Ida Vitale por Belén Rueda

«Fortuna» de Ida Vitale por Belén Rueda

Los colores del incendio

de Pierre Lemaitre
(Ediciones Salamandra, Barcelona, 2019, 432 páginas)


En la primera parte, que se desarrolla durante 1927-1929, aparece el siguiente epígrafe de Jakob Wassermann: “En el fondo, no hay buenos ni malos, ni personas honradas ni bribones, ni corderos ni lobos: sólo los castigados y los impunes.” Wassermann es el autor de la célebre novela El caso Maurizius (1928), en la cual este personaje es condenado injustamente a cadena perpetua. Fue llevada al cine por Julian Duvivier en 1954. Los colores del incendio consta de una segunda parte ambientada en 1933 y de un breve Epílogo; su título proviene de un poema de Louis Aragon y es la continuación de su novela Nos vemos allá arriba (2013), que obtuvo el premio Goncourt.

Tras la muerte de Marcel Péricourt, titular de un poderoso banco, su hija Madelaine, que jamás se interesó por esa operatoria, hereda una fabulosa fortuna. Valiéndose de esta inexperiencia, Gustave Joubert, un prestigioso funcionario de esa institución – en combinación con Léonce Picard, la dama de compañía y de confianza de ella–, logran arrebatarle su patrimonio y dejarla prácticamente en la ruina. Charles, el hermano del fallecido, también participa de su hundimiento y, por su parte, André Delcourt, preceptor de Paul, el pequeño hijo de la víctima, es un pervertido que abusa de él.

Madelaine va descubriendo toda esta manipulación y decide vengarse y logra finalmente su propósito, pero en su accionar demuestra también carecer de escrúpulos y recurre a maniobras ilícitas ayudada por ladrones y falsificadores: “… no era más que un bloque de odio animado por un frío deseo de venganza. Era inhumana.” Hay otros títulos, como Vestido de novia (2009), en el que Lemaitre se regodea en el sadismo y la desmesura. En esta novela, los únicos personajes inocentes son Paul, Vladi (la simpatiquísima mucama polaca) y la excéntrica soprano Solange Gallinato, que provoca varias situaciones cómicas (existió y su verdadero nombre es Bernadette Traviers).

Como un coro de fondo se pinta el caótico clima político y económico que imperó entre las dos grandes guerras, con la ascensión del nazismo en Alemania, así como el avance de las ideas fascistas en Francia. “Los políticos estaban tan desprestigiados que los votantes no les prestaban oídos ni cuando decían la verdad”, afirma el autor en un capítulo.

La narración se ramifica en numerosos personajes y tramas, pero la calidad literaria de Lemaitre logra que se comprendan y se sigan con ansiedad los acontecimientos. Escribe con soltura, como si lo hiciera espontáneamente y sin revisar. Su prosa es impecable y a veces parece hablarle al lector. Su concepción literaria, aunque contemporánea, tiene muchos vínculos con la tradición decimonónica. No debe olvidarse que uno de sus escritores más admirados es Alejandro Dumas, al que considera su maestro. La traducción del francés de José Antonio Soriano Marco es superlativa, pero su vocabulario y sus locuciones están dirigidos a los barceloneses.

Lemaitre suele ser irónico, especialmente con la prensa escrita, pues un personaje afirma: “¡Si fuera tan inevitable y tan grave, los periódicos no hablarían de otra cosa!”, y el otro le responde: “Los periódicos no están para informar, ¿en qué planeta vives?”.

El guionista y escritor Pierre Lemaitre nació en París en 1951, y estudió Psicología. En 2006, ganó el premio a la primera novela en el festival de Cognac con Irène, en la que aparece el detective Camille Verhoeven, que es también protagonista de Alex (2011), Rosy & John (2011) y Camille (2012). Además, fue merecedor del Premio Roman France Télévisions, el de los Libreros de Nancy-Le Point, el de a la mejor novela francesa de 2013 de la revista Lire, y a la mejor novela del año según los libreros franceses en la revista Livres Hebdo. También es autor de Tres días y una vida (2016). Su obra fue traducida a varios idiomas.

Germán Cáceres

Día del Libro

En casa, conmemoramos el Día Internacional del Libro recordando el día de 1616 en el que fallecieron, con diez días de diferencia, Cervantes y Shakespeare. Conozca la curiosa historia.


