Los breves mundos

de Eugenio Mandrini
(Desde la gente, Buenos Aires, 2018, 128 páginas)


La selección, prólogo y entrevista corresponde a Matías Mauricio, que en la contratapa opina: “¿Quién es Mandrini? La respuesta la encontrarán en cada una de sus criaturas (microficciones) tejidas con embrujo poético y limpidez narrativa. Cada relato suyo, un objeto único. Cada título, un sinfín de ambigüedades.” Respecto a estos textos, en la entrevista el autor considera que: “Se trata de un género en formación, básicamente fragmentario, cuya longitud oscila entre una sola línea a treinta o poco más. Brevedad, concisión, ambigüedad, sugerencia, ilusionismo, caos, resplandor, brujería, suelen ser entre otros los puntos de apoyo de su escritura…”

Por ejemplo, en «Sin novedad en el cielo» se transforma el sentido de la misión del arca de Noé, porque aunque éste explica a los animales que los está protegiendo del diluvio universal ocurre que “…solo cayeron tres gotas desabridas, y ya hace largo tiempo en que todo es rugiente sol de día y límpida luna y estrellas de noche.” Y concluye: “¿Adónde nos lleva este hombre?”

Asombra en estas bellas microficciones la capacidad de innovación de Mandrini, al parecer inagotable. Contienen reflexiones agudas y amargas, como las que expone en «Desdicha de los primeros». Algunas pertenecen al ámbito fantástico o, si se quiere, al surrealismo: su audacia imaginativa carece de límites. Aquí van algunos ejemplos: “Sus camaradas de fulgor coinciden en reconocer que nunca hubo en el desierto un poeta como él en el viejo arte de crear visiones de la nada.” «No todo es desierto en el desierto»/”Solo hay tres clases de ciegos (…) Y finalmente está aquél, el ciego que palpa afanoso los contornos y la grietas, los movimientos y temblores de los breves mundos. Ese, el tercero, es el amante.” «Parpadeos». /“¿Quieres la libertad, eso quieres?, le dijo el hombre a su perro (…) y le abrió la puerta de la casa. (…) De poder hablar el perro habría dicho que eso de la libertad es demasiado inalcanzable, y empujándola con el hocico, cerró la puerta.” «Tierra firme». /”No, no es extraño que una sombra se suicide saltando por la ventana.” «Misterio muy oscuro». / «La bella y el bestia» relata en apenas trece renglones el mágico encuentro entre una sirena y un centauro.

Da mucha importancia a los títulos y es ante todo un poeta que se ha volcado a narrar microficciones con sentido trágico y sombrío, apenas suavizado por algunas ocurrencias humorísticas.

Matías Mauricio nació el 7/07/1978 en Lanús, Buenos Aires. Poeta, docente, ensayista y editor, es miembro titular de la Academia Nacional del Tango, y de número de la Academia Porteña del Lunfardo. Referente de la letrística del tango, fue incluido en numerosas antologías. Es autor de Bandoneón Blindado (2010), Julián Centeya, biografía y poemas inéditos (en coautoría con Roberto Selles, 2014) y Cruel en el Cartel (2018).

Eugenio Mandrini nació el 16/12/1936 en Boedo, Buenos Aires. Es poeta, novelista, ensayista, guionista de historieta y autor de los siguientes libros: La bilis (1973), Criaturas de los bosques de papel (1987), Discépolo, la desesperación y Dios (1988), Antes que el viento se apague (1989), Conejos en la nieve (2009, premiado en el Concurso de Poesía Olga Orozco), Los poetas del tango (2000), Las otras criaturas (2013) y Con voz de perro lunar (2014). Colaboró en la mítica revista de historietas Turay. Es miembro titular de la Academia Nacional del Tango. Obtuvo el primer premio municipal de poesía de la Ciudad de Buenos Aires (2008-2009).

Germán Cáceres

Coro 2019

En mayo retomará el taller de Coro con preparación vocal, a cargo de las profesoras Inés Maurel y Alejandra Varela. Será todos los viernes a las 18:30 horas, en Austria 2154. Para inscribirse, llame al 4802-8211 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar. Los cupos son limitados, y los socios de la Biblioteca cuentan con aranceles especiales.


Las profesoras Inés Maurel y Alejandra Varela brindan nociones de técnica vocal, respiración, vocalización y repertorio adaptado en el taller de Coro que comenzará el viernes 3 de mayo, todos los viernes a las 18:30 horas.

Inés Maurel estudió canto en el Conservatorio Nacional de Música CARLOS LOPEZ BUCHARDO, el Conservatorio Municipal MANUEL DE FALLA y el Instituto Superior de Arte del TEATRO COLÓN.

Técnica Vocal con las profesoras Marta Benegas, Carmela Giuliano, Isabel Rodríguez, Nilda Hoffman y el Maestro Armando Miotto.

Repertorio con los Maestros Dante Ranieri, Gianni Rinaldi, Hugo Charpentier, Jorge Ugartamendía, Rubén Castagnetto, Armando Marrazzo, Marina Ruiz y las profesoras Lidia De La Merced, Madalit Lamazares y Sofía de Rey.

Realizó estudios en música Argentina y Latinoamericana, piano y técnicas teatrales. Canta en castellano, italiano, francés, portugués y alemán.

Ha realizado conciertos de Música de Cámara, Opera y Zarzuela. Recibió el premio “Joyas de España”, Medalla de Oro del Honorable Concejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires.

La pianista Alejandra Varela participó del acto de Homenaje a los Desaparecidos Españoles en la Argentina que se realizó en nuestra Biblioteca en 2017.



Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

Los grupos son reducidos, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller.

Congreso de la lengua

Bajo el lema "América y el futuro del español. Cultura y educación, tecnología y emprendimiento", se celebrará en Cordoba, del 27 al 30 de marzo, el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española.

Los Congresos Internacionales de la Lengua Española (CILE) son los encuentros más importantes relacionados con la lengua y cultura en español, organizados cada tres años por el Instituto Cervantes, la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua en colaboración con diferentes gobiernos de Hispanoamérica.

Los Congresos de la Lengua constituyen foros universales de reflexión sobre la situación, problemas y retos del español, y pretenden avivar la conciencia de corresponsabilidad de personas gobiernos e instituciones en la promoción y en la unidad de la lengua, así como impulsar el diálogo de toda la comunidad cultural hispánica.

Las anteriores ediciones se realizaron en Zacatecas (México), Valladolid (España), Rosario (Argentina), Cartagena de Indias (Colombia), Valparaíso (Chile) y la ciudad de Panamá (Panamá).

Las actividades del CILE se desarrollarán en cuatro sedes: Teatro del Libertador General San Martín, Teatro Real, Facultad de Ciencias exactas, físicas y naturales; y en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba. Habrá también tres sedes de retransmisión: Pabellón Argentina de la Ciudad Universitaria de la UNC, el Cabildo de la Ciudad de Córdoba y la Facultad de Lenguas de la UNC en su sede del centro.

Reunirá a más de 200 escritores, académicos, expertos y profesionales de todo el mundo que debatirán en torno al lema "América y el futuro del español. Cultura y educación, tecnología y emprendimiento".

En paralelo también se realizará el Festival de la Palabra que contará con un programa de numerosas propuestas culturales y actividades especialmente diseñadas para expresar la riqueza y multiplicidad artística de la provincia. Se trata de un evento popular que tendrá lugar desde el 20 hasta el 30 de marzo y preparará el clima previo al CILE, acompañando su realización.

Teatros, museos y centros culturales de la ciudad y la provincia de Córdoba, así como también plazas, clubes, bibliotecas públicas y los más diversos espacios serán escenarios culturales en los cuales los cordobeses y asistentes al Congreso podrán participar. Habrá expresiones y actividades en ciudades de toda la provincia, y en Córdoba, el epicentro será la Plaza San Martín con una feria del libro y múltiples presentaciones culturales.

En tanto, el 25 y 26 de marzo también tendrá lugar un Seminario Iberoamericano de Periodismo y Comunicación con seis paneles donde destacados profesionales de la comunicación debatirán sobre el derecho a la palabra, el valor de la palabra, intertextualidad, nuevos medios y convergencia mediática digital entre otros ejes. Además, ese mismo lunes y martes se realizarán las Jornadas para profesores de español en las que docentes y estudiantes de carreras afines a la enseñanza del español junto a otros profesionales vinculados a la actividad, trabajarán sobre la temática “El español en el mundo y los mundos del español: fortaleciendo el diálogo entre cultura e identidad”. El primero se llevará a cabo en la Sala de las Américas del Pabellón Argentina, UNC, y el segundo tendrá lugar en la Facultad de Lenguas y Claustrorum de la Universidad Nacional de Córdoba.

La Comisión Organizadora del CILE 2019 está compuesta por el Instituto Cervantes, la Real Academia Española,la Asociación de Academias de la Lengua Española, el Gobierno Nacional a través de la Secretaría de Turismo, el Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología y del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, el Gobierno de la Provincia de Córdoba desde el Ministerio de Educación, la Agencia Córdoba Cultura y Agencia Córdoba Turismo, la Municipalidad de la Ciudad de Córdoba, junto a sus secretarías de Cultura y Educación y la dirección de Turismo, y la Universidad Nacional de Córdoba, además de otras entidades públicas y privadas.

El miércoles 27 de marzo, a las 10 de la mañana, se abrirá la Solemne Sesión Inaugural del CILE, en la Sala del Teatro del Libertador San Martín, encabezada por S.M el rey de España, Felipe VI; el presidente de la República Argentina, Mauricio Macri; el gobernador de la Provincia de Córdoba, Juan Schiaretti; el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero , el director de la Real Academia Española y presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española- ASALE, Santiago Muñoz Machado; la secretaria general de la Secretaría General Iberoamericana – SEGIB-, Rebeca Grynspan; y los escritores Mario Vargas Llosa y Carme Riera.

Participarán también en las sesiones y paneles del CILE Joaquín Sabina, Mempo Giardinelli, Alejandro Dolina, Juan Luis Cebrián, Guillermo Jaim Etcheverri, Jorge Volpi, Pablo de Santis, Martín Caparrós, Teresa Andruetto, Norma Morandini, Cristina Bajo, Perla Suez, entre otros académicos y reconocidas personalidades de la lengua y la cultura en español.

Las sesiones tendrán cinco ejes temáticos: El español, lengua universal; Lengua e interculturalidad; Retos del español en la educación del siglo XXI; El español y la sociedad digital; y La competitividad del español como lengua para la innovación y el emprendimiento. Cada eje tiene una Sesión Plenaria compuesta por una ponencia general y una o dos mesas redondas; y entre cuatro y seis paneles que abordan los asuntos del debate con un enfoque sectorial.

El programa del CILE también contempla cuatro sesiones plenarias especiales. Una en homenaje a Víctor García de la Concha, exdirector de la Real Academia Española (1998-2010) y del Instituto Cervantes (2012-2017); otra dedicada al compositor español Manuel de Falla; otra en la que se presentarán actividades y proyectos de la RAE-ASALE, del Instituto Cervantes, de la Academia Argentina de Letras y la Universidad Nacional de Córdoba. Finalmente, la cuarta sesión plenaria especial será un homenaje a un siglo de relaciones culturales entre América y España, bajo el título Viaje y tornaviaje.

