Paneles para el estudio

Ya estamos cada vez más cerca de finalizar nuestra futura radio. Este fin de semana se colocaron los paneles acústicos en el estudio.






Día del lector

Con el objetivo de promover el hábito de la lectura, desde 2012 cada 24 de agosto se celebra el "Día del Lector" en nuestro país, en homenaje al natalicio del Jorge Luis Borges, en 1899.



Por supuesto que la obra completa de Borges se encuentra en nuestro catálogo.

El secreto perfume del mundo

de Beatriz Isoldi
(Paradiso, Buenos Aires, 2019, 212 páginas)


Beatriz Isoldi, presidenta de la institución Gente de Letras, es una prolífica narradora y ensayista que ha obtenido importantes reconocimientos: Primer Premio de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires en cuento (2007) y ensayo (2008), el premio Municipal de literatura de la Ciudad Buenos Aires en ensayo (bienio 2006-2007) y el Premio Esteban Echeverría. (2013). Ganó en dos oportunidades la Faja de Honor de la SADE.

En esta novela brilla su bella prosa, colmada de imágenes, metáforas y símiles. Dejarse llevar por la armonía de sus frases constituye una delicia para el lector. En los tramos finales del libro, la escritura se torna caudalosa y adquiere la fuerza de un torbellino arrollador. Además, como otros importantes creadores contemporáneos, no utiliza guiones para los diálogos. Otro aporte es la recorrida que realiza por las calles de Buenos Aires, y así desfilan Ecuador, 25 de Mayo, Parque Chas, Avenida de Mayo, Plaza Flores y, sobre todo, el Pasaje Santos Discépolo: “Me fascinaba esa cortada misteriosa con aires europeos, magnífica y meticulosamente arruinada con leyendas en las paredes …”

Francisco Ledesma, el protagonista, relata la historia en primera persona y manifiesta que es un novelista reconocido pero un auténtico solitario, un “lobo estepario”, como el mismo se autodenomina apelando al célebre libro de Hermann Hesse. Debe señalarse que la autora demuestra poseer una extensa cultura por la cantidad de músicos, artistas y escritores que nombra.

Al comenzar la novela, Ledesma estaba sufriendo un período de escasa creatividad y reflexionaba que “no son los deseos buenos o malos los que construyen la realidad (…) ni siquiera sobre los hechos en el territorio inestable de la ficción”.

No solo Ledesma es escéptico y depresivo, sino también su hijo Abel, un pintor sin éxito. A ambos los abruma una tremenda desolación.

Y entonces comienza a evocar su vida pasada, porque en esencia desconoce lo que le ocurrió. “¿Sucedió realmente como me lo cuento?”, se cuestiona: no sabe quién es, no logra distinguir los hechos reales de sus fabulaciones. Más adelante comenta que “Recordar es una situación conflictiva”. En la atmósfera del texto se advierte que Isoldi admira al Premio Nobel Patrick Modiano.

La introspección que realiza Ledesma es una suerte de racconto para intentar descifrar si antes de enviudar fue feliz en su vida matrimonial, misterio que otorga una suerte de suspenso a la lectura. Y reconoce que resultó ser un atormentado y se identifica con Ricardo Stepens, el protagonista del cuento «Noche terrible», de Roberto Arlt. Asimismo, considera a la rutina como una particularidad de la condición humana, dado que él no quiere salir de su apática vida por miedo a la novedad: ya se acostumbró a la desgracia.

Finalmente, llega a la conclusión de que su amada Mirna, siempre rodeada de secretos, llevó una vida aberrante y desgarradora.

El secreto perfume del mundo es un título hermoso, acorde con la notable calidad de la novela.

Germán Cáceres

¡Hasta siempre, José!

Lamentamos profundamente el fallecimiento de José Martínez Suárez, Socio Honorario de nuestra Biblioteca y amigo del Cineclub La Rosa.


A los 93 años, este sábado falleció José Martínez Suárez. Con una pena inmensa, pero sabiendo que nos seguirán acompañando sus películas, los miembros de la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte despedimos a un amigo, Socio Honorario de nuestra casa, siempre presente en el Cineclub La Rosa. Hasta siempre, José, buen viaje.