El 23 de abril fue elegido pues supuestamente coincide con el fallecimiento de Miguel de Cervantes y William Shakespeare en la misma fecha en el año 1616. Realmente Cervantes falleció el 22 y fue enterrado el 23 cuando se consignó la fecha del fallecimiento, mientras que Shakespeare murió el 23 de abril del calendario juliano, que corresponde al 3 de mayo del calendario gregoriano. En esta fecha también fallecieron William Wordsworth (en 1850) y Josep Pla (en 1981).

La Unión Internacional de Editores propuso esta fecha a la UNESCO, con el objetivo de fomentar la cultura y la protección de la propiedad intelectual por medio del derecho de autor. La Conferencia General de la UNESCO la aprobó en París el 15 de noviembre de 1995, por lo que a partir de dicha fecha el 23 de abril es el «Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor».

Cada año, la UNESCO y las tres organizaciones profesionales internacionales del mundo del libro (la Unión Internacional de Editores, la Federación Internacional de Libreros y la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias) eligen una capital mundial del libro cuyo mandato empieza cada 23 de abril.

Este año la elegida es Atenas, capital de Grecia, por la calidad de sus actividades que lleva a cabo, que cuentan con el apoyo de todo el sector del libro. Recordemos que Buenos Aires lo fue en 2011 y Sharjah, Emiratos Árabes Unidos, lo será en 2019.

En España se celebra en esta fecha la entrega anual del Premio Cervantes, el mayor galardón otorgado a los autores hispanos.

Los invitamos a visitar nuestro catálogo on line y así descubrir los libros disponibles en la Biblioteca mientras continuamos en casa.

El canario


¿Por qué se me ocurriría comprar este pájaro? El pajarero me dijo: «Es un macho. Espere una semana para que se adapte, y cantará». Pero el pájaro se obstina en permanecer callado y lo hace todo al revés. Tan pronto como lleno su comedero, saca los granos con el pico y los lanza a los cuatro vientos. Ato con una cuerda una galleta entre dos barrotes de la jaula. Solo picotea la cuerda. Empuja y golpea la galleta como con un martillo y esta termina por caerse. Se baña en el agua limpia del bebedero y bebe en su bañera. Y defeca indiferentemente en los dos. Debe imaginar que el pastelito es una pasta con la que los pájaros de su especie construyen los nidos y, nada más verlo, se acurruca en él. No ha comprendido aún para qué sirven las hojas de lechuga y solo disfruta haciéndolas añicos. Cuando se le ocurre coger un grano, le cuesta un mundo tragárselo. Lo pasea de un lado al otro del pico, lo aprieta, lo aplasta, y mueve la cabeza como si se tratara de un viejito sin dientes. El terrón de azúcar no le sirve. ¿Es una piedra que sobresale, un balcón, una mesa poco práctica? Prefiere las barras de madera. Tiene dos que se superponen y se cruzan. Me aburre verlo saltar. Se asemeja a la estupidez mecánica de un péndulo que no marca nada. ¿Qué placer obtiene saltando así? ¿Qué necesidad le hace saltar? Si descansa de una aburrida gimnasia agarrado con una pata a la barra que parece estrangular, con la otra busca instintivamente la misma barra.

Tan pronto como se enciende la estufa con la llegada del invierno, cree que es primavera, época de su muda, y se despoja de todas las plumas. La luz de mi lámpara perturba sus noches, desorganiza sus horas de sueño. Se acuesta al atardecer. Dejo que la oscuridad lo envuelva. ¿Sueña quizá? Bruscamente, acerco la lámpara a la jaula. Abre los ojos. ¡Cómo! ¿Ya es de día? Y, rápidamente, comienza de nuevo a agitarse, a bailar, a agujerear una hoja, abre la cola en abanico, despliega las alas. Apago la lámpara y lamento no poder ver su cara estupefacta.

Pronto me canso de este pájaro mudo que solo vive al revés y lo suelto por la ventana… No sabe gozar de la libertad como no sabe vivir en una jaula. Alguien va a cogerlo fácilmente con la mano. ¡Pero que no se le ocurra devolvérmelo! No solo no ofrezco ninguna recompensa por él, sino que juraré que no conozco a ese pájaro.

Jules Renard

¿Cómo ha de ser el lenguaje?

“El lenguaje ha de ser matemático, geométrico, escultórico. La idea ha de encajar exactamente en la frase, tan exactamente que no pueda quitarse nada de la frase sin quitar eso mismo de la idea.”

Josep Pla




Rocío Danussi lee a Albert Camus

Rocío Danussi lee "El verano", de Albert Camus, escrito en 1953 y editado por la mítica Sur en Buenos Aires, 1954.

