Kokoro

de Natsume Sōseki
(Impedimenta, Madrid, 2014, 304 páginas)



Natsume Sōseki, seudónimo de Natsume Kinnosuki (Japón, 1867-1916), está considerado como el fundador de la literatura japonesa moderna. Celebridades como Akutagawa, Kabawata, Mishima y Kentazuro Ōe fueron influidos por su obra.

Según la brillante introducción de Fernando Cordobés –que también tuvo a cargo la excelente traducción junto a Yoko Ogihara –, «la definición de kokoro dice así: ´Corazón, mente, alma, espíritu, pensamiento …`», y es de este modo amplia e inasible, como la sensibilidad que tiñe a los personajes de la novela y a la espiritualidad japonesa. Otro punto a destacar es que se desarrolla sobre el final de la era Meiji (1867-1912), que eliminó el feudalismo e impulsó hacia una modernización fuertemente influida por Occidente. Además hay dos hechos que conmovieron la sociedad el país: la muerte del emperador Meiji y el suicidio en su honor del general Nogi y su esposa, que se infligieron seppuku (más conocido como harakiri). Un sentimiento trágico se instala en Kokoro.

Mediante una prosa serena, que se desliza suavemente, como una brisa matinal, se narra en primera persona la relación entre un estudiante y su mentor, Sensei, –mayor que él – y a su vez la de éste con K, un amigo de su juventud. Hay un aura de misterio, de inquietud y desasosiego por saber qué secreto oculta la vida amarga y tortuosa de Sensei, qué hecho fatal lo convirtió en un ser atormentado y contradictorio. Asimismo, se sospecha que no dejará de ocurrir otro suceso luctuoso.

Una atmósfera poética y un tono melancólico y sombrío se sitúan en la historia (“No podía dejar de admirarme ante la vanidad de nuestra existencia, y ante la fugacidad de la vida”, proclama Sensei). También el sentimiento de culpa se erige como constituyente del ser humano. El arte del autor resplandece al registrar los pliegues de la interioridad y de las facetas huidizas del alma humana.

Sōseki comenzó escribiendo poesía y haikus, pero sólo publicó ficciones en libros. En su producción de catorce novelas, se destacan Soy un gato (1905) –un éxito de ventas –, Botchan (1906), y la trilogía compuesta por Sanshino (1908), Daisuke (1909) y La puerta (1910). Su muerte dejó inconclusa Luz y oscuridad. Su cara está impresa en los billetes de mil yenes.

Germán Cáceres

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