No las hemos de olvidar
La disputa por las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes constituye uno de los ejes de la política exterior argentina. A diferencia de las narrativas centradas en la guerra de 1982, el reclamo se sostiene sobre argumentos jurídicos reconocidos internacionalmente, antecedentes históricos continuos y fundamentos geográficos que se mantienen vigentes luego de dos siglos de ocupación británica.
1. Las islas son parte de la plataforma continental argentina
El argumento más moderno es el geológico: las Malvinas no son un territorio aislado, sino una extensión natural de la plataforma continental argentina. Algunos estudios del CONICET, como los del Dr. Florencio Aceñolaza, demostraron que existe una continuidad estructural entre la Patagonia y el subsuelo de las islas.
Sumado a esto, la Argentina realizó durante más de una década campañas oceanográficas, estudios sísmicos y relevamientos batimétricos de alta precisión para demostrar el límite exterior de su plataforma continental más allá de las 200 millas náuticas. Ese trabajo técnico fue presentado en 2009 ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la ONU y, tras años de evaluación, en 2016 se validó la extensión reclamada.
Además,la plataforma continental argentina es una de las más extensas del mundo y concentra recursos clave como hidrocarburos, minerales y una de las mayores reservas pesqueras del Atlántico Sur, especialmente de especies como el calamar. En un contexto global de creciente disputa por recursos naturales y energía, la demostración científica de que las islas forman parte de esta estructura refuerza la centralidad de la Cuestión Malvinas.
2. El respaldo de la ONU en 2016
En marzo de 2016, la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de la ONU aceptó la presentación argentina sobre la extensión de su plataforma. Si bien no resuelve la soberanía, el dictamen reconoce que las Malvinas están dentro de la prolongación natural del territorio argentino.
Su presentación incluyó más de 800.000 páginas de documentación técnica, con datos recolectados durante casi 20 años de investigaciones. Equipos interdisciplinarios analizaron la geología, la morfología del fondo marino y la estructura del margen continental, logrando cumplir con los exigentes criterios establecidos por la CONVEMAR para extender los límites más allá de las 200 millas.
Además, el aval de la comisión fortaleció la posición argentina en términos de recursos y planificación a largo plazo. La ampliación reconocida incluye zonas con alto potencial energético y pesquero, en un escenario global donde el control del lecho marino gana cada vez más relevancia. Aunque el Reino Unido objetó la aplicación del dictamen en áreas en disputa, el reconocimiento técnico de la ONU consolidó un respaldo internacional difícil de revertir, que Argentina utiliza como base en sus estrategias diplomáticas y en la defensa de sus derechos en el Atlántico Sur.
3. Derechos históricos: de España a la Argentina
El reclamo argentino se basa en el principio de uti possidetis iuris: los nuevos Estados heredaron los territorios coloniales. España ejerció soberanía efectiva sobre las islas, con 32 gobernadores y administración continua. Tras la independencia, Argentina continuó esos derechos, con presencia efectiva entre 1820 y 1833, incluyendo autoridades, población estable y actividad económica bajo el gobierno de Luis Vernet.
Durante el período colonial, las islas dependieron administrativamente de Buenos Aires y luego del Virreinato del Río de la Plata. España ejerció actos concretos de soberanía: designación de autoridades, control de actividades económicas y defensa militar del territorio frente a intentos de otras potencias europeas.
Luego de la independencia, las Provincias Unidas del Río de la Plata mantuvieron una política sobre el territorio. En 1820 se realizó la toma de posesión, en 1829 se creó la Comandancia Política y Militar, y bajo la gestión de Luis Vernet se desarrolló una colonia con actividades productivas, regulación de recursos y vínculos comerciales.
4. La ocupación británica de 1833 y la protesta permanente
El 2 de enero de 1833, el Reino Unido expulsó por la fuerza a las autoridades argentinas sin estado de guerra, violando el derecho internacional. Desde entonces, Argentina mantuvo un reclamo ininterrumpido. La ONU reconoció formalmente la disputa en 1965 mediante la Resolución 2065, que insta a ambos países a negociar.
Sin embargo, lejos de aceptar la situación, el gobierno argentino inició de inmediato una serie de protestas diplomáticas que se sostuvieron a lo largo del tiempo, un elemento clave en derecho internacional para evitar la convalidación de una ocupación por el paso del tiempo.
A lo largo del siglo XIX, representantes argentinos como Manuel Moreno en Londres presentaron múltiples reclamos ante el gobierno británico, rechazando los argumentos de soberanía del Reino Unido. Esa persistencia diplomática impidió que Londres pudiera alegar “prescripción” sobre el territorio.
5. Una disputa vigente: recursos, geopolítica y diplomacia
En el siglo XXI, Malvinas es también una disputa por recursos estratégicos: pesca, hidrocarburos y acceso a la Antártida. El Reino Unido explota estos recursos y mantiene una fuerte presencia militar en el Atlántico Sur.
Argentina, por su parte, sostiene el reclamo como política de Estado, respaldado por la Constitución de 1994, y busca una solución pacífica. Iniciativas recientes, como el acuerdo Mondino-Lammy, muestran intentos de cooperación, aunque generan debate interno por la falta de avances en soberanía.
Documento histórico, 1965
Compartimos esta joyita fotográfica anunciando un acto en la actual sede de nuestra Biblioteca, un día como hoy hace 60 años, el 9 de diciembre de 1965.
La foto, que nos envió el amigo Matías Bonora, fue tomada en la esquina del Mercadito El Higiénico, en Av. Santa Fe (3007) y Austria.
El cartel pegado en la pared anuncia un acto del Partido Socialista en la sede de la calle Austria 2156, nuestra actual Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte.
Sus oradores, serán por lo que también se puede leer: Julia C. Santiago, Alicia Moreau de Justo y Julio González Iramain.
A 80 años del desembarco en Normandía: la angustiosa historia de la foto que definió el Día D y cómo estuvo a punto de perderse
Un soldado se arrastra por las olas. A sus espaldas, una embarcación de guerra se cierne sobre el mar. La imagen es borrosa, reflejando el movimiento caótico de la escena real: el Día D.
La icónica fotografía de Robert Capa de un soldado en el mar capta a escala humana una de las batallas decisivas de la Segunda Guerra Mundial. El 6 de junio de 1944 (hace ahora 80 años) la guerra alcanzó un punto de inflexión cuando 160 000 soldados aliados irrumpieron en las playas de Normandía, en lo que se convertiría en la mayor invasión marítima de la historia.
Los hombres anegados que nadaron, tropezaron y se arrastraron hasta la costa francesa aquel día iban armados con fusiles, y Capa iba armado con su cámara. Se convirtió en el lente que permitiría a millones de civiles contemplar los horrores de la guerra. Pero aunque el fotógrafo sobrevivió a la batalla, sus fotografías estuvieron a punto de no hacerlo.
A los 30 años, Robert Capa, nacido en Hungría, ya era un veterano fotoperiodista cuyo trabajo había atraído la atención internacional. Sus fotografías de la Guerra Civil española reflejaban la brutal realidad del conflicto y el heroísmo de los combatientes republicanos antifascistas.
Su experiencia en España le hizo conocer íntimamente los riesgos que conllevaba la fotografía de guerra. Su compañera Gerda Taro, otra fotoperiodista, fue asesinada en 1937 mientras documentaban el conflicto en España.
