El héroe discreto

de Mario Vargas Llosa
(Alfaguara, Buenos Aires, 2013, 392 páginas)


Dentro de su peculiar estilo, Mario Vargas Llosa (1936, Arequipa, Perú) parte de dos historias al parecer completamente ajenas, y les dedica sucesivamente un capítulo a cada una, y a la vez las amplifica en situaciones y personajes, hasta que avanzada la novela las engarza demostrando su maestría literaria.

En una de esas historias, Felícito Yanaqué, un exitoso empresario de transporte que reside en Piura, es extorsionado para que pague derechos de protección, pedido que rechaza dispuesto a perder su vida y la de sus seres queridos con tal de no traicionar sus principios. En la otra, el viudo Ismael Carrera, titular de una prestigiosa firma aseguradora de Lima (y amigo de Don Rigoberto), se casa con su joven sirvienta, y sufre el asedio de sus dos hijos que están dispuestos a anular su reciente matrimonio para quedarse con la futura herencia.

Yanaqué es un individuo íntegro porque su principal objetivo es ser leal a sus ideas. Vargas Llosa forja un clima de ambigüedad que pone en vilo al lector: no sabe qué rumbo tomará la novela porque ignora los propósitos de varios personajes. Además, presenta continuos giros de la acción y narra varios hechos del pasado junto con otros del presente entremezclando los diálogos. El escritor peruano logra cerrar esta ficción compleja con destreza narrativa, pero tal vez su final sea demasiado complaciente: los malos pierden en forma estrepitosa y los buenos viajan placenteramente a Europa.

El héroe discreto presenta varios temas, entre ellos los odios irreparables que suelen surgir entre padres e hijos. La sensualidad y el erotismo constituyen prácticas frecuentes entre el protagonista de Los cuadernos de Don Rigoberto y su esposa Lucrecia. (ambos y Fonchito también provienen de Elogio de la madrastra, así como el sargento de policía de Lituma en los Andes). Vargas Llosa reflexiona sobre el misterio de la condición humana: “Los seres humanos, cada persona, somos abismos llenos de sombras“/ “¿Podían ser sus días una secuencia preestablecidas por un poder sobrenatural como creían los calvinistas?” Más allá de las declaraciones reaccionarias que el escritor acostumbra a brindar a los medios, aquí expresa una visión negativa del periodismo actual cuando afirma a través de Rigoberto que su función “en este tiempo, o, por lo menos en esta sociedad, no era informar, sino hacer desaparecer toda forma de discernimiento entre la mentira y la verdad…” / “… apareciendo ahora casi a diario en esas hojas de un periodismo de cloaca, enfangado en un amarillismo pestilencial.” / “La televisión envenenaba a la gente con tanta sangre y porquería”.

No quedan dudas de que la prosa de Mario Vargas Llosa es una de las mejores en lengua española por su conciso desarrollo y sus precisas descripciones. Y no faltan las frases bellas y exquisitas: “Si hubiera habido sol, ésta sería la hora mágica de Lima. Unos minutos de belleza absoluta. La bola de fuego se hundiría más allá en el horizonte (…) representando, por unos minutos, ese espectáculo entre sereno y apocalíptico que anunciaba el comienzo de la noche”.

Mario Vargas Llosa ha obtenido los siguientes premios: Leopoldo Alas, Biblioteca Breve, el de la Crítica, Rómulo Gallegos, Cervantes, Príncipe de Asturias, PEN/Nabokov, Grinzane Cavour y el Nobel (2010).

Germán Cáceres

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