Pálido criminal

de Philip Kerr
(RBA Libros, Barcelona, 2009, 384 páginas)

Éste es el segundo título de los seis escritos por el escocés Philip Kerr (Edimburgo, 1955), que conforman la serie Berlín Noir, y de la cual ya se ha comentado en esta página su primera entrega, Violetas de marzo.

Uno de los rasgos más interesantes del libro es mostrar cómo el nazismo se nutrió del espíritu de sectas secretas, del ocultismo y de las más diversas e insólitas corrientes esotéricas. Subraya que hasta Heinrich Himmler se vio subyugado por este mundo.

Como ocurrió con Violetas de marzo, Kerr suministra documentados datos, como la llamada “Noche de los cristales rotos”, un progromo que tuvo lugar en el transcurso de la noche del 9 al 10 del noviembre de 1938, durante el cual se asesinaron a más de noventa judíos. También menciona que ese año Hitler logró la anexión a Alemania de Austria y de los Sudetes. El personaje de la saga, el ex policía y ahora detective privado Bernhard (Bernie) Gunther (que se ve obligado por Reinhard Heydrich a regresar a su anterior puesto) crítica ácidamente el Pacto de Munich, en el que Chamberlain y Daladier hicieron tantas concesiones al Führer. Otros notables personajes históricos que intervienen (además de los citados Himmler y Heydrich) son Arthur Nebe, Hans Lobbes, Fritz von der Schulenburg, Julius Streicher,Graf Helldorf, Karl Maria Weisthor y Otto Rahn (éste último fue un medievalista que escribió varios tratados sobre esoterismo).

El enigma se centra en las misteriosas violaciones y posteriores asesinatos de bellas adolescentes arias. La investigación lleva a Bernie a consultar textos que estudiaron la supuesta patología del terrible asesino serial Peter Kürten (más conocido entre nosotros por el filme de Fritz Lang, M, el vampiro negro, de 1931), y llega a la alarmante conclusión de que “no estaba loco (...) en tanto que sus actos no eran ni totalmente compulsivos ni plenamente irresistibles, sino crueldad pura y sin adulterar”.

El clima berlinés está logrado, y Kerr condena las atrocidades que estaba cometiendo el nacional socialismo (“Sobrevivir, especialmente en estos tiempos difíciles, tiene que contar con una hazaña de algún tipo. No es nada fácil conseguirlo. La vida en la Alemania nazi exige que trabajes para lograrlo. Pero, habiendo hecho lo necesario, te queda el problema de darle algún sentido. Después de todo, ¿para qué sirven la salud y la seguridad si tu vida no tiene sentido?”)

Uno de los atractivos de esta saga es la polifacética y compleja personalidad de Bernie Gunther, narrador de la novela. Sobresale por el humor e ironía de sus comentarios: “Este verano Berlín suda tanto como el sobaco de un panadero” / ”Su sonrisa parecía el teclado de un viejo piano muy desafinado” / “Tener montones de dinero no suele ser ninguna garantía de tener también buen gusto, pero puede hacer que su falta salte más a la vista”. Además, es un solitario que debe soportar largos períodos de abstinencia sexual y lo asaltan ensoñaciones en cuanto ve a una hermosa mujer: “y el roce sibilante de sus medias atrajo mis pensamientos hasta su parte superior, hasta sus ligas y finalmente hasta el paraíso de encaje que imaginaba que existía allí” / “observé cómo descorría las cortinas para mostrar un hermoso día de verano y deseé que hubiera podido mostrar su cuerpo desnudo con la misma facilidad” / “lucía un escote peligroso como un abismo”.

Pero asimismo suele dejarse arrastrar por actitudes agresivas. Es un duro que no vacila en darle una paliza a un delincuente para que confiese. Tampoco duda en hacer justicia por sí mismo, y ejecuta a un asesino que podría quedar libre por sus sólidos contactos con la jerarquía del régimen. Estas características le otorgan convicción al personaje, porque bajo el nazismo ¿podía un detective privado no sentir la brutalidad como una forma natural de expresión?

Excelente la traducción de Isabel Merino.

Germán Cáceres