Tesoro de libros: la biblioteca de Bioy Casares será pública

Los 17.000 ejemplares se suman al acervo de la Biblioteca Nacional.


Adolfo Bioy Casares señaló alguna vez que entre los mejores recuerdos de su vida estaban aquellas noches en las que, junto a Borges, anotaron las obras de sir Thomas Browne, admiraron la agudeza de Gracián o eligieron con Silvina Ocampo los textos que integrarían la célebre Antología de la literatura fantástica.


Los libros que contenían las huellas de esas intensas jornadas de trabajo intelectual estuvieron más de 15 años en 330 cajas, que terminaron en el subsuelo de un depósito de la calle Sarmiento, presas de una compleja trama sucesoria que ayer empezó a resolverse.

La Biblioteca Nacional, en la figura de su director, Alberto Manguel , y los investigadores Laura Rosato y Germán Álvarez, consiguió convencer a un grupo de particulares, empresas y fundaciones de que compraran, por 400.000 dólares, una de las bibliotecas privadas más importantes del país. Ya firmada la carta de intención y una vez concretada la operación, los 17.000 volúmenes del acervo serán donados a la institución para que ese material, de valor incalculable, no termine desperdigado por el mundo.


Una tasación inicial de la biblioteca personal de Bioy Casares la había hecho el librero de anticuario Alberto Casares antes de 2006. Pero nunca pudo terminar un inventario minucioso. Por eso, Rosato y Alvarez contaron con la colaboración del traductor y crítico Ernesto Montequin, albacea de los papeles de Silvina Ocampo y una de las personas que más conoce esta biblioteca -fue su administrador por decisión judicial durante una parte de la sucesión-. Montequin los condujo por ese laberinto de 17.000 libros que tapizaban cada una de las paredes del departamento de novecientos metros de la calle Posadas, donde vivieron Bioy Casares y Silvina durante toda su vida.

"La singularidad absoluta de esta biblioteca -explicó Montequin en la conferencia donde se dio la gran noticia- es que se trata de la biblioteca de dos enormes escritores argentinos pero también la de un tercero, que es Borges, ya que guardaba muy pocos libros en su casa." Fue la biblioteca de tres personas que tenían a la literatura como pasión dominante y que funciona, de algún modo, como un laboratorio: es una biblioteca de trabajo. Ni de bibliófilos ni de coleccionistas. Los ejemplares que la integran fueron leídos, usados, escritos, comentados. A partir de ella se puede aprender no sólo "qué" leyeron sino "cómo" leyeron estos autores. Allí radica el valor de estos libros. "Es una biblioteca viva", dijeron ayer.


Todos los implicados sabían que era fundamental que estos libros no se perdieran. La biblioteca es un microcosmos, y una vez que empieza a dispersarse no se puede reunir nunca más. En este caso, y para los investigadores en particular, el todo vale más que la suma de las partes. Esto entendieron Rosato y Álvarez, lo había entendido Horacio González, en la anterior gestión de la Biblioteca Nacional, pero nunca pudo conseguir los fondos, y esa deuda pendiente se propuso saldar Manguel: conseguir los 400 mil dólares que pretendían los herederos de Bioy Casares.

La complejidad de la trama en la herencia de Bioy, que incluye a Fabián Bioy Demaría -un hijo que el escritor tuvo en una relación extramatrimonial, reconocido tardíamente, pero que murió en 2006, antes de que finalizara el juicio sucesorio, y cuya herencia vuelve a la madre de Fabián, Sara Josefina Demaría, y a los tres nietos de Bioy que le dio su hija Marta- es el trasfondo y la razón por la que esa biblioteca permaneció en un depósito durante más de quince años.

En ella hay desde libros de cuentos infantiles, marcados por el trazo de una niña Silvina Ocampo, o la obra completa de sir Thomas Browne, no disponible para consulta pública en la Argentina, hasta las pruebas de imprenta de El jardín de senderos que se bifurcan, con el prólogo agregado en correcciones manuscritas de Borges. El autor de Ficciones tenía la costumbre de seguir corrigiendo sus cuentos una vez publicados en revistas como Sur. Así sucede con el cuento "El zahir", cuya corrección se encuentra en una de estas cajas sobre el soporte de un ejemplar de Los Anales de Buenos Aires. "Eso es de una riqueza crítico genética invaluable", comenta Alvarez. "Es un Borges todavía reescribiéndose."

No es lo único. Entre otras curiosidades, los investigadores podrán encontrarse, por ejemplo, con una primera edición del Finnegans Wake, de James Joyce. En la hoja de guarda, Borges y Bioy se dedican a inventar frases que empiecen con la fórmula "en menos que", como un juego que solían hacer. En tanto, Montequin recuerda toda una sección de libros de la colección del Séptimo círculo, dedicada a novelas policiales. Tanto Borges como Bioy, obsesivos como eran, hacían correcciones de estilo entre una edición y otra. El resultado es una pequeña pero magistral lección de traducción.

Además, el acervo permite reconstruir toda una red de escritores. A partir de las dedicatorias de los libros se ilumina la relación que mantuvieron. Montequin apunta que una de las más lindas de Borges se encuentra en un ejemplar de Discusión, regalado a Silvina, donde escribió: "A Silvina, claridad, dedico estas sombras".

Lo que viene
Las joyas que puedan surgir de la conjunción entre estos enormes escritores aparecerán después del trabajo de investigación que empezarán a desarrollar Rosato y Alvarez una vez concretada la compra-venta-donación por parte de empresas como Banco Galicia o Fundación Bunge y Born, entre otros. Será a fines de marzo.

Esta donación es el primer paso que impulsa la gestión de Manguel en la Biblioteca Nacional para rastrear, preservar y poner a disposición de investigadores y del público en general (a través de exposiciones) los tesoros patrimoniales de la cultura del país y evitar la fuga a universidades o institutos extranjeros.

Los testigos que alguna vez transitaron el departamento de Posadas dicen que en una de las pocas paredes del escritorio de Bioy Casares había una carta manuscrita de Sarmiento enmarcada. En abril de 1989, en una de las entradas de su diario, Bioy se entristecía por las goteras en aquel departamento. El metálico ruido del agua en los cacharros lo angustiaba como cuando era chico. Cabe imaginar la pena de Bioy si hubiera sabido que la mayoría de aquellos libros que engalanaban su biblioteca estarían durante más de quince años en un depósito de la calle Sarmiento. En esa coincidencia quizás se esconda una broma borgeana que recién ahora empieza a dar gracia.

