Ardiente memoria del 8 de marzo y los días de las mujeres

El 8 de marzo se conmemoró el Día Internacional de la Mujer, por iniciativa de la luchadora obrera socialista Clara Zetkin. La fecha evoca, por un lado, la realización en 1857 de una marcha convocada en el mes de marzo por el sindicato de costureras de la compañía textil de Lower East Side, de Nueva York, que reclamaban una jornada laboral de sólo diez horas, y también la huelga de marzo de 1867 de las planchadoras de cuellos de Troy, también en Nueva York. Al mismo tiempo, una multiplicidad de luchas que las mujeres sostuvieron en diversas latitudes del mundo ancestralmente.


Pero cabe señalar que el 8 de marzo como fecha emblemática de lucha por los derechos femeninos es de algún modo un cruce de historias, en las que hechos y situaciones construyen un panorama complejo.

Como el movimiento de mujeres, como todo movimiento social, no ha sido y no es homogéneo, ciertos hitos históricos marcan u orientan conductas y generan enfrentamientos o confluencias. Pongamos por caso la Primera Guerra Mundial, la Revolución Rusa de 1917, la lucha por el derecho al sufragio femenino, los enfrentamientos entre socialistas revolucionarias, sufragistas y anarquistas. Y también cabe señalar la importante experiencia de las Mujeres Libres durante la Revolución Libertaria en España (1936-1939).

Hay que destacar también la creciente organización de las mujeres en los sindicatos, que ya desde los albores del siglo XX la actividad en la Argentina tiene ejemplos emblemáticos como los de Virginia Bolten, Juana Rouco Buela, María Collazo, Luisa Lallana o Carolina Muzzilli.

El presente muestra un creciente protagonismo femenino en las luchas de los movimientos de campesinos pobres, en la defensa del medioambiente, en los conflictos por la salud y la educación pública y en muchos otros ámbitos.

Nos parece importante debatir sobre los días de las mujeres en las sociedades en las que abunda el doble discurso y la doble moral patriarcalista.

El 8 de marzo es una fecha que debe interpelar nuestras conciencias más allá de los géneros estereotipados por los macropoderes dominantes en la sociedad.

Las luchas siguen
La sociedad patriarcal capitalista, con su doble discurso, pretende banalizarlo todo. La maquinaria de propaganda y publicidad nos muestra a las mujeres limitadas al ámbito doméstico sacando brillo a los muebles, exhibiendo sus cabelleras glamorosas y así continúan los simulacros y la opresión.

A pesar de la parafernalia mediática, las mujeres siguen pujantes y autoorganizadas resistiendo en los más diversos ámbitos de la sociedad, desmintiendo los infames estereotipos.

La única posibilidad de alterar este oprobio es que a través de una mutación radical de las estructuras vigentes se dé la emancipación integral de todos los seres humanos, y que construyamos una sociedad que no se sostenga en el sufrimiento y la explotación de las personas y mucho menos su sometimiento en razón de sexo, género y cualquier otra coartada que busque justificar la servidumbre.

Flora Tristán
Flora Tristán nació en la ciudad de París en 1803. Fue una de las precursoras de la organización del movimiento obrero.

Antes que Karl Marx y Friedrich Engels redactaran el Manifiesto Comunista en 1848, ya en 1843 Flora impulsó la formación de Unión Obrera Internacional en la línea de pensamiento anarquista de Pierre J. Proudhon y Mijail Bakunin.

Su labor de propagandista se destaca en sus propuestas y su lucha en pro de la emancipación de las mujeres.

Publicó en 1848 un libro de avanzada titulado La emancipación de la mujer, en el que analizó las causas y factores de la opresión y concluyó que la propiedad privada cumple un singular papel en ese proceso: la sociedad patriarcal ha sometido a las mujeres y las cosifica apropiándose de sus cuerpos.

Una sus biógrafas señala que la obra de Flora Tristán tuvo una importante influencia en las luchas feministas y proletarias del siglo XIX y XX.

Su obra marcó un antes y un después en el pensamiento socialista. La agudeza de sus análisis, su estilo imaginativo y potente hace vibrar a sus lectores y los incita a la acción transformadora.

En una carta al socialista Víctor Considerant le dice: “Tengo a casi todo el mundo en mi contra. A los hombres porque demando la emancipación de las mujeres, y a los capitalistas porque exijo la emancipación de los asalariados”.

Su labor de luchadora social, le valió la persecución judicial y policial por las ciudades de Marsella, Ruan y Lyon.

Precursora de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT) o Primera Internacional, murió en 1845.

Sus restos yacen en el cementerio de Chautreaux y a su entierro asistieron, entre otras, figuras como la de George Sand, Víctor Hugo y Auguste Blanqui.

Luisa Lallana
La historia oficial suele reservar espacios marginales o bien ni siquiera ésos sino un rotundo silencio para quienes se empeñan en la transformación revolucionaria de la sociedad. Si además se trata de una mujer obrera, está condición suele agravar lo antedicho.

Es por eso, que con estas líneas queremos evocar a una joven anarquista asesinada en la heroica y cruenta huelga portuaria del 8 de mayo de 1928.

Por esos días, gobernaba el país Marcelo T. de Alvear y Rosario vivía en plena agitación. El puerto, punto neurálgico de la región, era el foco de la lucha de clases lisa y llana.

Luisa Lallana, joven proletaria perteneciente a la Federación Obrera Local adherida a la Federación Obrera Regional Argentina V Congreso, se sumó solidaria al movimiento de protesta obrera y en medio de una multitudinaria manifestación a orillas del Paraná un rompehuelgas acabó con su vida.

Pero la memoria popular y colectiva persiste, a pesar de todo, y el nombre de Luisa Lallana continúa siendo para las mujeres trabajadoras un símbolo imperecedero de la lucha contra las injusticias sociales.

Carlos A. Solero
Buenos Aires, 10 de marzo de 2014