Abbas Kiarostami / Tres poemas breves


Odio el lenguaje
el lenguaje amargo
la lengua afilada
el habla gramaticalmente correcta
la insinuación.
Háblame
en lenguaje de signos.

*
Una nube oscura
llueve
sobre un ciprés
solitario en la ladera de una colina quemada.

*
En mi mente
hay un árbol
cuyo fruto
es saqueado
al amanecer.

Abbas Kiarostami (Teherán, 1940-París, 2016), A Wolf Lying in Wait: Selected Poems, Sokhan Publishers, Teherán, 2005

Reencuentro con Castelao

“Mucho se habla del Arte universal; mas todo Arte tiene su patria, todo Arte es fruto de alguna tierra”. 

(Castelao, Arte e galeguismo, 1919)


Alfonso Castelao nació en Rianxo, el 30 de enero de 1886, y tuvo su pasamento (tránsito a la otra orilla) el 7 de enero de 1950, en el exilio de Buenos Aires, como político de primera línea y diputado de las Cortes de la II República Española.

¿Cómo un reencuentro?, te preguntarás, amiga lectora, amigo lector. Es el milagro siempre latente en los libros. Estaba en mi biblioteca, aguardando el tiempo para una lectura más intensa, de Castelao na Luz e na Sombra, del escritor, investigador y ensayista Valentín Paz Andrade, nacido en 1898, en Pontevedra, doce años menor que Castelao, con quien compartió afanes y luchas en pro del Estatuto Autonómico de Galicia y de la dignificación de la lengua y la cultura gallegas, aprobado un mes antes del golpe de estado de Francisco Franco, cuerpo legal que no se hizo efectivo por la guerra incivil y la feroz dictadura que le siguió durante treinta y ocho años.

En 1934, cuando con ocasión del bienio negro fueron desterrados —el 23 de noviembre— Alfonso Castelao a Badajoz y Alexandre Bóveda a Cádiz, Paz Andrade asumió —con muchas reticencias— la Secretaría Política del Partido Galeguista. ​Eran tiempos difíciles por esa Causa que habían abrazado los más ilustres exponentes de la intelectualidad y de las artes en la patria (matria) de Rosalía.

Castelao pide a Paz Andrade que asuma la dirección ejecutiva del partido, y éste le responde, en carta a Castelao del 3 de diciembre de 1934:

“Ti sabes ben que eu non podo nin quixen endexamais furtarme a ningún esforzo pol-a Causa. Menos podería facel-o si ti es quen o recrama, en un intre como o de agora. Mais compre enfocar as cousas abxetivamente, pola cara da eficacia. E xusgo que nin ao Partido lle convén o que propós, nin eu me atopo en situación de encarar esa responsabilidade.”

“Tú sabes bien que yo no puedo ni quise jamás evadirme a ningún esfuerzo por la Causa. Menos podría hacerlo si eres tú quien lo reclama, y en un momento como el actual. Pero es conveniente enfocar las cosas objetivamente, en pro de la eficacia. Y juzgo que ni al Partido le conviene lo que propones, ni yo me encuentro en situación de encarar esa responsabilidad.”

Durante el período reaccionario llamado "Bienio Negro", todas las medidas que habían sido tomadas contra el poder de la Iglesia y los propietarios de bienes raíces, para liberar a los campesinos, pequeños agricultores, artesanos y comerciantes del yugo foral en manos de curas y caciques, fueron abolidas. La ley de reforma agraria fue desestimada en la mayor parte de las comarcas y regiones agrícolas. Las tierras ocupadas y en proceso de expropiación fueron evacuadas, de manera sangrienta, y restituidas a los antiguos propietarios. Como bien apunta un cronista de la época: “1934 fue el año de la gran ofensiva de los terratenientes, para bajar los salarios y despedir a los jornaleros sindicados. Su fórmula insolente fue: ¿Tenéis hambre? ¡Comeos la República!”.

A comienzos de octubre de 1934, los mineros asturianos iniciaron en Oviedo una huelga general y se atrincheraron en las minas. La reacción del gobierno de Lerroux no se hizo esperar; los corajudos trabajadores se defendieron con un arma letal, la dinamita. Francisco Franco, entonces un oficial casi anónimo, armó un poderoso contingente, encabezado por la Legión, cuerpo regular y sanguinario que combatía a los árabes insurrectos de las últimas posesiones imperiales españolas del África sahariana. Los mineros fueron atacados con artillería. Más de tres mil muertos, en su inmensa mayoría mineros, fue el resultado de la implacable represión. El “ensayo” de Franco iba a servirle, dos años más tarde, para iniciar la cruenta guerra represiva que dejó en España un millón de muertos. Quizá esa vil tradición de las fuerzas armadas hispanas en contra de su propio pueblo la heredaríamos nosotros los chilenos.