El concepto y los números detrás de la adquisición

Alberto Manguel, director de la BNMM: "Es el primer paso para reunir este tipo de tesoros nacionales en la Nación. Una manera de detener la fuga y conservarlos para futuros lectores"

17.000 Ejemplares
Integran la biblioteca completa de Bioy y Ocampo que se incorpora al acervo de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno

330 Cajas con libros

Agrupados en 10 lotes, de 33 cajas cada uno, llevan más de 15 años embalados

400.000 Dólares
Es el valor total de las operaciones de compraventa de estos libros realizadas a los herederos por particulares, empresas y fundaciones, que los donarán a la BNMM

Cinco joyas de la donación
El jardín de senderos que se bifurcan - Jorge Luis Borges, 1941: Pruebas de imprenta con el prólogo agregado en correcciones manuscritas del propio Borges

Finnegans Wake - 1939, James Joyce: Primera edición con anotaciones de Borges y Bioy Casares en la hoja de guarda, con un juego de palabras que hacían

Fervor de Buenos Aires - Jorge Luis Borges, 1923: Primera edición dedicada

Guías Michelin: Las utilizó Bioy en sus viajes por Europa; ilumina una etapa poco conocida en su biografía

Colección de folletos surrealistas: Son manifiestos de la vanguardia que Silvina Ocampo había traído directamente desde Europa

Diego Erlan
Diario La Nación, sábado 18 de febrero de 2017

Concurso "Leer tiene Premio" - Edición Jóvenes

La CONABIP y las bibliotecas populares premian a los jóvenes lectores de todo el país. Se trata de un reconocimiento a los usuarios que a lo largo del último año hayan retirado mayor cantidad de libros a través del sistema de préstamos de la biblioteca. 



La inclusión y el acceso a la lectura por parte de los jóvenes es una labor a futuro en la construcción de un país de lectores. Es por ello, que reconocemos, acompañamos y premiamos a los usuarios de todo el país que sostienen y promueven con su lectura el rol de sus Bibliotecas Populares en cada comunidad.

Para participar de esta propuesta clic aquí
  • PLAZO DE INSCRIPCIÓN: 20 de marzo de 2017

La literatura de Emil García Cabot

de Bertha Bilbao Richter
(Enigma Editores, Buenos Aires, 2016, 196 páginas)


Este libro cuenta con el auspicio del Instituto Literario y Cultural Hispánico (ILCH), que en 2015 premió a Emil García Cabot por su trayectoria en la Literatura Hispanoamericana.

Los conceptos que vierte Berhta Bilbao Richter sobre el escritor pueden resumirse en el subtítulo: «Metáfora de la condición humana». Además, ayudan al abordaje de este análisis una sagaz nota de la contratapa de la Dra. Rosa Tezanos-Pinto y las agudas «Palabras Preliminares» del profesor chileno Manuel Jofré.

La escritura de la autora es brillante, de una precisión en su ritmo y puntuación realmente admirables.

Richter estudia con minuciosidad diez libros de Cabot, que incluyen novelas, cuentos y poemas, y cita una extensa y erudita bibliografía (entre los pensadores más nombrados figuran Platón, Aristóteles, Plotino, René Guenón, Carlos G. Jung y Paul Ricoeur). En cada uno de esos diez capítulos figuran epígrafes pertenecientes a la obra del escritor.

Respecto la novela del género juvenil La caracola y los sortilegios, sostiene acertadamente que “es necesario reconocer en la literatura para niños y jóvenes, su especificidad y su dignidad artística”.

Otra de sus afirmaciones señala que para Cabot en la actualidad se avanza hacia la robotización y la búsqueda de frivolidades.

La ensayista percibe un profundo sentido poético en los textos que investiga, incluso en la prosa: “un mundo que se disuelve y se confunde con la bruma…”

La Patagonia, zona que el escritor ha recorrido intensamente, es un escenario muy frecuente en su narrativa.

La autora exhibe una sensibilidad especial hacia la novela La hora, ya que comenta que “es la epifanía del instante que se metamorfosea en absoluto”, cuya convención es el narrador ausente, ya que son los personajes los encargados de narrar la historia a través de monólogos interiores.

Hacia el final, en una entrevista al escritor, le pregunta sobre cada uno de los diez títulos analizados. En las respuestas se aprecia su gran admiración por la Grecia clásica –“nos ha legado una cultura exquisita y maestra” – y le pesa la ausencia de esos valores e ideales en las sociedades contemporáneas. Otra de las temáticas que comenta es el poderío del viento, fenómeno de la naturaleza al que Cabot considera soberano y magnífico. Asimismo bucea en la novela El último horizonte, en la cual enfoca la conflictiva identidad nacional. Respecto a la ya mencionada La hora, asegura que “No es una novela en el sentido clásico (…) es una especie de anomia apocalíptica”.

En las conclusiones de este ensayo altamente recomendable, Bertha Bilbao Richter declara que García Cabot “Es el escritor que ha logrado que sus personajes se conviertan en surtidores de mundos poéticos…”

Bertha Bilbao Richter es Licenciada en Letras, Especialista en prácticas, medios y ámbitos educativo-comunicacionales y Miembro de número de la Academia Argentina de Literatura Infantil y Juvenil. Es autora de libros, artículos en revistas y diarios y en 2013 obtuvo la Faja de Honor de la SADE en el género ensayo por su obra Osvaldo Rossi, Solidez poética en la modernidad líquida.

Germán Cáceres

Programa Libro% 2017

Se confirmaron las fechas del Programa Libro % de la CONABIP en la próxima Feria del Libro de Buenos Aires, que permitirá a las Bibliotecas Populares de todo el país la compra de libros con descuento.


Cada año, desde el 2005, la CONABIP hace posible la participación de miles de dirigentes y bibliotecarios de todo el país en la feria de libros más grande de la Argentina a través del Programa Libro%. Este incluye un subsidio para que puedan viajar y adquirir material bibliográfico de su elección a precios especiales que se gestionan con las principales editoriales nacionales presentes en la feria.

