Nuevo encuentro del CEP
El Centro de Estudios Poéticos "Alétheia", dirigido por la Dra. Graciela Maturo, propone un nuevo encuentro del ciclo 2016 en
nuestra Biblioteca, Austria 2154. Será el martes 7 de junio a las 10 horas, cuando el Prof. Jorge Eduardo Fernández se refiera a "La extraña habitabilidad de la tierra".
“El alma es un extraño en la tierra”. Georg Trakl (foto)
“El alma es un extraño en la tierra”. Georg Trakl (foto)
El ensayo como exploración
Sobre Una historia natural de la curiosidad, de Alberto Manguel. Recientemente incorporado a nuestro catálogo.
En el prefacio de su nuevo libro de ensayos, Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948) asegura tener curiosidad sobre la curiosidad. Luego cita más de una vez a Montaigne, describe la mención en 1566 del "punctus interrogativus" medieval en el manual de puntuación para tipógrafos de Manucio el Joven y elige el libro "actual" que le permita "la exploración de uno mismo y del mundo". Después de la Alicia de Lewis Carroll, las "ficciones" de Borges, el Quijote, Las mil y una noches o La montaña mágica, tratados en otros de sus libros, en Una historia natural de la curiosidad le toca el turno a la Divina comedia de Dante Alighieri.
Por eso cada uno de los diecisiete capítulos del libro comienza con una ilustración de su recorrido, bajo la guía de Virgilio. Sigue luego un tramo en itálica relacionado directamente con la propia vida del autor para, al final, entregar, si no la respuesta definitiva, un tratamiento del tema propuesto al inicio por un interrogante. Esas preguntas no pueden ser más variadas: de "¿qué es la curiosidad?" a "¿qué es verdadero?", desfilan temas como "¿qué es el lenguaje?", "¿en qué nos diferenciamos?" o "¿cómo podemos poner las cosas en orden?"
Manguel ha hecho de la compilación de antologías o la escritura de ensayos una zona central de su obra, más abundante que su narrativa. Ha compilado selecciones clave sobre el erotismo (Las puertas del paraíso) o la literatura fantástica (Aguas negras), y sobre todo ha mezclado datos de su vida itinerante con la erudición en títulos como Una historia de la lectura, Leer imágenes: una historia privada del arte, La biblioteca de noche, y el breve y muy disfrutable Diario de lecturas, donde elegía un libro clave (en su vida y su biblioteca) para cada mes del año.
La estructura tripartita de esta historia de la curiosidad tiene, según el capítulo, efectos dispares. A veces el autor adopta un tono pensativo, abstracto, o depende en mayor medida de las citas de Dante. Por otro lado, con frecuencia se inclina hacia lo crepuscular. La muerte, la insistencia de la experiencia humana en relacionarse con el ejercicio del poder o la violencia suman presencia.
Lo que rescata al libro una y otra vez de una posible saturación son los momentos en que se entrega a elaborar una red alrededor de un personaje, un hecho o un conjunto de elementos. Es lo que pasa, muy avanzado el libro, con los "gabinetes de curiosidades". O con los "quipus" de los incas, cadenas de nudos que volvían táctil la experiencia de la lectura. O con el extraordinario tramo dedicado a Venecia como centro editor importante, donde la forma en que se dispone el texto del Talmud y dos columnas de comentarios, en su extrañeza visual, copian de algún modo el mapa de la propia ciudad de Venecia. O con la figura de J. Robert Oppenheimer, y su capacidad práctica para convertir el conocimiento sobre el átomo en la bomba que cayó sobre Hiroshima.
En cada una de esas instancias la propia curiosidad del lector se resetea y sale renovada. Manguel, con buen olfato, ejecuta esos bienvenidos volantazos hacia temas "curiosos" -por su rareza, pero también por su posibilidad de generar relatos en vez de meditaciones- exactamente en el momento en que quien no comparte necesariamente sus obsesiones podría llegar a abandonar el libro.
Los textos en itálica, dedicados a su experiencia personal, también varían en extensión y tono. El que más impresiona es el dedicado al momento en que, mientras escribía, un derrame lo dejó desconectado de pronto de las palabras sin perder la conciencia. Como buen curioso, se pregunta: "¿Qué son esos pensamientos que aún no han alcanzado un estado de madurez mental?". Se contesta que en el proceso del paso al lenguaje, como en muchos otros procesos conscientes, "lo que nos impulsa es el deseo". Puesto contra la pared de la limitación de palabras, descubrió que lo que buscaba como atajos (sintetizar una larga frase explicativa en "tengo palabras", por ejemplo) solía empezar siempre en afirmaciones, a las que en ocasiones debía agregar la partícula "no" para decir lo que quería. Uno de los tantos caminos de la mente y la imaginación para manejarse en situaciones difíciles y seguir saciando, contra todo, su propia curiosidad.
Elvio E. Gandolfo
Diario La Nación, domingo 5 de junio de 2016
En el prefacio de su nuevo libro de ensayos, Alberto Manguel (Buenos Aires, 1948) asegura tener curiosidad sobre la curiosidad. Luego cita más de una vez a Montaigne, describe la mención en 1566 del "punctus interrogativus" medieval en el manual de puntuación para tipógrafos de Manucio el Joven y elige el libro "actual" que le permita "la exploración de uno mismo y del mundo". Después de la Alicia de Lewis Carroll, las "ficciones" de Borges, el Quijote, Las mil y una noches o La montaña mágica, tratados en otros de sus libros, en Una historia natural de la curiosidad le toca el turno a la Divina comedia de Dante Alighieri.
