Los poemas más destacados de Miguel Hernández 109 años después de su nacimiento

El poeta de Orihuela nació un 30 de octubre de 1910 y falleció en una fría cárcel en 1942, condenado por el franquismo.


“No hay extensión más grande que mi herida, lloro mi desventura y sus conjuntos y siento más tu muerte que mi vida”, escribía Miguel Hernández en su poema Elegía a Ramón Sijé. El autor, nacido el 30 de octubre de 1910, fue una de las plumas más brillantes de España hasta que el franquismo le condenó a la cárcel y a morir entre barrotes.

El poeta nació en Orihuela en el seno de una humilde familia en la que la falta de recursos y la necesidad de trabajar para conseguirlos se hacía prácticamente incompatible con la educación. . Aún así, Miguel Hernández Gilabert, del que hoy se cumplen 109 años de su nacimiento, desarrolló un exquisito gusto por la poesía clásica española.


«No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida».

'Elegía a Ramón Sijé', del poeta Miguel Hernández. Lee el poema completo en http://libroselectronicos.cervantes.es/?id=00025829



Desde jovencito, Miguel mostró también una sensibilidad especial para componer sus propias obras. Pronto comenzó a formar parte de la tertulia literaria de Orihuela, donde conoce a Ramón Sijé, de quien se haría gran amigo. A partir de 1930, a la edad de 20 años, empieza a publicar pequeñas poesías cortas en revistas como El pueblo de Orihuela o El Día de Alicante.

A partir de ahí, comenzó a ampliar sus horizontes. Para ello viajó a Madrid, donde se zambullirá de pleno en el movimiento cultural de la época. Es en aquellos años cuando escribe Perito en Lunas, donde refleja sus experiencias. Establecido en la capital madrileña, con continuas colaboraciones en distintas revistas, Miguel Hernández encuentra tiempo para escribir varias obras, entre las que destacan El silbo vulnerable, Imagen de tu huella y El rayo que no cesa.

Vida activa
Cuando estalló la Guerra Civil, decidió tomar parte activa en el conflicto, lo que le obligó a abandonar España.

Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, ha destacado este miércoles que el “último libro de Miguel Hernández, Cancionero y romancero de ausencias, es uno de los grandes monumentos a la dignidad humana”.Cuando estalló la Guerra Civil, el poeta decidió tomar parte activa en el conflicto, lo que le obligó a abandonar el país cuando éste terminó.

Miguel Hernández fue descubierto en la frontera con Portugal, donde le detuvieron y sentenciaron a pena de muerte. Y, aunque su condena fue conmutada por una pena de 30 años de prisión, jamás llegó a cumplirla, ya que la tuberculosis acabó con la vida del poeta el 28 de marzo de 1942 en una fría prisión de Alicante.

En su corta vida, sin embargo, tuvo tiempo de escribir grandes poemas y convertirse incluso en un nuevo estilo que se denominó poesía de guerra. Estos son algunos de sus mejores ejemplos:

CANCIONERO Y ROMANCERO DE AUSENCIAS

Por las calles voy dejando

algo que voy recogiendo:

pedazos de vida mía

venidos desde muy lejos

Voy alado a la agonía

arrastrándome me veo

en el umbral, en el fundo

latente de nacimiento

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LLAMO A LA JUVENTUD

Sangre que no se desborda,

juventud que no se atreve,

ni es sangre, ni es juventud,

ni relucen, ni florecen.


Cuerpos que nacen vencidos,

vencidos y grises mueren:

vienen con la edad de un siglo,

y son viejos cuando vienen.

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SENTADO SOBRE LOS MUERTOS

Sentado sobre los muertos

que se han callado en dos meses,

beso zapatos vacíos

y empuño rabiosamente

la mano del corazón

y el alma que lo mantiene.

Que mi voz suba a los montes

y baje a la tierra y truene,

eso pide mi garganta

desde ahora y desde siempre.

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CANCIÓN ÚLTIMA

Pintada, no vacía:

pintada está mi casa

del color de las grandes

pasiones y desgracias.

Regresará del llanto

adonde fue llevada

con su desierta mesa,

con su ruinosa cama.

Florecerán los besos

sobre las almohadas.

Y en torno de los cuerpos

elevará la sábana

su intensa enredadera

nocturna, perfumada.

El odio se amortigua

detrás de la ventana.

Será la garra suave.

Dejadme la esperanza.

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TRISTES GUERRAS

Tristes guerras

si no es amor la empresa.

Tristes, tristes.

Tristes armas

si no son las palabras.

Tristes, tristes.

Tristes hombres

si no mueren de amores.

Tristes, tristes.

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JORNALEROS

Jornaleros que habéis cobrado en plomo

sufrimientos, trabajos y dineros.

cuerpos de sometido y alto lomo:

jornaleros.

Españoles que España habéis ganado

labrándola entre lluvias y entre soles.

Rabadanes del hambre y del arado:


españoles.

Esta España que, nunca satisfecha

de malograr la flor de la cizaña,

de una cosecha pasa a otra cosecha:

esta España.

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ESCRIBÍ EN EL ARENAL

Escribí en el arenal

los tres nombres de la vida:

vida, muerte, amor.

Una ráfaga de mar,

tantas claras veces ida,

vino y los borró.

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EL RAYO QUE NO CESA

¿No cesará este rayo que me habita

el corazón de exasperadas fieras

y de fraguas coléricas y herreras

donde el metal más fresco se marchita?

¿No cesará esta terca estalactita

de cultivar sus duras cabelleras

como espadas y rígidas hogueras

hacia mi corazón que muge y grita?

Diario La Vanguardia, España, 30 de octubre de 2019