El Programa Libro% es una de las acciones más importantes de la CONABIP. Es el momento en donde se reúnen escritores, lectores argentinos, latinoamericanos y de todo el mundo. Y por ende, las bibliotecas populares están presentes como representantes de uno de los movimientos culturales históricos del libro y la lectura en la Argentina.

Durante el transcurso de los días que dura el Programa, también se realizan actividades culturales, conferencias, presentaciones de títulos editados por la CONABIP y se entrega el Premio Amigo de las Bibliotecas Populares a figuras destacadas de la cultura nacional.

Natalicio de Domingo F. Sarmiento

Domingo Faustino Sarmiento nació el 15 de febrero de 1811, en el barrio de Carrascal, de la ciudad de San Juan. Hijo de José Clemente Cecilio Quiroga Sarmiento y Paula Zoila Albarracín Irrázabal. El nombre con el cual fui inscripto el recién nacido fue el de Faustino Valentín Quiroga Sarmiento. Faustino por el santo que se honraba en el santoral el día de su nacimiento y Valentín por San Valentín. Nadie lo llamaba de esa forma.



Ni sus amigos ni familiares. Domingo no figuraba en su partida de nacimiento y se supone que se lo llamó tiempo después.

Entre sus muchas creaciones y fundaciones, en 1872 fundó una Academia Militar Naval. Fue por sugerencia del Sargento Mayor de la Marina, Clodomiro Urtubey. El fin era ofrecer a los cadetes que egresaran de esta Academia, una formación acorde a las circunstancias vigentes. Estamos haciendo mención de la Escuela Naval Militar Argentina.. Esta noble Institución es la cuna de tantos jóvenes guardiamarinas en comisión que navegan anualmente en la querida Fragata Libertad.

Un recuerdo para el cuyano alborotador. El escritor, más prolífico del siglo XIX, en lengua hispana.
Argentino, autodidacta, soñador, batallador, inquieto. Trascendió a su tiempo. En el día de su natalicio un simple homenaje.

"La Historia de Grecia la estudié de memoria, y la de Roma en seguida (...); y esto mientras vendía yerba y azúcar, y ponía mala cara a los que me venían a sacar de aquel mundo que yo había descubierto para vivir en él. Por las mañanas, después de barrida la tienda, yo estaba leyendo, y una señora pasaba para la Iglesia y volvía de ella, y sus ojos tropezaban siempre, día a día, mes a mes, con este niño inmóvil insensible a toda perturbación, sus ojos fijos sobre un libro, por lo que, meneando la cabeza, decía en su casa: "¡Este mocito no debe ser bueno! ¡Si fueran buenos los libros no los leería con tanto ahínco!" (D .F. Sarmiento, Recuerdos de Provincia).

Lic. Ana Franceschini
Sociedad Argentina de Escritores

La ruta mágica de Juan Rulfo

"Los descendientes de Rulfo quieren preservar su figura en el plano del terreno cultural ahora que los funcionarios oficiales se apresuran en convertirlo en material turístico."



JUEVES: Viaje a la casa de Pedro Páramo
A los ocho años era huérfano. Al padre lo habían matado de un hachazo y la madre murió poco después. Lo criaba su abuela que luego lo entregó a un orfanato. La infancia no era un buen sitio para volver con los recuerdos. Lo mejor podrían ser las ensoñaciones nebulosas y rápidas del alcohol a pesar del desastre social y de las resacas en las que cada minuto dura como un año.

El niño huérfano, el joven alcohólico se llamaba Juan Rulfo (1917- 1987) y era un hombre silencioso y distante, tímido y esquivo. Un tipo sensible y observador que escribió a pesar de todo, o por eso mismo, dos libros que pertenecen a la historia de la literatura de la lengua española: Pedro Páramo y El llano en llamas.

Los descendientes de Rulfo quieren preservar su figura en el plano del terreno cultural ahora que los funcionarios oficiales se apresuran en convertirlo en material turístico aprovechando que en mayo venidero se cumple el centenario del escritor nacido en Sayula, el estado mexicano de Jalisco.

El alcalde de esa ciudad, Jorge Campos, dijo a los medios que se trabaja en «Una ruta turística cultural y la construcción de espacios» para los festejos en Sayula, San Gabriel y Tuxcacuesco, tres municipios que inspiraron la obra del escritor. El recorrido por la zona natal de Rulfo se llamará El realismo mágico de Juan y llevará a los viajeros a conocer escenarios descritos en sus libros y pasajes de su vida.

La familia del autor de Pedro Páramo pidió a los gobernantes «abstenerse de gastar cualquier suma» en realizar homenajes a su pariente. Solicitó, además, no organizar actividades de naturaleza efímera y «evitar el sesgo político». En una misiva hecha pública en los medios mexicanos solicitaron que el dinero que se utilizaría para esos homenajes sirviera para darles becas a jóvenes en disciplinas como la fotografía, el cine o la literatura y no para justificar la promoción «de un grupito de escritores de cuarta o quinta categoría».

Una de las pocas ventajas que deben tener los escritores que no pueden asistir a su centenario es la de no tener que ver la categoría de homenajes que le preparan. Rulfo estaría espantado de verse como figura central de una ruta turística por muchas veces que le pongan detrás la palabra cultural.

VIERNES: Labrador Ruiz, el tiempo dirá
Si Franz Kafka hubiera nacido en Cuba sería un escritor costumbrista, dice desde la lejanía de la muerte Enrique Labrador Ruiz (Sagua la Grande, 1902- Miami 1992), uno de los más grandes narradores cubanos del siglo XX, amigo de parrandas continentales de Pablo Neruda, un tipo controvertido y talentoso que vivió exiliado en España y Venezuela y fue a pasar los últimos días de su vida y de su olvido en un pequeño apartamento en el sur de La Florida.

Labrador, autor de novelas como La sangre hambrienta y la colección de cuentos El gallo en el espejo, se consideraba muy cercano a «Quevedo, el prosista. Él ha sido mi maestro. Después vinieron otros, Ramón Gómez de la Serna y Valle-Inclán».