Mitos nacionales. De los próceres a los ciudadanos ilustres

Conmemoraciones como la de San Martín, fallecido el 17 de agosto de 1850 en su casa de Boulogne-sur Mer, nos llevan a preguntarnos si acaso no hay más argentinos de ese temple. ¿Se acabaron los próceres? ¿No los necesitamos? ¿Podemos vivir sin figuras ejemplares, que nos señalen cuáles son los valores importantes? ¿O será acaso que somos incapaces de conceder un reconocimiento más o menos unánime a esas figuras?


Sin duda, hay un poco de cada cosa. La Argentina tiene hoy un panteón de próceres, y también de figuras que, sin llegar a ese alto rango, reconocemos como destacadas. Una lista de sus nombres nos revela una cierta desproporción: el peso enorme de quienes actuaron entre 1810 y 1825, en la etapa inicial de lo que sería la Argentina, y muy especialmente de los guerreros de la independencia.

Desde 1853, y a medida que el Estado se iba consolidando, los historiadores iniciaron el camino de la construcción de la nación argentina y de su pasado. Bartolomé Mitre comenzó en 1857 con Belgrano y la independencia argentina, concluida en 1876, y en 1887 publicó San Martín y la emancipación sudamericana. Con ambos libros explicó los orígenes de la nación, señaló a sus principales próceres fundadores y tendió una línea que, uniendo Mayo con la Constitución de 1853, definía una visión liberal de la nación. Por esos años otros historiadores -Adolfo Saldías y Vicente Fidel López- plantearon matices más o menos importantes, y Ernesto Quesada, con su valoración de la figura de Rosas, señaló una diferencia fundamental.

Por entonces el país ya era muy distinto de aquel sobre cuyo pasado comenzaba a disputarse. La inmigración masiva llegaba como un aluvión y de él emergía una sociedad diferente y extraña, que planteó un fuerte desafío a quienes conducían el Estado. Lo enfrentaron con un programa que era común en los Estados de la época: nacionalizar a las masas y crear en ellas una base común que hiciera posible el contrato político en que se asentaba el Estado.

Se propusieron conformar una idea compartida de la nación. Su propósito se advierte en el nuevo énfasis puesto en las escuelas en la enseñanza de la historia, la lengua y la geografía nacionales, en el renovado interés por la celebración de las fiestas cívicas, en el estímulo de las movilizaciones patrióticas, y en la formación de un panteón que reuniera, material o simbólicamente, a los próceres y reconociera, con un juicio tranquilo e imparcial, su aporte a la formación de la nación.

El entusiasmo generado por la repatriación de los restos de San Martín, en 1880, o por la construcción del mausoleo a Belgrano. iniciada en 1896 con la ayuda de numerosas asociaciones civiles, dan la pauta del clima patriótico de esos años. Desde mediados de los años 80 los historiadores venían trabajando en el rescate de los próceres de la Independencia, ilustres olvidados o desconocidos. En este proceso, que se quería armónico, comenzaron a aparecer las disidencias. Muchos de aquellos guerreros habían participado luego en las enconadas guerras civiles, cuyos recuerdos aún estaban vivos. Para los descendientes de Dorrego, era intolerable la presencia de Lavalle en el panteón. Los hispanistas reclamaron un lugar para Álzaga y Liniers, héroes de las Invasiones Inglesas. Otros pidieron el reconocimiento de Facundo Quiroga o de Juan Manuel de Rosas. Las estatuas, su envergadura y su ubicación fueron también ocasión de encendidos debates.
Un panteón

En 1894 se intentó construir un panteón que, como en París o en Londres, reuniera los restos de los próceres reconocidos. Roca presidió la comisión organizadora que, a poco andar, admitió que no se podía incluir a nadie con actuación posterior a 1825. Se trataba de separar el momento fundador, de la unidad y la concordia, del posterior a 1825, irremediablemente dividido por las querellas políticas o ideológicas. la nacion -el diario de Mitre- advirtió premonitoriamente que de ese modo solo sería un panteón de la Independencia y no un verdadero Panteón Nacional, que incluyera a quienes se destacaran posteriormente.

