Sarmiento, más allá de la educación

de Mauricio Lebedinsky y otros
(Capital Intelectual, Buenos Aires, 2009, 141 páginas)

Es raro encontrar una investigación histórica realizada con tanta objetividad, como si su premisa fuera establecer un distanciamiento brechtiano que permita al lector construir su propia interpretación de este personaje controvertido. Esta encomiable labor estuvo a cargo de un equipo formado por Arnaldo D'Ortona, Oscar Expósito, Claudio Falbo, Eduardo Kenevsky y Horacio Lafuente, con la dirección del citado Lebedinsky.

El ensayo se abre en varias direcciones. Así, con excelente y concisa prosa expone la biografía de Sarmiento (1811-1888), que patentiza entre otras facetas su exagerada autoestima y su carácter polémico y apasionado (no sólo como intelectual sino también como hombre). Pero a la vez ejecuta un recorrido profundo y documentado de la historia argentina de ese período, en la cual es inevitable no reconocer la intolerancia política y el mal funcionamiento de las instituciones.

Se transcriben varios pasajes de Facundo, de Viajes, de sus cartas, de sus discursos en el parlamento y de sus artículos periodísticos, que exhiben la prosa estupenda de Sarmiento, tan celebrada por los pueblos de habla hispana. Los autores destacan que en su trabajo intelectual “hay luces y también algunas sombras. Éstas, las sombras, fueron retratadas muchas veces sin piedad por sus opositores”. Carlos Pellegrini lo calificó como “el faro más alto y más luminoso de los muchos que nos han guiado”, mientras que los autores aclaran que “desde ciertas trincheras de la izquierda lo convirtieron en el ideólogo de la entrega”.

Los investigadores señalan que el sanjuanino poseía una fuerte vocación por las armas: “Su historia militar incluía que, en 1827, se había incorporado con el grado de teniente al ejército del general Paz y había participado en numerosos combates en la guerra civil. En 1851 había integrado el ejército de Urquiza como teniente coronel.” Y mencionan que en 1875 el Senado de la Nación le concedió el grado de general.

Se lo suele encasillar como un gran luchador por la educación —fue uno de los propulsores de la ley 1420 —, pero esta obra recalca que esa cruzada fue una herramienta que empleó con el fin de forjar su idea de nación “para entrar en el mundo de los países civilizados”. El proyecto, sintetizado en su célebre frase “Civilización o Barbarie”, lo utilizó para luchar con ferocidad contra Rosas. Según los investigadores, “El Gran Educador” entendía que la inteligencia se desarrollaba con el ejercicio, como si se tratara de un músculo, y refieren que sus ideas se nutrieron principalmente del romanticismo y de la experiencia norteamericana. Admiraba de Estados Unidos su espíritu democrático, la modernidad de sus instituciones y su promoción del progreso. Además, su importante paso por la masonería lo ayudó a pensar y a agudizar su estrategia política.

Sarmiento, más allá de la educación es un libro indispensable para todos aquellos que deseen ahondar en los derroteros de nuestra historia.

Germán Cáceres