En una larga conversación con su amigo y compatriota el historiador y crítico Alejandro Anreus, el escritor recuerda que fue Pablo Neruda el que lo convenció para que ingresara en el Partido Comunista de Cuba. «Me hice miembro durante la guerra. Era el apogeo del Frente Popular y el antifascismo. Además, coño, la pérdida de España nos había dolido a todos, los comunistas y los no».

«Neruda fue a Cuba», agrega, «nos fuimos a dar unos tragos y él me dijo que me hiciera miembro que mucho me iban ayudar como escritor. Nos emborrachamos y fuimos y me inscribí. Después lo celebramos con Nicolás Guillén y Félix Pita Rodríguez».

Recuerda que con el chileno compartió muchas copas «y prostíbulos en La Habana, México y Santiago. Pablo es un gran poeta, eso nadie lo puede negar. Los grandes poetas de América son Darío, la [Gabriela] Mistral, [César] Vallejo, Pablo [Neruda] y [Octavio] Paz. Él mandó a Jorge Edwards a que me visitara en La Habana y Edwards se me apareció con un par de botellas de whisky enviadas por Pablo. Fueron bien bebidas».

Labrador confiesa que no les prestaba atención a los escritores de Orígenes. De ese grupo, nadie me interesaba, excepto Lezama, dice. «Como poeta, no como novelista. De novela Lezama no sabía un carajo, pero es un gran poeta. El verdadero heredero de Góngora».

El también periodista y ensayista habla de la sensibilidad de Alejo Carpentier para escribir sobre las artes plásticas. «Alejo escribió buenos textos sobre [Wifredo] Lam y [Eduardo] Abela, nuestro barroco tropical. Lo que Alejo nunca hacía era pagar la cuenta. Si salías con él, eras tú el que pagaba».

Labrador Ruiz es considerado un traidor por el grupo que controla dictadura en su país. En Miami, es un escritor del exilio que no publicó libro y murió en silencio a finales del siglo pasado. Cuando su amigo Anreus le preguntó por el destino de su obra, el intelectual dijo: «El tiempo dirá».

Raúl Rivero
Diario el Mundo, Madrid.

Reabre la Biblioteca

Desde el lunes 6 de febrero la Biblioteca volverá a abrir sus puertas.


Como siempre, será de lunes a viernes, de 16 a 20 horas.

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Las siete maravillas susurran sus viejos secretos

Valerio Manfredi devuelve a la vida en un libro a los grandes monumentos legendarios del mundo antiguo.


En estos tiempos de listas es bueno recordar una de las más famosas de la humanidad, la madre de todas las listas: las siete maravillas del mundo antiguo. Hubo un tiempo en que nadie que se considerara culto podía dejar de enumerarlas, como no podía ignorar los doce trabajos de Hércules o los nombres de las musas. De ellas, de las maravillas, esos siete magníficos del ingenio humano —cinco edificios y dos estatuas gigantescas—, solo queda una en pie, la Gran Pirámide, y muy distinta de lo que fue; a las otras seis, el coloso de Rodas, los jardines colgantes de Babilonia, el templo de Artemisa en Éfeso (en cuyo interior se veneraba el ídolo de ébano de la diosa recubierto de mamas —o escrotos de toros—), el mausoleo de Halicarnaso, el Zeus de Olimpia y el faro de Alejandría las ha barrido, despiadado, el viento de la Historia. Uno de los más populares expertos en la antigüedad, el arqueólogo y escritor Valerio Manfredi, autor de Aléxandros, de Odiseo, y de muchos otros títulos de éxito, nos lleva ahora en su último libro aparecido en España, Las maravillas del mundo antiguo (Grijalbo), en un viaje a través de los siglos a visitar esos monumentos en todo su esplendor y a conocer cómo fueron construidos y cómo se disolvieron la mayoría en el polvo del tiempo.

También a descubrir muchos de sus secretos: la enorme estatua crisoelefantina (de oro y marfil) de Zeus que se adoraba en el templo del padre de los dioses en Olimpia —y en uno de cuyos dedos talló su autor, Fidias, ¡una declaración de amor a un jovencito!— era en su interior como una falla, una maraña de tablones ensamblados con cuerdas y brea por la que correteaban los ratones; el coloso de Rodas fue desde el principio un gigante inestable y condenado nacido de los celos de un discípulo, Cares de Lindo, por su maestro, Lisipo; lo realmente maravilloso del faro de Alejandría estaba no en sus mayúsculas dimensiones sino en el mecanismo giratorio de su luz y sus espejos, apoteosis de la catóptrica, la ciencia de la refracción de la luz; el inmenso templo de Artemisa en Éfeso disponía de un sistema antisísmico (el primero del que se tiene noticia en un edificio), consistente en un estrato de carbón troceado y lana de oveja sobre el que se colocaron los cimientos; la tumba del rey Mausolo (de ahí “mausoleo”, sinónimo de tumba monumental) constaba de varios ciclos escultóricos asombrosos y la columnata rematada por una pirámide sobre la que se asentaba una cuadriga en la que estaban representados el más bien poco humilde soberano y su reina, Artemisia, parecía flotar en el cielo; la pirámide de Keops —que durante 38 siglos fue el edificio más alto del planeta— era, con su deslumbrante revestimiento de piedra calcárea, muchísimo más impresionante que la construcción que podemos ver ahora. En cuanto a los jardines babilonios, la maravilla “más evanescente, la más fantasmagórica, inútilmente buscada y perseguida”, Manfredi señala que su secreto permanece sin resolverse: nadie sabe cómo eran en realidad.

¿Por qué esta revisitación de las maravillas? “Se me ocurrió mientras diseñaba un proyecto de restauración para el inmenso templo G de Selinunte, en Sicilia”, explica el especialista italiano. “Mi proyecto chocó con la mentalidad académica que defiende dejar las ruinas como están, aunque ello suponga que se vayan degradando hasta desaparecer; eso me hizo reflexionar sobre la suerte de los siete grandes monumentos de la antigüedad”. Manfredi apunta que la lista de los siete, que se atribuye a Filón de Bizancio, es arbitraria y solo una de las que debían circular en la época helenística. Otras listas podrían haber incluido más o menos maravillas. Pero la que ha prevalecido no deja de tener su coherencia. “Todas esas siete maravillas formaban parte de las grandes civilizaciones que conquistó Alejandro Magno, eso es lo que tienen en común, y el significar todas ellas un desafío a lo imposible”, recalca el escritor.

