El kiosco

Pablo Gonzalo Pérez ha encarado como guionista y director una película que no ambiciona ser una obra de arte. Sin embargo, con su actitud humilde y proclive a la sencillez. logra junto a todo el equipo un filme sumamente disfrutable y sobre todo humano.


¿Qué argentino no ha soñado con tener un pequeño negocio y así independizarse de la opresión asfixiante de trabajar en una oficina, frustración que tan magistralmente describió Roberto Mariani en sus Cuentos de la oficina? Y también cuántos dolores de cabeza y desengaños aplastantes sufrieron aquellos que fracasaron en ese proyecto.

Mariano (un notable y versátil Pablo Echarri) idealiza el kiosco de su barrio, ese lugar que fue una suerte de palacio de la felicidad en su niñez. Aprovecha la oportunidad de un retiro voluntario para comprar con la indemnización ese kiosco, cuyo dueño, Don Irriaga (Mario Alarcón, siempre magnífico), ha puesto en venta. Su esposa Ana (la dúctil Sandra Criolani) lo apoya pese a sus reticencias y el temor de no poder levantar las deudas.

La parte de comicidad, con la que se engancha el público, está a cargo de la suegra gruñona de Mariano (Georgina Barbarossa, que da un ejemplo de actuación) y Charly (Roly Serrano, deslumbrante en su composición), un amigo que además de ser dueño de una pizzería, en sus ratos libres oficia de curandero. Se destaca la solvencia del resto del elenco.


El filme ensalza los valores éticos, porque Mariano, aún acorralado por las deudas y los contratiempos, actúa con dignidad, sin tratar de engañar ni defraudar a nadie. Pero está también la solidaridad, representada especialmente por Charly –ese gran amigazo que casi todo argentino tiene– y asumida tanto por la sufriente esposa como por la belicosa suegra. Además, refleja con convicción la vida cotidiana en un barrio cercano a Buenos Aires.

En cuanto a la parte técnica sobresale el montaje ejemplar de Guille Gatti y Pablo G. Pérez. Virtuosa la fotografía de Emiliano Penelas, que descuella en las escenas nocturnas y en los matices de luces y sombras que ofrecen los primeros y primerísimos planos de los personajes. Los otros integrantes del equipo demuestran solidez en sus respectivos oficios.

El gran Alfred Hitchcock decía que no buscaba con sus temática oscura un mensaje metafísico, solo se proponía entretener. Quien vaya a ver El Kiosco pasará un buen momento y, además, se nutrirá observando brillar virtudes como la amistad y la lealtad.

Germán Cáceres


Guión y dirección: Pablo Gonzalo Pérez
Asistente de dirección: Martín Alonso
Elenco: Pablo Echarri, Roly Serrano, Georgina Barbarossa, Sandra Criolani, Mario Alarcón, Martín Rocco, Rubén Pérez Boreau y Olivia Gukenheimer.
Dirección de Arte: Luciana Kohn
Vestuario: Rocío Peyró.
Dirección de Fotografía: Emiliano Penelas (ADF)
Montaje: Guille Gatti (EDA), Pablo G. Pérez.
Música original: Carlos Ramírez Mendoza
Sonido directo: Juan Bernardis y Mariano Castro
Dirección de Sonido: Pablo Isola.
VFX: Diego Arias
Marketing y Diseño Gráfico: Silvia A. Pérez
Producción Ejecutiva: Daniel Burak, Alejandro Gruz y Gato Martinez Cantó.



Recordemos que en el Cineclub La Rosa proyectamos los cortometrajes de Pablo G. Pérez Lo llevo en la sangre y Ojos.

Teatro abierto

Este jueves, con muy buena repercusión y gran cantidad de asistentes, realizamos la clase abierta de Teatro, por por el profesor Jorge Incorvaia.


Recordemos que el Taller de Teatro comenzará en nuestra Biblioteca, Austria 2154, el jueves 4 de abril a las 18:30, y se cursará en ese horario los lunes y jueves. Para inscribirse, llame al 4802-8211 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.


Les recordamos que el profesor Incorvaia dictará además un Taller de Dramaturgia los lunes a las 19 horas, comenzando el 1 de abril.


Los cupos son limitados, y los socios de la Biblioteca cuentan con aranceles especiales.

Seminario clínico 2019

Desde el sábado 6 de abril a las 11 horas, y con una frecuencia quincenal, se dictará en nuestra Biblioteca, Austria 2154, una nueva edición del Seminario Clínico dictado por Enrique Acuña: "El otro desengaño".


Los temas serán:
  • Pasiones y afectos
  • ¿Cuando la angustia es productiva?
  • Hay que dejarse engañar por el inconsciente
  • Los no -engañados, erran - Los Nombres-del-Padre.-

La memoria, atributo y servidumbre

Me atrevo a definir la literatura como "el ejercicio creativo de la memoria sobre la palabra". (Esto incluye a la oralidad, como primera fase del acto literario; recordemos que La Ilíada y La Odisea, son narraciones orales versificadas y, mucho más tarde, llevadas a la forma escrita). Sin la memoria, como atributo, no hay creación literaria posible. Como contrapartida, estamos sometidos a la servidumbre de la propia memoria, lo que impide o coarta esa libertad absoluta que todo creador anhela para articular mundos poéticos o narrativos independientes. Quizá haya sido Shakespeare el creador que más se acercó a esa imposible liberación lingüística.

Foto: Emiliano Penelas

En la época confusa que vivimos -caótica, escribió Harold Bloom- aparecen bisoños escribas que pretenden escribir sin ser "influenciados" (de partida, debemos decir "influidos") por otros escritores, como si en el ejercicio del lenguaje escritural o hablado se pudiese comenzar desde un cero absoluto. Esto es válido no sólo en el ámbito de las artes sino en toda actividad creadora del ser humano. Al respecto, Borges nos recordó que todo buen escritor debe ser, primero, un conspicuo lector, puesto que la materia con la que trabajamos es -vaya obviedad- la lengua; primero la propia, la matriz, y luego otras que pudieran enriquecer nuestro acervo. Entonces, si rechazamos el nutrirnos de los grandes paradigmas (Cervantes, Calderón, Quevedo; y los modernos contemporáneos, chilenos y de otras lenguas, y los nuestros, hijos de la misma tribu: Barrios, Rojas, Guzmán, González Vera, Mistral, etc.), nos veremos influidos por el habla cotidiana, por la jerga, a menudo insulsa y descompuesta, del periodismo mediático; o por el discurso aleve de los políticos; o por el guirigay vocinglero de los futbolistas.

Sí, porque es imposible sustraerse al influjo idiomático: las palabras están en nosotros y en el entorno, estamos hechos de palabras; somos lenguaje. Según modernos estudios científicos, el ser que mora en el vientre materno recibe muy temprano el estímulo de las palabras, una suerte de registro amniótico que predispone el lenguaje, por así decirlo. Asimismo, debemos considerar el constante dinamismo del habla, sus cambios, más o menos vertiginosos en esta era tecnológica, para asumirlos y enfrentarlos desde una posición progresiva, sin quedarnos anclados en las añejas normas académicas, so riesgo de no poder entendernos con las jóvenes generaciones, de transformarnos en seres aislados y anacrónicos.