El primer congreso Internacional de la Lengua Española (CILE) se realizó en 1997 en Zacatecas, México y el segundo en Valladolid, España durante el 2001. El tercero tuvo a la ciudad de Rosario, Santa Fe, Argentina, como anfitrión en el año 2004 y el cuarto se desarrolló en Colombia en el 2007. Chile, Valparaíso fue la locación del quinto CILE en el 2010, mientras que el sexto congreso se realizó en la Ciudad de Panamá en Panamá en el 2013 y el séptimo tuvo lugar en Puerto Rico en el año 2016.

Teatro: clase abierta

El jueves 28 de marzo a las 18:30 horas se realizará una clase abierta de Teatro, a cargo del profesor Jorge Incorvaia.


Antes de que el Taller de Teatro de comienzo en nuestra Biblioteca, a partir de abril, el profesor Jorge Incorvaia dará una clase abierta gratuita el jueves 28 de marzo a las 18:30 horas, en Austria 2154. ¡Los esperamos!

Toda la información sobre el Taller de Teatro la encontrará en este enlace.

Taller Literario 2019

Carlos Penelas comenzará el Taller Literario 2019 en nuestra Biblioteca, Austria 2154, a partir del  4 de abril. Puede cursarse todos los jueves, de 20 a 21:30 horas. Para inscribirse, llame al 4802-8211 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar. Los cupos son limitados, y los socios de la Biblioteca cuentan con aranceles especiales.


Carlos Penelas ha publicado más de treinta libros de poesía y veinte de prosa, en una extensa carrera que ya lleva más de cuarenta años desde la aparición de su primer poemario, y sigue vigente con un último libro, El mar en un espejo de otoño, y otro de próxima publicación este año. Aquí, algunos de los lineamientos que seguirá el Taller, y una breve síntesis biográfica de Penelas.

Propósito
Brindar una visión global de la poesía y la narrativa haciendo una referencia a géneros, autores (nacionales y extranjeros), las raíces, relaciones que se establecen en una literatura comparada y su vinculación con las demás artes.

El taller está pensado para que se obtenga una visión desde la breve historia de la Estética, el análisis de la lectura, el estudio de recursos expresivos, tanto en poesía como en narrativa e introducir al alumno en un ámbito de reflexión.

Objetivos
Conocer elementos prácticos en el análisis literario, claves en el hecho literario, el proceso de creación y de escritura. El participante podrá obtener una mayor formación en la redacción de textos poéticos, narrativos, etc.

El misterio de la creación -autor y lector- irá develando una forma de bucear el alma humana. El taller se enriquecerá a partir de propuestas y lecturas paralelas, no sólo en el campo literario, si no también en una visión social.

Se trata de indagar caminos hacia la convergencia de pensamiento y la literatura. Se recorrerán senderos con una idea de la crítica textual que comprenda una diversidad de actitudes dentro del corpus clásico y contemporáneo.

Ejes temáticos
La sensibilidad creadora - El acto literario, la educación de la sensibilidad - El poder de la escritura - Las raíces en la creación - El intelectual y su medio - La estética y la ética en el proceso creador. Ejemplos en cine, en música, en pintura.

Alumnos publicados
Los talleristas que cursaron en 20102011 y 2013 fueron convocados por la Editorial Dunken para publicar en las ediciones respectivas de El libro de los talleres. En 2018, otro tallerista publicó en Diario del Viajero y Todo es cuento.

Sobre Carlos Penelas
Cursó estudios en la Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta, donde siguió el profesorado en Letras. En la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires cursó Historia del Arte y Literatura. Como estudiante obtuvo en 1968 el Primer Premio de Poesía y Primer Premio de Ensayo en la Escuela Normal de Profesores. Su obra ha obtenido a lo largo de los años el reconocimiento de numerosos autores y prestigiosos críticos.

En 1977 obtuvo el premio "Arturo Marasso" otorgado por el Mariano Acosta; en 1981 logra la Faja de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE); en 1986 el premio "Accésit" otorgado por la XII Exposición Feria Internacional de Buenos Aires "El libro (del autor al lector)" por la mejor cobertura como cronista de Radio Nacional; en 1988 el premio a la Mejor Cobertura como cronista de Radio Nacional otorgado por la XIV Feria Internacional del Libro; en 1988 el Primer Premio de Poesía "Alfonsina Storni" otorgado por Gente de Letras; en 1992 la Mención Especial de Poesía en el Concurso Latinoamericano "Carlos Sábat Ercasty", Montevideo, Uruguay.

Coordina talleres literarios desde 1984, cuando fue Director de los dictados en la SADE. Actualmente mantiene un taller particular en su domicilio.

Fue crítico literario desde 1983 hasta 1989 de LS1 Radio Municipal y LRA Radio Nacional, donde condujo distintos programas culturales. Colaboró durante años con el suplemento literario del diario La Prensa, y fue columnista de medios gráficos del país y el exterior.

Dictó conferencias en la Universidad de La Coruña, Cátedra de Literatura Latinoamericana y la Universidad Autónoma de Madrid. La Fundación Internacional Jorge Luis Borges lo hizo participar entre los diez poetas vivientes más importantes. En los últimos años ha realizado extensas giras de conferencias por Europa, Sudamérica y el interior del país.

Más información en http://www.carlospenelas.com/

Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

El grupo es reducido, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller. &nb

Talleres de Italiano 2019

El miércoles 3 de abril comienza el Taller de Italiano 2019 en la Biblioteca, Austria 2154, coordinado por la Profesora Stella Maris Scuderi. La novedad para este año son los tres niveles los miércoles, más un curso de conversación, los jueves. Para inscribirse, llame al 4802-8211 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar. Los cupos son limitados, y los socios de la Biblioteca cuentan con aranceles especiales.


El Nivel 1, pensado para un nivel inicial, se dictará en clases de una hora por semana los miércoles a las 17 horas. El Nivel 2, más avanzado, los miércoles a las 18 horas, mientras que a las 19 comenzará el Nivel 3.

Este año además sumamos otro día, ya que los jueves a las 19 horas habrá encuentros de Conversación para alumnos avanzados.

El programa incluye la comprensión y producción de textos orales y escritos, fijación de aspectos comunicativos y gramaticales mediante actividades orales y escritas, ejercicios interactivos. Canciones, juegos y videos. Conversación. Propuestas de ejercitación online.

La Profesora Stella Maris Scuderi es Dottore in Lingua e Cultura Italiana de ICoN - Università di Pisa.

Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

El grupo es reducido, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller.

Taller de Teatro

En 2019 comenzaremos un nuevo Taller de Teatro en la Biblioteca, dictado por Jorge Incorvaia. Será los martes y jueves a las 18:30 horas, comenzando el 4 de abril. El jueves 28 de marzo habrá una clase abierta gratuita. Para inscribirse, llame al 4802-8211 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar. Los cupos son limitados, y los socios de la Biblioteca cuentan con aranceles especiales.


Actuación, expresión corporal, higiene de la voz, ética del actor e historia del teatro son algunas de las propuestas del profesor Jorge Incorvaia en el Taller de Teatro en la Biblioteca.

Jorge Incorvaia es maestro normal nacional, pianista, actor y dramaturgo. Actuó en teatro, cine, televisión y radio, dirigido por Osvaldo Bonet, Luis Agustoni, David Kohon y otros. También dirigió otras propias y ajenas.

Cursó en la Escuela Nacional de Arte Dramático y fue alumno de los Maestros Luis Agustoni, Rubens Correa y tomó seminarios de dramaturgia con Ricardo Halac y Roberto Perinelli, entre otros. Además, asistió a clases de perfeccionamiento y talleres dictados por Juan Carlos Gené, Verónica Oddó, Ricardo Monti, Francisco Javier, Augusto Fernándes, entre otros.

Ejercició la docencia en la Escuela Nacional de Arte Dramático, Instituto San José, La Salle y la Facultad de Filosofía de la UBA, entre otros espacios. 
 
En 2005 obtuvo el Premio Estímulo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por el concurso de dramaturgia "Mujeres con valor". En 2018 ganó el certamen de Microficciones radiales de Argentores.

Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

Los grupos son reducidos, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller.

Taller de Dramaturgia

Un nuevo Taller comenzará en la Biblioteca este año: Dramaturgia, a cargo de Jorge Incorvaia. Será los lunes a las 19 horas, comenzando el 1 de abril. Para inscribirse, llame al 4802-8211 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar. Los cupos son limitados, y los socios de la Biblioteca cuentan con aranceles especiales.


Jorge Incorvaia es maestro normal nacional, pianista, actor y dramaturgo. Actuó en teatro, cine, televisión y radio, dirigido por Osvaldo Bonet, Luis Agustoni, David Kohon y otros. También dirigió otras propias y ajenas.

Cursó en la Escuela Nacional de Arte Dramático y fue alumno de los Maestros Luis Agustoni, Rubens Correa y tomó seminarios de dramaturgia con Ricardo Halac y Roberto Perinelli, entre otros. Además, asistió a clases de perfeccionamiento y talleres dictados por Juan Carlos Gené, Verónica Oddó, Ricardo Monti, Francisco Javier, Augusto Fernándes, entre otros.

Ejercició la docencia en la Escuela Nacional de Arte Dramático, Instituto San José, La Salle y la Facultad de Filosofía de la UBA, entre otros espacios. 
 
En 2005 obtuvo el Premio Estímulo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires por el concurso de dramaturgia "Mujeres con valor". En 2018 ganó el certamen de Microficciones radiales de Argentores.

Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

Los grupos son reducidos, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller.

Actividad física para adultos mayores

La profesora Cristina Bartolomé comenzará a partir de este año con clases para mejorar la coordinación, estimular la actividad física y las capacidades motrices de los adultos mayores. Será los lunes a las 17:30 horas, comenzando el 1 de abril. Para inscribirse, llame al 4802-8211 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar. Los cupos son limitados, y los socios de la Biblioteca cuentan con aranceles especiales.


La nueva propuesta en la Biblioteca son clases de actividad física y elongación para adultos mayores, con el objetivo de mantener la coordinación, el fortalecimiento muscular y articular.

Además, se trabajará sobre las capacidades motrices y cognitivas, para evitar el estrés.

Cristina Bartolomé, que da clases de Elongación y Biomecánica Corporal desde hace unos años en nuestra Biblioteca, estudió en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y la Escuela Nacional de Danzas. Se formó, además, en danza clásica con maestros como O. Kirowa, M. Ruanova, A. Mastrazzi, G. Kazda y otros. Hizo talleres de Danza de Carácter, Perfeccionamiento en yuntas, Barra á terre, Danza Moderna, Española y Técnicas Teatrales.

Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

El grupo es reducido, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller.

Ajedrez 2019

Desde abril, los martes de 17 a 18:30 horas, comienza el Taller de Ajedrez 2019 en la Biblioteca, Austria 2154, dictado por Jorge da Fonseca, para todas las edades. Para inscribirse, llame al 4802-8211 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar. Los cupos son limitados, y los socios de la Biblioteca cuentan con aranceles especiales.


El Taller de Ajedrez está pensado para que todos aprendan a jugar éste juego ciencia de forma dinámica y divertida, y puedan aprovechar todos los beneficios que les brindará su práctica.

Algunas de las capacidades que desarrolla el jugador de ajedrez a lo largo del tiempo como consecuencia de la práctica de este juego:
  • Razonamiento lógico 
  • Intuición 
  • Concentración 
  • Constancia ante las dificultades 
  • Imaginación 
  • Memoria 
  • Poder de decisión y de asunción de riesgos 
  • Humildad (aceptación de los propios errores) 
  • Capacidad de análisis objetivo 
  • Reconocimiento de las posibilidades del adversario 
  • Socialización, respeto por el adversario y corrección deportiva 
  • Confianza en sí mismo y autodominio 
  • Capacidad de previsión, planificación y de cambiar, de ser necesario, los planes establecidos 
  • Lectura de lo que subyace en una determinada posición, más allá de lo aparente 
  • Perspicacia para aprovechar la oportunidad 
  • Superación de fracasos y derrotas 
  • Sentido del ritmo de la acción en la partida 
Los participantes podrán traer sus propios juegos o utilizar los que pondrá a su disposición la Biblioteca.

