No sólo del cuarteto vive Córdoba

Córdoba no es sólo la provincia de la música “cuartetera“, afortunadamente. (Me resisto a utilizar la palabra “música” para hablar del “cuarteto”. Creo que es un fenómeno que debe ser analizado y explicado por sociólogos y antropólogos y no por quienes amamos la música y, al amarla, tenemos que respetarla. El “cuarteto” se inició hace muchas décadas, y uno de sus primeros exponentes fue el “Cuarteto Leo”, un conjunto que vendía decenas de miles de discos en Córdoba pero que no trascendió a la ciudad de Buenos Aires. Los representantes actuales de esa corriente, sí apoyados por la visión acrítica de los medios de comunicación de masas, entraron en la capital).

Trío MJC

Luis Amaya (fundador de “Tres para el folklore”), Hedgar y Carlos Di Fulvio, Hilda Herrera, Daniel Homer, Manolo Juárez, Ica Novo, Suna Rocha, el Chango Rodríguez y Cristino Tapia, entre otros, también nacieron en Córdoba, provincia que además, hacia fines de los 60 y principios de los 70, supo desarrollar una suerte de Nueva Canción Argentina con creadores como Nora y Delia, Liliana Felipe, el Grupo Nacimiento y, fundamentalmente, María Escudero, una multifacética personalidad artística que no sólo descolló en el canto popular, sino también en la investigación cultural en nuestro país y Ecuador, en el trabajo con organizaciones populares contribuyendo en la generación de un movimiento de mujeres de sectores empobrecidos y que fue la creadora del “Libre Teatro Libre“. (María Escudero falleció a los 78 años, el 2 de abril de 2005 en Quito, Ecuador. Publicó dos personales discos en el sello Trova “Canto dimensión” (1968) y “De cuerpo entero” (1972), hoy lamentablemente descatalogados. En su último discurso, al recibir el Premio “Manuela Espejo” otorgado por el Concejo Metropolitano de Quito, expresó: “¿Quién soy? Una maestra primaria levantándose con los que no terminan de contar su verdad, ocultándola en el aula, en el patio, en el silencio, desde el miedo al conocimiento que provoca susto y desata sueños. Debo decirles que soy hija de la rabia y del grito latente contra los silencios y los ocultamientos, informadísima en literatura e hitos históricos, cuadrada en números y, sobre todo, funcional en muchas habilidades aprendidas en la vida. Sólo eso soy.”).

Todo este movimiento, tan rico en matices expresivos, fue borrado de un sablazo con la llegada de la dictadura en 1976 y la mayoría de sus cultores debieron partir al exilio.

En la actualidad, Córdoba sigue ofreciendo música de calidad y cada tanto tenemos oportunidad de acercarnos a ella. En el mes de julio de este año desembarcaron en el “ombligo de la Argentina”, esto es en nuestra bendita ciudad de los “Buenos Aires Macristas“, tres exponentes de esa propuesta que no cede a las presiones comerciales: el Trío MJC, Paola Bernal y Pablo Lozano. Aunque no tuvieron la atención de los grandes medios autodenominados “independientes”, (Independientes de la ética y la estética, pero dependientes del negocio).
“La Peña del Colorado” -lugar de la presentación- estuvo llena y quedaron espectadores en la puerta.

El Trío MJC está integrado por Jorge Martínez (piano y teclados), Pablo Jaurena (bandoneón y kalimba) y Mauro Ciavattini (saxo soprano, flauta traversa, quena y moxeño). Se creó en noviembre de 2005; ganó el Pre-Cosquín 2006 en el rubro “conjunto instrumental”; actuó en el Festival en 2006, 2007 y 2008 y también en España, junto a las Bandas Sinfónicas de Buñol y Denia (Valencia), interpretando un repertorio de música argentina en base a sus propios arreglos y orquestaciones, además de presentarse en muchos escenarios importantes de Córdoba.

Tres son sus características salientes: su atípica formación (piano, bandoneón, saxo, flauta y aerófonos) que no registra muchos antecedentes y le otorga singularidad al sonido del grupo; después, la importancia que se le otorga a los arreglos, elaborados por los integrantes del trío y que tienen mucha creatividad y originalidad; finalmente, la equilibrada amalgama entre conceptos propios de la música de cámara o académica, (esto seguramente vinculado con los orígenes de sus integrantes) y el lenguaje de la música popular. Las interpretaciones discurren con diálogos ricos entre los instrumentos y con un gran respeto por los silencios, algo no demasiado frecuente.

Estas virtudes se aprecian en “Arreglos”, su primer CD (2008). “Grito santiagueño” (Raúl Carnota), “Danzarín” (Julián Plaza), “Viejo corazón” (Polo Giménez), “Grillito” (Horacio Salgán) o “Donata Suárez” (Juan Falú) son algunos de los temas folklóricos y tangueros (no deja de llamar la atención la ductilidad que exhiben para manejar por igual los códigos del tango y los del folklore) que estos tres jóvenes y talentosos músicos recrean de manera admirable, con depurada técnica y expresividad, sin perder nunca la pertenencia a una raíz propia, la de la música popular argentina.

En ese contexto de grandes compositores que el trío “relee”, no desentonan los temas propios “Chucha” de Mauro Sabatini (un muy buen “divertimento” rítmico) y “Viento nocturno” de Jorge Martínez (un reflexivo aire de vidala introducido por el autor en teclados y seguido por un bello solo de bandoneón).

Paola Bernal, nacida en Cosquín, tiene una voz criolla, fresca, natural. Canta sin impostaciones equivocadas. Su propuesta está anclada en la tradición, sobre la que trabaja sin pretender renovaciones expresivas.

“Por el camino” es el título del disco que llegó a mis manos y a mis orejas. Tiene producción artística de Roberto Cantos (Dúo Coplanacu) y una instrumentación mínima: bandoneón, guitarra, bombo y charango (sólo en dos temas). El repertorio va desde “Piedra y cielo” (Atahualpa Yupanqui) hasta “La colina de la vida” (León Gieco), pasando por buenas versiones de “La nostalgiosa” (Eduardo Falú y Jaime Dávalos”), “Zambita para mi ausencia” (Hedgar Di Fulvio) o “Qué pena” (Alfredo Zitarrosa). A lo largo de los once temas, Paola hace todo sencillo.

Algún escalón abajo se ubica Pablo Lozano con su CD “Pan del agua”. Su trabajo es honesto, pero me da la impresión que, por momentos, falta flexibilidad en su voz y en su fraseo, afectado por una impostación no siempre natural. Su repertorio (reforzado por un buen acompañamiento instrumental) es, sin embargo, excelente, con obras de Ica Novo, el Chango Rodríguez, Violeta Parra, Atahualpa Yupanqui y también Alfredo Zitarrosa, entre otros.

Con matices propios y cada uno dentro de su estilo y nivel, el Trío MJC, Paola Bernal y Pablo Lozano demuestran que hay músicos argentinos preocupados por estudiar, por rescatar a los grandes autores y compositores, y por manejarse, “a pesar de los males” (Julio Lacarra dixit), por afuera de los circuitos más comerciales y adocenados, donde se repiten las fórmulas agotadas y se gana muy buen dinero. No es poco mérito.

Guillermo Fuentes Rey