Respecto de la memoria, advertimos también en los jóvenes de hoy un intento casi suicida de desconexión con el pasado, sea histórico o personal, como si todo lo obrado por las generaciones precedentes fuese un cúmulo de errores que se debe ocultar en la ceniza del olvido. Así, se va imponiendo en ellos el prurito del desarraigo, la clausura del pasado.

Craso error, porque no podemos comprender el devenir humano sino como una sucesión de actos de diversa índole que constituyen la Humanidad. Cabe también tomar precauciones ante la estimación opuesta, y también errónea: que la experiencia es una especie de "patente de corso" para oponerse a las innovaciones, a los necesarios cambios, incluso a que seamos "asesinados", generación tras generación, por las noveles promociones. Recordemos la precisa sentencia del poeta Vicente Huidobro: "Experiencia, así llaman los viejos a la suma de sus fracasos".

Por otra parte, la vertiginosa revolución tecnológica y cibernética pone a nuestra disposición extraordinarias herramientas que constituyen una base de datos gigantesca, especie de enciclopedia universal capaz de almacenar gran parte de los registros del conocimiento. Ya podemos apreciarlo en internet, donde pareciera que todo está al alcance de la mano, extrayéndolo desde el computador o desde el aparato móvil, para satisfacer las más diversas interrogantes, para acceder a una descomunal biblioteca.

Lo que el progreso tecnológico no nos ofrece es la posibilidad de alargar el tiempo, esa fatal sucesión cronológica unida a la decrepitud, para disfrutar una mayor extensión de oportunidades y desafíos intelectuales, para leer todos los libros que nos apremian y excitan. Sólo de manera relativa la velocidad cumple con extender los momentos existenciales, nos da la ilusión de más horas o días cuando cruzamos la vastedad de los océanos, a mil kilómetros por hora, porque ese lapso bien podríamos asimilarlo a tiempo muerto o vacío, gastado en el tedio de los aeropuertos o en la claustrofobia agotadora de extensas travesías, donde sólo es dable un tipo de entretenimiento adormecedor, más parecido a un escape de la realidad.

Quizá los denominados “milenium” irán dejando atrás la nemotecnia, como nosotros o más bien como nuestros hijos dejaron de calcular mentalmente las operaciones aritméticas, mediante el uso de la simple calculadora digital. ¿Se podría, entonces, prescindir de la memoria tal como la conocemos y empleamos los viejos de hoy? ¿No llevará eso a perder facultades como la reflexión relacionadora, base del entendimiento humano, esa capacidad volitiva que nos lleva a conocer, ejercitando lo que Sócrates llamara “el júbilo de comprender”.

A la postre, no cabe ser rotundos al juzgar los nuevos tiempos, sino a riesgo de equivocarnos, pero siento y creo a pie firme que debemos aquilatar y enriquecer la memoria como un don, un tesoro del cual no podemos prescindir. Digamos, pues, para concluir estos breves apuntes, con el gran ciego bonaerense de la biblioteca infinita: "Sólo una cosa no existe: es el olvido".

Edmundo Moure
Marzo 2019

Las palabras ocupan mucho espacio

Con motivo de un nuevo aniversario del golpe militar del 24 de marzo de 1976, la Universidad de San Martín publicó un informe con libros infantiles y juveniles prohibidos.


“Que un elefante ocupa mucho espacio lo sabemos todos. Pero que Víctor, un elefante de circo, se decidió a pensar “en elefante”, esto es, a tener una idea tan enorme como su cuerpo… ah … eso algunos no lo saben, y por eso se los cuento…”


Así empieza "Un elefante ocupa mucho espacio", uno de los libros icónicos prohibidos por la última dictadura militar en la Argentina.


¿Qué es la censura? ¿Por qué algunos libros se vuelven “peligrosos”? ¿Las imágenes hablan?
¿Cuál fue la mirada del censor acerca de la infancia y la juventud en tiempos de violencia institucional y de silenciamiento político?


La Asociación La Nube Infancia y Cultura recopiló más de cien libros infantiles y juveniles prohibidos por la dictadura, que fueron catalogados y digitalizados por la Escuela de Humanidades y la Biblioteca Central de la UNSAM. Son más de 25 escritores e ilustradores argentinos y extranjeros, reunidos en 111 obras.


En su mayoría, se trata de primeras ediciones publicadas por editoriales censuradas entre 1976 y 1984 por la Junta Militar, que prohibió su circulación por decreto.


Los breves mundos

de Eugenio Mandrini
(Desde la gente, Buenos Aires, 2018, 128 páginas)


La selección, prólogo y entrevista corresponde a Matías Mauricio, que en la contratapa opina: “¿Quién es Mandrini? La respuesta la encontrarán en cada una de sus criaturas (microficciones) tejidas con embrujo poético y limpidez narrativa. Cada relato suyo, un objeto único. Cada título, un sinfín de ambigüedades.” Respecto a estos textos, en la entrevista el autor considera que: “Se trata de un género en formación, básicamente fragmentario, cuya longitud oscila entre una sola línea a treinta o poco más. Brevedad, concisión, ambigüedad, sugerencia, ilusionismo, caos, resplandor, brujería, suelen ser entre otros los puntos de apoyo de su escritura…”

Por ejemplo, en «Sin novedad en el cielo» se transforma el sentido de la misión del arca de Noé, porque aunque éste explica a los animales que los está protegiendo del diluvio universal ocurre que “…solo cayeron tres gotas desabridas, y ya hace largo tiempo en que todo es rugiente sol de día y límpida luna y estrellas de noche.” Y concluye: “¿Adónde nos lleva este hombre?”

Asombra en estas bellas microficciones la capacidad de innovación de Mandrini, al parecer inagotable. Contienen reflexiones agudas y amargas, como las que expone en «Desdicha de los primeros». Algunas pertenecen al ámbito fantástico o, si se quiere, al surrealismo: su audacia imaginativa carece de límites. Aquí van algunos ejemplos: “Sus camaradas de fulgor coinciden en reconocer que nunca hubo en el desierto un poeta como él en el viejo arte de crear visiones de la nada.” «No todo es desierto en el desierto»/”Solo hay tres clases de ciegos (…) Y finalmente está aquél, el ciego que palpa afanoso los contornos y la grietas, los movimientos y temblores de los breves mundos. Ese, el tercero, es el amante.” «Parpadeos». /“¿Quieres la libertad, eso quieres?, le dijo el hombre a su perro (…) y le abrió la puerta de la casa. (…) De poder hablar el perro habría dicho que eso de la libertad es demasiado inalcanzable, y empujándola con el hocico, cerró la puerta.” «Tierra firme». /”No, no es extraño que una sombra se suicide saltando por la ventana.” «Misterio muy oscuro». / «La bella y el bestia» relata en apenas trece renglones el mágico encuentro entre una sirena y un centauro.

Da mucha importancia a los títulos y es ante todo un poeta que se ha volcado a narrar microficciones con sentido trágico y sombrío, apenas suavizado por algunas ocurrencias humorísticas.

Matías Mauricio nació el 7/07/1978 en Lanús, Buenos Aires. Poeta, docente, ensayista y editor, es miembro titular de la Academia Nacional del Tango, y de número de la Academia Porteña del Lunfardo. Referente de la letrística del tango, fue incluido en numerosas antologías. Es autor de Bandoneón Blindado (2010), Julián Centeya, biografía y poemas inéditos (en coautoría con Roberto Selles, 2014) y Cruel en el Cartel (2018).