Y ahora, contratado por la revista Life, Capa dirigió su objetivo hacia el norte de Francia, donde la invasión planeada por los Aliados pretendía cambiar el rumbo de la Segunda Guerra Mundial. Alemania ocupaba Francia desde 1940, y si los Aliados lograban liberar al país de las garras nazis, podrían liberar a Europa Occidental.
Capa escribió en sus memorias de 1947, Slightly Out of Focus (Ligeramente desenfocado), que optó por unirse a la primera oleada de tropas que desembarcaron en Omaha Beach. Como primera línea de la invasión, estas tropas soportarían el peso de las fuertes defensas alemanas.
El fotoperiodista sabía que se arriesgaba a morir. La División Aliada de Relaciones Públicas le pidió que redactara un testamento antes del Día D, e incluso había escrito una carta de despedida a su familia, por si acaso.
Como recuerda en sus memorias, “las balas agujereaban el agua a mi alrededor”.
Cuando por fin llegó a la playa, se mantuvo agachado para escapar de las balas que zumbaban sobre su cabeza. Los cadáveres se amontonaban a su alrededor. Lo único que podía hacer era seguir haciendo fotos, incluida la del soldado solitario agazapado en el mar.
Capa nunca identificó al hombre, pero es probable que la foto represente a Huston S. Riley, un soldado de Washington. También se ha propuesto como figura al soldado estadounidense Edward K. Regan.
El fotógrafo de guerra calculó que, tras una hora y media, había agotado su película… y a sí mismo. Rodeado por la explosión de proyectiles, empezó a temblar. Hizo autostop para salir de la playa con una lancha de desembarco que acababa de llevar a un grupo de médicos.
Escapó con vida, pero miles de tropas aliadas no tuvieron tanta suerte. Al final del día, más de 4000 habían fallecido.
El reportero escribió que había tomado 106 fotografías en varios carretes, que envió a la oficina de Londres de la revista Life. Sin embargo, la historia cuenta que, con las prisas por imprimir las imágenes, casi todos los negativos se destruyeron accidentalmente en el cuarto oscuro al sobrecalentarse un armario de secado.
Sin embargo, algunos han puesto en duda esta historia y partes del relato de Capa sobre el Día D. El crítico de fotografía A.D. Coleman cuestionó posteriormente las afirmaciones del fotoperiodista, llegando a la conclusión de que tal vez solo estuvo en la playa el tiempo suficiente para tomar un puñado de fotografías. El desastre del cuarto oscuro, argumentó, nunca ocurrió.
Ocurriera lo que ocurriera, el resultado fue el mismo: solo sobrevivieron 11 negativos, como aclararía más tarde John Morris, editor de fotografía de Life.
Las fotografías que sobrevivieron siguen dando forma a la manera en que el mundo recuerda el Día D. El director Steven Spielberg incluso se inspiró en ellas para la escena del Día D en una de sus películas más aclamadas.
Sin embargo, ninguna de las imágenes que Capa tomó el 6 de junio captó el Día D como la del soldado arrastrándose por las olas. Puso un rostro humano al acontecimiento histórico: un soldado (con una expresión de concentración y determinación) cumpliendo con su deber en medio del infierno.
El poema de amor más antiguo del mundo
arqueólogos en Nippur, al sur de Irak.
tu encanto es dulce, dulce como la miel.
Querido de mi corazón, amado mío;
tu encanto es dulce, dulce como la miel.
Tú me has cautivado, libremente iré hasta ti;
novio mío, quiero escapar contigo a la cama.
Tú me has cautivado, libremente iré hasta ti;
querido mío, quiero escapar contigo a la cama.
Novio mío, te haré cosas deliciosas;
dulce tesoro mío, miel te llevaré.
En la alcoba, empapada de miel,
gocemos de tu dulce encanto.
Querido mío, te haré cosas deliciosas;
dulce tesoro mío, miel te llevaré.
Novio mío, si me quieres,
habla con mi madre y a ti me entregaré;
habla con mi padre y me entregará a ti como regalo.
Darte placer… Yo sé cómo darte placer;
novio mío, duerme en mi casa hasta el alba.
Alegrar el corazón… Yo sé cómo alegrar tu corazón;
querido mío, duerme en mi casa hasta el alba.
Si me amas,
amado mío, hazme cosas deliciosas.
Mi señor, mi dios; mi señor y mi dios protector,
mi Shusin, que alegra el corazón de Enlil,
¡ojalá me hicieras cosas deliciosas!
Tu sitio, dulce como la miel… ¡Ojalá pusieras tu mano sobre él!
Pon tu mano sobre él como la tapa de una copa;
extiende tu mano sobre él como la tapa de una copa.
Taller de Historia Argentina
- Cómo nació la provincia de Buenos Aires, desde la fundación del puerto en 1536 por Pedro de Mendoza, hasta la fundación de la ciudad por Juan de Garay en 1580.
- Antecedentes de la Revolución de Mayo en 1810 desde el tratado de “Utrech” (1713) hasta el movimiento independentista, que tras el 25 de mayo nos dio la libertad política, pero no económica.
- Divergencias entre Unitarios y Federales.
- Rivadavia, Dorrego, Rosas, Urquiza, Mitre, Sarmiento, Roca.
- Cómo se fue erigiendo nuestro Estado Federal.
Buenos Aires Herald, testigo de la historia
La extraordinaria historia más que centenaria del Buenos Aires Herald, en el voluminoso libro que escribió Sebastián Lacunza y ya está en nuestro catálogo: El testigo inglés. Luces y sombras del Buenos Aires Herald (1876-2017).
El Buenos Aires Herald, un periódico escrito en inglés en una de las principales capitales de Iberoamérica, fue un interlocutor tan singular como privilegiado de la vida de los argentinos. Publicado durante más de ciento cuarenta años, un tiempo de existencia que pocos diarios en el mundo han podido permitirse, supo encontrar a sus lectores, adaptarse a los cambios y lidiar con poderes locales y extranjeros.
Durante la última dictadura cívico-militar, el Herald adquirió su rostro más virtuoso: el del periódico argentino que denunció los horrores y dio voz a las Madres de Plaza de Mayo y a los familiares de los detenidos-desaparecidos. Las atrocidades de ese período encontraron respuestas heroicas en el diario —especialmente durante los años que tuvo a Robert Cox como director—, pero sus páginas reflejaron también contradicciones que merecen ser iluminadas.
Esa es la historia que Sebastián Lacunza, último director del diario, investiga y reconstruye en este libro definitivo sobre un capítulo crucial de nuestro país.
La mirada de Jorge Fernández Díaz
Una historia argentina en tiempo real, de Jorge Fernández Díaz, voluminoso ensayo que ya se encuentra disponible en nuestro catálogo.
Día del Archivista
Si bien la fecha no fue refrendada oficialmente, dicha Asociación la impulsó con fuerza durante varios años, realizando una serie de iniciativas y actividades alusivas como la Primera Exposición Nacional de Archivos, organizando actos y conferencias que contaron con el apoyo de las instituciones oficiales, así como ofreciendo un Premio Anual para trabajos archivísticos.
Leticia Maronese escribe sobre las primeras celebraciones de Mayo
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| Foto: Emiliano Penelas |
El 21 de noviembre de 1810, el obispo Lué recibe la orden de remitir a los curas de su Diócesis para que en los días festivos, después de la misa, se lea la Gazeta de Buenos Aires a los feligreses.
