El amante de los caballos

de Tess Gallagher
(Anagrama, Barcelona, 2011, 208 páginas)


En los personajes de estos doce cuentos campea una búsqueda de la totalidad, de la huída a cualquier precio de la rutina cotidiana, tal como proclamaba André Gide (“Una vida patética, antes que la tranquilidad”). Así, la protagonista del cuento que da título al libro confiesa su intención de entregarse “... de lleno al primer deseo sucio que se apoderase de mí. Sumergirme en el corazón de mi vida y perderme sin piedad y para siempre”. En “Medidas desesperadas”, una chica de diecisiete años conoce fugazmente a Terence McBride, un treintañero que la deslumbra con su personalidad, pese a su condición de fanfarrón, mentiroso y por último atracador de bancos. Se trató para ella de una experiencia mágica, una epifanía a la que sólo acceden algunos privilegiados.

Otro tema importante lo constituye el pasado irrecuperable y el derrumbe físico y anímico que comporta la vejez, como surge en “La mujer que salvó a Jesse James” y en “Chicas”. Estos sentimientos se muestran más acentuados en “Malas compañías”, donde sobrevuela la certeza trágica y desgarradora de que ya no hay tiempo de modificar una vida que se agota y que no ha sido satisfactoria. Ello va unido a la angustia que se padece por la inminencia de la muerte, ese destino inexorable de abandonar este mundo de una vez y para siempre. Además, en “Aguarrás” se pone en evidencia el temor hacia el futuro incierto, como si el mundo y la existencia fuesen misterios inasibles.

Pero el panorama abarcado por la autora es rico, y comprende la violencia cotidiana del ciudadano norteamericano, sobre todo su actitud hacia los vagabundos. En “El Rey Muerte” un personaje dice: “Hay que disparar a matar. Y todos contentos. Si te limitas a herirle, te demanda para quitarte todo lo que tienes. Para estar dentro de la ley hay que matar”.

En “Beneficiarios” la mujer es víctima de la violencia moral masculina, pero en su afán de revancha tal vez no sólo arruine la vida de su esposo, sino la suya propia, situación similar a la planteada en “Malas compañías”.

Tess Gallagher narra y describe con suprema naturalidad, empleando frases precisas y de una fluidez cristalina. Su prosa es tersa y sumamente sutil para sugerir ideas y crear interés en el desarrollo de la historia. Abundan en el libro bellas imágenes (“Fue un día de relámpagos y plata, como un tesoro robado a un barco desprevenido en alta mar“). Esta calidad puede disfrutarse gracias a la magnífica traducción de Antonio-Prometeo Moya, que demuestra extremo cuidado en todos los detalles.

Tess Gallagher (Port Angeles, Washinton, 1943) ha escrito varios libros de poesía, de ensayo y de cuentos. En 1978 contrajo matrimonio con el notable escritor Raymond Carver (1938-1988).

Germán Cáceres

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