Eugenio Mandrini nació el 16/12/1936 en Boedo, Buenos Aires. Es poeta, novelista, ensayista, guionista de historieta y autor de los siguientes libros: La bilis (1973), Criaturas de los bosques de papel (1987), Discépolo, la desesperación y Dios (1988), Antes que el viento se apague (1989), Conejos en la nieve (2009, premiado en el Concurso de Poesía Olga Orozco), Los poetas del tango (2000), Las otras criaturas (2013) y Con voz de perro lunar (2014). Colaboró en la mítica revista de historietas Turay. Es miembro titular de la Academia Nacional del Tango. Obtuvo el primer premio municipal de poesía de la Ciudad de Buenos Aires (2008-2009).

Germán Cáceres

Congreso de la lengua

Bajo el lema "América y el futuro del español. Cultura y educación, tecnología y emprendimiento", se celebrará en Cordoba, del 27 al 30 de marzo, el VIII Congreso Internacional de la Lengua Española.

Los Congresos Internacionales de la Lengua Española (CILE) son los encuentros más importantes relacionados con la lengua y cultura en español, organizados cada tres años por el Instituto Cervantes, la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua en colaboración con diferentes gobiernos de Hispanoamérica.

Los Congresos de la Lengua constituyen foros universales de reflexión sobre la situación, problemas y retos del español, y pretenden avivar la conciencia de corresponsabilidad de personas gobiernos e instituciones en la promoción y en la unidad de la lengua, así como impulsar el diálogo de toda la comunidad cultural hispánica.

Las anteriores ediciones se realizaron en Zacatecas (México), Valladolid (España), Rosario (Argentina), Cartagena de Indias (Colombia), Valparaíso (Chile) y la ciudad de Panamá (Panamá).

Las actividades del CILE se desarrollarán en cuatro sedes: Teatro del Libertador General San Martín, Teatro Real, Facultad de Ciencias exactas, físicas y naturales; y en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba. Habrá también tres sedes de retransmisión: Pabellón Argentina de la Ciudad Universitaria de la UNC, el Cabildo de la Ciudad de Córdoba y la Facultad de Lenguas de la UNC en su sede del centro.

Reunirá a más de 200 escritores, académicos, expertos y profesionales de todo el mundo que debatirán en torno al lema "América y el futuro del español. Cultura y educación, tecnología y emprendimiento".

En paralelo también se realizará el Festival de la Palabra que contará con un programa de numerosas propuestas culturales y actividades especialmente diseñadas para expresar la riqueza y multiplicidad artística de la provincia. Se trata de un evento popular que tendrá lugar desde el 20 hasta el 30 de marzo y preparará el clima previo al CILE, acompañando su realización.

Teatros, museos y centros culturales de la ciudad y la provincia de Córdoba, así como también plazas, clubes, bibliotecas públicas y los más diversos espacios serán escenarios culturales en los cuales los cordobeses y asistentes al Congreso podrán participar. Habrá expresiones y actividades en ciudades de toda la provincia, y en Córdoba, el epicentro será la Plaza San Martín con una feria del libro y múltiples presentaciones culturales.

En tanto, el 25 y 26 de marzo también tendrá lugar un Seminario Iberoamericano de Periodismo y Comunicación con seis paneles donde destacados profesionales de la comunicación debatirán sobre el derecho a la palabra, el valor de la palabra, intertextualidad, nuevos medios y convergencia mediática digital entre otros ejes. Además, ese mismo lunes y martes se realizarán las Jornadas para profesores de español en las que docentes y estudiantes de carreras afines a la enseñanza del español junto a otros profesionales vinculados a la actividad, trabajarán sobre la temática “El español en el mundo y los mundos del español: fortaleciendo el diálogo entre cultura e identidad”. El primero se llevará a cabo en la Sala de las Américas del Pabellón Argentina, UNC, y el segundo tendrá lugar en la Facultad de Lenguas y Claustrorum de la Universidad Nacional de Córdoba.

La Comisión Organizadora del CILE 2019 está compuesta por el Instituto Cervantes, la Real Academia Española,la Asociación de Academias de la Lengua Española, el Gobierno Nacional a través de la Secretaría de Turismo, el Ministerio de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología y del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, el Gobierno de la Provincia de Córdoba desde el Ministerio de Educación, la Agencia Córdoba Cultura y Agencia Córdoba Turismo, la Municipalidad de la Ciudad de Córdoba, junto a sus secretarías de Cultura y Educación y la dirección de Turismo, y la Universidad Nacional de Córdoba, además de otras entidades públicas y privadas.

El miércoles 27 de marzo, a las 10 de la mañana, se abrirá la Solemne Sesión Inaugural del CILE, en la Sala del Teatro del Libertador San Martín, encabezada por S.M el rey de España, Felipe VI; el presidente de la República Argentina, Mauricio Macri; el gobernador de la Provincia de Córdoba, Juan Schiaretti; el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero , el director de la Real Academia Española y presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española- ASALE, Santiago Muñoz Machado; la secretaria general de la Secretaría General Iberoamericana – SEGIB-, Rebeca Grynspan; y los escritores Mario Vargas Llosa y Carme Riera.

Participarán también en las sesiones y paneles del CILE Joaquín Sabina, Mempo Giardinelli, Alejandro Dolina, Juan Luis Cebrián, Guillermo Jaim Etcheverri, Jorge Volpi, Pablo de Santis, Martín Caparrós, Teresa Andruetto, Norma Morandini, Cristina Bajo, Perla Suez, entre otros académicos y reconocidas personalidades de la lengua y la cultura en español.

Las sesiones tendrán cinco ejes temáticos: El español, lengua universal; Lengua e interculturalidad; Retos del español en la educación del siglo XXI; El español y la sociedad digital; y La competitividad del español como lengua para la innovación y el emprendimiento. Cada eje tiene una Sesión Plenaria compuesta por una ponencia general y una o dos mesas redondas; y entre cuatro y seis paneles que abordan los asuntos del debate con un enfoque sectorial.

El programa del CILE también contempla cuatro sesiones plenarias especiales. Una en homenaje a Víctor García de la Concha, exdirector de la Real Academia Española (1998-2010) y del Instituto Cervantes (2012-2017); otra dedicada al compositor español Manuel de Falla; otra en la que se presentarán actividades y proyectos de la RAE-ASALE, del Instituto Cervantes, de la Academia Argentina de Letras y la Universidad Nacional de Córdoba. Finalmente, la cuarta sesión plenaria especial será un homenaje a un siglo de relaciones culturales entre América y España, bajo el título Viaje y tornaviaje.

El primer congreso Internacional de la Lengua Española (CILE) se realizó en 1997 en Zacatecas, México y el segundo en Valladolid, España durante el 2001. El tercero tuvo a la ciudad de Rosario, Santa Fe, Argentina, como anfitrión en el año 2004 y el cuarto se desarrolló en Colombia en el 2007. Chile, Valparaíso fue la locación del quinto CILE en el 2010, mientras que el sexto congreso se realizó en la Ciudad de Panamá en Panamá en el 2013 y el séptimo tuvo lugar en Puerto Rico en el año 2016.