El primer año de la Revolución de Mayo fue festejado e introdujo la novedad del emplazamiento del primer monumento público: la Pirámide de Mayo. Mucho más chica que la actual, sigue existiendo en su interior, ya que no fue demolida. Desde muy temprano el 25 de Mayo fue proclamado como la fiesta patria por excelencia, ya que además era la única que se festejaba con espontáneo júbilo por toda la ciudadanía porteña.
La Asamblea de 1813 declaró al 25 de Mayo como fiesta cívica, tomando el nombre de Fiestas Mayas, que mantuvo por décadas. Años después se incorporó la celebración del 9 de Julio, que dejó de ser un feriado simple recién el 11 de junio de 1835, cuando Rosas dispuso su celebración oficial como "festiva de ambos preceptos, del mismo modo que el 25 de Mayo".
Nadie como Silvia Sigal (2) ha estudiado a la Plaza de Mayo como el lugar significativo de expresión de la fiesta, la conmemoración y la protesta a lo largo de su historia. Lo hace a través de la difusión de los distintos eventos que se producen en el espacio, dado que sus fuentes son diarios y periódicos. Retoma la visión de Halperín Donghi al constatar la mezcla de lo nuevo con lo viejo en la celebración del primer año de la Revolución. Lo viejo en las diversiones y en el paseo del Pendón Real (que se realizaba en la festividad del San Martín de Tours).
Buenos Aires, como lo venía haciendo ya desde la conmemoración del triunfo sobre los ingleses no ahorró en gastos, dado que “Buenos Aires era la heroína de la fiesta, la dueña del 25 de mayo y el lazo con Sudamérica. Única patria de los porteños (…) la Revolución ofrecerá la Ciudadanía Americana y en el primer aniversario, por añadidura, se apropia, literalmente, del pasado indígena” Relata, tomado de Ignacio Núñez, una representación en la cual uno de los barrios de la Ciudad presenta ocho parejas, cuatro representando a españoles y cuatro a disfrazados de indios emplumados que poco tenían que ver con los pampas o los guaraníes. (3)
En efecto, para Halperín Donghi lo viejo y lo nuevo van mezclándose lentamente. Lo viejo en los arcos triunfales, en las luminarias, en los fuegos artificiales y descargas de baterías, en los repliques de campanas, en las máscaras, bailes y danzas que describe muy bien Juan Manuel Beruti en sus Memorias curiosas (4). Lo nuevo está en el control de la policía. Halperín transcribe una carta a Moreno de Guadalupe Cuenca, en la cual señala los controles, que se había obligado a los vecinos a contribuir por más iluminarias y que, además, hubo poco acompañamiento de la población en el festejo. Demás está decir que estas apreciaciones de Guadalupe son muy distintas a otras del mismo momento. Qué festeja la ciudad, se pregunta este historiador: “… la ciudad se festeja a sí misma; ebria de su propia gloria, la ‘inmortal’ Buenos Aires se presenta como libertadora de un mundo. En segundo término se celebra la libertad americana, luego de siglos de opresión española; frente a la antigua metrópoli, con la cual el lazo político, sin embargo, no se ha roto, el pasado indígena es reivindicado como herencia común de todos los americanos” . Disfraces de indios y el bautizar a los primeros morteros que se fabrican “Tupac Amaru” y “Mangoré”, son gestos ya por sí significativos. (5)
Al año siguiente, 1812, se festejan cuatro fiestas cívicas: el Día de San Fernando (por Fernando VII), la Reconquista, la Defensa y el 25 de Mayo, pero al mismo tiempo que se rendía el homenaje al Rey, se suprimía por primera vez el paseo del Real Estandarte.
Garavaglia, en su artículo en el cual señala las diferencias entre Buenos Aires y Salta con respecto a la conmemoración de la Revolución, rescata lo que denomina marcas de identidad: “La batalla de Suipacha (Tupiza), da pié a la creación de un primer símbolo patrio: la inscripción ‘La Patria a los vencedores de Tupiza’ será otorgada al regimiento triunfante para que oficiales y soldados la lleven cosida en su uniforme” Destaca otras marcas: disposiciones similares referidas a la actuación de algunos soldados; un Registro Cívico de Ciudadanos Beneméritos; una nueva noción de ciudadano americano opuesta a español; el destinar el acceso a empleo público a los ciudadanos de las provincias; determinar que los servicios militares son “la Santa causa de la libertad de la América”; que el adjetivo europeo casi pasa a ser un insulto (otras palabras que se utilizan para designar a los españoles son sarraceno, Pícaro godo, enemigo del sistema. (6)
Asistimos a un rápido proceso de sustitución o creación de símbolos. En febrero de 1812 se crea la escarapela de las tropas de la patria, a instancias de Manuel Belgrano. El Triunvirato la aprueba decretando que “Sea la escarapela nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, de color blanco y azul celeste...". Pensada para uso del uniforme militar, rápidamente también pasa a la población civil como signo de adhesión al nuevo sistema.
Una descripción de Emeric Essex Vidal sobre su grabado La Carrera de Caballos nos da cuenta del uso de la escarapela por parte de la población. Dice: “El grabado adjunto ilustra una carrera en el camino a la playa, al norte de la ciudad (…) A la izquierda puede verse un fraile; estos religiosos concurren constantemente a las carreras y son fuertes apostadores. El que está a su lado es un quintero, o granjero, con traje de fiesta. Como es un viejo español y no se aviene a usar la escarapela nacional, se le cobra un impuesto mensual de acuerdo con su hacienda (…) pues existen numerosos casos de trabajadores que conservan su lealtad a Fernando VII y pagan un fuerte impuesto de sus jornales mensuales, aunque podían evitarlo llevando la escarapela nacional”. (7)
En febrero de 1812 y en Rosario, Belgrano hace jurar a las tropas una nueva bandera inspirada en los colores de la escarapela. El Triunvirato no la acepta. Belgrano se hace cargo del Ejército del Norte de manera inmediata sin enterarse de ello. Pero esta es otra historia y merece un espacio específico.
Leticia Maronese
- Garavaglia, Juan Carlos, “Buenos Aires y Salta en rito Cívico: La Revolución y las Fiestas Mayas”, en Andes, Nº 013, Universidad Nacional de Salta, Salta, Argentina.
- Sigal, Silvia, La Plaza de Mayo: una crónica, Buenos Aires, Siglo XXI, 2006.
- Sigal (citada) y Garavaglia, Juan Carlos, “A la nación por la fiesta: las Fiestas Mayas en el origen de la nación en El Plata”, Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana “Dr. Emilio Ravignani”. Tercera serie, núm. 22, 2do semestre de 2000.
- Beruti, Juan Manuel, Memorias Curiosas, Buenos Aires, Emece, 2001.
- Halperín Donghi, Tulio, Revolución y Guerra. Formación de una elite dirigente en la Argentina criolla, Argentina, Siglo XXI Argentina Editores S.A., 1972.
- Garavaglia, Juan Carlos, “Buenos Aires y Salta en rito Cívico: La Revolución y las Fiestas Mayas”, en Andes, Nº 013, Universidad Nacional de Salta, Salta, Argentina.
- Essex Vidal, Emeric, Buenos Aires y Montevideo, Buenos Aires, Emecé, 1999.
