Proyectemos un mejor 2021

Se va el año que nadie quiso, que no olvidaremos, pero no querremos repetir. Le decimos chau, y con fuerza intentaremos dar vuelta la página de esta novela de pandemia para proyectar juntos, en esa película que imaginamos mejor, un 2021 diferente. 

Que el año próximo sea próspero, o al menos haga el esfuerzo por superar al que se va, que no será poco. 

Con los mejores deseos de parte de todos los que componemos el Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte.

Todas las críticas de Germán Cáceres

Aquí, todos reunidos, los accesos directos a las reseñas literarias de Germán Cáceres, publicadas a lo largo de 2020 en nuestra página.

Puede leer la entrevista de Gustavo Bernstein a Germán Cáceres, a raíz de la publicación de su libro Por amor al crimen.

Además, recordamos que este año Cáceres fue ganador de la convocatoria "Novela juvenil 2020" realizada por Editorial Qilqana de Lima con la novela Pesadilla galáctica.

Por último, a raíz del centenario de Ray Bradbury, la Feria del Libro publicó esta foto de su visita a nuestro país junto al escritor.

Los 80 de Atilio

Primer Presidente de nuestra Biblioteca Popular, hoy cumple 80 años Atilio Orsi y queríamos compartirlo con nuestros socios y amigos de la casa.

Presidente en dos períodos entre 2005 y 2009, y miembro de la Comisión Directiva desde la fundación del Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte, Atilio Orsi fue -con el impulso de Norberto La Porta- el alma máter de que la vieja casona socialista de la calle Austria abriera nuevamente las puertas y recobrara el lustre de antaño

Hoy, 26 de diciembre de un año particular, lo encuentra celebrando sus primeros 80 años en plena actividad, rodeado de sus seres queridos y siendo parte fundamental del engranaje de nuestra casa. ¡Felicidades, Atilio!

Vindicación de Galileo

En el siglo XVII Galileo Galilei fue obligado por la Inquisición del Santo Oficio a retractarse de sus teorías astronómicas bajo amenaza de ser ejecutado.


Los verdugos oscurantistas amparados en el uso discrecional de sus dogmas y del poder obligaron a este hombre a renegar de las conclusiones a las que había llegado mediante investigaciones basadas en la física y la matemática.

Galileo construyó el telescopio con el que observaba el cosmos, el universo estelar, planetas y estrellas.

La cuestión es que sostener el movimiento de los planetas era cuestionar el orden despótico y estático fundado en las jerarquías dinásticas monárquicas y hasta la infalibilidad de los jerarcas clericales.

Aún con sus métodos aberrantes los inquisidores no lograron impedir la evolución de los estudios sobre el cosmos y su continuidad en el devenir de los siglos.

En la obra de teatral de Bertolt Brecht dedicada a Galileo el dramaturgo pone en boca del científico una frase inolvidable: “dentro de algún tiempo se hablará de los astros hasta en los mercados”.

Durante estos días el eclipse solar y la conjunción de dos planetas han sido noticia expandida en la sociedad. 

Galileo merece ser reivindicado por lucidez, tenacidad y audacia sus verdugos solo una nota al pie lamentable en el registro de la historia.

Carlos A. Solero
Martes 22 de diciembre de 2020

Nunca quemes las cartas de amor

Larsen fue un voluntarioso editor de suplementos luego de haber sido un periodista de batalla, pero su vocación secreta e indisimulada era el montañismo. Tenía cuarenta años, un gran estado atlético y mucha atención femenina.



Fernández, sin embargo, no le conocía ningún affaire en la redacción, y aunque no eran grandes amigos, llevaban a cabo rituales amistosos de mutua intensidad. Les tocaba irse de vacaciones más o menos para las mismas fechas.

Larsen dedicaba siempre los primeros días a algún arriesgado escalamiento, y el resto, a su esposa y a sus tres hijas. Se había hecho rutina que tomaran, para despedirse, una cerveza en la barra del bar de la esquina.

A manera de cábala, Larsen decía al chocar las copas: “Si me pasa algo, si me quedo congelado allá arriba, si me caigo desde una roca y me quiebro el pescuezo, vos violentás el cajón de mi escritorio y quemás todo, Fernández. No dejás rastro de nada. Quemás todo”.

Fernández se lo prometió la última vez y se tomó un avión a Córdoba.

Cinco días después se enteró de que Larsen había muerto en Mendoza sin el menor esfuerzo: el día previo a la expedición, fumándose una pipa frente a una chimenea de leños, le dio un infarto masivo y murió al instante.

Consternado por la noticia y apremiado por la situación, Fernández llamó desde La Cumbrecita a sus compañeros para que abrieran el cajón del escritorio y despedazaran su contenido.

Pero ya era tarde: después del sepelio le habían enviado a la viuda una encomienda con todas las pertenencias del finado.

Lleno de remordimientos, Fernández dejó un mensaje de condolencias en el teléfono de la mujer y regresó en silencio a Buenos Aires.

No supo nada de ella hasta once meses más tarde, cuando la viuda lo llamó para pedirle un favor y quedaron en tomar un café.

Se citaron un martes lluvioso, y ella se sentó en el mismo taburete en el que se sentaba Larsen a ver llover desde la barra. Era una cuarentona fibrosa y rubia, que fumaba cigarrillos negros y que tenía una mirada verde y lúcida.

Se llamaba Mónica. En diez minutos se sacó de encima el trámite y las palabras de circunstancia, y fue directo al grano.

-¿Larsen te habló de Silvia? -le preguntó clavándole los ojos. Ante terceros, Mónica no nombraba a su esposo por su nombre, sino por su apellido, y eso a Fernández siempre le había causado gracia. Pero esa tarde no se la causaba.

-¿Quién es Silvia? -repreguntó sin sentirse culpable ni mentiroso. Nunca Larsen le había hablado de Silvia ni de ninguna mujer en especial. Habían elogiado, como hacen todos, los accidentes geográficos de algunas compañeras de trabajo, pero la cosa nunca había pasado de ese deporte masculino que las mujeres también frecuentan aunque con mayor malicia.
-Silvia era la amante de Larsen -dijo la viuda sin pestañear-. En ese cajón tenía trescientas cartas de amor y un pañuelo perfumado.

-No te puedo creer -dijo Fernández, y ahora sí se sintió un miserable. Trató de arreglarla y la empeoró. -¿Un pañuelo perfumado? Qué cursi.

-No lo puedo ver de la misma manera -dijo Mónica lenta y gravemente, y tomó un sorbo de su capuchino-. Me parece algo muy romántico.

-¡Y trescientas cartas! -replicó Fernández sin escucharla, a ciento veinte pulsaciones por minuto-. Cuánta paciencia y cuánta literatura desperdiciada.

-¿Podemos hablar en serio? -lo cortó. Fernández cerró la boca. Mónica apagó el cigarrillo mirando la calle y habló con otro tono, habló en serio. -Esos trescientos e-mails me aliviaron el dolor.

El odio lo tapa todo. No sabés cómo lo odié durante esos días. Le deseaba la muerte. Pero ya estaba muerto, y lamentaba que hubiera sido tan fácil, que no hubiera sufrido nada.

Me sentí mal por esos pensamientos, y lo extrañaba, y no le perdonaba que se hubiera muerto y que me hubiera traicionado con otra, y andaba llorando por los rincones de rabia y de pena. Todo como en una licuadora.

Hizo otra pausa tabacal y tomó de un trago el vaso de agua helada. Luego exhaló una larga bocanada de humo que se pareció mucho a un suspiro, y siguió adelante:

-Pero esas cartas me tenían agarrada del cuello. Volvía a ellas una y otra vez. Las leía de adelante para atrás y de atrás para adelante. Estuve varias veces a punto de tirarlas a la basura.

Una noche, cuando oí desde la cama que venía el camión recolector, salí en corpiño y bombacha a la calle para rescatarlas de la bolsa de residuos.

¡Estaba loca con esas cartas! Hasta que después de leerlas diez veces, las leí por primera vez.

Me acuerdo de que fue una mañana de sábado, las nenas estaban en el club y el jardinero hacía un poco de ruido afuera. Me senté en la cocina con una taza de té y empecé a leerlas sin dolor.

Fernández pidió un jugo de naranja para salir del paso. La esposa de Larsen tenía la vista perdida. Fernández, en ese momento de miedo glacial, la valoró mejor: era una mujer sensual y valiente.

-Trescientos e-mails de ida y de vuelta -dijo ella sin tragar saliva-. Una especie de diario erótico. Comenzó hace tres años y con el correr del tiempo se fue haciendo más espeso. Al principio, hablaban de desesperación por verse y tocarse, después empezaron a hablar de amor y de irse a vivir juntos.

De repente Mónica movió la cabeza y sonrió con amargura. -Se lo notaba tan feliz a Larsen, vos vieras. Era de nuevo aquel adolescente que noviaba conmigo. Te juro que esa mañana, mientras leía y se me helaba el té, además de bronca le tuve una especie… No sé, una especie de envidia. Esa pasión del comienzo no se vuelve a tener nunca más.

Una moza le trajo a Fernández el jugo. Mónica tenía los ojos brillantes.

-Pero lo más importante no estaba en esas primeras cartas, sino más adelante, cuando la cosa se alargaba y Larsen no podía tomar una decisión. Silvia es fonoaudióloga, ¿te conté? Sí, una chica separada que se había enamorado de mi marido. Pero el tipo, créeme, el tipo no hacía más que escribirle sobre mí. Largos textos contando lo grandiosa que yo era, lo que había hecho por él y lo que hicimos aquel fin de semana y el anterior. Y Silvia, que es inteligente, le llevaba la corriente. Y hubo un momento en el que sólo se escribían para elogiarme, como si fueran mis dos jefes de prensa.

Mónica se empezó a reír y Fernández temió que se pusiera a llorar, pero en el último escalón de la carcajada ella se enderezó y le dijo:

-Conseguí su dirección y estuve varias semanas pensando en ir a verla, en pasarle por encima con la camioneta. Pero lo único que hice fue mandarle un correo electrónico: “Sé quién sos. Quiero que nos veamos cara a cara”.

-Te lo respondió al toque.

-Tardó diez días en atreverse a responderme. Nos citamos en El Querandí. Ella podía reconocerme fácilmente: Larsen le daba fotos mías para que viera lo bien que me conservaba.

-¿Cómo era Silvia? -se atrevió Fernández, protegido por el jugo.

-¿Cómo era Silvia? -repitió y se encogió de hombros-. Una cuarentona bien conservada. Otra viuda.

-¿Y qué pasó?

-Hablamos horas y horas. Nos levantábamos de vez en cuando para ir a llorar al baño y volvíamos a trenzarnos. Nunca pudimos levantar la voz. En realidad, no discutíamos. Sólo hablábamos de Larsen. Lo insultábamos y lo adorábamos. Así, sin solución de continuidad. Al final, cuando ya estábamos pagando la cuenta y nos habíamos pasado todas las facturas, le devolví su pañuelo. Ella se lo quedó mirando y después me dijo: “A vos, Larsen te rompió el corazón una vez; a mí, me lo rompió diez veces. Vos eras la montaña más alta, y allá arriba vivían solamente ustedes dos. Y yo, por más que escalaba y escalaba, nunca pude llegar. Nunca”. Cuando salí del café no sentía tristeza, ni bronca, ni frío, ni calor. Estaba limpia. Por primera vez en tanto tiempo estaba limpia, Fernández.

-¿Por qué me contás todo esto?

-Silvia me dijo que Larsen te consideraba su único amigo verdadero y que tenías la misión de quemar todo si a él le pasaba algo. -Afuera había dejado de llover. Mónica recogió su cartera para irse. -Te agradezco mucho que hayas llegado tarde.

Jorge Fernández Díaz

Beethoven 250

Un día como hoy de 1770 nacía en Bonn Ludwig van Beethoven, por lo que el mundo celebra hoy los 250 años del genio musical. 


Alemán de nacimiento pero vienés por elección, se cree que Beethoven nació un 16 de diciembre de 1770 porque fue bautizado en la catedral de Bonn el 17 de diciembre. Más allá del detalle, el compositor de Para Elisa vivió en la capital austríaca desde los 22 años, tras conocer a Mozart a los 16, y vivió allí hasta su muerte, 34 años después.

En Viena compuso sus obras más famosas, entre ellas la Novena sinfonía, que finalizó y dirigió completamente sordo, que convirtió a la Oda a la Alegría en un himno europeo. Tal fue la magnitud de su fama que se estima que a su funeral acudieron 20.000 personas.

Para recordarlo, y pese a la pandemia, en todo el mundo se realizan homenajes y distintas actividades, presenciales y en línea. Acá publicamos una curiosa versión que ilustra la Quinta sinfonía.


Cerramos

Desde este viernes 18 de diciembre la Biblioteca permanecerá cerrada hasta nuevo aviso, y ya no recibiremos ni estaremos entregando libros en préstamo. El jueves 17, de 15 a 18, será nuestro último día de atención al público. 

Este jueves será nuestro último día del año abiertos a la atención al público. En medio de la pandemia que nos obligó a cerrar las puertas a mediados de marzo, la Biblioteca pudo reabrir conforme a los protocolos recién a principios de noviembre, solamente para la recepción y devolución de libros, sin que estuvieran autorizadas las actividades culturales y pedagógicas. 

Ahora llega el tiempo de bajar la persiana por el receso estival habitual, más allá de que la página seguirá publicando con normalidad, a la espera de poder reabrir en 2021 siguiendo nuevamente el devenir de las medidas gubernamentales y protocolares de prevención del Covid-19. 

Breve historia


Todo transcurre en sólo seis días.

Dentro de dos semanas ella cumplirá catorce años; se ven por primera vez; se enamoran; se encuentran a escondidas; se casan secretamente; consuman el matrimonio y luego, el veneno y la tragedia.

Sólo seis días… en apenas dos horas desde hace cuatro siglos.

Luis Alposta
Poeta y escritor argentino

Araca corazón callate un poco

por Enrique Butti
(Editorial Palabra Brava, Santa Fe, 2020, 232 páginas)


El título del libro refiere unos versos de Alberto Vaccarezza. La bella y poética fotografía de la tapa pertenece a Marcela Rodríguez. 

La novela consta de dos partes y un epílogo e impresiona desde su comienzo por sus párrafos largos bien construidos, sin dubitaciones. Su prosa es elegante y clara (“Pero antes o después comienza a hablar y con esa lengua que tenemos todos empieza a decir lo que nadie sabe decir de esa manera, con esa voz, con los brazos aleteando.”). Hay muchas citas de escritores y artistas, que demuestran la cultura del autor. 

Cada capítulo funciona como si aportara un episodio distinto sobre la historia principal dando la sensación de que se está ante un libro de cuentos. 

Una narradora transmite información sobre las aventuras amorosas de un tal Marzolini, que mantiene con ella un diálogo evidentemente erótico, aunque nunca se traduce en hechos. Además, ella discute con él sobre la verosimilitud de los sucesos que comenta porque los atribuye a una suerte de alucinaciones. La relatora afirma con ironía: “… ahí caigo: el verdadero asunto no es con la Flaçon, ni con el loco que la busca, ni con la neonata, sino con los piquitos que intercambiaba con las dos hermanas mosquitas muertas”. Además, las anécdotas que cuenta el excéntrico Marzolini nunca las termina, no llegan a un final. Es como si las interrumpiera por la mitad. Son historias disparatas, que bien podrían participar del espíritu del nonsense

Uno de los temas que domina la primera parte (son dos y un apéndice), adquiriendo hegemonía en la segunda, es hallar a la misteriosa e irresistible Margarita Flaçon, de la que un desconocido queda prendado y persigue a Marzolini porque sospecha que éste sabe cómo encontrarla. 

También hay una insólita historia sobre una posada enorme, una suerte de palacio lleno de meandros y pasadizos. Allí se hospeda un hermético pintor que desaparece misteriosamente. Y ya el texto maximiza las situaciones absurdas, y se colma de nuevos y extravagantes personajes. La desmesurada pensión adquiere ribetes de un auténtico laberinto kafkiano. 

Enrique Butti (Santa Fe, 1949) es un escritor prolífico al que se deben novelas, cuentos, obras de teatro, ensayos, literatura infantil y poemas Ha obtenido varios premios en nuestro país y en el exterior. 

Germán Cáceres

“Lorca” de Tim Buckley

El autor entendió en gran medida cómo se escucha la literatura de su homenajeado y pone aquí un deliberado caudal de sonidos, lenguajes, trinos, crujidos, capaz de abarcarlo todo, aunque elija no hacerlo.



Mezcla de jazz, avant-garde y folk, "Lorca", de Tim Buckley, usa un estilo descriptivo abstracto, evitando narrativas directas y temas de canciones estándar, intentando ser un reflejo de la poesía de Federico García Lorca, que Buckley y el guitarrista Lee Underwood estaban leyendo en ese momento.

La canción abre y da título al álbum homónimo de 1970, al que su autor describió como un disco que, "hasta el día de hoy, no se puede poner en una fiesta sin detener las cosas; no encaja".

La dicha de vivir, de Leopoldo Lugones


Poco antes de la oración del huerto, un hombre tristísimo que había ido a ver a Jesús conversaba con Felipe, mientras concluía de orar el Maestro.

–Yo soy el resucitado de Naim –dijo el hombre–. Antes de mi muerte, me regocijaba con el vino, holgaba con las mujeres, festejaba con mis amigos, prodigaba joyas y me recreaba en la música. Hijo único, la fortuna de mi madre viuda era mía tan solo. Ahora nada de eso puedo; mi vida es un páramo. ¿A qué debo atribuirlo?

–Es que cuando el Maestro resucita a alguno, asume todos sus pecados -respondió el Apóstol-. Es como si aquél volviera a nacer en la pureza del párvulo…

–Así lo creía y por eso vengo.

–¿Qué podrías pedirle, habiéndote devuelto la vida?

–Que me devuelva mis pecados –suspiró el hombre.

Leopoldo Lugones

Imagen: "La Oración en el Huerto", de Luis de Morales (Museo del Prado, Madrid)

Expiación

por Ian McEwan
(Anagrama/Compacto 50, Barcelona, 2019, 440 páginas)


McEwan luce su brillante estilo literario por un amplio vocabulario que le permite concretar descripciones increíbles en su precisión y belleza: o sea, en un orfebre de la palabra. A la apreciación de semejante esplendor contribuye la excelente traducción de Jaime Zulaika, un auténtico trabajo profesional. (“Al atardecer, nubes altas en el cielo del oeste formaron una fina capa amarrilla que se fue adensando según avanzaba la hora y luego se espesó, hasta que su fulgor filtrado de color naranja se cernió sobre las frondas gigantescas de los árboles del parque; las hojas se tornaron de un tono pardo de almendra,…”). 

Trata sobre la familia Tallis (compuesta por el matrimonio y sus tres hijos: Cecilia, Briony y León) que un día de 1935 recibe en su residencia la visita de tres sobrinos y de un amigo de León. Completan los personajes la criada, su hijo Robbie, y la sirvienta de la casa. 

La hija menor, Briony, la protagonista, al comienzo es una chica de unos diez años, que, sin embargo, no vive del todo en la realidad porque está acosada por fantasías interiores. Asimismo, McEwan bucea en los demás personajes, revela que también sufren perturbaciones psicológicas y describe con maestría el acercamiento sexual entre Cecilia y Robbie. 

La versación del autor es impresionante, una verdadera enciclopedia sobre grandes escritores (especialmente ingleses) y de citas de historia. 

McEwan no deja procedimiento narrativo sin emplear para enriquecer su escritura. Como Patrick Modiano, numerosas escenas no se describen totalmente sino que solo se brindan ciertos datos y el lector se entera de lo que sucedió a medida que el texto avanza. 

A Briony, Cecilia y Robbie los acosa un hecho innoble ocurrido en aquella visita, el que termina por destrozar sus vidas. Sin embargo, abrigan esperanzas sobre un futuro venturoso, mientras se van sumergiendo en un presente que los humilla y degrada. Robbie debe padecer los horrores de la retirada de Dunkerque durante la Segunda Guerra Mundial, mientras Cecilia lo espera angustiada para concretar su demorado amor. En tanto, Briony está estudiando enfermería en un hospital dirigido por monjas, que, pese a su autoritarismo y el atraso de su metodología, atiende a los heridos y moribundos que llegan de Dunkerque. 

El epílogo de esta gran novela es amargo y melancólico; en definitiva, Expiación es una tristísima historia de amor. En los agradecimiento hay un reconocimiento especial a Lucila Andrews por su libro No Time for Romance, en el cual se inspiró el autor. 

Ian McEwan (Inglaterra, Reino Unido, 1948) es uno de los más reconocidos escritores británicos de la actualidad. Es autor de varias novelas, entre ellas: Los perros negros, Amor perdurable, Sábado y Ámsterdam (que recibió el premio Booker), y de la colección de relatos Primer amor, últimos ritos, por la cual obtuvo el premio Somerset Maugham. 

Germán Cáceres 

Este libro forma parte del catálogo de la BibliotecaSiendo socio puede retirarlo para su lectura.

"Fiesta de la lectura" en el Malba

El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires organiza el próximo sábado 5 de diciembre, de forma on line, la 12ª edición de la "Fiesta de la lectura", encuentro de primavera.



En tiempos de distanciamiento social, preventivo, obligatorio, la Fiesta de la lectura de primavera de Malba Literatura tendrá formato virtual. Esta edición propone centrarse en los géneros de la intimidad, la carta y el diario personal, materiales que muchos críticos han designado bajo el nombre de “escrituras ordinarias”. 

Desde Kafka, Katherine Mansfield, Julio Ramón Ribeyro y Gombrowicz a Bioy Casares y Alejandra Pizarnik, los diarios personales componen piezas escritas de gran profundidad y economía literaria. A través de conversaciones en vivo, conferencias y talleres esta Fiesta de la lectura propone un acercamiento a distintos tipos de composiciones autobiográficas y herramientas para reflexionar entorno a la escritura, como práctica central de la vida de autores profesionales y no profesionales , y al objeto libro, uno de sus repositorios mejor conocidos, en un diálogo ancestral que nunca se detiene.

Todas las actividades son gratuitas, y los talleres requieren inscripción previa.

El programa es el siguiente:

10:30: Ilustración en proceso. Papeles Fútiles. Por Diego Bianki

11:00 :Taller de lectura y creación para niños por Vaivén de recuerdos. Por Greta Gamondes.

14:00: Narración para niños. Lo que escuchó un pajaritoPor Iris Rivera y Claudia Degliuomini.

15:00: Taller. Escritura oulipiana. Por Eduardo Berti.

16:00: Conferencia. Materialidades híbridas del libro. Por Amaranth Borsuk (EEUU)

17:00: Conferencia. Escritos, manuscritos y archivos. Una historia en acto. Por Philippe Artières

18:00: Diálogo. (Re)leer a Borges en tiempos de big data. Por Walter Sosa Escudero y Diego Golombek

19:00: Recomendaciones. Diarios personales. Qué leerPor Salvador Biedma

20:00: Audiovisual. Correspondencias imaginarias. Por Martín Caamaño y Pilar Condomí
Participan: Katia Szechtman, María Ezquiaga, Lucas Martí y DJ Migma.