Teatro: clase abierta

El jueves 28 de marzo a las 18:30 horas se realizará una clase abierta de Teatro, a cargo del profesor Jorge Incorvaia.


Antes de que el Taller de Teatro de comienzo en nuestra Biblioteca, a partir de abril, el profesor Jorge Incorvaia dará una clase abierta gratuita el jueves 28 de marzo a las 18:30 horas, en Austria 2154. ¡Los esperamos!

Toda la información sobre el Taller de Teatro la encontrará en este enlace.

De Hiroshima a Nagasaki: huellas de uranio

El Japón que sobrevivió a las bombas atómicas, desde la mirada de un viajero uruguayo.


Cúpula Genbaku en Hiroshima: Fragmentos de memoria. Foto Laura Santos

En una calle no muy transitada de Hiroshima detenemos nuestra caminata nocturna frente a una pequeña placa. En la esquina hay un pequeño supermercado de 24 horas, o conbini, como le dicen en Japón. Detrás de la placa se levanta un edificio chico vestido con baldosas grises y nada podría hacer que esta cuadra pareciera menos interesante.

Sin embargo, leemos la placa y al igual que debe hacer casi cualquier turista, miramos hacia arriba, al cielo oscuro y estrellado, para imaginarnos un flash inabarcable. Es que exactamente seiscientos metros por encima de nosotros estalló Little Boy. Esta placa indica el hipocentro, el punto donde estalló la primera bomba atómica arrojada sobre población civil.

Cuatrocientos ochenta y nueve kilómetros en tren hacia el sur hay otro hipocentro, algo menos recordado: Nagasaki. Está marcado con un alto monolito negro que apunta hacia el sitio en el aire donde estalló Fat Man, la segunda bomba, y está rodeado por amplios círculos concéntricos escalonados con pasto, que sugieren la onda expansiva. Pero como fue la segunda, tuvo menos prensa y es menos recordada, por lo que hay poco turista atómico, a pesar de que tiene un mejor museo y memorial que el de Hiroshima. Hasta en las desgracias, ser el primero tiene sus ventajas.

Ese fenómeno del destaque de una ciudad sobre otra empezó cuando en mayo de 1946, nueve meses después de la bomba, The New Yorker envió al periodista John Hersey a Hiroshima, a hacer un extenso reportaje sobre las víctimas. El estadounidense estuvo un mes en la ciudad y siguió las experiencias de seis sobrevivientes. Cada uno de ellos contaba su vivencia del horror del día en que estalló Little Boy y cómo, por azar, milagro o la razón que se quiera, se salvó para ser testigo del infierno desatado. Sin embargo, señala Hersey, lo que tenían en común entre ellos y los demás sobrevivientes que fue encontrando, era una suerte de orgullo por la forma en la que habían salido adelante después de una experiencia que no tenía puntos de contacto con nada que la humanidad hubiese visto hasta ese momento.

Mientras paseamos por el parque del castillo de Hiroshima, a pleno mediodía, un japonés veterano nos sigue en bicicleta hasta que nos alcanza. “¿De dónde vienen?” nos pregunta curioso y contento. Cuando le respondemos, exclama “¡Uruguay!” (porque todos los japoneses lanzan exclamaciones con frecuencia) y luego nos dice, literalmente, “Bien-va-nido”. Y se despide con un saludo y más sonrisas.

No es el único que en Japón reacciona de esa forma. Y es común que cualquiera sepa que Uruguay está en Latinoamérica y que se habla español, ya sea por referencias futbolísticas, por Mujica o por simple cultura general. En Nagasaki, el dueño del hostal en el que nos quedamos es un joven que nos pregunta cómo conseguir mate, ya que quiere probarlo después de haber visto cómo lo toman Messi y Suárez.

En Hiroshima el clima relajado de sus calles y habitantes y su buena disposición parecen hablar de una ciudad que no solo cuida la gigantesca cicatriz que le dejó la fisión nuclear de un kilo de uranio enriquecido, sino que la muestra con una mezcla de solemnidad y orgullo nacional. No en vano cuidan y exhiben las ruinas del domo Genbaku, esqueleto de un antiguo edificio público y una de las pocas cosas que quedaron más o menos en pie en los alrededores del hipocentro.

Hacia el final de su libro, Hersey escribe: “Un sorpresivo número de personas en Hiroshima seguían más o menos indiferentes con respecto a la ética de usar la bomba. Posiblemente estaban demasiado aterrorizados por ella como para pensarlo…”. Ahí aparece otro factor que descubrió el periodista: la idea de que atravesaban el horror atómico en nombre del emperador y de su imperio.

Ese factor no aparece mencionado en el estremecedor Museo de la Paz de Hiroshima, donde solamente se dice que Japón inició la guerra del Pacífico con el ataque a Pearl Harbor, en 1941. Es cierto que el foco del museo es la recreación del momento de la bomba, eso que los sobrevivientes describían solo como un flash enceguecedor, las consecuencias horrendas que la guerra llevó a la población civil y la concientización sobre la carrera nuclear e incluso el mercado negro de esas armas en este siglo. Pero por otro lado, afirman los textos del museo, Estados Unidos podría haber amenazado con la bomba en lugar de arrojarla como forma de justificarle a su propia población los dos mil millones de dólares que habían invertido para desarrollarla.

El grito de guerra Tenno heika, banzai, o Larga vida al emperador, que menciona Hersey como algo que se repetían algunas de las víctimas de la bomba, tampoco aparece en I Saw It (Lo vi), un manga de Keiji Nakazawa. Se vende en el museo de Hiroshima y tiene la virtud de haber sido el primer cómic que recreó en primera persona el horror de todo lo que siguió a la mañana del 6 de agosto de 1945. Es una historieta de veinticuatro páginas que cuenta explícitamente lo que vio el autor, lo que perdió su familia, la miseria de los años siguientes y cómo se convirtió en historietista, o mangaka. Nakazawa hizo después un manga más ambicioso y fundamental para entender esta tragedia, Gen Piesdescalzos, que luego fue adaptada al animé.

En I Saw It hay una escena que tal vez ayude a entender la actitud japonesa ante la catástrofe y cómo se reconstruyeron estas Hiroshima y Nagasaki que respetan sus cicatrices, pero que reciben con alegría y orgullo a los turistas. Es la secuencia en la que la madre de Nakazawa crema el cuerpo de su bebé, muerto por desnutrición, y luego sostiene su cráneo. “Mi madre miró a las llamas sin derramar una lágrima”, dice el autor. “Supongo que no tuvo tiempo de llorar, porque era lo único que podía hacer para mantenerse viva y alimentarnos”.

Es de noche, otra vez, y a la orilla del río Motoyasu, que cruza Hiroshima, se paran decenas de niños y un profesor. Para un extranjero es raro ver a esa hora tantos niños con un solo adulto responsable. Varios de ellos nos saludan amablemente y luego todos entonan una canción, al mismo tiempo que en la otra orilla algunos adultos encienden y colocan lámparas rojas en el agua. Mientras siguen su delicada y melancólica canción, caminan a la par de las lámparas, llevadas por la corriente. Nosotros seguimos sus pasos y atendemos a todo lo que hacen. Es inevitable y parece una lección involuntaria, como todo en estas dos ciudades.