La historia del diccionario más antiguo del castellano
Días atrás se supo que dos investigadores del Conicet que trabajan en el Instituto de Investigaciones Bibliográficas y Crítica Textual, Cinthia María Hamlin y Juan Héctor Fuentes, habían hallado dos folios de lo que se pudo determinar como el primer diccionario castellano del que se tenga conocimiento hasta hoy. Estas hojas, encontradas por Hamlin en la biblioteca de la Universidad de Princeton, en Nueva Jersey, demuestran que se trata del diccionario más antiguo que tiene el castellano como lengua de partida, esto es, cuando las palabras que se definen son castellanas y no latinas. Hasta ahora, el más antiguo era el Vocabulario Español Latín de Antonio de Nebrija, datado entre 1494 y 1495, y del que solo se conservan cinco ejemplares completos.
La historia del hallazgo tiene su origen en la Divina Comedia. “En 2018, durante una estadía de investigación en la biblioteca de la Universidad de Princeton, cuyo objetivo era analizar el ejemplar de la traducción castellana de la Divina Comedia de 1515, el curador Eric White se acercó a preguntarme si me interesaba revisar un ejemplar de 1490 del Universal Vocabulario en latín y en romance de Alfonso Fernández de Palencia –dice Hamlin a La Nación–. Insertos al comienzo y al final del ejemplar, había dos folios impresos de un vocabulario castellano-latín que nadie había podido identificar: uno era un prólogo dedicado a Isabel la Católica, y el otro, 77 entradas de un vocabulario”.
El recorrido que llevó al posterior descubrimiento tuvo distintas postas. “En primer lugar, gracias al aporte de White, pude datar los folios: por un catálogo alemán de tipos móviles (las letras de molde que se usaban en la imprenta) sabíamos que esa letra era propia de una imprenta sevillana (Ungut y Polono) entre 1491 y 1493; luego, del análisis del prólogo dedicado a la reina pude acotar la fecha a 1492-1493, pues se la presenta como Reina de Granada y la conquista de Granada sucede en enero de 1492 –recapitula la investigadora, formada en la escuela de filología medieval de Germán Orduna–. A partir de esto, revisé los catálogos de los incunables salidos de la imprenta de Ungut y Polono, de los que se tiene conocimiento o registro indirecto, y concluí que estaba delante de un incunable desconocido”. Eso ya representaba un descubrimiento extraordinario.
De inmediato, el latinista Juan Fuentes se sumó a la investigación y, en unos días, llegó al dato que faltaba: la existencia de un códice manuscrito del siglo XV en la Biblioteca del Escorial, anónimo, que transmite un vocabulario castellano-latín de la A a la Z. “Las 77 entradas del fragmento del incunable hallado en Princeton coincidían exactamente con la correspondiente parte del manuscrito”, agrega Hamlin.
El vocabulario manuscrito transmite aproximadamente siete mil entradas castellanas, de las que se ofrece su equivalencia latina; dado su método enciclopédico y derivativo, cada entrada tiene en su interior familias de palabras, sinónimos o derivaciones que también tendrán su equivalencia latina. Contando estos términos castellanos en el interior de las entradas, los lemas ascienden a casi diez mil. “Es de una riqueza lexicográfica muy importante para la época”, resume Hamlin, que desde el primer momento tuvo la intuición de que ese autor “anónimo” no podía ser otro que Alfonso de Palencia. “A través del estudio del método lexicográfico de ambos vocabularios, de su particular ortografía latina y de las fuentes latinas que se utilizan para la confección de las definiciones, encontré pruebas de peso (basadas en metodologías propias de la crítica textual o ecdótica) para sostener la hipótesis de que su autor fue Alfonso de Palencia, uno de los más grandes humanistas, cronistas y lexicógrafos del siglo XV”. El hecho de que en el prólogo hallado no figure nombre alguno y que el vocabulario, además, tenga algunos detalles inconclusos se explica porque Alfonso de Palencia murió en marzo de 1492, por lo cual el texto probablemente fue llevado a la imprenta de manera póstuma. Los resultados de esta segunda parte de la investigación se encuentran ahora en prensa en el Boletín de la Real Academia Española.
Mitos nacionales. De los próceres a los ciudadanos ilustres
Sin duda, hay un poco de cada cosa. La Argentina tiene hoy un panteón de próceres, y también de figuras que, sin llegar a ese alto rango, reconocemos como destacadas. Una lista de sus nombres nos revela una cierta desproporción: el peso enorme de quienes actuaron entre 1810 y 1825, en la etapa inicial de lo que sería la Argentina, y muy especialmente de los guerreros de la independencia.
Desde 1853, y a medida que el Estado se iba consolidando, los historiadores iniciaron el camino de la construcción de la nación argentina y de su pasado. Bartolomé Mitre comenzó en 1857 con Belgrano y la independencia argentina, concluida en 1876, y en 1887 publicó San Martín y la emancipación sudamericana. Con ambos libros explicó los orígenes de la nación, señaló a sus principales próceres fundadores y tendió una línea que, uniendo Mayo con la Constitución de 1853, definía una visión liberal de la nación. Por esos años otros historiadores -Adolfo Saldías y Vicente Fidel López- plantearon matices más o menos importantes, y Ernesto Quesada, con su valoración de la figura de Rosas, señaló una diferencia fundamental.
Por entonces el país ya era muy distinto de aquel sobre cuyo pasado comenzaba a disputarse. La inmigración masiva llegaba como un aluvión y de él emergía una sociedad diferente y extraña, que planteó un fuerte desafío a quienes conducían el Estado. Lo enfrentaron con un programa que era común en los Estados de la época: nacionalizar a las masas y crear en ellas una base común que hiciera posible el contrato político en que se asentaba el Estado.
Se propusieron conformar una idea compartida de la nación. Su propósito se advierte en el nuevo énfasis puesto en las escuelas en la enseñanza de la historia, la lengua y la geografía nacionales, en el renovado interés por la celebración de las fiestas cívicas, en el estímulo de las movilizaciones patrióticas, y en la formación de un panteón que reuniera, material o simbólicamente, a los próceres y reconociera, con un juicio tranquilo e imparcial, su aporte a la formación de la nación.
El entusiasmo generado por la repatriación de los restos de San Martín, en 1880, o por la construcción del mausoleo a Belgrano. iniciada en 1896 con la ayuda de numerosas asociaciones civiles, dan la pauta del clima patriótico de esos años. Desde mediados de los años 80 los historiadores venían trabajando en el rescate de los próceres de la Independencia, ilustres olvidados o desconocidos. En este proceso, que se quería armónico, comenzaron a aparecer las disidencias. Muchos de aquellos guerreros habían participado luego en las enconadas guerras civiles, cuyos recuerdos aún estaban vivos. Para los descendientes de Dorrego, era intolerable la presencia de Lavalle en el panteón. Los hispanistas reclamaron un lugar para Álzaga y Liniers, héroes de las Invasiones Inglesas. Otros pidieron el reconocimiento de Facundo Quiroga o de Juan Manuel de Rosas. Las estatuas, su envergadura y su ubicación fueron también ocasión de encendidos debates.
Un panteón
En 1894 se intentó construir un panteón que, como en París o en Londres, reuniera los restos de los próceres reconocidos. Roca presidió la comisión organizadora que, a poco andar, admitió que no se podía incluir a nadie con actuación posterior a 1825. Se trataba de separar el momento fundador, de la unidad y la concordia, del posterior a 1825, irremediablemente dividido por las querellas políticas o ideológicas. la nacion -el diario de Mitre- advirtió premonitoriamente que de ese modo solo sería un panteón de la Independencia y no un verdadero Panteón Nacional, que incluyera a quienes se destacaran posteriormente.
