Sunset Park

de Paul Auster
(Anagrama, Buenos Aires, 2011, 288 páginas)



La novela está impregnada de cierta mirada melancólica y escéptica, como a la espera de un desenlace fatal: en ella se proyecta el clima trágico del Arthur Miller de Muerte de un viajante, Todos eran mis hijos y Panorama desde el puente.

Sunset Park se divide en capítulos que llevan alternadamente el nombre de los personajes. Sorprende al lector, que cree saber casi todo sobre sus vidas, que, de improviso e inesperadamente, afloran en ellos sensaciones y pensamientos desconocidos.

El sentimiento de culpa ha tallado fuerte en Miles Heller, el principal personaje, que tiene veintiocho años y carece de rumbo. Así se describe su estado de ánimo: “No tener planes, que es lo mismo que carecer de deseos y esperanzas, contentarse con su suerte, aceptar lo que el mundo ofrece cada día; para vivir así hay que querer muy poca cosa, tan poco como resulte humanamente posible.” Al charlar Miles con un conocido sobre las estrellas del béisbol, sus comentarios se centran en el final aciago de sus existencias y, al parecer, constituye una señal de lo que le ocurrirá a él. En un comienzo, mientras permanece en Florida, trabaja para una empresa inmobiliaria encargada de limpiar las viviendas que han abandonado sus ocupantes por no pagar las hipotecas (la historia comienza en 2008) y fotografía esos desechos porque entiende que los antiguos dueños han dejado sus huellas y habitan en ellos como si fueran fantasmas.

Bing Nathan es un tipo singular, con una intensa vida interior y la convicción de que el mundo que habitamos y su idea de progreso son totalmente falsos.

Tanto Morris Heller, el padre de Miles, como los amigos y familiares que lo acompañan, no pueden ser felices, están aprisionados por sus conflictos. “No nos hacemos más fuertes con el paso de los años. La acumulación de penas y sufrimientos va mermando nuestra capacidad de soportar el dolor…”, piensa.

Alice Bergstrom está escribiendo una tesis sobre los años que siguieron al finalizar la Segunda Guerra Mundial, tema que trata el famoso filme Los mejores años de nuestra vida (1946, de William Wyler). También a Morris le ha impactado fuertemente esta película, en la que los soldados que regresan se encuentran con un fuerte desempleo y, además, toman conciencia de que no están preparados para la paz. Entre la crisis económica de la cual aún no han logrado salir y la guerra en Medio Oriente, los Estados Unidos no transitan por mejores momentos.

La escritura de Paul Auster –que no utiliza guiones de diálogo– es propia de un maestro literario, encuentra los sustantivos y adjetivos exactos para describir una escena o un estado de ánimo. Desarrolla los párrafos largos –a veces caudalosos– con soltura y ritmo, introduciendo un vocabulario rico e ilustrativo mediante imágenes originales. La traducción de Benito Gómez Ibañez logra plasmar con sumo éxito esa prosa.

Paul Auster (Nueva Jersey, 1947) es uno de los más prestigiosos escritores contemporáneos y autor de números libros, de algunos guiones cinematográficos y de una novela gráfica. En 2006 recibió el Premio Príncipe de Asturias de las Letras.

Germán Cáceres

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