A fines del siglo XIX, entre los dirigentes, las discusiones sobre el pasado reflejaban las incertidumbres del presente y los desacuerdos sobre el futuro por construir a partir de aquellas raíces. La inmigración masiva renovó las inquietudes cuando nuevas camadas de hijos de inmigrantes comenzaron a competir por posiciones antes reservadas a los criollos. También se la asoció con las protestas, a menudo violentas, organizadas por trabajadores o chacareros. Incluso se temió que la nutrida colectividad italiana -que erigió una estatua para Garibaldi- fuera la base de un proyecto colonial de Italia.

En este nuevo contexto, el nacionalismo de matriz liberal de los fundadores cambió de sentido, y comenzó a gestarse una corriente cultural que se expresó plenamente en elCentenario de Mayo. Frente a tales peligros, la Argentina debía tener una nacionalidad consistente y homogénea, que fortaleciera los rasgos propios y neutralizara los ajenos. El modelo era Alemania, una potencia pujante con una nacionalidad compacta y cohesionada, que era ajena al repertorio liberal.

Paradójicamente, ese ansia de unidad exacerbó primero la querella entre los intelectuales. Los parámetros reconocidos de una nación fuerte eran la raza, la lengua y la cultura. ¿Cuál era la raza argentina? ¿La hispana, como lo proclamaría la estatua del Cid Campeador, la criolla, la aborigen quizá, o la resultante futura del crisol de razas? ¿Que lengua debía hablarse en la Argentina? ¿El español de España, como se empeñaba Enrique Larreta, el gauchesco de nuestro gran poema nacional, Martín Fierro, o el porteño, español degradado por el habla de los inmigrantes? ¿Cuáles eran la música o la pintura nacionales? Todas estas discusiones, intensas y apasionadas, se anudaron en un tópico perdurable: el "ser nacional". Los nuevos nacionalistas no sabían cuál era, pero estaban convencidos de que existía, y que debía ser revelado mediante una acción militante que lo liberara de injertos europeístas o cosmopolitas.

Sobre este imaginario nacionalista, fuente de dudas y de certezas, comenzaron a trabajar tres actores de voz potente y performativa: el Ejército, la Iglesia católica y los movimientos políticos populares. Cada uno dejó su huella en el relato histórico.
Expresión del pueblo

El Ejército identificó la nación con el territorio nacional, convertido en una de sus bases simbólicas. Pero además fue atribuyéndose la custodia de sus valores esenciales, eternamente encargado de vigilar y reprimir a quienes los amenazaran. La Iglesia, que combatía al Estado laico, proclamó que la Argentina era una nación católica, construida por prohombres católicos. Masones, protestantes, liberales, socialistas y otros más, que estaban entre "los hombres de buena voluntad", convocados en 1853, resultaban de dudosa argentinidad. Finalmente, el radicalismo y el peronismo, los dos grandes movimientos democráticos y populares, se concibieron a si mismos como la expresión del pueblo y de la nación -el gran actor de la historia- mientras que sus eventuales adversarios -el "régimen", la "oligarquía"- eran declarados ajenos al pueblo y hasta sus enemigos.

Fueron tres vías distintas que convergieron en una idea común: la Argentina era y debía ser unánime y la parte de los argentinos que escapara a estas definiciones tenía que ser marginada o excluida. El principio confería un enorme poder a quien lograra imponer su idea de la unidad. A la vez, era el generador de inevitables reacciones por parte de los afectados. Imponer su propio panteón era una de las manifestaciones de la hegemonía. Cuestionarlo era la esperable respuesta de quienes habían sido expulsados de la patria homogénea. Coincidir en nombres de personas ejemplares, de ciudadanos destacados, presentes y pasados se volvió cada vez más difícil.