Las siete maravillas (haciendo un poco la vista gorda con los jardines, que seguramente desaparecieron antes) coexistieron un periodo breve: del 300 al 227 antes de Cristo, cuando se derrumbó el coloso. Manfredi subraya que se las seleccionó por lo que tenían de desafío a la naturaleza, de retos tecnológicos en una época, la helenística, que valoraba la capacidad del ser humano de realizar cosas verdaderamente grandiosas. En ese sentido la lista es heredera del espíritu que animó el Museo y la Biblioteca de Alejandría, de “una edad fantástica, increíble, osada”, y de “una civilización que creó la conciencia de que no hay nada imposible”. De ahí, dice, venimos nosotros y nuestras nuevas maravillas modernas: los rascacielos más altos, los puentes más vertiginosos, los túneles más largos.

A Manfredi no le sorprende que en la vieja lista no esté, por ejemplo, el Partenón. “Es un edificio de una perfección absoluta, pero lo que iba a la lista era lo imposible. El Zeus, del tamaño de una casa de cuatro pisos, es imposible, lo es el coloso de Rodas con sus 33 metros y dedos que no podía abrazar un hombre corpulento, el bosque de columnas de 18 metros del templo de Artemisa, la Gran Pirámide…”. Manfredi (no en balde Valerio Massimo) tiene los arrestos de añadir a la lista una octava maravilla, de su cosecha, la tumba de Antíoco I de Comagene (descendiente de Alejandro y de Darío I), por la que tiene un flaco. “Es un divertimento, un juego, me lo pidió el editor. Esa construcción en Anatolia que emplea toda una montaña, el monte Nemrut, cuya sombra podía cubrir todo el reino era sin duda alguna, nadie que la conozca me lo negará, una maravilla”.

En la desaparición de parte de las viejas maravillas paganas jugó un papel destructor nuestra civilización cristiana, de manera muy similar, recuerda Manfredi, a la de la feroz iconoclastia del ISIS que tanto nos indigna.

Qué fue de ellas
Los jardines colgantes. Ni rastro.

El mausoleo de Halicarnaso. Elementos reutilizados en construcciones posteriores. Algunos fragmentos en el British Museum de Londres.

El coloso de Rodas. No queda “nada de nada”. Los restos del gran bronce los compró al peso un comerciante de Edesa y los fundió. Hace unos años saltó la noticia de que había aparecido un puño bajo el agua: era una roca arañada por una draga.

El Zeus de Olimpia. Desaparecido completamente. Según alguna fuente sobrevivió hasta el siglo V en Constantinopla. Que estuviera revestido de oro y marfil lo hacía especialmente proclive al reciclaje.

El faro de Alejandría. Restos desperdigados en el mar donde se precipitó por un terremoto. Algunos elementos han sido recuperados.

El templo de Artemisa. Destruido. Trozos en el British Museum.

La Gran Pirámide. Ahí está, viendo pasar el tiempo (que, es sabido, la teme). Sin su piel resplandeciente pero impresionante todavía. La única maravilla que sobrevive.


Jacinto Antón
Diario El Pais


Escritores para todos: quiénes quedan libres de derechos en 2017

"¡Qué pena de los libros que nos llenan las manos de rosas y de estrellas y lentamente pasan!", se lamentaba Federico García Lorca en uno de sus poemas que, afortunadamente, aún no pasó. Como tampoco pasaron otras de sus poesías, obras de teatro o narraciones, escritas, algunas de ellas hace casi un siglo y que desde este año están al alcance de quienes quieran publicarlas, distribuirlas y venderlas o regalarlas. Los derechos de autor del gran trovador granadino son ahora de dominio público en virtud de las normas que rigen la propiedad intelectual por las que el simple paso del tiempo priva a los herederos o editores de los autores cobrar por el usufructo de sus producciones.



También, a partir del primer día de este 2017, se liberaron los derechos de otros grandes escritores españoles, como Miguel de Unamuno y Ramón María del Valle Inclán. Fuera de España, hay que contar a la estadounidense Gertrude Stein y al británico Herbert George Wells, cuyo clásico La máquina del tiempo no tendrá ahora restricciones de circulación.

Es el caso también de John Maynard Keynes, que si bien lo suyo fue la economía política y no la literatura, cuenta con una larga y consultada lista de títulos.

Como suele pasar en estos casos -y se vio con creces cuando hace dos años pasó a dominio público Saint Exupéry y las mesas de las librerías se llenaron de distintas ediciones de El Principito- este contexto favorecería la difusión quizá más masiva de libros como La guerra de los mundos o La máquina del tiempo (Wells) o Tres vidas o Las guerras que he visto, de Stein, entre otros títulos, así como las obras completas de Del Valle-Inclán, muy esperada desde hace años por sus lectores.

Según la legislación española, los derechos de los autores se liberan a partir del 1 de enero del año siguiente de cumplirse los 70 o los 80 años desde su muerte. El primer plazo rige para los nacidos después de 1987, año en el que se modificó la ley que establecía la cantidad de 80 años. Es así con García Lorca, Unamuno y Valle-Inclán quienes murieron en distintas circunstancias en 1936 .

Gran parte de los países -la Argentina entre ellos- disponen el plazo de los 70 años. "Es una tendencia que se está generalizando aun cuando es un tema en discusión", dijo a La Nación la Directora Ejecutiva de Cadra, Magdalena Iraizoz. Venezuela y Honduras fijan un período de 75 años desde la muerte del autor; Colombia, 80 y México, 100 años. Iraizoz informó que hay quienes cuestionan estas normas porque se preguntan por qué los descendientes de los escritores que hacen un aporte importante a la cultura no pueden heredar los derechos de autoría sin fecha de expiración, como lo hacen los familiares de quienes construyen una obra artística o arquitectónica.


Conexiones locales
Más allá del debate teórico sobre la legislación, lo real es que desde ahora también en la Argentina se podrán publicar a esos autores sin tener que pedir autorización a herederos o editores siempre y cuando se trate de la obra en su lengua original y tal como fue ya publicada.