Por eso cada uno de los diecisiete capítulos del libro comienza con una ilustración de su recorrido, bajo la guía de Virgilio. Sigue luego un tramo en itálica relacionado directamente con la propia vida del autor para, al final, entregar, si no la respuesta definitiva, un tratamiento del tema propuesto al inicio por un interrogante. Esas preguntas no pueden ser más variadas: de "¿qué es la curiosidad?" a "¿qué es verdadero?", desfilan temas como "¿qué es el lenguaje?", "¿en qué nos diferenciamos?" o "¿cómo podemos poner las cosas en orden?"
Manguel ha hecho de la compilación de antologías o la escritura de ensayos una zona central de su obra, más abundante que su narrativa. Ha compilado selecciones clave sobre el erotismo (Las puertas del paraíso) o la literatura fantástica (Aguas negras), y sobre todo ha mezclado datos de su vida itinerante con la erudición en títulos como Una historia de la lectura, Leer imágenes: una historia privada del arte, La biblioteca de noche, y el breve y muy disfrutable Diario de lecturas, donde elegía un libro clave (en su vida y su biblioteca) para cada mes del año.
La estructura tripartita de esta historia de la curiosidad tiene, según el capítulo, efectos dispares. A veces el autor adopta un tono pensativo, abstracto, o depende en mayor medida de las citas de Dante. Por otro lado, con frecuencia se inclina hacia lo crepuscular. La muerte, la insistencia de la experiencia humana en relacionarse con el ejercicio del poder o la violencia suman presencia.
Lo que rescata al libro una y otra vez de una posible saturación son los momentos en que se entrega a elaborar una red alrededor de un personaje, un hecho o un conjunto de elementos. Es lo que pasa, muy avanzado el libro, con los "gabinetes de curiosidades". O con los "quipus" de los incas, cadenas de nudos que volvían táctil la experiencia de la lectura. O con el extraordinario tramo dedicado a Venecia como centro editor importante, donde la forma en que se dispone el texto del Talmud y dos columnas de comentarios, en su extrañeza visual, copian de algún modo el mapa de la propia ciudad de Venecia. O con la figura de J. Robert Oppenheimer, y su capacidad práctica para convertir el conocimiento sobre el átomo en la bomba que cayó sobre Hiroshima.
En cada una de esas instancias la propia curiosidad del lector se resetea y sale renovada. Manguel, con buen olfato, ejecuta esos bienvenidos volantazos hacia temas "curiosos" -por su rareza, pero también por su posibilidad de generar relatos en vez de meditaciones- exactamente en el momento en que quien no comparte necesariamente sus obsesiones podría llegar a abandonar el libro.
Los textos en itálica, dedicados a su experiencia personal, también varían en extensión y tono. El que más impresiona es el dedicado al momento en que, mientras escribía, un derrame lo dejó desconectado de pronto de las palabras sin perder la conciencia. Como buen curioso, se pregunta: "¿Qué son esos pensamientos que aún no han alcanzado un estado de madurez mental?". Se contesta que en el proceso del paso al lenguaje, como en muchos otros procesos conscientes, "lo que nos impulsa es el deseo". Puesto contra la pared de la limitación de palabras, descubrió que lo que buscaba como atajos (sintetizar una larga frase explicativa en "tengo palabras", por ejemplo) solía empezar siempre en afirmaciones, a las que en ocasiones debía agregar la partícula "no" para decir lo que quería. Uno de los tantos caminos de la mente y la imaginación para manejarse en situaciones difíciles y seguir saciando, contra todo, su propia curiosidad.
Elvio E. Gandolfo
Diario La Nación, domingo 5 de junio de 2016
El espectáculo del tiempo
de Juan José Becerra
(Seix Barral, Buenos Aires, 2015, 480 páginas)
Juan José Becerra (Junín, 1965) es autor de numerosos ensayos, cuentos y novelas, y escribe para varios medios locales y del exterior.
El espectáculo del tiempo es una novela compuesta de capítulos encabezados por años –de 79 a 2007–, y en cada uno de ellos transmite un episodio distinto, pero el texto elude el relato convencional y ofrece un muestrario de fragmentos no correlativos. Es decir, no se concentra en una historia con ramificaciones y vericuetos, sino que éstos, o sea los hechos colaterales, se erigen en la historia misma. No puede menos que evocarse el Museo de la novela de la Eterna, de Macedonio Fernández, del que cita la frase: “Fluye el tiempo, que hace llorar”. Otra influencia notoria es la de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. En un capítulo, el último, cifrado en un futuro 2067, ocurre un cataclismo casi apocalíptico en la localidad de Junín.
Hay muchísimos datos jugosos (informes, apuntes, cartas, discursos), como la entrevista televisiva que le hizo el crítico e historiador del cine George Sadoul a Louis Lumière en 1948, la creación del cinematógrafo en 1895, la carrera Buenos Aires-Caracas de 1948, la invención del Código Morse en 1844, aspectos históricos de la comunidad amish, el comentario que realiza un personaje astronauta sobre su experiencia en el espacio (“es lo contrario de un lugar. Es el antilugar.”), y un verdadero hallazgo de solo cinco páginas, en el que se resume la historia del universo desde el año 0 hasta el año 26.828.308.254, en el que “el Todo dejó de expandirse (…) y regresó a la Nada del principio”. La novela en esencia es una meditación sobre el tiempo como problema metafísico. Becerra, además, demuestra poseer una amplia cultura y conocimientos de todo tipo, en especial de la naturaleza humana, a la que observa con un escepticismo no exento de un toque de fatalidad (“¿Y si los recuerdos ocurrían, igual que los hechos, una sola vez, mientras seguimos llamando recuerdo de los hechos a esas ruinas que alejan cada vez más de ellos, es decir a los recuerdos del recuerdo?”).
