Aire para la radio

De a poco, pero a paso firme, continuamos trabajando en el estudio de nuestra futura radio.


Este lunes se instaló el equipo de aire acondicionado en el estudio. ¡Ya falta menos!


Cuadernos de Serafino Gubbio

Cuadernos de Serafino Gubbio operador, está considerada como una de las obras esenciales de Luigi Pirandello y, en particular desde los años 90, un sector importante de la crítica la considera su obra maestra. Serafino Gubbio, el protagonista narrador, articula a lo largo de la novela una reflexión acerca del hombre frente a la vida y a la modernidad, encarnada por el entonces incipiente maquinismo, frente al que Pirandello se subleva. Centrada en el mundo del cine, se trata de una novela filosófica, pero con trama y con sorprendente desenlace, y también de una rica novela psicológica. Walter Benjamin glosó y admiró esta obra maestra de la que destacó sus aplastantes intuiciones, algunas, tal vez involuntarias.


Leonardo Sciascia, escribió: “En una Europa tranquila, cómoda, apenas sacudida por escalofríos sociales, toda emocionada por descubrimientos arqueológicos y jubileos regios, Pirandello entrevé la feroz y grotesca máscara de un mundo convulsionado, enloquecido”. Toda esta apasionada sicilianidad da forma a una historia de desequilibrios internos y taras morales, así como del insalvable sometimiento a la máquina, un sometimiento al que no escapa el propio Serafino Gubbio, reducido a simple mano que hace girar el manubrio del dios devorador. Hoy la obra, la dramática y la narrativa, de Pirandello sigue siendo tan inquietante como entonces, pues la máquina engulle ahora más que nunca vidas y almas, constituida en nuevo dios al que se acercan en devota peregrinación hombres y mujeres cuyas máscaras ocultan tanto como muestran una conciencia infeliz. Y es posible que a la obra novelística de Pirandello, que salvo raras excepciones ha llamado la atención mucho menos que la dramática, le haya llegado por fin su momento, casi cien años después.

José Ramón Martín Largo

Juan Pablo Greco y Sonoro Rioplatense

El músico uruguayo regresa a nuestra Biblioteca con su propuesta de candombes y milongas, folklore urbano rioplatense. Será el sábado 3 de agosto a las 21:30 horas en Austria 2154. Bono contribución, $300.


Acompañarán a Greco en el "Sonoro rioplatense" Luis Ferreira en contrabajo, Miguel Ángel Figueroa en percusión, Sergio Falcón en percusión y recitado y Raúl Palladino en voz y percusión. Juan Pablo Greco en guitarra, arreglos y composición.

El encuentro se llevará a cabo el sábado 3 de agosto a las 21:30 horas en Austria 2154. Bono contribución $ 300. Para informes y reservas puede llamar al 4802-8211 o escribir a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

Juan Pablo Greco (guitarra, composición y arreglos) nació en Montevideo y adoptó la ciudadanía argentina. Ha realizado estudios de guitarra clásica y popular, con los maestros Tzvetan Sabev, Agustín Carlevaro y Alfredo Sadi, entre otros, perfeccionándose con los maestros Rodolfo Alchourrón y con el musicólogo y compositor Coriún Aharonián.Se especializó en el devenir musical del candombe en el Rio de la Plata, afirmando estudios con el músico y musicólogo Luis Ferreiro.

Realizó un libro con la investigación propia del candombe de Buenos Aires y un cuaderno llamado “El Candombe en la Guitarra".

Formó el “Quinteto Inmigrante”, compuso música original para obras de teatro y cine-video independiente, ha sido arreglador y músico de diversos interpretes del género, entre ellos, la fundamental artista Lágrima Rios.

Editó en CD Nacimientos con el “Juan Pablo Greco Quinteto”, y Sonoro, con composiciones propias y de otros autores. Para más información, www.juanpablogreco.com.ar

Una luna de libros

Hace 50 años el hombre llegaba por primera vez a la Luna. Mucho tiempo antes, lo hizo gracias a los libros y su imaginación.


Mrs. Dalloway

de Virginia Woolf
(El cuenco de plata, Buenos Aires, 2018, 224 páginas)


El cuenco de plata ha decidido publicar una nueva edición de esta novela.

En cuanto se la empieza a leer es imposible no sentir la invasión de una prosa prístina, cristalina y fresca, fruto de una ardua tarea de construcción, no obstante su aparente espontaneidad. Abunda en observaciones inteligentes, ágiles, de múltiples asociaciones y a través de párrafos extremadamente largos que irrumpen con audacia acrobática. La experiencia del lenguaje adquiere tanta importancia como la historia (“Tenía la perpetua sensación, mientras miraba los taxis, de estar afuera, lejos, muy lejos, mar adentro, y sola; siempre tenía la sensación de que era muy pero muy peligroso vivir, aunque solo fuera un día.”/” Le incomodaba, sin embargo, percibir a ese monstruo brutal moviéndose dentro de ella, oír el crujido de las ramas, sentir pezuñas hundiéndose en las profundidades del bosque tapizado de hojas, el alma;…”)

Y describe poéticamente, en un torrente de imágenes cegadoras, los pensamientos que repercuten en la interioridad de Clarissa Dalloway: “Era una revelación súbita, un matiz semejante a un rubor que al principio una intenta reprimir, aunque después cede a su expansión inexorable y corre hasta el límite más lejano…” Su escritura es un oleaje colmado de figuras retóricas, entre ellas la prosopopeya. Clarissa, centro neurálgico alrededor del cual giran los demás personajes y las descripciones de Londres, es una mujer mundana, culta y entregada a la frivolidad de la vida social. Sin embargo, es escéptica respecto al amor y opina que en esas reuniones tan cordiales y brillantes como envidiadas, los invitados y sus anfitriones no solo se aburrían olímpicamente sino que además se odiaban. Además, las esposas sometían sus vidas a los proyectos y ambiciones de sus maridos. Y denuncia las injusticias sociales y a las decantes clases media y alta londinenses.

En el transcurso de diálogos y soliloquios, se suceden temas como el paso del tiempo, la vejez, la pérdida del encanto juvenil, lo difícil que es vivir y nuestro final ineluctable, esa muerte tan temida y a la vez deseada por Mrs. Dalloway.

Escrita en los años veinte, la novela revela el respeto idólatra que el pueblo inglés sentía por la Corona.

Peter Walsh, que está enamorado de la protagonista, vive en un mundo imaginario, como si fuera un artista fabulador. Es sumamente inestable y tiende a la depresión. Pero sus destellos de lucidez le permiten elaborar pensamientos interesantes: “…ya que somos una raza condenada, encadenada a un barco que se hunde (…), ya que todo es una broma pesada, al menos hagamos nuestro papel a cualquier precio;…”

Septimus Warren Smith es otro personaje frustrado como Peter, que monologa continuamente y está perturbado por la angustia y las visiones que sufre. Su esposa Rezia lo acompaña con estoicismo, a la vez que proclama que “No se pueden traer niños a un mundo como este. No se puede perpetuar el sufrimiento, ni aumentar el número de estos animales lujuriosos que no tienen emociones duraderas, sino caprichos y vanidades que los arrastran en cualquier dirección.”

La traducción de Teresa Arijón y Bárbara Belloc es impecable, de excelsa calidad y revela profundos conocimientos tanto de la lengua inglesa como de la española. Valiosas sus notas que informan características de las calles y de los edificios importantes de Londres.

Virginia Woolf (Londres, 1882-Sussex, 1941), fue una gloria de la literatura británica. Formó parte del Círculo de Bloomsbury, integrado por personalidades como Roger Fry, John M. Keynes, Dora Carrington, E.M. Foster y Lytton Stracher. Sus principales novelas fueron Fin de viaje, Noche y día, El cuarto de Jacob, Al faro, Orlando, Las olas, Flush, Los años y Entreactos. Escribió su autobiografía en The Diary of Virginia Woolf (en cinco volúmenes) y la biografía Roger Fry. Como ensayista publicó The Common Reader, Una habitación propia, Tres guineas y La muerte de la polilla y otros escritos.

