Un tobogán con bufanda

de Cecilia Glanzmann
(Vinciguerra, Buenos Aires. 2014,72 páginas)


Mediante una prosa ágil, juguetona y espontánea, que recurre constantemente a la prosopopeya, Cecilia Glanzmann recrea un ámbito en el cual los animales piensan y hablan y los objetos cobran vida. En “Historia de la lluvia en una tarde de primavera” arma frases musicales en las que abundan las onomatopeyas. Tanto en este cuento como en los demás son creativas y modernas las simpáticas ilustraciones de María Valeria Glanzmann. Su colorido es suave y, a la vez, restallante.

“Barrilete” revela por parte de la autora una aguda percepción del espíritu de los chicos de hoy porque los muestra desarrollando sus relaciones y contactos a través de las computadoras y los celulares. También en “Un tobogán con bufanda” los pixeles informáticos adquieren protagonismo así como la lluvia y el sol.

En “El huevo azul” un chico encuentra un huevo que le pide que lo coloque debajo de su mamá –la gallina-, pues de lo contrario no podrá nacer; la primera persona de un carro arrastrado por dos bueyes es la narradora de “El carro de bueyes de Cholila”; los ingredientes para hacer sopa (sal, apio, acelga, rabanito y otros) deciden jugar al voley dentro de una olla en “Hay sustos que te vuelven equilibrista” y, por último, “Villa Alegría” presenta a un bebé que aún permanece en la panza de su mamá y, sin embargo, comenta lo hermoso que es el mundo.

El libro contiene dos inteligentes apéndices, uno de Bertha Bilbao Richter dirigido “A los padres, abuelos y docentes” y otro en que Cristina Pizarro realiza un análisis de la colección de cuentos.

Cecilia Glanzmann nació en Bell Ville, Córdoba, pero desde hace tiempo reside en Trelew, Chubut. Es docente y ha publicado varios libros para niños y adolescentes, integra numerosas antologías y ha intervenido en un sinnúmero de manuales y textos escolares.

Germán Cáceres