Desde muy temprano, a partir de los veinte años, Alfonso Castelao puso el talento magistral de su lápiz de dibujante al servicio de las inquietudes sociales, como arma diestra y oportuna contra el caciquismo, la curia opresora y los poderes económicos y financieros que esclavizaban al campesino, al pescador, al marinero y al obrero de Galicia; Galiza, como escribía él, recogiendo el más antiguo nombre da Terra Nai que consigna la tradición histórica en los documentos fundacionales de la patria gallega. Se sucederían sus trazos, grabados y cuadros, que iban a integrar los famosos álbumes; entre ellos, “Atila en Galiza”, cuyas desgarradoras imágenes se centran en los crímenes perpetrados por los mal llamados “nacionales” en contra del pueblo desarmado, en aldeas y ciudades.

Dentro de las seiscientas quince páginas de Castelao na Luz e na Sombra, se recoge una acertada selección de caricaturas insertas a lo largo de la narración de este notable ensayo biobibliográfico, publicado por Ediciós do Castro, en 1986, con motivo del centenario del nacimiento de Alfonso Castelao. Es un humor desnudo, a ratos lacerante, sin piedad ni tregua ante los sufrimientos de una “Patria asoballada”. Más elocuente que cualquier literatura, aunque Castelao también se convertirá en un fino y hondo narrador realista.

En Galiza no se pide nada. Se emigra. A nosa Terra non é nosa, rapaces.

Hablo aquí de reencuentro, porque en nuestra casa materna conocimos parte de la obra de este” grande entre los grandes” de Galicia, por boca de nuestro padre gallego, admirador encendido del hijo de Rianxo. Uno de sus libros de cabecera, que trajo desde Buenos Aires, era Sempre en Galiza, editado en la capital del Plata en 1944, bajo el sello de Edición As Burgas, durante el exilio del artista.

Un diario ideológico y testimonial que padre Cándido nos daba a conocer, a través de la impecable lectura de mamá Fresia, en las sobremesas de fin de semana. Castelao hace gala de un fino humor, a veces impregnado de befa y sarcasmo, como látigo que zahiere, al igual que la espada de su lápiz en los retratos y estampas populares.

Recuerdo hoy, en este reencuentro que me regala la cuarentena abominable, dando razón al dicho: “No hay mal que por bien no venga”, el párrafo de inicio del capítulo VI, página 168, que está marcado por un lápiz de grafito algo desvaído (lo traduzco desde el gallego original):

“En las Cortes Constituyentes dijo don Miguel de Unamuno que estábamos haciendo una Constitución de papel. Yo era uno de los diputados que más disfrutaban de oírlo hablar en los ‘pasillos’; pero aquel día dialogamos. Le conté una anécdota que voy a repetir ahora, pidiéndoos licencia para presentarla desnuda: -Estábamos en un mitin de propaganda, en las últimas elecciones, y un viejo patriarca se empeñó en hablar, y habló así: -‘Ahora vamos a hacer una Constitución que no va a ser como las otras, porque esta la vamos a escribir en papel de lija, para que nadie se pueda limpiar el culo con ella’… Don Miguel lanzó una estruendosa carcajada y después de meditar la idea del viejo petrucio, me hizo una proposición: -Esa es la voz auténtica del pueblo y usted debe repetirla ahí dentro...”.

Qué bien nos viene el consejo de la lija ahora que esperamos en Chile articular una nueva Constitución, después de estas dos pandemias: la del Covid19, made in China, y la peste politiquera, de cuño nacional, que venimos padeciendo hace treinta años.

Volvamos al extraordinario libro de Paz Andrade, a cuyos méritos de ensayista hay que agregar su sapiencia de lingüista y filólogo. Provisto de sólidos conocimientos y de un oído privilegiado para captar voces, matices y significados –en este caso, de la lengua gallega en la que está escrito este libro y la mayoría de los suyos-, nos regala algunas expresiones recogidas del ámbito popular, entendiendo que el idioma gallego posee su mayor fuerza significante en la oralidad, pues solo a partir de Cantares Gallegos (1863), de Rosalía de Castro, la lengua recupera la categoría literaria, perdida durante cuatro siglos de oscurantismo, gracias a los Reyes Católicos y luego al centralismo mesetario de la Corte madrileña.