Germán Cáceres

El libro forma parte del catálogo de la Biblioteca. Siendo socio puede retirarlo para su lectura.

Seminario: Desarrollo de proyectos documentales para Cine y TV

El Lic. Andrés “Gato” Martínez Cantó dictará este seminario en nuestra Biblioteca, Austria 2154. Inscripciones abiertas, cupos reducidos. Comienza el 5 de agosto y se cursará durante ocho clases, lunes de 18 a 21 horas.



El seminario está dirigido a realizadores, productores, directores, guionistas y estudiantes de las carreras audiovisuales, que tengan y quieran desarrollar su proyecto documental audiovisual, y presentarlo a fondos de financiación, nacionales e internacionales.

Se cursará en 8 encuentros, los lunes de agosto y septiembre, de 18 a 21 horas, con una carga horaria efectiva de 24 horas de cursada. Comienza el lunes 5 de agosto.

Sobre el docente
Andrés “Gato” Martínez Cantó es Licenciado en Comunicación Social de la Universidad de Buenos Aires, en la orientación Políticas y Planificación. Fue jurado del comité de evaluación de proyectos documentales del Instituto Nacional de Cine, representando a Documentalistas de Argentina (DOCA), Jurado del Festival LatinArab (2015), y Jurado de la V Mostra de Curtmetratges per la Identitat (Barcelona - 2016).

Desde hace casi 20 años viene trabajando en la industria de los medios de comunicación. Trabajó en TV Abierta y Cable; en Cine Industrial e Independiente; en Publicidad Corporativa e Institucional; en Producción Radial; en Teatro Comercial y del circuito off; y en Periodismo Gráfico.

Entre sus trabajos como director y/o productor de documentales, cabe destacar las siguientes películas: “El Almafuerte” (2010), "Gené, en escena" (2010), “Nicaragua, sueño de una generación” (2012), "El objeto de mi amor" (2013), "Alunizar" (2014), "Las aspas del Molino" (2014), "La parte por el Todo" (2016), "El Kiosco" (2019), "Bailar la sangre" (2019), "Espejos Rotos" (2019) y "Los Indalos" (2019).

Como docente se desempeña en diferentes universidades argentinas (UCES, UBA, ENERC – CeFoPro y la USAM ). Actualmente es productor ejecutivo del estudio de comunicación integral SIGIL - Comunicación & Sociedad; y director ejecutivo de la productora PAIMUN CINE.

Más información y premios obtenidos: http://gatomartinezcanto.blogspot.com/

Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar o amartinezcanto@gmail.com.

Los grupos son reducidos, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller.

Infografía: Stan Lee

Texto: Pablo Eduardo García Peña
DG: Diego Hernández Plazas

Cómo cuidar el cerebro del niño y potenciarlo a través del juego

El sábado 10 de agosto de 9 a 12:30 horas en nuestra Biblioteca, Austria 2154, la Dra. Carina Castro Fumero y la Lic. Rita Marini brindarán este seminario destinado a profesionales de la educación, estudiantes avanzados de carreras docentes, profesionales y estudiantes avanzados de psicopedagogía, ciencias de la educación y carreras afines y a todo adulto que comparta su vida con un niño. Se entregará certificado de asistencia y material en PDF. Inscripciones abiertas.



La neurociencia nos confirma que los cimientos para la arquitectura del cerebro se fundan los primeros años de vida. Las investigaciones nos van revelando datos sorprendentes sobre el cerebro, su proceso de desarrollo y los factores que pueden influir en él. Así mismo vamos entendiendo como mediante una serie continua de interacciones dinámicas en las cuales las condiciones ambientales y las experiencias personales ejercen una influencia significativa en cómo se habrán de expresar las predisposiciones genéticas.

A su vez, el juego prevalece en la infancia, período en el que el cerebro se desarrolla más rápido, favoreciendo la creación de nuevas conexiones neuronales. El juego es importante para nuestro desarrollo biopsicosocial y supervivencia. Lo que se aprende a través del juego, luego lo podemos aplicar a otros contextos. El juego permite crear escenarios para las relaciones sociales y el aprendizaje, un formato de bajo riesgo para descubrir y desarrollar las habilidades y talentos.

El encuentro tiene como objetivo conocer estos factores y procesos, que interactúan de modo complejo para poder tomar mejores decisiones en el día a día y acompañarlos a través del juego, para generar un cambio y ayudar a los adultos del mañana a desarrollar su máximo potencial, logrando ver niños seguros, felices y con grandes habilidades emocionales e intelectuales.

Temario

  • Definir conceptos: Estimulación Temprana, estimulación Oportuna y sobreestimulación.
  • Comprender la importancia de estimular el cerebro en los primeros años de vida basándose en los 4 principales aportes del neurodesarrollo.
  • Entender como cuidar el cerebro del niño atendiendo las siete áreas que la investigación en neuropsicología ha confirmado.
  • Revelar por medio de actividades sencillas y cotidianas como potenciar el desarrollo cognitivo del niño.
  • Develar los descubrimientos de la neurociencia sobre el juego.
  • Conocer las diferentes etapas del desarrollo y como estas influyen en los tipos de juego.
  • Conocer el rol del adulto en el juego con niños.
  • Compartir diferentes juegos y propuestas lúdicas para aplicar en casa.

Dirigido a:

  • Profesionales de la educación: docentes, directivos de todas las áreas y niveles, estudiantes avanzados de carreras docentes.
  • Profesionales y estudiantes avanzados de psicopedagogía, ciencias de la educación y carreras afines.
  • A todo adulto que comparta su vida con un niño como, padre, madre, abuelo/as, tíos/as entre otros.

Fecha: 10 de agosto de 9 a 12,30 hs.

Modalidad: un encuentro presencial. SE ENTREGA CERTIFICADO DE ASISTENCIA y MATERIAL PDF.

Informes e Inscripción: contacto@atiraprenderjugando.com.ar

Profesionales que dictan el taller
DRA. CARINA CASTRO FUMERO
Magister en Neuropsicologia Clínica Pediatrica y madre de 2 niños.

Lic. en Psicología con tres maestrías en universidades en España, Argentina y Costa Rica, sub-especializándose, cada vez más, en neurodesarrollo. Lleva más de 15 años trabajando en el área de la salud mental de manera individual y en centros de intervención interdisciplinaria. Fundando Clínicas de atención integral y Empresas con el objetivo de informar y empoderar a todos los adultos que comparten su vida con chicos y quieren tomar mejores decisiones para potenciar sus capacidades y habilidades.

Autora del libro “¿Qué puedo hacer yo? Guía para entender, cuidar y potenciar el cerebro de los niños.

Creadora de “Bee Company”, empresa creada con el fin de informar y empoderar a todos los adultos que comparten su vida con un niño. Para que con mayor conciencia y conocimiento puedan tomar mejores decisiones y así ver crecer niños felices, seguros y exitosos.

LIC. RITA MARINI
Lic. en Psicopedagogía con posgrado en neuropsicología infantil del aprendizaje, en la universidad Favaloro. Diplomado en juego y Master en Gamificación y Luficicación en IEBS. Profesora de Enseñanza Primaria.

Creadora de “ATIR Aprender Jugando” empresa argentina que considera al juego como un valioso instrumento que potencia el desarrollo cognitivo, emocional y social motivando a niños, adolescentes y adultos a superarse y seguir aprendiendo.

Lleva más de 10 años desempeñándose en el ámbito educativo en los tres niveles ocupando diferentes roles como docente y psicopedagoga.

Ha participado como disertante en congresos de Argentina. Dicta talleres para padres y profesionales. 

Falleció el escritor italiano Andrea Camilleri a los 93 años de edad

El escritor siciliano es considerado uno de los máximos exponentes de la novela negra. Creador del Comisario Montalbano, es uno de los favoritos de nuestros lectores, y sus libros pueden encontrarse en el catálogo de la Biblioteca.


El escritor italiano Andrea Camilleri, uno de los máximos exponentes de la novela negra en el mundo, falleció hoy en el hospital romano del Santo Spirito a los 93 años de edad tras ser ingresado por un paro cardíaco, informaron fuentes médicas.