Matías Castro
Diario El País de Uruguay

El hombre de la dinamita

de Henning Mankell
(Tusquets editores, Buenos Aires, 2018, 240 páginas)


En este, su primer libro, que escribió en 1972, Mankell emplea un estilo directo, de frases cortas y carentes de ornatos. Narra como si se tratara de apuntes y notas para una novela. Y aunque se está lejos del autor que creó la famosa saga del inspector Kurt Wallander, igualmente se trata de un texto notable.

Parte de un hecho real: en 1911, en Norrköping, Suecia, inesperadamente estalló una partida de dinamita que se utilizaba para perforar túneles y construir un ferrocarril. El obrero Oskar Johansson fue la única víctima del accidente, y los diarios lo dieron por muerto, pero milagrosamente logró salvarse y vivir hasta 1969, cuando tenía ochenta años. También se casó y pudo tener hijos.

Padeció una tremenda minusvalía: perdió un ojo, el pelo, medio pene y una mano (de la otra le quedó apenas el pulgar y el índice). Igualmente siguió trabajando de dinamitero hasta que se jubiló, pero en tareas que no tenían contacto con el explosivo.

Oskar no recuerda el momento de la detonación. Lo único que evoca son las pesadillas posteriores que lo asediaron.

En una mezcla de sus propias reflexiones y de las observaciones de testigos, se va revelando que las condiciones en que vivió desde su infancia fueron lamentables: su padre trabajaba duramente como vaciador de letrinas y no podía deshacerse del mal olor. La novela también va refiriendo las penurias, limitaciones e injusticias que aquejaban a la clase obrera sueca en 1911, cuando Oskar contaba con veintitrés años.

La historia se vuelve muy interesante a partir de que fue echado del hogar paterno por ser socialista y se va a vivir a la modestísima casa de madera de su compañero de trabajo Magnus Nilsson.

El hombre de la dinamita es tierna y humana, y enseguida se produce una empatía del lector hacia Oskar por las penurias que sufre tanto él como sus compañeros dinamiteros. Pese a su carencia de estudios, opina igual que el personaje central de El Gatopardo, la novela (sin conocerla, por supuesto) de Giuseppe di Lampedusa, llevada al cine por Luchino Visconti: las cosas cambian para que todo siga igual (“…los que están arriba siguen arriba”/”…no ganan menos porque nosotros ganemos un poco más. Y tampoco mandan menos aunque nosotros tengamos cierta capacidad de decidir, si es que la tenemos.”)

Pese a su desgracia y a su condición humilde, Oskar fue feliz junto a su esposa Elvira por el solo hecho de vivir, o sea gozó de la maravilla de haber nacido. Como la mayoría de los seres humanos teme a la vejez, a esa decadencia de la persona en todos los aspectos: “La vejez no es agradable. Uno tiene que vivir en otro tipo de situación de inferioridad. Tiene uno que pasar muchas cosas. Pero, con todo, se puede, claro.”

En el prólogo de 1997 Mankell comenta: “Y Suecia ha pasado de un intento decente de construir una sociedad a un saqueo social. (…) En las afueras de las grandes ciudades suecas existen hoy guetos, que no existían hace veinticinco años. “

La excelente traducción es de Carmen Montes.

Henning Mankell (Estocolmo, 1948-2015) es famoso por sus novelas policiales protagonizadas por el inspector Kurt Wallander, que renovaron el género y fueron traducidas a cuarenta y dos idiomas. Su obra fue adaptada al cine y a la televisión y mereció, entre otros, el II Premio Pepe Carvalho.

Últimamente residía entre Suecia y Mozambique, en donde dirigió el Teatro Nacional de Avenida de Maputo.

Germán Cáceres

Biomecánica Corporal y Elongación

El lunes 4 de febrero comienza el ciclo 2019 del Taller de Biomecánica Corporal y Elongación, a cargo de Cristina Bartolomé en nuestra Biblioteca, Austria 2154. Las clases serán los lunes y miércoles de 18:30 a 19:30 horas. Para inscribirse, llame al 4802-8211 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar. Los cupos son limitados, y los socios de la Biblioteca cuentan con aranceles especiales.


Clases de Biomecánica Corporal y Elongación, combinación de ejercicios de yoga, pilates, kinesiología, elongación y relajación es lo que propone el nuevo taller que se dará en la Biblioteca Carlos Sánchez Viamonte.

La propuesta de trabajo parte de una serie de ejercicios de piso y elevación que mejoran la circulación y tonifican el cuerpo. Desarrollan la fuerza flexibilidad y resistencia, alarga y fortalecen los músculos, mejoran la postura y respiración, logrando un alto grado de relajación y disminuyendo el estrés. Tu cuerpo es único, cuídalo y querelo, pues no tiene repuesto.

Cristina Bartolomé estudió en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y la Escuela Nacional de Danzas. Se formó, además, en danza clásica con maestros como O. Kirowa, M. Ruanova, A. Mastrazzi, G. Kazda y otros. Hizo talleres de Danza de Carácter, Perfeccionamiento en yuntas, Barra á terre, Danza Moderna, Española y Técnicas Teatrales.

En su trayectoria artística y coreográfica se incluyen actuaciones en el Teatro Colón, Nacional Cervantes, San Martín, Avenida, Auditorium de Mar del Plata, Broadway y Margarita Xirgu, entre otros, además de participaciones televisivas.

Como docente trabajó en el Conservatorio "Beethoven", "Studio O. Kirowa", Estudio "Gurkel - Lederer" y la Escuela de Arte “Cecilia Maresca”.

Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.

El grupo es reducido, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller.

Un repertorio de la lengua nacional

Ante la proximidad del Congreso Internacional de la Lengua Española, que se realizará del 27 al 30 de marzo en Córdoba, recordamos en esta nueva entrega la publicación de un diccionario del habla de los argentinos.


Retrato de Tobías Garzón, pesquisa de la lengua coloquial en Argentina. (Agencia Córdoba Cultura)

“¿Será posible que este idioma nuestro, nacional, carezca de un diccionario propio, que registre las palabras, frases y modismos usados en la República Argentina y que no están incluidos en el Diccionario de la Academia, o que, si lo están, no tienen el significado que nosotros le damos?”, se preguntaba el cordobés Tobías Garzón.

Originalmente, Garzón respondió a esa carencia con una colección de barbarismos -pronunciar o escribir mal las palabras o emplear vocablos impropios-, y de esa cantera de palabras surgió el “Diccionario argentino”, cuyo contenido se ajusta al uso de la lengua española en el territorio nacional.

Postal alusiva la Revolución de Mayo, 1810-1910. (Agencia Córdoba Cultura)

El repertorio de palabras y expresiones recogidas por este profesor de lengua castellana, que nació en 1849 y murió 1914 en Córdoba, fue publicado en 1910 con el auspicio de la Comisión Nacional del Centenario de la Revolución de Mayo de 1810 y de la Universidad Nacional de Córdoba.

“Entre 1910 y 1911 se publicaron también el “Vocabulario criollo-español sudamericano” (1910) de Ciro Bayo, el “Diccionario de argentinismos, neologismos y barbarismos: con un apéndice sobre voces extranjeras interesantes” (1911) de Lisandro Segovia y el “Vocabulario argentino: refranes, frases familiares usados en la Argentina” (1911) de Diego Díaz Salazar”, enumera Daniela Lauria en su ponencia “Lengua y nación. El Diccionario Argentino de Tobías Garzón”.