A fines del siglo XIX, entre los dirigentes, las discusiones sobre el pasado reflejaban las incertidumbres del presente y los desacuerdos sobre el futuro por construir a partir de aquellas raíces. La inmigración masiva renovó las inquietudes cuando nuevas camadas de hijos de inmigrantes comenzaron a competir por posiciones antes reservadas a los criollos. También se la asoció con las protestas, a menudo violentas, organizadas por trabajadores o chacareros. Incluso se temió que la nutrida colectividad italiana -que erigió una estatua para Garibaldi- fuera la base de un proyecto colonial de Italia.
En este nuevo contexto, el nacionalismo de matriz liberal de los fundadores cambió de sentido, y comenzó a gestarse una corriente cultural que se expresó plenamente en elCentenario de Mayo. Frente a tales peligros, la Argentina debía tener una nacionalidad consistente y homogénea, que fortaleciera los rasgos propios y neutralizara los ajenos. El modelo era Alemania, una potencia pujante con una nacionalidad compacta y cohesionada, que era ajena al repertorio liberal.
Paradójicamente, ese ansia de unidad exacerbó primero la querella entre los intelectuales. Los parámetros reconocidos de una nación fuerte eran la raza, la lengua y la cultura. ¿Cuál era la raza argentina? ¿La hispana, como lo proclamaría la estatua del Cid Campeador, la criolla, la aborigen quizá, o la resultante futura del crisol de razas? ¿Que lengua debía hablarse en la Argentina? ¿El español de España, como se empeñaba Enrique Larreta, el gauchesco de nuestro gran poema nacional, Martín Fierro, o el porteño, español degradado por el habla de los inmigrantes? ¿Cuáles eran la música o la pintura nacionales? Todas estas discusiones, intensas y apasionadas, se anudaron en un tópico perdurable: el "ser nacional". Los nuevos nacionalistas no sabían cuál era, pero estaban convencidos de que existía, y que debía ser revelado mediante una acción militante que lo liberara de injertos europeístas o cosmopolitas.
Sobre este imaginario nacionalista, fuente de dudas y de certezas, comenzaron a trabajar tres actores de voz potente y performativa: el Ejército, la Iglesia católica y los movimientos políticos populares. Cada uno dejó su huella en el relato histórico.
Expresión del pueblo
El Ejército identificó la nación con el territorio nacional, convertido en una de sus bases simbólicas. Pero además fue atribuyéndose la custodia de sus valores esenciales, eternamente encargado de vigilar y reprimir a quienes los amenazaran. La Iglesia, que combatía al Estado laico, proclamó que la Argentina era una nación católica, construida por prohombres católicos. Masones, protestantes, liberales, socialistas y otros más, que estaban entre "los hombres de buena voluntad", convocados en 1853, resultaban de dudosa argentinidad. Finalmente, el radicalismo y el peronismo, los dos grandes movimientos democráticos y populares, se concibieron a si mismos como la expresión del pueblo y de la nación -el gran actor de la historia- mientras que sus eventuales adversarios -el "régimen", la "oligarquía"- eran declarados ajenos al pueblo y hasta sus enemigos.
Fueron tres vías distintas que convergieron en una idea común: la Argentina era y debía ser unánime y la parte de los argentinos que escapara a estas definiciones tenía que ser marginada o excluida. El principio confería un enorme poder a quien lograra imponer su idea de la unidad. A la vez, era el generador de inevitables reacciones por parte de los afectados. Imponer su propio panteón era una de las manifestaciones de la hegemonía. Cuestionarlo era la esperable respuesta de quienes habían sido expulsados de la patria homogénea. Coincidir en nombres de personas ejemplares, de ciudadanos destacados, presentes y pasados se volvió cada vez más difícil.
El pasado histórico fue campo de estos combates, y la discusión se ensañó con muchos que se perfilaban para un reconocimiento, si no unánime, al menos amplio. El primero fue Sarmiento, reconocido inspirador de la educación pública, uno de los más celebrados logros de la Argentina. Pero se ganó la inquina de la Iglesia, tenaz y eficaz, y padeció de la pluma, a menudo soez, de escritores nacionalistas para quienes el cosmopolitismo y la europeización son mala palabra. En 1988 la Cámara de Diputados le negó un homenaje. En 2011, en el bicentenario de su nacimiento, la Televisión Pública lo ridiculizó en su canal Paka Paka.
En los años 60 y 70 la denostación de Rivadavia y la exaltación de Rosas enardecían a los jóvenes estudiantes. La figura de Rivadavia -motejado de "mulato"- quizá no ha mejorado mucho, pero la de Rosas no despierta ya pasiones encendidas. Para los historiadores serios, fue un gobernador un poco más autoritario y faccioso que el término medio de su tiempo, un defensor de la soberanía, al menos la de Buenos Aires, y uno de los constructores -a su manera, bastante unitaria-, del Estado nacional.
En la memoria y en la historia las revisiones no se detienen nunca, pues se mira el pasado a la luz de los problemas del presente. La reivindicación de los pueblos originarios -un fenómeno mundial- sacudió la imagen de Roca, que se había ganado el procerato por la unificación territorial de la nación. El artífice de esa gesta -muy cara a los nacionalistas- ha pasado a ser un feroz genocida, y sus estatuas son objeto recurrente de escraches. Con el mismo criterio anacrónico, quizá pronto nos enteraremos del costado patriarcal y discriminador de cada uno de nuestros prohombres, quienes seguramente fueron además grandes contaminadores del ambiente.
Soñar la unanimidad
En una sociedad como la nuestra, que es plural y diversa pero se ha acostumbrado a soñar con la unanimidad, las brisas facciosas se convierten en vendavales que arrasan con todo, y sobre todo con las estatuas. Probablemente allí esté el nudo del problema de la escasez de próceres -cuya presencia se ha acotado al momento fundacional de la patria-, y también de prohombres reconocidamente destacados y ejemplares. No hay grandes referentes que cimenten los principios de una sociedad democrática, y quienes extrañen su ausencia deberán asumir la tarea de construir esas referencias, paciente y trabajosamente. Obtendrán éxitos parciales e incompletos, pero los alentará la posibilidad de acuerdos parciales y transacciones razonables.
Eso es lo que se hace en el ámbito de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, cuya Legislatura confiere con amplitud la distinción de Personalidad destacada y, en casos excepcionales, la de Ciudadano ilustre. Buscan en los diversos ámbitos de nuestra sociedad, plural y creativa -la ciencia, la creación cultural, el deporte y otros- , a quienes supieron aunar una profesión con el servicio a la comunidad y al interés general. Allí coexisten bloques políticos que expresan una gama amplia de visiones políticas e históricas, y los nombres probablemente surjan de negociaciones, acuerdos y repartos. Bienvenidos.
Los estadistas
En cuanto a los estadistas, no es difícil coincidir en algunos nombres: Yrigoyen, Lisandro de la Torre, Juan B. Justo, Arturo Illia quizá; el tiempo ha enfriado las pasiones que los rodearon. Más cerca de nuestro presente tenemos a Juan Domingo Perón y a Raúl Alfonsín. Aunque durante buena parte de su vida pública fue el jefe de una facción, no es difícil rescatar en Perón un valor ampliamente compartido, que sin duda se extiende a Eva Perón: la justicia social. Raúl Alfonsín es ampliamente identificado con los derechos humanos y la democracia, que son hoy valores asumidos por una sociedad que discute sobre sus formas pero no sobre los principios. También se lo asocia con otros valores políticos y éticos -la república y sus instituciones, el pluralismo, la deliberación- que conmueven a una parte algo menor pero que raramente son negados. Es difícil encontrar hoy a alguien más digno de incorporarse al grupo de los hombres eminentes.
