Sábado función

Este sábado los esperamos nuevamente a las 21 horas para una nueva función de la primera obra del Teatro de Cámara de la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte: "El próximo domingo", protagonizada por su autora Mónica Ogando y Jorge Incorvaia.



"El próximo domingo" 
Dramaturgia: Mónica Ogando
Actuación y co-dirección Mónica Ogando - Jorge Incorvaia

Mención V Concurso Nacional de Teatro de Humor Biblioteca Hueney 2008.

Premio Poder Popular Ministerio de Cultura - Mención teatro 2009 - por obra integrante del proyecto Padre-Obras José / Teatro San Martín de Caracas.

Padre e hija intentan reinventar un vínculo quebradizo.

Entre ellos las palabras se suceden inconexas y todo intento de acercamiento se torna inalcanzable.
¿Es posible un reencuentro más allá del lenguaje?
Entre el humor despiadado y un clima intimista, esta pieza invita a reflexionar  acerca de la compleja trama de los vínculos filiales.

Funciones: sábados - hora 21, en Austria 2154.

Bono contribución $300. Promoción 2x1.

Infografía: Leonardo Favio

Texto: Pablo Eduardo García Peña
DG: Diego Hernández Plazas

Coro 2019

En junio retomará el taller de Coro con preparación vocal, a cargo de las profesoras Inés Maurel y Alejandra Varela. Será todos los viernes a las 18:30 horas, en Austria 2154. Para inscribirse, llame al 4802-8211 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar. Los cupos son limitados, y los socios de la Biblioteca cuentan con aranceles especiales.


Las profesoras Inés Maurel y Alejandra Varela brindan nociones de técnica vocal, respiración, vocalización y repertorio adaptado en el taller de Coro que comenzará el viernes 3 de mayo, todos los viernes a las 18:30 horas.

Inés Maurel estudió canto en el Conservatorio Nacional de Música CARLOS LOPEZ BUCHARDO, el Conservatorio Municipal MANUEL DE FALLA y el Instituto Superior de Arte del TEATRO COLÓN.

Técnica Vocal con las profesoras Marta Benegas, Carmela Giuliano, Isabel Rodríguez, Nilda Hoffman y el Maestro Armando Miotto.

Repertorio con los Maestros Dante Ranieri, Gianni Rinaldi, Hugo Charpentier, Jorge Ugartamendía, Rubén Castagnetto, Armando Marrazzo, Marina Ruiz y las profesoras Lidia De La Merced, Madalit Lamazares y Sofía de Rey.

Realizó estudios en música Argentina y Latinoamericana, piano y técnicas teatrales. Canta en castellano, italiano, francés, portugués y alemán.

Ha realizado conciertos de Música de Cámara, Opera y Zarzuela. Recibió el premio “Joyas de España”, Medalla de Oro del Honorable Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires.

La pianista Alejandra Varela participó del acto de Homenaje a los Desaparecidos Españoles en la Argentina que se realizó en nuestra Biblioteca en 2017.



Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

Los grupos son reducidos, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller.

La confusa semántica del miedo

Alfonso Castelao decía que los ricos duermen mal, en continuo sobresalto por el miedo a ser desposeídos de sus bienes. Los pobres, al parecer, reposan mejor, tal vez ayudados por el cansancio físico y la ausencia de otros desasosiegos que no sean los de la cotidiana subsistencia. Asimismo, los poderosos le tienen más miedo a la muerte que el vulgo; y, aunque la religión les promete también la vida eterna, puesto que la misericordia de Dios es infinita, siguen prefiriendo –por ahora- las bondades del reino de este mundo y se resisten a morir. Un ejemplo, patético y desesperado, es el de Walt Disney, que hizo congelar su cuerpo ante la posibilidad de que la ciencia llegara a descubrir las claves para vencer a la terrífica Parca. Previó, a un altísimo costo, su posible resurrección, en cuerpo y alma, aun cuando nadie sabe si ésta resiste el hielo del frigorífico o si vuela presurosa hacia otras dimensiones.


Las continuas amenazas que ven cernirse sobre ellos quienes disfrutan privilegios de poder, rango, clase o fortuna, en la forma de atentados, reales o imaginarios, sobre sus propiedades y bienes, que constituyen su valor supremo, por encima del derecho a la vida proclamado más como paliativo casuístico que ético, les llevan a construir, además de sus propias fortificaciones, alarmas, seguros y defensas de toda especie, una particular semántica, la del miedo, pródiga de contradicciones y adjetivos hiperbólicos.

El lenguaje nos otorga esa herramienta de exageración, como recurso de cautela ante el peligro. Así, la destrucción de una vidriera comercial en una marcha de protesta será calificada, no de simple delito, sino de acto “vandálico”, “anarquista” o aun “terrorista”. Pero las palabras poseen su propia sabiduría expresiva, su equilibrio de conjugaciones, una suerte de recelo o conciencia reprobadora ante los excesos; de ahí que ciertas afirmaciones o sentencias cargadas de matices alarmantes o terroríficos o pavorosos, caigan en el pleonasmo o en la hipérbole, produciendo, a la postre, el resultado opuesto a su intención originaria.

Una de esas palabras, repetidas y manoseadas en su constante aplicación a diversos hechos, situaciones y actos, es el concepto “terrorista”, para definir a cualquier individuo que ejecute acciones fuera del marco de la ley y del orden público, entendido este como la barrera protectora que aísla y guarda mi mundo íntimo de las agresiones de ese enemigo que siempre es el “otro”, según Borges.

Esta palabra, de suyo inquietante, posee connotaciones políticas y emocionales, por lo que su continuo uso y aplicación está casi siempre en entredicho. Por otra parte, los matices y singularidades en cada contexto de aplicación, exigen un riguroso tratamiento o uso adecuado del concepto, para no caer en inmediato descrédito.

Dostoyevski, en su célebre novela Los Endemoniados –(algunos traducen Los Demonios, aunque no es equivalente estar endemoniado que ser directamente vástago de Lucifer)-, el atormentado narrador ruso describe el comportamiento de un puñado de individuos que llevan a cabo actos de terror en contra del poder de la autocracia zarista, en nombre de valores como libertad, justicia e igualdad. No son revolucionarios, en el sentido épico o justiciero, sino desnudos nihilistas, descreídos de la divinidad, de la moral imperante y de todo lo que les rodea; una suerte de suicidas que no creen ni en ellos mismos, ni menos en una posible trascendencia; muy diferentes a esos que llamamos “terroristas islámicos”, que al parecer están muy convencidos de su carácter de “mártires de Alá”, seguros de que su proceder les llevará enseguida a disfrutar las delicias del paraíso musulmán, que a juzgar por los dichos de sus creyentes, es harto más placentero y atractivo que el etéreo edén de los cristianos.

Parientes consanguíneos de los terroristas a que aludimos, serían los propugnadores del anarquismo, o entes malignos de la anarquía. Los desmanes callejeros, las dudosas bombas de ruido, las leyendas en rojo o negro pintadas sobre las paredes de centros de estudio o de otras instituciones respetables, son señales de las peligrosas actividades de los anarquistas. Muy pocos saben, en realidad, qué es el anarquismo como ideología; tampoco interesa, la cuestión es aplicar el término y señalar a un nuevo tipo de enemigo de la paz social y, por supuesto, de la propiedad privada.

España, un viejo país de larga historia y de escasa vida democrática (en estimación cronológica) es quizá único en la extensión del anarquismo. En los albores de la guerra incivil (1936-1939), la fuerza política y social organizada más numerosa de la Península era la Federación Anarquista Ibérica (FAI), con sus dirigentes y líderes legendarios, como Durruti y Ascaso, con su Columna de Hierro, que luchara en el Frente de Aragón. Estos “cabecillas” o “bandidos” o “forajidos”, como los describía y motejaba la prensa de derecha (ABC allá, El Mercurio aquí), incursionaron en América del Sur, a comienzos de los años 30.

Se registran al menos dos asaltos perpetrados por ellos a bancos en Santiago de Chile. Luego pasaron a México, en parecidos andares. Reunían fondos para la causa y aspiraban a los implícitos cien años de perdón que el refrán promete... Como contracara de su leyenda negra, sabemos que muchos anarquistas eran artesanos y tipógrafos, apostaban a la instrucción permanente de la clase obrera, a la iluminación por el conocimiento, lo que se traduciría en la conquista de un mundo mejor. Eran renuentes a todo mando superior y enemigos del principio de autoridad institucional pequeñoburgués.

Otro concepto que acompaña a los referidos, es el de “vándalo”, gentilicio de un pueblo germano procedente de Escandinavia, famosos por la ferocidad con que diezmaron a las legiones romanas, a comienzos del siglo V. Todo acto destructivo, especialmente en la vía pública, será calificado como “vandalismo”, aunque para los sectores derechistas la preferencia se incline por hablar, sin ambages, de “actos terroristas”: su propio miedo agigantado en el espejo cóncavo. Es el prisma que se aplica, hasta la saciedad, a las quemas de camiones de empresas forestales, a los incendios de casas, iglesias, escuelas y predios en la Araucanía, muchos de ellos de incierta procedencia. Es una forma de desvirtuar, por anticipado, la llamada “causa mapuche”, circunscribiéndola al ámbito de la propiedad privada y a los atentados y amenazas contra ella.

