Origami

de Eduardo González
(Libros del Náufrago, Buenos Aires, 2011, 120 páginas)

Mizuki explica que “El origami es el arte de plegar el papel, de darle forma. Y así es la vida. De acuerdo a los pliegues que vos realices, así será el resultado de tu obra...”

Lara, su nieta y protagonista, es una adolescente que se propone conocer sus raíces, ya que su madre es una melancólica que parece carecer de pasado y está casada con un hombre al que desprecia. Se va gestando entonces una melancólica atmósfera de misterio y suspenso porque tampoco se sabe qué está sucediendo y se teme por las tremendas sorpresas que puede deparar el futuro. Este doloroso itinerario respira una honda y poética ternura.

Origami apela a un intertexto funcional, ya que la heroína está leyendo Por quién doblan las campanas, y se citan párrafos de la novela de Hemingway, que bien pueden referirse a su amor hacia Manque, un joven mapuche que estudia el violín, hecho que permite desplegar la gran pasión que por la música barroca siente la pareja. La narración asume de esta forma un tono intensamente romántico: “Lo abracé buscando su calor. Lo besé buscando el aliento de su vida”.

De paso, González se da el gusto de introducir en esta trama original jugosos datos sobre la lengua asturiana y sobre las tradiciones japonesa y mapuche.

La novela adquiere un tono confesional porque la protagonista está escribiendo su diario, pero lo hace como si conversara con el lector, mediante una prosa suelta, amena, que no descuida el énfasis y que abunda en creativas metáforas y brillantes símiles.

La formación psicoanalítica del autor le permite registrar con convicción un vínculo marcado por el síndrome de Estocolmo, que se define, asimismo, con suma simplicidad: “...era común que las personas en cautiverio, sometidas a tormentos y situaciones de intenso sufrimiento, se enamoraran de sus captores”.

Eduardo González, que ha escrito maravillosos relatos de aventuras (dos de ellos, Sangre negra y El regreso del fantasma de Gardel, se comentaron en este sitio) aporta ahora una cautivante novela que denuncia las atrocidades cometidas por la última dictadura militar haciendo prevalecer, por encima del dolor, los sentimientos positivos: “Estoy segura de que hay un momento, un único momento en la vida, en la que se produce una grieta y una descubre de qué se trata vivir. Un instante de vértigo”.

Germán Cáceres