Pero en este campo nadie tiene asegurado su pedestal. La mirada presente del pasado es impiadosamente revisionista y poco comprensiva de las circunstancias en que vivieron los hombres. Permanentemente estamos afirmando nuevos derechos y valores y reclamándole al pasado por haberlos ignorado. Nuestra cultura política se ha vuelto muy intolerante y violentamente expresiva. Las estatuas de nuestros ciudadanos ejemplares, que se levantarán con tanto esfuerzo, se asentarán -triste es admitirlo- sobre terrenos poco firmes.
Por: Luis Alberto Romero y Lilia Ana Bertoni
80 años del suicidio de Lisandro de la Torre
Lisandro de la Torre, abogado, político y legislador de origen santafesino que fundó el Partido Demócrata Progresista, se quitaba la vida hace 80 años, el 5 de enero de 1939, agobiado por las persecuciones y el escarnio que padecía tras haber denunciado desde el Senado de la Nación el negociado de la exportación de carnes a Gran Bretaña.
De la Torre nació en Rosario en 1868 y, tras egresar del Colegio Nacional, se trasladó a Buenos Aires para cursar la carrera de Derecho, que terminó con apenas 20 años.
En 1890 se vinculó al grupo político de Leandro N. Alem y participó de la gestación de la Unión Cívica, que encabezó la fallida Revolución del Parque contra el gobierno de Miguel Juárez Celman. Ligado siempre a Alem, acompañó el surgimiento de la Unión Cívica Radical, que lideró desde Santa Fe, donde comandó las operaciones de la Revolución de 1893, un alzamiento contra el fraude electoral impuesto por el régimen conservador, que tampoco prosperó.
Tras el suicidio del líder del radicalismo, en 1896, De la Torre propuso una alianza con un sector que encabezaba Bartolomé Mitre, con la intención de evitar que Julio Argentino Roca llegara a la presidencia por segunda vez, algo que no pudo evitarse. Sus posturas aliancistas chocaron de plano con las posiciones del líder del radicalismo, Hipólito Yrigoyen, sobrino de Alem, con quien De la Torre llegó a batirse a duelo en un combate de esgrima tras un ríspido intercambio de acusaciones.
Tras alejarse de la UCR, vuelve en 1908 a Rosario donde crea el diario La República y, más tarde, propiciará la creación de la Liga del Sur, un partido que representaba a los departamentos más postergados de Santa Fe. En representación de esa fuerza política, será elegido diputado nacional en los comicios de 1912, que se producen en el marco de la denominada Ley Sáenz Peña, que habilitaba el voto universal, secreto y obligatorio para los hombres mayores de 18 años.
Cuatro años más tarde, De la Torre se postula como candidato a presidente por el Partido Demócrata Progresista, que nació como un espacio político que se proponía como alternativa entre los conservadores y el radicalismo. Sin embargo, alcanzará el tercer lugar en las elecciones en las que Yrigoyen se consagrará como presidente mediante el sufragio universal.
Tras cumplir varios mandatos como legislador, De la Torre se retira de la vida política en 1926, y será tentado años más tarde para acompañar la asonada golpista que el general José Félix Uriburu encabezará contra Yrigoyen, algo que rechaza de plano al considerar que el militar creía que “el pueblo debía ser excluido de las decisiones”.
Un año más tarde, decide presentarse en las elecciones presidenciales del 8 de noviembre de 1931, convocadas por el régimen golpista de Uriburu. De la Torre encabeza, junto al socialista Nicolás Repeto, la fórmula de la Alianza Demócrata Socialista, que se enfrentó al binomio oficialista que formaron el general Agustín P. Justo y Julio A. Roca hijo, en unos comicios que estuvieron signados por el denominado “fraude patriótico”.
La denuncia y el escarnio
Aceptó una banca en el Senado para representar a Santa Fe por el Partido Demócrata Progresista, y desde ese lugar se encargó de denunciar, en 1935, las irregularidades en la exportación de carnes al Reino Unido. De la Torre denunció la situación y acusó a los ministros Federico Pinedo (Hacienda) y Luis Duhau (Agricultura) de orquestar además una maniobra de evasión impositiva en favor del frigorífico Anglo, junto a otros negociados que favorecían a los intereses británicos en el país.
Los debates en la Cámara Alta generaban gran expectativa en la sociedad y la gente se agolpaba en el Congreso para conseguir lugares para presenciar las discusiones. Hasta que Ramón Valdez Cora, un ex comisario devenido en matón del Partido Conservador, asesinó en plena sesión al compañero de banca por Santa Fe de De la Torre, Enzo Bordabehere, un uruguayo nacionalizado argentino, quien se había interpuesto entre el agresor y el líder demoprogresista.
Pocos meses más tarde, el presidente Justo intervino Santa Fe, gobernada por el demócrata progresista Luciano Molinas, y esa situación contribuyó a minar el ánimo de De la Torre, quien decidió renunciar a su banca y refugiarse en su casa porteña de calle Esmeralda 22, de la que sólo salía para brindar alguna conferencia o participar en homenajes a viejos amigos de ideas.
El Litoral / Telam
En el catálogo
Varios libros sobre la vida y obra de Lisandro de la Torre se encuentran en nuestro catálogo. Entre ellos, la biografía Lisandro de la Torre, de Raúl Larra, quien además escribió y tenemos en catálogo Lisandro de la Torre: vida y drama del solitario de Pinas y Obras de Lisandro de la Torre. También contamos con Lisandro de la Torre y los problemas de su época, de Pedro Siegler.
Guerra e historia en nuestro catálogo
100 años de la Reforma Universitaria
En 1918 había cinco universidades en Argentina, todas públicas. Tres pertenecían al Estado nacional (Buenos Aires, Córdoba y La Plata), y dos eran provinciales, la de Tucumán y la del Litoral (Santa Fe). Estas últimas dos pasarían a ser nacionales en 1920 y 1922, respectivamente. La Universidad de Córdoba, fundada en 1613, una de las más antiguas de América, era en 1918 el caso más extremo de universidad cerrada, elitista y alejada de las corrientes científicas de la época.
Los primeros centros de estudiantes surgieron en la UBA, en Medicina (1900), en Ingeniería (1903) y en Derecho (1905), que en 1908 se federaron en la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA). Dos grandes conflictos estudiantiles precedieron a la Reforma Universitaria de 1918: el Movimiento Pro Reforma Universitaria de 1871 y las huelgas de 1903/1905 que llevaron a la Reforma Universitaria de 1906, ambos en la UBA. El primero instaló el reclamo por la autonomía universitaria, la enseñanza gratuita y la enseñanza libre. El segundo instaló la idea de que la universidad debía ser gobernada por todos los profesores con cierta representación estudiantil, así como la autonomía científica y financiera.
La Universidad Nacional de Córdoba había sido fundada por los jesuitas en 1613, en tiempos de la colonización española y tenía en 1918 unos 1500 estudiantes. Mantenía aún características coloniales, racistas, elitistas, nepotistas, clericales (aún después de su secularización en el siglo XIX), alejada de las ciencias exactas y naturales, que contrastaban fuertemente con los cambios políticos, económicos y sociales que se habían producido en el país y en el mundo. Ninguna mujer cursaba en sus aulas.