Entre las que aquí espigo, está la palabra plebicidio, esto es “el asesinato del pueblo, de la plebe”, que Paz Andrade emplea para referirse a los luctuosos sucesos del 22 de abril de 1909 (año augural del Castelao artista y de la primera Exposición Regional Gallega, donde el rianxeiro obtuvo medalla de oro con un tríptico de certeros trazos), cuando la guardia civil reprimió violentamente una manifestación de labriegos “agraristas”[i] en el atrio de la iglesia monacal de Oseira, que protestaban por los continuos abusos de los clérigos en el manejo del sistema foral, institución de expolio económico heredada por la Iglesia Católica y algunos caciques aldeanos, desde la caída del feudalismo, que permitía rentar la tierra agrícola en condiciones de odiosa servidumbre para los campesinos. El resultado de este plebicidio fue de siete hombres asesinados y una veintena de heridos graves. Este hecho iba a repetirse, poco tiempo después, en las parroquias de Nebra, Sofrán y Sobredo… Las tragedias sociales y colectivas darían pábulo a la creatividad fogosa e incesante de Alfonso Castelao.

El habla popular de Galicia, con su inigualable prosodia, tan fructífera para la poesía y la canción popular nos ofrece hallazgos que solo el poeta –“el que ve donde otros no ven”- rescata para que despertemos ante su valor estético y patrimonial. Así, el autor nos narra el regreso del joven Castelao a su Rianxo natal: “Tampouco cambiara demais o vivir do povo. Seguía manténdose aínda das antergas fontes: a leira, a feira e a mareira…” (Tampoco había cambiado el modo de vida del pueblo. Seguían manteniéndose aún las antiguas fuentes de trabajo: la tierra de labranza, la feria y la faena del mar). La traducción al castellano es difícil, porque el gallego conserva esos conceptos sintetizados en una sola palabra, para los cuales la lengua de Cervantes no posee análogos, salvo ‘feria’, aunque en el sistema de relaciones parroquiales de Galicia la feria tiene un sentido de rito social y de encuentro de la paisanía que va mucho más allá de simples eventos económicos. Como sabemos, el padre de Alfonso R. Castelao, don Mariano Rodríguez, emigrante a la Argentina, con intermitencias temporales -como nos cuenta Paz Andrade-, se empeñó en que su hijo primogénito -que le acompañó durante su adolescencia en la inmensa pampa, colaborando en las faenas de aquella pulpería donde el hijo de Rianxo hizo sus primeras armas estéticas-, estudiase medicina en la Universidad de Santiago de Compostela. Daniel Alfonso aceptó la proposición y el reto, pero nunca ejercería la medicina, salvo en una de las tantas pestes que asolaron a Galicia en el primer tercio del siglo XX.

Su sentencia al respecto es otra muestra de humor gallego: “Me hice médico por amor a mi padre; nunca ejercí, por amor a la humanidad”.

Valentín Paz Andrade nos devela en este libro monumental, “entre luces y sombras”, la pertinacia del artista por entregar su vida y sus esfuerzos al arte que amaba por sobre todas las cosas. Asimismo, su vocación paralela: la actividad política, entendida como permanente servicio a los demás, desde un prisma de justicia social que jamás abandonaría. Junto a ello, su amor por Galiza, por su gente campesina y marinera, por su historia y su cultura, poniendo el acento en la recuperación de su lengua madre, vía irremplazable de afianzamiento de su identidad como nación.

Alfonso Castelao es uno de los iconos fundamentales de Galicia. Por desgracia, su legado no vive ni palpita hoy en la sociedad gallega ni en sus organizaciones políticas y sociales. Es el drama de muchas figuras esenciales consagradas por la Historia: permanecer como un patrimonio clasificado en la vitrina de los museos.

Valentín Paz Andrade, no obstante, lo rescata en este libro que disfruto en los albores del otoño austral, como un sueño que compensa la pesadilla de la pandemia.

Edmundo Moure
Cuarentena Covid19; marzo 2020
Santiago de Chile

[i] Los objetivos del agrarismo consistían fundamentalmente en la lucha contra el sistema foral y contra el caciquismo, además de promover la renovación técnica del agro.

Entrevistas a escritores argentinos

Se encuentra disponible de forma gratuita para ser leídas, impresas o incorporadas a bibliotecas virtuales, las ediciones electrónicas en PDF y en versión FLIP (Libro Flash) el segundo tomo de Documentales. Entrevistas a escritores argentinos, de Rolando Revagliatti, que incluye un capítulo dedicado a Carlos Penelas, responsable de nuestro Taller Literario.


