Con el agua al cuello

de Petros Márkaris
(Tusquets Editores, Buenos Aires, 2011, 328 páginas)

De Petros Márkaris (1937, Estambul) -que reside en Atenas y es responsable de los guiones de los filmes de Theo Angelopoulos La mirada de Ulises (1995) y La eternidad y un día (1998) - se han reseñado en este sitio dos de sus novelas, Defensa cerrada (2008) y Muerte en Estambul (2009).

Con el agua al cuello entrega un nuevo caso del comisario griego Kostas Jaritos, un peculiar personaje de muy honesta conducta, pero de ideas un tanto reaccionarias. Tampoco es un detective heroico que termina acostándose con una mujer fatal, sino un común padre de familia que sostiene pequeñas y domésticas rencillas con su esposa Adriani y su hija Katerina. Además, Jaritos resulta simpático por sus ingeniosos e irónicos comentarios.

Como telón de fondo aparece la actual crisis económica griega, la que si bien conmueve a través de las noticias que transmiten los diarios y la televisión, en esta novela se expone con crudeza la desesperación y la angustia que ha provocado en la población. Resulta patético cómo la gente fue privada de necesidades elementales. (“¡Cobro una pensión de cuatrocientos euros al mes! (...) ¿Qué alemán, francés o sueco puede vivir con cuatrocientos euros? Cada verano las islas se inundan de una marea de jubilados franceses, suecos y alemanes. ¡Y yo no puedo ver las islas ni con prismáticos, porque cuatrocientos euros al mes no dan ni siquiera para comprar prismáticos!”) Y Márkaris describe una Atenas abrumada por las manifestaciones, los reclamos, los embotellamientos de tránsito, las huelgas y cuyas paredes son empapeladas con carteles que invitan a no pagar las deudas concertadas con los bancos. Pero, aunque Jaritos padece en carne propia estas severas medidas, se abstiene de opinar sobre ellas.

El autor no deja de poner al descubierto la ferocidad de las calificadoras de riesgo que asesoran al Fondo Monetario Internacional y a la Unión Europea en la implementación de este impopular ajuste. Uno de sus funcionarios afirma con vehemencia: “Disculpe, pero a mí me parece lógico que los que más invierten, los que crean empresas y los que generan puestos de trabajo obtengan mayores beneficios y privilegios”. Y, respecto a las empresas de cobranzas, una señora mayor que presta declaración a la policía es lapidaria: “¡Unos animales, señor comisario, eso es lo que son! (...) Se te echan encima como buitres. Te molestan, amenazan a tu familia, asustan a tus hijos, no se detienen ante nada”.

A lo largo del libro, como una suerte de humorada –y fuente de alegría para el pueblo griego-, son decapitados en serie dos banqueros –uno jubilado y otro en actividad-, un alto ejecutivo de una calificadora de riesgo y un titular de una empresa de cobranzas que trabaja para los bancos. El lector supone que, una vez cometido el primero, los asesinatos van a continuar y, al aguardarlos con ansiedad, la trama se nutre de suspenso.

Es admirable la descripción que realiza el escritor de la astucia y agudeza que emplea Jaritos para encontrar pistas y luego relacionarlas mediante un férreo análisis que lo conduce al culpable.

Ersi Marina Samará Spiliotopulu fue la correcta traductora de esta excelente y amena novela, cuyos jugosos diálogos son realzados por una prosa sencilla y directa.

Germán Cáceres