El 11 de abril de 1918 se creó la Federación Universitaria Argentina (FUA), integrada por delegados de las cinco universidades argentinas. Como presidente fue elegido Osvaldo Loudet y como secretario Julio V. González. Ese mismo día la FUA pidió una entrevista con el presidente Hipólito Yrigoyen (primero elegido por el voto obligatorio) quien los recibió de inmediato.
Según Hugo Gambini, "había influencias cada vez más notorias que propiciaban la salida hacia una democracia burguesa y liberal, alimentada por la potencia de la inmigración, y se hacían notar los ecos de la Revolución Rusa, que despertaba nuevas ideas. La clase media irrumpía hasta en los claustros, donde impulsaba la democratización. Se producían hechos novedosos, como la organización estudiantil y la huelga universitaria".
Para José Luis Romero, las autoridades superiores de la universidad "mostraron entonces una mayor flexibilidad y, sin duda, más agudeza política que los grupos profesionales que dominaban las facultades". Añade: "Pero, en mayor o menor medida, cundió en todos los sectores el sentimiento de que la vieja organización académica de la Universidad de Buenos Aires, establecida en 1886, requería una reforma, del mismo modo que el espectáculo de la metrópoli cosmopolita y renovada, como consecuencia del fuerte impacto inmigratorio, sugería ya a muchos la necesidad de una reforma política".
La huelga cordobesa, apoyada por el gobierno nacional, buscaba terminar con el monopolio de los 15 académicos que manejaban la alta casa de estudios. Hasta se logró que Yrigoyen modificara el régimen de gobierno universitario. Pero la tradicional sociedad cordobesa presionó a los profesores que debían elegir rector y consiguió que éste fuera uno de ellos, opuesto a los cambios reclamados. Esa sería la chispa.
La asamblea se realizó el 15 de junio de 1918 y al saber el resultado los estudiantes invadieron el recinto para desconocer al rector. Ocuparon la universidad y decretaron una huelga general. A los pocos días se conoció el Manifiesto liminar, redactado por Deodoro Roca. Allí se anunciaba: "La rebeldía estalla ahora en Córdoba y es violenta porque aquí los tiranos se habían ensoberbecido y era necesario borrar para siempre el recuerdo de los contrarrevolucionarios de Mayo". El documento tenía toda la petulancia de los jóvenes editores de La Gaceta Universitaria , quienes se dirigían a "los hombres libres de Sud América". Lo firmaban tres presidentes de la Federación Universitaria de Córdoba: Enrique F. Barros, Horacio Valdés e Ismael Bordabehere.
El movimiento se extendió de inmediato a las demás universidades del país y a varias universidades de América Latina, produciendo reformas en los estatutos y leyes universitarias, que consagraron la autonomía universitaria, el cogobierno (que estableció la participación de los estudiantes en la gestión de las universidades), la extensión universitaria, la periodicidad de las cátedras, los concursos de oposición y la gratuidad de la enseñanza universitaria.
En Buenos Aires y en La Plata, donde tuvo participación activa Carlos Sánchez Viamonte, se reformaron los estatutos universitarios, que contendrían ahora las ideas básicas expuestas en Córdoba.
En Perú, la reforma hizo estallar al año siguiente la Universidad de San Marcos, y en Chile se reunió, en 1920, la Primera Convención Estudiantil. En México deliberaría, en 1921, el Primer Congreso Latinoamericano de la Reforma. En 1923, los cambios universitarios llegarían a Cuba. Lo mismo ocurrió en Venezuela, Guatemala y Brasil. "Lo cierto -señala Romero es que, desde el estallido cordobés de 1918, los movimientos estudiantiles se repitieron en casi todos los países latinoamericanos." En Perú, al fundar la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), Víctor Raúl Haya de la Torre le insufló su impronta reformista. Todos eran movimientos democráticos de izquierda, que se alinearon contra el nazifascismo en la defensa de la República Española.
Julio V. González fue elegido en 1919 presidente de la Federación Universitaria de La Plata, fundó el Partido Nacional Reformista y pasó por la democracia progresista, hasta que el socialismo lo hizo un brillante diputado nacional.
Fue en la década del 20, en nuestra Facultad de Derecho, donde un grupo de estudiantes reformistas enfrentó a los profesores de viejo cuño conservador. En 1925, lograron que Ricardo Rojas accediera al rectorado. En 1930, Alfredo L. Palacios llegó al decanato. Los jóvenes eran Carlos Sánchez Viamonte y Julio V. González, "juristas, oradores, polemistas terribles, que provenían de familias patricias pero que se colocaron en la rompiente de la ola, en la encrucijada más dura de la política de su tiempo, y sobrellevaron el rigor con que se castigó su conciencia profética", como los define Horacio Sanguinetti. Estaban acompañados por José M. Monner Sanz, Florentino Sanguinetti, Emilio Biagosch y Mariano Caliento. En Córdoba, el número uno de ellos era Deodoro Roca.
La Reforma Universitaria dio origen a una amplia tendencia del activismo estudiantil, aún existente, integrada por agrupaciones de diversas vertientes ideológicas, que se definen como reformistas. La utopía juvenil del 18 anticipó en medio siglo al "Mayo francés" de 1968 y otros movimientos juveniles de la década de 1960.
Taller de Historia de la ciudad de Buenos Aires
Programa resumido
Unidad I: LA CIUDAD DE GARAY
Descubrimiento y conquista de América – Expediciones de Solís y Caboto – Primeros habitantes – Pedro de Mendoza y la “primera Buenos Aires” – Juan de Garay – La ciudad de La Trinidad: origen del escudo y el nombre – El Cabildo
Unidad II: CAPITAL DEL VIRREINATO
Los nombres de las calles y la división en parroquias – La casa colonial – La acción de los jesuitas: la Manzana de las Luces – El Virreinato del Río de la Plata – Vertiz: el Virrey de las Luminarias – Leyendas: la calle del Pecado.
Unidad III: LA CIUDAD REVOLUCIONARIA
Edificios importantes de la ciudad – Las invasiones inglesas – El 25 de mayo – Los lugares de la Revolución – La Plaza de Mayo en 1810 – Los negros en Buenos Aires.
Unidad IV: EL EXPERIMENTO UNITARIO La Universidad de Buenos Aires y el Banco de Descuentos – Leyendas: Pierre Benoit y otros personajes con doble identidad – Antiguos caminos de La Recoleta – Rufina Cambaceres y otras leyendas de la Recoleta – San José de Flores.
Unidad V: LA CIUDAD FEDERAL La ciudad federal – Palermo de San Benito: las quintas de Rosas – Leyendas de Barracas: Felicitas Guerrero – Iconografía de Buenos Aires (1830-1850) – La Boca, “primer barrio porteño” – Los barrios porteños: origen y significado de los nombres – Batalla de Caseros.
Unidad VI: EL ESTADO SESESIONISTA El Estado de Buenos Aires y la aristocracia porteña – Origen del Pueblo de Belgrano – Balvanera y los nombres de sus calles – Los ferrocarriles – La Aduana Taylor – El Teatro Colón – Arquitectura del Estado de Buenos Aires – La batalla de Pavón y la unidad nacional.
Unidad VII: LA GRAN ALDEA La Gran Aldea – Tranvías de Buenos Aires – Origen de la epidemia de fiebre amarilla de 1871 – La inmigración – El conventillo – Palermo: acción de Sarmiento – El Parque 3 de Febrero, el Zoológico y el Botánico – Carlos Gardel: mi noche triste – Barrios de tango: San Cristóbal y Boedo – La revolución del ‘80
Unidad VIII: PARÍS EN SUDAMÉRICA La Capital Federal – Torcuato de Alvear – Reformas – Recoleta: la aristocrática Avenida Alvear y sus palacios – Primeras industrias – Historia del puerto – Origen de la Avenida de Mayo – Los servicios públicos: la iluminación – El fútbol en Buenos Aires – Principales escenarios deportivos en la ciudad.