Camilleri (Porto Empedocle, 1925) fue ingresado en la mañana del pasado 17 de junio tras sufrir un paro cardíaco en su casa de Roma, por lo que tuvo que ser sometido a reanimación, y finalmente falleció hoy tras un mes ingresado.

Fuentes del departamento de sanidad de Roma comunicaron que la muerte se produjo a las 8.20 horas (6.20 GMT) después de que las condiciones siempre críticas de estos días empeorasen en las últimas horas, comprometiendo las funciones vitales.

Siguiendo las últimas voluntades de Camilleri, la familia ha decidido que se celebre un funeral privado, mientras que se anunciará donde poder rendirle un último homenaje.

El escritor siciliano es considerado uno de los máximos exponentes de la novela negra, sobre todo por su saga sobre el comisario Montalbano, que acumula una treintena de entregas desde 1994 con las que conquistó a millones de lectores en todo el mundo.

Ya en el primer parte tras su ingreso, el director del departamento de Cardiología, Roberto Ricci, había asegurado que las condiciones del paciente eran "críticas" y su pronóstico reservado.

La prensa se agolpa a las puertas del hospital mientras que en su interior le han acompañado en sus últimas horas sus familiares y llegados.

Camilleri nació el 6 de septiembre de 1925 en la localidad italiana de Porto Empedocle y en sus inicios comenzó a trabajar como director de teatro, aunque posteriormente se desempeñó adaptando obras literarias para la radio y la televisión.

En 1978 debutó en la narrativa con la publicación de su primera novela, Il corso delle cose, y el gran éxito le llega en 1994 a los setenta años con La forma dell'acqua, primera novela como protagonista del comisario Montalbano, que debe su nombre al escritor español Manuel Vázquez Montalbán.

A partir de ahí, Camilleri publica una larga serie de novelas policíacas, siempre con Montalbano como protagonista: El Perro De Terracota (1996), El Ladrón De Meriendas (1996), La Voz Del Violín (1997), La Excursión a Tindari (2000), El Olor De La Noche (2001), Un Giro Decisivo (2003), La Paciencia De La Araña (2004), El Primer Caso De Montalbano (2004) o Ardores De Agosto (2006).

Otros de sus títulos son: La luna De Papel (2007), La Muerte De Amalia Sacerdote (2008), Las Alas De La Esfinge (2009) o El Campo Del Alfarero (2010).

Recientemente ha publicado Il cuoco dell'Alcyon, actualmente a la cabeza de los libros más vendidos en Italia.

Camilleri fue ganador del prestigioso premio de novela negra Pepe Carvalho en 2014 en Barcelona.

Fuente: diario El País de Montevideo

Historia corta de Rafael Dieste: Acerca de la muerte de Bieito

En esta historia corta, Rafael Dieste consigue atraparnos desde el primer párrafo al compartir la duda del personaje narrador: ¿qué pasa si cuando estás portando el ataúd de un amigo sientes que está vivo? No estás seguro, pero así lo crees. Y en esa circunstancia, ¿qué hacer? ¿Decir alegremente “el pobre muerto no está tan muerto”, y arriesgarte a hacer el ridículo…?


Esta es otra narración breve sobre el tema de la muerte, en este caso hilada de tal forma que acabamos por solidarizarnos con el personaje-narrador, incapaz de tomar una decisión en el momento del entierro.

Rafael Dieste (1899-1981), miembro de la Generación del 27, escribió en gallego y en castellano cuentos y obras de teatro. Escribió también ensayos sobre teoría dramática. Está considerado, junto a autores como Valle-Inclán, uno de los renovadores del teatro de títeres en España.


Cuento de Rafael Dieste: Acerca de la muerte de Bieito

Fue cerca del camposanto cuando sentí removerse dentro de la caja al pobre Bieito. (De los cuatro portadores del ataúd yo era uno). ¿Lo sentí o fue aprensión mía? Entonces no podría asegurarlo. ¡Fue un rebullir tan suave!… Como la tenaz carcoma que roe, roe en la noche, roe desde entonces en mi magín enfervorizado aquel suave rebullir.

Pero es que yo, amigos míos, no estaba seguro, y por tanto –comprendedme, escuchadme–, por tanto no podía, no debía decir nada.

Imaginaos por un instante que yo hubiera dicho:

–Bieito está vivo.

Todas las cabezas de los viejos que portaban cirios se alzarían con un pasmado asombro. Todos los chiquillos que iban extendiendo la palma de la mano bajo el gotear de la cera, vendrían en remolino a mi alrededor. Se apiñarían las mujeres junto al ataúd. Resbalaría por todos los labios un murmullo sobrecogido, insólito:

–¡Bieito está vivo! ¡Bieito está vivo!…

Callaría el lamento de la madre y de las hermanas, y en seguida también, descompasándose, la circunspecta marcha que plañía en los bronces de la charanga. Y yo sería el gran revelador, el salvador, eje de todos los asombros y de todas las gratitudes. Y el sol en mi rostro cobraría una importancia imprevista.

¡Ah! ¿Y si entonces, al ser abierto el ataúd, mi sospecha resultara falsa? Todo aquel magno asombro se volvería inconmensurable y macabro ridículo. Toda la anhelante gratitud de la madre y de las hermanas, se convertiría en despecho. El martillo clavando de nuevo la caja tendría un son siniestro y único en la tarde atónita. ¿Comprendéis? Por eso no dije nada.

Hubo un instante en que por el rostro de uno de los compañeros de fúnebre carga pasé la leve insinuación de un sobresalto, como si él también estuviese sintiendo el tenue rebullir. Pero no fue más que un lampo. En seguida se serenó. Y no dije nada.

Hubo un instante en que casi me decido. Me dirigí al de mi lado y, encubriendo la pregunta en una sonrisa de humor, deslicé:

–¿Y si Bieito fuese vivo?

El otro rió pícaramente como quien dice: «Qué ocurrencias tenemos», y yo amplié adrede mi falsa sonrisa de broma.

También me encontré a punto de decirlo en el camposanto, cuando ya habíamos posado la caja y el cura rezongaba los réquiems.

«Cuando el cura acabe», pensé. Pero el cura terminó y la caja descendió al hoyo sin que yo pudiese decir nada.

Cuando el primer terrón de tierra, besado por un niño, golpeó dentro de la fosa contra las tablas del ataúd, me subieron hasta la garganta las palabras salvadoras… Estuvieron a punto de surgir. Pero entonces acudió nuevamente a mi imaginación la casi seguridad del horripilante ridículo, de la rabia de la familia defraudada si Bieito se encontraba muerto y bien muerto. Además de decirlo tan tarde acrecentaba el absurdo desorbitadamente. ¿Cómo justificar no haberlo dicho antes? ¡Ya sé, ya sé, siempre se puede uno explicar! ¡Sí, sí. sí, todo lo que queráis! Pues bien… ¿Y si hubiese muerto después, después de sentirlo yo remecerse, como quizá se pudiera adivinar por alguna señal? ¡Un crimen, sí, un crimen el haberme callado! Oíd ya el griterío de la gente…

–Pidió auxilio y no se lo dieron, desgraciado…

–Él sentía llorar, se quiso levantar, no pudo…

–Murió de espanto, le saltó el corazón al sentirse bajar a la sepultura.

–¡Ahí lo tenéis, con la cara torcida por el esfuerzo!

–¡Y ése que lo sabía, tan campante, ahí sonriendo como un payaso!

–¿Es tonto o qué?

Todo el día, amigos míos, anduve loco de remordimientos. Veía al pobre Bieito arañando las tablas en ese espanto absoluto, más allá de todo consuelo y de toda conformidad, de los enterrados en vida. Llegó a parecerme que todos leían en mis ojos adormilados y lejanos la obsesión del delito.

Y allá por la alta noche –no lo pude evitar– me fui camino del camposanto, con la solapa subida, al arrimo de los muros.

