Aproximación a la Bossa Nova (sexta entrega)

Conquistando el mundo
El 21 de noviembre de 1962, gracias a un trabajo conjunto de la cancillería brasileña y el sello discográfico Audio Fidelity, la Bossa Nova llegó al Carnegie Hall de Nueva York. Esa noche se presentaron en la prestigiosa sala Luiz Bonfá, Oscar Castro Neves, Agostinho dos Santos, Carlos Lyra, Sergio Mendes, Roberto Menescal, Chico Feitosa, Milton Banana, Sergio Ricardo, Antonio Carlos Jobim y Joao Gilberto. También actuaron el guitarrista Bola Sete, la cantante Carmen Costa y el pianista argentino Lalo Schifrin, intérpretes que nada tenían que ver con el movimiento.

El concierto -anárquico en su muy extenso desarrollo- no fue del agrado de los brasileños pero, indudablemente, dejó en los Estados Unidos una semilla bossanovística que no tardó en crecer.

Entre el 18 y el 19 de marzo de 1963 Joao Gilberto y el saxofonista norteamericano Stan Getz grabaron el álbum Getz/Gilberto, un hito en la difusión internacional de la Bossa.

Tom Jobim tocó el piano, Tiao Neto el contrabajo y Milton Banana la batería. Astrud Gilberto, quien acompañaba a su esposo, cantó en inglés, después de los versos en portugués que hacía Joao, Garota de Ipanema y Corcovado. Este hecho, que no estaba previsto y sólo se concretó por la insistencia de Astrud, fue decisivo. El productor de la grabación, Creed Taylor, retuvo el registro por varios meses hasta que, hacia fines del año, aplicó el bísturí en la versión de Garota de Ipanema que duraba 5 minutos y 15 segundos. Eliminó la voz de Joao Gilberto, dejó sólo a Astrud cantando en inglés y a Stan Getz con su solo. Lanzó al mercado un simple que tuvo un éxito enorme y permitió que también lo fuera el long play completo, que ganó varios premios Grammy.

En realidad, los músicos norteamericanos habían descubierto la Bossa Nova un tiempo antes. En 1959, un año después de la aparición del movimiento, Sarah Vaughan, Nat King Cole y Billy Eckstine estuvieron en Río y escucharon Bossa. En 1960 fueron Lena Horne y Sammy Davis quienes visitaron Brasil. Lena conoció personalmente a Joao Gilberto quien la cautivó con su música y Sammy, por su parte, llegó a actuar con el baterista Helcio Milito, futuro integrante del célebre Tamba Trío. También ese año se acercó a Brasil el guitarrista Charlie Byrd quien se contactó con los bosanovitas y sus creaciones. La realización del American Jazz Festival en el Teatro Municipal de Río, el 16 de julio de 1961, permitió que músicos como el trompetista Kenny Dorham, el trombonista Curtis Fuller, el flautista Herbie Mann, el pianista Tommy Flanagan, el saxofonista Coleman Hawkins y la cantante Chris Connor, entre otros, tomaran contacto con la Bossa. En marzo de 1962, meses antes de su encuentro con Joao Gilberto, Stan Getz grabó con el guitarrista Charlie Byrd Desafinado, que vendió un millón de copias.

A partir del éxito comercial de Getz/Byrd y de Getz/Gilberto, muchos músicos de jazz y muchos cantantes de música popular norteamericana comenzaron a recrear aquellas maravillosas canciones creadas en la bohemia del Río de Janeiro dorado de fines de los 50 y principios de los 60. Muchas veces, el producto final tenía de Bossa Nova sólo la utilización de la palabra en la carátula de los discos, porque hubo que esperar un poco para que los norteamericanos captaran la batida diferente de la Bossa y sus secretos más profundos. De todas maneras, la moda permitió su expansión internacional porque de los Estados Unidos pasó a Europa y al resto del mundo.

Para tener una idea de la variedad de intérpretes conquistados por la Bossa, conviene citar algunos de los discos grabados en ese período: Stan Getz Big Band Bossa Nova (1962); Stan Getz-Luiz Bonfa Jazz Samba Encore! (1963); Eydie Gorme-Blame it on the Bossa Nova (1963) (gran éxito de ventas en todo el mundo); Joni James-Bossa Nova Style (1962); Vi Velasco-Cantando Bossa Nova (1962); Chris Connor sings gentle Bossa Nova (1966); George Shearing Bossa Nova (1966); Dizzy Gillespie-New Wave! (1963); Quincy Jones-Bossa Nova (1962); Bossa Nova com Herbie Mann (1962); Lalo Schifrin-Bossa Nova em Nova York (1962); Lalo Schifrin & Bob Brookmeyer- Samba para dos (1963); Lalo Schifrin-Insensatez (1967); Enoch Light-Let’s dance Bossa Nova (1962); Coleman Hawkins-Desafinado (1968); Bud Shank & Clare Fischer-Bossa Nova Jazz Samba (1962); Stan Kenton-Artistry in Bossa Nova (1963); Bossa Nova by Tito Puente (1963); The Dave Brubeck Quartet-Bossa Nova USA (1963); The Hi-lo’s! Happen to Bossa Nova (1963); Tito Rodríguez-Let’s do the Bossa Nova (1964); Sacha Distel-Un amour, un sourire, une Fleur (1967) y Milt Jackson-Jazz’n’samba (1964), entre muchos otros. Como ya hemos recordado en un entrega anterior, en 1967 Jobim grabó con Sinatra el memorable álbum Francis Albert Sinatra & Antonio Carlos Jobim. En todos estos trabajos no sólo se recreaban los temas emblemáticos de la Bossa, sino que se le daba un tratamiento rítmico bossanovístico (al menos se intentaba) a clásicos de Cole Porter, George Gershwin o Richard Rodgers. Desde los años del mambo y el cha-cha-cha, no se veía una influencia tan grande de la música latina en el mundo.