El escritor exhibe una prosa de lujo, impecable (“La mañana se abrió sobre una resistencia muy débil de niebla en las banquinas y encendió una luz de felicidad que duró todo el viaje”), que amplifica con extensas descripciones y enumeraciones exhaustivas de objetos. Inesperadamente, una frase construida con suma elegancia y sutileza introduce vulgares malas palabras. Esta antítesis forma parte de su estética. Es más, describe escenas sexuales explícitas y desprejuiciadas: en la tradición de Sade, asume la pornografía como legítima literatura.
Como señala Daniel Guebel en Ñ del 16/3/15, “El espectáculo del tiempo es un gran libro (…) una exigencia acerca de la perfección que debe dominar cada frase”.
Germán Cáceres
Este libro forma parte del catálogo de la Biblioteca. Siendo socio puede retirarlo para su lectura.
(Seix Barral, Buenos Aires, 2015, 480 páginas)
Juan José Becerra (Junín, 1965) es autor de numerosos ensayos, cuentos y novelas, y escribe para varios medios locales y del exterior.
El espectáculo del tiempo es una novela compuesta de capítulos encabezados por años –de 79 a 2007–, y en cada uno de ellos transmite un episodio distinto, pero el texto elude el relato convencional y ofrece un muestrario de fragmentos no correlativos. Es decir, no se concentra en una historia con ramificaciones y vericuetos, sino que éstos, o sea los hechos colaterales, se erigen en la historia misma. No puede menos que evocarse el Museo de la novela de la Eterna, de Macedonio Fernández, del que cita la frase: “Fluye el tiempo, que hace llorar”. Otra influencia notoria es la de En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust. En un capítulo, el último, cifrado en un futuro 2067, ocurre un cataclismo casi apocalíptico en la localidad de Junín.
Hay muchísimos datos jugosos (informes, apuntes, cartas, discursos), como la entrevista televisiva que le hizo el crítico e historiador del cine George Sadoul a Louis Lumière en 1948, la creación del cinematógrafo en 1895, la carrera Buenos Aires-Caracas de 1948, la invención del Código Morse en 1844, aspectos históricos de la comunidad amish, el comentario que realiza un personaje astronauta sobre su experiencia en el espacio (“es lo contrario de un lugar. Es el antilugar.”), y un verdadero hallazgo de solo cinco páginas, en el que se resume la historia del universo desde el año 0 hasta el año 26.828.308.254, en el que “el Todo dejó de expandirse (…) y regresó a la Nada del principio”. La novela en esencia es una meditación sobre el tiempo como problema metafísico. Becerra, además, demuestra poseer una amplia cultura y conocimientos de todo tipo, en especial de la naturaleza humana, a la que observa con un escepticismo no exento de un toque de fatalidad (“¿Y si los recuerdos ocurrían, igual que los hechos, una sola vez, mientras seguimos llamando recuerdo de los hechos a esas ruinas que alejan cada vez más de ellos, es decir a los recuerdos del recuerdo?”).
El escritor exhibe una prosa de lujo, impecable (“La mañana se abrió sobre una resistencia muy débil de niebla en las banquinas y encendió una luz de felicidad que duró todo el viaje”), que amplifica con extensas descripciones y enumeraciones exhaustivas de objetos. Inesperadamente, una frase construida con suma elegancia y sutileza introduce vulgares malas palabras. Esta antítesis forma parte de su estética. Es más, describe escenas sexuales explícitas y desprejuiciadas: en la tradición de Sade, asume la pornografía como legítima literatura.
Como señala Daniel Guebel en Ñ del 16/3/15, “El espectáculo del tiempo es un gran libro (…) una exigencia acerca de la perfección que debe dominar cada frase”.
Germán Cáceres
Este libro forma parte del catálogo de la Biblioteca. Siendo socio puede retirarlo para su lectura.
La Biblioteca adhiere a "#NiUnaMenos"
La manifestación para difundir la problemática de la violencia de género se realizará en todo el país bajo el lema "Vivas nos queremos".
Un año después de la masiva movilización, esta tarde a las 18 horas vuelve a realizarse la marcha "#NiUnaMenos" contra toda forma de violencia de género, para poner en evidencia la violencia institucional, simbólica, psicológica y física que sufren año tras año miles de mujeres. El lema en esta oportunidad es "Vivas nos queremos", junto al reclamo por la legalización del aborto.
Pese a la puesta en escena del conflicto, en 2015 se registraron 286 femicidios, sin que haya respuestas a las denuncias realizadas en la Justicia.
Es por eso que la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte se suma y adhiere a las consignas diciendo también "#NiUnaMenos", en contra de cualquier tipo de discriminación basada en cuestiones de género, agresión y acoso sexual.
Un año después de la masiva movilización, esta tarde a las 18 horas vuelve a realizarse la marcha "#NiUnaMenos" contra toda forma de violencia de género, para poner en evidencia la violencia institucional, simbólica, psicológica y física que sufren año tras año miles de mujeres. El lema en esta oportunidad es "Vivas nos queremos", junto al reclamo por la legalización del aborto.
Pese a la puesta en escena del conflicto, en 2015 se registraron 286 femicidios, sin que haya respuestas a las denuncias realizadas en la Justicia.