El pasado histórico fue campo de estos combates, y la discusión se ensañó con muchos que se perfilaban para un reconocimiento, si no unánime, al menos amplio. El primero fue Sarmiento, reconocido inspirador de la educación pública, uno de los más celebrados logros de la Argentina. Pero se ganó la inquina de la Iglesia, tenaz y eficaz, y padeció de la pluma, a menudo soez, de escritores nacionalistas para quienes el cosmopolitismo y la europeización son mala palabra. En 1988 la Cámara de Diputados le negó un homenaje. En 2011, en el bicentenario de su nacimiento, la Televisión Pública lo ridiculizó en su canal Paka Paka.

En los años 60 y 70 la denostación de Rivadavia y la exaltación de Rosas enardecían a los jóvenes estudiantes. La figura de Rivadavia -motejado de "mulato"- quizá no ha mejorado mucho, pero la de Rosas no despierta ya pasiones encendidas. Para los historiadores serios, fue un gobernador un poco más autoritario y faccioso que el término medio de su tiempo, un defensor de la soberanía, al menos la de Buenos Aires, y uno de los constructores -a su manera, bastante unitaria-, del Estado nacional.

En la memoria y en la historia las revisiones no se detienen nunca, pues se mira el pasado a la luz de los problemas del presente. La reivindicación de los pueblos originarios -un fenómeno mundial- sacudió la imagen de Roca, que se había ganado el procerato por la unificación territorial de la nación. El artífice de esa gesta -muy cara a los nacionalistas- ha pasado a ser un feroz genocida, y sus estatuas son objeto recurrente de escraches. Con el mismo criterio anacrónico, quizá pronto nos enteraremos del costado patriarcal y discriminador de cada uno de nuestros prohombres, quienes seguramente fueron además grandes contaminadores del ambiente.
Soñar la unanimidad

En una sociedad como la nuestra, que es plural y diversa pero se ha acostumbrado a soñar con la unanimidad, las brisas facciosas se convierten en vendavales que arrasan con todo, y sobre todo con las estatuas. Probablemente allí esté el nudo del problema de la escasez de próceres -cuya presencia se ha acotado al momento fundacional de la patria-, y también de prohombres reconocidamente destacados y ejemplares. No hay grandes referentes que cimenten los principios de una sociedad democrática, y quienes extrañen su ausencia deberán asumir la tarea de construir esas referencias, paciente y trabajosamente. Obtendrán éxitos parciales e incompletos, pero los alentará la posibilidad de acuerdos parciales y transacciones razonables.

Eso es lo que se hace en el ámbito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, cuya Legislatura confiere con amplitud la distinción de Personalidad destacada y, en casos excepcionales, la de Ciudadano ilustre. Buscan en los diversos ámbitos de nuestra sociedad, plural y creativa -la ciencia, la creación cultural, el deporte y otros- , a quienes supieron aunar una profesión con el servicio a la comunidad y al interés general. Allí coexisten bloques políticos que expresan una gama amplia de visiones políticas e históricas, y los nombres probablemente surjan de negociaciones, acuerdos y repartos. Bienvenidos.
Los estadistas

En cuanto a los estadistas, no es difícil coincidir en algunos nombres: Yrigoyen, Lisandro de la Torre, Juan B. Justo, Arturo Illia quizá; el tiempo ha enfriado las pasiones que los rodearon. Más cerca de nuestro presente tenemos a Juan Domingo Perón y a Raúl Alfonsín. Aunque durante buena parte de su vida pública fue el jefe de una facción, no es difícil rescatar en Perón un valor ampliamente compartido, que sin duda se extiende a Eva Perón: la justicia social. Raúl Alfonsín es ampliamente identificado con los derechos humanos y la democracia, que son hoy valores asumidos por una sociedad que discute sobre sus formas pero no sobre los principios. También se lo asocia con otros valores políticos y éticos -la república y sus instituciones, el pluralismo, la deliberación- que conmueven a una parte algo menor pero que raramente son negados. Es difícil encontrar hoy a alguien más digno de incorporarse al grupo de los hombres eminentes.