También en la Argentina la Bossa Nova tuvo una buena acogida y algunos de nuestros intérpretes se identificaron con ese repertorio y, fundamentalmente, con esa manera de hacer música. Las visitas de Joao Gilberto, Maysa y Os Cariocas a Buenos Aires fueron determinantes en ese sentido (las actuaciones de Vinicius de Moraes lo convirtieron en un personaje admirado y respetado entre los porteños, pero eso ocurrió algunos años después).

Beco das Garrafas: el Samba Jazz
Ninguna aproximación a la historia de la Bossa Nova estaría completa sin una mención al Beco das Garrafas, literalmente, el Callejón de las Botellas.

La calle Duvivier está ubicada en Copacabana y es un callejón sin salida que fue bautizada como Beco das Garrafas, el Callejón de las Botellas, porque los habitantes de ese lugar tenían la costumbre de arrojar botellas a los parroquianos de los bares-boites que la calle albergaba. Allí estaban el Little Club, el Baccara, el Bottle’s Bar y el Ma Griffe. De estos cuatro locales, sólo el Ma Griffe se dedicaba a la prostitución, aunque también tenía un piano donde tocaba nada más ni nada menos que Newton Mendonça.

En esos locales nocturnos tocaban los músicos más innovadores del Brasil entre fines de los años 50 y el primer lustro de los 60. Allí se desarrolló el samba jazz, una expresión que amalgamó la música brasileña con el jazz y la Bossa Nova. La fusión fue natural: tanto la música brasileña como el jazz tienen raíces comunes: África. El encuentro, entonces, se produjo espontáneamente, sin dificultades, sin fórceps, y de él nació algo personal, distinto, propio: la simbiosis del samba y la música tradicional del Brasil, con el jazz.

Ruy Castro escribió: “La fórmula era dinamita: base fuerte de samba, ataques en unísonos de trompeta, trombón y saxo tenor, improvisaciones en un estilo hard bop, armonizaciones impresionistas. El repertorio estaba integrado por temas propios, standards del jazz y mucha, mucha Bossa Nova, reconvertida con el nuevo lenguaje. Esa música exigía una destreza que dejaba al público con la boca abierta: ¿de dónde habían salido esos músicos capaces de tocar así?”

Los trombonistas Raul de Souza y Edson Maciel; los saxofonista y flautistas J. T. Meirelles, Paulo Moura, Cipó, Juarez Araujo y Jorginho; los trompetistas Pedro Paulo, Hamilton y Maurilio; los guitarristas Baden Powell, Durval Ferreira y Rosinha de Valença; los pianistas Luiz Eça, Luiz Carlos Vinhas, Dom Salvador y Sergio Mendes; los bateristas Milton Banana, Edson Machado, Chico Batera y Dom Um, y los contrabajistas Tiao Neto y Bebeto, son algunos de los músicos que llevaron adelante aquel proyecto que, a partir de un lenguaje internacional como el jazz fusionado con las raíces del samba, produjeron un jazz brasileño. Escuchar los discos que grabaron en aquellos años, medio siglo atrás, permite comprobar la belleza, la energía, la creatividad y también la vigencia de aquel sonido.

La Bossa Nova y el Samba Jazz nacieron juntos y desarrollaron vidas paralelas que permanentemente se interconectaban. Fueron procesos contemporáneos de modernización de la música brasileña entre fines de los 50 y 1965/66 aproximadamente. La llegada del rock, los cambios políticos-sociales en Brasil y la aparición de nuevas visiones sobre el arte y la cultura, hirieron de muerte a ambos movimientos. En la última entrega de este serie, hablaré de eso.

(Continuará y… terminará)

Guillermo Fuentes Rey

Bibliografía consultada:

  • Chega de saudade, Ruy Castro (Companhia das Letras, 1990)
  • A onda que se ergueu no mar, Ruy Castro (Companhia das Letras, 2001)
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