Tartabul

o los últimos argentinos del siglo XX

de David Viñas
(Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2006, 400 páginas)

El motivo de escribir una nota sobre una novela publicada hace cinco años obedece a la intención de homenajear a este escritor argentino, uno de los mejores del siglo XX y de lo que va del XXI, que falleció el 10 de marzo de 2011 (había nacido en Buenos Aires el 28 de julio de 1927).

Según el mismo Viñas, “Tartabul es el personaje de La bolsa de (Julián) Martel, un loco pintoresco de Buenos Aires que imitaba los diversos discursos de los grandes oradores de 1890”. O sea, una especie de testigo que narra lo que ve. El capítulo “Argentina: instrucciones para su uso” puede entenderse –pese a su brevedad- como un cabal ensayo sobre la historia política de nuestro país: resulta amargo, pero profundo y sagaz.

Se trata de un libro de muy difícil lectura por su complejidad narrativa: la historia se desarrolla a la manera de un rompecabezas, como si alguien hubiese mezclado las páginas y los párrafos, o algo así como un encadenamiento arbitrario de misceláneas. Evoca la poética del Ulises y del Finnegan´s Wake, de Joyce.

La prosa es afilada, ríspida, hasta telegráfica, da la impresión que Viñas la hubiese escrito tomando apuntes. Además de utilizar un vocabulario callejero, abunda en telegramas, cartas, citas, epígrafes, digresiones, llamadas telefónicas (en su dedicatoria a sus dos hijos asesinados por la dictadura habla de “estos flashes, furcios, candidaturas y epitafios”). Todos los capítulos llevan título y es frecuente la interrupción de escenas, el cambio de tipografía y los márgenes amplios. Como si escribiera abreviado, eliminando palabras y frases enteras. Los convincentes diálogos y los numerosos monólogos eluden la prosa convencional y optan por el laconismo, el monosílabo y la frase incompleta.

Tartabul respira bronca, como asevera uno de sus más logrados personajes, el Chuengo –“está inspirado en el escritor Carlos Correas (compañero de ruta en la revista Contorno)”-, que en el comienzo de la novela le hace una broma nada menos que a Oliverio Girondo. Otras logradas escenas son la de la guerra de las Malvinas, la del Chuengo al mostrar las palomas mensajeras y la patética ejecución de un militar en el fondo de un taller mecánico (“Cosa fiera ser testigo de la humillación de un tipo”).

Los protagonistas (Tartabul, Tapir, Moira, Pity, el Chuengo, el Griego), que fueron militantes en los años setenta, son definidos por uno de ellos así: “De todos aprendí. ¿Si éramos una banda? Una recua éramos; una colección. Un ménage à cinq. Un rejunte si preferís. Unos náufragos sin tablón; unos mamarrachos”. El autor declaró que su propósito era “actualizar los personajes de Los siete locos en la generación del Che”. Además, introduce a muchas figuras vivientes de la literatura, y demuestra poseer una gran cultura por su cita de escritores de diversas épocas y nacionalidades.

De la vasta producción de David Viñas pueden mencionarse las novelas Los dueños de la tierra (1958) y Dar la cara (1962); en teatro, Lisandro (1971) y Tupac Amaru (1973), y en ensayo, Literatura argentina y realidad política: de Sarmiento a Cortázar (1970). Recibió los premios Gerchunoff (1957), el Casa de las Américas por la novela Hombres de a caballo (1967), el Nacional de Literatura (1962 y 1971), Nacional de Teatro (1972), el Nacional de la Crítica (1973), y por Tartabul el Fundación El Libro al mejor libro argentino (2006).

Guillermo Saccomanno opina que “Desde acá resulta que acercarse a la literatura de Viñas es hablar inexorablemente de política: inseparables las dos”; Horacio González sostiene que “La estirpe de los duelistas, de los espadachines y de los grandes monologuistas, es la que le pertenece” y Alan Pauls opta por: “Yo me quedo con su gestualismo, con esa suerte de action writing a menudo desaforado que pone a la literatura y la política más cerca de la intervención pictórica que de las “ideas”´.

Germán Cáceres

Fuentes consultadas:
Querellhac, Soledad, “La oralidad y la rabia”. La Nación, 29/10/2006.
Saccomanno, Guillermo, “Poner el cuerpo”. RADAR, 9/7/2006.
Friera, Silvina, “David Viñas, sus personajes y su lugar en la cultura”. Página/12, 29/7/2006.