Es por eso que la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte se suma y adhiere a las consignas diciendo también "#NiUnaMenos", en contra de cualquier tipo de discriminación basada en cuestiones de género, agresión y acoso sexual.
Taller de Italiano
El 1 de junio comienza el Taller de Italiano en la Biblioteca, una nueva propuesta coordinada por la Profesora Stella Maris Scuderi los miércoles a las 18 horas. Para inscribirse, llame al
4802-8211 o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar. Los cupos son limitados, y los socios de la Biblioteca cuentan con aranceles especiales.
El taller, pensado para un nivel inicial y de conversación, se dictará en clases de una hora por semana, los miércoles de 18 a 19, comenzando el 1 de junio y finalizando el 14 de diciembre.
El programa incluye la comprensión y producción de textos orales y escritos, fijación de aspectos comunicativos y gramaticales mediante actividades orales y escritas, ejercicios interactivos. Canciones, juegos y videos. Conversación. Propuestas de ejercitación online.
La Profesora Stella Maris Scuderi es Dottore in Lingua e Cultura Italiana de ICoN - Università di Pisa.
Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.
El grupo es reducido, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller.
El taller, pensado para un nivel inicial y de conversación, se dictará en clases de una hora por semana, los miércoles de 18 a 19, comenzando el 1 de junio y finalizando el 14 de diciembre.
El programa incluye la comprensión y producción de textos orales y escritos, fijación de aspectos comunicativos y gramaticales mediante actividades orales y escritas, ejercicios interactivos. Canciones, juegos y videos. Conversación. Propuestas de ejercitación online.
La Profesora Stella Maris Scuderi es Dottore in Lingua e Cultura Italiana de ICoN - Università di Pisa.
Informes e inscripción
Personalmente, en Austria 2154, de lunes a viernes de 16 a 20 horas. Por teléfono, en los mismos horarios llamando al 4802-8211. Por correo electrónico a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.
El grupo es reducido, y se aplican descuentos para socios de la Biblioteca y quienes se inscriban a más de un taller.
Donación de Horacio Bueno
Agradecemos a Horacio Bueno, alumno del Taller Literario de Carlos Penelas, por donar y dedicárnos un ejemplar de su novela El ciego.
Horacio Bueno, nacido en 1975, ha escrito además, los libros de cuentos El objeto en cuestión (2010) y El facilitador de anhelos (2012). Ambos libros forman parte de nuestro catálogo. El ciego es su primera novela.
Horacio Bueno, nacido en 1975, ha escrito además, los libros de cuentos El objeto en cuestión (2010) y El facilitador de anhelos (2012). Ambos libros forman parte de nuestro catálogo. El ciego es su primera novela.
Una luchadora que no merece ser olvidada
Quizá sea porque este año ya se cumplen otros
aniversarios rutilantes, con Borges, Shakespeare, Cervantes y Maradona a
la cabeza, o tal vez porque hace rato los argentinos no la tenemos tan
presente como su ejemplar lucha merecería. Como fuere, poco se ha
reparado en que este jueves se cumplirán 30 años de la muerte de una de
las mujeres más importantes de nuestra historia: Alicia Moreau de Justo.
Cien años tenía ya cuando el 12 de mayo de 1986, mientras dormía, se apagó la vida de la primera feminista argentina, una humanista que a lo largo del siglo XX batalló por derechos postergados y promovió, antes que nadie, el acceso de la mujer al voto. Había nacido en Londres, en 1885, donde su padre, Armand Moreau, vivía exiliado tras haber participado de esa experiencia revolucionaria que fue la Comuna de París. Era un "libre pensador", según lo definía ella, y de él heredó tanto su espíritu rebelde como su cultura. Alicia llegó a la Argentina antes de aprender a caminar y desde muy chica acompañó a su padre a las reuniones de los socialistas que procuraban organizar al movimiento obrero. Así llegó a tomar contacto con la rama femenina del partido, que promovía la educación laica y la apertura de bibliotecas populares.
En una época en que no era bien visto que una mujer continuara sus estudios al terminar el secundario, fue en 1907 una de las seis primeras inscriptas que recibió la carrera de medicina de la Universidad de Buenos Aires. Mientras estudiaba fundó el Movimiento Feminista, y comenzó una larga lucha en favor de los derechos políticos de la mujer. Al mismo tiempo, y ya recibida de médica, instaló un consultorio ginecológico en la calle Esmeralda, donde atendía a prostitutas y a mujeres que por sus bajos recursos no podían consultar a especialistas.
"Estoy absolutamente convencida de que es posible hacer transformaciones revolucionarias pacíficamente. Pienso que las grandes revoluciones son las que se hacen a nivel intelectual", declaró cuando el socialismo adquiría en el mundo formas violentas o antidemocráticas. Por el contrario, buscó ampliar el acceso de toda la sociedad a la democracia, y así en 1932 presentó al Congreso un proyecto para sancionar el sufragio femenino, logro que se concretaría en 1947 cuando el peronismo, movimiento del que sería muy crítica, volviera a impulsarlo. Bajo su liderazgo las mujeres obtuvieron también otros triunfos, como la sanción de la ley 11.317, que reglamentó el trabajo femenino e infantil, y la ley de Derechos Civiles de la Mujer, que equiparó los derechos de hombres y mujeres. Jamás detuvo su compromiso moral con las víctimas de las injusticias, y en la década del 70, en el final de su vida, fue una de las fundadoras de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.