Llegué. El cerco por un lado era bajo: unas piedras mal puestas sujetas por hiedras y zarzas. Lo salté y fui derecho al lugar… Me eché en el suelo, arrimé la oreja, y pronto lo que oí me heló la sangre. En el seno de la tierra unas uñas desesperadas arañaban las tablas. ¿Arañaban? No sé, no sé. Allí cerca había una azada… Iba ya hacia ella cuando quedé perplejo. Por el camino que pasa junto al camposanto se sentían pasos y rumor de habla. Venía gente. Entonces sí que sería absurda, loca, mi presencia allí, a aquellas horas y con una azada en la mano.

¿Iba a decir que lo había dejado enterrar sabiendo que estaba vivo?

Y huí con la solapa subida, pegándome a los muros.

La luna era llena y los perros ladraban a lo lejos.

Los casos del comisario Croce

de Ricardo Piglia
(Anagrama, Buenos Aires, 2018, 192 páginas)


En «Liminar» es realmente inesperado el análisis que realiza Karl Marx acerca del delincuente como promotor de fuentes de trabajo y de aumento de la producción. Su nota termina así: “…a partir del momento en que el mal cesara, la sociedad decaería necesariamente, si es que no perece.”

El libro se compone de doce cuentos. El primero –«La música»– tiene el mérito de la totalidad del texto: una prosa llana que invita a leer. Trata del famoso “Caso Pesic”, y presenta un encuentro ficcional entre el marinero yugoslavo y el comisario Croce.

«La película» es imaginativa no solo en su costado narrativo, sino en las fuentes que se mencionan.

Son deslumbrantes las descripciones (“Su rostro parecía enrojecido por el fragor de una fragua exigida a pleno y sus pulmones se movían como un fuelle…”) Además, se enuncian proclamas incendiarias en “El Astrólogo” – el personaje de Roberto Arlt–, que Piglia incorpora a este cuento que lleva su nombre. Sabrosos los comentarios de Croce: “–Soy un simple comisario de pueblo, pero no se imagina las cosas que he visto (…) Hay que lidiar con el mal y con la estupidez ajena”.

El protagonista posee una visión peculiar del crimen, como lo expresa en «El jugador», estupendo cuento por su desarrollo y estructura, del cual el autor da como única referencia que “…proviene de una anotación de Chéjov…”

«La excepción» seguramente apasionará tanto a los escritores y gramáticos, como a los que consultan el diccionario y – ¿por qué no?– a los aficionados a las palabras cruzadas, dado que “Usó su técnica de asociar libremente y trató cada palabra como si encerrara una vía de escape de la cárcel del lenguaje”. En Los casos del comisario Croce, Piglia no deja de hacer citas y comentarios que revelan su impresionante cultura.

Suspenso y misterio a la vez ofrece «El impenetrable», auténtica joya literaria, cuya trama es recorrida por una atmósfera brumosa.

Amena e ingeniosa resulta «La señora X», así como sagaz «La promesa», que está basada en La leyenda de Tata Dios, una matanza xenófoba que ocurrió en Tandil, Pcia. de Buenos Aires, en enero de 1872.

En «La conferencia», se evoca una supuesta charla sobre el género policial dada por Borges en el pueblo donde vivía Croce, cuando éste era un joven pesquisa que no usaba uniforme. En ella Borges afirmaba que “Nos atraen por igual, debemos reconocerlo, el bien y el mal. Incluso, dicho en confianza y entre nosotros, más el atractivo pecado y el infierno que el pacífico paraíso y la monótona decencia”. Resulta jugosa la especulación que hacen Croce y Borges acerca de un crimen imaginario.

«El Tigre» es un anecdotario de las situaciones insólitas vividas por el comisario debido a su profesión.

Durante la lectura de «La resolución», un análisis deductivo propio del Sherlock Holmes de Conan Doyle produce en el lector un interés casi hipnótico.

Por su parte, «El método» señala, entre las curiosas sentencias de Croce, que “El destino verdadero de un kantiano es la escuela de policía”. El comisario cuenta con un razonamiento nebuloso que culmina en una luminosa intuición intelectual.

Ricardo Piglia (Adrogué, 1941-Buenos Aires, 2017) escribió Los casos del comisario Croce con una computadora ocular Tobii –sufría una esclerosis que lo inmovilizó– la cual según el autor “parece una máquina telépata”. Está considerado uno de los más brillantes escritores de la literatura actual en lengua española. Es responsable de cinco novelas: Respiración artificial, La ciudad ausente, Plata quemada, Blanco nocturno y El camino de Ida; los cuentos reunidos en Nombre falso, La invasión y Prisión perpetua. También de Formas breves, El último lector y Antología personal. Un trabajo autobiográfico de tres tomos lo componen Los diarios de Emilio Renzi. Recibió numerosos premios nacionales e internacionales, entre ellos el Planeta Argentina, el Internacional de Novela Dashiell Hammett, el Casa de las Américas de Narrativa y el Formentor de las Letras.

Germán Cáceres

Infografía: Gabriel García Márquez


Texto: Pablo Eduardo García Peña
DG: Diego Hernández Plazas

Taller de entrenamiento cognitivo y memoria

El 4 de julio comienza un nuevo taller en la Biblioteca: "Entrenamiento cognitivo y memoria", para prevenir, estimular y entretenerse. Dictado por la profesora Susana Gherbesi, será los jueves de 16:30 a 18 horas en Austria 2154. Para inscribirse, llame al 4802-8211 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar. Los cupos son limitados, y los socios de la Biblioteca cuentan con aranceles especiales.


El taller se propone como un espacio grupal donde se ejercitan las distintas funciones cerebrales: atención, concentración, lenguaje, cálculo, orientación tempo-espacial, pensamiento lógico, distintos tipos de memoria.

A través de ejercicios, juegos, cuentos, láminas, mandalas, técnicas y recursos para mejorar la memoria.

Un encuentro semanal, el primero sin cargo. Se entrega material para el curso.

Dictado por la profesora Susana Gherbesi, técnica en Estimulación Cognitiva y en Recreación.

Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

Los grupos son reducidos, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller.

Joao Gilberto (El hombre que canta en silencio)

A los 88 años, este sábado 6 de julio murió Joao Gilberto en Río de Janeiro. Creó un ritmo nuevo, la bossa nova, que terminó convirtiendo símbolo de un país. Lo recordamos en este artículo de la serie "Aproximación a la bossa nova" que Guillermo Fuentes Rey escribió para nuestra página.
Joao Gilberto Prado Pereira de Oliveira, nacido en Juazeiro, Bahía, el 10 de junio de 1931, era un cantante y guitarrista excéntrico, retraído, a veces de muy mal carácter, que molestaba a muchos y era aceptado por algunos. Sin éxito había intentado insertarse en los circuitos musicales brasileños como solista y cuando participó del grupo vocal Garotos da Lua lo echaron por rebelde.
Después de su participación en dos bandas de Cançao de Amor Demais, algunos amigos se movieron para que él pudiera grabar. Superando la resistencia de no pocos empresarios, Gilberto llegó a los estudios de la Odeón y finalmente, después de muchas tomas, grabó, el 10 de julio de 1958, un 78 RPM con Chega de saudade (que ya había grabado Elizete) y Bim Bom, un tema que le pertenecía. Antonio Carlos Jobim fue el responsable de los arreglos.
Como escribió el crítico e historiador Ruy Castro, Chega de saudade fue un minuto y cincuenta y nueve segundos de música que cambiaron el mundo. Con la guitarra, Gilberto alteraba el ritmo tradicional del samba y lo convertía, con una nueva división, con una nueva batida, en algo absolutamente distinto. Su canto parecía disociado de la música, iba en otra dirección. Además cantaba sin notas sostenidas innecesariamente, sin alardes vocales, siempre baixinho. La emisión vocal era nasal; la emoción contenida; el estilo cool; la afinación perfecta.

