Sombras y temblores

de Olga Drennen
(Quipu, Buenos Aires, 2015, 80 páginas)



El libro contiene ocho cuentos para jóvenes pertenecientes al género de terror.

“La mancha a la altura del tercer botón” es la descripción de un chico sobre un viaje en tren que finalmente es hacia su propia muerte (un logrado golpe de efecto). Está escrito con frescura y agilidad y la autora demuestra oficio en su mezcla de pasado y presente. Ese sentimiento de nuestro destino final también está desplegado en “La prueba”.

La famosa leyenda de El Holandés Errante es trasladada poéticamente a la actualidad y el cuento “Viaje sin fin” ingresa así al ámbito fantástico.

En “Yo-yo”, Drennen muestra con originalidad las fluctuaciones de la maldad infantil (tan innata).

“Mejor me callo” es un creativo cuento de fantasmas. También lo hay de vampiros (“Una de terror”), donde la realidad funciona como una réplica de una película que se está proyectando en una pantalla de televisión aunque sin DVD: es como si se desarrollara en una galería de múltiples espejos. Este recurso se repite con una vuelta de tuerca en “El brillo en la sombra”, que atrapa por su suspenso.

“El último baile de invierno” propone que lo siniestro puede anidar en cualquier inocente situación de la vida cotidiana.

En todos los cuentos de Sombras y Temblores se va revelando paulatinamente los pormenores de la historia.

Las imágenes de Lelo Carrique ilustran impecablemente la trama de cada relato. Su empleo del gris es estupendo.

Algunos de los numerosos títulos de Olga Drennen son Las palabras cuerpo a cuerpo, Wunderding y otros escalofríos, Transparencias, Fiesta brava y Reimú.

Germán Cáceres