Malvados

de John Connolly
(Tusquets Editores, Buenos Aires, 2015, 392 páginas)


El prólogo comienza con una ambientación extraña, onírica, poblada por muertos y fantasmas que habitan principalmente en el bosque de Santuario, un isla ficticia: es la marca literaria de John Connolly (Dublin, 1968). Aunque se desarrolla en la época actual, sobre Santuario se afirma que: “Dormía como puede dormir alguien que ha padecido mucho, con un sueño que es a la vez huida y reparación”. La lectura de su prosa precisa y trabajada hace pensar que algo siniestro mezclado con hechos sobrenaturales va a ocurrir. Por ejemplo, aparecen con frecuencia misteriosas mariposas nocturnas que van creando un clima alucinatorio, que replica, en cierto modo, los sueños y recuerdos perdidos en la memoria de los torturados personajes, incluso en la del querible y melancólico jefe de policía Joe Dupree. O sea que se van a repetir crímenes y barbaries como las ocurridas hace cincuenta años, aunque las evocaciones de sucesos truculentos llegan hasta el siglo XVII. Curiosamente aquí no aparece su héroe favorito, el detective Charlie Parker (sí, se llama igual que el gran músico de jazz), protagonista de unas veinte de sus novelas.

Connolly acostumbra residir gran parte del año en Estados Unidos, en donde transcurren la mayoría de sus historias. Estudió filología inglesa en el Trinity College de Dublin y se licenció en periodismo en la Dublin City University. Trabajó como freelance varios años en The Irish Times. Es un escritor muy reconocido por los críticos y cuenta con numerosos y devotos lectores. En el año 2000 obtuvo el premio Shamus a la mejor primera novela detectivesca por Todo lo que muere.

El autor demuestra estar muy informado sobre las costumbres actuales así como de los términos y el vocabulario utilizados. Inunda la narración con múltiples datos en sus notables descripciones. Además, prueba tener una vasta cultura y desarrolla bellas imágenes: “…se quedó dormida oyendo el ruido de un barco en la bahía, un barco cuya sirena resonaba como el grito de una criatura marina perdida en la oscuridad, y que solo quisiera volver a la seguridad de los de su especie.” La traducción de Juan Manuel Salmerón Arjona es impecable.

Malvados es un título adecuado porque a los delincuentes de la novela no les basta con matar sino que lo realizan con crueldad: sus crímenes son horripilantes y macabros. La enorme cantidad de personajes (a los que indaga en su psicología) y de puntos de vista logran que al lector se pregunte cómo se pueden vincular sucesos aparentemente tan alejados entre sí. Un recurso muy empleado en las series televisivas de detectives.

Si bien se está ante una novela policial, el género de terror termina por invadirla sin que el texto pierda unidad. Es un libro excelente y original; además resulta apasionante su incursión de acontecimientos sobrehumanos en la vida cotidiana.

Germán Cáceres