Los argentinismos

“A más de algunas noticias acerca del origen y formación de un buen número de palabras, se halla ilustrado con un copioso caudal de textos ó pasajes de autores americanos, particularmente argentinos, historiadores, estadistas, educacionistas, hombres de ciencia y de gobierno, oradores, viajeros, poetas, etcétera”, refleja Tobías Garzón.

En cuanto a las fuentes consultadas por el autor, se destacan los diarios y las revistas porque “ellos son la lengua; ellos son el alma y la vida de las sociedades. Su vocabulario es el vocabulario del pueblo en sus múltiples manifestaciones”.

El “Diccionario Argentino” vio la luz en un contexto decisivo para Argentina. En la primera década del siglo pasado, el país experimentó una exaltación de la argentinidad en distintos órdenes de la vida con motivo de la celebración del centenario de la Revolución de mayo de 1810.

Identidad lingüística
Por aquel entonces hubo una gran afluencia de inmigrantes al territorio nacional, gracias a una política favorable expresada en la ley de Inmigración y Colonización de 1876. Entre 1895 y 1914 ingresaron al país 3.362.479 inmigrantes, de acuerdo a los registros oficiales.

En 1910, Argentina se ubicó entre los países más ricos y prósperos del mundo (“espejo de la civilización europea en América”, graficó el historiador Félix Luna). El país expandió una red ferroviaria, consagró la educación común, gratuita y obligatoria y erigió una capital al gusto europeo, como se anhelaba desde el último cuarto del siglo XIX.

La celebración del centenario, la diversidad lingüística, social y cultural asociadas a la inmigración, dieron origen cantidad de reflexiones sobre la idea de Nación y la lengua es un componente constitutivo de la identidad nacional.

Portada de la obra del lexicógrafo cordobés. (Agencia Córdoba Cultura)

Tiempo después de la publicación del “Diccionario Argentino” de Garzón, el célebre Leopoldo Lugones encaró la realización del “Diccionario etimológico del castellano usual” –salía por entregas en “El monitor de la educación común”, entre 1931 y 1938, pero solamente alcanzó a publicar el volumen dedicado a la letra A.

Algunos términos recogidos por Tobías Garzón
Abatatado: Acorado, tímido y encogido.

Acriollarse: Acomodarse el extranjero a los usos y costumbres de los hijos del país. Allicito: Allí, muy cerca de aquí. Es muy usado entre la gente del campo.

Balconear: Mosquetear, observar a los que juegan parados los observadores alrededor de la mesa de billar. Mirar, observar con curiosidad desde los balcones.

Blandengue: Dícese de la persona sin carácter, maleable y fácil de manejar particularmente en política.

Cabeza: Cabeza de chorlito, persona de mala memoria que de todo se olvida.

Cachafaz: Pícaro, bellaco, bribón. Descarado, atrevido, revoltoso.

Chulengo: Avestruz pequeño.

Encelado/da: Dícese del hombre que está muy enamorado o manifiesta mucho entusiasmo por una mujer, o viceversa.

Gauchada: Acción arriesgada o difícil, particularmente si es realizada con buen suceso.

Guastar: Tirar, arrojar ó sacudir con violencia una cosa contra otra que ofrezca resistencia, de modo que haya un fuerte golpe ó choque.

Historiero,a: Que arma historias; algo así como el “hazañero” español, sin uso entre nosotros, y el autero, de cepa criolla ; pero ni lo uno ni lo otro, pues si bien no hay historiero que no sea «hazañero» ó autero, hay “hazañeros“ ó auteros que no son historieros. Estos son amigos de inventar ó exagerar especies desagradables, llevando chismes y previniendo con ellos los ánimos contra las personas.

Macanudo,da: Muy bueno, excelente, magnífico.

Manchancha: Monedas que, después del bautizo, tiran los padrinos a los muchachos para que las recojan. Suele haber manchancha también en los casamientos y otras fiestas.

Monear: Presumir. Ostentar uno nimia satisfacción de una cosa que posee, mostrándola, ó ponderando sus buenas cualidades.

Orejero,ra: Dícese de la persona que está siempre a la oreja, trayendo y llevando chismes.

Pasatús: Arreglo, acomodo ó limpieza hecha con improlijidad y como pasando ligeramente la mano por sobre las cosas.

Puesto: Dependencia de una estancia ó establecimiento de campo, más ó menos distante de la casa principal, con un pequeño rancho donde vive el puestero ó encargado de cuidar los cercos y sembrados por esa parte, y las haciendas, si las hay.

Pururú: Maíz frito en grasa.

Rastreador: Aplícase al gaucho de nuestra campaña hábil en seguir el rastro de personas, animales y cosas, y descubrir por él ciertas circunstancias, cuya

exactitud, á veces, á los profanos en este arte, parecería increíble si no estuviese abonada por testimonios respetables.

Sucucho: Cochitril, tabuco, voces castellanas que no usamos nosotros; cuarto estrecho y sombrío.

Troludo, da: Cachaciento, flojo, negligente, dejado.

Diario La Voz del Interior

Sonicoloformas

de Norma Minniti
(Niña Pez Ediciones, Buenos Aires, 2019, 60 páginas)

Este libro destinado a los chicos lleva el subtítulo de «Poemas con sonido, color y forma».

La primera parte se titula «Sonidos de estación». Son excelentes las ilustraciones de la propia autora, en un estilo humorístico y grato al lector infantil. Las figuras representadas están en movimiento como el ritmo de los poemas. «Otoño» juega con las palabras y las onomatopeyas y posee una concepción formal moderna: por ejemplo, “me caigo” está escrito en una línea diagonal inclinada hacia abajo, una manera de que los jóvenes lectores se vayan acostumbrando a las audacias de la poesía contemporánea. «Invierno», después de jugar con ocurrencias sobre hojas caídas, un árbol, una golondrina, un zorzal y una paloma, termina en una tipografía circular que dice: “Mamá me prepara un chocolate calentito”. «Primavera» inventa verbos como “plapear”, que es el ruido que hace la lluvia al caer: “Pla, pla, pla”. La última estrofa aparece con letras celestes y culmina con una colorida figura de un arco iris. «Verano» expone un concierto ejecutado por una abeja, un grillo –que es el director de la orquesta–, una chicharra, una rana, una paloma, varios patos y el grafismo de unas notas musicales que coronan una poesía que no cesa de bromear.

La segunda parte comprende «Caligramas», que son los poemas cuyos versos conforman una imagen visual. De esta manera, Norma Minniti une sus dos vocaciones, la literatura y la plástica, para que un mensaje de amor tome la silueta de una paloma, tres caligramas a color den cuenta de la transformación de un gusanito en mariposa, el viento produzca olas en el mar que da a una playa donde está jugando un niño, una gota se desplace en una telaraña y, en el último, un pajarito vuele. La autora a continuación despliega en versos la escritura de los caligramas para una mayor comprensión por parte de los chicos.

En «Combiversos» se propone al niño que combine los versos de varios poemas formando otros distintos.