Si fue traducida e inscripta en el registro de propiedad intelectual se generan nuevos derechos de lo que se denomina "obra derivada" y su liberación dependerá de los años de fallecimiento del traductor. En este caso se pueden pagar los derechos de traducción o pedir una nueva traducción y crear una nueva obra.

Así lo dispone la ley de propiedad intelectual (N° 11.723) que protege los derechos de autor en favor de sus herederos durante siete décadas desde su muerte.

Las publicaciones, de todas formas, no son totalmente gratuitas. Una ley argentina prevé que se abone al Fondo Nacional de las Artes, dependiente del Ministerio de Cultura de la Nación, el uno por ciento del precio de venta de cada ejemplar de la obra de dominio público reproducida. Con ese dinero, si bien no es mucho, se promueve a jóvenes escritores a través de un premio de cuento, poesía y novela.

Entre los escritores argentinos no figuran este año apellidos de renombre. Los últimos "liberados" fueron Roberto Arlt, en 2013 y Leopoldo Lugones, en 2009. En 2017 se liberan los derechos de autor del rosarino Manuel Carlés, recordado más por su militancia política nacionalista -fundó la Liga Patriótica Argentina- que por sus libros (Organización de la soberanía; República y democracia, entre otros). Carlés es también el autor de la primera ley "de propiedad literaria" (N° 7092), de 1910, inspirada en el modelo europeo.

Para el mercado editorial español el paso al dominio público de los derechos de autor tiene este año implicancias histórico-culturales especiales.

Puentes
Los autores cuyos derechos se liberan ahora son los que murieron en 1936, algunos de ellos bajo el grito de "¡Mueran los intelectuales!", en un contexto de violencia y guerra civil cuyas heridas aún no se han curado del todo. Prueba de ello es el gesto de la Biblioteca Nacional de España: publicó una lista de escritores de renombre y desconocidos que pertenecieron a los bandos enfrentados. La directora de esa Biblioteca, Ana Santos Aramburo, dijo a la prensa: "Ése fue un año dramático en el que se perdió mucho más de lo imaginable. Toca tender puentes, más ahora que los derechos de estos autores quedan a disposición de todos y se multiplican las posibilidades de difusión de sus obras".

Silvina Premat
Diario La Nación

Cuentos para niños morbosos

Basile o los hermanos Grimm convirtieron en cuentos relatos de tradición oral para adultos.

Ilustracion del Pentamerón de Giambattista Basile


Hay adjetivos que van y vienen, que se ponen de moda y que de pronto están en boca de todo el mundo y hay que ir buscando otros de repuesto. Es lo que le ha pasado a “viejuno”, por ejemplo, que ha habido que volver al socorrido “rancio” de toda la vida, porque viejuno se estaba quedando viejuno en tiempo récord. Estos días pasados me vino a la boca un adjetivo que estuvo muy en boga en mi adolescencia. Hablo de “morboso”. Hablar de algo o de alguien que tenía “morbo” era sumarle cien puntos a su supuesto atractivo. No se ha desterrado su uso, lo sé, pero ya no tiene el componente tan gustoso de lo secreto que al menos yo tanto saboreé. Porque hay palabras que al pronunciarlas se convierten en indefinidas promesas de felicidad. Las chicas señalábamos a los que tenían morbo, y secretamente nos gustaba que alguien pudiera pensar que nosotras lo desprendíamos. Advierto que este adjetivo está atravesando un momento crítico porque hay un espíritu censor en torno a todo lo referido al sexo que convierte en inmoral lo que en tiempos se llamó “lo prohibido”, otra palabra que amaba mi calenturienta mente juvenil.



En el ‘Pentamerón’, encontrarán una narración burra de la ‘Bella Durmiente’

Pienso que fui morbosa desde niña y que podría escribir, si es que un día me pongo a trabajar, “Las memorias de una niña morbosa”. Aunque el título incluyera la palabra “niña” habría una faja con una advertencia como la del tabaco: “Prohibido para niños. Leer mata”. A ver si con este reclamo fomentamos la lectura y espantamos a los lectores de piel fina. Queda mucho en mí de aquella niña morbosa. De alguna manera, los cuentos que nos contaban mis tías eran toda una preparación preescolar al morbo. Eran cuentos de hambre y frío, poblados de hijos de puta que se quieren comer a los niños, de madrastras asesinas, padres avaros, enanos que raptan criaturas, hermanastras envidiosas y tipos que al anochecer meten a los niños desobedientes en un saco. Lo increíble es que aunque esos cuentos habían sido inventados para advertir a los inocentes de los peligros que les acechan, a la luz del día los miedos que nos provocaban estas narraciones desaparecían, y volvíamos, morbosos, a pedir más de lo mismo, descubriendo de manera inconsciente que la ficción nos proporcionaba sensaciones negativas y a la vez atractivas.

No es extraño entonces que los Reyes me regalaran, previo pago de su importe, un libro que llevaba esperando hace tiempo: Pentamerón. El cuento de los cuentos, una recopilación de historias populares que el poeta italiano Giambattista Basile recogió en el siglo XVII en el dialecto napolitano. Fue la primera gran antología de narrativa oral y la base en la que se inspiraron los hermanos Grimm. La faja de este libro extraordinario debería advertir: “No apto para los que se asustan con Blancanieves”, porque lo cierto es que las versiones más antiguas de Hansel y Gretel, Cenicienta, Caperucita o la Bella Durmiente son mucho más crudas que las adaptaciones de los hermanos alemanes, que convirtieron en cuentos infantiles lo que eran en muchos casos piezas cómicas para adultos. Si uno es morboso, no lo dude, este es su libro. Podrá asistir a una narración burra, escatológica, descarnada de la Bella Durmiente en la que se cuenta cómo el padre de la Bella, creyéndola muerta, la mete en una urna de cristal. Un caballero encuentra a aquella preciosidad que, a pesar de estar muerta no ha perdido lustre, y yace sobre ella. Sobre ella, he dicho. La consecuencia de ese yacer viene a los nueve meses en forma de dos preciosas criaturas. Los bebés a punto están de morirse de hambre, pero aparece un hada, y despierta a la durmiente, que les da el pecho. La madrastra lo descubre y, temerosa de que la Bella y sus criaturas le arrebaten el cariño de su marido, entrega a las criaturas al matarife y le pide que se los sirva cocinados al padre. El cocinero siente compasión por las criaturas, las oculta, y cocina dos cochinos en su lugar. El padre se relame comiéndose las dos presas. La madrastra se cree por fin librada de aquellos que pueden disputarle dinero y cariño, pero como es lógico obtendrá su castigo: el matarife confesará que tiene a las criaturas y el caballero que yació sobre la Bella (¿violación de una muerta?) aparecerá de nuevo para casarse con esa mujer que tan feliz le hizo mientras la poseía (dormida). Este es sólo un ejemplo, porque Caperucita también se las trae. En el fondo, lo que busca el lobo (un ogro) cuando mata a la abuelita es meterse en la cama con la nieta.

