En busca del cielo perdido

de Eduardo González
(Crecer Creando, Buenos Aires, 2014, 128 páginas)


En sus “Palabras de despedida”, Eduardo González dice que: “Leer, como el fútbol, es un sentimiento. He leído muchos libros. Muchos los leí de un tirón…” Esto mismo ocurrirá con el joven que se acerque a En busca del cielo perdido, título que remite al célebre ciclo de Marcel Proust, escritor al que se cita en un epígrafe. Aquí los preparativos para ejecutar un penal disparan un largo racconto sobre Pupi y Leo, dos chicos nacidos en Ciudad Evita que juegan al fútbol, deporte por el que sienten una pasión ilimitada.

Precisamente uno de los tantos puntos altos de la novela es el relato de los partidos mediante párrafos breves y filosos, que inyectan fuerza, ritmo y dinamismo, como si formaran parte de la transmisión vibrante y enfática de un locutor.

En los demás tramos del libro, la prosa es bella y fluida, desbordante de símiles imaginativos.

La historia propuesta por el autor resulta amena, tierna y humana, no exenta de un costado doloroso, el de Pupi, un arquero de ley que soporta el maltrato de un padre resentido. Pero allí está Leo, su amigo del alma y goleador implacable, para ayudarlo en su dura lucha contra la injusticia paterna: ambos emprenden un itinerario sabio y vital con el fin de alcanzar ese cielo perdido, en donde prevalecen la amistad, los sentimientos nobles y la solidaridad. Y tampoco falta el amor incondicional de Nati, una jovencita que también es fanática del fútbol. González refleja convincentemente esa etapa que se inicia a los once años y deja atrás la pubertad para ingresar a la adolescencia.

Una nota simpática la aporta la afición de Pupi por las historietas, sobre todo hacia Batman, aunque también se interesa por Superman y el Hombre Araña.

Eduardo González (Buenos Aires, 1957) tiene una extensa trayectoria como escritor: publicó el libro de cuentos Cementerio clandestino y entre sus novelas pueden citarse El fantasma de Gardel ataca el Abasto, El secreto de Leonardo da Vinci, La maldición de Moctezuma, El león rendido y Sangre Negra. Obtuvo el premio “Atanas Mandadjiev”, de Bulgaria (2002), el accésit del Concurso de Relatos de la Semana Negra de Gijón (2003) y el primer premio del Concurso de Relatos Policiales “Indio Martín”, Cuba (2004). También ejerció el periodismo (creó y dirigió la revista digital A hierro muere) y la docencia (fundó El Taller del Discutidor sobre literatura infantil y juvenil).

Germán Cáceres