La mujer de verde

de Arnaldur Indridason
(RBA Libros, Barcelona, 2010, 304 páginas)

La literatura policial nórdica contemporánea goza de un altísimo prestigio. A los nombres de los suecos Henning Mankell, Stieg Larsson y Jens Lapidus, y al del noruego Jo Nesbö, hay que añadir el del islandés Arnaldur Indridason (Reykjavik, 1961), que obtuvo el premio Golden Dagger 2005 por esta fascinante novela.

Como en la anterior Las marismas, todo empieza por un hecho insignificante: en una fiesta de cumpleaños una niña de un año juega con “un hueso humano” que había encontrado su hermanito en un terreno cercano, y a partir de este hecho la trama y la investigación sobre la identidad del correspondiente cadáver se abren en múltiples direcciones.

Una de las facetas más atrayentes de La mujer de verde es que el probable crimen fue cometido hace unos cincuenta o setenta años, o sea que la mayoría de los protagonistas de aquella historia sangrienta ya han muerto.

En ese flash back se narra los conflictos de una familia en la que impera la violencia doméstica. Y describe la tremenda humillación física y psicológica que sufre una mujer golpeada: “¿Quién condena a un hombre por asesinar un alma? (...)¿Cómo se puede acusar a un hombre de matar almas, y llevarlo ante los tribunales y hacer que le condenen?”

Pero el texto también se centra en la problemática del inspector Erlendur Sveinsson, que está separado y padece el descontrol de su hija, Eva Lind, una drogadicta que ha caído en una aberrante marginación. Erlendur es un hombre sumamente melancólico y tal vez la profesión lo esté salvando del suicidio (“sintió el profundo silencio que reinaba en su vida, la soledad a su alrededor”). Por momentos, el lector tiene la sensación de que el caso policial es sólo una excusa para que la novela aborde las trágicas vivencias de las dos familias.

Indridason, con gran pericia literaria y una prosa sencilla y concisa, construye inesperados cambios de escenas y de épocas. Por ejemplo, refiere el caso del cometa Halley, de 1910, que se temía que chocara con la Tierra, y comenta la presencia de tropas inglesas y norteamericanas en Islandia durante la Segunda Guerra Mundial. La narración se vuelve compleja al ramificarse por la intervención de numerosos personajes, lo cual despierta la ansiedad del lector por saber cómo se conectarán esas subtramas.

La estupenda traducción de Enrique Bernárdez es un apoyo imprescindible para poder disfrutar la novela.

Germán Cáceres