Ruy Castro opinó también que Joao Gilberto -a diferencia de los modelos importados de la actualidad- buscó en el propio Brasil las raíces de su creación. Esa creación fue de inmediato entendida por los compositores que lo rodeaban (con Jobim a la cabeza), quienes trasladaron la batida de la guitarra a las nuevas músicas que empezaron a escribir. “Aún aquellos que ya conocían los modernos conceptos musicales de Jobim, sufrieron un impacto y esos conceptos modernos pasaron a ser antiguos. El nuevo jeito para cantar y tocar la guitarra de Gilberto asombraron a todo el mundo. Con el tiempo se comprobó que ningún otro disco brasileño tendría la importancia y trascendencia de Chega de saudade y despertaría en miles de jóvenes el deseo de cantar o tocar un instrumento, especialmente la guitarra”, agrega Ruy Castro.
En este punto me permito una opinión absolutamente personal y que, tal vez, pueda despertar opiniones encontradas: el 10 de julio de 1958, al grabar su versión de Chega de saudade, Joao Gilberto concretó lo que hasta entonces se insinuaba, fue el agente catalizador que transformó la música brasileña y que con su batida diferente en la guitarra y su fraseo vocal creó la Bossa Nova.
Hacia fines de 1958 la Bossa Nova se imponía en San Pablo y Río de Janeiro. El 10 de noviembre Gilberto registró otro himno del movimiento: Desafinado, de Tom Jobim y Newton Mendonça donde, por primera vez, se utilizó en la letra el término bossa nova.
En enero de 1959, con producción de Aloysio de Oliveira y siempre con Jobim a cargo de la orquesta, Gilberto comenzó a grabar su primer Long Play que llevaría por título, como no podía ser de otra manera, Chega de saudade. Entre los 12 temas que incluye esa joya de la música del mundo, hay muy viejas canciones de Ary Barroso, Dorival Caymmi y Marino Pinto y Ze da Silva (A los pies de la cruz) que, al pasar por el tamiz del genio bahiano, sonaban modernas.
Quiero recordar que dos o tres años antes de la explosión bossanovística, Joao Gilberto, afectado por la incomprensión de un medio donde no lograba insertarse, se exilió en Diamantina, Minas Gerais. Allí se encerró en la casa de su hermana y empezó a trabajar en su estilo. Obsesivo, perfeccionista, maniático de la música (como lo sigue siendo en la actualidad, claro), Gilberto eligió el baño de la casa como el lugar ideal para sus estudios porque la acústica de ese ámbito le permitía escuchar y escucharse mejor. Allí comenzó a cantar baixinho -bajito-, sin vibrato, adelantando o atrasando, creando sus propios tiempos. Cambió la manera de emitir, usando más la nariz que la boca. Volcó en su estilo lo que tenía en su memoria musical perfecta: la enunciación natural de sus ídolos Orlando Silva (un excepcional cantante brasileño muy popular en los 30 y 40) y Frank Sinatra, el tono y la respiración de Dick Farney, el timbre del trombón de Frank Rosolino (gran instrumentista del jazz de la Costa Oeste norteamericana que descolló en la orquesta de Stan Kenton), los modos de Joe Mooney (acordeonista y cantante estadounidense) y Jonas Silva (otro clásico cantante del Brasil), la división de Lucio Alves, la síncopa de Johnny Alf y de Joao Donato (acordeonista y pianista brasileño que poco después de la aparición de la Bossa Nova partió a los Estados Unidos donde concretó una gran carrera) y aprendió también a usar la voz para alterar o completar la armonía de la guitarra. Fue entonces en Diamantina, alejado del mundo (como, por otro lado, siempre le gustó vivir) donde Gilberto se convirtió como ya he dicho, en el agente catalizador capaz de acelerar una reacción. Esa reacción estalló el 10 de julio de 1958 y se llamó Bossa Nova. Joao Gilberto la gestó durante su ostracismoen Diamantina.
Así como Joao Gilberto es la voz y la guitarra de la Bossa, Antonio Carlos Jobim y Vinicius de Moraes son sus compositores esenciales. De ellos nos vamos a ocupar en la próxima entrega de esta serie.
Guillermo Fuentes Rey

La radio toma forma

Esta semana que terminó, luego de finalizar los trabajos de electricidad, se colocaron las mesas y llegaron los primeros equipos que serán parte de nuestra radio. ¡Alegría en el aire!




El hombre que se esfumó

de Maj Sjöwall y Per Wahlöö
(RBA Libros, Barcelona, 2016, 240 páginas)


Si bien esta novela fue publicada originalmente en 1966, ahora apareció una nueva edición con una excelente traducción del sueco a cargo de Enrique de Obregón.

Este es el segundo título de una serie de diez que protagonizó el inspector Martin Beck, de la Brigada Nacional de Homicidios de Estocolmo. Escritos por la pareja Sjöwal y Wahlöö, llevan vendidos en el mundo –según el folleto que acompaña al libro– cincuenta millones de ejemplares. La primera novela, Roseanna, se publicó en 1965 y RBA Libros quiso celebrar los cincuenta años del nacimiento de la colección editándola completa en castellano. O sea que estos dos escritores nórdicos –aunque varios de sus libros ya circularon en la Argentina hace muchos años – en la actualidad podrán llegar a ser tan conocidos como otros talentos del género policial de ese origen: Henning Mankel, Stieg Larsson, Jo Nesbø, Arnaldur Indridason, Ǻsa Larsson y Camilla Lackberg, entre otros.

La prosa es notable por las descripciones de personajes, vestimentas, interiores y paisajes, destacándose el primer capítulo que refiere con minuciosos detalles la escena de un crimen.

La lectura de El hombre que se esfumó atrae desde el principio porque narra con fluidez sucesos que se desarrollan sin solución de continuidad. Se vale bastante de la elipsis como estrategia literaria y emplea imágenes sencillas pero logradas (“El Danubio discurría ante él con curso pausado y regular, de norte a sur, no muy azul, pero sí amplio y majestuoso, muy bello.”) Martín Beck figura omnipresente en todo el libro para investigar la extraña desaparición de un destacado periodista sueco cerca de Hungría (en ese entonces país comunista). En su visita a Budapest, el inspector deja claro que no comparte la ideología del régimen, pero se abstiene de realizar comentarios antisoviéticos.

Aunque la narración se puede enrolar dentro de la novela negra, exhibe algunos rasgos propios del género clásico o de enigma. Martin Beck – que no realiza introspecciones al estilo del Kurt Wallander de Mankel– elabora razonamientos concluyentes y los desparrama a lo largo del texto, pero al lector le resulta muy difícil –o imposible– sacar conclusiones. Cada final de capítulo crea suspenso porque aparece la posibilidad de una pista. Y a lo largo de la historia van surgiendo incógnitas que abren nuevos rumbos a la misma, de modo que incita a leer rápido, literalmente tragando las palabras.

En un artículo sobre el aporte al género de Maj Sjöwall (Estocolmo, 1935) y Per Wahlöö (Gotemburgo, 1926-Malmö, 1975) –quienes recibieron numerosos y prestigiosos premios internacionales–, el escritor Lee Child se encarga de destacar que crearon la novela de procedimiento (o sea, el trabajo en equipo de una comisaría). Solo resta esperar la aparición de la totalidad de la colección –llamada «La escena de un crimen»– para disfrutar de un obra fundamental de la literatura policial contemporánea, como sostuvo Andrea Camilleri.

Germán Cáceres

Infografía: Pablo Milanés


Texto: Pablo Eduardo García Peña
DG: Diego Hernández Plazas

¡Hágase la luz!

Porque la radio también se ve, estamos terminando los trabajos de electricidad e iluminación en el futuro estudio en la Biblioteca. Seguí el avance de las obras.


 


Todo está en los detalles

Avanza la nueva radio de la Biblioteca.


La historia de la biblioteca que se transformó en un equipo de fútbol

"La biblioteca que migró al fútbol" forma parte del libro de crónicas de Juan Mascardi Ni tan héroes, ni tan locos, ni tan solitarios. Aquí, una historia tan inverosímil como encantadora.


Los ex jugadores se disfrazan de jugadores. El ropaje es anacrónico. Camiseta mitad amarilla y mitad roja cruzada en diagonal, pantalones a discreción, pompones en las medias, zapatillas para algunos, para otros botines usados. Se reencuentran y se cambian en un vestuario ajeno. Dos décadas después pretenden entonar los viejos cánticos. Desafinan con el ritmo de Sobreviviendo del cantautor Víctor Heredia. Le cambian la letra:

Tomamos vino puro en damajuana
y los boludos dicen que es marihuana…

Luego, el anti-insulto, la canción que desconcertaba a los rivales.

Ay qué ordinarios
son los contrarios
ellos tocan el bombo con la manguera,
eso a nosotros si nos desespera

Salen a la cancha. Hay menos de veinte simpatizantes desperdigados en las gradas de madera y cuatro banderas: ‘Enamórese’, ‘La vida ataca a los molinos’, ‘San Eduardo contigo puedo’ y ‘Tristeza aquí no entrás’. El viejo director técnico Dionisio Rubio, un ex comisario que abandonó la Policía de Santa Fe por no aceptar las órdenes criminales que emitía la cúpula de la fuerza durante la dictadura de Jorge Rafael Videla, habla. Les habla.

“Hoy es un día histórico para el fútbol. Esto es muy hermoso porque nos volvemos a encontrar después de veinte años. Ustedes fueron verdaderos cracks, jugadores que convocaban hinchas de otros clubes que venían a verlos”.

Dionisio se agacha y abre una canasta.

“Nuestro símbolo de paz y libertad fue la paloma”.

En efecto, la casaca alternativa de la Biblioteca Ameghino era blanca, lisa con una paloma en el pecho. De la canasta salen un puñado de aves. La escena es surrealista. Los pájaros vuelan. Los jugadores aplauden. El DT vestido de DT continúa con el simulacro y da una brevísima charla técnica. Nosotros tratamos de grabar con tres cámaras la mayor cantidad de detalles, gestos y sonidos. Somos los responsables del disfraz. Deseamos contar la historia de la biblioteca transformada en equipo de fútbol y sugerimos una consigna casi como una exigencia: si el equipo se reencuentra deben jugar vestidos de jugadores. En la propuesta decimos “vestidos”, jamás “disfrazados”. El simulacro crece, los actores actúan y se apropian de su pasado.


De pompones y relax

Los ex jugadores no pueden meterle un gol al equipo juvenil del club Jorge Newbery de la Liga de Venado Tuerto. La ficción propuesta para el documental es un fiasco. Los ex jugadores se cansan a los quince minutos. Los partenaires no se dejan ganar y meten un golazo. Nadie entiende nada. Dionisio se exalta. Sobre el final, Lalo Pieroni, el volante derecho devenido en psicólogo aprovecha un rebote en el travesaño y la mete con el arco libre. El partido termina 1 a 1. Nosotros tenemos algunos inserts de apoyo para ‘vestir’ las entrevistas. Yo me quedo con ganas de entrar a la cancha, como lo hizo cierta vez el escritor Osvaldo Soriano.

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Un hombre medio gordo, medio pelado, medio canoso, medio tímido, medio petiso pregunta:

—Disculpen, ¿esta es la Biblioteca Ameghino?

Un grupo de directivos, hinchas y lectores, en su mayoría jóvenes recién salidos de la escuela secundaria, hacen lo de siempre: juegan al truco, pintan paredes, recauchutan libros, diseñan acciones, debaten ideas, componen canciones. Están en el hall de la Biblioteca Florentino Ameghino de Venado Tuerto, el espacio que literalmente tomaron en 1984 cuando la reapertura democrática dejó de ser una promesa. Están en una ciudad ubicada en plena Pampa Húmeda, en el centro del polo agroexportador más importante de Argentina. Están en el sur de la provincia que tiene forma de bota: Santa Fe. Están tan concentrados en lo que están haciendo que responden automáticamente: “sí, ésta es la Biblioteca Ameghino”.

—Yo soy Osvaldo Soriano, hoy tengo que dar una conferencia.

Los muchachos no reconocen al escritor sin rostro, al columnista sin foto. Los jóvenes que siempre devoraban las contratapas del innovador diario Página 12 jamás habían leído un libro de Soriano. El autor de las novelas Triste, solitario y final y No habrá más pena ni olvido había regresado a la Argentina luego de un prolongado exilio en Bélgica y se acercó a esa particular experiencia cultural que mezclaba literatura con fair play. Se quedó en la ciudad todo el fin de semana. “Hubo una amistad con Osvaldo hasta el día de su muerte”, recuerda Pablo Sevilla, bibliotecario y dirigente futbolístico en la Biblioteca Florentino Ameghino. “Él era un intelectual que amaba el fútbol”.

Soriano no fue el único escritor que recorrió los 370 kilómetros por la ruta nacional 8 para llegar a Venado Tuerto. Desde Buenos Aires, otros intelectuales hicieron el mismo camino: Tomás Abraham, Beatriz Sarlo y Juan Carlos Portantiero, entre otros. Y, desde Uruguay, llegaron Eduardo Galeano y Mario Benedetti.

“El fútbol tiene la significación de una guerra sin muertos, pero con conflicto. Con drama, reflexión e ironía. Y amalgama a la familia, cosa que no consigue la política”. Así, el Gordo Soriano, definía su pasión, su eterno amor de infancia. Porque Soriano es, ante todo, futbolista. El narrador que hasta los 20 años jugó de centrodelantero en las áridas tierras australes, el autor que imaginó al hijo de Butch Cassidy como árbitro en un partido de fútbol en la Patagonia, fue uno de los pocos intelectuales que traspasó el espacio de los libros para cumplir un deseo: salir a la cancha junto a esa infrecuente formación donde el arquero vestía un buzo que emulaba un frac y los jugadores portaban bermudas a cuadros como un mantel.

—Fue en un partido en Murphy —dice Pablo Sevilla—. A mí me tocaba, de algún modo, cuidarlo. Soriano salió a la cancha con el plantel.

El equipo posa para la foto. El Gordo está de pie en el margen izquierdo abrazado al capitán Marcelo Sevilla y al arquero Marcelo Dabove, de frac, vincha y sonrisas. Minutos antes de comenzar el partido, Pablo, el dirigente, se acerca hasta el escritor porque lo nota conmovido, excitado.

—¿Te pasa algo, Osvaldo?
—Daría todos los libros que escribí en mi vida por volver a jugar al fútbol.

El día que Soriano salió junto al equipo de Venado Tuerto

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El perfil del DT es desconcertante. Dionisio Rubio quiebra el estereotipo del policía duro y se autoproclama como guía, es el camino de acceso para contar la historia. El hombre al frente de la dirección técnica de un equipo rebelde, con ideas que marchaban a contramano de los estándares conservadores de la época, transformó su propio pasado. La Biblio fue la experiencia que le permitió canjear las miserias humanas que vio en la fuerza del orden por el andar displicente y aventurado de un equipo de fútbol. Rubio se pregunta por qué los jueces no renunciaron a sus cargos durante la dictadura si no había Justicia. Él lo hizo, su enroque fue menos balas y más goles.

Un mes antes del partido simulado lo convocamos a una reunión de producción. El objetivo: que Rubio convoque uno por uno a los integrantes del equipo para un partido de reencuentro. Dioni tiene los números de varios de sus exdirigidos prolijamente anotados en una agenda de cuero. Disca, tono, hablan. Algunos se sorprenden por la comunicación telefónica, otros aseguran que aún poseen los pantalones a rayas multicolores. La mayoría se compromete para el partido. Nosotros grabamos las llamadas.

“Goles de la campaña 87-88” dice en la portada de un CD. Dionisio posee un archivo fotográfico cronológico, impecable, detallado. Hay afiches, artículos con análisis que hablan de la cultura y del fútbol y postales. Él puede reconstruir los pasos del equipo como si tuviera las figuritas difíciles de un álbum deportivo de moda. El CD gira en off. El relator vuelve a detallar gambetas y goles. Dionisio escucha en trance. El reencuentro ya está organizado.

Antes de irse, advierte: “Me gustaría hacer una suelta de palomas”.

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Pablo Sevilla está sentado en el patio interno de la Biblioteca junto al poeta Walter Abaca, uno de los empedernidos hinchas que durmió al calor de una estufa varias madrugadas en este mismo lugar. “Dormíamos acá, nos tapábamos con las banderas”, recuerda el poeta. Pero el impulso de los muchachos de la Biblio tiene su génesis durante la oscuridad de la dictadura.

—En Venado Tuerto también hubo desaparecidos políticos, faltaban, pero nadie preguntaba por ellos — dice el bibliotecario.

En 1981, dos años antes de la caída de los militares, nace el Grupo Luz. Pablo, de 17 años por aquella época, rememora una acción concreta que considera un punto de quiebre: la convocatoria a una muestra de arte “sin censura” en la plaza. La campaña de difusión fue de altura: colgaron carteles en postes del tendido eléctrico a varios metros de la superficie, muy altos, para que la policía no pudiera alcanzarlos. El lema fue: “Estamos vivos, luz y entremos a la plaza”. El primer acto fue en octubre de ese año. Asistieron seis mil personas en una ciudad que hoy tiene más de cien mil habitantes. La gente comenzó a entrecruzarse, a intercambiar ideas, a reconocerse, a aparecer. “Vivir en esa época fue terrible, penosa, porque a pesar de mi edad yo era muy consciente de los que ocurría en el país”.

Llevamos casi dos horas de grabación con Pablo Sevilla. Es la tercera entrevista que le hacemos. Ya estuvimos en la plaza de Venado Tuerto y en el patio de la biblioteca asediándolo. Ahora, que estamos entre libros, le pregunto cómo llegó la idea del balompié.

—Eso fue surgiendo entre el límite permitido, en el filo de la navaja. La idea original de la Biblio eran los libros y que la gente se acercara a los libros. Luego, pensamos que el fútbol también podía sumar. Después de un mes de asados nos preguntamos por qué no jugar en la Liga Venadense. El fútbol y la biblioteca forman parte de la cultura de la gente, no tienen que estar separados.

Los jóvenes no entendían por qué a las bibliotecas se las asociaba con una atmósfera de solemnidad. El devenir se fue dando instintivamente. Una de las primeras ideas del grupo fue pintar el frente de la Biblioteca con un estilo psicodélico, multicolor, para que los estudiantes que aún usaban pantalones grises y corbatas azules no tuvieran miedo de ingresar. También escribieron poemas en las paredes y sacaron las mesas y los libros a la calle. Dicen que todo lo hacían con felicidad, que no era un trabajo común: dormían, se levantaban, tomaban mate y seguían trabajando. Era algo que les pertenecía y aún hoy les pertenece. Para Pablo, el hombre, el legado de la Biblio “es la experiencia misma”. Haber participado de aquella experiencia.

Así pintaron el frente de la Biblio de Venado Tuerto

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Para un argentino el asado es una misa pagana. No es solo el arte de la cocción de los distintos cortes de la vaca en una parrilla desgrasándose al calor de las brasas. Es un encuentro interminable que puede dividirse en etapas: selección de la carne, encendido de la fogata, ritual del vino tinto, comunión alrededor de fuego, degustación del manjar y extensa sobremesa. En algunos de los cientos de asados en la Biblioteca se empezó a gestar la idea de armar un equipo de fútbol y afiliarlo a una de las ligas más voluminosas de Latinoamérica: 30 equipos divididos en dos categorías. Los futbolistas coinciden: las grandes ideas se gestaron en un asado.

A media cuadra del epicentro ideológico había una carnicería que les proveía la materia prima para las ideas. Su dueño, un tal Mussini: tano temperamental que poco a poco fue seducido por la bohemia y el buen juego. Marcelo Sevilla, poeta, actor, exquisito volante central y capitán del equipo, recuerda que el carnicero no solo les fiaba sino también los atendía en horarios atípicos: “Le caíamos a las tres de la mañana, nos abría el local y nos daba la carne”.

Más allá de la seducción y más acá del temperamento, el poeta Abaca todavía tiembla cuando rememora la persecución de madrugada del tano que lo corrió cuchilla en mano, en calzoncillos y en cuero por la impertinencia del horario para adquirir una tira de asado. No obstante, Mussini entendió que con la puesta en escena de una acción de pura emoción violenta no iba a conseguir el dinero adeudado y cambió la estrategia. Cierta mañana irrumpió en la Biblioteca, quebrando la calma y la serenidad de los lectores.

Gritó: “¡Todos estos libros son míos!”.

Para apaciguar la ansiedad, los asadores le canjearon el trofeo de un campeonato oficial por un par de kilos de carne. El tano lo exhibió durante tres semanas entre las achuras y los chorizos.

En una sociedad de doctrina fabril, donde el trabajo es la automatización de las tareas, los muchachos de la Biblio construyeron en las extensas pausas de una democracia en pañales sus más brillantes ideas. Una tarde, en el patio de la Biblioteca se toparon con una pelota que formaba parte de la utilería de una obra de teatro infantil y se pusieron a jugar. Era verano y en las ciudades argentinas se suelen promover campeonatos estivales donde los amateurs pueden cumplir el sueño de sus vidas. ¿Y si nos anotamos en el torneo? Ese hecho fue el puntapié inicial para dar un paso más: afiliar una Biblioteca en una liga de la Asociación del Fútbol Argentino.

La filosofía del grupo era dedicarle tiempo completo al proyecto. “Era la vida cotidiana vivida de manera grupal, interactuada y siempre pensando en alternativas”. Marcelo Sevilla sostiene que las cosas ocurrieron gracias al contacto entre la gente. Aquellas personas que estuvieron recluidas en sus propios hogares durante los seis años de una dictadura sangrienta se empezaron a mezclar. “Se arrimó mucha gente y de todas las edades. Se organizaron peñas, se imprimieron revistas. Fue una experiencia colectiva y cultural. Pensábamos en cómo vivir siendo felices todo el día y no de a ratos”.

Los hechos sucedían en simultáneo: el fútbol, las peñas, los bailes, los libros, las charlas. Todo desbordaba y estaban enloquecidos, era la vida misma la que les iba poniendo leyes en la boca. Ante tanto desparpajo la sociedad los tildó de vagos, hippies y faloperos. Cómo podía ser que esos jóvenes estuvieran de asado en asado todas las noches y que se pusieran a bailar en la vereda a cualquier hora.

No sólo los intelectuales: La Mona Jiménez y el cuarteto en la Biblio

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Dionisio Rubio llega con una pata de ternera. Hay panes saborizados, salsa criolla, chimichurri, mayonesa, kétchup y cuchillos. Una versión posmoderna del asado, una especie de fast food cárnico de moda donde se va derecho al grano: cortar, embadurnar y deglutir. Si bien no hay ritual, a nosotros nos permite recrear un encuentro dos décadas después según nuestras propias necesidades audiovisuales. Los exjugadores, exdirectivos, y exsimpatizantes están amontonados en el quincho del club Jorge Newbery, el equipo más ganador de toda la historia de la Liga de Venado, plantel que ahora dirige Marcelo Sevilla. Como en un reencuentro de graduados de la escuela secundaria la evocación del pasado está en la esencia pero aquí no hay una parodia del pasado sino la puesta en palabras de una experiencia fundante.

En el libro de Matías Bauso Dirigentes, Decencia y Wines sobre la obra periodística de antológico periodista deportivo Dante Panzeri se analiza la denominada ‘Máquina de River’ de los años ’40. Dice Panzeri: “El fútbol jamás podrá ser trabajo, puesto que es artesanía del atrevimiento, no del cálculo”(1). La Máquina fue un equipo multicampeón e innovador por la colaboración y el despliegue donde “todos suben, todos bajan, unos entran y otros salen”. El excomisario admira profundamente las ideas de Adolfo Pedernera y de aquel equipo de River. Él aplicó ese estilo cuatro décadas después.

—El crack no es un jugador individual sino el equipo en su conjunto. En mi equipo no hay enganches ni jugadores encumbrados, tienen que laburar todos— dice Rubio.

