Aproximación a la Bossa Nova (primera entrega)

Nadie imagina que está a punto de cumplir 52 años. Sigue llena de gracia, de encanto, de belleza. Tuvo algunos momentos malos en su vida cuando, injustamente, la olvidaron. Con sabiduría, supo esperar. Un día regresó como si nunca se hubiera ido: allí estaba otra vez porque la necesitaban para poner un poquito de silencio en medio de tantos ruidos. Nació en la zona sur de Río de Janeiro en 1958 y caminó por Ipanema, Leblón y Copacabana. Después salió a recorrer -y a conquistar- el mundo. Sus palabras, sencillas, eran innovadoras y encerraban un mensaje de amor, de paz, de respeto, de delicadeza. Comenzó hablando portugués y terminó aprendiendo el inglés, el francés, el español, el italiano, el alemán y hasta el japonés. Se llama BOSSA NOVA pero es, en verdad, una BOSSA ETERNA que nos sigue guiando por los caminos de la belleza.

"La Bossa Nova fue la ola que salió del mar y bañó la música popular con un optimismo y una luminosidad que ella estaba necesitando desesperadamente.” (Ruy Castro, “A onda que se ergueu no mar”, 2001)

La Bossa Nova fue la culminación de un proceso de modernización de la Música Popular Brasileña iniciado años atrás por un puñado de inquietos y talentosos músicos. A diferencia de lo ocurrido antes, con aquellos intentos individuales, la Bossa se plasmó -en un momento histórico particular del Brasil- en un movimiento que incluyó a cantantes, compositores, autores, arregladores e instrumentistas y que, como tal, se proyectó internacionalmente.

Antecedentes
En 1946, el pianista y cantante Dick Farney (Farnesio Dutra e Silva) (1921/1987), grabó en Brasil para el sello Continental el samba Copacabana, de Joao de Barros y Alberto Ribeiro. Para la época, la versión fue sorprendente. La orquestación realizada por Radamés Gnatalli, dirigida por Eduardo Patané, se basaba en el trabajo de las cuerdas y mostraba una cadencia rítmica diferente, sin la utilización del tradicional pandeiro. Muchos pensaron que era una grabación hecha en los Estados Unidos por algún intérprete de ese país cantando en un perfecto portugués. Copacabana se convirtió en un éxito nacional y estableció el nombre de Dick Farney como uno de los cantantes más populares. Después de una breve estancia en Nueva York donde fue rápidamente aceptado por los críticos especializados (cantaba también en un perfecto inglés), regresó a su país donde los discos que había dejado grabados se escuchaban mucho y se vendían bien. En los 50 y 60 siguió grabando y actuando con asiduidad mostrando siempre una estética moderna y renovadora. Excelente pianista de jazz, Farney grabó también muchos discos instrumentales al frente de grupos chicos, preferentemente tríos.

Lucio Alves (1927/1993) fue contemporáneo de Farney y, de alguna manera, se puede trazar un paralelo entre las carreras de ambos. En 1941 creó Namorados da Lua, un conjunto del cual era cantante, guitarrista y arreglador. En 1947 también viajó a los Estados Unidos y en Nueva York (además de actuar con el grupo vocal Anjos do Inferno) se contactó con Farney, quien le presentó a muchos músicos estadounidenses del jazz y la música popular. Ese mismo año regresó a su país y se convirtió en una figura popular de la radio, los casinos y la industria discográfica. La prensa inventó la rivalidad Lucio Alves-Dick Farney, pero en realidad ellos eran amigos y se respetaban y admiraban. En 1954 grabaron juntos Teresa da Praia, todo un éxito de ventas.

Farney prefería definirse como pianista de jazz más que como cantante; Lucio decía que su fuerte eran las armonizaciones para grupos vocales y los arreglos instrumentales. Tal vez por eso, eran, realmente, músicos que cantaban. Su fraseo estaba lleno de sorpresas, de cambios sutiles, de atrasos y adelantos en las melodías, de síncopa. Durante años fueron únicos, diferenciándose de muchos otros cantantes brasileños muy buenos que, sin embargo, no arriesgaban y permanecían cómodos en el estilo tradicional de la época.

Otro antecedente a mencionar en ese proceso de modernización de la música del Brasil es de abril de 1948 cuando el conjunto vocal Os Cariocas grabó Nova Ilusao, un samba de José Menezes y Luis Bittencourt. Este registro se constituyó en su primer gran éxito discográfico, exponiendo las avanzadas concepciones vocales de Ismael Neto, arreglador e integrante del grupo. Las armonizaciones de voces y la especial utilización de los instrumentos sorprendieron a los críticos y al público.

También fue admirado en su momento el guitarrista Garoto (1915/1955) quien, en muchas de sus grabaciones, mostraba indicios de lo que, años después, sería la Bossa Nova. Se ha dicho que si hubiera recibido un centavo por cada elogio que recogía, habría muerto rico, cosa que no ocurrió, claro.

Tal vez, la mayor influencia en este proceso previo a la irrupción de la Bossa, corresponda al pianista, cantante y compositor Johnny Alf (Alfredo José da Silva), un músico de culto, de bajo perfil, que rechazó ofertas de los Estados Unidos (de la mismísima Sarah Vaughan) para seguir trabajando en clubes nocturnos de Río y San Pablo. Alf introdujo alteraciones rítmicas influenciadas por el jazz y desarrolló un fraseo muy personal desde el piano y el canto. Alguna vez se dijo que “Alf hacía Bossa Nova cuando la Bossa Nova todavía no existía”.

Las búsquedas musicales de Farney, Alves, Garoto, Os Cariocas y Alf, más la audición de mucho jazz de la Costa Oeste, ejercieron una influencia decisiva entre muchos jóvenes que daban sus primeros pasos en la música popular.

En la década del 50, los géneros que más se escuchaban en Brasil eran el cha-cha-cha, el samba tradicional, el bolero y el rock-balada. Los jóvenes de la clase media carioca, cansados de esas propuestas, se volcaron a aquellos innovadores y al jazz. Se reunían en sus departamentos para escuchar los discos llegados de los Estados Unidos y también para intentar nuevas cosas. El célebre departamento de las hermanas Danuza y Nara Leao en Copacabana, era uno de los lugares preferidos y allí acudían desconocidos rebeldes como Antonio Carlos Jobim, Carlos Lyra, Roberto Menescal, Ronaldo Boscoli y Milton Banana, entre otros.

Conviene recordar que estas inquietudes renovadoras se manifestaban en un momento muy particular de la historia brasileña, cuando el presidente Juscelino Kubistchek imponía un clima de euforia nacionalista que impulsaba el desarrollo y la modernización del país.

Las condiciones, en definitiva, estaban dadas para que se produjera el gran cambio. Los jóvenes aceptaron el desafío y no tardaron en crear una de las músicas más bellas de la historia: la BOSSA NOVA.

(Continuará)

Guillermo Fuentes Rey

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Bibliografía consultada

  • “A onda que se ergueu no mar”, Ruy Castro (Companhia das Letras, 2001)
  • “Chega de saudade”, Ruy Castro (Companhia das Letras, 1990)
  • “A 30 años de la Bossa Nova”, Guillermo Fuentes Rey (Brasil/Cultura, 1988)