En Chile, los principales cruzados contra el “terrorismo” son los hermanos Kast. Ambos han sido testigos de feroces ataques a las fuerzas especiales policiaco-militares desplegadas en territorios Mapuche (Walmapu), por parte de bien armados indígenas, con armas de última generación, presumiblemente de procedencia rusa, nunca vistas por algún otro testigo... Ningún medio de prensa ni voceros responsable ha corroborado estas terroríficas revelaciones, pero constituyen una especie de verdad testimonial para muchos compatriotas, que las replican a través de vías vertiginosas, Internet mediante, para seguir alimentando la fatídica dupla del miedo-odio: lo que se teme, al extremo de provocar terror, debe ser destruido.

Los individuos pertenecientes a estos sectores, nada quieren saber del terrorismo de Estado que asoló a Chile durante diecisiete largos años, llevando a la muerte, a la tortura, a la represalia y al exilio a miles de compatriotas; ni siquiera se dan por enterados –o hacen lo del avestruz- del asesinato de un ex ministro (Orlando Letelier), de un presidente de la república (Eduardo Frei Montalva), de un comandante en jefe del ejército (Carlos Prats) y de su esposa.

La causa de esta voluntaria ceguera es bastante simple: esos hechos jamás afectaron su derecho de propiedad; por el contrario, en muchos sentidos lo fortalecieron, reasegurando prebendas y privilegios, como ha sido el caso de la familia Kast y de otros grupos o clanes a los que la dictadura militar-empresarial gratificó, adjudicándoles, a vil precio, empresas y bienes del Estado para su propio disfrute y beneficio de clase.

Entre ellos figuran algunos de los actuales ministros y funcionarios de alto rango en La Moneda. Y el propio Sebastián Piñera, que forjó su enorme fortuna personal al amparo de las irregularidades bancarias que propició la dictadura pinochetista, cuando desató otro tipo de terror bien dirigido, el financiero, echando mano a los recursos del Estado de Chile para evitar la quiebra de los principales bancos y despojando, de paso, a muchos infortunados emprendedores que no figuraban entre su cohorte de incondicionales.

Pero hay que tener cuidado, porque las palabras, mal empleadas, tarde o temprano nos harán pagar sus falaces equívocos, sobre todo las que se pronuncian y escriben con la gramática espuria de la mala leche.

Edmundo Moure

El rostro de Cristo en el cine

Una lectura cinematográfica del Evangelio 
Por Gustavo Bernstein
(Ítaca Ediciones, Buenos Aires, 2019, 146 páginas)


«Preliminar» es un prólogo erudito en el cual el autor hace una síntesis de los diversos rostros que Cristo encarnó en la pantalla. Allí plantea que “Curiosamente –salvo una breve mención de Isaías– no hay en toda la Biblia referencia concreta a la fisonomía de Jesús», y que “Han debido transcurrir varios siglos de disputas para que el rostro de Cristo finalmente cristalizara en un icono unánime”. Además, ofrece un pantallazo interesante sobre las obras pictóricas ligadas a la figura de Jesús.

Luego pasa a la «Introducción», en donde el conocimiento que muestra sobre el nacimiento del llamado séptimo arte es apabullante. En ella indica que la filmografía de Cristo benefició tanto a la industria como a la Iglesia. Aquella pudo aumentar la cantidad de público e incorporar espectadores de mayor poder adquisitivo, porque las clases media y alta consideraban al cine poco edificante dado que abundaba en temas pornográficos y lo cultivaban inmigrantes iletrados. Por su parte, a la Iglesia le sirvió como instrumento de evangelización. Destaca también la importancia de la sensualidad que desplegaron las divas y divos del cine para generar ganancias.

A continuación El rostro de Cristo en el cine dedica capítulos íntegros a los siguientes filmes (son diecisiete: cinco mudos y doce sonoros):

Civilización (Thomas H. Ince, 1916), que cataloga como ingenuo.

Intolerancia (D.W. Griffith, 1916): opina que si bien la imagen que da de Cristo es insatisfactoria, son fundamentales sus contribuciones al enriquecimiento del lenguaje cinematográfico.

Páginas del libro de Satán (Carl Theodor Dreyer, 1920), brinda una imagen discutible de su personalidad, como si siempre viviera en trance.

I.N.R.I. (Robert Wiene, 1923), lo refleja abrumado por la melancolía.

Rey de reyes (Cecil B. De Mille, 1927), es ironizado al comentar entre otros sarcasmos que cuando Cristo produce milagros, se lo muestra como si fuera un prestidigitador.

Gólgota (Julian Duvivier, 1935), es señalado como el primer filme sonoro sobre el Mesías, en el cual se sostiene que no es el pueblo judío quien lo manda crucificar, sino una clase política corrupta que sobornó a agitadores para inclinar la voluntad de la multitud que finalmente lo condenó.

Rey de reyes (Nicholas Ray, 1961), señala que desplazó sus actos milagrosos para dar la imagen de un Redentor que antes que nada enseñaba una doctrina, pero no lo logra debido a la representación insulsa de su figura. Erudito y minucioso el análisis histórico de la época.

El evangelio según San Mateo (Pier Paolo Pasolini, 1964): estima que este filme es el más auténtico y el que manifiesta una brillante unidad y equilibrio en su estética. Y declara que el gran realizador italiano “Comulga con un Cristo radicalizado, decidido a transfigurar el statu quo del mundo”.

La historia más grande jamás contada (George Stevens, 1965), recoge una severa condena por parte del autor ya que “propone un nazareno glacial, un témpano que no conmueve ni se deja conmover”.

Jesucristo Superstar (Norman Jewinson, 1973), en donde observa que Judas tiene mayor presencia protagónica que un descolorido Jesús.

El Mesías (Roberto Rossellini, 1975): a su entender propone a un Cristo débil.

Jesús de Nazaret (Franco Zeffirelli, 1977), pese a las críticas que formula a su esteticismo, reconoce que “…representa el triunfo del cine como dador de una imagen soberana (…) Posee todos los rasgos del mesías iconográfico aguardado por los espectadores del mundo –y por el clero– desde los inicios del cine”.

La última tentación de Cristo (Martin Scorsese, 1988): lo considera el mejor filme sobre el Redentor por su profundidad, y le da pie para desplegar en el libro un cúmulo de citas bibliográficas.

Jesús de Montreal (Denys Arcand, 1989), aunque estima que su historia es poco creíble –se trata de una representación de la Pasión-, pondera su crítica al consumismo y a la relevancia nociva de los medios de comunicación.

El señor de los milagros (Derek Hayes y Stanislav Sokolov, 1999): le cuestiona la elección del stop motion y de la animación para ilustrar raccontos o parábolas con una orientación infantil, como si este género estuviera dedicado exclusivamente a los chicos.

La Pasión de Cristo (Mel Gibson, 2004): Bernstein se muestra implacable con su efectismo destinado a impactar al espectador mediante una visión truculenta y obscena del castigo y de las heridas recibidas por Jesús.

Hijo de Dios (Christopher Spencer, 2014), emite “una propuesta basada en un popurrí de elementos provistos por sus antecesores” cinematográficos.

En una conclusión final sobre Jesús (Bonus Track: «Crepúsculo en el Gólgota»), no le interesa si su figura proviene de una leyenda o si es el hijo de Dios, sino que se centra en el acto de extrema humanidad y amor que concede en la cruz a su compañero de martirio cuando le promete el preciado paraíso.

Gustavo Berstein nació en Buenos Aires y desarrolla su profesión de arquitecto junto con su actividad literaria, periodística y cinematográfica. Ha escrito varios libros y se ha desempeñado como director y guionista. En la actualidad dicta en la Universidad de Buenos Aires los cursos «Literatura y Cine: cruce de poéticas» e «Hitos de la historia del cine». Es perito de espacios escénicos en el Instituto Nacional de Teatro.

Germán Cáceres

Infografía: Albert Einstein


Texto: Pablo Eduardo García Peña
DG: Diego Hernández Plazas

Las bibliotecas populares de Argentina, semillas de un país lector

La crisis y las nuevas tecnologías obligan a reinventarse a estas instituciones socioculturales con más de 150 años de historia.


Cientos de personas con carritos y cajas asaltan cada año la Feria del Libro de Buenos Aires durante tres días. Dan vueltas, preguntan y comparan precios para intentar llevarse el mayor número de los libros que tienen anotados en su lista. Son los responsables de las bibliotecas populares, una de las instituciones socioculturales más antiguas de Argentina. Con una historia de más de 150 años, hoy hay más de un millar de bibliotecas populares distribuidas por todo el país que garantizan el acceso a los libros y a la cultura incluso en localidades remotas. Delegados de 890 bibliotecas viajaron entre el 3 y el 5 de mayo hasta la capital para aprovechar el subsidio estatal que les permite comprar libros al 50%. En promedio, adquirieron entre 50 y 70 ejemplares que en breve estarán disponibles en los estantes de Mocoretá, en la norteña Corrientes, en Cosquín (Córdoba) o en Ushuaia, en el extremo sur.

La primera biblioteca popular nació en 1866 y sigue abierta: la Franklin de San Juan, en el noroeste de Argentina. "No es casual porque [el expresidente] Domingo Faustino Sarmiento era de allá", señala el titular de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip), Leandro de Sagastizábal, que aglutina a 1.270. Destaca que nacieron "inspiradas por las ideas de Sarmiento", uno de los grandes impulsores de la educación pública en Argentina, pero fueron acompañadas después por una sociedad con una gran tradición cooperativa. "Las bibliotecas son asociaciones civiles creadas por los vecinos, no por el Estado, no son estadodependientes. Eso es lo identitario que las hace distintas a las de otros países, el 95% es voluntariado", describe De Sagastizábal.

En Argentina las bibliotecas públicas son mínimas y su lugar lo ocupan las populares, caracterizadas por la diversidad. La Franklin ocupa un edificio entero, la Borges de Bariloche nació en un contenedor, la infantil Del otro lado del árbol está abierta a un parque en la ciudad bonaerense de La Plata. "La biblioteca tiene que ver con la pluralidad. Es un espacio muy democrático, de resistencia. Hay un concepto que me gusta mucho que es el de 'la patria de las bibliotecas'. Y en nuestra biblioteca hay un pedacito de esa patria. Es cine, promoción de lectura, cooperación internacional, es todo eso y mucho más", describe Brian Urban, presidente de la biblioteca popular Sarmiento de Tandil, 350 kilómetros al sur de Buenos Aires.

Entre las más antiguas hay muchas con raíces socialistas y anarquistas. "En la Asamblea fundacional se debatió si se iba a dejar entrar a todo el mundo o si se excluía a la oligarquía. Se votó que a todos", cuenta Ana María Servidio sobre los inicios en 1923 de la Nicolás Avellaneda de Cosquín, en la céntrica provincia de Córdoba. Servidio creció entre los más de 60.000 volúmenes de este lugar: su tía fue bibliotecaria y ella integra ahora la junta directiva. "Los comienzos fueron momentos de gloria. La biblioteca se crea en 1934 porque el partido socialista obligaba para poder funcionar políticamente que enseñen a leer y escribir a la gente del barrio. Si estaban de acuerdo con el trabajo que habían hecho lo aceptaban en el partido", rememora Atilio Orsi, de la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte, de Buenos Aires.

La estrecha relación con los vecinos es otra de las claves de estos espacios populares. Del otro lado del árbol arrancó en 2011 en un parque público frente al mayor hospital de niños de la ciudad bonaerense de La Plata. La idea nació de Paula Kriscautzky como homenaje a su hija Pilar, fallecida de cáncer a los cinco años. "Convocamos a la comunidad a través de las redes, se fue sumando gente trayendo libros, almohadones, mesas, sillas. Hicimos una lista en una librería con sugerencias de lo que queríamos tener y la gente fue y compró. El día que inauguramos fueron 2.000 personas con un libro de regalo", cuenta Kriscautzky sobre la biblioteca, que hoy tiene más de 5.000 socios y es una referencia a nivel provincial.

"Hay localidades como Virasoro, en Corrientes [norte], que tiene 48.000 habitantes y no hay librerías. Ahí, la biblioteca Popular Víctor Navajas es prácticamente el lugar de los libros y de la cultura en esa sociedad", afirma De Sagastizábal. La situación se repite en otras zonas aisladas, donde funcionan también como teatro, cineclub y lugar de encuentro y aprendizaje. "Y ahora es también muy importante la inclusión digital porque ofrecen wifi", continúa.

La realidad de los habitantes de Buenos Aires es muy distinta: con más de 450 librerías, es la ciudad con mayor número per cápita del mundo. Sin embargo, el elevado precio de los libros nuevos - su valor en pesos es equivalente a unos diez dólares en un país con sueldos promedio inferiores a los 450 dólares- lleva a muchos a recurrir al préstamo. Las bibliotecas también sufren la crisis: con el subsidio de la Conabip cinco años atrás podían adquirir más de cien libros. Con el monto actual -15.000 pesos, 325 dólares- pocas llegaron a las 60 novedades para ofrecer a sus lectores.

"En los barrios hay personas que no tienen biblioteca en su casa, que no tienen libros, y es fundamental que pueda haber estos espacios. Con la lectura se amplía la capacidad de reflexión y de expresión, el lenguaje y tiene un impacto directo en la calidad de vida de las personas", opina Gabriela Groba, una de las fundadoras de la biblioteca popular Manuel Ugarte, en el barrio de Parque Chacabuco, en la zona suroeste de Buenos Aires. En este espacio tienen una vitrina entera dedicada a literatura peronista, eje de uno de los talleres más populares, y una sección especializada en feminismo y obras de ficción de autoras contemporáneas, dada la creciente demanda.

El público de cada biblioteca es muy heterogéneo. En la Saavedra, del barrio homónimo, llegan cada vez más jóvenes a estudiar. "Antes se juntaban en bares, pero ahora con la crisis no pueden pagarlos", comenta Jorge Marchini, al frente del espacio. La Mariano Moreno de la localidad correntina de Mocoretá se especializó en historietas por sus lectores adolescentes, mientras que la Sánchez Viamonte, abierta hace más de 80 años en el barrio porteño de Recoleta, no ha logrado adaptarse a la transformación del entorno. "La relación con este barrio es rara, conflictiva. Lo que en una época fue un barrio obrero pasó a ser una zona de gente rica. Nos ven como si fuésemos extrema izquierda", cuenta Orsi.

Pocas instituciones han resistido a las múltiples crisis económicas y sociales de Argentina como lo han hecho las bibliotecas populares y son testigos privilegiados de esos vaivenes históricos. "Tuvimos muchos momentos en los que el sistema estuvo por sucumbir. Las bibliotecas siempre acompañaron a la historia argentina y verás un pedazo de la historia argentina en cada una de ellas", cuenta Urban, de Tandil.

La crisis actual ha vuelto a ponerlas contra las cuerdas en un momento en el que el libro pierde cada vez más protagonismo frente a la tecnología. "Hoy las bibliotecas tienen que generar muchas actividades para atraer gente. No dejan, además, de ser una propuesta asociativa y las nuevas tecnologías tienen mucho peso en conductas más individuales y aisladas", analiza el titular de la Conabip. "Por eso", concluye, "tienen que reinsertarse en sus comunidades. Es un desafío muy fuerte, más social que tecnológico".

Mar Centenera / Federico Rivas Molina
Diario El País de Madrid, 13 de mayo de 2019

Nueva novela juvenil de Germán Cáceres

Habitual colaborador de nuestra Biblioteca y la página en la sección "Crítica literaria", German Cáceres acaba de editar una nueva novela juvenil.


Mi vecina es un fantasma (y su hija también) acaba de ser publicada por Del Naranjo, y lleva ilustraciones de Nicolás Mezquita.

Un aprendiz de detective investiga una extraña historia acerca de una vecina muerta, pero cuyos gritos aún resuenan en su departamento vacío.

Teatro: clase abierta

El próximo martes 14 de mayo a las 18.30 horas habrá una nueva clase abierta gratuita del Taller de Teatro, por Jorge Incorvaia, para formar un nuevo grupo. Los esperamos en Austria 2154.


El Taller de Teatro se dicta actualmente los jueves a las 18:30, y a partir de ahora también los martes a la misma hora. Para inscribirse, llame al 4802-8211 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

Les recordamos que el profesor Incorvaia dicta además un Taller de Dramaturgia los lunes a las 19 horas. Los cupos son limitados, y los socios de la Biblioteca cuentan con aranceles especiales.

Además, continúan las funciones de "El próximo domingo", los sábados a las 21 horas. 

De qué diablos habla Queen en su canción ‘Bohemian Rhapsody’

Uno de los temas más exitosos de la historia de la música encierra enigmas en su lírica y su estructura.


La admiración de la banda Queen por los hermanos Marx quedó patente en dos títulos de sus discos: A Nigth at the Opera (1975) y A Day at the Races (1976), ambas películas de los célebres cómicos. El primero de esos trabajos supuso la explosión total de la banda. Salió a finales de 1975 y vendió más de un millón y cuarto de copias solo en Reino Unido. En gran medida, gracias a que se arriesgaron a presentarlo con Bohemian Rhapsody, seis minutos de canción, que mezcla rock y ópera. Fue una apuesta que bien pudo haber acabado con el grupo. Las radios, la discográfica e incluso sus productores pensaron que aquello sería un estrepitoso fracaso. Roy Thomas Baker, coproductor junto a Mike Stone del álbum, reconoció que cuando escuchó la canción pensó que se trataba de una broma, pero acabó convirtiéndose en uno de los mayores éxitos del grupo. Su intrincada estructura musical y lírica ha sido alabada por los críticos, pero ¿de qué habla Bohemian Rhapsody?

Desde el título, el oyente queda advertido de lo que se va a encontrar: una rapsodia, un conjunto de diferentes piezas sin relación entre ellas. El tema une voces a capella, balada y un aria operística. Esta rapsodia está calificada de bohemia, lo que bien puede referirse a su carácter alternativo o a la ciudad checa donde el Fausto de Goethe hace un pacto con el diablo, como el que ocurre en el texto que Freddie Mercury interpreta.

El cantante se sumerge desde el arranque en una especie de ensoñación con la pregunta “¿Es esta la vida real?”. A partir de ahí, se presenta el protagonista, un hombre que ha sido un niño pobre, y arranca el argumento, con una confesión: “Mamá, he matado a un hombre”. Como en tantas obras clásicas, en el momento del juicio final el protagonista se despide, sabiendo que el diablo viene a cobrarse su alma. El asesino sufre la bajada a los infiernos en la parte operística, que se incrusta en el minuto tres. Las voces se multiplican en un coro compuesto en realidad por solo cuatro hombres, las de los componentes de la banda. Con la tecnología de la época, esto supuso decenas de grabaciones.

Varios actores van apareciendo: Scaramouche, un personaje menor de la Comedia del arte; Galileo, astrónomo condenado por herejía; Fígaro, protagonista de El barbero de Sevilla. En este delirio de personajes, Belcebú quiere arrastrar el alma del asesino, que pide ayuda a Bismillah (en el nombre de Dios, es decir, Allah). El solo de guitarra ilustra el caos de la lucha en la que los ángeles acaban por salvar su alma. Con el delirio ya resuelto, vuelve la balada y Mercury resta importancia a lo sucedido con la frase “Nada importa para mí”, quizá porque el tiempo sigue transcurriendo, pase lo que pase. “El viento soplará igualmente", una posible referencia al insuflo de vida.

Algunos han interpretado esta canción como el asesinato del antiguo Mercury, el que no reconocía su sexualidad. Lo cierto es que el compositor no reveló nunca qué quería decir exactamente, al igual que el resto de los miembros de la banda. Todos han preferido dejar que cada oyente genere su propia historia.

Diario El País de Madrid

Canadá

de Richard Ford
(Editorial Anagrama, Buenos Aires, 2014. 512 páginas)


Canadá no es una primicia bibliográfica, pero el hecho de estar considerada como “…una de las primeras grandes novelas del siglo XXI” (John Banville), justifica una nota.

La deslumbrante prosa se luce en los párrafos extensos que enumeran múltiples detalles acerca del aspecto físico de los personajes. Sus descripciones de ambientes y ciudades son prodigiosas por su minuciosidad. Es profundo el análisis psicológico de los protagonistas: “…tomando decisiones equivocadas que le parecieron buenas de verdad en su momento, pero finalmente malentendiendo el mundo al que había regresado y convirtiendo tal malentendido en su vida misma.” En cierta forma, Ford considera que ellos no comprenden los que les pasa ni a la realidad que los rodea (“Es un misterio cómo somos. Un misterio.”)

Dell Parsons, un profesor sexagenario, narra la historia de su familia (de la cual él es uno de los mellizos –el otro es su hermana Berner-), a la cual le aguarda un final aciago y, desde el comienzo del libro, cuando él solo contaba quince años, crea un tenso suspenso sobre ese futuro tormentoso. Asombra la adaptación de la escritura al punto de vista adolescente del protagonista.

Está excelentemente abordada la evolución del carácter y de las acciones de sus padres (Bev y Neeva), ambos comunes y decentes, que se encaminan imperceptiblemente, sin advertirlo, hacia la delincuencia. La pareja se comporta como si los actos no tuvieran consecuencias. Estas traumáticas y trágicas circunstancias resultan opresivas y, a la vez, humanas, porque aunque su padre sea un torpe perdedor, Dell tiene una mirada cándida y benevolente hacia él.

En la segunda parte (hay tres) Dell ingresa a Canadá en su frontera con los Estados Unidos y debe adaptarse a la vida rural y a las múltiples tareas que la misma le requiere (se podría decir que Richard Ford presenta a tranche de vie). Allí intuye que una nueva amenaza encarnada en un extraño personajes (Arthur Remlinger) se cierne sobre su ya castigada existencia.

Pese a estar ante una novela patética y con desenlaces fatales, el autor opta por una visión optimista, pues en la tercera parte Dell ya es profesor y está casado: su firme voluntad le ha posibilitado seguir adelante, superar las desgracias y acceder a una vida madura.

Ya se ha señalado en oportunidad de comentar los relatos de Francamente, Frank, la extensa bibliografía de Richard Ford (Jackson, Mississippi, 1944) y los valiosos premios que obtuvo. Solo resta agregar que él ha superado un grave problema de dislexia, que recibió el premio Princesa de Asturias de las Letras 2016, que escribir la novela reseñada le llevó unos veinte años y que por ella mereció en 2013 la Medalla Andrew Carnegie y el Premio Femina Extranjero, y que fue considerado nada menos que por Raymond Carver como “El mejor escritor en activo de este país”.

Correcta la traducción de Jesús Zulaika.

Germán Cáceres

Revista BePe

Nuestra Biblioteca ocupa un espacio central en la última edición de la revista Bepe, la publicación de la CONABIP.


El extenso reportaje a Almudena Grandes refleja su visita a la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte


Las fotos, tomadas en nuestra casa, incluyen la participación de la Presidenta Carolina Orsi entregándole el diploma con que la declaramos Socia Honoraria.


Además, incluye un artículo sobre el "Banco de experiencias" de la CONABIP, con una ilustración del Cineclub La Rosa.

Infografía: Garri Kasparov

Traemos la infografía de uno de los más grandes ajedrecistas contemporáneos, y los invitamos a sumarse al Taller de Ajedrez en nuestra Biblioteca.


Texto: Pablo Eduardo García Peña
DG: Diego Hernández Plazas

Presencia de la lengua castellana

En un reportaje a Wislawa Szymborska le preguntaron que poeta contemporáneo le recomendaría leer a un joven. La poeta polaca respondió: Ovidio. La gran literatura siempre adquiere una actualidad renovada a la luz de las nuevas generaciones. Si utilizamos - como nos enseñó el profesor Héctor Ciocchini - las temáticas y métodos propuestos por Aby Warburg, para desentrañar las raíces de nuestra herencia hispánica y sobre todo comprender la naturaleza del acto de creación, entendemos con claridad la respuesta de Szymborska.


Quiero rendir homenaje a dos espíritus supremos que tanto hicieron por la educación, enseñando el lenguaje en el lenguaje mismo así como Hegel afirmaba que se debe enseñar a nadar nadando. Me refiero a Pedro Henríquez Ureña, el humanista dominicano y a nuestro querido ensayista, crítico y poeta, don Arturo Marasso.

Leer y estudir el ámbito de ciertas lecturas hicieron de mi un lector atento y particularmente lírico. En mi poética hay dos vertientes. Me confieso nieto de Quevedo y de la lírica gallega.

En Poesía Española, ensayo de métodos y límites estilísticos dice Dámaso Alonso cuando habla del hipérbaton: “Hay que tener en cuenta la enorme polisemia de la posición ‘de’, y no escandalizarnos por asociar como ejemplos valores muy diferentes: ‘de los sos ojos... llorando’, ‘de largos reinos... señor’ (Poema del Cid). Y en el otro extremo: ‘de tu balcón sus nidos a colgar’ (Bécquer); ‘del limonero entre el follaje oscuro’ (A. Machado)”.

En este ejemplo Dámaso Alonso nos demuestra que la violencia del lenguaje usual no es esencialmente distinta de las más osadas de Góngora. Pero más allá del análisis crítico nos sirve para admitir la divinidad de un verso, la fina sensibilidad, la cultura auténtica expresada con delicada espiritualidad.

¿Qué queremos decir? Que la literatura española, y fundamentalmente su poesía, está dentro de la gran poesía de la humanidad. Su intensidad, sus altas metas, su variedad, prueban también el núcleo lírico popular en la tradición hispana, el inmenso tesoro de su poesía.

Debemos señalar para aquellos que supuestamente están en el camino del arte contemporáneo buscando originalidades, giros sorprendentes, estructuras distintas, analizando o partiendo de versos casi indescifrables, queremos decir, repito, que tanto Garcilaso como Quevedo son poetas modernos. Y que sus literaturas tienen una inalienable unicidad, alma de la obra y de lengua.

Las lecturas de juventud son por un lado poco provechosas pues hay impaciencia, distracción y falta de método. Por otro lado está la pasión, la propuesta de modelos. Cuando llegamos a la vida adulta nos damos cuenta de ello. Así como nosotros vamos cambiando, leemos por primera vez un libro releído, sucede con frecuencia, a los textos que nos aguardan les sucede lo mismo.

Partimos de una base. Se leen los clásicos por amor. No por obligación o por respeto. Y a los clásicos castellanos los leemos con amor, con devoción. Y además debemos saber desde donde leemos. Ni la obra ni nosotros somos intemporales.

Mi aproximación a la poesía castellana fue a través del Arcipreste, de Garcilaso, de Fray Luis, de San Juan de la Cruz, de Góngora, de Lope, de Quevedo, pero me emocionó a partir de Jorge Manrique. Más acá comprendí y amé a los clásicos contemporáneos: Machado, Hernández, Lorca, León Felipe, Jorge Guillén, Cernuda y tantos otros. Pero también a nuestros clásicos: Neruda, Vallejo, Borges, Franco, Molinari, Darío, Lugones, Girondo. Y naturalmente a los narradores latinoamericanos que tanto aportaron a la evolución de la lengua.

Sostengo, como afirmó Borges, que “sólo la palabra escrita tiene plena realidad ontológica”. La literatura presupone entonces también un problema moral, en todas sus alternativas se presenta valor y vileza, corrupción y virtud, la violencia del poderoso y la sufrida. Hay búsqueda de la verdad a partir de una estética. El valor de la palabra escrita se vincula con lo vivido, es siempre emblemática o conceptual. No deja de ser paradójico lo que nos enseña el arte. Siglos y siglos de los primitivos textos y sólo el presente vale. Sólo hoy y aquí ocurren los hechos. Infinitos signos a través de la lectura son celebrados con emoción y afecto en el presente. Decía el maestro Pedro Henríquez Ureña: “Donde termina la gramática empieza el arte”.

Un espíritu universal debe detestar todo provincialismo. Pero tampoco vale hablar de un universalismo genérico ni de tonterías abstractas, sino del aliento poético que convierte al lector y a los hombres a partir de su condición humana, de su curruncho. Por eso nos molesta tanto ciertos intelectuales o políticos que proclaman una cultura popular. Aquí haremos una breve digresión. La creación artística de ningún modo es una ceremonia religiosa o mística. Tiene sus propias leyes, sus propias reglas y métodos. Pero sobre todo la creación artística -que utiliza un lenguaje- lleva implícita un fuerte proceso del subconsciente. Y el arte se crea sobre la base de una interacción permanente entre la clase y los artistas, tanto en la vida cotidiana como en la cultural y la ideológica.

El descubrimiento de Fray Luis nos remite a detenernos en cada matiz, en cada palabra, estudiar un campo semántico. La lírica universal de Garcilaso, que tal vez es la síntesis del Siglo de Oro si advertimos en su obra la ascención por la música, la palabra interior que busca el rimo permanente.

En su estudio sobre Boscán nos dice Arturo Marasso al que sitúa “entre la expresión todavía no lograda y la palabra interior que busca el ritmo permanente”.

En los textos de la poesía española del siglo XV vemos la espiritualidad latina, la aristocracia de cada palabra, los metros más adecuados. Iniciamos un itinerario donde depuramos la pasión, el movimiento del alma. De allí la necesidad de ciertos intérpretes para analizar y comprender la creación literaria en todo su misterio y complejidad.

España no sólo trajo libros o una cultura de letras. Trajo Romances, sanciones, juegos, bailes. Nos advierte Pedro Henríquez Ureña: “España es el primer pueblo conquistador que discute la conquista, como Grecia es el primer pueblo que discute la esclavitud.”

Encontramos en una visión panorámica varias lecturas de una lengua. En el lenguaje mismo, en la arquitectura, en la pintura. La arquitectura y la pintura se suman a la alta calidad de la escultura española, la de la piedra y la de la madera pintada. Un sólo nombre: Berruguete.

En un ensayo sobre crítica y estilo el profesor Ciocchini nos dice: "...el aspecto greco-morisco y judío, la España oriental, no ha sido aún suficientemente estudiada - y esta labor parte de una trabajo textual y estilístico que requeriría largos años. Un análisis crítico, una nueva mentalidad crítica, ediciones anotadas de autores como el Rabí Sem Tob, Don Enrique de Villena, Juan de Mal Lara, manifiestan un tesoro de aspectos nuevos e iluminan la lengua con facetas que escapan al retoricismo, a la apariencia de chatura y uniformidad que afecta a las letras españolas por falta de depuración en las concepciones críticas". El lenguaje va de lo coloquial a lo formal, de lo erudito a lo cotidiano.

A fines del siglo XVIII, don Vicente de los Ríos, emparejó a Cervantes en su Juicio crítico del Quijote, con los grandes épicos de la antigüedad clásica, fundamentalmente con Virgilio: “La morada de don Quijote en casa de los Duques corresponde perfectamente a la detención de Eneas en Cartago. El extraño suceso de la Trifaldi y su continuación son también un espectáculo tan divertido como la relación del saco de Troya; la aparición del Clavileño aligero no es menos oportuna ni agradable que la descripción del paladín troyano, y los amores de Altisidora son comparables en su línea con la pasión de Dido”. Esta obra cumbre de la literatura mundial es siempre una catarsis para nuestra alma. Como dijo Jorge Nicolai: “Cervantes como genuino precursor del nuevo tiempo, ha superado el pasado y se ríe del fetiche de ayer”. He aquí un ejemplo: “Ventuoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo”.

Para un poeta el problema de la poesía es el de la belleza. Este camino milagroso es la creación del hombre. El propósito de un poema es enfrentarse a los grandes temas. La poesía castellana lo cristalizó en uno de los poemas que más he admirado desde mi temprana juventud. Estoy haciendo referencia a Coplas a la muerte de un padre de Jorge Manrique. La lectura de los grandes escritores medievales españoles son herederos de la tradición que fue capaz de engendrar la poesía más hermosa de su tiempo, me refiero a los romances viejos.

Para finalizar vale recordar que a mitad del siglo XV un judío de Baena ofrece al rey Don Juan una compilación de “cantigas muy dulces e graciosamente sasonadas, de muchas e diversas artes”. El Cancionero de Juan Alfonso Baena –nos dice Pedro Salinas– “aunque contenga poesía de otra especie, significa en buena parte la castellanización de la lírica cortesana provenzal”.

Carlos Penelas
www.carlospenelas.com
Buenos Aires, marzo de 2019

Noche de estreno

El sábado se estrenó en nuestra Biblioteca "El próximo domingo", la obra de Mónica Ogando, en la que actúa junto a Jorge Incorvaia.


Las funciones serán los sábados a las 21 horas. Más información en este enlace.

De compras en la Feria

La Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte participó nuevamente del programa "Libro%" de la CONABIP que reúne a bibliotecarios de todo el país en la Feria del Libro de Buenos Aires.


Las compras para el catálogo se realizan de acuerdo al pedido de los socios y colaboradores de la Biblioteca.


Puede consultar nuestro catálogo en este enlace. Consulte cómo asociarse acá.





Teatro en la Biblioteca - "El próximo domingo"

El sábado 4 de mayo a las 21 horas estrenamos la primera obra del Teatro de Cámara de la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte: "El próximo domingo", protagonizada por su autora Mónica Ogando y Jorge Incorvaia.



"El próximo domingo" 
Dramaturgia: Mónica Ogando
Actuación y co-dirección Mónica Ogando - Jorge Incorvaia

Mención V Concurso Nacional de Teatro de Humor Biblioteca Hueney 2008.

Premio Poder Popular Ministerio de Cultura - Mención teatro 2009 - por obra integrante del proyecto Padre-Obras José / Teatro San Martín de Caracas.

Padre e hija intentan reinventar un vínculo quebradizo.

Entre ellos las palabras se suceden inconexas y todo intento de acercamiento se torna inalcanzable.
¿Es posible un reencuentro más allá del lenguaje?
Entre el humor despiadado y un clima intimista, esta pieza invita a reflexionar  acerca de la compleja trama de los vínculos filiales.

Funciones: sábados - hora 21, en Austria 2154.

Bono contribución $300. Promoción 2x1.

Visita de bibliotecarios catalanes

En el marco del encuentro de profesionales bibliotecarios desarrollado por la CONABIP y Desiderata, un proyecto organizado por Acción Cultura Española, este jueves se realizó en nuestra biblioteca la exposición y posterior debate sobre "Desafios y potencialidades de las bibliotecas hoy".


Contamos con la presencia del presidente de la CONABIP, Leandro de Sagastizábal, y representantes de las bibliotecas de la ciudad invitada a la Feria del Libro, Barcelona.


Fueron recibidos por la Presidenta de la Biblioteca, Carolina Orsi, y nuestro bibliotecario Oscar Rodríguez expuso sobre el panorama actual y los desafíos que nos deparan a las bibliotecas populares. El Tesorero Atilio Orsi y el escritor Carlos Penelas, responsable de nuestro Taller Literario, también formaron parte del encuentro.


Junto a ellos, bibliotecarios y referentes de las bibliotecas populares, la Biblioteca Nacional y la Biblioteca del Congreso, además de la presencia del Bibliomóvil de la CONABIP.
En un marco de camaradería, enriquecido por el debate y el intercambio de contactos para continuar la comunicación, agradecemos a la CONABIP y Desiderata haber confiado en la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte para desarrollar este encuentro.
Desiderata es un proyecto organizado por AC/E bajo el comisariado de Carme Fenoll con el objetivo de promover la presencia de bibliotecarios españoles en las principales ferias del libro iberoamericanas. El programa propicia el intercambio profesional entre los distintos agentes de la cadena del libro y favorece las compras directas de libros para mejorar la bibliodiversidad de las bibliotecas.

Infografía: Alberto Cortez


Texto: Pablo Eduardo García Peña
DG: Diego Hernández Plazas

Vamos a la Feria

El fin de semana del 3 al 5 de mayo se realizará el programa "Libro%" de la CONABIP en el cual las Bibliotecas Populares de todo el país pueden adquirir ejemplares para sus catálogos a mitad de precio.


Este año, nuestra Biblioteca volverá a estar presente realizando compras sugeridas por algunos de nuestros socios.

Día del Trabajador

Desde el Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte recordamos a los Mártires de Chicago en un nuevo aniversario del Día del Trabajador.

Bauhaus, la escuela que cambió el arte (y el mundo), cumple 100 años

Alemania se vuelca en las celebraciones del aniversario de la institución, reparando el error histórico de hace un siglo, cuando los nazis forzaron su cierre y provocaron el exilio de sus líderes.



La Bauhaus abrió sus puertas hace un siglo. El 1 de abril de 1919, los estudiantes cruzaron por primera vez el umbral. Los profesores, todavía alojados en hoteles, empezaron a trabajar en seminarios que alternaban la artesanía y los saberes técnicos, con el objetivo de generar un arte adaptado a las necesidades de la sociedad alemana de posguerra. Las facciones más conservadoras de Weimar pusieron el grito en el cielo: en sus aulas había mujeres y hasta extranjeros. El cataclismo bélico había dejado la moral nacional por los suelos, pero también provocado la ilusión de un nuevo comienzo. Cientos de jóvenes llegaron a la ciudad donde murieron Goethe y Schiller para participar en la gran aventura de la escuela, que terminaría cambiando el rumbo del arte. “Juntos, déjenos desear, concebir y crear la nueva estructura del futuro, que un día se elevará hacia las alturas, como el símbolo de cristal de una nueva fe”, rezaba su rimbombante manifiesto, escrito en letra gótica y poco minimalista dirigiéndose al público.

Un siglo después, el poderoso mito de la Bauhaus ha terminado imponiéndose respecto a la realidad, adornada casi desde el primer día con una infinitud de leyendas apócrifas. Por ejemplo, la sede de la escuela no siempre tuvo aspecto de fábrica: el primer edificio fue un pabellón art nouveau heredado del siglo anterior. Y esa nueva escuela tampoco brotó de la nada ni hizo tabula rasa con el pasado. En realidad, empezó siendo la refundación de una escuela de arte fundada en Weimar en 1860. El duque de Sajonia confió su liderazgo a Walter Gropius, arquitecto visionario que había tenido una iluminación en las trincheras de la Primera Guerra Mundial: el viejo mundo había desaparecido y de poco servía aferrarse a sus certezas. En la modernidad que adivinaba en el horizonte, se iban a volver inservibles. “Bauhaus fue un nuevo nombre para una vieja escuela”, resume el rector de la Bauhaus-Universidad de Weimar, Winfried Spielkamp, heredera de la institución original, que sigue apostando por un programa interdisciplinar en el que “la tecnología, la ciencia y el diseño suman fuerzas para alcanzar nuevas ideas y formas de trabajar”.

En la ciudad donde todo empezó, los vecinos exhiben un orgullo ante el centenario que contrasta con la furia que la escuela despertó entre sus antepasados. Hasta el punto de provocar, en 1925, su traslado a Dessau, enclave industrial situado a un centenar de kilómetros al noroeste, donde la escuela alcanzó su plenitud de la mano de un claustro donde había profesores como Mies van der Rohe, Marcel Breuer, Josef Albers, László Moholy-Nagy, Paul Klee y Vasili Kandisnki. Todos ellos convivieron en ese mítico renglón de viviendas situado en un bosque cercano a la escuela. Como las dos ciudades que le sirvieron de cuna, toda Alemania saca pecho, encadenando homenajes y conmemoraciones, corrigiendo lo sucedido hace un siglo, cuando los nazis forzaron el cierre de la escuela en 1933 y provocaron el exilio de sus líderes.

En Weimar, se inaugura este sábado el nuevo Bauhaus Museum, a cargo de la arquitecta Heike Hanada. En mayo, le sucederá la restauración de la única huella arquitectónica de la escuela que queda en la ciudad: la Haus am Horn, vivienda de ángulos rectos que fue decorada con muebles diseñados por los estudiantes. En Dessau se abrirá otro museo en septiembre, que acogerá una colección de 50.000 objetos de la Bauhaus, proyectado por la agencia barcelonesa Addenda. Y en Berlín, a la espera de la ampliación del Bauhaus-Archiv de cara a 2022, la Haus der Kulturen der Welt acaba de inaugurar una exposición que rememora los vínculos del movimiento con las culturas no occidentales. La muestra levanta la sospecha de la socorrida apropiación cultural. La Bauhaus bebió de otras tradiciones, pero luego estas se reapropiaron de sus máximas, utilizándolas para afianzar el paso a la modernidad en arte y arquitectura, como sucedió desde Brasil hasta China.

Walter Gropius

A diferencia de otros movimientos, la Bauhaus ha envejecido bien. “Gropius dijo una vez que no era un estilo, sino una actitud. Su herencia consiste en permanecer abiertos y buscar otros enfoques en todos los campos, de la arquitectura a la performance, para lograr encontrar nuevas soluciones a los desafíos de hoy”, señala la directora de Bauhaus Dessau, Claudia Perren, al frente de una fundación creada en 1994 para preservar el legado de la escuela y seguir propagando sus ideas. Junto al edificio histórico, con sus conocidos espacios funcionales, paredes pintadas de colores básicos, escalinatas de estilo náutico y talleres bañados en la luz, se ha renovado el antiguo edificio que albergaba a los estudiantes, donde es posible pasar la noche a precio asequible en habitaciones casi desnudas.

En 1932, cuando la presión del poder se volvió inaguantable, la escuela terminó parapetándose durante nueve meses en una antigua central telefónica en Berlín. El exilio de sus profesores fue un brutal desarraigo que, pese a todo, permitió que la escuela propagase su filosofía en todo el mundo. En Estados Unidos, la Bauhaus logró implantar su ideario en las grandes ciudades. Moholy-Nagy creó la Nueva Bauhaus y logró alterar el paisaje de Chicago, mientras que Gropius formó en Yale a arquitectos como I.M. Pei o Paul Rudolph, que luego sería mentor de Richard Rogers y Norman Forster. “Hoy vemos su huella por todas partes, aunque la nostalgia no sea un sentimiento nada propio de la Bauhaus”, señala el director de la Fundación Josef y Anni Albers, Nicholas Fox Weber. “Para mí, el objeto que mejor simboliza su herencia es el iPhone: es funcional, fue diseñado para resultar simple y lo vemos en todos los rincones del mundo”, añade Weber, asegurando que Steve Jobs estaba “muy familiarizado” con el legado de la escuela. Ese móvil parece inspirarse, de hecho, en el trabajo del diseñador industrial Dieter Rams, que siempre ha sido considerado un sucesor de la Bauhaus.

Los nazis no dudaron en meter a los artistas vinculados a esta escuela en la categoría del arte degenerado, pese a que su trabajo resultase bastante menos fiero que las cruentas caricaturas de la llamada Nueva Objetividad, que retrataban sin concesiones la trágica deriva de la sociedad alemana de entreguerras. Cuesta entender qué peligro vieron en este diseño de línea blanca e interiores diáfanos, más allá de la ideología de sus creadores. “Algunas de las figuras de la Bauhaus tuvieron carreras que prosiguieron durante el III Reich. La estética del modernismo podía ser desvinculada de la política que le sirvió de impulso inicial, como sucedió en la Italia fascista”, confirma el historiador Eric D. Weitz, autor de La Alemania de Weimar, que acaba de reeditar Turner. “Sin embargo, el rápido cierre de la Bauhaus y el exilio de sus astros demuestra que el régimen consideraba que la escuela y sus practicantes eran un peligro. La Bauhaus representaba una política abierta, democrática y socialista, lo que, para los nazis, suponía una gran infracción”. Un siglo después, el tiempo termina poniendo, como acostumbra, las cosas en su lugar.

Alex Vicente
Diario El País, España, abril de 2019

La muerte del comendador

de Haruki Murakami
Libro 1 (Tusquets Editores, Buenos Aires, 2018, 480 páginas)
Libro 2 (Tusquets Editores, Buenos Aires, 2019, 496 páginas)


Haruki Murakami (Kioto, 1949) es un consagrado escritor a nivel internacional, tanto por su calidad literaria (son memorables Tokio blues y Al sur de la frontera, al oeste del sol, por solo mencionar dos títulos), como por el nivel de ventas que alcanzaron sus libros (más de veinte). También obtuvo numerosos premios y es candidato al Nobel.

La muerte del comendador es una excelente novela, escrita con un estilo literario pleno de imágenes sutiles (“Tras aquellos ojos se extendía todo un mundo que sobrepasaba los límites del tiempo”) y un oficio asombroso que logra ensamblar las diferentes situaciones que se desarrollan en ambos tomos y despiertan todo tipo de intrigas. Además, capta los variados matices psicológicos de los personajes y sus descripciones de caras, interiores y paisajes asombran por su precisión y abundancia de detalles. Y como es habitual en su vasta obra abundan las reflexiones profundas: “Miro atrás y me doy cuenta de que la vida es un misterio insondable. Está llena de casualidades, de cambios de rumbo tan repentinos e increíbles como retorcidos e impensables; y cuando suceden, no apreciamos, sin embargo, ningún misterio en ellos.”

El primer tomo opta por una óptica realista en la cual plantea la soledad del narrador –un retratista, cuyo nombre no se revela– que acaba de ser abandonado por su esposa –a la que ama– sin que ella le explique el motivo. Además, va surgiendo parte del pasado secreto de Tomohiko Amada, un consagrado pintor de la escuela japonesa, que está internado en una residencia para adultos mayores por su edad y la gravedad del estado de su salud. Este reconocido artista vivió solo, como un ermitaño, en la casa que ahora ocupa el retratista a pedido del hijo del anciano, que es un amigo entrañable de la época en que estudiaban Bellas Artes. Y hay otro personaje enigmático: un vecino acaudalado – se ignora el origen de su fortuna–, que posee cuatro automóviles de alta gama y no trabaja. En la segunda mitad de este primer tomo, el narrador encuentra un cuadro de Amada llamado como el título de la novela, cuyos personajes comienzan a cobrar cierta vida y a mezclarse en el relato. (Respecto a la incursión de los cuadros en la anécdota, es imposible no evocar títulos famosos como El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde, En el Laberinto, de Alain Robbe-Grillet, La tabla de Flandes, de Arturo Pérez- Reverte y la película La ronda de noche, de Peter Greenaway).

Así, paulatinamente, y sobre todo en el segundo tomo, Murakami asume el ámbito fantástico e ingresa a un mundo mágico fuera del tiempo y del espacio. Hacia el final retorna a la presunta realidad.

El autor no pierde la oportunidad de señalar la alta cultura que tienen los personajes, quienes citan producciones musicales de distintos géneros, incluyendo los nombres de los compositores e intérpretes.

La estupenda traducción estuvo a cargo de Fernando Cordobés y de Yoko Ogihara.

Germán Cáceres

Ajedrez 2019

Sumate al Taller de Ajedrez 2019, los martes de 17 a 18:30 horas en la Biblioteca, Austria 2154, dictado por Jorge da Fonseca, para todas las edades. Para inscribirse, llame al 4802-8211 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar. Los cupos son limitados, y los socios de la Biblioteca cuentan con aranceles especiales.


El Taller de Ajedrez está pensado para que todos aprendan a jugar éste juego ciencia de forma dinámica y divertida, y puedan aprovechar todos los beneficios que les brindará su práctica.

Algunas de las capacidades que desarrolla el jugador de ajedrez a lo largo del tiempo como consecuencia de la práctica de este juego:
  • Razonamiento lógico 
  • Intuición 
  • Concentración 
  • Constancia ante las dificultades 
  • Imaginación 
  • Memoria 
  • Poder de decisión y de asunción de riesgos 
  • Humildad (aceptación de los propios errores) 
  • Capacidad de análisis objetivo 
  • Reconocimiento de las posibilidades del adversario 
  • Socialización, respeto por el adversario y corrección deportiva 
  • Confianza en sí mismo y autodominio 
  • Capacidad de previsión, planificación y de cambiar, de ser necesario, los planes establecidos 
  • Lectura de lo que subyace en una determinada posición, más allá de lo aparente 
  • Perspicacia para aprovechar la oportunidad 
  • Superación de fracasos y derrotas 
  • Sentido del ritmo de la acción en la partida 
Los participantes podrán traer sus propios juegos o utilizar los que pondrá a su disposición la Biblioteca.

Jorge da Fonseca poeta, narrador, crítico literario y periodista. Amante del Ajedrez, lo practica desde niño, enseña y participa en torneos de manera regular.

Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

El grupo es reducido, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y a quienes se inscriban a más de un taller.

Infografía: Shakespeare

Con William Shakespeare comenzamos una nueva sección de infografías literarias y culturales, gracias al periodista colombiano Pablo García Peña.


Texto: Pablo Eduardo García Peña
DG: Diego Hernández Plazas

Día internacional del libro

Hoy se conmemora el "Día Internacional del Libro", establecido por la Conferencia General de la UNESCO, a raíz de que un 23 de abril de 1616 fallecían Miguel de Cervantes y William Shakespeare. Paradógicamente, no fue el mismo día por una cuestión de calendarios...


La Conferencia General de la UNESCO celebrada en París en 1995 eligió el 23 de abril como "Día Internacional del Libro" pues supuestamente coincide con el fallecimiento de Miguel de Cervantes y William Shakespeare en la misma fecha en el año 1616. Realmente Cervantes falleció el 22 y fue enterrado el 23 cuando se consignó la fecha del fallecimiento, mientras que Shakespeare murió el 23 de abril del calendario juliano, ya que Inglaterra no había adoptado el calendario gregoriano, por lo que correspondería al 3 de mayo.

No obstante, la Unión Internacional de Editores propuso esta fecha a la UNESCO, con el objetivo de fomentar la cultura y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor. La Conferencia General de la UNESCO la aprobó en París el 15 de noviembre de 1995, por lo que a partir de dicha fecha el 23 de abril es el «Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor».

Cada año, la UNESCO y las tres organizaciones profesionales internacionales del mundo del libro (la Unión Internacional de Editores, la Federación Internacional de Libreros y la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias) eligen una capital mundial del libro cuyo mandato empieza cada 23 de abril.

Este año la elegida es Sharjah (Emiratos Árabes Unidos) por "su oferta innovadora, completa e inclusiva, con un programa de actividades centrado en la comunidad que tiene propuestas creativas para involucrar a la población inmigrante". Recordemos que Buenos Aires lo fue en 2011 y Kuala Lumpur, Malasia, lo será en 2020.

En España se celebra en esta fecha la entrega anual del Premio Cervantes, el mayor galardón otorgado a los autores hispanos.

Los invitamos a visitar nuestro catálogo on line y así descubrir los libros disponibles en la Biblioteca.

Rosalía y Gabriela, poetas de la desolación

"…Negra sombra que me asombra” (Rosalía)


“Siempre ella, silenciosa, como la gran mirada

de Dios sobre mí; siempre su azahar sobre mi casa…”
(Gabriela)


Hasta ahora no hay indicios de que Gabriela Mistral haya accedido a la obra poética de Rosalía de Castro, aun cuando Juana de Ibarbouru y Alfonsina Storni, referentes contemporáneas de Gabriela, conocieran y se encantaran con la poesía de la “hija del Sar”; también Victoria Ocampo, con quien Gabriela mantuvo asidua correspondencia, pero no existe rasgo alguno en la obra de la hija de Elqui que nos remita a la excelsa poeta gallega del siglo XIX.

No obstante, hay similitudes notables en el estro vital y estético de las dos grandes creadoras, al punto que sus obras y sus existencias, cotejadas desde la extrañeza admirativa, nos aportan señeras claves analógicas. El denominador común de ambas –me atrevo a decir- es la desolación, el desamparo del ser ante el mundo, sin paliativos, sin esperanza, salvo aquella fuerza interior que la sensibilidad estética y emocional encauza en aras de la creatividad; en este caso, lingüística y poética, en auténtico desgarramiento de la palabra, para que ésta quede temblando o fulgurando en sucesivas impotencias, cárcel patética del sentimiento que las desborda. Sin embargo, debido a su móvil intrínseco, la poesía desvela y se vuelve conocimiento intuitivo del ser y del mundo.

Rosalía casó a temprana edad con el historiador gallego Manuel Murguía, con quien tuvo cinco hijos. Hay versiones encontradas de su vida conyugal, sobre todo en aquellas instancias donde Rosalía requirió, en inmejorable metáfora de Virginia Wolf, “un cuarto propio”, ese espacio escatimado a la mujer durante siglos, ámbito que la cultura patriarcal reservó al hombre, relegando a su compañera al yugo de la cocina y al rigor silencioso de la sala de costuras, o a la esfera de esa maternidad imperativa que se atribuye a una ciega voluntad divina, que obliga pero no provee. Para unos, la poeta fue apoyada e incentivada por el marido en su actividad creadora; para otros, el esposo habría ejercido una tutela autoritaria, celoso de ese genio lírico de Rosalía del que él careció.

Estas contradicciones no podrán ya ser desveladas, pero la obra rosaliana contiene signos y rasgos que constituyen un desafío no resuelto para indagar en su mundo afectivo, en sus amores truncados –que los tuvo, sin duda-, circunstancias que le cerraron opciones a una felicidad anhelada hasta el fin de sus días, cuando en la hora postrera o derradeira le pide a su hija Gala: “Abre la ventana que quiero ver el mar…”

Rosalía fallece el 15 de julio de 1885, habiendo sido negada en vida por los poderes sociales y políticos de su tiempo, por su condición de hija “ilegítima”, así como por su poesía denunciadora de las miserias de su pueblo, sobre todo de la marginación de la mujer gallega. Como flagrante contradicción, su funeral será dirigido y “oficializado” por quienes la menospreciaron: los patriarcas políticos y caciquiles, vestidos de levita y sombrero hongo.

Quizá vibraban, acusadores en la memoria colectiva de su pueblo, esos breves versos suyos que dicen más que un tratado sociológico:

Daqueles que cantan ás pombas e ás froles/ todos din que teñen alma de muller/ I eu, que non ás canto, Virgen de la Paloma, alma de qué a terei?(De aquellos que cantan a las palomas y a las flores/ todos dicen que tienen almea de mujer/ Y yo, que no canto esos tópicos, Virgen de la Paloma,/ alma de qué tendré…)

Al iniciarse la ceremonia fúnebre, el poeta Manuel Curros Enríquez, rebelde y anticlerical, es impedido de pronunciar un discurso. Como alternativa, insiste en declamar un poema. Se le acepta, pensando quizá en la ineficacia contestataria de la poesía. Curros sube al estrado y con su potente voz de bardo canta:



Do mar pola orela miréina pasar
Na frente una estrela
No bico un cantar

E vina tan soia na noite sin fin
Que inda recéi pola probe da tola
Eu que non teño quen rece por min

A musa dos pobos que vin eu pasar
Comesta dos lobos, comesta morreu
Os ósos son dela que vades gardar

Ai dos que levan na frente unha estrela
Ai dos que levan na frente un cantar.


(Del mar por la orilla la miré pasar
En la frente una estrella
En los labios un cantar…




Y la vi tan sola en la noche infinita
Que entonces recé por la pobre loca
Yo que no tengo quien rece por mí.

La musa de los pueblos que yo vi pasar,
Comida por los lobos, devorada murió.
Los huesos son de ella, que vais a enterrar…

Ay de los que llevan en la frente una estrella,
Ay de los que llevan en los labios un cantar.)


Cómo no establecer una similitud con Gabriela Mistral, cuando obtuviera, en 1945, el primer Nobel de Iberoamérica, habiendo sido patrocinada al galardón universal, no por Chile, sino por el gobierno

de la República del Ecuador. Como patético y grotesco desenlace, seis años más tarde, se le otorga un tardío Premio Nacional de Literatura. Hasta el día de hoy, Gabriela sigue siendo preterida por la “oficialidad literaria” de Chile, con honrosas excepciones de exegetas como Jaime Quezada o Naín Nómez.

De la infancia de Gabriela se recogen testimonios contrapuestos y desvaídos en el tiempo. Habría sido abusada por su padrastro, hecho que influiría, definitivamente, en su comportamiento afectivo con los hombres. Se ha especulado, asimismo, acerca de supuestas inclinaciones lesbianas con sus asistentas y secretarias. Del sobrino que adoptó, Yin Yin, se ha dicho que fue hijo carnal de un amorío secreto… Pero el morbo sensacionalista da para todo, menos para un análisis lúcido de su obra a la luz de una existencia atormentada, que iba a ensombrecerse aún más con el suicidio del sobrino adolescente.

Una década después de la partida de Gabriela nos enteramos de sus encendidas cartas de amor con el poeta Manuel Magallanes Moure, en furtiva y clandestina relación que, según amigos y conocidos cercanos, no habría llegado a su culminación carnal, aunque el fuego de las palabras y de las imágenes epistolares sugiera una pasión desbocada de alma y cuerpo. La poeta escribió al respecto versos significativos:


Él pasó con otra;

yo le vi pasar.
Siempre dulce el viento
y el camino en paz.
¡Y estos ojos míseros
le vieron pasar!

No obstante el ardor epistolar con el que Gabriela parece entregarse por completo al amado, las respuestas de Magallanes Moure son más bien cautelosas, como si estuviese inquieto por verse sorprendido en “falta moral”. Es probable que las cartas más comprometedoras escritas por él a la poeta hayan desaparecido.

Se cuenta que ambos concertaron una cita en la estación El Volcán, del ferrocarril cordillerano que unía, a través de rieles de trocha angosta, la actual Plaza Baquedano, en el centro de Santiago, con esa última parada de un antiguo paso fronterizo en los altos del Cajón del Maipo, entre las cumbres fronterizas de Los Andes.

Manuel la esperó en al andén, vestido con un panamá y sombrero de pita; en el ojal llevaba una rosa roja. Gabriela descendió, caminando a su encuentro por la plataforma. Cuando estaba a unos treinta metros de él, se detuvo, volvió presurosa y se metió en uno de los carros a punto de iniciar el descenso. Un encuentro frustrado, una señal o sino que iba a repetirse muchas veces en la vida de la Poeta, hasta que cuatro décadas más tarde, ella encontró la correspondencia de su amor en Doris Dana, una joven estadounidense estudiosa de su poesía y admiradora incondicional.

Pero cabe preguntarnos, ¿qué hay detrás de esta perenne actitud desolada de ambas creadoras? Quizá una insatisfacción que está más allá de los paliativos que provee la íntima anuencia con otros seres humanos; tal vez una suerte de angustia metafísica de hondo arraigo femenino, tan misteriosa como inexpresable, aún a través de sus genios poéticos. Hay en sus obras un profundo sentido de la vida como tragedia irremediable, de la presencia de la muerte como sombra aciaga o peligro inminente que se ciernen sobre los seres amados para segar su existencia, sumiéndolas en total desamparo, en definitiva orfandad.

Para una parte de nosotros, la que habita en el Noroeste de la vieja Galicia, Rosalía es “la Gabriela Mistral” de los gallegos; para la que mora en la estrecha y larga cinta del Último Reino”, Gabriela es “la Rosalía de Castro” de los chilenos.

Ambos cantos, ambas voces, pervivirán, porque son imprescindibles, pues sin ellos estaríamos sumidos en esa “negra sombra” que nos desasosiega sin remedio.

Edmundo Moure

Sabina en el Congreso de la Lengua

El cantautor español participó del panel "Poesía y diversidad cultural" en el encuentro llevado a cabo en Córdoba. Aquí, el video de su discurso.


"Antes que nada, qué maravilla de teatro, me da mucho gusto estar aquí. Si no me hubiera invitado Luis (García Montero del Instituto Cervantes) me lo hubiera perdido", manifestó Joaquín Sabina ante un público fervoroso en el Teatro del Libertador San Martín.

"Comprenderán ustedes que ante tantos poetas y tantos eruditos me siento un poco impostor, pero siempre me ha gustado sentirme así, es decir, asistir a fiestas que se supone no tendría por qué ser invitado", dijo en el marco del  VIII Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE) 2019 que se celebró en Cordoba, del 27 al 30 de marzo.

"No estoy en absoluto dotado para la teoría y la erudición, aunque con el auge de los pequeños nacionalismos que, por desgracia, estamos sufriendo en el mundo, yo me considero de una patria mucho más grande que es mi lengua española y creo que es un milagro que ustedes se hayan reunido para opinar de poesía y palabras llenas de magia porque la misma lengua que sirve para pelearse con alguien en un bar o para cualquier cosa sirve para darle unas gotitas de magia", sostuvo.Sabina fue ovacionado por todo el público presente.

A continuación leyó un poco de su prosa y un par de poemas, porque en esta oportunidad "no teorizaré", dijo.

En su lectura de prosa mezcló algo de las letras de sus canciones, "porque me explican un poco", adujo el poeta y pintor.


Aunque no habló en forma directa de poesía, en medio del texto pronunció algunas de las letras de sus canciones: "Me daban las 10 y las 11 y las 12 y la una; todas las calles se llaman melancolía; ruleta rusa, de escribirle una carta póstuma a Garzón; de tantas bocas adorables que nunca serán mías; tengo una mala salud de hierro, y una rubia me tira un beso desde el público aprovechando un despiste de su novio, ese idiota moreno que juega al baloncesto", entre otras.

Al finalizar su alocución, el cantautor recibió un cerrado aplauso y el grito del público enfervorizado que pedía que entone algunas de sus canciones, a lo que Sabina contestó: "¡Si ustedes supieran la emoción que siento por no tener que cantar en esta ocasión!" y se retiró del escenario dejando el lugar inundado de su poesía urbana.