En tiempos en que urgentes problemáticas de género han ganado visibilidad, sorprende que no se tenga más presente a quien fue una abanderara del feminismo en sus luchas más trascendentales. Sirvan estas líneas como un modesto recuerdo de una trayectoria demasiado grande para ser olvidada.
Javier Navia
Diario La Nación
Cien años tenía ya cuando el 12 de mayo de 1986, mientras dormía, se apagó la vida de la primera feminista argentina, una humanista que a lo largo del siglo XX batalló por derechos postergados y promovió, antes que nadie, el acceso de la mujer al voto. Había nacido en Londres, en 1885, donde su padre, Armand Moreau, vivía exiliado tras haber participado de esa experiencia revolucionaria que fue la Comuna de París. Era un "libre pensador", según lo definía ella, y de él heredó tanto su espíritu rebelde como su cultura. Alicia llegó a la Argentina antes de aprender a caminar y desde muy chica acompañó a su padre a las reuniones de los socialistas que procuraban organizar al movimiento obrero. Así llegó a tomar contacto con la rama femenina del partido, que promovía la educación laica y la apertura de bibliotecas populares.
En una época en que no era bien visto que una mujer continuara sus estudios al terminar el secundario, fue en 1907 una de las seis primeras inscriptas que recibió la carrera de medicina de la Universidad de Buenos Aires. Mientras estudiaba fundó el Movimiento Feminista, y comenzó una larga lucha en favor de los derechos políticos de la mujer. Al mismo tiempo, y ya recibida de médica, instaló un consultorio ginecológico en la calle Esmeralda, donde atendía a prostitutas y a mujeres que por sus bajos recursos no podían consultar a especialistas.
"Estoy absolutamente convencida de que es posible hacer transformaciones revolucionarias pacíficamente. Pienso que las grandes revoluciones son las que se hacen a nivel intelectual", declaró cuando el socialismo adquiría en el mundo formas violentas o antidemocráticas. Por el contrario, buscó ampliar el acceso de toda la sociedad a la democracia, y así en 1932 presentó al Congreso un proyecto para sancionar el sufragio femenino, logro que se concretaría en 1947 cuando el peronismo, movimiento del que sería muy crítica, volviera a impulsarlo. Bajo su liderazgo las mujeres obtuvieron también otros triunfos, como la sanción de la ley 11.317, que reglamentó el trabajo femenino e infantil, y la ley de Derechos Civiles de la Mujer, que equiparó los derechos de hombres y mujeres. Jamás detuvo su compromiso moral con las víctimas de las injusticias, y en la década del 70, en el final de su vida, fue una de las fundadoras de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.
En tiempos en que urgentes problemáticas de género han ganado visibilidad, sorprende que no se tenga más presente a quien fue una abanderara del feminismo en sus luchas más trascendentales. Sirvan estas líneas como un modesto recuerdo de una trayectoria demasiado grande para ser olvidada.
Javier Navia
Diario La Nación
Bioy Casares, una vida hecha de literatura
En Bioygrafía, Silvia Renée Arias entrelaza los sucesos de la vida con las obras del escritor, y construye un retrato de sus obsesiones, sus miedos y su talento. El libro fue recientemente adquirido por la Biblioteca en la Feria del Libro.
Lejos de intentar una exhumación póstuma de grietas y estigmas; con la tranquilidad de que "los escándalos ya eran conocidos", Silvia Renée Arias se propuso la ardua tarea de construir la biografía definitiva de Adolfo Bioy Casares, uno de los escritores argentinos más importantes del siglo pasado. Tenía al menos dos desafíos. Por un lado, encarar el armado de un rompecabezas monumental cuyas piezas eran documentos, sus memorias publicadas y sus propios diarios, en los que registró cada encuentro que tuvo en cinco años de amistad con Adolfito y su familia. Y poner todo eso a dialogar con la obra del autor de La invención de Morel. La tentación permanente era desviarse por la tangente de los enormes personajes que lo rodearon en su más íntimo círculo, compuesto por su esposa Silvina Ocampo, su amigo Jorge Luis Borges, su cuñada Victoria Ocampo, su contrincante Ernesto Sabato.
Pero quizás el desafío más importante se presentaba en escribir la biografía de alguien querido y admirado sin caer en la complacencia y el cuidado extremo del personaje que hubiera borrado cualquier matiz. Sobre todo con una vida como la de Bioy, a la que no le faltaron condimentos de novela.
A 22 años de haberlo conocido, a 17 de su muerte, el resultado es Bioygrafía. Vida y obra de Adolfo Bioy Casares (Tusquets), en el que Arias recorre hechos y literatura. Aunque muchas veces no se distinguiera la frontera entre una y otra. Allí está el amor con la mexicana Elena Garro, entonces casada con Octavio Paz. El romance con la sobrina de su mujer, la joven Genca. Está su hija Martita, concebida con otra mujer y criada como propia por Silvina. Están las muertes y la oscuridad que rodearon a una vida de esplendor, abundancia y riqueza. Arias ya había publicado dos libros. Bioy en privado (Lázara Grupo Editor, 1988), y Los Bioy, en coautoría con Jovita Iglesias de Montes, ama de llaves del matrimonio de escritores (Tusquets).
A riesgo de repetirse en lo ya escrito, Bioygrafía tiene aporte originales. Rescata la figura de Fabián Bioy, el hijo durante años oculto de Adolfito. Y ciertas anécdotas de su vida privada que terminaron de alguna forma u otra en piezas magistrales de literatura. En sus páginas están los terrores de la infancia, la pasión por los caballos, los autos y los perros. La importancia de sus primeros textos y por supuesto su relación con Borges.
