Union Atlantic

De Adam Haslett
(Ediciones Salamandra, Barcelona, 2010, 320 páginas)



La novela transcurre entre julio de 1988, a punto de estallar la Guerra del Golfo (2-8-1990/28-2-1991), y la Invasión a Irak, que se inicia el 20-3-2003.

En ese período, Doug Fanning deja la armada y ingresa con sumo éxito al circuito bancario de Boston. Allí, junto a su jefe Jeffrey Holland, conducen el banco comercial y regional Union Atlantic y lo transforman en un conglomerado de servicios financieros de nivel internacional. Adam Haslett (Rye, Nueva York, 1970) explica a la perfección cómo este grupo de empresas maneja sus negocios, pues conoce al detalle las maniobras temerarias de estos financistas que desbordan crueldad –sus diálogos son implacables- y codicia. Curiosamente se comenta que “Durante años Argentina había sido la niña bonita del Fondo Monetario Internacional; (...) Al menos así había sido hasta diciembre de 2001, cuando el nuevo gobierno (...) dejó de pagar ochenta mil millones de dólares” / “En Argentina, la clase media estaba rebuscando en los cubos de basura”.

Corresponde destacar que en este mismo lapso, con mayor precisión el 15/9/2008, se produce la quiebra más importante de la historia, la de Lehman Brothers, en medio de la crisis de las hipotecas, que tanto afectó (y sigue afectando) a la economía de los Estados Unidos. Como escribe Claudio Zeiger en Radar del 13.11.11: “el paraíso del propio bienestar también es parte de la pesadilla del resto del mundo”. Todo este clima ilegal y delictivo que se oculta tras la fachada de la libertad de los mercados es lo que se describe en Union Atlantic.

El diseño de los personajes es convincente Así, el ritmo patológico propio de las transacciones virtuales provoca una tremenda alineación en Doug, en Jeffrey y, además, en Henry Graves, presidente de la Reserva Federal de Nueva York. Este último llega a opinar que “Las regulaciones no son más que un ardid para tapar el robo organizado y sólo convencen a la opinión pública”. Hay otros dos protagonistas significativos, ajenos al ámbito de las finanzas, como Charlotte Graves –hermana de Henry- y Nate Fuller, un estudiante de diecisiete años.

El autor se sumerge en los antecedentes familiares de Doug, Henry, Charlotte y Nate. Todos quedaron muy marcados en la infancia, especialmente la mujer y el adolescente, que padecen conflictos interiores que los hunden en la desesperación.

Haslett introduce una nota de humor, a la vez que castiga con el ridículo a Jeffrey y a su alcohólica esposa Glenda, que ofrecen a sus conocidos y amigos una aparatosa y glamorosa reunión para ostentar su sólida posición económica. Son incontables los reveses e inconvenientes que ocurren, como si se tratara de una remake de la película La fiesta inolvidable (1968), dirigida por Blake Edwards y con Peter Sellers.

Adam Haslett es un extraordinario narrador que utiliza la elipsis y procedimientos cinematográficos como el flashback y el flashforward y logra, de este modo, generar en el lector constantes sorpresas. Y salta con soltura de una prosa directa, ágil y cortante, a otra serena, plena de bellas imágenes: “...allí donde, delante del cielo gris plomizo, las alas negras y naranja de las mariposas danzaban bajo los últimos haces de luz...”. Es indudable que contó a su favor con la idónea traducción de Ismael Attrache Sánchez.

Esta fascinante novela fue traducida a diez idiomas y, en 2002, el autor obtuvo el PEN New England Award por su libro de relatos Aquí no eres un extraño.

Germán Cáceres

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