a mitad de camino entre una mina abandonada y un vertedero". (Eugenio Sánchez Bravo)



Abbas Kiarostami nació en Teherán, Irán, el 22 de junio de 1940, y falleció en París, Francia, el 4 de julio de 2016. Cineasta y fotógrafo iraní, considerado uno de los más influyentes del Irán postrevolucionario y uno de los más consagrados directores de la comunidad cinematográfica internacional.

Estudió Bellas Artes en la Universidad de Teherán, trabajó como diseñador gráfico y después ingresó en el Centro para el Desarrollo Intelectural de Niños y Jóvenes Adultos, donde creó una sección de cinematografía. Allí comenzó su carrera de cineasta, cuando tenía 30 años de edad, con el cortometraje neorrealista El pan y la calle. En 1969 se casó con Parvin Amir-Gholi, de quien se divorció en 1982; tiene dos hijos: Ahmad (1971) y Bahman (1978).

Kiarostami pertenecía a la generación de cineastas que creó la renombrada nueva ola del cine iraní, que comenzó en los '60 y se popularizó a partir de 1970. Esta corriente creó filmes artísticos innovadores con un alto contenido filosófico y político; algunos empleando realismo, otros mediante metáforas. También es poeta; publicó una colección de sus versos en 1999, Compañero del viento.

Tras sus primeros largometrajes (¿Dónde está la casa de mi amigo?, 1987; Close up, 1990; Y la vida continúa, 1992, A través de los olivos, 1994), obtuvo su definitiva consagración internacional con la Palma de Oro del Festival de Cannes de 1997 por El sabor de las cerezas. Desde entonces ha continuado su exitosa obra cinematográfica (El viento nos llevará, 1999; ABC África, 2001; Ten, 2002; Five, 2004) —por la que ha obtenido más de setenta premios—, además de participar en instalaciones museísticas y exposiciones fotográficas. En 2006, con motivo de la exposición Correspondencias: Víctor Erice y Abbás Kiarostamí presentó instalaciones como Durmientes (2001), Mirando el Ta'ziye (2004) y Bosque sin hojas (2005).

Su penúltima película, estrenada en nuestro país como Copia certificada, le valió a su protagonista, Juliette Binoche, el Premio a la interpretación femenina en Cannes 2010.

Filmografía (largometrajes): El viajero (1974), Gozaresh (1977), Párvulos (1984), ¿Dónde está la casa de mi amigo? (1987), Deberes (1989), Close Up (1990), Y la vida continúa (1992), A través de los olivos (1994), El sabor de las cerezas (1997), El viento nos llevará (1999), ABC Africa (2001), Ten (2002), Five Dedicated to Ozu (2003), 10 sobre Ten (2004), Shirín (2008), Copia certificada (2010), Like Someone in Love (2012)


Más información: www.cineclublarosa.blogspot.com

Sigue el taller de Italiano

La Prof. Stella Maris Scuderi continúa con el taller de Italiano en la Biblioteca, todos los miércoles de 18 a 19 hs. en Austria 2154.

El taller, pensado para un nivel inicial y de conversación, incluye la comprensión y producción de textos orales y escritos, fijación de aspectos comunicativos y gramaticales mediante actividades orales y escritas, ejercicios interactivos. Canciones, juegos y videos. Conversación. Propuestas de ejercitación online.

La Profesora Stella Maris Scuderi es Dottore in Lingua e Cultura Italiana de ICoN - Università di Pisa.

Para informes e inscripción llame al 4802-8211 (de lunes a viernes de 16 a 20) o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar 

El exilio de los libros

Compartimos este artículo del escritor chileno Edmundo Moure, amigo de nuestra Biblioteca.



EL EXILIO DE LOS LIBROS
A mi hermano Toño, en sus setenta y siete.

(Entonces yo no sabía que el exilio de los libros iba a ser mi propio exilio).