El volumen está conformado por la entrevistas realizadas a los escritores Alicia Grinbank, Michou Pourtalé, Alfredo Palacio, Rodolfo Alonso, Claudio Simiz, Lilia Lardone, Daniel Calmels, Marcela Armengod, Marion Berguenfeld, Irma Verolín, Paulina Juszko, Patricia Severín, Graciela Maturo, Liliana Ponce, Sonia Rabinovich, Valeria Iglesias, Marta Miranda, Carlos Barbarito, Jorge Brega, Dolores Etchecopar, Susana Rozas, Héctor Freire, Susana Romano Sued, Jorge Ariel Madrazo y Carlos Penelas.

Puede descargarse en Rolando Revagliatti | Documentales II - Entrevistas a escritores argentinos

Mochila llena de asombros

de Beatriz Olga Allocati
(Enigma Editores, Buenos Aires, 2019, 72 páginas)


Como prólogo (que la poeta prefiere titular «A modo de bienvenida») se transcribe una emotiva carta de Antoni Planells –argentino, PhD de universidad norteamericana, residente en Iowa –, fechada en enero de 1993 y dirigida a Hugo, hermano de la autora fallecido en 1976.

El poemario cuenta con dos partes: la primera se denomina «Personas/personajes» y la segunda «Etcétera». La escritora Zulma Esther Prina en la contratapa sostiene que: “La autora llega a través de la palabra, con sencillez y claridad, sin vueltas, con un lenguaje directo y fluido, tomando los temas que preocupan al mundo, en especial a los jóvenes…”

En esa primera parte se alude con naturalidad a chicos y chicas que van a la escuela, a payamédicos, realiza un homenaje a Beethoven y Schubert, cuyas tumbas se ubican en el Cementerio Central de Viena junto a los restos de Mozart y Glück, y a Anna Frank, víctima de la barbarie nazi . Todo el material es tratado en un tono ameno, pero de extrema ternura. Muy lograda la poesía «Los surfistas», que “Son gaviotas que van/ por los caprichos del agua, / explosión de energía,… “ .«De casos y cosas del barrio» es una inspirada oda a la zona de Constitución y el actual sufrimiento de los vecinos por las carencias de todo tipo que están padeciendo: “Son las misma calles del mismo barrio del sur/el de los que inmigraron hace más de un siglo…/Pero hoy con los rincones del trueque/ y el hombre que vive en la calle...”

En la segunda parte, «Etcétera», abunda una respiración aforística, en cuyo primer poema debuta con la pregunta: “¿Qué se esconde/ tras un etcétera?”, y seguidamente en «Breve guión para Stand Up» enumera los errores y equivocaciones de una mujer “Hasta que llaman a la puerta: / es esa amiga de nombre Soledad.” «Paradojas» tiene un aire burlón sobre el absurdo, para lo cual emplea un vocabulario acorde, por ejemplo: patafísica, aporías, jitanjáforas, jerigonza, jonjoleos y Bazinga! (exclamación del personaje Sheldon Cooper en la serie The Big Bang Theory). El mismo humor se desprende en «Cuestión de números», en donde recurre a un simplísimo ejercicio matemático sobre nuestros múltiples antecesores para afirmar finalmente “que nos, los humanos,) (…) somos todos parientes”.

Tal vez este libro pueda resumirse como un canto vital (“Para celebrar la vida/ a pesar de todo. / Ni más ni menos.”, afirma en «Carpe Diem»). Otro punto alto es «Infinito», el cual habla de nuestra partida de este mundo y del arribo a destino “Para convertirnos, inefables, / en ese roce de la eternidad.”

Beatriz Olga Allocati, escritora y poeta, es miembro de la Asociación de Poetas Argentinos, socia vitalicia de SADE, colabora con la Academia Argentina de Literatura Infantil y Juvenil y Consejera del Museo Histórico de La Boca, ejerce la docencia privada de idiomas y es editorialista del Café Literario de APOA. Ha publicado numerosos poemarios y biografías de varios de sus familiares.

Germán Cáceres

Recordamos a Norberto La Porta

En un nuevo aniversario de su fallecimiento, recordamos a Norberto La Porta, político ejemplar, bregó hasta sus últimos días por una sociedad mejor, respondió siempre a la cultura porteña y fue eje y mentor de la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte.