El verbo justo

de Liliana Allami
(Vinciguerra, Buenos Aires, 2016, 112 páginas)



En esta novela llama la atención la calidad de su lenguaje (hecho que ya se había advertido en los cuentos de La vuelta del deseo, 2013). La autora evidentemente ama las palabras y logra que ellas se enlacen con armonía y ritmo. Si bien se luce en las frases largas (“Entonces le dio curso a la angustia, hasta allí apretada, reducida a un punto minúsculo, escondida entre los pliegues que imponían las corridas…”), también las oraciones breves – que suelen adoptar el cortante estilo tipo agenda – le otorgan a la historia dramatismo, el que es acentuado, asimismo, por los contundentes diálogos.

Con seguro oficio Allami mantiene el tono melancólico desde el principio al fin, y narra a la vez en tercera, segunda y primera personas, enriqueciendo así los matices psicológicos de los personajes.

El verbo justo trata sobre los inagotables problemas de comunicación y de sentimientos contradictorios que anidan en una familia. El lector se verá reflejado de alguna manera en esta borrasca de odio, amor y envidia que se agita entre sus miembros. Éstos son convincentes, muestran carnadura humana, se puede afirmar que se los ve.

La protagonista es una mujer despechada e insatisfecha que padece la sensación de que no ha logrado nada de valor tanto en su familia paterna como en la propia. Se cuestiona continuamente a sí misma y a los demás, a través de filosas introspecciones (“¿Cómo vestir de fiesta al desasosiego? ¿Con qué corsé armar un cuerpo doblegado?”), que la conducen a la neurosis y al aislamiento, más allá de las actitudes criticables de sus padres y de su hermana. Asimismo, no supo convivir ni con su marido ni con su hijo y provocó que ambos se alejaran de ella.

Se destaca en la novela el cuidado de los detalles, porque una simple alusión da el clima exacto de la situación. Por ejemplo, ante un posible candidato, ella “se desprendió el segundo botón de su chaleco”, para al rato, tras desilusionarse, “…jugó con los bordes del chaleco y se prendió el botón.”

Al final la protagonista realiza una toma de conciencia sin llegar a un cambio superador, sino que adopta algo más creíble y terrenal: cierta serenidad frente al difícil arte de vivir. Y comprende que todos ellos “No habían sabido encontrar la palabra adecuada, el verbo justo”.

El libro obtuvo el Premio Único de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires Novela Inédita, bienio 2010-2011. En la contratapa, Fernando Sánchez Sorondo sostiene que “ofrece al lector la mayor virtud que en mi opinión seduce en una ficción: y es que no lo parezca, que opere como si fuera una realidad en la que se sumerge cada lector, como un capítulo de su propia vida.”

Liliana Allami nació en Buenos Aires y publicó el citado La vuelta del deseo y los libros de cuentos Para mí que fue por eso (1997), Un impulso escondido (2001), Eso sin nombre (2004), Novia que te veamos (2008). Sus obras han merecido numerosos premios.

Germán Cáceres