Pero en este campo nadie tiene asegurado su pedestal. La mirada presente del pasado es impiadosamente revisionista y poco comprensiva de las circunstancias en que vivieron los hombres. Permanentemente estamos afirmando nuevos derechos y valores y reclamándole al pasado por haberlos ignorado. Nuestra cultura política se ha vuelto muy intolerante y violentamente expresiva. Las estatuas de nuestros ciudadanos ejemplares, que se levantarán con tanto esfuerzo, se asentarán -triste es admitirlo- sobre terrenos poco firmes.

Por: Luis Alberto Romero y Lilia Ana Bertoni
Diario La Nación, sábado 17 de agosto de 2019

Seminario: Desarrollo de proyectos documentales para Cine y TV

El Lic. Andrés “Gato” Martínez Cantó dictará este seminario en nuestra Biblioteca, Austria 2154. Inscripciones abiertas, cupos reducidos. Fue reprogramado, y ahora comienza en septiembre. Se cursará durante ocho clases, lunes de 18 a 21 horas.


El seminario está dirigido a realizadores, productores, directores, guionistas y estudiantes de las carreras audiovisuales, que tengan y quieran desarrollar su proyecto documental audiovisual, y presentarlo a fondos de financiación, nacionales e internacionales.

Se cursará en 8 encuentros, los lunes de 18 a 21 horas, con una carga horaria efectiva de 24 horas de cursada. Comienza en septiembre.

Sobre el docente
Andrés “Gato” Martínez Cantó es Licenciado en Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires, en la orientación Políticas y Planificación. Fue jurado del comité de evaluación de proyectos documentales del Instituto Nacional de Cine, representando a Documentalistas de Argentina (DOCA), Jurado del Festival LatinArab (2015), y Jurado de la V Mostra de Curtmetratges per la Identitat (Barcelona - 2016).

Desde hace casi 20 años viene trabajando en la industria de los medios de comunicación. Trabajó en TV Abierta y Cable; en Cine Industrial e Independiente; en Publicidad Corporativa e Institucional; en Producción Radial; en Teatro Comercial y del circuito off; y en Periodismo Gráfico.

Entre sus trabajos como director y/o productor de documentales, cabe destacar las siguientes películas: “El Almafuerte” (2010), "Gené, en escena" (2010), “Nicaragua, sueño de una generación” (2012), "El objeto de mi amor" (2013), "Alunizar" (2014), "Las aspas del Molino" (2014), "La parte por el Todo" (2016), "El Kiosco" (2019), "Bailar la sangre" (2019), "Espejos Rotos" (2019) y "Los Indalos" (2019).

Como docente se desempeña en diferentes universidades argentinas (UCES, UBA, ENERC – CeFoPro y la USAM ). Actualmente es productor ejecutivo del estudio de comunicación integral SIGIL - Comunicación & Sociedad; y director ejecutivo de la productora PAIMUN CINE.

Más información y premios obtenidos: http://gatomartinezcanto.blogspot.com/

Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar o amartinezcanto@gmail.com.

Los grupos son reducidos, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller.

La desaparición de Stephanie Mailer

de Joёl Dicker
(Alfaguara, Buenos Aires, 2018, 656 páginas)


Este autor ginebrino que nació en 1985 y escribe en francés novelas situadas en los Estados Unidos, goza del mérito y del privilegio de concebir libros extensos que se convierten en rotundos best-sellers y ganan importantes reconocimientos. Por ejemplo, La verdad sobre el caso Harry Quebert obtuvo el Premio Goncourt des Lycéens, el Gran Premio de novela de la Academia Francesa, el Premio Lire a la mejor novela en lengua francesa y en España fue elegido Mejor Libro del Año por los lectores de El País y recibió el Premio Qué Leer al mejor libro traducido y el Premio San Clemente otorgado por varios institutos de Galicia; además, Jean- Jacques Annaud lo adaptó como serie televisiva. Su primera novela, Los últimos días de nuestros padres, recibió el Premio de los Escritores Ginebrinos. Respecto al texto que nos ocupa, en la contratapa aparece un comentario celebratorio de Valérie Trierweiler en Paris Match: “Seiscientas cincuenta páginas que nos harán adorar el insomnio.”

