El mal menor

de C.E. Feiling
(Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2012, 200 páginas)


En su excelente prólogo Ricardo Piglia sostiene que “La experimentación a partir de los géneros es una de las grandes vías de renovación de la novela contemporánea (…) El mal menor no es un relato de terror sino un relato sobre el terror”.

Se trata de una extraña historia con personajes y sucesos raros, alejados de la realidad diaria, aunque transcurre en el barrio de San Telmo, que está descrito con esmero. La narración admite la existencia de fenómenos sobrenaturales y paranormales.

Nelson Floreal, un tarotista de origen uruguayo, es asaltado por insólitas visiones (p.e., dos hombres desnudos batiéndose a duelo de florete) a las que denomina visitantes. Estas imágenes Feiling las presenta con total naturalidad, como si formaran parte inevitable de lo cotidiano. En tanto Inés Gaos, dueña de un restaurante, ve a un hombre gigantesco –un prófugo- del que emanan olores desagradables.

Los dos personajes, como otros de la novela (Doña Adela, Alberto Lebaud, Mrs. Marjorie Murdoch, el Dr. Eustaquio) están apegados al espiritismo, la magia negra, la macumba, la brujería. Feiling enumera a gnósticos, ocultistas y magos célebres. También, por intermedio de Inés, que fue estudiante de Arquitectura, menciona a prestigiosos pintores, eminentes críticos e historiadores de arte y, por supuesto, a ilustres arquitectos.

En las páginas 113/115 el autor ofrece una explicación de este universo en el cual los visitantes son los protagonistas de sueños que habitan una dimensión paralela a la que sólo tienen acceso los arcontes, que están al cuidado del Cerco, frontera que garantiza ambas realidades (la común y la paralela) para permitir que el mundo “siga existiendo”. Este Cerco puede ser dañado por los prófugos, personajes soñados que llegan a corporizarse.

C. E. Fieling (Rosario, 1961- Buenos Aires, 1997) logra que aceptemos su convención fabulatoria mediante una estupenda construcción narrativa que se manifiesta a través de una prosa magnífica, serena, clara y de extraordinaria soltura. Los diálogos captan psicologías y situaciones y las imágenes convocadas son muy originales.

Hay detalles cruentos que revelan la frecuentación del cine de terror por parte del escritor, entre cuyos creadores cita a los directores Wes Craven y George A. Romero. Como apunta Piglia en el citado prólogo, “El mal menor (…) ha sido un acontecimiento inquietante en nuestra literatura”.

El resto de la obra de C.E. Feiling lo conforman las novelas El agua electrizada (1992) y Un poeta nacional (1993), el poemario Amor a Roma (1995) y la compilación de trabajos críticos y periodísticos Con toda intención (2005). El mal menor es de 1996.

Germán Cáceres

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