Jorge da Fonseca poeta, narrador, crítico literario y periodista. Amante del Ajedrez, lo practica desde niño, enseña y participa en torneos de manera regular.

Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

El grupo es reducido, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y a quienes se inscriban a más de un taller.

De Hiroshima a Nagasaki: huellas de uranio

El Japón que sobrevivió a las bombas atómicas, desde la mirada de un viajero uruguayo.


Cúpula Genbaku en Hiroshima: Fragmentos de memoria. Foto Laura Santos

En una calle no muy transitada de Hiroshima detenemos nuestra caminata nocturna frente a una pequeña placa. En la esquina hay un pequeño supermercado de 24 horas, o conbini, como le dicen en Japón. Detrás de la placa se levanta un edificio chico vestido con baldosas grises y nada podría hacer que esta cuadra pareciera menos interesante.

Sin embargo, leemos la placa y al igual que debe hacer casi cualquier turista, miramos hacia arriba, al cielo oscuro y estrellado, para imaginarnos un flash inabarcable. Es que exactamente seiscientos metros por encima de nosotros estalló Little Boy. Esta placa indica el hipocentro, el punto donde estalló la primera bomba atómica arrojada sobre población civil.

Cuatrocientos ochenta y nueve kilómetros en tren hacia el sur hay otro hipocentro, algo menos recordado: Nagasaki. Está marcado con un alto monolito negro que apunta hacia el sitio en el aire donde estalló Fat Man, la segunda bomba, y está rodeado por amplios círculos concéntricos escalonados con pasto, que sugieren la onda expansiva. Pero como fue la segunda, tuvo menos prensa y es menos recordada, por lo que hay poco turista atómico, a pesar de que tiene un mejor museo y memorial que el de Hiroshima. Hasta en las desgracias, ser el primero tiene sus ventajas.

Ese fenómeno del destaque de una ciudad sobre otra empezó cuando en mayo de 1946, nueve meses después de la bomba, The New Yorker envió al periodista John Hersey a Hiroshima, a hacer un extenso reportaje sobre las víctimas. El estadounidense estuvo un mes en la ciudad y siguió las experiencias de seis sobrevivientes. Cada uno de ellos contaba su vivencia del horror del día en que estalló Little Boy y cómo, por azar, milagro o la razón que se quiera, se salvó para ser testigo del infierno desatado. Sin embargo, señala Hersey, lo que tenían en común entre ellos y los demás sobrevivientes que fue encontrando, era una suerte de orgullo por la forma en la que habían salido adelante después de una experiencia que no tenía puntos de contacto con nada que la humanidad hubiese visto hasta ese momento.

Mientras paseamos por el parque del castillo de Hiroshima, a pleno mediodía, un japonés veterano nos sigue en bicicleta hasta que nos alcanza. “¿De dónde vienen?” nos pregunta curioso y contento. Cuando le respondemos, exclama “¡Uruguay!” (porque todos los japoneses lanzan exclamaciones con frecuencia) y luego nos dice, literalmente, “Bien-va-nido”. Y se despide con un saludo y más sonrisas.

No es el único que en Japón reacciona de esa forma. Y es común que cualquiera sepa que Uruguay está en Latinoamérica y que se habla español, ya sea por referencias futbolísticas, por Mujica o por simple cultura general. En Nagasaki, el dueño del hostal en el que nos quedamos es un joven que nos pregunta cómo conseguir mate, ya que quiere probarlo después de haber visto cómo lo toman Messi y Suárez.

En Hiroshima el clima relajado de sus calles y habitantes y su buena disposición parecen hablar de una ciudad que no solo cuida la gigantesca cicatriz que le dejó la fisión nuclear de un kilo de uranio enriquecido, sino que la muestra con una mezcla de solemnidad y orgullo nacional. No en vano cuidan y exhiben las ruinas del domo Genbaku, esqueleto de un antiguo edificio público y una de las pocas cosas que quedaron más o menos en pie en los alrededores del hipocentro.

Hacia el final de su libro, Hersey escribe: “Un sorpresivo número de personas en Hiroshima seguían más o menos indiferentes con respecto a la ética de usar la bomba. Posiblemente estaban demasiado aterrorizados por ella como para pensarlo…”. Ahí aparece otro factor que descubrió el periodista: la idea de que atravesaban el horror atómico en nombre del emperador y de su imperio.

Ese factor no aparece mencionado en el estremecedor Museo de la Paz de Hiroshima, donde solamente se dice que Japón inició la guerra del Pacífico con el ataque a Pearl Harbor, en 1941. Es cierto que el foco del museo es la recreación del momento de la bomba, eso que los sobrevivientes describían solo como un flash enceguecedor, las consecuencias horrendas que la guerra llevó a la población civil y la concientización sobre la carrera nuclear e incluso el mercado negro de esas armas en este siglo. Pero por otro lado, afirman los textos del museo, Estados Unidos podría haber amenazado con la bomba en lugar de arrojarla como forma de justificarle a su propia población los dos mil millones de dólares que habían invertido para desarrollarla.

El grito de guerra Tenno heika, banzai, o Larga vida al emperador, que menciona Hersey como algo que se repetían algunas de las víctimas de la bomba, tampoco aparece en I Saw It (Lo vi), un manga de Keiji Nakazawa. Se vende en el museo de Hiroshima y tiene la virtud de haber sido el primer cómic que recreó en primera persona el horror de todo lo que siguió a la mañana del 6 de agosto de 1945. Es una historieta de veinticuatro páginas que cuenta explícitamente lo que vio el autor, lo que perdió su familia, la miseria de los años siguientes y cómo se convirtió en historietista, o mangaka. Nakazawa hizo después un manga más ambicioso y fundamental para entender esta tragedia, Gen Piesdescalzos, que luego fue adaptada al animé.

En I Saw It hay una escena que tal vez ayude a entender la actitud japonesa ante la catástrofe y cómo se reconstruyeron estas Hiroshima y Nagasaki que respetan sus cicatrices, pero que reciben con alegría y orgullo a los turistas. Es la secuencia en la que la madre de Nakazawa crema el cuerpo de su bebé, muerto por desnutrición, y luego sostiene su cráneo. “Mi madre miró a las llamas sin derramar una lágrima”, dice el autor. “Supongo que no tuvo tiempo de llorar, porque era lo único que podía hacer para mantenerse viva y alimentarnos”.

Es de noche, otra vez, y a la orilla del río Motoyasu, que cruza Hiroshima, se paran decenas de niños y un profesor. Para un extranjero es raro ver a esa hora tantos niños con un solo adulto responsable. Varios de ellos nos saludan amablemente y luego todos entonan una canción, al mismo tiempo que en la otra orilla algunos adultos encienden y colocan lámparas rojas en el agua. Mientras siguen su delicada y melancólica canción, caminan a la par de las lámparas, llevadas por la corriente. Nosotros seguimos sus pasos y atendemos a todo lo que hacen. Es inevitable y parece una lección involuntaria, como todo en estas dos ciudades.

Matías Castro
Diario El País de Uruguay

El hombre de la dinamita

de Henning Mankell
(Tusquets editores, Buenos Aires, 2018, 240 páginas)


En este, su primer libro, que escribió en 1972, Mankell emplea un estilo directo, de frases cortas y carentes de ornatos. Narra como si se tratara de apuntes y notas para una novela. Y aunque se está lejos del autor que creó la famosa saga del inspector Kurt Wallander, igualmente se trata de un texto notable.

Parte de un hecho real: en 1911, en Norrköping, Suecia, inesperadamente estalló una partida de dinamita que se utilizaba para perforar túneles y construir un ferrocarril. El obrero Oskar Johansson fue la única víctima del accidente, y los diarios lo dieron por muerto, pero milagrosamente logró salvarse y vivir hasta 1969, cuando tenía ochenta años. También se casó y pudo tener hijos.

Padeció una tremenda minusvalía: perdió un ojo, el pelo, medio pene y una mano (de la otra le quedó apenas el pulgar y el índice). Igualmente siguió trabajando de dinamitero hasta que se jubiló, pero en tareas que no tenían contacto con el explosivo.

Oskar no recuerda el momento de la detonación. Lo único que evoca son las pesadillas posteriores que lo asediaron.

En una mezcla de sus propias reflexiones y de las observaciones de testigos, se va revelando que las condiciones en que vivió desde su infancia fueron lamentables: su padre trabajaba duramente como vaciador de letrinas y no podía deshacerse del mal olor. La novela también va refiriendo las penurias, limitaciones e injusticias que aquejaban a la clase obrera sueca en 1911, cuando Oskar contaba con veintitrés años.

La historia se vuelve muy interesante a partir de que fue echado del hogar paterno por ser socialista y se va a vivir a la modestísima casa de madera de su compañero de trabajo Magnus Nilsson.

El hombre de la dinamita es tierna y humana, y enseguida se produce una empatía del lector hacia Oskar por las penurias que sufre tanto él como sus compañeros dinamiteros. Pese a su carencia de estudios, opina igual que el personaje central de El Gatopardo, la novela (sin conocerla, por supuesto) de Giuseppe di Lampedusa, llevada al cine por Luchino Visconti: las cosas cambian para que todo siga igual (“…los que están arriba siguen arriba”/”…no ganan menos porque nosotros ganemos un poco más. Y tampoco mandan menos aunque nosotros tengamos cierta capacidad de decidir, si es que la tenemos.”)

Pese a su desgracia y a su condición humilde, Oskar fue feliz junto a su esposa Elvira por el solo hecho de vivir, o sea gozó de la maravilla de haber nacido. Como la mayoría de los seres humanos teme a la vejez, a esa decadencia de la persona en todos los aspectos: “La vejez no es agradable. Uno tiene que vivir en otro tipo de situación de inferioridad. Tiene uno que pasar muchas cosas. Pero, con todo, se puede, claro.”

En el prólogo de 1997 Mankell comenta: “Y Suecia ha pasado de un intento decente de construir una sociedad a un saqueo social. (…) En las afueras de las grandes ciudades suecas existen hoy guetos, que no existían hace veinticinco años. “

La excelente traducción es de Carmen Montes.

Henning Mankell (Estocolmo, 1948-2015) es famoso por sus novelas policiales protagonizadas por el inspector Kurt Wallander, que renovaron el género y fueron traducidas a cuarenta y dos idiomas. Su obra fue adaptada al cine y a la televisión y mereció, entre otros, el II Premio Pepe Carvalho.

Últimamente residía entre Suecia y Mozambique, en donde dirigió el Teatro Nacional de Avenida de Maputo.

Germán Cáceres

Biomecánica Corporal y Elongación

El lunes 4 de febrero comienza el ciclo 2019 del Taller de Biomecánica Corporal y Elongación, a cargo de Cristina Bartolomé en nuestra Biblioteca, Austria 2154. Las clases serán los lunes y miércoles de 18:30 a 19:30 horas. Para inscribirse, llame al 4802-8211 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar. Los cupos son limitados, y los socios de la Biblioteca cuentan con aranceles especiales.


Clases de Biomecánica Corporal y Elongación, combinación de ejercicios de yoga, pilates, kinesiología, elongación y relajación es lo que propone el nuevo taller que se dará en la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte.