Unidad IX: LAS LUCES DEL CENTENARIO La edificación en altura en Buenos Aires – El nuevo edificio del Congreso Nacional – La Buenos Aires del Centenario – Los grandes monumentos – Transporte: subtes, autos y taxis – Problemas sociales, conflictos – Anarquistas y socialistas – La semana trágica de 1919 – Historia del crimen en Buenos Aires.
Unidad X: LA CIUDAD DE MASAS La calle Florida – El Palacio Barolo – La ciudad soñada – La Diagonal Norte – Rascacielos porteños: Comega y Safico y Obras Públicas – El Kavanagh: coloso de la barranca – La Avenida 9 de Julio – El Obelisco: símbolo porteño – La Avenida General Paz y el entubamiento del Maldonado – El 17 de octubre de 1945 – Íconos de la noche porteña – El Sesquicentenario de la Revolución de Mayo – El rock nacional.
Unidad XI: LA GRAN CAPITAL DEL SUR
La última dictadura y los centros clandestinos de detención – Cacciatore y el plan de Autopistas – El barrio Puerto Madero y los shoppings – Ciudad Autónoma: división en comunas.
Sobre el docente
Leonel Hernán Contreras nació el 5 de mayo de 1976. Es Licenciado en Historia de la Universidad del Salvador y trabaja en la Dirección General de Patrimonio, Museos y Casco Histórico (GCBA). Es Prosecretario de Actas de la Junta Central de Estudios Históricos de la Ciudad de Buenos Aires y Secretario de Investigaciones Históricas de la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico-Cultural de la Ciudad de Buenos Aires. Ha publicado diversos libros sobre la historia y los personajes de la Ciudad de Buenos Aires, entre otros: La leyenda del Petiso Orejudo (2000), Buenos Aires, la ciudad. breve historia (2004), Rascacielos porteños (2006), Buenos Aires: leyendas porteñas (2006), Buenos Aires y el transporte (2007), Buenos Aires Fútbol (2008), Historia cronológica de la Ciudad de Buenos Aires (2014), Petiso Orejudo: documento final (2014) y Mercados de Buenos Aires (2014).
De lunes a viernes, de 16 a 20 en Austria 2154, por teléfono llamando al 4802-8211 en los mismos días y horarios, o por mail a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar.
Los cupos son limitados. Socios de la Biblioteca, empleados municipales y profesionales de turismo tienen un descuento en el valor del curso. Además, recibirán un beneficio adicional quienes se inscriban a más de un curso.
Todos los cursos
Los talleres tienen aranceles especiales para socios de la Biblioteca. Para informes e inscripción llame al 4802-8211 (de lunes a viernes de 16 a 20) o escriba a carlossanchezviamonte@yahoo.com.ar
TALLER LITERARIO
Brindar una visión global de la poesía y la narrativa haciendo una referencia a géneros, autores (nacionales y extranjeros), las raíces, relaciones que se establecen en una literatura comparada y su vinculación con las demás artes.
HISTORIA DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES
Por el Lic. Leonel Contreras.
Lunes de 19 a 20:30 hs.
Desde Pedro de Mendoza hasta nuestros días, Leonel Contreras repasa la historia de nuestra ciudad en un taller dividido en unidades temáticas cronológicas.
Contreras es Licenciado en Historia de la Universidad del Salvador y trabaja en la Dirección General de Patrimonio, Museos y Casco Histórico de la Ciudad de Buenos Aires. Ha publicado diversos libros sobre la historia y los personajes porteños.
ITALIANO
El taller, pensado para un nivel inicial y de conversación, incluye la comprensión y producción de textos orales y escritos, fijación de aspectos comunicativos y gramaticales mediante actividades orales y escritas, ejercicios interactivos. Canciones, juegos y videos. Conversación. Propuestas de ejercitación online.
La Profesora Stella Maris Scuderi es Dottore in Lingua e Cultura Italiana de ICoN - Università di Pisa.
FRANCÉS DEL VIAJERO
Por el Prof. Sebastián Barvié
Martes de 16:30 a 18 horas. Comienza el 3 de octubre.
Destinado a toda persona de nivel principiante que desee adquirir los conocimientos lingüísticos esenciales para poder desenvolverse durante un viaje a un destino francófono. Comprensión y la expresión escrita y oral, simulando situaciones típicas a las que se enfrenta cualquier turista.
El Profesor Sebastián Barvié es Licenciado en Lenguas Extranjeras Aplicadas a la Empresa de la Universidad de Montpellier 3. Actualmente, dicta cursos de FLE (Francés Lengua Extranjera) en la Alianza Francesa de Buenos Aires, Francés de la empresa en Total Austral y Moët Hennessy, y participa del Programa de Lenguas de la Universidad de San Martin (UNSAM).
DANZA CLÁSICA PARA NIÑAS
Prof. Cristina Bartolomé
Lunes y/o jueves 17:30 horas
Nuevo taller de Danza Clásica para niñas de entre 6 y 9 años dictado por Cristina Bartolomé, quien estudió en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y la Escuela Nacional de Danzas. Se formó, además, en danza clásica con maestros como O. Kirowa, M. Ruanova, A. Mastrazzi, G. Kazda y otros. Hizo talleres de Danza de Carácter, Perfeccionamiento en yuntas, Barra á terre, Danza Moderna, Española y Técnicas Teatrales. Además, fue coreógrafa.
Por Cristina Bartolomé
Lunes y/o jueves 18:30 horas
Combinación de ejercicios de yoga, pilates, kinesiología, elongación y relajación. La propuesta de trabajo parte de una serie de ejercicios de piso y elevación que mejoran la circulación y tonifican el cuerpo. Desarrollan la fuerza flexibilidad y resistencia, alarga y fortalecen los músculos, mejoran la postura y respiración, logrando un alto grado de relajación y disminuyendo el estrés. Tu cuerpo es único, cuídalo y querelo, pues no tiene repuesto.
La profesora se formó en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón y la Escuela Nacional de Danzas, y con distintos maestros. Fue artista y coreógrafa.Como docente trabajó en el Conservatorio "Beethoven", "Studio O. Kirowa", Estudio "Gurkel - Lederer" y la Escuela de Arte “Cecilia Maresca”.
CLASES DE CANTO
Por Inés Maurel
Viernes entre las 16 y las 19 horas
Técnica vocal, respiración, vocalización y repertorio adaptado. Las clases podrán individuales o grupales, a coordinar con la docente.
Inés Maurel estudió canto en el Conservatorio López Buchardo, Manuel de Falla y Teatro Colón. Realizó estudios en Técnica Vocal, Repertorio, música Argentina y Latinoamericana, piano y técnicas teatrales. Ha realizado conciertos de Música de Cámara, Opera y Zarzuela.
Horarios de atención al público
Centro Cultural y Biblioteca Popular
Carlos Sánchez Viamonte
Austria 2154
(1425) Ciudad de Buenos Aires
Donación de libros
Página oficial del Centro Cultural y Biblioteca Popular Carlos Sánchez Viamonte. Austria 2154/56, Buenos Aires, Argentina.
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