Los hermanos Grimm convirtieron los relatos adultos en cuentos infantiles
No son, lógicamente, cuentos para niños, pero los que fuimos pequeñas criaturas amantes del miedo, encontramos en estos escabrosos relatos con toques de humor algo de aquellas viejas sensaciones turbulentas. A mí me produce un efecto curativo: cuando salgo de la noche eterna de estos personajes, miro el mundo, y en vez de parecerme amenazante, se me antoja lleno de gente estupenda.


Elvira Lindo

Diario El País, España

Biblioteca abierta a los franceses

La antigua sede del archivo bibliográfico, sustituida en 1995 por la François Mitterrand, permite el acceso a sus instalaciones.



El universo de los libros no puede ser infinito. Existe un límite para todas las combinaciones posibles en todos los alfabetos. Por supuesto, pueden imaginarse nuevos alfabetos o repeticiones infinitas de un simple par de signos. Abruma fantasear con este tipo de cálculo. También abruma la realidad. En 2010, Google calculó que existían en el mundo casi 130 millones de libros. En España se editan cada año unos 70.000 títulos. Un buen lector puede leer unos 3.000 tomos a lo largo de su vida y ser cada día, sin embargo, un poco más ignorante en el inabarcable laberinto de las letras.

Las cifras aplastantes de la grafomanía humana no son lo peor que le viene a uno a la mente cuando se coloca al final de la cola. Tiene por delante más de un kilómetro de acera y, a ojo, más de 2.000 personas. La vieja sede de la Biblioteca Nacional de Francia, conocida como Richelieu por una de las calles que la rodean, abrió sus puertas a los franceses el sábado y el domingo. Era una oportunidad única para contemplar salas ya renovadas y otras aún en restauración. Pese al vientecillo gélido y a la lluvia, la ciudadanía guardó horas de cola para descubrir uno de los grandes tesoros de la república.

No se trataba de ver libros, sino arquitectura. El grueso del patrimonio fue trasladado en 1995 a la nueva sede, llamada François Mitterrand pero conocida con la muy descriptiva apelación de Trés Grande Bibliothèque, por tratarse de la mayor del mundo. Cosas de la grandeur. Se trata de un conjunto de edificios en forma de ele, como libros abiertos, a orillas del Sena. Allí están casi todos los 14 millones de tomos, el registro, el material microfilmado y las actividades burocráticas. Pero la antigua biblioteca, cerca de la Bolsa, se quedó con la magia, con los atributos que solemos atribuir al paraíso de los bibliófilos: bóvedas, columnas, maderas nobles, grandes espacios rasgados por rayos de luz. Y con unas cuantas joyas. Citemos, por el momento, sólo un par de ellas: el manuscrito de Los miserables, de Victor Hugo, y el de Viaje al fin de la noche, de Louis-Ferdinand Céline.

El presidente de la República, François Hollande, inauguró el jueves pasado la renovación de la sala de lectura construida en 1868 por Henri Labrouste. Se trataba del primer tramo de una obra de puesta al día que debería concluir hacia 2020, con un coste total de 250 millones de euros. A Labrouste le gustaban las pompas imperiales (fue el diseñador de la tumba de Napoleón en Les Invalides) y las construcciones metálicas, lo que generó una sala que podría considerarse, de cierta forma, la más hermosa estación ferroviaria del siglo XIX. Sin trenes, pero con mesas y anaqueles. Lo que en su momento debió fascinar por su modernidad embelesa ahora por su ambiente intemporal. Los murales con imágenes de bosques, las cúpulas trenzadas en el techo altísimo, las columnas y los pupitres han renacido perfectos y resplandecientes.

La otra gran sala de lectura es la Oval, iniciada en 1897, acabada en 1932 e inaugurada en 1936. Varios arquitectos trabajaron en ella. El hombre que la concibió, Jean-Louis Pascal, sucesor de Labrouste, logró una luminosidad prodigiosa gracias a un cinturón de claraboyas en torno a una gran claraboya cenital. La Sala Oval está todavía en obras. A causa de las estrecheces presupuestarias, porque Francia ya no es tan rica como cuando Mitterrand ordenó construir la biblioteca más grande del mundo, y en parte también para fomentar la participación privada, en octubre pasado se lanzó una petición de donativos. Cada donante puede grabar su nombre en una lámpara (mil euros), en una mesa (2.000 euros), en una de las ciudades cuyos nombres bordean la cúpula como faros de la cultura humana (son París, Bizancio, Washington, Florencia, Nínive, Atenas, Berlín, Alejandría, Londres, Babilonia, Viena, Tebas, Roma, Cartago, Pekín y Jerusalén, cada una a 5.000 euros), o en una de las columnas (6.000 euros). La suscripción está casi cubierta, pero aún queda alguna cosa para quien esté dispuesto a comprar una plaquita de inmortalidad.

La biblioteca no volverá a abrirse al público, al menos hasta 2020. Centenares de personas, después de congelarse en la cola kilométrica, volvieron a hacer cola el domingo en el interior caldeado para abonarse a la biblioteca y poder visitarla cuando les apeteciera. Los andamios permanecerán una larga temporada, pero también seguirán ahí unos veinte millones de documentos maravillosos. Sin contar el sector cartográfico, uno de los más ricos del planeta, y el sector de artes gráficas, la Richelieu guarda el papiro Prisse, de hace 40 siglos, considerado el libro más antiguo del mundo; la gran moneda de oro de Eucrátides; decenas de biblias incunables, tronos merovingios, joyas y una insuperable colección de manuscritos: desde los Pensamientos de Pascal al Justine del marqués de Sade, desde los libros anotados de Voltaire a La cartuja de Parma de Stendhal; desde partituras de Bach y Beethoven a La educación sentimental de Flaubert.

