Las marismas

de Arnaldur Indridason
(Nuevo Extremo / RBA Libros, Buenos Aires, 2009, 288 páginas)

El autor nació en 1951, en Reykjavik, Islandia. Poco se sabe en la Argentina de la literatura de ese país, salvo que Halldor Kiljan Laxness, un escritor con una vasta obra, de la que se destacan Gente independiente y Salka Valka, obtuvo en 1955 el premio Nobel.

Indridason ya ha escrito diez novelas policiales (entre ellas la estupenda La mujer de verde), y ha recibido numerosos premios, como La Llave de Cristal (2002) a la mejor novela nórdica del género, otorgado por el libro que se comenta, cuyo título hace referencia a un barrio de la capital islandesa. El relato comienza como un clásico de la novela de intriga: el inspector Erlendur Sveinsson inicia la investigación del misterioso asesinato, en su propia vivienda, de Holberg, un camionero de sesenta y nueve años. Esta pesquisa lo lleva a entrevistar a numerosos y variados personajes, y la trama –en la que abunda la elipsis- se ramifica con sorpresas y ambigüedades que conducen a nuevos laberintos narrativos. El suspenso crece permanentemente y no deja de perturbar al asombrado lector, y la narración adquiere a tramos el encanto de esas buenas series televisas norteamericanas (Los Soprano, Dr. House), que ofrecen, sin interrupción, una catarata de hechos y personajes. Arnaldur Indridason demuestra poseer una imaginación y un ingenio superlativos.

La prosa, de admirable concisión y claridad, está vertida con soltura por la excelente traducción de Kristin Arnadottir. Los diálogos impecables son cortantes y precisos, sin circunloquios innecesarios.

Según la novela, Reykjavik padece constantes precipitaciones (“Tal vez esta lluvia sólo fuera un simulacro del Diluvio, pensó a través del humo azul del pitillo”), lo que otorga melancolía y tristeza a Las marismas, además de un tono sombrío y desolado ya que “tampoco creía (…) en que el comportamiento de los hombres en esta vida influyera en su destino final hacia el cielo o el infierno. Erlendur pensaba que la vida misma era una mezcla de esos dos últimos lugares”. La materia policial deviene en una historia horrorosa de crímenes aberrantes, violaciones e incestos, que son el resultado de inmensas tragedias familiares. Más aún: el protagonista –que está separado- mantiene una relación muy conflictiva –casi insuperable- con su hija Eva Lind, que ha caído en los desbordes de la drogadicción.

Una novela pródiga en creatividad, que renueva el género policial, el cual, a medida que pasan los años, parece incrementar su vigor y permanencia.

Germán Cáceres