La escritura de Dicker es fluida y trabajada aunque con escasas imágenes. De tanto en tanto desliza pensamientos sencillos que valen la pena:”- Huy, no hay que fiarse de las apariencias. A veces creemos que conocemos a las personas y descubrimos secretos asombrosos sobre ellas.”/ “-Cuando has matado una vez, puedes matar dos veces. Y cuando has matado dos veces, puedes matar a toda la humanidad. Ya no hay límites.” Excelente la traducción de María Teresa Gallego Urrutia y Amalia García Gallego.

La historia transcurre en 2014 e investiga un caso criminal que estaba cerrado y que ocurrió veinte años antes, o sea en 1994. La narración oscila entre ambos períodos y por momentos se tiene la impresión de que todo sucede al mismo tiempo.

Los tres policías que investigan (Jesse, Derek y Anna) se expresan en primera persona y también lo hacen otros personajes –hay unos treinta–, procedimiento que Dicker combina con descripciones en tercera persona.

Se trata de una novela policial, aunque el autor, en una entrevista que le realizó Ana Prieto en Buenos Aires para Ñ del 1/12/2018, no está seguro que lo sea pese a plantear seis crímenes: “En realidad no se trata de la escritura en sí sino del hecho de crear. Los procesos creativos son muy importantes porque es la única manera de salirnos realmente de nuestras vidas, algo que también logra la lectura.”

El relato resulta ágil y dinámico: prácticamente en todas las páginas ocurren hechos. Es una suerte de cajas chinas al revés dado que cuando se van abriendo se encuentran cajas más grandes.

Joёl Dicker demuestra oficio y una imaginación ilimitada al armar sin contradicciones ni errores una trama extensa y complicadísima. Recurre a golpes de efecto y desliza una intriga en los finales de capítulo. Y posibilita que casi todos los numerosos personajes se conecten entre sí y que las sospechas sobre su culpabilidad se vayan desplazando sucesivamente sobre ellos.

No obstante se le puede achacar que el empleo del cruzamiento de asesinatos (utilizado para eliminar el móvil del crimen y despistar a la policía) tiene su antecedente en la película Extraños en un tren (1951), de Alfred Hitchcock , basada en la novela del mismo título de Patricia Highsmith.

La desaparición de Stephanie Mailer concluye con un audaz final feliz porque uno de los personajes –que había asesinado a la amante que lo chantajeaba– logra ocultar su crimen y llevar una vida plena junto a su familia. El mismo resultado logran los tres protagonistas, que en el curso de la novela fueron revelando sus respectivos conflictos personales.

Germán Cáceres

El libro forma parte del catálogo de la BibliotecaSiendo sociopuede retirarlo para su lectura.

Infografía: James Last

Texto: Pablo Eduardo García Peña
DG: Diego Hernández Plazas

Donación

Agradecemos al fiscal Federico Delgado que nos hizo llegar su libro Injusticia, que ya forma parte de nuestro catálogo.


Benedetti completo

Los Cuentos completos de Mario Benedetti también están en nuestro catálogo, junto a otros libros del gran escritor uruguayo.


El cerebro del niño, en un seminario intensivo

En la mañana del sábado 10 de agosto se llevó a cabo en nuestra Biblioteca un seminario sobre estimulación lúdica en niños, dictado por la Dra. Carina Castro Fumero y la Lic. Rita Marini.


Con una gran concurrencia de profesionales de la educación, estudiantes avanzados de carreras docentes, profesionales y estudiantes avanzados de psicopedagogía, ciencias de la educación y carreras afines, se desarrolló el seminario "Cómo cuidar el cerebro del niño y potenciarlo a través del juego".


Dictado por la Dra. Carina Castro Fumero y la Lic. Rita Marini, la exposición incluyó videos y materiales destinados a divulgar los avances de la neurociencia y el desarrollo de la arquitectura del cerebro que se funda en los primeros años de vida.


La Dra. Castro Fumero es Magister en Neuropsicologia Clínica Pediatrica y Lic. en Psicología con tres maestrías en universidades en España, Argentina y Costa Rica, sub-especializándose, cada vez más, en neurodesarrollo. Creadora de “Bee Company”.


Marini, es licenciada en Psicopedagogía con posgrado en neuropsicología infantil del aprendizaje, diplomado en juego y Master en Gamificación y Luficicación en IEBS, y profesora de Enseñanza Primaria. Creadora de “ATIR Aprender Jugando”.












Que nadie duerma

de Juan José Millás
(Alfaguara, Barcelona, 2018. 216 páginas)


Juan José Millás (Valencia, 1946) es un escritor y periodista que ha publicado numerosos libros de ficción traducidos a más de veinte lenguas. Entre sus principales obras figuran las novelas Cerbero son las sombras (1975, Premio Sésamo), La soledad es esto (1990, Premio Nadal), Dos mujeres en Praga (2002, Premio Primavera), El mundo (2007, Premio Planeta y Premio Nacional de Narrativa) y los cuentos de Los objetos nos llaman (2009). También recibió muchas distinciones por su labor periodística.

El título del libro es la traducción de «Nessum dorma», el aria más bella de la ópera Turandot, de Puccini, que funciona como música de fondo, ya que Lucía, su protagonista, la evoca en todo momento.

En Que nadie duerma impera el delirio y el absurdo. Muchos de sus diálogos traen a la memoria la obra de teatro La cantante calva, de Ionesco y, ¿por qué no?, a los mismísimos Hermanos Marx. El lector está en su derecho de rechazar este código, pero el que lo acepte podrá gozar de una estupenda e imaginativa novela, dado que la prosa de Juan José Millás es una de las mejores de la lengua castellana.

Lucía es una empleada informática que pierde su puesto porque la empresa en que trabaja debe cerrar a raíz de una quiebra fraudulenta. Entonces cambia de profesión y se dedica a conducir un taxi. Y comienzan entonces sus increíbles monólogos en los cuales se considera una falsa delgada –“no confundir con la obesidad oculta”, sostiene–, es decir un ser parecido a un ave zancuda, y cree que en su cuerpo de mujer anida también un pájaro. Hay un diálogo disparatado que mantiene con un colega que le confiesa: “… cuando estás con la mente y con el cuerpo en el mismo sitio, la realidad adquiera una luz extraordinaria.” Y le comenta, además, que “…era muy ansioso, pero se me quitó y ahora mismo soy capaz de estar en Madrid estando en Madrid”.

Esta conclusión es el punto de partida para los futuros algoritmos y diagramas de flujo que implementará Lucia en sus disparatados razonamientos o en sus conversaciones con los pasajeros. Así, aunque ella recorre Madrid –de la que cita innumerables lugares– afirma que también está conduciendo por Pekín, ciudad en la que se desarrolla la historia de Turandot, ya que se siente una auténtica princesa, como la heroína de la ópera. Para ello simplemente sitúa su GPS en la capital de China.

Lucía también circula por Madrid (o Pekín como ella pretende) buscando al amor de su vida, un actor poco conocido que fue su vecino ocasional. Mientras tanto, al sentirse ave, ve rasgos de pájaro en todos los viajeros que toman su taxi. Algunos hacen comentarios irónicos, veta que Millás siempre transita. Por ejemplo, uno de ellos es periodista económico y le comenta que: “Hay días en los que todos los periodistas económicos escribimos el mismo artículo en todos los periódicos”. O la excéntrica opinión estética de su venerado actor:”La realidad y el realismo no tienen nada que ver, aunque la mayoría de la gente confunde una cosa con otra”.

Esta historia sobre esta alma solitaria que considera que “La vida era también un plano ciego en el que cada uno debía ir colocando los acontecimientos que la delimitaban”, concluye con una venganza trágica y sorpresiva, en la cual la maldad es castigada.

Juan José Millás es un talentoso narrador, de consumado oficio, ya que en esta trama tan bizarra y ramificada no deja ningún cabo suelto.

Germán Cáceres

El libro forma parte del catálogo de la BibliotecaSiendo sociopuede retirarlo para su lectura.