El sentido de un final

de Julian Barnes
(Editorial Anagrama, Barcelona, 2012, 192 páginas)


Cuatro estudiantes integran un grupo de amigos que evoca al de Metrolandia (1980), una novela anterior de Julian Barnes. Estos jóvenes están ávidos de conocimiento y emiten agudas argumentaciones: Tony, el protagonista, sostiene: “A veces pienso que el sentido de la vida es menoscabarnos para que nos reconciliemos con su pérdida final, demostrando, por mucho tiempo que tarde, que la vida no es tan buena como la pintan”. También esos mosqueteros modernos evidencian un extraordinario idealismo unido a una omnipotencia que los hace despreciar a los padres. La novela registra cómo las costumbres adolescentes cambian velozmente, incluso lo percibe el mismo Tony, que confiesa “Al oír esto me sentí como un superviviente de una cultura arcaica, obsoleta…” A juzgar por los intentos amorosos de este círculo, se sugiere que los sexos no se encuentran ni se entienden. No obstante ser un libro de muy agradable lectura, refleja un sabor amargo sobre la vida, la amistad y el amor.

El sentido de un final exhibe un gran escepticismo sobre la Historia, o más bien acerca del acceso a la verdad: “Pero hay una corriente de pensamiento según la cual lo único que se puede decir realmente de cualquier suceso histórico, incluso, por ejemplo, de la Primera Guerra Mundial, es que ´ocurrió algo¨”, plantea Adrián, el más inteligente y preparado del cuarteto.

Barnes va narrando una historia sencilla y lineal, pero hacia la mitad del libro se advierte de que los sucesos principales se ignoran, sobre todo los hechos que llevaron a Adrián al suicidio. Y comienza el suspenso ante el talentoso rompecabezas narrativo que urde el autor. En los últimos tramos, la novela desemboca en un final desgarrador y muestra a un Tony sesentón, jubilado y prácticamente solo.

El sentido de un final es un texto conmovedor y desliza la sensación de que los seres humanos sólo atinan a cometer errores, y de esta forma obliga al lector a meditar sobre su propia existencia.

Julian Barnes (Leicester, 1946) figura entre los mejores escritores en lengua inglesa y ha recibido innumerables galardones. Por este libro mereció el prestigioso Premio Booker.

Germán Cáceres