Algunos datos
El proyecto: El conjunto reunirá en 58.000 metros cuadrados (35.000 corresponden a la biblioteca) más de 20 millones de piezas. Reunirá más de 10.000 libros medievales iluminados y piezas tan exclusivas como el papiro Prisse, fechado el 2.350 a.C. Una de las mayores atracciones serán los 150.000 volúmenes de la Escuela Nacional de Chartes.

Sala 'Labrouste': La estancia consta de 1.150 metros cuadrados, 9 cúpulas, 16 columnas de 10 metros y 400 plazas. Acoge 1.700.000 mil documentos -150.000 en acceso libre-, en 20 kilómetros de estantes.


Enric González
Diario el Mundo, Madrid.

Historias de verano: cuentos y novelas nacidos al calor de una estación que deja huellas

El cambio abrupto de la rutina, los ambientes vacacionales y la poca ropa son propicios a la invención literaria; clásicos y novedades entre el idilio y la pesadilla.


"El verano es esencial en las historias de Tres hermanos -dice Esther Cross sobre su nuevo libro-. El calor, el agobio de la siesta, el alivio del viento, las tormentas de tierra cargan los días que viven esas personas de una manera especial, a veces como un mal presagio. Ese calor impone horarios de trabajo, alarga el día, embota los sentidos, los chicos se aburren y salen a dar vueltas, espían, van al monte." ¿Serían distintas las historias que se cuentan en esa novela y en muchas otras si transcurrieran en invierno? Cross enumera algunas ficciones donde el verano impone su presencia: "En El extranjero, de Albert Camus, toda la novela tiene ese clima encandilado. Es el verano de Argelia. Lo mismo pasa con los libros de Paul Bowles, el escritor que se instaló en Tánger". Los lectores recuerdan la expedición desorbitada de los amantes en El cielo protector.

Hay también narraciones sutiles donde se sienten las tensiones de la vida incluso en lugares de retiro y vacación. Algo similar sucede en la nueva novela de Vlady Kociancich, El secreto de Irina (Tusquets), que transcurre en un resort mexicano. En un escenario de resonancias míticas, Kociancich desarrolla un drama posmoderno de angustia y búsquedas cruzadas. En Bajo este sol tremendo (Anagrama), la novela de Carlos Busqued, una trama perturbadora con ex represores y matones desvencijados se desarrollaba en Chaco. Detrás de las escenas idílicas del verano, se cuecen caldos espesos de violencia latente.

El verano puede ser incluso la época donde se recrea la vida de un escritor, como sucede en la tan original como célebre Verano de J.M. Coetzee, o donde un escritor bloqueado encuentra de improviso una trama atroz, como le pasa al protagonista de Un saco de huesos, la novela de Stephen King. En Verano del odio (Eterna Cadencia), la narradora alemana Chris Kraus narra, mediante el recurso al romance entre dos seres de mundos opuestos, una historia que combina de manera perversa el arte de elite, los estragos del sistema carcelario y el lado oscuro del capitalismo.

Alicia Plante, narradora de novelas policiales donde los policías ocupan un lugar secundario en la resolución de los enigmas, ambientó una trilogía en espacios de recreación: el delta de Tigre, Pinamar, la Reserva Ecológica. En la actualidad escribe una nueva novela, a la que decidió mudar de escenario y estación. "A veces se toman decisiones que afectan todo el relato en función de un detalle secundario -indica-. En el caso de El propio enigma, la novela que estoy terminando, pasó eso. Ocurre en pleno julio, en Italia, con un calor que no aplacan las cumbres nevadas de los Apeninos, visibles a la distancia. Y el detalle secundario era la niña, Anna."

Cumpleaños en la isla, del sello Cienvolando, es la primera novela del narrador (y jardinero) argentino Fernando Garriga. Es una historia de dualidades y desdoblamientos. "Uno de los protagonistas, Jito, a veces puede ver la escena como si fuera la cámara de un dron que flota sobre los protagonistas -cuenta Garriga-. Se ve a sí mismo y a su padre, y toda la isla a la que fueron a festejar, tal como dice el título, un cumpleaños." El mismo delta forma parte de ese desdoblamiento, como suele ocurrir en la narrativa de Haroldo Conti y Enrique Wernicke. En su novela, el presente se retrae hacia un pasado en el que la zona del recuerdo es estival. "La típica situación de placer y relajación en esa misma isla desdoblada en la que el invierno presente se transforma en otra isla llena de sol."

"Supongo que las relaciones entre literatura y verano son muchas y complejas", comenta Leticia Frenkel, autora de la flamante novela Amores mutantes, publicada por Notanpüan. En ella, un grupo de amigos y amigas viven algunos romances cruzados, al modo de una comedia de enredos. "Diría que esos amores suceden en el libro durante todo un año pero, significativamente, se fundan en verano. El cambio abrupto de rutina y la poca ropa han convertido el verano en una suerte de fábrica de generar romances". Hace exactamente cien años, la estadounidense Edith Wharton, amiga y discípula de Henry James, había encarado circunstancias similares en Estío, una de sus mejores novelas juveniles.

"La segunda y tercera parte de la trilogía de Paraná suceden en el verano del litoral argentino -cuenta Pablo Forcinito, autor de Paraná y La orilla de los encantados (Metalúcida)-. Me cuesta imaginarme un litoral fuera de esa estación." En las novelas de Forcinito aparece de refilón un personaje ideado por Pedro Mairal (otro autor argentino que cede al verano) en Una noche con Sabrina Love. "Esa novela de Mairal también transcurre durante el mes de enero", dice Forcinito. En La uruguaya (Emecé), su novela más reciente, Mairal volverá a entrecruzar el tiempo sin tiempo del verano y la posibilidad de una fuga, erótica y económica, de la rutina. ¿No son esos sueños de verano, como sus parientes las ficciones literarias, fantasías que sólo los lectores pueden soñar despiertos?

Daniel Gigena
Diario La Nación, domingo 15 de enero de 2017