Entre libros. La biblioteca como proyecto de vida

De la mano de Alberto Manguel, cuya obra La biblioteca de noche se reeditó recientemente, una inmersión en el universo de quienes, entre el profesionalismo y la pasión, creen que el único paraíso en la tierra es el que viene escrito, en papel y sobre estantes.


La de Babel, imaginada por Borges en un cuento; la de Alejandría, la de cada país, las quemadas, las olvidadas, las perdidas, las heredadas, las ordenadas hasta el TOC, las alborotadas, las públicas, las privadas? ¿Cuántas posibilidades habitan en la palabra biblioteca?

En 2007, cuando Alberto Manguel escribió La biblioteca de noche (reeditada el año pasado por Siglo XXI) no imaginaba que iba a ser director de la Biblioteca Nacional. Ni siquiera vislumbraba que volvería a vivir en la Argentina después de cincuenta años, luego de vivir en tantos países. Su constante era una: había pasado la vida entera entre bibliotecas. "Escribí hace unos veinticinco años Una historia de la lectura -dice en su despacho-. Parte de esa investigación se relacionaba con las bibliotecas porque lo que hace el lector es crear ese ambiente de libros donde trabaja. Cuando en el año 2000 pude por fin encontrar un lugar en Francia para albergar mis libros, decidí que iba a escribir sobre las bibliotecas y sobre las distintas percepciones simbólicas, como espacio, como orden, como identidad". Quince años después, cuando tuvo que desmontarla, Manguel empezó a escribir otro libro: Mientras embalo mi biblioteca (Alianza) como crónica de un duelo, como un réquiem. Dirá que esa que desarmó representa los años más felices de su vida.

Hace unos años, el director canadiense Robert Lepage trabajó con él en la realización de un proyecto que se llamó como el libro: "La biblioteca de noche" y recreó diez bibliotecas fascinantes. Desde la virtualidad, se podían mirar la del Parlamento de Canadá, la del Congreso en Washington, la del Nautilus (ideada por Julio Verne) y, entre ellas, estaba la del propio Manguel en Francia ¿Qué tenía esa biblioteca que la volvía tan espectacular? Eran treinta mil libros -hoy suman cuarenta mil- reunidos en un mismo lugar, en un antiguo establo de piedra que él hizo reconstruir en un pueblo de diez casas en Francia, en el Valle del Loira. Una biblioteca de madera oscura, con lámparas verdes, que imitaba la del Colegio Nacional de Buenos Aires, en el que Manguel había estudiado. Ordenó todos los libros él mismo. "Recuerdo la inmensa emoción de la primera noche en la que estaban en sus estantes -dice-. Esa primera noche, para sentir que la poseía, hice como un perro que mea en los rincones y dormí ahí. Esos quince años que me pasé allí fueron los más felices de mi vida: tenía mi biblioteca, mi jardín, mi perra, mi cocina, tenía el silencio de ese lugar? Eso es algo que no he recuperado nunca. Buenos Aires es una de las ciudades más ruidosas del mundo". Por razones burocráticas, según señala, él y su compañero tuvieron que vender la casa y empaquetar los libros, que hoy están en cajas, en el depósito de su editora canadiense. De ahí, se mudaron a Nueva York.

Así lucía la biblioteca que armó Manguel cuando vivía en Francia


Su biografía y su producción literaria van enlazadas a los vaivenes de ese espacio. Mientras vaciaba los estantes, Manguel escribió su despedida. "Embalarlos era como enterrar un ejército de amigos queridos -dice-. Ahora están en sus tumbas esperando la resurrección. Siguen en cajas porque no tengo lugar donde ponerlos. En Buenos Aires tengo un departamento del tamaño de esta mesa. Espero la ocasión de volver a colocarlos en sus estantes". Reitera que cuando armó aquella biblioteca no fantaseaba con ser director de la Biblioteca Nacional: "Uno puede soñar con ir a la luna o ganar la lotería, pero este fue un sueño que nunca tuve. Nunca pensé que iba a volver a la Argentina después de cincuenta años. Nunca pensé que iba a trabajar en una biblioteca. De adolescente pensé que podía estudiar bibliotecología pero no tenía ni la paciencia, ni la disciplina."

La Argentina era, para él, pasado. Un territorio construido con la nostalgia de esa épica del Colegio Nacional. Cuando nació, su familia se mudó a Tel Aviv (su padre fue el primer embajador argentino en Israel). Los primeros libros de su biblioteca tuvieron la voz de la nodriza checa con la que pasaba las 24 horas del día: "Ella me enseñó el inglés y el alemán, que fueron mis primeras lenguas. Yo no hablé con mis padres hasta mis ocho años, porque ellos hablaban castellano. Cuando en el 55 cayó Perón, mi padre quiso ser fiel al gobierno que lo había nombrado, volvió y lo pusieron en prisión. Aprendí castellano en el 55 y ahí pude entablar una conversación con ellos", cuenta. De aquella época, Manguel recuerda cierta indignación por la división de la literatura para niños o para niñas. En Historia natural de la curiosidad escribe: "Las identidades impuestas alientan la desigualdad". Su nodriza, dice, tenía una idea muy de principios de siglo XX de la cultura. A través de ella, conoció los clásicos alemanes e ingleses. Luego, en la Argentina, se sumaron los libros de Constancio C. Vigil, la colección Robin Hood, Mujercitas. Los estantes no pararon de nutrirse.