Mi hermano Antonio, Toño, acopió en la casa de Ñuñoa los primeros libros nuestros (los otros eran de la biblioteca familiar, que padre Cándido y madre Fresia procuraban y enriquecían, con ese amor que heredaríamos por la palabra impresa y su aroma de tinta y hojas crepitantes); eran de aventuras, Emilio Salgari, sobre todo, Julio Verne y Zane Grey, y Toño los ordenaba en su habitación y había que pedírselos, uno a uno, para leerlos, dentro de los breves plazos que el primogénito estipulaba.

En la casa de La Cisterna, a los trece años, comencé a armar mi propia biblioteca, que acrecentaría desde los dieciséis, a instancias de doña Carmen Casarejos, que me recomendaba libros de su pequeña pero bien surtida librería del paradero 28 de Gran Avenida. Entre éstos, recuerdo una hermosa edición de Las Uvas y el Viento, de Neruda, otra de Hijo de Ladrón, de Manuel Rojas, Casa Grande, de Luis Orrego Luco, y La Colonia Tolstoyana, de Fernando Santiván, ejemplares que aún no han desaparecido, entre tanto extrañamiento forzoso, de la única propiedad conque hasta ahora cuento… Y no olvido Rimas y Leyendas, de Gustavo Adolfo Bécquer, cuyos poemas memoricé para recitárselos, con poético entusiasmo, a María Elena, aunque no siempre la efusión lírica cumple su cabal cometido…

Comencé a trabajar a temprana edad y compraba libros con mi propia soldada, también discos 78 y 33. A ellos les escribía mi nombre, con la ilusión de que aquella rúbrica aseguraría la permanencia entre mis manos de ese raro acervo, de dudoso valor material para la inmensa y enajenada mayoría. Aún hoy, luego de tantas páginas pasadas por mis manos y bajo mis ojos, suelo encontrar uno que otro ejemplar perdido en librerías de viejo, como también volúmenes de mi propia autoría, que alguna vez regalé a desaprensivos amigos lectores, que se deshicieron sin piedad de ellos, no sé si por apremios económicos o por simple escrutinio estético, a la manera de esa expurgación memorable del cura y el barbero… Sí, en la biblioteca de don Alonso Quijano el Bueno, en ese lugar de La Mancha que solo existió en la imaginación de Miguel de Cervantes. (Sus dedicatorias equivalen a recordar pecados irremediables).

En el caso de tales hallazgos, vuelvo a comprar esos libros que adquiriera o editara en el pretérito remoto, como si fuesen nuevos ejemplares abiertos a mi fascinación.

Por otra parte, desde que escribo artículos y crónicas (más de un millar hasta ahora), recibo a menudo libros obsequiados por amigos escritores o bisoños escribas que esperan un halago o una referencia crítica para esa carrera que, algún día, todos los amantes de las letras soñamos como camino a la ardua e inasible celebridad.

En la casa de La Cisterna tuve por un tiempo mi propio cuarto. Allí construí, con inveterada torpeza manual, un precario estante o andel de libros, donde fui ordenando mis adquisiciones, a las que agregaba –preciso es reconocerlo- ejemplares que encontraba olvidados en otras habitaciones, porque los buenos libros deben pertenecer, a mi juicio, a quienes los aman de modo incondicional, y yo soy uno de estos, ¿qué duda cabe?

Cuando estaba en aquel menester de torpe carpintero, entró en la pieza el tío abuelo Clemente, y me preguntó, sin remilgos:

-¿Te gustan harto los libros, ah?

-Sí, mucho –le dije, y suspiré, con renovado orgullo.

-Entonces, serás un individuo pobre –replicó, abandonando la habitación.

Tú bien sabes, inestimable amigo lector, que el tío Clemente no erró en el juicio lapidario, porque el tesoro de los folios –tampoco es novedad- en contadas ocasiones llega a tornarse dinero contante y sonante.

A los veinticuatro de mi larga vida, comenzó el éxodo existencial y de mis amados libros, en lugares y moradas diversos: calle Goycolea, calle Ossa, de La Cisterna; el Rincón de La Florida; la Casa del Escritor; calle Macul; hogares de Los Jazmines y Tomás Moro; moradas de Vallenar y Copiapó; casas de Hermanos Neut Latour y Ayquina…

En cada mudanza y traslado, se extraviaron muchos libros, no por hurtos de transporte (los libros no son materia apetecible para cleptómanos, salvo que se trate de escribas voraces), sino por olvidos de circunstancia, o porque era preciso hacer espacio para muebles y cachivaches de mayor importancia o necesidad práctica… (Hoy es raro encontrar una biblioteca en las casas de familias de clase media o aun acomodadas, salvo libros de jardín o de sanaciones orientales).