Como biógrafa tuvo que tomar decisiones, puesto que el personaje era su amigo. Una vez organizado el material, debía tomar distancia. Una distancia que a 17 años de la muerte de Bioy era justa y necesaria. "A pesar de que los sentimientos y el cariño que le tuve son inalterables, hay una distancia que impone ese tiempo y que juega mucho a favor de cierta objetividad. Necesitaba escribir el libro que yo quería leer. Y en ese sentido escribirlo con pasión, con amor, con respeto, pero con distancia. Me fascinó recrear al personaje que representa todo un siglo de historia argentina", dice. En otras palabras, logró verlo como un personaje. Entonces Arias lanza una máxima: "Toda biografía es ficción".
Un personaje de la mano
Bioy, su amigo, se convirtió en un personaje al que ella debía contarle su propia vida. "Me ayudó mucho la edición de Graciela Gliemmo, de Tusquets, que me decía: 'Tomalo a Bioy de la mano y no lo sueltes'. Porque el riesgo era irme fácilmente por las ramas. Porque estaba rodeado de célebres satélites. Sólo con Silvina y Borges tenía para escribir tres libros más", afirma.
El estigma de ser toda la vida "Adolfito" lo persiguió. "Es notable que sus personajes estén plagados de 'Adolfitos'. Por caso, el muchacho ingenuo protagonista de La aventura de un fotógrafo en La Plata. Incluso Emilio Gauna, el protagonista de El sueño de los héroes. O los personajes de sus cuentos, como 'Encuentro en Rauch', o 'El atajo'. Todos son hombres jóvenes, confiados, que se lanzan a la aventura y en el camino encuentran cosas que los desbordan, a las que tienen que hacerles frente. Y por momentos son cobardes, aunque en otros arremeten contra el destino. Creo que en esos personajes está el Bioy ciento por ciento. El mismo que seguía siendo a sus 80 años. Casi un adolescente que se había quedado en aquellos primeros años 30. Sus primeros libros -Prólogo, Caos-, los anteriores a La invención de Morel, escritos entre sus 15 y 18 años, tienen los mismos temas que luego desarrollaría en su obra. Están allí también al final de su vida", explica la autora.
Esos temas eran la huida, el bosque, el universo, el espacio, qué hay más allá de las estrellas. "En uno de sus últimos cuentos hay una pareja de periodistas lanzados al espacio. Esa necesidad de huir de Bioy tiene que ver con su infancia y su primera adolescencia." Pero ¿de qué huía Bioy? De las convenciones, de ciertos caminos predeterminados. Sin embargo, se animó con su mujer a una vida distinta. "No sólo él era un donjuán. Ella también se tomó sus libertades, sedujo a todo el mundo. Tuvo una relación con Alejandra Pizarnik. Si uno se pone a pensar, fueron unos adelantados cuando, de común acuerdo con la mujer que fue su madre biológica, tuvieron a Marta con la decisión de que la criarían ellos", explica la autora, que eligió no incluir ciertos biográficos.
"Dejé cosas afuera pero no por cuidarlo a él sino porque ofendían a otras personas. Por ejemplo, Bioy siempre hacía comentarios sobre libros o determinadas obras que a él no le gustaban. Y era lapidario." O los juicios por la sucesión. "Porque eso trata sobre la vida de otros familiares y él ya había muerto. Yo le tengo un agradecimiento especial a Florencio, su nieto mayor. Cuando Bioy estaba muriendo salió el médico y preguntó: '¿Quién va a pasar a despedirse?'. Yo me quedé llorando sentada en un banco. Florencio se acercó y me preguntó si quería pasar. Fue una muestra de lo que él sabía que su abuelo valoraba nuestra amistad. Fue a las cinco de la tarde. A las siete salió llorando, abrazó a Jovita y le dijo: 'Ya está Jova, ya está'. Se había ido", cuenta.
Arias encuentra la vinculación entre ciertos hechos y sus textos. Una vez Bioy tuvo un amorío con una mujer casada y el hecho figura en tres relatos distintos. "Es una mujer que él conoce en la calle, comienzan un romance. 'Empezamos a querernos', decía él. Éste es el tema que recuerda y recrea en 'El don supremo'. La historia real fue escrita en clave de ficción por primera vez en 'Esto es un monstruo, señores: yo', y la retomó en 'Trío'. Otra cosa que noté es que si Elena Garro es la Clara de El sueño de los héroes, Silvina es la Diana de Dormir al sol", dice Arias.
En Bioygrafía hay un protagonismo del hijo no reconocido sino hasta el final de la vida, Fabián Bioy. "Me había quedado con muchas ganas de escribir sobre Fabián, que también murió muy joven, a los 42 años. Porque también habla de Bioy la relación que tuvo con su hijo. En 'De la forma del mundo' hay un tal Fabián Correas. Correas era el apellido que utilizaban para llamar a la casa por teléfono, porque Marta no sabía que tenía un hermano. La historia de Fabián es muy triste. Yo vi alrededor de Bioy tristeza y desolación en mucha gente que lo padeció. En Genca -Silvia Angélica-, la sobrina amante que termina alcohólica. Elena Garro la describe muy bien en Testimonio sobre Mariana. Silvina, por su parte, parecía estar muy de acuerdo con las parejas abiertas. Pero estaba todo mal. Había sufrimiento."
La pregunta es si la biógrafa se pudo despedir de su amigo y personaje con este libro. "Sí, se cerró una etapa, un ciclo de 22 años. Siento que logré armonizar el material, mis sentimientos y mi visión sobre él. Éste es el libro que yo quería leer."
