Agradecimiento a Víctor Raúl Soumérou

Socio y amigo de nuestra Biblioteca, con una amplia trayectoria, ha decidido volver a Francia, y nos ha legado incalculables volúmenes de su valiosa colección para que formen parte de nuestro catálogo. Quisimos distinguirlo, pero su modestia impidió la realización de un acto formal. Por eso, publicamos aquí su respuesta, que termina premiándonos a nosotros. Sus libros ya están catalogados y fueron ubicados en un sector especial de la Biblioteca, bajo su nombre, a disposición de quienes deseen consultarlos.

Estimados señores de la Biblioteca

Acabo de leer su email en el que me agradecen el aporte de libros a la Biblioteca y agradezco a mi vez sus palabras y sus propuestas. En realidad siento -y lo siento de verdad, a nivel profundo- que quien debe regocijarse con el nuevo “domicilio” de todos ellos, soy yo... Cuando uno ha trabajado largamente con esos cálidos y casi secretos amigos que son los habitantes de cualquier biblioteca personal, no puede sino establecer con ellos una suerte de relación directa, y sobre todo profundamente afectiva... abandonarlos, de pronto, por razones personales no puede generar otro sentimiento que el que genera todo abandono... tristeza, lamento, casi imposible espera de recuperación y finalmente algo muy parecido a la decepción “sabiendo” en cierto modo que ya nunca volverá a convivir con ellos como en el pasado...

Frente a este análisis apresurado, las disyuntivas son muy pocas... dejar dormir tantas páginas en alguna biblioteca personal... la mía u otra semejante... o desechar ese sueño paralizante mediante una estructura que les permita seguir siendo leídos, por muchos o por pocos, pero siendo leidos... Nada mejor para esos fines que una biblioteca popular...

Esto que estoy escribiéndole es poco más o menos el fruto de un sentimiento profundo mío... y de él surge la convicción de que el mejor destino que puede dársele a libros que uno debe “abandonar” por razones personales variadas y enteramente válidas, es dejarlos en manos de quienes los proyectarán hacia un público variado y ansioso de lectura.

Les ruego que tomen las palabras de este mensaje como agradecimiento a las que Uds. muy gentilmente me destinaron en el email en el que me invita a participar de un encuentro en la Biblioteca... Soy particularmente emotivo y sobre todo soy conciente de ello... Trato de evitar tantas veces como sea posible situaciones positivas que las circunstancias puedan transformar en emotivas... prefiero entonces dejar en sus manos y en las de sus colaboradores que tan amablemente me reciben y reciben para cuidarlo el caudal de páginas que dejo para que su única función -la de llegar a la gente- pueda cumplirse, el total manejo de todos esos textos que me acompañaron tantos años... Prefiero que el agradecimiento por el traspaso de mi biblioteca a la que Ud y sus colaboradores le dan un hálito vital sea para todos cuantos escribieron para beneplácito de sus lectores, esos miles de páginas que dejo en sus manos con la convicción de que estoy haciendo lo correcto. En cuanto a su ofrecimiento de contacto directo con gente ligada a la Biblioteca, le ruego que tome estas palabras que estoy escribiendo como reemplazo de mi propia presencia… Sé, como le adelanto más arriba, de mi fuerte emotividad y prefiero que estas palabras reemplacen mi presencia en el acto al que hace alusión en su mensaje y que le agradezco...

Esta circunstancia me inclina, no exactamente a rechazar su amable propuesta sino a pedirle encarecidamente que me disculpe por esto que estoy comentándole y que resulta, en definitiva una prudente disculpa por no participar, como Uds. me lo propone, en la presentación de una próxima película a exhibirse en la biblioteca. El reconocimiento de esa Biblioteca está implícito en la aceptación de los que fueron mis libros y en la seguridad que tengo de que estarán a disposición de quienes los soliciten... Será sin duda ésta la mejor prueba de que acerté al decidirme por Ustedes cuando llegó el momento de elegir dónde dejarlos en mi ausencia. Ese solo acto me colma y reemplaza con creces cualquier otra posibilidad de reconocimiento de parte de quien fuere.

Les agradezco de todos modos la propuesta y le reitero el pedido de que ponga a cuenta de mi emotividad este rechazo que de ninguna manera ignora su amabilidad así como la del personal en general de esa casa de cultura que tantas veces cuanto estuve allí me manifestó su simpatía, su amabilidad y sobre todo su buena disposición para con los que fueron mis libros y hoy y en lo sucesivo lo son de cuantos quieran solicitarlos para su lectura.

Los saludos, a Uds. y a sus colaboradores con toda mi cordialidad y mi reconocimiento

Víctor Soumérou