La propuesta de trabajo parte de una serie de ejercicios de piso y elevación que mejoran la circulación y tonifican el cuerpo. Desarrollan la fuerza flexibilidad y resistencia, alarga y fortalecen los músculos, mejoran la postura y respiración, logrando un alto grado de relajación y disminuyendo el estrés. Tu cuerpo es único, cuídalo y querelo, pues no tiene repuesto.

Cristina Bartolomé estudió en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y la Escuela Nacional de Danzas. Se formó, además, en danza clásica con maestros como O. Kirowa, M. Ruanova, A. Mastrazzi, G. Kazda y otros. Hizo talleres de Danza de Carácter, Perfeccionamiento en yuntas, Barra á terre, Danza Moderna, Española y Técnicas Teatrales.

En su trayectoria artística y coreográfica se incluyen actuaciones en el Teatro Colón, Nacional Cervantes, San Martín, Avenida, Auditorium de Mar del Plata, Broadway y Margarita Xirgu, entre otros, además de participaciones televisivas.

Como docente trabajó en el Conservatorio "Beethoven", "Studio O. Kirowa", Estudio "Gurkel - Lederer" y la Escuela de Arte “Cecilia Maresca”.

Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

El grupo es reducido, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller.

Un repertorio de la lengua nacional

Ante la proximidad del Congreso Internacional de la Lengua Española, que se realizará del 27 al 30 de marzo en Córdoba, recordamos en esta nueva entrega la publicación de un diccionario del habla de los argentinos.


Retrato de Tobías Garzón, pesquisa de la lengua coloquial en Argentina. (Agencia Córdoba Cultura)

“¿Será posible que este idioma nuestro, nacional, carezca de un diccionario propio, que registre las palabras, frases y modismos usados en la República Argentina y que no están incluidos en el Diccionario de la Academia, o que, si lo están, no tienen el significado que nosotros le damos?”, se preguntaba el cordobés Tobías Garzón.

Originalmente, Garzón respondió a esa carencia con una colección de barbarismos -pronunciar o escribir mal las palabras o emplear vocablos impropios-, y de esa cantera de palabras surgió el “Diccionario argentino”, cuyo contenido se ajusta al uso de la lengua española en el territorio nacional.

Postal alusiva la Revolución de Mayo, 1810-1910. (Agencia Córdoba Cultura)

El repertorio de palabras y expresiones recogidas por este profesor de lengua castellana, que nació en 1849 y murió 1914 en Córdoba, fue publicado en 1910 con el auspicio de la Comisión Nacional del Centenario de la Revolución de Mayo de 1810 y de la Universidad Nacional de Córdoba.

“Entre 1910 y 1911 se publicaron también el “Vocabulario criollo-español sudamericano” (1910) de Ciro Bayo, el “Diccionario de argentinismos, neologismos y barbarismos: con un apéndice sobre voces extranjeras interesantes” (1911) de Lisandro Segovia y el “Vocabulario argentino: refranes, frases familiares usados en la Argentina” (1911) de Diego Díaz Salazar”, enumera Daniela Lauria en su ponencia “Lengua y nación. El Diccionario Argentino de Tobías Garzón”.

Los argentinismos

“A más de algunas noticias acerca del origen y formación de un buen número de palabras, se halla ilustrado con un copioso caudal de textos ó pasajes de autores americanos, particularmente argentinos, historiadores, estadistas, educacionistas, hombres de ciencia y de gobierno, oradores, viajeros, poetas, etcétera”, refleja Tobías Garzón.

En cuanto a las fuentes consultadas por el autor, se destacan los diarios y las revistas porque “ellos son la lengua; ellos son el alma y la vida de las sociedades. Su vocabulario es el vocabulario del pueblo en sus múltiples manifestaciones”.

El “Diccionario Argentino” vio la luz en un contexto decisivo para Argentina. En la primera década del siglo pasado, el país experimentó una exaltación de la argentinidad en distintos órdenes de la vida con motivo de la celebración del centenario de la Revolución de mayo de 1810.

Identidad lingüística
Por aquel entonces hubo una gran afluencia de inmigrantes al territorio nacional, gracias a una política favorable expresada en la ley de Inmigración y Colonización de 1876. Entre 1895 y 1914 ingresaron al país 3.362.479 inmigrantes, de acuerdo a los registros oficiales.

En 1910, Argentina se ubicó entre los países más ricos y prósperos del mundo (“espejo de la civilización europea en América”, graficó el historiador Félix Luna). El país expandió una red ferroviaria, consagró la educación común, gratuita y obligatoria y erigió una capital al gusto europeo, como se anhelaba desde el último cuarto del siglo XIX.

La celebración del centenario, la diversidad lingüística, social y cultural asociadas a la inmigración, dieron origen cantidad de reflexiones sobre la idea de Nación y la lengua es un componente constitutivo de la identidad nacional.

Portada de la obra del lexicógrafo cordobés. (Agencia Córdoba Cultura)

Tiempo después de la publicación del “Diccionario Argentino” de Garzón, el célebre Leopoldo Lugones encaró la realización del “Diccionario etimológico del castellano usual” –salía por entregas en “El monitor de la educación común”, entre 1931 y 1938, pero solamente alcanzó a publicar el volumen dedicado a la letra A.

Algunos términos recogidos por Tobías Garzón
Abatatado: Acorado, tímido y encogido.

Acriollarse: Acomodarse el extranjero a los usos y costumbres de los hijos del país. Allicito: Allí, muy cerca de aquí. Es muy usado entre la gente del campo.

Balconear: Mosquetear, observar a los que juegan parados los observadores alrededor de la mesa de billar. Mirar, observar con curiosidad desde los balcones.

Blandengue: Dícese de la persona sin carácter, maleable y fácil de manejar particularmente en política.

Cabeza: Cabeza de chorlito, persona de mala memoria que de todo se olvida.

Cachafaz: Pícaro, bellaco, bribón. Descarado, atrevido, revoltoso.

Chulengo: Avestruz pequeño.

Encelado/da: Dícese del hombre que está muy enamorado o manifiesta mucho entusiasmo por una mujer, o viceversa.

Gauchada: Acción arriesgada o difícil, particularmente si es realizada con buen suceso.

Guastar: Tirar, arrojar ó sacudir con violencia una cosa contra otra que ofrezca resistencia, de modo que haya un fuerte golpe ó choque.

Historiero,a: Que arma historias; algo así como el “hazañero” español, sin uso entre nosotros, y el autero, de cepa criolla ; pero ni lo uno ni lo otro, pues si bien no hay historiero que no sea «hazañero» ó autero, hay “hazañeros“ ó auteros que no son historieros. Estos son amigos de inventar ó exagerar especies desagradables, llevando chismes y previniendo con ellos los ánimos contra las personas.

Macanudo,da: Muy bueno, excelente, magnífico.

Manchancha: Monedas que, después del bautizo, tiran los padrinos a los muchachos para que las recojan. Suele haber manchancha también en los casamientos y otras fiestas.

Monear: Presumir. Ostentar uno nimia satisfacción de una cosa que posee, mostrándola, ó ponderando sus buenas cualidades.

Orejero,ra: Dícese de la persona que está siempre a la oreja, trayendo y llevando chismes.

Pasatús: Arreglo, acomodo ó limpieza hecha con improlijidad y como pasando ligeramente la mano por sobre las cosas.

Puesto: Dependencia de una estancia ó establecimiento de campo, más ó menos distante de la casa principal, con un pequeño rancho donde vive el puestero ó encargado de cuidar los cercos y sembrados por esa parte, y las haciendas, si las hay.

Pururú: Maíz frito en grasa.

Rastreador: Aplícase al gaucho de nuestra campaña hábil en seguir el rastro de personas, animales y cosas, y descubrir por él ciertas circunstancias, cuya

exactitud, á veces, á los profanos en este arte, parecería increíble si no estuviese abonada por testimonios respetables.

Sucucho: Cochitril, tabuco, voces castellanas que no usamos nosotros; cuarto estrecho y sombrío.

Troludo, da: Cachaciento, flojo, negligente, dejado.

Diario La Voz del Interior

Sonicoloformas

de Norma Minniti
(Niña Pez Ediciones, Buenos Aires, 2019, 60 páginas)

Este libro destinado a los chicos lleva el subtítulo de «Poemas con sonido, color y forma».

La primera parte se titula «Sonidos de estación». Son excelentes las ilustraciones de la propia autora, en un estilo humorístico y grato al lector infantil. Las figuras representadas están en movimiento como el ritmo de los poemas. «Otoño» juega con las palabras y las onomatopeyas y posee una concepción formal moderna: por ejemplo, “me caigo” está escrito en una línea diagonal inclinada hacia abajo, una manera de que los jóvenes lectores se vayan acostumbrando a las audacias de la poesía contemporánea. «Invierno», después de jugar con ocurrencias sobre hojas caídas, un árbol, una golondrina, un zorzal y una paloma, termina en una tipografía circular que dice: “Mamá me prepara un chocolate calentito”. «Primavera» inventa verbos como “plapear”, que es el ruido que hace la lluvia al caer: “Pla, pla, pla”. La última estrofa aparece con letras celestes y culmina con una colorida figura de un arco iris. «Verano» expone un concierto ejecutado por una abeja, un grillo –que es el director de la orquesta–, una chicharra, una rana, una paloma, varios patos y el grafismo de unas notas musicales que coronan una poesía que no cesa de bromear.

La segunda parte comprende «Caligramas», que son los poemas cuyos versos conforman una imagen visual. De esta manera, Norma Minniti une sus dos vocaciones, la literatura y la plástica, para que un mensaje de amor tome la silueta de una paloma, tres caligramas a color den cuenta de la transformación de un gusanito en mariposa, el viento produzca olas en el mar que da a una playa donde está jugando un niño, una gota se desplace en una telaraña y, en el último, un pajarito vuele. La autora a continuación despliega en versos la escritura de los caligramas para una mayor comprensión por parte de los chicos.

En «Combiversos» se propone al niño que combine los versos de varios poemas formando otros distintos.

Concluye el libro con «Un día en el lago», que presenta una serie de bellos haikus divididos en los cuatro períodos del día: la mañana, el mediodía, el atardecer y la noche.

Sonicoloformas logra su objetivo: entretener, ofrecer hermosas imágenes e introducir al chico en el difícil y maravilloso mundo de la poesía.

Norma Minniti obtuvo mención en los concursos “del Giúdice” y “Discépolo”, de Cultura de La Matanza, cuyo colectivo “Autores de La Matanza” integra. Publicó, además, Los títeres de Bucubuc y otros cuentos con juguetes y Desapariciones (relatos de terror).

Germán Cáceres

Día de la mujer

Como cada año, este 8 de marzo nos invita a la reflexión y a la evocación de aquellas luchadoras por sus derechos de acceder a la educación, a disponer de sus propios cuerpos y libertad sexual, a la participación en cuestiones sociales y políticas, etcétera, pero también para mantener arriba esas consignas y preguntarnos cómo es la situación actual.


El Día Internacional de la Mujer recuerda la realización en 1857 de una marcha convocada en el mes de marzo por el sindicato de costureras de la compañía textil de Lower East Side, de Nueva York, que reclamaban una jornada laboral de sólo diez horas, y también la huelga de marzo de 1867 de las planchadoras de cuellos de Troy, también en Nueva York.

Clara Zetkin, militante socialista alemana, editora del periódico Igualdad y compañera de acciones con Rosa Luxemburgo, fue quien impulsó en un Congreso Internacional la conmemoración del 8 de Marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora. La iniciativa comenzó a llevarse a cabo a partir de 1911 y fue expandiéndose por todo el mundo.