Natalia Páez
La Nación, sábado 30 de abril de 2016
Lejos de intentar una exhumación póstuma de grietas y estigmas; con la tranquilidad de que "los escándalos ya eran conocidos", Silvia Renée Arias se propuso la ardua tarea de construir la biografía definitiva de Adolfo Bioy Casares, uno de los escritores argentinos más importantes del siglo pasado. Tenía al menos dos desafíos. Por un lado, encarar el armado de un rompecabezas monumental cuyas piezas eran documentos, sus memorias publicadas y sus propios diarios, en los que registró cada encuentro que tuvo en cinco años de amistad con Adolfito y su familia. Y poner todo eso a dialogar con la obra del autor de La invención de Morel. La tentación permanente era desviarse por la tangente de los enormes personajes que lo rodearon en su más íntimo círculo, compuesto por su esposa Silvina Ocampo, su amigo Jorge Luis Borges, su cuñada Victoria Ocampo, su contrincante Ernesto Sabato.
Pero quizás el desafío más importante se presentaba en escribir la biografía de alguien querido y admirado sin caer en la complacencia y el cuidado extremo del personaje que hubiera borrado cualquier matiz. Sobre todo con una vida como la de Bioy, a la que no le faltaron condimentos de novela.
A 22 años de haberlo conocido, a 17 de su muerte, el resultado es Bioygrafía. Vida y obra de Adolfo Bioy Casares (Tusquets), en el que Arias recorre hechos y literatura. Aunque muchas veces no se distinguiera la frontera entre una y otra. Allí está el amor con la mexicana Elena Garro, entonces casada con Octavio Paz. El romance con la sobrina de su mujer, la joven Genca. Está su hija Martita, concebida con otra mujer y criada como propia por Silvina. Están las muertes y la oscuridad que rodearon a una vida de esplendor, abundancia y riqueza. Arias ya había publicado dos libros. Bioy en privado (Lázara Grupo Editor, 1988), y Los Bioy, en coautoría con Jovita Iglesias de Montes, ama de llaves del matrimonio de escritores (Tusquets).
A riesgo de repetirse en lo ya escrito, Bioygrafía tiene aporte originales. Rescata la figura de Fabián Bioy, el hijo durante años oculto de Adolfito. Y ciertas anécdotas de su vida privada que terminaron de alguna forma u otra en piezas magistrales de literatura. En sus páginas están los terrores de la infancia, la pasión por los caballos, los autos y los perros. La importancia de sus primeros textos y por supuesto su relación con Borges.
Como biógrafa tuvo que tomar decisiones, puesto que el personaje era su amigo. Una vez organizado el material, debía tomar distancia. Una distancia que a 17 años de la muerte de Bioy era justa y necesaria. "A pesar de que los sentimientos y el cariño que le tuve son inalterables, hay una distancia que impone ese tiempo y que juega mucho a favor de cierta objetividad. Necesitaba escribir el libro que yo quería leer. Y en ese sentido escribirlo con pasión, con amor, con respeto, pero con distancia. Me fascinó recrear al personaje que representa todo un siglo de historia argentina", dice. En otras palabras, logró verlo como un personaje. Entonces Arias lanza una máxima: "Toda biografía es ficción".
Un personaje de la mano
Bioy, su amigo, se convirtió en un personaje al que ella debía contarle su propia vida. "Me ayudó mucho la edición de Graciela Gliemmo, de Tusquets, que me decía: 'Tomalo a Bioy de la mano y no lo sueltes'. Porque el riesgo era irme fácilmente por las ramas. Porque estaba rodeado de célebres satélites. Sólo con Silvina y Borges tenía para escribir tres libros más", afirma.
El estigma de ser toda la vida "Adolfito" lo persiguió. "Es notable que sus personajes estén plagados de 'Adolfitos'. Por caso, el muchacho ingenuo protagonista de La aventura de un fotógrafo en La Plata. Incluso Emilio Gauna, el protagonista de El sueño de los héroes. O los personajes de sus cuentos, como 'Encuentro en Rauch', o 'El atajo'. Todos son hombres jóvenes, confiados, que se lanzan a la aventura y en el camino encuentran cosas que los desbordan, a las que tienen que hacerles frente. Y por momentos son cobardes, aunque en otros arremeten contra el destino. Creo que en esos personajes está el Bioy ciento por ciento. El mismo que seguía siendo a sus 80 años. Casi un adolescente que se había quedado en aquellos primeros años 30. Sus primeros libros -Prólogo, Caos-, los anteriores a La invención de Morel, escritos entre sus 15 y 18 años, tienen los mismos temas que luego desarrollaría en su obra. Están allí también al final de su vida", explica la autora.
Esos temas eran la huida, el bosque, el universo, el espacio, qué hay más allá de las estrellas. "En uno de sus últimos cuentos hay una pareja de periodistas lanzados al espacio. Esa necesidad de huir de Bioy tiene que ver con su infancia y su primera adolescencia." Pero ¿de qué huía Bioy? De las convenciones, de ciertos caminos predeterminados. Sin embargo, se animó con su mujer a una vida distinta. "No sólo él era un donjuán. Ella también se tomó sus libertades, sedujo a todo el mundo. Tuvo una relación con Alejandra Pizarnik. Si uno se pone a pensar, fueron unos adelantados cuando, de común acuerdo con la mujer que fue su madre biológica, tuvieron a Marta con la decisión de que la criarían ellos", explica la autora, que eligió no incluir ciertos biográficos.