Vivió en Inglaterra, Italia, Francia, Tahití, Canadá. En cada coordenada hubo una biblioteca que nunca dejó de crecer. En Tahití, donde trabajó para una editorial, la armó pese a los hongos que se formaban en los interiores: "Me mudé con mis libros. Teníamos una choza con tejado de hojas de palmera y ahí monté mi biblioteca. Eran tres paredes y el mar. Tahití es un lugar maravilloso para las vacaciones pero no es maravilloso para trabajar. Yo iba a la oficina temprano y volvía a la noche, los libros se cubrían de moho, me molestaba el calor húmedo? Recibía el suplemento literario del Times y pedía libros a Londres. Algo muy del siglo XIX".

"Siempre he vivido entre libros. Para mí, el mundo se presenta entre libros y después en la realidad", dice. En Francia logró la reunión, al menos por quince años. Cuando dejó esa casa y se fue a vivir a Nueva York, ya había reflexionado y escrito sobre lo que se aloja en una misma idea: la biblioteca como isla, como mito, como patria, como identidad. También como espacio público, claro. Sobre esto, asegura: "No puedo trabajar en una biblioteca pública. Me resulta difícil leer libros que no son míos, que no puedo anotar, que no puedo llevarme a la cama. Para mí, la biblioteca tiene que ser personal".


-¿Cuánto demoró en aceptar el cargo en la Biblioteca Nacional?
-Lo pensé mucho. Fíjese: cuando nos instalamos en Nueva York, pensé que había llegado al último capítulo de mi vida. Voy a cumplir setenta años en unos meses. No estaba para cambios. Había sufrido mucho con el abandono de esa biblioteca. Nunca imaginé que iba a volver a cambiar, volver a hacer una mudanza, y una tan grande como lo que significa volver al país natal. La Argentina que yo recordaba era una que había inventado a través de una nostalgia, la del Colegio Nacional de Buenos Aires.

-En el prólogo de La biblioteca de noche escribe que al llegar a la Argentina descubrió que el puesto de director era político
-Y me parece algo nefasto. No puede ser político en el sentido sectario de la palabra. Es una institución política porque es el corazón de la polis, pero no puede ser el lugar emblemático de cualquier política sectaria, sea del partido que está en el poder o del partido vencido. Decidí que este no iba a ser un puesto político y que yo iba a ser el administrador de la biblioteca.

En su oficina, hay unos pocos libros de lomo duro en unos estantes; un escritorio, una mesa de vidrio, unos sillones. En la entrada del personal, asomaban afiches con reclamos de los trabajadores. Aquí no se ven. En julio se cumplió un año de su llegada al puesto. Fueron meses en los que hubo despidos, reincorporaciones, discusiones y cambios. El puesto de Borges fue algo más que una distinción.

El edificio, creado por Clorindo Testa, no es de su agrado: "Esta torre monstruosa en la que estamos -dice-, donde el objetivo es crear la fealdad deliberada, dificulta la tarea. Es como la nueva Biblioteca Nacional de Francia, que tiene cuatro torres totalmente inútiles de vidrios que quemaban los libros". ¿Qué Biblioteca pública destaca, entonces? La Vasconcelos en México, responde. Cuenta entonces que en La biblioteca de noche le interesaba estudiar la idea de lo arquitectónico y los modos en los que influye en el trabajo. También, "la idea de la biblioteca como autoridad, con columnas que se mostraban como majestuosas y excluyentes, que al mismo tiempo daban sentido de la importancia del acto intelectual en el seno de una sociedad".

"Ahora esto ha cambiado bastante -agrega-. El símbolo de la biblioteca ha sido reemplazado por el símbolo del banco, que da valores a la sociedad."

-¿Cómo es su biblioteca privada ahora?
-La biblioteca se construye alrededor de mí. Aquí, en Buenos Aires, he acumulado tantos libros que he tenido que enviar unas veinte cajas a mi depósito. Buenos Aires es una ciudad de libros. Me encantan las librerías anticuarias y descubrí una de viejos fantástica en el sótano de la galería Florida.

-¿Qué cosas descubre?
- No busco nada en especial, pero descubro la edición que hizo Sur de Orlando, de Virginia Woolf, con una firma de Victoria Ocampo... Libros que compro por nostalgia, porque los tenía cuando iba al colegio... También la librería Guadalquivir es extraordinaria. Ellos traen libros que generalmente no se ven. Y recorro las librerías de la calle Corrientes. Siempre encuentro algo allí.

La biblioteca de noche se acompaña con ilustraciones de algunas bibliotecas míticas o históricas: La de Pérgamo, el boceto de Miguel Ángel para la Laurenziana. También hay una foto de unas cajas apiladas, maltrechas, semicerradas. Se trata de la biblioteca del Líbano. Manguel cuenta que hay voluntarios que se acercan para tratar de quitar los bichos, el polvo, y para catalogar lo que sirve de esa biblioteca que reunió nacionalidades, rarezas, joyas manuscritas y sobrevivió, aunque desplumada, a bombardeos y otros estragos de sucesivas guerras. Las fotos recuerdan a esos rescates de animales empetrolados. Animales que guardan en sí un mundo que tiene que ver con nosotros. Esa biblioteca, como todas, guarda identidades, utopías, heridas. Son asilo y a la vez oráculo para transitar el mundo.

Natalia Gelós
Diario La Nación, domingo 28 de enero de 2018

Ilustran relatos infantiles de Lev Tolstói

El autor ruso, famoso por Guerra y paz, escribió textos para los niños campesinos que acudían a su escuela, los cuales son traducidos al español.



La filóloga mexicana Selma Ancira (Ciudad de México, 1956) tradujo una selección de cuentos de Lev Tolstói para niños, muy poco conocidos en español, que versan sobre la naturaleza y el respeto a la vida animal. Estos relatos fueron escritos por el autor de Ana Karénina para los niños campesinos que asistían a la escuela que Tolstói creó en Yásnaia Poliana, y ahora son compilados por primera vez en un libro ilustrado por Flavia Zorrilla, bajo el título Cuentos para niños.

