Muerte y vida de Bobby Z

de Don Winslow
(Editorial Sudamericana, Serie Roja & Negra, Buenos Aires, 2011, 288 páginas)

Don Winslow (Nueva York, 1953) es un reconocido escritor de novelas policiales, que previamente fue detective privado, guía de safaris, actor y periodista, y cuya obra más conocida en la Argentina es El poder del perro (2005). Según cita en su brillante prólogo Rodrigo Fresán, el autor norteamericano se molesta cuando debe aclarar que no es el homónimo que escribe libros eróticos. Suponemos que aún más contrariado se sentirá con su antecedente historietístico –que tal vez ignore-: Don Winslow de la Armada (1934), de Frank V. Martinek y con dibujos de Leo Beroth y Carl Hammond, tira que defendía el intervensionismo en Latinoamérica para derrocar a dictadores opuestos a los intereses de los Estados Unidos.

La mención de Fresán está motivada en el hecho de que en esta novela el narcotraficante Bobby Z y el delincuente Tim Kearney funcionan como dobles, es decir se reemplazan mutuamente. Y según el nombrado director de la serie Roja & Negra: “Desde el principio de los tiempos, la figura del doble –las narraciones sobre el doble- gravitan sobre nosotros y nos miran mirarlas”.

Winslow narra con agilidad, dinamismo y desparpajo, ya que no titubea en usar numerosas malas palabras en los parlamentos y en la misma prosa. Su puntuación parece telegráfica y emplea una jerga convincente que atribuye a las mafias mexicana y norteamericana. No deja de señalar que la famosa DEA, agencia que depende del Departamento de Justicia de su país y que lucha contra el consumo de drogas, está ligada a los negocios de los narcos.

En esta magistral Muerte y vida de Bobby Z, que se lee con fruición, abunda la acción y un ritmo trepidante: persecuciones, crímenes, subtramas, violencia, numerosos personajes secundarios, múltiples situaciones y continuos cambios de escenario, como si la narración retomase el espíritu de los seriales. Estos elementos, en un principio dispersos, son ensamblados por Winslow con talento y verosimilitud. Los setenta y nueve breves capítulos funcionan como un montaje paralelo propio del cine.

La inteligente traducción de Eduardo García Murillo permite apreciar las virtudes de la escritura de Winslow, que refiere con soltura los pensamientos de los personajes. La precisión de sus descripciones no impide que ciertos tramos adquieran singular inspiración (“Las estrellas parecen tan cercanas que podrías besarlas”/”Una sonrisa que era como el sol, y una risa que hacía cantar al aire”). Notables y funcionales los diálogos, que dan la impresión de salpicar sangre y disparar balas. Son muy impactantes las crudas escenas de sexo.

El humor aflora naturalmente, como si se tratara de una comedia negra: “...el hombre es propenso a asumir la idea de que, si guardas el dinero de otro el tiempo suficiente, empiezas a pensar que es tuyo”/ “-Mataste a un tipo, Kearney –prosigue Gruzsa. Tim se encoge de hombros. Mató a un montón de tipos en el Golfo y a nadie pareció importarle demasiado”.

El elogio de Sergio Vila-Sanjuán que figura en la solapa de la contratapa del libro es elocuente y certero: “Uno de los grandes maestros actuales del thriller”.

Germán Cáceres