La poesía y la sociedad del espectáculo

(Diálogo con los poetas Santiago Espel y Jorge Santiago Perednik)
de Fernando Kofman
(Ediciones La Carta de Oliver, Buenos Aires, 2011, 60 páginas)

El título del libro remite al clásico La sociedad del espectáculo (1967), de Guy Debord, en el que el filósofo situacionista, en una especie de continuación del trabajo de Marx sobre el carácter fetichista de la mercancía, denunciaba que ésta ya dominaba por completo la vida social. Debord afirmaba que los medios de comunicación habían sustituido la realidad por su representación.

Fernando Kofman (Misiones, Posadas, 1947) es el entrevistador y les hace a ambos autores idénticas preguntas, que se destacan por su agudeza y profundidad. En el prólogo aclara que “es infrecuente en nuestro país que dos poetas entren en una deriva filosófica que vincula las cuestiones estéticas con el pensar la sociedad”. De esta manera no sólo cita a Deleuze para sostener que “la televisión lo fagocita todo”, sino también a Terry Eagleton con el fin de plantear “que la cultura está profundamente encerrada dentro del marco estructural de la producción de mercancías”.

Santiago Espel (Capital Federal, 1960) tiene muy clara la manera que en la actualidad, como consecuencia de la mala asimilación de las nuevas tecnologías, suele abordarse fragmentariamente la lectura: se recibe un alud de informaciones que es imposible procesar. Kofman acota que a veces, después de la aparición de un poeta, se transmite un noticiero y luego una comedia de Hollywood, y Espel contesta: “Yo creo que ese marco vertiginoso no distingue entre un poeta y un ministro, quiero decir que excede al sujeto”. Para él la poesía parte de la emoción y luego se desplaza hacia la interrogación: “No se escribe desde el bienestar; se escribe desde la rabia, desde la incomodidad”.

Jorge Santiago Perednik (Buenos Aires, 1952), ante el comentario de Kofman acerca de ciertos jóvenes que piensan que la poesía sólo importa como noticia y la vida de un poeta es más relevante que su escritura, responde que este desplazamiento responde a la pérdida de fe en la capacidad del poema y, en su lugar, tratar de atribuirse méritos a sí mismos: “empezaron a creer que el valor proviene del exterior, a través de otros operativos, sobre todo la acción de los medios y la realización de espectáculos”. Es sumamente interesante el análisis que realiza Perednik de las posturas de Foucault, que enfatiza la función autoral por sobre la persona, y de Agamben, quien sostiene lo contrario.

Lo encomiable de estas entrevistas emprendidas por Kofman es que ellas no sólo constituyen un aporte para pensar lo poético, sino también un modo de meditar sobre las problemáticas de este siglo y de la sociedad en la cual nos ha tocado vivir, una tarea sin duda insoslayable.

Germán Cáceres