Todo está perdonado

de Rafael Reig
(Tusquets Editores, Buenos Aires, 2011, 376 páginas)

La novela es una extensa confidencia de Antonio Menéndez Vigil, el cual formó parte de los servicios de inteligencia franquistas persiguiendo a sindicalistas y a grupos de ultraizquierda, y que aborda la historia de España desde la Guerra Civil hasta nuestros días -aunque a veces se remonta al siglo XIX- para afirmar que la famosa Transición (el Pacto de la Moncloa) se inspiró “en el mismo proyecto que impulsó Cánovas: un régimen oligárquico administrado por instituciones democráticas”. Todas estas reflexiones van acompañadas de sabrosos comentarios sobre fútbol, principalmente las Eurocopas: la de 1964, que ganó España; la de 1984, en la que fue finalista; y la de 2008, que volvió a obtener.

Rafael Reig (Asturias, 1963) logra una estupenda novela con un personaje indigerible como Menéndez Vigil, que llega sin ningún complejo a afirmar de sí mismo: “Ni me casé ni tuve hijos, y he sido capaz de aprender a vivir sin ser amado. No cuesta tanto, siempre que uno esté dispuesto a no querer a nadie. Ni siquiera a quererse a sí mismo”. Pinta el canibalismo ideológico de los funcionarios de origen franquista y su furia anticomunista y, por encima de todo, sus colosales negociados. Pero también hay personajes simpáticos y positivos, como Pachín, que se despacha con “la religión no es más que poder, igual que la economía. La teología es contabilidad. El misticismo es una garantía de liquidez, como un aval en el First National Bank”.

Sobre una mínima intriga policial (el asesinato de la joven Laura Gamazo) se desarrolla esta trama que considera que los mismos protagonistas del franquismo se encabalgaron sobre la naciente democracia española. Se afirma que los padres ganaron la guerra y que ahora sus hijos están conquistando la paz.

Todo está perdonado (ganadora del VI Premio Tusquets Editores de Novela) también relata la historia de dos familias tradicionales –los Gamazo y los Montovio- y se abre en numerosas ramificaciones que generan incógnitas que tardan en resolverse porque se cruzan con nuevas bifurcaciones. La narración se va tornando cálida y subyugante a medida que profundiza en los meandros psicológicos de los personajes, todos convincentes. La impronta es marcadamente realista, pero tiene giros hacia lo fantástico que citan entre otros fenómenos a un extraño galeón contaminado que encalló en Madrid.

La frase “Todo está perdonado”, que da título al libro, es un leit motiv que se repite en numerosas oportunidades e indica que de los crímenes de lesa humanidad y de la corrupción que los acompañó se hace borrón y cuenta nueva, como si no hubieran existido.

La prosa de Rafael Reig es rica y elaborada, con excelentes símiles e imágenes. Posee un extenso vocabulario, aunque utiliza expresiones y palabras empleadas en España pero desconocidas aquí. También demuestra poseer una vastísima cultura sobre cualquier tema que encare, por ejemplo al referirse a algunas definiciones del álbum Animales del mundo.

A lo largo de la novela Reig desliza pensamientos profundos, a la vez irónicos y escépticos que revelan su profundo conocimiento del ser humano: “Sólo él sabe en su conciencia el precio que tuvo que pagar, aunque a menudo la conciencia es como la ideología: cada uno tiene la que necesita para justificar su modo de vida”.

Germán Cáceres

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