Jezabel

de Irène Némirovsky
(Salamandra, Buenos Aires, 2013, 192 páginas)


En la contratapa del libro se lee: “el New York Times, por ejemplo, la consideró en su día `la sucesora de Dostoievsky´”. Es que paulatinamente en la novela crece un clima irrespirable de almas torturadas y de inminente tragedia.

Gladys Eysenach, su protagonista, temía el paso del tiempo porque al envejecer se pierden belleza, ideales y amores; además, gozaba asistiendo a fiestas y seduciendo a admiradores que enloquecían por ella (“Estaba rodeada de hombres enamorados y tan habituada a las promesas, las súplicas, las lágrimas, como un alcohólico al vino…”) Como el Don Juan de Ingmar Bergman (El ojo del diablo, 1960), ella era amada pero tenía la desgracia de no saber qué significaba amar.

Jezabel se inicia con un juicio en el cual se acusa a Gladys de asesinar a un amante mucho menor que ella, Bernard Martin, y se comprueba a través de los comentarios de los jueces y del público asistente, que París en los años treinta era una ciudad prejuiciosa respecto a la moral femenina. A medida que transcurre el juicio va surgiendo una nueva realidad, más amplia y sutil, y lo mismo ocurre en el desarrollo posterior de la novela, en la que a medida que se revela la existencia agitada de Gladys, se comprueba que a la vez la invade el hastío y la certeza de que la juventud se irá para siempre. Poco a poco se sumerge en un desmoronamiento psíquico incontrolable; su desplazamiento hacia el caos moral se vislumbra ineluctable. Ella creía en sus ensueños y disfrazaba sus propios recuerdos, y así se iba precipitando en una desesperada melancolía.

Los diálogos que plantea Némirovsky son convincentes, creíbles, palpitantes de verismo y llegan a su clímax en las escenas del juicio y en la discusión violenta, de pasiones desbordadas, que mantienen ella y Bernard en un final inesperado.

Gladys actúa como una moderna madrastra de Blanca Nieves y, aunque aggiornada, es tan malvada y psicópata como aquella reina: “Aceptaría todos los sufrimientos, todas las desesperaciones, a cambio de recuperar mi juventud”/ “Necesitaba estar segura de su poder, comprobar que era capaz de volver loco a un hombre, de hacerlo sufrir como antes. Cuando ellos sufrían, su corazón se calmaba unos instantes.”

La escritura se manifiesta bella y elegante, de una calidad y sensibilidad excepcionales: “En el fondo del corazón, siempre queda la añoranza de una hora, de un verano, de un fugaz momento en el que sin duda se alcanza el punto de floración.” La traducción del francés de José Antonio Soriano Marco es primorosa y refinada.

Irène Némirovsky (nacida en Kiev, 1903) se estableció en París en 1919 y fue deportada durante la Segunda Guerra Mundial a Auschwitz, en donde la asesinaron en 1942 junto a su marido, Michel Epstein. Luego de la publicación de su novela Suite francesa en 2004, la autora alcanzó un gran éxito de ventas y de crítica y se le otorgaron los premios Renaudot y del Gremio de Libreros de Madrid.

Germán Cáceres

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