Novelas

de Paulina Movsichoff
(SLL, San Luis, 2012, 222 páginas)


Este hermoso libro de tapa dura y excelente tipografía lo editó el Gobierno de la provincia de San Luis en ocasión del Bicentenario de la Revolución de Mayo. Consta de dos novelas, Sombra de mi bien esquivo y Fuegos encontrados.

La primera toma el título de un verso de Sor Juan Inés de la Cruz (“Detente, sombra de mi bien esquivo”), al que también utiliza como epígrafe. Dado que está narrada en la primera persona de Ludmila Katz -de vocación escritora- y presenta incontables detalles de varias ciudades (ella vive en Ecuador y en México, como lo hizo Paulina Movsichoff) a ratos se tiene la sensación de estar leyendo una novela autobiográfica. Es más, cuando la protagonista explica su estilo (“Sé que no estoy narrando en orden, que mi escritura es sinuosa y zigzagueante”), describe el de la misma autora, de gran fluidez y espléndidas imágenes.

La accidentada vida sentimental de Ludmila despierta el interés y la curiosidad del lector, y otorga a la obra un sesgo eminentemente romántico. Esta circunstancia le permite a Movsichoff desarrollar su sensibilidad (“La música parecía provenir de otro mundo, como si el autor estuviese libre de las pasiones humanas, de ese lado oscuro de nuestra alma que casi siempre permanecía cerrado a nuestro conocimiento”), aunque ello no le impide referirse a los crímenes y al espanto de la última Dictadura Militar (“El horror era una nueva presencia a la que era imposible acostumbrarse, ese octavo pasajero al que debíamos tratar de ignorar para que la locura no nos inundase”).

Movsichoff cita escritores, músicos y filósofos a través de los profundos diálogos de los personajes intelectuales, quienes no ocultan los requerimientos imperiosos de la vida cotidiana.

Fuegos encontrados recibió el Premio “Juan Rulfo” para primera novela, México, 1981, y el del Círculo de Lectores, Buenos Aires, 1985. Su prosa –serena y plena de colorido- adquiere una elegancia y belleza exquisitas.

La elaborada trama transcurre en la época de Rosas, con la lucha entre federales y unitarios como telón de fondo. Asimismo están los malones, y se señala que los blancos poseían cautivas indígenas. Hay un vocabulario rico acerca de los dioses, costumbres y ritos de los aborígenes patagónicos, sobre todo de mapuches y araucanos.

También se desprende un hálito romántico que envuelve a casi todos los personajes, e incluso a los secundarios, que están cincelados con convicción. Sin embargo, la muerte es una presencia constante que visita inexorablemente a varios de ellos y Fuegos encontrados alcanza entonces un intenso y poético sesgo melancólico. La autora despliega una inusual inventiva y una fértil imaginación para poblar la narración de numerosas historias que se imbrican entre sí.

Un libro muy recomendable con dos notables novelas que se leen con sumo placer.

Germán Cáceres