Sueños de trenes

de Denis Johnson
(Literatura Random House, Buenos Aires, 2016, 144 páginas)


Sueños de trenes es indudablemente una joya literaria.

Comienza describiendo un idílico mundo campesino (en Idaho, Estados Unidos), pero paulatinamente la historia se va sumergiendo en un torbellino alucinante de aberraciones y miserias humanas.

El protagonista es Robert Grainier, un jornalero y leñador que nació “en algún momento de 1886” y falleció también “en algún momento de 1968”. Esta imprecisión es propia de la novela, porque sus personajes rústicos, cercanos al salvajismo, no recuerdan bien los hechos en los cuales intervinieron: se les mezclan en una bruma difusa. La narración no es lineal, sino que registra la historia dando saltos hacia atrás y hacia delante, y a tramos se torna onírica y fabulatoria.

Además, los personajes no tienen conciencia sobre lo que está bien o está mal (“De chico, ¿nunca se subió a un tocón y le hizo el amor a una vaca? En mi pueblo lo hacían todos. Por allí no es antinatural.”)

Los trenes juegan un papel fundamental en este relato donde los trabajadores –incluso el mismo Grainier – construyen puentes ferroviarios.

Un impresionante incendio forestal devasta un valle, su bosque y la cabaña donde estaban su esposa y su hija, que mueren junto a muchísimos vecinos de la comunidad. Grainier –que ese momento estaba alejado – se salva y comienza a padecer visiones de ambas y de trenes en marcha.

Pero también ocurre una sucesión de sucesos trágicos cometidos por estos pobladores supersticiosos que creían en la lujuria del Diablo, en una chica-lobo que conducía una manada y en monstruos malignos. Así, el protagonista muchas noches tuvo que soportar los aullidos implacables de coyotes y lobos (“no se atrevía a dormir, le daba la impresión de que aquello era alguna clase de enorme anuncio, tal vez las alarmas del fin del mundo.”)

Su escritura es fruto de la observación: da la sensación de que se está ante un documentalista que filma la naturaleza, especialmente los bosques de una región. Su prosa es sencilla, directa y clara, pero descuella por sus admirables imágenes:

“El primer beso lo hizo desplomarse por un agujero y salir por el otro lado a un mundo donde le pareció que podría encontrar su lugar.” Favorece el placer de la lectura la estupenda traducción de Javier Calvo.

Denis Johnson es un escritor norteamericano que por casualidad nació en Munich en 1949 y vive en Idaho. Es de culto en los Estados Unidos y también un consagrado poeta. Recibió muchas distinciones, entre ellas el National Book Award por Árbol de humo. Entre sus libros se encuentran Ángeles derrotados, Hijo de Jesús, El nombre del mundo y una novela negra: Que nadie se mueva.

Germán Cáceres

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