"Dejé cosas afuera pero no por cuidarlo a él sino porque ofendían a otras personas. Por ejemplo, Bioy siempre hacía comentarios sobre libros o determinadas obras que a él no le gustaban. Y era lapidario." O los juicios por la sucesión. "Porque eso trata sobre la vida de otros familiares y él ya había muerto. Yo le tengo un agradecimiento especial a Florencio, su nieto mayor. Cuando Bioy estaba muriendo salió el médico y preguntó: '¿Quién va a pasar a despedirse?'. Yo me quedé llorando sentada en un banco. Florencio se acercó y me preguntó si quería pasar. Fue una muestra de lo que él sabía que su abuelo valoraba nuestra amistad. Fue a las cinco de la tarde. A las siete salió llorando, abrazó a Jovita y le dijo: 'Ya está Jova, ya está'. Se había ido", cuenta.
Arias encuentra la vinculación entre ciertos hechos y sus textos. Una vez Bioy tuvo un amorío con una mujer casada y el hecho figura en tres relatos distintos. "Es una mujer que él conoce en la calle, comienzan un romance. 'Empezamos a querernos', decía él. Éste es el tema que recuerda y recrea en 'El don supremo'. La historia real fue escrita en clave de ficción por primera vez en 'Esto es un monstruo, señores: yo', y la retomó en 'Trío'. Otra cosa que noté es que si Elena Garro es la Clara de El sueño de los héroes, Silvina es la Diana de Dormir al sol", dice Arias.
En Bioygrafía hay un protagonismo del hijo no reconocido sino hasta el final de la vida, Fabián Bioy. "Me había quedado con muchas ganas de escribir sobre Fabián, que también murió muy joven, a los 42 años. Porque también habla de Bioy la relación que tuvo con su hijo. En 'De la forma del mundo' hay un tal Fabián Correas. Correas era el apellido que utilizaban para llamar a la casa por teléfono, porque Marta no sabía que tenía un hermano. La historia de Fabián es muy triste. Yo vi alrededor de Bioy tristeza y desolación en mucha gente que lo padeció. En Genca -Silvia Angélica-, la sobrina amante que termina alcohólica. Elena Garro la describe muy bien en Testimonio sobre Mariana. Silvina, por su parte, parecía estar muy de acuerdo con las parejas abiertas. Pero estaba todo mal. Había sufrimiento."
La pregunta es si la biógrafa se pudo despedir de su amigo y personaje con este libro. "Sí, se cerró una etapa, un ciclo de 22 años. Siento que logré armonizar el material, mis sentimientos y mi visión sobre él. Éste es el libro que yo quería leer."
Natalia Páez
La Nación, sábado 30 de abril de 2016
Pescetti en la Biblioteca
Luis Pescetti fue declarado "Amigo de las Bibliotecas Populares" y su video agradeciendo la distinción fue filmado en nuestra Biblioteca. Acá reproducimos las imágenes de aquella tarde en nuestro salón.
Acto por el 1 de mayo
Emiliano Penelas, Presidente de la Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte, fue invitado a hablar en el acto por el Día Internacional de los Trabajadores en el Centro Socialista Democrático de Villa Ortuzar. Junto a él, hablaron Maxi García y José María Rodríguez Cabarcos.
Penelas, responsable también de la programación del Cineclub La Rosa, se refirió a la relación entre el cine y los trabajadores a lo largo de la historia, haciendo un repaso por las luchas sociales y cómo fueron reflejadas por el séptimo arte.
Como referente de la juventud socialista Maxi García habló sobre la coyuntura política y social, y cerró el acto con una referencia al futuro y anclaje en la historia José María Rodríguez Cabarcos, colaborador durante años de Nicolás Repetto, y Socio Honorario de nuestra Biblioteca.
La presentación del acto, que se llevó a cabo en la mañana del domingo 1 de mayo, estuvo a cargo del anfitrión, Raúl Puy, quien también es Socio Honorario de Sánchez Viamonte.
Entre los asistentes estuvo Atilio Orsi, Secretario General de la Biblioteca.
Agradecemos las fotos de Norberto Govetto.
Penelas, responsable también de la programación del Cineclub La Rosa, se refirió a la relación entre el cine y los trabajadores a lo largo de la historia, haciendo un repaso por las luchas sociales y cómo fueron reflejadas por el séptimo arte.
Como referente de la juventud socialista Maxi García habló sobre la coyuntura política y social, y cerró el acto con una referencia al futuro y anclaje en la historia José María Rodríguez Cabarcos, colaborador durante años de Nicolás Repetto, y Socio Honorario de nuestra Biblioteca.
La presentación del acto, que se llevó a cabo en la mañana del domingo 1 de mayo, estuvo a cargo del anfitrión, Raúl Puy, quien también es Socio Honorario de Sánchez Viamonte.
Entre los asistentes estuvo Atilio Orsi, Secretario General de la Biblioteca.
Agradecemos las fotos de Norberto Govetto.
Luis Pescetti, amigo de las Bibliotecas Populares
Las bibliotecas populares, distinguieron como “Amigo de las Bibliotecas
Populares” a Luis Pescetti, reconocido escritor y cantautor argentino,
destacado por su aporte a la literatura infantil y juvenil y la
promoción de la lectura, que aunque no pudo estar presente envió un
cálido saludo a todas las bibliotecas presentes, que fue filmado en nuestra casa. Aquí lo compartimos.
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Lunes a viernes de 16 a 20 hs.
Centro Cultural y Biblioteca Popular
Carlos Sánchez Viamonte
Austria 2154
(1425) Ciudad de Buenos Aires
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