Concluye el libro con «Un día en el lago», que presenta una serie de bellos haikus divididos en los cuatro períodos del día: la mañana, el mediodía, el atardecer y la noche.

Sonicoloformas logra su objetivo: entretener, ofrecer hermosas imágenes e introducir al chico en el difícil y maravilloso mundo de la poesía.

Norma Minniti obtuvo mención en los concursos “del Giúdice” y “Discépolo”, de Cultura de La Matanza, cuyo colectivo “Autores de La Matanza” integra. Publicó, además, Los títeres de Bucubuc y otros cuentos con juguetes y Desapariciones (relatos de terror).

Germán Cáceres

Día de la mujer

Como cada año, este 8 de marzo nos invita a la reflexión y a la evocación de aquellas luchadoras por sus derechos de acceder a la educación, a disponer de sus propios cuerpos y libertad sexual, a la participación en cuestiones sociales y políticas, etcétera, pero también para mantener arriba esas consignas y preguntarnos cómo es la situación actual.


El Día Internacional de la Mujer recuerda la realización en 1857 de una marcha convocada en el mes de marzo por el sindicato de costureras de la compañía textil de Lower East Side, de Nueva York, que reclamaban una jornada laboral de sólo diez horas, y también la huelga de marzo de 1867 de las planchadoras de cuellos de Troy, también en Nueva York.

Clara Zetkin, militante socialista alemana, editora del periódico Igualdad y compañera de acciones con Rosa Luxemburgo, fue quien impulsó en un Congreso Internacional la conmemoración del 8 de Marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora. La iniciativa comenzó a llevarse a cabo a partir de 1911 y fue expandiéndose por todo el mundo.

Por supuesto que eso estaba lejos del festejo que se le quiere imponer en nuestros días a la fecha, y en un mundo donde millones de mujeres siguen siendo marginadas de sus derechos por leyes y costumbres hechas a medida del hombre, de los mercados y de regímenes culturales o religiosos, debemos pensar en que se trata de fechas para reivindicar las luchas y sostener las banderas. 

La opresión, la violencia de género, en cualquiera de sus variantes (física, emocional, sexual o económica), los femicidios, murtes por abortos clandestinos, desigualdades laborales y oportunidad de educación son injusticias que deben ser señaladas y puestas sobre la mesa, porque el encubrimiento sólo permite que se legitimen. 

Bomarzo, donde realidad y ficción se confunden

El Parque de los Monstruos guarda el misterio del hombre contradictorio que lo mandó construir en el siglo XVI, pero no pienso volver. Un lugar fantástico y también fantasmagórico.


Hace muchos años, un brillante escritor, Manuel Mugica Lainez, llegó a un extraño jardín en un pequeño pueblo italiano. El pueblo se llama Bomarzo, el jardín es el Sacro Bosco, o Parque de los Monstruos. Dos horas entre esculturas gigantescas, talladas en la piedra viva, en el siglo XVI, le suministraron la suficiente inspiración como para concebir su mejor novela, Bomarzo, obra cumbre de la literatura. Yo he estado 13 veces y voy a ver si consigo acabar este artículo.

Hace también algunos años, una entonces joven periodista, yo, apareció por Bomarzo. Era mi primer viaje al extranjero. Lo emprendí con un grupo de amigos, en coche y de camping, desde Madrid a Sorrento. Alguien de la expedición se empeñó; acababa de leer la novela y estaba fascinado. De modo que allí nos plantamos. El parque estaba cerrado al público, pero saltamos una valla y en aquella tarde brumosa sentí lo mismo que debió sentir Pier Francesco Orsini, el Duque que lo mandó construir, la primera vez que transitó entre las moles de piedra. Entonces mandó inscribir en una esfinge que custodia la entrada la siguiente leyenda: "Vosotros que entráis aquí, considerad lo que veis y luego decidme si tantas maravillas están hechas por el engaño o por el arte".


El Parque de los Monstruos, data de 1552. Fue un encargo que ejecutaron los arquitectos manieristas Pirro Ligorio y Jacopo Vignola, atendiendo a los extravagantes deseos del propietario. La historia cuenta que estos jardines “grotescos” (del italiano grottesco, por los adornos caprichosos que imitan la fisonomía de las grutas) eran muy del gusto renacentista y que su artífice lo erigió en honor de su esposa, Julia Farnese, muerta en plena juventud.

No me atrevo a recomendar si es mejor leer la novela y después ir al parque, o conocer el parque y luego enfrascarse en su lectura.

La novela es otro nivel. Narra, de manera sublime, algo mucho más interesante fantástico y enigmático. A saber: que el Duque planificó el bosque buscando la inmortalidad que su carta astral le profetizaba, que escenificó entre las piedras y la vegetación salvaje un recorrido brutal y desgarrado por su existencia, cuajada de dolor, desamores y crímenes, consecuencia de la incongruencia entre su exagerada pasión por la belleza y su extrema sensibilidad, encerrada en un cuerpo lisiado y deforme.

No me atrevo a recomendar si es mejor leer la novela, y después ir al parque, o conocer el parque y luego enfrascarse en la lectura. Pero sí aseguro que descubrirlo al atardecer y vagabundear sin rumbo ni prisas entre las cascadas y la espesura es un placer. Y si es en otoño, miel sobre hojuelas.

En el paseo nos flanquean, impávidos desde hace 500 años, Proteo, el pescador que se convirtió en dios marino, un Neptuno displicente y colosal, una mujer dormida, un elefante matando a un soldado, un dragón atacado por un perro, otras figuras mitad hembras, mitad serpientes, o Hércules descuartizando a Caco, hijo del dios Vulcano, todos gigantescos, unos amenazantes, otros ausentes.El parque estuvo abandonado muchos años, hasta que en 1956 la familia Bettini lo recuperó y lo abrió al público.

Y para rematar este recorrido alucinante, podemos tumbarnos en la fría mesa en la que el Duque resuelve de forma inesperada y cruel la incógnita de su inmortalidad (perdón, acabo de marcarme un spoiler).


Un ritual de 25 años
Mucho han cambiado las cosas desde que, aquella tarde, descubrí el Sacro Bosco. Ahora hay verjas protectoras, folletos para indicar el camino, una cafetería, una tienda y muchos turistas japoneses retratándose entre las estatuas.

Cada vez que voy, cumplo un ritual, me hago también una foto en el mismo lugar y en la misma postura que la primera vez, hace más de 25 años, debajo de una inscripción que, borrada por el tiempo y la naturaleza, deja solo entrever algunas palabras inconexas… “la cueva…la fuente…pensamientos… oscuros”…

Cada vez que voy, cumplo un ritual: me hago una foto en el mismo lugar y en la misma postura que la primera vez, hace más de 25 años.

Es un ninfeo en el que Laínez situaba la puerta de un pasadizo secreto que comunicaba el palacio con el parque. Un escondite en el que el Duque buscaba la esencia de esa inmortalidad prometida por los astros, un laboratorio. Oculto en las húmedas y oscuras entrañas de la tierra, un agujero de nigromante donde buscar por medio de la magia negra la esencia que impulsaba su amarga vida: no acabarla nunca.