La rigidez y la estampa de Rubio contrastaban con la desfachatez de los jugadores que se disfrazaban como payasos pero jugaban seriamente. En el almuerzo ya no lo tratan de “usted”: pasó mucho tiempo y los players no son tan jóvenes. Dionisio, no obstante, es una especie de tutor, de formador. Muchos de ellos siendo niños jugaron en las divisiones inferiores de Centenario, equipo que el policía dirigía en sus ratos libres. Dionisio imponía algunas reglas: no matar pajaritos con gomeras, mostrar el boletín de calificaciones de la escuela.

Algunos exjugadores aún están transpirados. Casi ninguno se saca la casaca amarilla y roja que emula el equilibrio del yin y el yan. Comen y se ríen en clave irónica. Yo los veo como figuritas, esas figuritas redondas que venían en plano medio para completar los álbumes de los años felices. Las limitaciones del documental televisivo reduce la historia en tiempo y espacio y convierte a los personajes en bustos parlantes: son figuritas que hablan.

“Jugar nos producía alegría”, dice el Gringo Bianco, un 9 rubio, grandote y corpulento al estilo Batistuta de la primera época. Omar Panza Majul, odontólogo, volante y goleador recuerda que no fueron pocos los que “se arrimaron a jugar al fútbol y terminaron leyendo una poesía”. Julio Cinquepalmi, plomero y gasista, es el más viejo y el que aún conserva la fibra del deporte en su físico. Con más de 50 años aún hoy sigue jugando. Era el 10 del equipo, un jugador rentado que optó por resignar cobrar suculentos sueldos para sumarse “a pulmón” a la Biblio. La historia dice que cuando jugó en las inferiores de Argentinos Juniors el mismísimo Diego Maradona fue suplente suyo. “Dejábamos a la vista del espectador lindas jugadas, un fútbol vistoso”.

El fútbol de la Biblio era solidario y colaborativo. Un centrodelantero podía bajar y sumarse en la defensa como así también un marcador central tenía la libertad de permitirse un lujo. “Intentábamos practicar un fútbol armonioso y alegre”, dice Dionisio, que entregaba un meticuloso informe por escrito a cada jugador y otro colectivo luego de cada partido.

El Newell´s campeón de Yudica también se enfrentó a la Biblio

El extravagante equipo jugaba de local en San Eduardo, a 17 kilómetros de Venado Tuerto, una localidad olvidada por la cartografía mundial. La única forma de llegar al pueblo es por un camino de tierra. Aún hoy, los días de lluvia, el paraje queda incomunicado. Cuando llegó la Biblio, los pobladores inmediatamente se apropiaron del equipo. Los jugadores eran una especie de “estrellas” y Dionisio reformulaba las reglas de la infancia: les tenía prohibido sobrepasarse con las mujeres de allí.

La mesa se hace larga e intensa como en las reuniones familiares de fin de año. La acumulación de una anécdota sobre otra hace que la reconstrucción histórica sea fragmentada, subjetiva, imposible. Ya tenemos casi diez horas de material para un documental de 26 minutos.

Algo extraño le ocurrió a otro equipo el año de la afiliación de la Biblio en la Liga. El plantel completo de Centenario quedó en libertad de acción por un error administrativo y como los jugadores no tenían en dónde jugar varios se sumaron al proyecto cultural-deportivo. Eso le dio volumen y dimensión al sueño que se gestó al calor de los asados. Luego aparece Dionisio, el DT de la infancia, el policía romántico, el amante de Pedernera.

Los integrantes del proyecto aceptaron al azar como aliado. El primer partido oficial de la Biblio se jugó un mes después de lo previsto. Esto hizo que se incrementaran los gastos y con la recaudación de las entradas era imposible sanear la deuda con el banco. El mismo domingo, luego del match, la comisión directiva se reunió y decidieron por unanimidad apostar el dinero que disponían en el casino para poder cancelar la deuda. La comisión lo dejó registrado en un acta y Pablo Sevilla, junto a otros integrantes, viajaron hasta Corral de Bustos, una localidad en el sur de la provincia de Córdoba. Fue un viaje relámpago. En 15 minutos de ruleta ya habían ganado el dinero que necesitaban.

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Un partido decisivo frente a uno de los equipos más poderosos de la Liga fue en Firmat. El relator de la radio de la ciudad vecina buscaba definiciones. En la previa criticó duramente a los jugadores de la Biblio por su aspecto desalineado y por comer junto a los hinchas unos pollos a la parrilla debajo de una arboleda. Durante el match, el equipo jugó su mejor juego y ganó. Al finalizar el encuentro el relator concluyó: “Serán lo que serán pero juegan bien”.

La televisión se empecina en montar acciones efímeras. Un highlight que justifique la emoción o la sensiblería inmediata condensada en un par de segundos. La escenificación del partido simulado fue la excusa del encuentro. El audiovisual posee enormes ventajas narrativas como así también limitaciones de lenguaje. Los relatos se encarcelan en encuadres, el montaje reduce y condensa sin piedad una década de pura vida, el flash-back viene a nosotros, la historia no viaja al pasado sino el pasado se reactualiza. El disfraz de jugador no es ridículo, los jugadores de la Biblio se vistieron de ellos mismos en el presente y al igual que Osvaldo Soriano volvieron a salir a la cancha un tiempo después.

Las canciones de Joan Manuel Serrat y Silvio Rodríguez en las tribunas, las banderas como consignas de defensa extrema a la vida, las flores repartidas en el día de la madre, los pompones multicolores en las medias, las pantalones a cuadros y los aplausos a los goles exquisitos de los adversarios son sólo detalles decorativos de un proyecto pleno. El bicampeonato 1987-1988 de la Liga Venadense de Fútbol es la expresión máxima sobre cómo se puede sostener con alegría y desparpajo un plan con argumentos, con amor, con dedicación.

Eduardo Galeano dejó su estampa en la Biblio

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La sobremesa se extiende. Yo me retiro unos metros más allá del quincho y le pregunto a Marcelo Sevilla qué es la utopía.

—Es el horizonte que no se alcanza nunca. Es ese lugar de luz que uno quiere llegar. La utopía es el presente.

No es nostalgia por lo que fue y no volvió a ser. No es tristeza por el alejamiento de un pasado que puede tironear con la potencia de una cinchada sostenida por recuerdos precisos. No es la remembranza teñida de humor, chanzas, amagues, asados, libros y goles que crece mientras más se alejan de un tiempo que ya pasó. Tal vez sea un poco de todo. O tal vez sean la desmemoria y el olvido los antídotos que les permiten a los jugadores avanzar en otros roles, en otros puestos, en otras funciones donde ellos mismos son sus propios directores técnicos. El devenir como potrero plagado de banderas, canciones y tribunas que siempre acompañaron en paralelo los nuevos caminos, los asientos contables, los divanes, los remedios, los caños de termofusión, otros bancos de suplentes. Si la utopía es el presente, la utopía ya pasó.

“A la juventud se la entiende recordando cómo éramos nosotros. Y el fútbol es primero quehacer de jóvenes, luego de maduros”, Dante Panzeri escribe sobre los protagonistas admirados por Dionisio: ‘La Máquina de River’, las estrellas que revolucionaron el fútbol. El modelo que el viejo DT pudo plasmar en la Biblio reactualizando las ideas del team de los’40 en una liga de campo. Dionisio fue actor de un engranaje híbrido, interpretó la esencia y dejó que las cosas sucedan dando lugar al imprevisto, a esa desmesura juvenil de un grupo de pibes que primero vivían, después jugaban. Siempre vivían.

Además de la fiesta jugaban bien: el equipo campeón de la Liga Venadense

El libro se presentó en Plataforma Lavardén de Rosario. Junto a Juan Mascardi estuvo el escrito Javier Núñez quien definió a las crónicas del libro como "una celebración de las cosas simples que valen la pena". Luego agregó: "Como si se empeñara en rescatar eso que otros no ven —o no les resulta digno de ser mirado—; aquello que no cabe en otros formatos o que resulta limitado por la tiranía de la inmediatez de la noticia. Mascardi busca, indaga, explora". 

Juan Mascardi
Rosario Plus