Purga

de Sofi Oksanen
(Ediciones Salamandra S.A., Barcelona, 2011, 384 páginas)

Sofi Oksanen (Jyväskylä, Finlandia, 1977) es un prodigio literario. Pese a su juventud ha conseguido con ésta, su tercera novela, una extraordinaria aceptación no sólo en los países nórdicos sino también en el resto de Europa, y se hizo acreedora de numerosas distinciones en Finlandia y de los consagratorios Premio de Literatura del Consejo Nórdico, Premio a la Mejor Novela Europea 2010 y Premio Femina de Literatura Extranjera en Francia.

Purga ofrece una calidad superlativa: su interés no decae en ningún tramo. La prosa es ágil, segura, fluida, y sus descripciones descuellan por su precisión y meticulosidad, méritos que pueden apreciarse gracias a la estupenda traducción de Tuula Marjatta Ahola Rissanen y Tomás González Ahola.

Con imágenes personalísimas narra en tercera persona un drama de amor y de turbulentas pasiones familiares. Sus convincentes diálogos revelan el origen teatral de la novela, que la autora amplificó a partir de su obra estrenada en 2007 en el Teatro Nacional de Helsinki. Pero, al mismo tiempo, entronca la trama con las diferentes ocupaciones (una nazi y dos soviéticas) que sufrió Estonia hasta lograr la independencia definitiva en 1991. Como además cuenta con muchos habitantes de nacionalidad rusa, y en el momento de aquellas ocupaciones hubo estonios partidarios de los dos bandos, el caos social que imperaba en ese país báltico en 1992 –año en que transcurre la novela- era una pesadilla. Como Oksanen adopta un punto de vista omnisciente, para ella la actitud de la ex URSS fue de una crueldad despiadada (“La comida más limpia de Estonia se enviaba a Moscú y a los estonios les daban la mercancía que venía de lugares que por alguna razón no gustaban a los moscovitas)”. La vida cotidiana fue contaminada por la falta de higiene, el mal olor y las abundantes moscas.

La novela se divide en cuatro partes, y en cada una de ella hay una cita del poeta estonio Paul-Eerik Rummo, férreo opositor a la influencia rusa. Además, van desfilando la Segunda Guerra Mundial, el estalinismo, la época de Kruschev y el horror de Chernobyl. Asimismo se exponen las actividades de espionaje y de contraespionaje que convirtieron a la sociedad estonia en un laberinto kafkiano, en el que imperaban el miedo y la humillación.

Como se dijo, la novela ocurre en 1992 en el oeste de Estonia y continuamente se traslada al pasado (llega hasta 1936) y a su capital, Tallin, y a las ciudades de Vladivostok y Berlín, procedimiento que mantiene en vilo al lector. Se aprovecha para denunciar el infierno de sadismo y perversión que del tráfico de prostitutas en Europa Oriental. No obstante la complejidad de la historia, la lectura de Purga no presenta dificultades, es de una claridad meridiana, una demostración del talento narrativo de la escritora. Su suspenso es intolerable porque no revela ciertos hechos hasta que logra que se conviertan en sorpresas.

Al narrar el enamoramiento entre Hans e Ingel, la escritura se torna cinematográfica y transmite la sensación de estar viendo los fotogramas de una película a la vez que escuchando su banda sonora. En medio de las tensiones políticas, Aliide (hermana de Ingel) comienza a enamorarse perdidamente de su cuñado, sentimiento incestuoso que la conduce al rencor y al resentimiento: “Ella sólo era capaz de oler la saliva de Hans en los labios de su hermana, lo que hacía que sus propios labios agrietados latiesen de dolor”. Y se va transformando en una mujer siniestra, dominada por la maldad.

El amor, el engaño, la delación y el incesto son las coordenadas trágicas en las que se mueve esta soberbia novela.

Germán Cáceres