La última vez que estuve, visité antes el palacio. Unos artistas se afanaban en colgar las obras de una exposición de arte contemporáneo. Me imaginaba a Pier Francesco Orsini riéndose de ellos, lo mismo que se reía, hace casi cinco siglos de otros artistas, su corte de nobles y advenedizos, para los que hizo construir una casa inclinada en la que es poner un pie y sentir un mareo digno de un viaje lisérgico.

Un gato rechoncho y legañoso, de los muchos que sestean al sol por las callejuelas del Bomarzo histórico, se encaprichó de mí y me persiguió como una sombra durante todo mi deambular.


A la salida, entre los recuerdos a la venta y una vitrina en la que se exponen algunas de las muchas ediciones que se han imprimido de la novela, hay una máquina que imita La Boca de la Verdad, de la iglesia de Santa María in Cosmedin de Roma. Es un juego, metes la mano y te lee el futuro. El gato se encaramó encima y maulló suavemente. Rebusqué en el bolsillo y deposité un euro en la ranura. El artefacto emitió un ruido que, he de confesar, me sobrecogió; enseguida escupió un papel que decía: "No elegimos nuestro destino, él nos elige. Puedes correr muy lejos y borrar las huellas, pero ¿has escapado realmente?"

Lo rocambolesco de la frase me hizo sospechar que sería de algún pensador absurdo y famoso, Paulo Coelho, por ejemplo. Pero inmediatamente busqué en Google -esa piedra filosofal del conocimiento- y comprobé que era de una serie de televisión, “Héroes”, de la que no tenía noticias ni remotamente.

El gato parecía burlarse de mí, y yo no me di por vencida. Saqué otro euro y volví a introducir la mano en la boca, enarbolé el nuevo papel ante el minino, retándole, y él me correspondió con un relampagueo fugaz de sus ojos brillantes, antes de escurrirse hacia el sombrío jardín. Ya ha comido, pensé, le había dado parte de mi bocadillo, buscaría ahora otro turista que le proporcionara la cena, o quizás estuviera en el Orco de Bomarzo, la tremenda cara, el emblema del parque, esculpida para que, según incida la luz sobre ella, cambie de expresión. Quizá, me repetí, se haya dormido dentro de sus fauces, sobre la mesa de piedra, donde el infeliz y jorobado Duque Orsini encontró una nueva e infinita vida gracias a la pluma de un gran escritor.El parque de Bomarzo crea atmósferas inquietantes.

En el nuevo papel leí: "Mira al cielo en una noche clara, y contempla las estrellas. Para cuando su resplandor llegue a ti, muchas estarán muertas y sólo verás su luz".

Murieron hace años, siglos o incluso eones. Sus cuerpos ya no existen, pero su fantasma sigue vivo.

En ese momento tuve la certeza de que el espíritu del Duque de Bomarzo continúa paseando cada noche por entre sus monstruos de piedra.

Y por eso no voy a volver nunca más.

No quiero perturbar la paz de sus eternos dominios.

Elisa Blázquez Zarcero
PropoNews

La autora es periodista y escritora. Su último libro publicado es la novela La mujer que se casó consigo misma

Francamente, Frank

de Richard Ford
(Editorial Anagrama, Barcelona, 2015, 232 páginas)


Consta de cuatro narraciones, enlazadas por el mismo personaje, Frank Bascombe, que protagonizó tres de sus novelas anteriores: El periodista deportivo (ganadora de los Premios Pulitzer y PEN/Faulkner), El día de la Independencia y Acción de Gracias.

Su escritura en la primera persona de Frank es dinámica, ágil, espontánea y visual. Además, resulta muy específica en sus descripciones, que refieren muebles, interiores, marcas, materiales de edificios y estilos de decoración, para lo cual desarrolla un amplio vocabulario. Y respecto al retrato de ciertos personajes, incluso de él, resulta despiadado: “…siento la necesidad de levantar bien los pies al andar: el paso de «el abuelo que arrastra los pies» constituye la señal inequívoca de que se acerca al viaje final. También evita que caiga y me rompa la crisma.” Continuamente hace mención a su avanzada edad:”Yo ya no me miro en el espejo. Es más barato que la cirugía.”

La traducción de Benito Gómez Ibáñez es funcional pese a estar dirigida al público español.

Todos estos relatos dan la sensación de que empezaran en medio de la acción y una frase de uno es utilizada como título del siguiente. En algunos casos funcionan como apuntes biográficos y reflexiones del protagonista que parece dialogar con el lector (“-Pero está viva para contarlo –repuse-. Lo que no te mata te hace más fuerte, ¿verdad?” Y dice para sí mismo: “Yo no creo en eso, desde luego. La mayor parte de las cosas que no nos matan en el acto nos matan después.”). Trabajó como agente inmobiliario, pero ahora, a los sesenta y ocho años, es jubilado y reside en Haddam, Nueva Jersey, a suficiente distancia de la costa, lo que le ha permitido evitar la pavorosa destrucción que ha provocado el huracán Sandy. El tema del temporal, junto con la crisis inmobiliaria y los temores propios de la vejez constituyen los ejes con los cuales se desarrollan las cuatro historias: «Aquí estoy yo», «Todo podría ser peor», «La nueva normalidad» y «Muertes de otros», que bien podrían considerarse capítulos de una novela.

Frank posee un gran sentido del humor no exento de cierto pesimismo (“Somos, la mayoría de nosotros, las últimas personas con quienes nadie en su sano juicio querría hablar en un día cualquiera, incluido el de Navidad.”)

En «Todo podía ser peor» Ford se luce como dramaturgo porque un diálogo que sostiene Frank con una mujer negra narra con sumo vigor una terrible tragedia familiar.

La amargura y el escepticismo están siempre presentes: “-Todo podría ser peor, Frank –me dice Arnie a la oreja, haciendo que me vibre la cabeza. Seguramente tiene razón. Todo podría ser peor. Mucho, mucho peor de lo que es.”/”Porque no hay una forma adecuada de planificar la vida ni tampoco de vivirla: sólo un montón de formas inadecuadas”. /”La vida podría resultar menos insustancial, dar más sensación de que vale la pena preservarla.”

En todo el libro Frank Bascombe no deja de pensar melancólicamente en su inevitable desenlace: “En realidad he visto lo contrario: la vida como torrente y aturdimiento seguida del final.” Hasta enfoca su futura muerte con ironía: “En algún momento es necesario salir del cine para que el resto de la gente pueda ver la película.”

El último tramo del libro y del capítulo «Muertes de otros» se vuelve patético: las palabras que le dirige un amigo al que Frank acompaña en su lecho de muerte alcanzan una agresividad morbosa.

Richard Ford (Jackson, Mississippi, 1944) ha publicado, además, otras cuatro novelas: Un trozo de mi corazón, La última oportunidad, Incendios y Canadá (Premio Femina étranger), tres libros de narraciones: Rock Springs, De mujeres con hombres y Pecados sin cuento, el memorialístico Mi madre y los textos de Flores en las grietas. Autobiografía y literatura. Es miembro de la Academia de las Artes y las Letras de los Estados Unidos. Sobre su obra el gran escritor John Banville ha dicho: “Frank es el hombre de la calle de Ford, un testigo desencantado, triste e irónico de la vacilante actitud de América ante el final de un siglo y la llegada de un nuevo y amenazador milenio. Richard Ford es un escritor maravilloso.”

Germán Cáceres