Por supuesto que eso estaba lejos del festejo que se le quiere imponer en nuestros días a la fecha, y en un mundo donde millones de mujeres siguen siendo marginadas de sus derechos por leyes y costumbres hechas a medida del hombre, de los mercados y de regímenes culturales o religiosos, debemos pensar en que se trata de fechas para reivindicar las luchas y sostener las banderas. 

La opresión, la violencia de género, en cualquiera de sus variantes (física, emocional, sexual o económica), los femicidios, murtes por abortos clandestinos, desigualdades laborales y oportunidad de educación son injusticias que deben ser señaladas y puestas sobre la mesa, porque el encubrimiento sólo permite que se legitimen. 

Bomarzo, donde realidad y ficción se confunden

El Parque de los Monstruos guarda el misterio del hombre contradictorio que lo mandó construir en el siglo XVI, pero no pienso volver. Un lugar fantástico y también fantasmagórico.


Hace muchos años, un brillante escritor, Manuel Mugica Lainez, llegó a un extraño jardín en un pequeño pueblo italiano. El pueblo se llama Bomarzo, el jardín es el Sacro Bosco, o Parque de los Monstruos. Dos horas entre esculturas gigantescas, talladas en la piedra viva, en el siglo XVI, le suministraron la suficiente inspiración como para concebir su mejor novela, Bomarzo, obra cumbre de la literatura. Yo he estado 13 veces y voy a ver si consigo acabar este artículo.

Hace también algunos años, una entonces joven periodista, yo, apareció por Bomarzo. Era mi primer viaje al extranjero. Lo emprendí con un grupo de amigos, en coche y de camping, desde Madrid a Sorrento. Alguien de la expedición se empeñó; acababa de leer la novela y estaba fascinado. De modo que allí nos plantamos. El parque estaba cerrado al público, pero saltamos una valla y en aquella tarde brumosa sentí lo mismo que debió sentir Pier Francesco Orsini, el Duque que lo mandó construir, la primera vez que transitó entre las moles de piedra. Entonces mandó inscribir en una esfinge que custodia la entrada la siguiente leyenda: "Vosotros que entráis aquí, considerad lo que veis y luego decidme si tantas maravillas están hechas por el engaño o por el arte".


El Parque de los Monstruos, data de 1552. Fue un encargo que ejecutaron los arquitectos manieristas Pirro Ligorio y Jacopo Vignola, atendiendo a los extravagantes deseos del propietario. La historia cuenta que estos jardines “grotescos” (del italiano grottesco, por los adornos caprichosos que imitan la fisonomía de las grutas) eran muy del gusto renacentista y que su artífice lo erigió en honor de su esposa, Julia Farnese, muerta en plena juventud.

No me atrevo a recomendar si es mejor leer la novela y después ir al parque, o conocer el parque y luego enfrascarse en su lectura.

La novela es otro nivel. Narra, de manera sublime, algo mucho más interesante fantástico y enigmático. A saber: que el Duque planificó el bosque buscando la inmortalidad que su carta astral le profetizaba, que escenificó entre las piedras y la vegetación salvaje un recorrido brutal y desgarrado por su existencia, cuajada de dolor, desamores y crímenes, consecuencia de la incongruencia entre su exagerada pasión por la belleza y su extrema sensibilidad, encerrada en un cuerpo lisiado y deforme.

No me atrevo a recomendar si es mejor leer la novela, y después ir al parque, o conocer el parque y luego enfrascarse en la lectura. Pero sí aseguro que descubrirlo al atardecer y vagabundear sin rumbo ni prisas entre las cascadas y la espesura es un placer. Y si es en otoño, miel sobre hojuelas.

En el paseo nos flanquean, impávidos desde hace 500 años, Proteo, el pescador que se convirtió en dios marino, un Neptuno displicente y colosal, una mujer dormida, un elefante matando a un soldado, un dragón atacado por un perro, otras figuras mitad hembras, mitad serpientes, o Hércules descuartizando a Caco, hijo del dios Vulcano, todos gigantescos, unos amenazantes, otros ausentes.El parque estuvo abandonado muchos años, hasta que en 1956 la familia Bettini lo recuperó y lo abrió al público.

Y para rematar este recorrido alucinante, podemos tumbarnos en la fría mesa en la que el Duque resuelve de forma inesperada y cruel la incógnita de su inmortalidad (perdón, acabo de marcarme un spoiler).


Un ritual de 25 años
Mucho han cambiado las cosas desde que, aquella tarde, descubrí el Sacro Bosco. Ahora hay verjas protectoras, folletos para indicar el camino, una cafetería, una tienda y muchos turistas japoneses retratándose entre las estatuas.

Cada vez que voy, cumplo un ritual, me hago también una foto en el mismo lugar y en la misma postura que la primera vez, hace más de 25 años, debajo de una inscripción que, borrada por el tiempo y la naturaleza, deja solo entrever algunas palabras inconexas… “la cueva…la fuente…pensamientos… oscuros”…

Cada vez que voy, cumplo un ritual: me hago una foto en el mismo lugar y en la misma postura que la primera vez, hace más de 25 años.

Es un ninfeo en el que Laínez situaba la puerta de un pasadizo secreto que comunicaba el palacio con el parque. Un escondite en el que el Duque buscaba la esencia de esa inmortalidad prometida por los astros, un laboratorio. Oculto en las húmedas y oscuras entrañas de la tierra, un agujero de nigromante donde buscar por medio de la magia negra la esencia que impulsaba su amarga vida: no acabarla nunca.

La última vez que estuve, visité antes el palacio. Unos artistas se afanaban en colgar las obras de una exposición de arte contemporáneo. Me imaginaba a Pier Francesco Orsini riéndose de ellos, lo mismo que se reía, hace casi cinco siglos de otros artistas, su corte de nobles y advenedizos, para los que hizo construir una casa inclinada en la que es poner un pie y sentir un mareo digno de un viaje lisérgico.

Un gato rechoncho y legañoso, de los muchos que sestean al sol por las callejuelas del Bomarzo histórico, se encaprichó de mí y me persiguió como una sombra durante todo mi deambular.


A la salida, entre los recuerdos a la venta y una vitrina en la que se exponen algunas de las muchas ediciones que se han imprimido de la novela, hay una máquina que imita La Boca de la Verdad, de la iglesia de Santa María in Cosmedin de Roma. Es un juego, metes la mano y te lee el futuro. El gato se encaramó encima y maulló suavemente. Rebusqué en el bolsillo y deposité un euro en la ranura. El artefacto emitió un ruido que, he de confesar, me sobrecogió; enseguida escupió un papel que decía: "No elegimos nuestro destino, él nos elige. Puedes correr muy lejos y borrar las huellas, pero ¿has escapado realmente?"

Lo rocambolesco de la frase me hizo sospechar que sería de algún pensador absurdo y famoso, Paulo Coelho, por ejemplo. Pero inmediatamente busqué en Google -esa piedra filosofal del conocimiento- y comprobé que era de una serie de televisión, “Héroes”, de la que no tenía noticias ni remotamente.

El gato parecía burlarse de mí, y yo no me di por vencida. Saqué otro euro y volví a introducir la mano en la boca, enarbolé el nuevo papel ante el minino, retándole, y él me correspondió con un relampagueo fugaz de sus ojos brillantes, antes de escurrirse hacia el sombrío jardín. Ya ha comido, pensé, le había dado parte de mi bocadillo, buscaría ahora otro turista que le proporcionara la cena, o quizás estuviera en el Orco de Bomarzo, la tremenda cara, el emblema del parque, esculpida para que, según incida la luz sobre ella, cambie de expresión. Quizá, me repetí, se haya dormido dentro de sus fauces, sobre la mesa de piedra, donde el infeliz y jorobado Duque Orsini encontró una nueva e infinita vida gracias a la pluma de un gran escritor.El parque de Bomarzo crea atmósferas inquietantes.

En el nuevo papel leí: "Mira al cielo en una noche clara, y contempla las estrellas. Para cuando su resplandor llegue a ti, muchas estarán muertas y sólo verás su luz".

Murieron hace años, siglos o incluso eones. Sus cuerpos ya no existen, pero su fantasma sigue vivo.

En ese momento tuve la certeza de que el espíritu del Duque de Bomarzo continúa paseando cada noche por entre sus monstruos de piedra.

Y por eso no voy a volver nunca más.

No quiero perturbar la paz de sus eternos dominios.

Elisa Blázquez Zarcero
PropoNews

La autora es periodista y escritora. Su último libro publicado es la novela La mujer que se casó consigo misma

Francamente, Frank

de Richard Ford
(Editorial Anagrama, Barcelona, 2015, 232 páginas)


Consta de cuatro narraciones, enlazadas por el mismo personaje, Frank Bascombe, que protagonizó tres de sus novelas anteriores: El periodista deportivo (ganadora de los Premios Pulitzer y PEN/Faulkner), El día de la Independencia y Acción de Gracias.

Su escritura en la primera persona de Frank es dinámica, ágil, espontánea y visual. Además, resulta muy específica en sus descripciones, que refieren muebles, interiores, marcas, materiales de edificios y estilos de decoración, para lo cual desarrolla un amplio vocabulario. Y respecto al retrato de ciertos personajes, incluso de él, resulta despiadado: “…siento la necesidad de levantar bien los pies al andar: el paso de «el abuelo que arrastra los pies» constituye la señal inequívoca de que se acerca al viaje final. También evita que caiga y me rompa la crisma.” Continuamente hace mención a su avanzada edad:”Yo ya no me miro en el espejo. Es más barato que la cirugía.”

La traducción de Benito Gómez Ibáñez es funcional pese a estar dirigida al público español.

Todos estos relatos dan la sensación de que empezaran en medio de la acción y una frase de uno es utilizada como título del siguiente. En algunos casos funcionan como apuntes biográficos y reflexiones del protagonista que parece dialogar con el lector (“-Pero está viva para contarlo –repuse-. Lo que no te mata te hace más fuerte, ¿verdad?” Y dice para sí mismo: “Yo no creo en eso, desde luego. La mayor parte de las cosas que no nos matan en el acto nos matan después.”). Trabajó como agente inmobiliario, pero ahora, a los sesenta y ocho años, es jubilado y reside en Haddam, Nueva Jersey, a suficiente distancia de la costa, lo que le ha permitido evitar la pavorosa destrucción que ha provocado el huracán Sandy. El tema del temporal, junto con la crisis inmobiliaria y los temores propios de la vejez constituyen los ejes con los cuales se desarrollan las cuatro historias: «Aquí estoy yo», «Todo podría ser peor», «La nueva normalidad» y «Muertes de otros», que bien podrían considerarse capítulos de una novela.

Frank posee un gran sentido del humor no exento de cierto pesimismo (“Somos, la mayoría de nosotros, las últimas personas con quienes nadie en su sano juicio querría hablar en un día cualquiera, incluido el de Navidad.”)

En «Todo podía ser peor» Ford se luce como dramaturgo porque un diálogo que sostiene Frank con una mujer negra narra con sumo vigor una terrible tragedia familiar.

La amargura y el escepticismo están siempre presentes: “-Todo podría ser peor, Frank –me dice Arnie a la oreja, haciendo que me vibre la cabeza. Seguramente tiene razón. Todo podría ser peor. Mucho, mucho peor de lo que es.”/”Porque no hay una forma adecuada de planificar la vida ni tampoco de vivirla: sólo un montón de formas inadecuadas”. /”La vida podría resultar menos insustancial, dar más sensación de que vale la pena preservarla.”