Pero además de los cuentos escritos para los niños campesinos, Tolstói creó otros más para sus nietos, explicó la traductora. “Tolstói tiene una cantidad enorme de cuentos infantiles, sin embargo, como este libro iba a ser ilustrado, decidimos ceñirnos a cinco textos para que la ilustración desempeñara un lugar preponderante”, apuntó en entrevista con Excélsior, donde habló sobre sus dos próximas traducciones: el “Cristo de nuevo crucificado”, de Nikos Kazantzakis y “Agamenón” de Yannis Ritsos, programado para el 7 de febrero.

“Creo que ésta es una faceta de Tolstói que conocemos poco. Quizá los más famosos son los cuentos y las fábulas que tienen una moraleja muy clara. Los cuentos incluidos en este libro, sin embargo, están más cerca del relato que de la fábula”, añadió.

El primer paso para este libro fue hacer la selección , detalló Ancira. “Yo quería que hubiera un hilo conductor, y el hilo conductor de este libro es el respeto por la vida animal, el respeto por el otro y por la naturaleza. En estas páginas Tolstói les cuenta a los niños qué es la amistad, qué es la fidelidad y el amor, qué es la confianza y la solidaridad, entre otras cosas”.

¿Qué opina sobre el trabajo de ilustración encargado para este libro? “Me parece un trabajo extraordinario el que realizó Flavia Zorrilla. Cuando vi sus dibujos por primera, vez me pareció que el libro era como una sonrisa. Las ilustraciones te alegran la vista; son, además, una invitación a la lectura”.

¿Por qué era necesaria esta compilación? “Yo creo que era importante dar a conocer una faceta de Tolstói poco conocida: la del autor de cuentos para niños. A Tolstói se le conoce, sobre todo, por Guerra y paz, por Ana Karénina o por Resurrección, pero resulta sorprendente descubrirlo como autor de cuentos para niños”.

¿El libro está concebido para primeros lectores? “Sí, la idea es que los padres les lean los cuentos a los niños o que, si ellos pueden, lo hagan solos para que se vayan familiarizando con la literatura”.

¿Le parece que las primeras lecturas son más importantes de lo que algunos creen? “Sí, me parece que son importantísimas. Yo todavía me acuerdo de algunos cuentos que me leían mis papás. Mi mamá, sobre todo. Después, todos los nombres de los autores que me habían leído, ya me iban sonando y fueron parte de mi desarrollo espiritual. Las semillas sembradas en ese momento han dado indiscutiblemente sus frutos; y eso es lo que yo quería con este libro: que se quede en la mente de los niños el nombre y la literatura de Tolstói, aun si ahora no se dan plenamente cuenta que están leyendo a uno de los más grandes autores de la literatura universal, después formará parte de su bagaje intelectual”.

¿Cómo fue la experiencia de traducir a Tolstói para niños? “Aunque no lo creas, por momentos me costó más trabajo que traducir al Tolstói para adultos. Escribir con sencillez y, al mismo tiempo, la profundidad que exige la literatura infantil no es fácil. Es un reto. Fue difícil, además, elegir de entre todas las historias aquellas que pudieran ser más afines a los niños mexicanos”.

¿Al autor ruso le importaban los animales? “El mundo animal y el respeto por los animales era muy importante para él; lo es también para mí. Y quisiéramos que lo fuese también para los niños, para que este libro despertara en ellos el amor por todo lo vivo”.

Pero la idea de este libro nació en 2016, cuando Selma Ancira asistió a la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ) a presentar su libro La mañana de un terrateniente/ Historia de un caballo, del propio Tolstói, “cuando Marina Bespalova me invitó a presentarlo, le comenté que no era un libro para niños, pero se esperaba que el público asistente fuera de muchachos que cursaban los últimos años de preparatoria”.

Sin embargo, aquel día asistieron niños pequeños. “Entonces tuvimos que improvisar una presentación que resultó increíblemente hermosa. Tuvimos oportunidad de platicar con esos niños de seis y siete años. Les preguntamos qué les gustaba, qué les interesaba, qué habían leído. Y sus respuestas fueron sorprendentes: La peor señora del mundo de Francisco Hinojosa y Los Miserables de Victor Hugo. A ese pequeño gran público es al que está dirigido este libro”, concluyó.

¿Quién es?
Selma Ancira es traductora de literatura rusa y de literatura griega moderna. Ha traducido, entre otros autores, a Pushkin, Dostoievski, Bunin, Bulgákov y a Pasternak, así como a Seferis, a Ritsos y a María Iordanidu. Fue ella quien descubrió al público hispanoparlante la obra de Marina Tsvietáieva, de quien ha traducido casi la totalidad de su prosa. Fue premiada con la Medalla Pushkin (2008), el XII Premio de Traducción Ángel Crespo (2009) y el Premio de Traducción Literaria Tomás Segovia, entre otros.

Juan Carlos Talavera
Diario Excélsior, México

Muere el poeta chileno Nicanor Parra a los 103 años

El premio Cervantes pasó sus últimos años de vida en su casa de la localidad costera de Las Cruces.



A los 103 años ha fallecido, hoy martes, el poeta, matemático, físico y académico chileno Nicanor Parra. Lo ha confirmado el ministro de Cultura del Gobierno de Chile, Ernesto Ottone. El deceso del premio Cervantes 2011, una de los mayores leyendas de la literatura hispanoamericana del siglo XX, se produjo en la madrugada de este martes. Hermano mayor de una familia de genios, como la cantautora y artista Violeta Parra, el autor de Poemas y antipoemas pasó sus últimos años de vida en su casa de la localidad costera de Las Cruces, a unos 120 kilómetros de la capital chilena.

