El caballero que cayó al mar

de H. C. Lewis
(La Bestia Equilátera, Buenos Aires, 2010, 160 páginas)

Un logro de la editorial La Bestia Equilátera es desenterrar esta olvidada pequeña obra maestra y traducirla por primera vez al español.

Herbert Clyde Lewis (Brooklyn, Nueva York, 1909-1950) sólo vivió cuarenta y un años (murió de un infarto) y pocos recuerdan que estuvo nominado para el Oscar al mejor argumento por el filme Sucedió en la Quinta Avenida (1947), un clásico dirigido por Roy del Ruth. Ejerció el periodismo, fue guionista para la MGM y la 20th Century Fox (tuvo la oportunidad de ser amigo de Humphrey Bogart) y publicó, además del libro que se comenta –y que dedicó a su esposa Gita Jacobson-, tres novelas: Spring Offensive (1940), Season´s Greeting (1941) y Silver Dark (1959, póstuma).

Esta nouvelle crea suspenso en torno al destino de Henry Preston Standish, que puede perecer ahogado en medio del océano Pacífico porque, mientras viajaba en un carguero, en un descuido pisó una mancha de grasa que había en la cubierta, resbaló y cayó al agua. En su lucha por sobrevivir, el personaje evoca su vida pero no a la manera de los ahogados, sino reflexionando sobre los hechos que lo llevaron a emprender ese viaje en el Arabella. Llevaba una vida cómoda con su esposa y sus dos hijos en Nueva York y era socio de una prestigiosa firma de comisionistas de bolsa, hasta que lo asaltó una crisis que se podría tildar de existencial: “Aquel cuarto era una prisión. El departamento, la oficina, Olivia y los niños eran sus carceleros. Sintió que tenía que escapar o se volvería loco”. Cayó en cama y hubo un momento en que se sumergió en un abismo, semejante al que podía precipitarse en alta mar: “Toda esa hora había sido un mundo completamente hastiado, atrapado en un vacío de nada; y era por eso que había sido tan terrible, fue por eso que tuvo que marcharse”.

Standish no deja de recurrir a innumerables recursos para salvarse, pero H.C. Lewis aporta una vuelta de tuerca a la literatura de náufragos no haciéndolo arribar a una isla desierta ni acercarle un tablón, un bote o una balsa. No sólo la narración está relacionada a títulos del mencionado género como Robinson Crusoe (1719), de Defoe; Manuscrito hallado en una botella (1833), de Poe; The Chancellor (1875), de Verne y Relato de un náufrago (1970), de García Márquez, sino también a La muerte de Iván Ilich (1886), de Tolstói, novela en la que el protagonista piensa en el fin que se le avecina y en su fracaso vital, ya que desprecia el ascenso que obtuvo -y tanto anheló- en la burocracia del Imperio Zarista.

El libro refiere, paralelamente a los padecimientos de Standish en el océano, lo que está sucediendo en el buque desde su desaparición, a la vez que analiza la personalidad de los pocos pasajeros del Arabella.

El caballero que cayó al mar no deja de señalar cómo influye en el destino humano la combinación de circunstancias azarosas.

Resulta un hallazgo la revelación de los pensamientos desesperados que asaltan al náufrago mientras permanece flotando en el mar: “Pero ahora veía con claridad lo valiosa que era la vida; que todo lo demás, amor, dinero, fama, era una farsa si se lo comparaba con la felicidad de, simplemente, no morir”.

Se está ante una historia angustiante y desgarradora, escrita con una prosa tersa y sensible no obstante su frescura.

Se destacan la calidad literaria de la traducción de Laura Wittner y el interesante y lúcido posfacio de Don Birnam.

Germán Cáceres

Este libro forma parte del catálogo de la Biblioteca.
Siendo socio puede retirarlo para su lectura.