Los colores del incendio

de Pierre Lemaitre
(Ediciones Salamandra, Barcelona, 2019, 432 páginas)


En la primera parte, que se desarrolla durante 1927-1929, aparece el siguiente epígrafe de Jakob Wassermann: “En el fondo, no hay buenos ni malos, ni personas honradas ni bribones, ni corderos ni lobos: sólo los castigados y los impunes.” Wassermann es el autor de la célebre novela El caso Maurizius (1928), en la cual este personaje es condenado injustamente a cadena perpetua. Fue llevada al cine por Julian Duvivier en 1954. Los colores del incendio consta de una segunda parte ambientada en 1933 y de un breve Epílogo; su título proviene de un poema de Louis Aragon y es la continuación de su novela Nos vemos allá arriba (2013), que obtuvo el premio Goncourt.

Tras la muerte de Marcel Péricourt, titular de un poderoso banco, su hija Madelaine, que jamás se interesó por esa operatoria, hereda una fabulosa fortuna. Valiéndose de esta inexperiencia, Gustave Joubert, un prestigioso funcionario de esa institución – en combinación con Léonce Picard, la dama de compañía y de confianza de ella–, logran arrebatarle su patrimonio y dejarla prácticamente en la ruina. Charles, el hermano del fallecido, también participa de su hundimiento y, por su parte, André Delcourt, preceptor de Paul, el pequeño hijo de la víctima, es un pervertido que abusa de él.

Madelaine va descubriendo toda esta manipulación y decide vengarse y logra finalmente su propósito, pero en su accionar demuestra también carecer de escrúpulos y recurre a maniobras ilícitas ayudada por ladrones y falsificadores: “… no era más que un bloque de odio animado por un frío deseo de venganza. Era inhumana.” Hay otros títulos, como Vestido de novia (2009), en el que Lemaitre se regodea en el sadismo y la desmesura. En esta novela, los únicos personajes inocentes son Paul, Vladi (la simpatiquísima mucama polaca) y la excéntrica soprano Solange Gallinato, que provoca varias situaciones cómicas (existió y su verdadero nombre es Bernadette Traviers).

Como un coro de fondo se pinta el caótico clima político y económico que imperó entre las dos grandes guerras, con la ascensión del nazismo en Alemania, así como el avance de las ideas fascistas en Francia. “Los políticos estaban tan desprestigiados que los votantes no les prestaban oídos ni cuando decían la verdad”, afirma el autor en un capítulo.

La narración se ramifica en numerosos personajes y tramas, pero la calidad literaria de Lemaitre logra que se comprendan y se sigan con ansiedad los acontecimientos. Escribe con soltura, como si lo hiciera espontáneamente y sin revisar. Su prosa es impecable y a veces parece hablarle al lector. Su concepción literaria, aunque contemporánea, tiene muchos vínculos con la tradición decimonónica. No debe olvidarse que uno de sus escritores más admirados es Alejandro Dumas, al que considera su maestro. La traducción del francés de José Antonio Soriano Marco es superlativa, pero su vocabulario y sus locuciones están dirigidos a los barceloneses.

Lemaitre suele ser irónico, especialmente con la prensa escrita, pues un personaje afirma: “¡Si fuera tan inevitable y tan grave, los periódicos no hablarían de otra cosa!”, y el otro le responde: “Los periódicos no están para informar, ¿en qué planeta vives?”.

El guionista y escritor Pierre Lemaitre nació en París en 1951, y estudió Psicología. En 2006, ganó el premio a la primera novela en el festival de Cognac con Irène, en la que aparece el detective Camille Verhoeven, que es también protagonista de Alex (2011), Rosy & John (2011) y Camille (2012). Además, fue merecedor del Premio Roman France Télévisions, el de los Libreros de Nancy-Le Point, el de a la mejor novela francesa de 2013 de la revista Lire, y a la mejor novela del año según los libreros franceses en la revista Livres Hebdo. También es autor de Tres días y una vida (2016). Su obra fue traducida a varios idiomas.

Germán Cáceres