"Nunca fui el autor de nada porque siempre he pescado cosas que andaban en el aire", señaló en una entrevista con El País en 2011. Creador de la corriente llamada antipoesía, Parra era el superviviente del grupo más señero de poetas chilenos contemporáneos, junto a Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Vicente Huidobro y Gonzalo Rojas. Después de publicar en 1937 Cancionero sin nombre, influido por Federico García Lorca, llegó en 1954 el libro que marca en mayor medida su obra y la poesía hispanoamericana del siglo pasado, Poemas y antipoemas.

Bachelet ha lamentado la muerte de Parra: "Chile pierde a uno de los más grandes autores de la historia de nuestra literatura y una voz singular en la cultura occidental. ¡Estoy conmovida por el fallecimiento de Nicanor Parra! Mi más profundo pésame a su familia", escribió la mandataria a través de Twitter.

"Durante medio siglo / la poesía fue / el paraíso del tonto solemne. / Hasta que vine yo / y me instalé con mi montaña rusa. / Suban, si les parece. / Claro que yo no respondo si bajan / echando sangre por boca y narices", escribió en Versos de salón de 1962.

Diario El País, Madrid
Martes 23 de enero de 2018

Súper 8

El Cineclub La Rosa también proyecta en Súper 8. Por eso es tiempo de revisar y preparar las películas.


Sunset Park

de Paul Auster
(Anagrama, Buenos Aires, 2011, 288 páginas)



La novela está impregnada de cierta mirada melancólica y escéptica, como a la espera de un desenlace fatal: en ella se proyecta el clima trágico del Arthur Miller de Muerte de un viajante, Todos eran mis hijos y Panorama desde el puente.

Sunset Park se divide en capítulos que llevan alternadamente el nombre de los personajes. Sorprende al lector, que cree saber casi todo sobre sus vidas, que, de improviso e inesperadamente, afloran en ellos sensaciones y pensamientos desconocidos.

El sentimiento de culpa ha tallado fuerte en Miles Heller, el principal personaje, que tiene veintiocho años y carece de rumbo. Así se describe su estado de ánimo: “No tener planes, que es lo mismo que carecer de deseos y esperanzas, contentarse con su suerte, aceptar lo que el mundo ofrece cada día; para vivir así hay que querer muy poca cosa, tan poco como resulte humanamente posible.” Al charlar Miles con un conocido sobre las estrellas del béisbol, sus comentarios se centran en el final aciago de sus existencias y, al parecer, constituye una señal de lo que le ocurrirá a él. En un comienzo, mientras permanece en Florida, trabaja para una empresa inmobiliaria encargada de limpiar las viviendas que han abandonado sus ocupantes por no pagar las hipotecas (la historia comienza en 2008) y fotografía esos desechos porque entiende que los antiguos dueños han dejado sus huellas y habitan en ellos como si fueran fantasmas.

Bing Nathan es un tipo singular, con una intensa vida interior y la convicción de que el mundo que habitamos y su idea de progreso son totalmente falsos.

Tanto Morris Heller, el padre de Miles, como los amigos y familiares que lo acompañan, no pueden ser felices, están aprisionados por sus conflictos. “No nos hacemos más fuertes con el paso de los años. La acumulación de penas y sufrimientos va mermando nuestra capacidad de soportar el dolor…”, piensa.

Alice Bergstrom está escribiendo una tesis sobre los años que siguieron al finalizar la Segunda Guerra Mundial, tema que trata el famoso filme Los mejores años de nuestra vida (1946, de William Wyler). También a Morris le ha impactado fuertemente esta película, en la que los soldados que regresan se encuentran con un fuerte desempleo y, además, toman conciencia de que no están preparados para la paz. Entre la crisis económica de la cual aún no han logrado salir y la guerra en Medio Oriente, los Estados Unidos no transitan por mejores momentos.

La escritura de Paul Auster –que no utiliza guiones de diálogo– es propia de un maestro literario, encuentra los sustantivos y adjetivos exactos para describir una escena o un estado de ánimo. Desarrolla los párrafos largos –a veces caudalosos– con soltura y ritmo, introduciendo un vocabulario rico e ilustrativo mediante imágenes originales. La traducción de Benito Gómez Ibañez logra plasmar con sumo éxito esa prosa.

Paul Auster (Nueva Jersey, 1947) es uno de los más prestigiosos escritores contemporáneos y autor de números libros, de algunos guiones cinematográficos y de una novela gráfica. En 2006 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

Germán Cáceres

Este libro forma parte del catálogo de la Biblioteca. Siendo socio puede retirarlo para su lectura.  

Comision Directiva 2017-2019

Presidente: Carolina Orsi

Vicepresidente: Rocío Danussi

Secretario: Emiliano Penelas

Tesorero: Atilio Francisco Orsi

1º Vocal Titular: Mabel Leonor Salas

2º Vocal Titular: Juan Pablo Orsi


Órgano de Fiscalización

Revisor Titular: Guillermo Fuentes Rey

-------------------------------------------------------------

Período 2015-2017

Presidente: Emiliano Penelas
Vicepresidente: Ana Rodríguez Marcó
Secretario: Atilio Francisco Orsi
Tesorera: Carolina Orsi
1º Vocal Titular: Juan Pablo Orsi
1º Vocal Suplente: Arnaldo Juan Manuel Marrero

Integrantes del Órgano de Fiscalización
Revisor Titular: Rafael Ianover
1º Revisor Suplente: Pablo Carlos Arias

-------------------------------------------------------------

Período 2013-2015
Presidente: Emiliano Penelas
Vicepresidente: Ana Rodríguez Marcó
Secretario: Atilio Francisco Orsi
Tesorera: Carolina Orsi
1° Vocal Titular: Juan Pablo Orsi
1º Vocal Suplente: Arnaldo Juan Manuel Marrero

Integrantes del Órgano de Fiscalización
Revisor Titular: Rafael Ianover
1º Revisor Suplente: Pablo Carlos Arias

-------------------------------------------------------------


Período 2011-2013
Presidente: Emiliano Penelas
Vicepresidente: Ana Rodríguez Marcó
Secretario: Atilio Francisco Orsi
Tesorera: Carolina Orsi
1º Vocal Titular: Juan Pablo Orsi
2º Vocal Titular: Arnaldo Juan Manuel Marrero
1º Vocal Suplente: Carlos Palacios
2º Vocal Suplente: Guillermo Fuentes Rey

Integrantes del Órgano de Fiscalización
Revisor Titular: Rafael Ianover
1º Revisor Suplente: Raúl Horacio Megy

-------------------------------------------------------------

Período 2009-2011

Presidente: Emiliano Penelas
Vicepresidente: Guillermo Fuentes Rey
Secretario: Atilio Francisco Orsi
Tesorera: Carolina Orsi
1º Vocal Titular: Juan Pablo Orsi
2º Vocal Titular: Arnaldo Juan Manuel Marrero
3º Vocal Titular: Celina Benfield
1º Vocal Suplente: Ana Rodríguez Marcó
2º Vocal Suplente: Carlos Palacios

Integrantes del Órgano de Fiscalización
Revisor Titular: Rafael Ianover
1º Revisor Suplente: Raúl Horacio Megy

-------------------------------------------------------------

Período 2007-2009
Presidente: Atilio Francisco Orsi
Vicepresidente: Emiliano Penelas
Secretario: Guillermo Fuentes Rey
Tesorera: Guillermina Lopes
1º Vocal Titular: Arnaldo Juan Manuel Marrero
2º Vocal Titular: Carolina Orsi
3º Vocal Titular: Carlos Palacios
1º Vocal Suplente: Juan Pablo Orsi
2º Vocal Suplente: Celina Benfield
3º Vocal Suplente: Elsa Falcó

Integrantes del Órgano de Fiscalización
Revisor Titular: Rafael Ianover
1º Revisor Suplente: Pablo Carlos Arias

-------------------------------------------------------------

Período 2005-2007
Presidente: Atilio Francisco Orsi
Vicepresidente: Pablo Carlos Arias
Secretario: Rafael Ianover
Tesorera: Carolina Orsi
Vocales Titulares: Christian Raúl Chaves López, Guillermo Fuentes Rey, Guillermina Lópes, Emiliano Penelas y Néstor Jorge Zakim.
Vocales Suplentes: Pablo Luis Belemlinsky, Susana Haydee Bromberg, Jorge Karstulovich y Antonio Nieves Arias.

Comisión revisora de cuentas
Titular: Claudia Ianover
Suplentes: Arnaldo Juan Manuel Marrero y Marta Teresa Repetto.

Socios fundadores: Juan Pablo Orsi.

La ley del menor

de Ian McEwan
(Anagrama, Buenos Aires, 2015, 216 páginas)



Ian McEwan va relatando las vivencias de Fiona Maye, una magistrada del Tribunal de Justicia británico. Así como en Amor perdurable un tema central fue el síndrome de De Clérambault que sufre uno de los personajes y en Sábado los problemas propios de un neurocirujano, en La ley del menor es el derecho de familia. Sorprende la complejidad de los casos que se presentan y las argumentaciones que esgrimen las partes. Revelan que la conflictividad de las relaciones humanas está inmersa en un crescendo exponencial imparable. El nivel de las agresiones y barbaridades que se cometen alcanza límites irracionales. El lector puede llegar a interpretar que los seres humanos no saben gozar de la vida (“….las rupturas y los sinsabores de matrimonios y parejas crecieron en Gran Bretaña como una monstruosa marea de primavera que barrió hogares enteros, dispersó posesiones y sueños optimistas y ahogó a los que no tenían un poderoso instinto de supervivencia”). Además, el sistema judicial británico no funciona satisfactoriamente: se dictan muchas sentencias injustas y los letrados y los jueces no pocas veces incurren en actitudes nada idóneas.

La acción transcurre principalmente en Londres y el autor registra con sagacidad la personalidad de la jueza Fiona Maye, una típica persona que ha sido devorado por su trabajo: no se trata de una vocación por el Derecho, sino de una neurosis que ha trastornado su vida y dañado su vínculo con su esposo Jack.

Otro personaje importante es Adam Henry, que padece leucemia, aún no ha llegado a la mayoría de edad (le faltan tres meses), profesa junto a sus padres el credo de los testigos de Jehová y los tres se niegan –invocando sus sentimientos religiosos– a que aquél reciba una transfusión de sangre que puede salvarle la vida. Fiona debe resolver, en un juicio que un hospital le formuló a la familia, si obliga a aplicar el tratamiento contra la voluntad de todos sus miembros. Los diálogos que se desarrollan son magistrales y demuestran la capacidad literaria de McEwan, un escritor culto e ilustrado en relación a la música académica y el jazz. Asimismo, tiene el arte de demorar la resolución de una escena para despertar interés y ansiedad por conocer el desenlace.

La traducción de Jaime Zulaika es impecable y transmite la tersa y bella prosa del narrador, que se destaca en sus descripciones sin fisuras: “Le gustaba aquella especie de maraña exuberante de musculoso hierro colado, de acero y de cristal posindustriales, de viejos almacenes rescatados de la decrepitud para insuflarles una juventud de fantasía consistente en bares y cafeterías.”

Ian McEwan (Aldershot, Reino Unido, 1948) es autor de numerosos libros, entre ellos Primer amor, últimos ritos, Entre las sábanas, El placer del viajero, Niños en el tiempo, El inocente, Los perros negros, Amor perdurable, Amsterdam, Expiación, Sábado, En las nubes, Chesil Beach, Solar, Operación Dulce. Ganó muchos premios, como el Somerset Maugham, el Whitbread, el Femina, el James Tait Black, el Booker, el WH Smith Literary Award, el People´s Booker, el Commonwealth Eurasia, el Nacional Book Award, el Wodehouse y el Shakespeare.

Germán Cáceres

Este libro forma parte del catálogo de la Biblioteca. Siendo socio puede retirarlo para su lectura.  

Catalogación e inventario

La Biblioteca volverá a atender al público el lunes 5 de febrero. Mientras, llevamos adelante tareas de catalogación e inventario.

Una lectura masiva de la Divina Comedia a través de las redes sociales

La maratón de lectura simultánea de la pieza maestra de Dante Alighieri se inició con el cambio de año. Podría convertirse en uno de los acontecimientos literarios del 2018.



La obra cumbre de Dante Alighieri, un poema alegórico estructurado en un total de 100 cantos, se actualiza a casi siete siglos de su publicación, a través de una lectura pública, masiva y espontánea, que se lanzó a través de las redes sociales y para la que ya confirmaron su participación miles de lectores entusiastas.

La iniciativa fue impulsada a través de Twitter por el ensayista Pablo Maurette (@maurette79) y arrancó hoy: la idea es leer un canto por día (de los 100 cánticos, 33 corresponden al Cielo, 33 al Purgatorio y 33 al Infierno) durante cien jornadas, en una suerte de homenaje virtual al célebre autor italiano, y que seguramente sumará a numerosos lectores de la nueva generación que no han tenido contacto con esta pieza literaria. Bajo el Hashtag #Dante2018, se busca a su vez que la propuesta se convierta en trending toppic.

La lectura comenzó con el cambio de año y se extenderá hasta el 10 de abril. Posteriormente, se concretarán nuevas lecturas, reuniones grupales y debates entre quienes quieran seguir vinculados al proyecto, que podría convertirse en uno de los eventos literarios del año, en función del alcance de la convocatoria.

Los interesados en sumarse, pueden leer solos, de a dos, en tríos, de a decenas, por teleconferencia, por Skype o FaceTime. Se pueden juntar en casas, bares y plazas. “Libertad completa y absoluta. La consigna es: un canto por día y comentar citando el canto el hashtag propuesto” en Twitter y en Facebook, especificando el canto del que se está hablando (por ejemplo “Inf. 13”), propuso Maurette, quien aspira a convocar al “grupo de lectura más grande de la historia”.

Eñe, Clarín, 1 de enero de 2018

Frankenstein, 200 años moderno

El 1 de enero de 1818 se publicó una modesta edición de la mítica novela en la que una precoz Mary W. Shelley plasmó los dilemas y avances de su época.


Frankenstein nació de algo más que el desafío de Lord Byron junto a una chimenea con vistas al lago Lemán en el verano más frío del siglo XIX. Todo lo depositado por Mary Wollstonecraft Shelley en la narración que alumbraría un mito universal —inspirador de casi un millar de obras entre el cine, el teatro y el cómic— tiene relación con las circunstancias extraordinarias que la rodearon desde que nació el 30 de agosto de 1797 en Londres. A su alrededor el viejo mundo se había disgregado tras un atracón de revoluciones. La industrial se hallaba en plena sobreexcitación gracias al perfeccionamiento de la máquina de vapor de James ­Watt. La política digería la sobredosis de guillotina de Robespierre y compañía abrazando la vuelta al orden. Las ideas y la ciencia (aún llamada filosofía natural) se removían igual de convulsas, con las teorías de Lavoisier que inauguran la química moderna o las expediciones a los polos para profundizar en el magnetismo. Y todas aquellas revoluciones tomaban el té en su casa atraídas por su padre, el novelista y filósofo radical William Godwin (1756-1836), partidario de abolir la propiedad y contrario a toda forma de gobierno. El primer anarquista.

El propio entorno doméstico se forja contra la convención. Godwin vivía con su segunda esposa, Mary Jane Clairmont, y cinco hijos de diferentes orígenes biológicos en lo que hoy sería una moderna familia reconstituida. Mary W. Shelley crece marcada por el pensamiento de su madre, la escritora y filósofa Mary Wollstonecraft (1759-1797), que la invita a formarse como una ciudadana concienciada antes que una esposa sumisa. Una madre ausente, cuya tumba era un frecuente rincón de lectura. La autora trasladará su experiencia de orfandad a la criatura literaria, que esparce dolor y muerte porque no tiene quien le quiera.

Boris Karloff en Frankenstein, de James Whale.

En 1792, tras el éxito de un ensayo en defensa de la Revolución Francesa, Mary Wollstonecraft publicó Vindicación de los derechos de las mujeres, donde exigía la educación para las niñas: “Para hacer el contrato social verdaderamente equitativo, y con el fin de extender aquellos principios esclarecedores que solo pueden mejorar el destino del hombre, debe permitirse a las mujeres encontrar su virtud en el conocimiento, lo que es apenas posible a menos que sean educadas mediante las mismas actividades que los hombres”. Se considera el primer tratado feminista, en paralelo a la Declaración Universal de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana redactada por la francesa Olympe de Gouges, decapitada en París por querer llevar los derechos humanos demasiado lejos.

Si el pensamiento de Mary Woll­stonecraft resultaba transgresor en sí mismo, su vida encarnó varios mitos románticos por sus desamores y sus dos tentativas de suicidio. Entre el episodio del láudano y el del río Támesis viajó por Escandinavia con su primera hija, Fanny, y una niñera. De la experiencia saldría un libro de viajes que entusiasmó a William Godwin: “Si alguna vez se escribió una obra con la intención de que un hombre se enamorara del autor, me parece que es esta”. Los dos escritores se hacen amigos, amantes y, por último, cónyuges entre burlas de la prensa conservadora (Godwin se había manifestado contra al matrimonio en escritos públicos). El miércoles 30 de agosto de 1797 nace la única hija de ambos, Mary. La filósofa ha pasado las contracciones leyendo en voz alta El joven Werther, de Goethe, con su marido. El mismo libro que en el futuro disfrutará en la ficción un engendro de dos metros y medio de altura y labios negros.

Tal vez Mary no se educó como habría deseado su madre, fallecida a los 11 días del parto, pero su padre estimuló su intelecto desde primera hora. Los biógrafos sugieren que creció con más pensadores que afectos. “Se sentía sola a menudo y carente de un sentimiento de identidad familiar”, señala James Lynn, “las relaciones con la segunda esposa de su padre eran pobres, y aunque Godwin le dio una buena educación, desatendió sus necesidades emocionales”.

Mary podía escuchar en su casa al poeta Samuel Taylor Coleridge, al inventor William Nicholson o al químico Humphry Davy. Su padre la llevaba a conferencias sobre electricidad y a tomar el té con el divulgador del vegetarianismo John Frank Newton. Todo ese magma intelectual y creativo dejó huellas en Frankenstein: el capitán Walton alude a un poema de Coleridge (‘La balada del viejo marinero’) y el gigante mata, pero es vegano. En el mismo arranque de la novela se presenta un viejo amigo de Godwin: “En opinión del doctor Darwin, y de algunos fisiólogos de Alemania, los sucesos en los que se basa la presente ficción no son enteramente imposibles”.

 Retrato de Mary W. Shelley

El médico y naturalista Erasmus Darwin, defensor de una teoría sobre el origen único de la vida y abuelo del autor de El origen de las especies, también se evocará en Villa Diodati en el frío verano de 1816. Horas antes de que Mary tenga la visión que alimenta Frankenstein, los poetas Lord Byron y Shelley rememoran uno de sus supuestos ensayos, según relata la propia escritora: “Al parecer había conservado un hilo de masa en un bote de cristal, hasta que, por algún extraordinario proceso, aquello comenzó a agitarse con un movimiento autónomo. (…) Quizá un cadáver podría reanimarse, el galvanismo había dado pruebas de cosas semejantes: quizá se podrían manufacturar las partes componentes de una criatura, y después podrían reunirse y dotarlas del calor vital”. La gran pregunta que se hace Victor Frankenstein —“¿Dónde residirá el principio de la vida?”— era la gran pregunta de la época.

Ante la falta de respuestas precisas, triunfan los sucedáneos. La electricidad vive su minuto de gloria desde mediados del siglo XVIII. Los desvelos científicos de Benjamin Franklin, Luigi Galvani y Alessandro Volta coinciden con el trilerismo feriante. En su ensayo Mujeres y libros, el editor Stefan Bollmann recrea un popular espectáculo de “electrificadores”: “Ponían en marcha las ruedas de sus máquinas electrostáticas y enviaban descargas eléctricas a través de las manos de una cadena humana. Suspendían a una persona de tal forma que levitaba y hacían que la cabeza le brillara”.

Incluso Percy Bysshe Shelley había tonteado con la corriente en Oxford, como detalla Charles E. Robinson, máximo especialista en la obra de Mary W. Shelley, en su introducción para una edición anotada para científicos y creadores publicada con motivo del bicentenario de la aparición de la obra: “Había construido su propia cometa eléctrica, había hecho saltar chispas con un aparato eléctrico y hasta almacenado el fluido de la electricidad en botellas de Leyden: esas pruebas sirven de base a los experimentos eléctricos del padre de Victor, Alphonse, en Frankenstein”.

El poeta Shelley también acabaría frecuentando el ágora doméstica de William Godwin, atraído por el pensamiento de un filósofo casi más célebre por controversias públicas como la que mantuvo con Malthus que por sus espesos tratados políticos. Percy era igualmente especialista en controversias: se había casado con la oposición de su influyente familia y acababa de ser expulsado de Oxford por propagar el ateísmo. Mary tiene 16 años cuando se fuga con él, aunque en seguida regresan por la falta de dinero. A partir de ahí sus biografías alimentan el mito de la perfecta pareja del romanticismo, con una sucesión de cimas literarias y cadáveres jóvenes: solo sobrevive uno de sus cuatro hijos y, a los 29 años, Percy B. Shelley se ahoga en Italia. En el futuro la escritora se alejará del malditismo y se preocupará por obtener la aprobación social para ella, su único hijo y el poeta muerto.

Pero cuando Mary W. Shelley escribe su relato en 1816 para la competición sobre historias de fantasmas, que ha convocado Lord Byron en el verano más frío del siglo, tiene solo 18 años, un bebé vivo y otro muerto, y una relación escandalosa que finalizará con el suicidio de la primera esposa de Shelley. Ignora que está forjando un mito universal y que, en aquella familia donde solo contaban los que tenían méritos literarios, rebasará la popularidad de todos ellos.

Robert de Niro en Frankenstein de Mary Shelley, dirigida por Kenneth Branagh.

El 1 de enero de 1818, casi dos años después de la estancia en el lago Lemán, se publica Frankenstein o el moderno Prometeo con una tirada de 500 ejemplares. No lleva firma. Se especula con la mano de Percy B. Shelley (que aporta correcciones al manuscrito). Pero si algún incrédulo ha sobrevivido en estos 200 años, en 2013 perdió la última esperanza. Ese año salió a subasta por 477.422 euros un ejemplar de la primera edición dedicado a Lord Byron “por el autor”. La letra fue autentificada como la de Mary W. Shelley.

En la segunda edición de 1823 (de tirada similar a la anterior), la escritora se identifica. En apenas tres años se realizan 10 adaptaciones teatrales diferentes, incluyendo paródicos finales sobre la muerte de la criatura, que irá alejándose de su cultivado espíritu original —leía a Plutarco, Milton y Goethe— para convertirse en el imaginario colectivo en un monstruo atornillado y algo bobalicón. La obra se emancipa de la autora. Sus lectores encuentran en Frankenstein lo que necesitan: terror gótico, anticipo de ciencia-ficción o un dilema ético sobre los límites de la ciencia.

El día de Halloween de 1831 se lanza una tercera edición de 4.020 ejemplares. La escritora introduce cambios y acalla a los escépticos: “Ciertamente, no le debo a mi marido la sugerencia de ningún episodio, ni siquiera de una guía en las emociones, y sin embargo, si no hubiera sido por su estímulo, esta historia nunca habría adquirido la forma con la cual se presentó al mundo”. Firma su introducción como M. W. S., aunque la historia de la literatura prescindirá del apellido materno.

Pero solo rastreando sus orígenes familiares y las circunstancias de los primeros años de su vida puede responderse a la pregunta que tantas veces le formularon a Mary W. Shelley: “¿Cómo es posible que yo, entonces una jovencita, pudiera concebir y desarrollar una idea tan horrorosa?”.

Tereixa Constenla
Diario El País, España, 29 de diciembre de 2017

Actividades 2018

Julio
Miércoles 25 
Cineclub La RosaEl rostro de Jizo, de Kazuo Kuroki. Tercera y última función del ciclo "Réquiem de guerra". Proyección en 16mm gracias a la Embajada de Japón.

Miércoles 11 

Cineclub La RosaEl verano de un niño en 1945, de Kazuo Kuroki. Segunda función del ciclo "Réquiem de guerra". Proyección en 16mm gracias a la Embajada de Japón.

Sábado 7 
Cineclub La RosaMañana, de Kazuo Kuroki. Primera función del ciclo "Réquiem de guerra". Proyección en 16mm gracias a la Embajada de Japón.

Junio
Miércoles 27 - 20 horas
Cineclub La RosaYo tenía 19, de Konrad Wolf. Proyección en 16mm gracias al Goethe-Institut.

Miércoles 13 
Cineclub La RosaEstrellas, de Konrad Wolf. Proyección en 16mm gracias al Goethe-Institut.

Lunes 4 
Comenzó el taller "Historia + Arte", a cargo del Lic. Leonel Contreras. Curso audiovisual sobre "Nociones de historia europea a través del arte: de Grecia al siglo XX".

Mayo
Miércoles 30 
Cineclub La RosaSegunda y última función del ciclo "Musicales en Súper 8"Can-Can, Hasta que las nubes pasen y Cantando bajo la lluviaProyección en Súper 8

Miércoles 23 
Cineclub La Rosa: Primera función del ciclo "Musicales en Súper 8"Intermezzo lírico, Fiebre de sábado por la noche, Carlos Gardel, La bella durmiente y Un americano en ParísProyección en Súper 8.

Miércoles 9
Cineclub La Rosa: comenzó la Temporada XII con la proyección de Crin blanca y El globo Rojo, de Albert Lamorisse, en fílmico.

Lunes 7
Historia de la Ciudad de Buenos Aires: comienza el taller a cargo del Lic. Leonel Contreras.

Sábado 5
Presentación del libro El tejido de la noche, de Jorge da Fonseca. Se refirió a la obra Carlos Penelas, leyó Rocío Danussi.

Viernes 4, sábado 5 y domingo 6
Libro%: compra de libros en la Feria del Libro.

Viernes 4
Coro: comienza el taller a cargo de las Prof. Inés Maurel y Alejandra Varela.

Abril 
Sábado 21 - 11 horas
Comenzó el Seminario Clínico "Ex-Sistencia del inconsciente -Identidad, identificación, vacío-", por Enrique Acuña.

Lunes 16
Danza clásica para niñas: comenzó el taller a cargo de la Prof. Cristina Bartolomé.


Miércoles 11
Se presentó el libro Voces,por el Colectivo por el Derecho Humano a la Comunicación (CoDeHCom), con la presencia de Guillermo Torremare y Néstor Piconne.

Jueves 5
Inglés:
comenzó el taller a cargo del Prof. Matías González Díaz.
 
Taller Literario
: comenzó el taller a cargo del Prof. Carlos Penelas.
 

Miércoles 4
Comenzaron los niveles 1, 2 y Conversación del Taller de Italiano, a cargo de la Prof. Stella Maris Scuderi.

Marzo
Martes 6
Comenzaron los Módulos 1 y 2 del Taller Francés del Viajero, dictados por el Prof. Sebastián Barvié.

Lunes 5
Biomecánica corporal y elongación. Comenzó el taller dictado por la Prof. Cristina Bartolomé.

Febrero
Lunes 5 
Reapertura de la Biblioteca. De lunes a viernes, de 16 a 20 horas.

Enero
La Biblioteca permaneció cerrada al público.
Se realizarán tareas de catalogación e inventario.