En todo el libro Frank Bascombe no deja de pensar melancólicamente en su inevitable desenlace: “En realidad he visto lo contrario: la vida como torrente y aturdimiento seguida del final.” Hasta enfoca su futura muerte con ironía: “En algún momento es necesario salir del cine para que el resto de la gente pueda ver la película.”

El último tramo del libro y del capítulo «Muertes de otros» se vuelve patético: las palabras que le dirige un amigo al que Frank acompaña en su lecho de muerte alcanzan una agresividad morbosa.

Richard Ford (Jackson, Mississippi, 1944) ha publicado, además, otras cuatro novelas: Un trozo de mi corazón, La última oportunidad, Incendios y Canadá (Premio Femina étranger), tres libros de narraciones: Rock Springs, De mujeres con hombres y Pecados sin cuento, el memorialístico Mi madre y los textos de Flores en las grietas. Autobiografía y literatura. Es miembro de la Academia de las Artes y las Letras de los Estados Unidos. Sobre su obra el gran escritor John Banville ha dicho: “Frank es el hombre de la calle de Ford, un testigo desencantado, triste e irónico de la vacilante actitud de América ante el final de un siglo y la llegada de un nuevo y amenazador milenio. Richard Ford es un escritor maravilloso.”

Germán Cáceres

Frankenstein y los soles del impresionismo

Cómo un evento climático puede modificar la historia del hombre y el arte.


Es un hecho irrefutable que en las últimas décadas la superficie del planeta ha ido calentándose. La controversia gira en discernir si dicho calentamiento es consecuencia de la actividad humana. Entre científicos, hay casi consenso de que sí: la deforestación de bosques y la generación de dióxido de carbono en fábricas o motores, y en menor medida metano en basurales y actividades ganaderas, estarían entre las causas. Ateniéndose a lo que afirma el paleoclimatólogo William F. Ruddiman, esto último estaría ocurriendo desde el Neolítico.

Los pocos que aún discrepan sostienen que el efecto es parte de un proceso natural, no antropogénico. Ninguna de las alternativas debería sorprender; la primera, porque el esquema económico actual de sociedad de consumo va claramente en contra del delicado equilibrio de un planeta a todas luces finito; la segunda, porque ya hace tiempo que se sabe que el clima de la tierra es dinámico, afectado por múltiples causas: actividad solar, oscilaciones de la órbita de la Tierra, deriva continental.

Una larga historia
La ciencia no dispone de datos fehacientes sobre el clima en los albores de nuestro planeta. Cuando la tierra se formó, hace 4600 millones de años, la escasa radiación solar que llegaba a su superficie hubiera implicado 30 grados menos de temperatura; pero abundan los indicios de que hace 4000 millones de años ya había océanos líquidos. Esa “paradoja del Sol débil” —originalmente sugerida por Carl Sagan— se resuelve suponiendo una atmósfera distinta a la actual, con 100 veces más dióxido de carbono, y potente efecto invernadero. Ya con los humanos en su superficie, el clima siguió alternando entre períodos fríos y cálidos en un proceso que se repite aproximadamente cada cien mil años. En las costas de Portugal, a la altura de Lisboa, hay pedruscos que llegaron allí desde Escandinavia, viajando en icebergs durante la última glaciación, hace unos 15 mil años.

“El imperio del clima es el primero, el más poderoso, de todos los imperios”, escribió Montesquieu en El espíritu de las leyes; lo reafirman los españoles Jorge Olcina y Javier Martin Vide en La influencia del clima en la historia (Arco Libros, Madrid, 1999): “La historia de la humanidad no hubiera sido la misma con un ambiente atmosférico siempre igual”. Climas fríos o exceso de lluvia afectaron el destino de monarcas e imperios y cambiaron el curso de guerras. Y por arriesgado que resulte atribuir causas climáticas a sucesos históricos, hay ejemplos interesantes en lo cultural: ¿pudieron ser la ciencia ficción, los impresionistas y las bicicletas una consecuencia indirecta de un cambio climático?

La evidencia muestra que entre los años 900 y 1350 Europa fue un continente en extremo caluroso. Se podía cultivar cebada en Islandia y tener viñas en Noruega. Hacia 1120, el monje William de Malmesbury describía con orgullo el crecimiento de sus vides en la zona central de Inglaterra, cosa que no volvió a ser posible hasta 1950. En ese “Óptimo Climático Medieval” surgieron las primeras universidades (como lugares públicos de discusión, posiblemente en espacios abiertos) y se construyeron las majestuosas catedrales góticas (como la de Chartres, cuyo financiamiento fue en base a donaciones de agricultores enriquecidos por estupendas cosechas). Fue en esos años que, con mejores condiciones de navegabilidad, los vikingos exploraron las tierras que rodean las frías aguas del Atlántico Norte, llegando a Groenlandia e incluso con la posibilidad de que Leif Ericsson haya alcanzado la península del Labrador, destronando así a Cristóbal Colón como primer europeo en América.

El antropólogo Brian Fagan plantea que, en un ambiente así, el gran enemigo es la sequía. Pudo ser la causa de que Angkor Vat, la capital del vasto imperio Khmer, fuera abandonada a finales del siglo XV (a la civilización maya pudo haberle pasado algo similar). También fue lo que impulsó a las hordas de Genghis Khan a invadir China en 1220 en procura de agua y pasturas frescas. Fagan sostiene que cuanto más grande y populosa es una civilización, más vulnerable es a los cambios medioambientales. “Nuestra dependencia del clima es mayor que la de un clan paleolítico”, afirma.

El Óptimo Medieval coincidió con una mayor actividad magnética del Sol. En 1851 el astrónomo alemán Heinrich Schwabe notó que la actividad del astro posee ciclos (el menor de los cuales tiene un período de once años), caracterizados por la presencia de manchas acompañadas por fáculas, regiones brillantes cuya luminosidad incrementa la energía que irradia la estrella (al revés de lo que indica el sentido común). Al Óptimo Medieval le siguió una “Pequeña Edad del Hielo” en la cual las manchas solares casi se desvanecieron y que tuvo dos mínimos: el de Maunder entre 1645-1715 y el de Dalton a fines del siglo XVIII. El último año en que no se observaron manchas fue 1810. En los años siguientes, el tiempo fue inusualmente frío (por lo menos en el hemisferio norte, donde se llevaron registros); las temperaturas medias bajaron desde 1809 y no se recuperaron hasta 1821.

El año sin verano
El ya gélido ambiente tuvo entonces un inesperado catalizador: el volcán Tambora, en la isla de Sumbawa (actual Indonesia). Según los cronistas, al mediodía del 5 de abril de 1815 se oyó un ruido seco, similar a un cañonazo. Días después ocurría el mayor cataclismo geofísico de los últimos diez milenios: la montaña comenzó a lanzar rocas del tamaño de un auto. En los meses siguientes, expulsó más de 50 kilómetros cúbicos de material pétreo a la atmósfera. Su altura se redujo de 4300 a 2850 metros. El cielo permaneció oscuro durante semanas y la temperatura media descendió tres grados. Las partículas más finas permanecieron en la estratósfera en forma de aerosoles. El fuerte viento las esparció a nivel mundial. En setiembre, astrónomos europeos observaron que el brillo de las estrellas había disminuido.

Las anomalías climáticas de 1816 terminaron en un desastre agrícola de alcance mundial. En un artículo para “Scientific American” (junio de 1979), Henry y Elizabeth Stommel concluyen que las temperaturas medias en Nueva York se correspondieron “a las que ordinariamente se hubieran esperado en un punto situado a 200 millas al norte de la ciudad de Quebec”. En Europa, nevó durante todo julio (pleno verano boreal) y las recién esquiladas ovejas se congelaban en los desolados campos. Pájaros entumecidos por el frío podían ser atrapados con las manos. Los campesinos franceses, que venían remontando con sacrificio las secuelas de las guerras napoleónicas, tuvieron que resignarse a cosechas paupérrimas. Los envíos de trigo a París eran acompañados por milicias armadas. Casi no hubo vendimia y la humedad provocó una epidemia de tifus. En Irlanda, llovió más de cien días seguidos y la cosecha de papas (alimento fundamental) se perdió. Los supersticiosos llegaron a la conclusión de que el Sol se estaba apagando. La gente imploraba a Dios, por más que los diarios trataran por todos los medios de calmar esos ánimos apocalípticos. Y si bien ya en 1784 Benjamin Franklin había conjeturado la existencia de esa correlación entre erupciones volcánicas y climas gélidos, no hay indicios de que en ese momento se haya relacionado el frío con el Tambora (recién en 1920 el climatólogo William J. Humphreys confirmó científicamente la conexión).

Las historias de Charles Dickens parecen deberle mucho a ese ambiente. Pero el hecho literario más relevante de 1816 ocurrió en Suiza. Una adolescente Mary Wollstonecraft Godwin y su prometido Percy Bysshe Shelley, vacacionaban en “Villa Chapuis”, una finca en las cercanías de Ginebra. Habían ido allí en busca de Lord Byron con el fin de comunicarle al poeta que la hermanastra de Mary, Claire Clermont, esperaba un hijo suyo. Imposibilitados de pasear al aire libre, los veraneantes se recluyeron en sus alojamientos. Byron se alojaba en “Villa Diodati”, un caserón que había elegido porque creía que allí, en 1638, había vivido el poeta John Milton (más recientemente se ha señalado que su arquitectura no puede ser anterior a 1710).

Una noche, Mary y Percy no pudieron regresar a casa y fueron invitados a pasar la noche en la mansión. Mientras afuera arreciaba la tormenta, el grupo decidió matar el tiempo leyendo y conversando al calor de la chimenea hasta altas horas de la noche. Byron y Shelley se enfrascaron en una discusión sobre la naturaleza de la vida, comentando los recientes experimentos de Erasmus Darwin (abuelo de Charles) y la posibilidad de revivir a los muertos mediante electricidad.

En la casa había una traducción al francés de Fantasmagoriana, una antología alemana de cuentos de fantasmas; Byron desafió a los presentes —también a su médico John William Polidori— a escribir algún relato similar. Años después, Mary recordaba la presión de sus compañeros: “¿has pensado una historia?, se me preguntaba cada mañana, y me veía forzada a responder con un mortificante no”. Hasta que en cierto instante tuvo una visión: “Vi al pálido estudiante de impías artes arrodillado al lado de la cosa que había ensamblado. Vi al horrible fantasma de un hombre extendido, que como consecuencia de la acción de alguna máquina, mostraba signos de vida”. El lúgubre ambiente quedó retratado en Frankenstein o el moderno Prometeo. La ciencia ficción tenía a su creadora.

La historia de Polidori también fue publicada; El vampiro hoy es considerada una inspiración directa para el Drácula de Bram Stoker y el antecedente más lejano de otro subgénero literario, la novela de terror (Byron también había relatado leyendas de vampiros escuchadas en sus viajes por los Balcanes). Byron mismo dejó testimonio de aquel dantesco escenario en su poema “Darkness” (“Oscuridad”): “Tuve un sueño, que no era del todo un sueño. / El brillante sol se apagaba, y los astros / vagaban apagándose por el espacio eterno, / sin rayos, sin rutas, y la helada tierra / oscilaba ciega y oscureciéndose en el aire sin luna; / la mañana llegó, y se fue, y llegó, y no trajo consigo el día, / y los hombres olvidaron sus pasiones ante el terror” (El film Remando al viento -Dir. Gonzalo Suárez, 1988- con Hugh Grant en el papel de Lord Byron, recrea las vivencias del grupo).


