De amores y desamores

de Marita Rodríguez-Cazaux
(Editorial Dunken, Buenos Aires, 2010, 104 páginas)


En esta impecable selección de diecisiete cuentos, la autora, como afirma Beatriz Isoldi en su magnífico prólogo, “maneja la palabra poética (…) saturada de significación (…) que ahora marca su prosa”. Además, hay que destacar el riquísimo vocabulario que emplea y sus frecuentes citas a la mitología griega.

Una original mezcla de realidad y sueño recorre el texto, creando un universo que tiene leyes propias. En “Duermevela”, la protagonista se sumerge en el mundo onírico; “La ventana azul”, en cambio, representa la pantalla televisiva que Adelina contempla obsesivamente, hasta que decide obviarla y opta por mirar la vida por el ventanal de su casa. “El amor transforma todos los sentidos” relata una misteriosa historia romántica que a tramos está por asumir una clave fantástica. Un acontecimiento maravilloso irrumpe en “Las Musas”, mientras que en “Estaba escrito”, el lector resulta atrapado por una historia signada por el esoterismo y el horóscopo.

Los seductores o amantes inescrupulosos también aparecen en De amores y desamores y son castigados de manera implacable como sucede en el ambiente de harén descrito en “Apenas fango”. Una sutil venganza cargada de ironía ejecuta una escritora en “Una justa decisión”. Es encomiable la tensión narrativa de “Mamá”, que parte de una intriga para, por último, desembocar en la venganza que ejecuta un chico contra su violento padre adoptivo. “La última reencarnación de Edipo” presenta a una madre posesiva que debe darse por vencida frente a un hijo que logra encontrar su destino a fuerza de voluntad y convicción.

Pero como no podía faltar un homenaje a la literatura por parte de esta premiada escritora que se desempeña también como coordinadora de talleres de cuento y poesía, “Eurínome y Ofión” respira por todos sus intersticios el exquisito aroma de los libros: un gran lector termina transformándose en un personaje trágico del ensayo Los Secretos del Olimpo. Y el soplo lírico aflora en “La caja” -que la protagonista extravía- en la cual guardaba los recuerdos de toda su vida. En definitiva, había perdido su pasado, situación que conduce a carecer de presente. “La hora del silencio” es una conmovedora historia de dos soldados que son amigos entrañables: en el citado prólogo Beatriz Isoldi sugiere que “aporta la idea del doble o del amigo imaginario”.

“Enteramenteentera” puede leerse como una irónica referencia hacia las parejas que confunden compartir esfuerzos con dividirse en forma maniática las tareas del hogar. En “Punto de acción”, una mujer decide encontrar un candidato en un supermercado y choca con el frustrante reino del consumismo. “Aritardo Inquino” es un tipo sumamente desagradable que por azar termina ayudando a la justicia. Una intriga irresistible plantea “Como los dijes de tu pulsera”, que concluye con un remate contundente. A su vez, “El séptimo mandamiento” pinta con naturalidad a una cleptómana.

Marita Rodríguez-Cazaux prueba con De amores y desamores poseer un dominio mayúsculo de la forma del cuento y una inagotable y fascinante imaginación.

Germán Cáceres