Francamente, Frank

de Richard Ford
(Editorial Anagrama, Barcelona, 2015, 232 páginas)


Consta de cuatro narraciones, enlazadas por el mismo personaje, Frank Bascombe, que protagonizó tres de sus novelas anteriores: El periodista deportivo (ganadora de los Premios Pulitzer y PEN/Faulkner), El día de la Independencia y Acción de Gracias.

Su escritura en la primera persona de Frank es dinámica, ágil, espontánea y visual. Además, resulta muy específica en sus descripciones, que refieren muebles, interiores, marcas, materiales de edificios y estilos de decoración, para lo cual desarrolla un amplio vocabulario. Y respecto al retrato de ciertos personajes, incluso de él, resulta despiadado: “…siento la necesidad de levantar bien los pies al andar: el paso de «el abuelo que arrastra los pies» constituye la señal inequívoca de que se acerca al viaje final. También evita que caiga y me rompa la crisma.” Continuamente hace mención a su avanzada edad:”Yo ya no me miro en el espejo. Es más barato que la cirugía.”

La traducción de Benito Gómez Ibáñez es funcional pese a estar dirigida al público español.

Todos estos relatos dan la sensación de que empezaran en medio de la acción y una frase de uno es utilizada como título del siguiente. En algunos casos funcionan como apuntes biográficos y reflexiones del protagonista que parece dialogar con el lector (“-Pero está viva para contarlo –repuse-. Lo que no te mata te hace más fuerte, ¿verdad?” Y dice para sí mismo: “Yo no creo en eso, desde luego. La mayor parte de las cosas que no nos matan en el acto nos matan después.”). Trabajó como agente inmobiliario, pero ahora, a los sesenta y ocho años, es jubilado y reside en Haddam, Nueva Jersey, a suficiente distancia de la costa, lo que le ha permitido evitar la pavorosa destrucción que ha provocado el huracán Sandy. El tema del temporal, junto con la crisis inmobiliaria y los temores propios de la vejez constituyen los ejes con los cuales se desarrollan las cuatro historias: «Aquí estoy yo», «Todo podría ser peor», «La nueva normalidad» y «Muertes de otros», que bien podrían considerarse capítulos de una novela.

Frank posee un gran sentido del humor no exento de cierto pesimismo (“Somos, la mayoría de nosotros, las últimas personas con quienes nadie en su sano juicio querría hablar en un día cualquiera, incluido el de Navidad.”)

En «Todo podía ser peor» Ford se luce como dramaturgo porque un diálogo que sostiene Frank con una mujer negra narra con sumo vigor una terrible tragedia familiar.

La amargura y el escepticismo están siempre presentes: “-Todo podría ser peor, Frank –me dice Arnie a la oreja, haciendo que me vibre la cabeza. Seguramente tiene razón. Todo podría ser peor. Mucho, mucho peor de lo que es.”/”Porque no hay una forma adecuada de planificar la vida ni tampoco de vivirla: sólo un montón de formas inadecuadas”. /”La vida podría resultar menos insustancial, dar más sensación de que vale la pena preservarla.”

En todo el libro Frank Bascombe no deja de pensar melancólicamente en su inevitable desenlace: “En realidad he visto lo contrario: la vida como torrente y aturdimiento seguida del final.” Hasta enfoca su futura muerte con ironía: “En algún momento es necesario salir del cine para que el resto de la gente pueda ver la película.”

El último tramo del libro y del capítulo «Muertes de otros» se vuelve patético: las palabras que le dirige un amigo al que Frank acompaña en su lecho de muerte alcanzan una agresividad morbosa.

Richard Ford (Jackson, Mississippi, 1944) ha publicado, además, otras cuatro novelas: Un trozo de mi corazón, La última oportunidad, Incendios y Canadá (Premio Femina étranger), tres libros de narraciones: Rock Springs, De mujeres con hombres y Pecados sin cuento, el memorialístico Mi madre y los textos de Flores en las grietas. Autobiografía y literatura. Es miembro de la Academia de las Artes y las Letras de los Estados Unidos. Sobre su obra el gran escritor John Banville ha dicho: “Frank es el hombre de la calle de Ford, un testigo desencantado, triste e irónico de la vacilante actitud de América ante el final de un siglo y la llegada de un nuevo y amenazador milenio. Richard Ford es un escritor maravilloso.”

Germán Cáceres