Turner y las bicicletas
Pero no sólo en la obra de aquellos jóvenes románticos quedarían reflejadas las consecuencias de ese verano particular. Según los físicos solares Willie Soon y Steven Yaskell, todo el mundo asistió azorado a “sorprendentemente hermosas puestas de sol caracterizadas por los colores rojo, amarillo y blanco debido a los aerosoles volcánicos y polvo lanzados hacia la tropósfera y la estratósfera”. Esos paisajes impresionaron tanto al inglés Joseph Mallord William Turner (1775–1851) que continuó recreándolos durante el resto de su vida (seguramente nunca llegó a conocer el motivo de aquella insólita luz que coloreaba los atardeceres en el Támesis). Esos cielos sulfurosos con soles de color rubí no pasaron desapercibidos para los impresionistas; Claude Monet fue un gran estudioso de las técnicas del inglés.

En su libro Historia de los cambios climáticos (RIALP, Madrid, 2011), José Luis Comellas agrega un dato más, hasta entonces nunca relacionado a esos hechos: las bajas temperaturas también inutilizaron el órgano de la iglesia de San Nicolás, en Oberndorf (Austria); ”cuando llegó la Navidad, nadie había querido ir a las montañas nevadas del este de Salzburgo para reparar el instrumento, de modo que el párroco, Josef Mohr, escribió un villancico y recurrió a su amigo Franz Xaver Gruber para que le pusiera música, capaz de ser cantada sin acompañamiento por un coro. Así nació “Stille Nacht” (”Noche de Paz”), sin duda la canción de Navidad más conocida en el mundo entero”.

Otra consecuencia provino de Alemania. La escasez de avena para alimentar a los caballos (la que se cosechó tuvo que ser utilizada en alimentar a los humanos) provocó el sacrificio de muchos animales. En el intento de desarrollar una forma alternativa de transporte, el barón Karl von Drais (1785-1851) inventó la draisina o velocípedo, antecedente directo de la bicicleta. En abril de 1817 presentó el prototipo (el invento, que se impulsaba con los pies, recién adquiriría pedales en 1839 a manos de un herrero escocés: Kirkpatrick Macmillan). Cabe consignar que otro elemento sustitutivo de la fuerza animal surgió también en esos años. ¿Habrá sido la locomotora a vapor otra secuela de la erupción del Tambora? La bibliografía consultada no dice nada al respecto.

En 2015 el escritor colombiano Wiliam Ospina (n.1954) publicó El año del verano que nunca llegó, mezcla de ensayo y novela que trata de la erupción del Tambora y su repercusión colateral en vidas y obras de Byron, Polidori, Percy Shelley y su prometida, Mary, la creadora de Frankenstein.

Mario Marotti
Diario El País de Uruguay

La reina Ginga

de José Eduardo Agualusa
(Edhasa, Buenos Aires, 2018, 304 páginas)




José Eduardo Agualusa nació en Angola en 1960, actualmente reside en Lisboa y es candidato permanente al Premio Nobel de Literatura. Esta magnífica novela (a la que subtituló «Y de cómo los africanos inventaron el mundo») es una prueba evidente de su talento. Aunque describe a África como un mundo cruel e injusto, su maravillosa prosa da cuenta de las bellezas naturales y las describe como pertenecientes a un mundo que parece encantado al estar poblado de fantasías y leyendas. De este modo, a la vez que afirma que su personaje se “encontraba allí, en aquella África remota, rodeado por la codicia y la infinita crueldad de los hombres”, en otra parte describe “un mar liso y leve y tan lleno de luz que parecía que dentro de él otro sol se levantaba”.

Su estilo es elegante, colmado de primorosas imágenes (“…y aquella capa parecía hacer refulgir su rostro como si un incendio la consumiese…”), pero no tiene la dinámica de la escritura contemporánea, sino que propone el ritmo y la cadencia musical de la época en que ocurre la historia (Angola, siglo XVII), trazando párrafos extensos con suma perfección.

Doña Ana de Sousa, la reina Ginga (1583-1663), nació y falleció en Angola (como señala Agualusa: “…en paz con los portugueses y con la Iglesia católica romana.”). Fue una guerrera aguerrida y valiente. Tuvo un gran poder y lo utilizó con implacable autoritarismo. Vivió gozando de los lujos exquisitos propios de las cortes europeas. En ese entonces el principal negocio era comerciar esclavos, y la maldad, la crueldad y el horror eran las características de los habitantes de esas tierras (portugueses, brasileños, flamencos y africanos). Entre estos últimos pululaban creencias panteístas (“…todo lo que existe es Dios, incluyendo cada hombre y cada piedra, y que ese Dios que somos todos no es ni bueno ni malo, o es todo eso sin distinción e indiferentemente.”) y fabulaciones de toda índole (“para dormir se enrollaba con víboras, y con ese proceder era capaz de introducirse en los sueños de los desavenidos, adivinando las trampas que le preparaban y anticipándose a ellas.”)

Antes de cada capítulo el autor resume brevemente su contenido. La novela se centra en las vivencias del protagonista, el sacerdote pernambucano Francisco José de la Santa Cruz. Son tan originales los acontecimientos en que interviene, que Agualusa parece estar describiendo un sueño. Por momentos La reina Ginga se introduce en el realismo mágico y hasta recurre a cierto espíritu folletinesco propio de las novelas por entregas, a la manera del estupendo filme Misterios de Lisboa (2010), de Raoul Ruiz.

El autor demuestra poseer una inmensa versación sobre la historia y la cultura de la época. Y también una gran sabiduría de la vida: “Amamos no a quien nuestros ojos miran, sino a quien nuestro corazón demanda. El ser amado es, casi siempre, una invención indulgente de quien ama.”/”Esperar demasiado es la raíz de toda desilusión. Aquellos que esperan poco son los más felices.”/”La maldad es más natural en los hombres que la bondad.”

Todo un hallazgo la traducción de Claudia Solans.

Agualusa ha obtenido numerosos premios: el Revelación Sonangol por A conjura (1988), el Gran Premio de Literatura RTP por Nación criolla (1997), el Dublin International Literary Award por Teoría general del olvido (2016) y el Independent Foreign Fiction por El vendedor de pasados (2017). Ha sido traducido a 25 idiomas.

Germán Cáceres

Josef Koudelka: “Una buena foto es la que no puedes olvidar”

Legendaria figura de la historia de la fotografía en el siglo XX, el checo habla a fondo de su trayectoria con motivo de la retrospectiva que le dedica la Fundación Mapfre.


Una llamada en medio de la noche le despertó. Tal era la agitación de la voz al otro lado del teléfono que Josef Koudelka (Boskovice, actual República Checa, 1938) pensó que su amiga estaba borracha. Cuando comprendió lo que sucedía, agarró su cámara Exakta Varex y se tiró a disparar a las calles. Era agosto de 1968, y los tanques soviéticos ponían un violento fin a las reformas aperturistas que había emprendido Alexander Dubcek durante la Primavera de Praga.

Varias décadas después, el fotógrafo británico Ian Berry recordaba haber visto entonces a un joven temerario que disparaba cara a cara a los tanques, y a la multitud que se plantaba pacíficamente ante ellos. Berry pensó que se trataba de un loco o de un valiente. Y lo cierto es que parte de esa aura aún rodea la legendaria figura de Koudelka: el hombre que durante décadas se escondía bajo las iniciales P. P. (Prague photographer, fotógrafo de Praga), con las que fueron firmadas las instantáneas de aquel 1968 cuando finalmente fueron publicadas en Occidente; y el mismo que como exiliado se paseó por medio mundo con un salvoconducto británico que rezaba "nacionalidad dudosa" (nationality doubtful). La vida nómada que Koudelka eligió desde que abandonó Praga en 1970, su afición a dormir en el suelo —a menudo al raso— y su terca resistencia a aceptar encargos periodísticos o comerciales alimentan el mito de este auténtico romántico, que como escribió Henri Cartier-Bresson, "lo único que tiene es su talento, su cámara y su tozudez".

Pasaron varios meses hasta que aquellas imágenes de la invasión de Praga fueron revelándose. Eugene Ostroff, conservador de la Smithsonian Institution de Washing­ton, consiguió sacar del país unas cuantas copias aquel invierno y se las pasó a Elliott Erwitt, entonces presidente de Magnum. Más adelante convencieron al fotógrafo de que mandara los negativos, las fotos fueron distribuidas por esa agencia en 1969 y se publicaron aquel verano, al cumplirse el primer aniversario de la entrada de los tanques. Koudelka las vio en The Sunday Times Magazine unos meses después en un viaje a Londres y en 1970 abandonó definitivamente Checoslovaquia. Pasó las dos siguientes décadas vagando literalmente por el mundo. En 1971 se incorporó a Magnum, donde sus colegas le apodaron "san Josef" por su "pureza", según Erwitt. En los noventa plantó su base en Praga, pero todavía hoy mantiene una apretada agenda de viajes. Sigue disparando por los países de la cuenca mediterránea en un nuevo proyecto, Ruins, que presentará en París en 2017.

Casi medio siglo después, con el muro caído y Checoslovaquia escindida, la carga emocional de aquellas fotos de Praga se mantiene intacta. Ahí está el impetuoso joven que se abre la chaqueta y ofrece su pecho al soldado armado con una ametralladora montado en un tanque, y el tiempo detenido en un reloj de muñeca con una calle desierta al fondo —la imagen favorita de Bill Brandt por su "carácter surrealista"—. Un par de décadas después, ya instalado de vuelta en Praga recibió otra llamada: al otro lado del teléfono alguien le decía que su mano y su reloj eran los de la fotografía. Solo le creyó cuando su interlocutor le dijo que él a su vez tenía una foto de la muñeca y el reloj del propio Koudelka. "No es importante si son rusos y checos, es un símbolo de las protestas de un pueblo que quiere libertad y otro que lo oprime. Yo escuchaba esos días la radio rusa y las noticias eran totalmente contrarias a lo estaba pasando; en las calles vi el milagro o la fuerza de la unión de un pueblo", reflexiona mientras pasea por las salas de la Fundación Mapfre, donde trabajaba la semana pasada en la instalación de una gran muestra retrospectiva.


Praga, 1968. JOSEF KOUDELKA MAGNUM

Cabría pensar que aquella llamada en la madrugada de agosto de 1968 arrancó una de las historias más personales y míticas de la fotografía contemporánea, pero el idilio de Koudelka con la cámara y su inconfundible forma de ver y entender el mundo habían arrancado años antes. Como estudiante de ingeniería aeronáutica en los cincuenta se apuntó a un photoclub, empezó a frecuentar círculos artísticos y montó su primera exposición en 1961 en el vestíbulo de un teatro. Koudelka recortaba entonces sus imágenes para entrenar su ojo, las pegaba para crear panorámicas, experimentaba con el medio y publicaba su trabajo en Divadlo, revista vanguardista especializada en teatro. Trabajó con varias compañías disparando entre los actores que representaban obras de Ionesco, Beckett y Jarry; retrató un montaje de El rey Lear de Peter Brook. Finalmente, abandonó su trabajo como ingeniero y se entregó al proyecto de fotografiar a la comunidad gitana, algo que quizá vaticinaba su futuro nómada. Las portadas y los cuadernos de trabajo de aquella época forman parte de la exposición que llega a Madrid, tras su paso por Chicago y Los Ángeles.

El fotógrafo errante pasea recto y enérgico por la sala mientras sus fotos van saliendo de las cajas de embalaje. Viste una camisa militar, vaqueros y una gorra algo desvaída. Le acompaña su hija Lucina, que rueda material para un documental. Koudelka se maneja en seis idiomas, con una expresividad a prueba de acentos, y no renuncia a la exactitud de sus palabras. Desconfía del lenguaje, quizá algo que le quedó de aquella propaganda comunista que escuchó de pequeño, y rara vez concede entrevistas. "Uno tiene una serie limitada de cosas que decir y no me gusta repetirme", explica. La reiterada y paciente búsqueda "del máximo" —ese "dar lo más que puedas, tú, los actores, la situación"—y, una vez que esa meta se ha alcanzado, la no repetición son dos de los principios que han regido su trabajo, una obsesión que le mantiene alerta: ahí se encuentra la clave de sus cambios de objetivo, del gran angular a las cámaras panorámicas que hoy emplea, concretamente un modelo digital especialmente diseñado para él. Y ¿qué opina de la explosión fotográfica en el mundo contemporáneo? "Es algo positivo que la gente pueda visualizar, pero no creo que cualquiera que apriete el disparador sea un fotógrafo, como no es un escritor quien sabe firmar".

De carcajada fácil y sensibilidad cercana, con una particular calidez eslava, el fotógrafo proyecta un aire de férrea resistencia: él no ceja en su empeño de seguir investigando, de plasmar su poesía, siempre a su manera, en blanco y negro. Sigue sin llevar teléfono —"una libertad"— y sigue rechazando propuestas, la última una invitación a participar en una colectiva en el Barbican —"me llaman Mr. No"—. Pero él resta importancia al aire romántico que rodea su trayectoria: "Dormir en el suelo no es una condición para tirar buenas fotos, duermes así porque haces un determinado tipo de foto; pasé años fotografiando a gente que tenía menos dinero que yo, pero vivían mejor. Era mi decisión, no he hecho sacrificios sino simplemente lo que quería hacer". ¿Aún duerme en la sede de Magnum en París, como cuenta la leyenda? Dice que sí, la última vez la semana pasada, y alega que es cómodo tener ahí mismo la oficina. Por si faltara alguna prueba, el catálogo de la exposición en Mapfre se abre con un mapa de las constelaciones que marcó a lo largo de 2010 en sus viajes.

Cuando accede a dar una entrevista, Koudelka se aplica a la tarea con meticulosa precisión y entrega. Esta charla se celebra a lo largo de tres días y en cada encuentro suma capas a la estampa. Uno de los lemas que le gusta repetir: lo que se hace con tiempo, el tiempo lo respeta.


Francia, 1976. JOSEF KOUDELKA MAGNUM

PREGUNTA. Trabaja de forma exhaustiva la composición de sus libros. ¿Ocurre lo mismo con las exposiciones?
RESPUESTA. Hay que olvidarse del ego y trabajar con el espacio, cada lugar es distinto. He montado hasta cinco retrospectivas de mi obra, y esta es la primera que hago con un comisario, Matthew Witkovsky. Vi un catálogo de una exposición que él montó de fotografía centroeuropea de entreguerras y pensé, ¡al fin un americano que sabe algo de Europa! Le propuse colaborar en algo.

P. Ni encargos periodísticos, ni trabajos publicitarios, lo cierto es que siempre ha evitado trabajar con o para otros. ¿Qué tal le ha ido esta vez?
R. Una vez en el MOMA, John Szarkowski [director del departamento de fotografía durante 30 años] me dijo que el artista tiene un gran ego, pero que el comisario tiene uno aún mayor. Con un comisario tienes que aceptar que tiene ideas distintas, pueden ser buenas o malas, pero son suyas. Yo sabía que el trabajo de Witkovsky tenía calidad y he aprendido mucho. Si yo monto una exposición trato de usar las fotos para contar algo. Al comisario le interesaba más el propio medio fotográfico, los cambios, la evolución. Se van poniendo a prueba las ideas, como el orden cronológico y verificas que no funciona. Y tanto los comisarios como los coleccionistas se vuelven locos con las copias vintage,pero a veces estas no son las mejores reproducciones, aunque evidentemente tienen valor histórico.

P. ¿Y qué es una buena foto?
R. Me gustan muy pocas. Para mí se trata de una imagen que cuando la ves no la puedes olvidar, que permite que quienes la miren inventen diferentes historias, que los espectadores proyecten. No se trata de reportajes, sino de una única imagen que se te queda dentro. Tampoco creo que haya grandes fotógrafos sino grandes fotografías, que son un tipo de milagro, algo que ocurre muy pocas veces.

P. ¿Por eso se mantuvo lejos del foto­pe­rio­dismo?
R. Cuando le mostré mis fotos de los gitanos a Cartier-Bresson me dijo que tenía ojo de pintor, pero me advirtió que podía perderlo y que no debía ni tocar el fotoperiodismo. Él tuvo una enorme importancia, aunque no me influyó fotográficamente, me enseñó la ética de la vida y de la fotografía. Cuándo decir sí y no. Su libro El momento decisivo no era mi biblia, como les pasaba a otros. El propio Bresson me pidió que eligiera las que me gustaban y elaboré una lista que aún tengo guardada.

Koudelka ha llevado un estricto diario y concienzudas notas que ahora le permiten precisar su historia sin tener que fiarse de la traicionera memoria. A su gran amigo Cartier-Bresson le conoció en Londres al poco de llegar como exiliado, cuando acampaba en el estudio del galés David Hurn. Tras la inauguración de la primera galería de fotografía de la ciudad con la exposición Concerned Photographers, montada por Cornell Capa, Koudelka fue a la cena organizada en un restaurante de moda, al que no le dejaban entrar. El francés acabó por salir y enfrentarse al portero. Fue la primera de las muchas veces que dio la cara por él; cuando unos y otros trataban de que aceptara encargos comerciales. Meses después Koudelka le visitó en París y le mostró su trabajo de los gitanos, Cartier-Bresson se quedó con dos copias —que siempre tuvo colgadas en la pared de su apartamento— y le presentó al editor Delpire. "Los fotógrafos viajamos mucho y pasas largas temporadas sin verte, pero siento su pérdida cuando quiero comprar una postal para mandársela", dice Koudelka.

P. La pintura tuvo gran influencia en Cartier-Bresson. ¿También en su caso?
R. Él llegó a la fotografía a través de la pintura, y lo mío fue al contrario. Realmente descubrí la pintura en Granada, en 1971, cuando visité la capilla real y vi a los primitivos flamencos; Membling me pareció lo más. Luego descubrí a muchos otros pintores. Esta semana nada más llegar fui al Prado a ver El jardín de las delicias, uno de mis favoritos. El arte tiene que ver con la emoción y con nada más.

Koudelka habla con cariño de aquel primer viaje a España —la única vez que probó a disparar en color— y de sus muchos amigos españoles, entre otros el general Lister. Cuenta que este país fue el primero en el que se metió a fondo: en Barcelona tomó un curso de español, en Castellón durmió en una plaza junto a una fuente, y en sucesivos viajes por las fiestas populares coincidía siempre con Fernando Herráez, con quien trabó una gran amistad —"nos llamábamos peregrino número uno y peregrino número dos"—, y con Cristina García Rodero. Desde el principio tenía claro que no quería documentar las romerías. Algunas de aquellas fotos que tomó en España se incorporaron a su serie Exilios, resultado de su vida sin residencia fija durante 17 años. Koudelka reconoce que aunque hay algo que le atrae especialmente de España —"la gente disfruta de la vida y se da por hecho que hay que comportarse"—, Italia influyó más en su gusto. Se define como un producto de los países que ha visitado y la gente que ha conocido, pero sus raíces, afirma con determinación, son centroeuropeas.

Dicen que Centroeuropa es el lugar donde al pedir un café siempre te traen un vaso de agua, y Koudelka pide eso mismo en el Café Gijón. Cuenta que en un pueblo del sur de España es dónde encontró la música que más le emociona, la que le remite a aquella que escuchó de joven. También apunta que no descarta reunir sus fotos españolas en un libro. Pero por el momento ahora prefiere seguir volcado en nuevas fotos y nuevos viajes, no en el pasado. "Si siempre viajas no permites que la gente te encasille, al final acaban por aceptarte. Tienes que entender qué eres, qué puedes hacer y en qué eres mejor que los otros. El viaje es una pregunta constante, descubrir quién eres se vuelve más fácil, es una cuestión de higiene mental".

Hay una franca simplicidad en sus palabras cuando afirma que la falta de libertad política en la que creció iba acompañada de una falta de libertad para hacer dinero y que esto los empujó a hacer lo que de verdad deseaban hacer. Marchó al otro lado del telón de acero, pero aplicó un principio de libertad que desbordó los márgenes. "El exilio te destruye, pero si no es así te hace más fuerte. Te llevas dos regalos. El primero es que debes construir tu vida completamente de nuevo, y el segundo es que si tienes oportunidad de regresar a tu país los ves con ojos distintos", dice, recordando el prólogo que Vaclav Havel hizo a su libro.


JOSEF KOUDELKA MAGNUM

P. ¿Cómo empezó su proyecto de los gitanos? ¿Fue un gesto de disidencia política?
R. En mi pueblo no había ni gitanos ni judíos, llegué a ellos a través de la música folclórica y creo que fue la música lo que me hizo seguir. Empecé a fotografiarlos y también usaba una grabadora, veían mi interés. Pero mi trabajo no era documental, los gitanos no son solo como se ven en mis fotos, esa es mi proyección. Lo que sí tenía claro es que no quería perjudicarlos. Ellos no estaban en el sistema, pero tampoco en la lucha por la libertad, peleaban por sobrevivir. ¡No imaginas la cantidad de animales en mal estado que comí! Ahora no podría hacer esas fotos, pero entonces tampoco podía hacer lo que hago ahora.

P. Ya no hay gente en sus fotos.
R. Nunca he hecho foto de “gente”, sino de aquellos que tenían que ver conmigo. Creo que lo más importante es hacer fotos y no preocuparme del pasado. Quiero mantener una coherencia, continuar cuan lejos pueda ir, hasta el fin.

Koudelka ha terminado su café y su agua. Antes de concluir esta tercera cita muestra, con cierto orgullo y a modo de confidencia, el calendario que se expande por dos folios y está minuciosamente ordenado por colores y anotado a mano. Allí tiene planificados sus viajes en los próximos meses. Lo guarda en su bolsa de tela, cierra la cremallera y enfila calle arriba.

La maqueta perdida
Praga 1967, Josef Koudelka presenta una exposición de sus fotos de la comunidad gitana checa. Al año siguiente preparó una primera maqueta para un libro, y mientras, seguía sacando más fotos, esta vez en Rumania. Dos días después de regresar del viaje estalló la invasión soviética, y la maqueta que la editorial Nová Fronta quería presentar en Fráncfort se quedó en sus manos. En 1969 la mandó a Magnum y la revista Life quiso publicar algunas de esas fotos. Cuando Koudelka salió definitivamente de Checoslovaquia, en 1970 se había perdido el rastro de aquel borrador de libro: nunca llegó de vuelta a París. Con el editor francés Robert Delpire, Koudelka trabajó en una nueva maqueta, y llegaron a tener hasta 23 versiones. Gitans: La fin de voyage salió en 1977 simultáneamente también en EE UU bajo el sello de Aperture. Se ha publicado en siete países incluido España (Lunwerg), pero Koudelka aún se pregunta por la maqueta original, aunque no le cabe duda de que algún día, como la maleta de Capa, aparecerá.

Andrea Aguilar
Diario El País de Madrid