Algunos ellos fueron incinerados, por torva mano inquisidora y vindicativa, como ocurriera con los textos que traje de mis primeros viajes a Galicia, escritos en lengua gallega la mayoría de ellos... Es probable que los libros galaicos ardan mejor, porque muchos fueron escritos con tinta mezclada con sangre de brujas y trasgos, la que resulta tan combustible como la más desaforada imaginación.

Ahora me he procurado un espacio, que pago con mis servicios contables, un cuarto en antigua casa del viejo barrio de Blanco Encalada, en el Santiago vetusto y bohemio, con un andel provisorio pero eficaz, donde empecé hace unos días a ordenar esos libros recuperados de casas de parientes y amigos que los custodiaron desde mi más reciente debacle económica, volúmenes que no caben en nuestro apartamento de Ñuñoa, pero que reciben cobijo aquí, bajo altos muros, para que yo vuelva a acariciarlos como antes, con algo más de miopía, pero con parecido anhelo…

Y está la proverbial compañía de los gatos de la casa, tres o cuatro felinos de diversa estampa, amantes de la letra impresa, como lo fueran los gatos de Allan Poe, Baudelaire y Umbral, aficionados a las tertulias literarias y también a los raros incunables.

Don Grillo me pregunta:

-¿Y cuándo terminarán estos exilios?

-Cuando en esa inhallable Ítaca del regreso dé yo la vuelta a la última y preciada página de lectura.

Edmundo Moure
Agosto 10, 2016

Yerbudín

de Florencia Paccela
(La Duendes editora, Comodoro Rivadavia, 2016, 110 páginas)



El libro aclara que “Florencia Carolina Paccela (Pace) nació el 23 de julio de 1992 en Junín, Buenos Aires. Estudió Diseño Gráfico y Diseño de Historietas en la Universidad de Palermo. (…) Se interesa por los enigmas de la humanidad, su historia, cultura, religión y en mayor medida, todo lo que rodea al fenómeno ovni…” Por eso cita en estos trabajos humorísticos al cerro Uritorco, a los geoglifos de las líneas de Nazca (Perú) y al célebre ufólogo suizo Georgio A. Tsoukalos.

Los tres principales protagonistas son un chico, un extraterrestre (Yerbudín) y Dios (representado por el clásico triángulo de la Santísima Trinidad).

Pace es irreverente y desopilante, pero respetuosa. Es que observa el mundo con alegría y desparpajo. En una sucesión de cuadritos se explica que la virgen María fue abducida por una nave espacial y que la estrella de Belén no sería otra cosa que un ovni. En un cuadrito Yerbudín le grita al chico: “¡Corré! ¡Una invasión zombie!”, y enseguida le aclara señalando el triángulo: “Todo porque el hijo de éste prometió la resurrección de los muertos”.

Pace posee una chispa inusual, plena de originalidad. Su gráfica segura y sólida apela a la síntesis y a la simplificación. Los dibujos sencillos y grises están presentados en cuadritos que en su mayoría carecen de fondos. Los globos de diálogo quedan reducidos a dos rayitas: una curva que engloba el extremo derecho del texto y la otra –una especie de palito – que señala al emisor.

Yerbudín cuestiona dentro de un humorismo lunático y disparatado la existencia del universo: “Ay, como si todo en la vida tuviera sentido”, afirma el chico con sorna.

Celebremos este divertido libro dándole la bienvenida con una de las tantas ocurrencias de Pace: en uno de los cuadritos se afirma “¡Es un pájaro!”, “¡Es un avión”!”, “¡Es superman!”, “¡Es un ángel!”, y luego un amiguito del chico acierta “¡Es un ovni!”.

Germán Cáceres