Bettý

de Arnaldur Indridason
(RBA Libros, Barcelona, 2017, 242 páginas)


El epígrafe del libro es una cita de El cartero siempre llama dos veces, de James M. Cain: “Aquel iba a ser un crimen tan miserable que ni siquiera podía llamarse así. Tan solo iba a ser un vulgar accidente de tráfico, con tipos borrachos, bebidas en el coche y demás.”

En cierta forma es un homenaje a esa obra maestra de la literatura policial por cuanto Bettý plantea un conflicto similar.

La novela está narrada por su protagonista y utiliza un vocabulario neutro que no puede menos que atribuirse a un hombre (“El orgasmo recorrió todo mi cuerpo como un millón de pequeñas y deliciosas descargas eléctricas y me desplomé sin fuerzas sobre la almohada.”). Esa primera persona desarrolla una historia ambigua que obliga a dudar sobre lo que está ocurriendo. Hasta que en la página 124 se revela que la bella y seductora Bettý está haciendo enloquecer a otra mujer, Sara, que es la protagonista Por ello, cuando se muestra su verdadera identidad, la historia cambia de sentido, hace un viraje, lo que en cine se denomina un plot-point. Y se blanquea que Bettý es bisexual y Sara lesbiana. Claro que también este giro puede interpretarse como un recurso literario poco legítimo, pues se mantuvo engañado al lector.

El relato de Sara es completamente introspectivo y desgarrador, ya que intenta descifrar su conflictiva personalidad. Hay una suerte de montaje paralelo entre el interrogatorio que sufre en prisión y los recuerdos de los siniestros senderos que la condujeron a ser acusada de un asesinato. Además, aunque el ritmo de la novela es moroso y pausado, el suspenso y el misterio son permanentes porque se va señalando que muchos hechos que se interpretaron de cierta manera, en realidad tenían otro sentido.

Lo que sí queda claro –hecho que también se ha comprobado con otros países nórdicos–es que Islandia no es ningún paraíso: poco abierto a la comunidad LGTBI, impera en su sociedad cierto machismo y la institución de la justicia se caracteriza por su arbitrariedad y corrupción.

La prosa de Indridason es sencilla, serena y de párrafos cortos. Excelente la traducción de Fabio Teixidó.

Arnaldur Indridason (Reikiavik, Islandia, 1961) es un autor consagrado de novelas negras. Las marismas (2000) recibió La Llave de Cristal a la mejor novela policíaca nórdica. Por esa especialidad, La voz (2002) ganó el Martin Beck Award, La mujer de verde (2001) el Gold Dagger y Pasaje de las sombras (2013) mereció el Premio RBA. Otras de sus obras son Operación Napoleón (1999), Invierno Ártico (2002) y El hombre del lago (2004).

Germán Cáceres