El puñal

de Jorge Fernández Díaz
(Planeta, Buenos Aires, 2015, 456 páginas)


Esta excelente novela viene precedida de una abundante obra por parte de Jorge Fernández Díaz (Buenos Aires, 1960): Medalla de la Hispanidad, Konex de Platino, Premio Atlántida, Medalla del Bicentenario y la Cruz de la Orden de Isabel la Católica. Además de escritor es periodista, y entre sus libros figuran El dilema de los próceres, Mamá, Fernández, Corazones desatados, La segunda vida de las flores, La logia de Cádiz, La hermandad del honor, Alguien quiere ver muerto a Emilio Malbrán y Las mujeres más solas del mundo.

Remis, el protagonista, que narra en primera persona, es un matón cruel e inescrupuloso, que trabaja para los servicios, pero no en la agencia oficial, sino en una paralela destinada a las tareas más sucias y clandestinas. El autor conoce esta fauna de extorsionadores, espías, soplones y asesinos (fue cronista policial). Asimismo, posee conocimientos sobre la informática utilizada en espionajes y seguimientos y de las características de innumerables armas.

Aquí, el caso concreto es una exportación desde la Argentina de cocaína diluida en botellas de vino. Y se señala a la corrupción como eje de las instituciones nacionales y refiere que los sistemas de seguridad y las custodias están a la orden del día. Uno de los personajes asevera: “¿Dónde viste que tengamos una mafia mejor organizada que la policía?”/ “La plata del juego, la prostitución, el robo y la frula subía en billetes arrugados hacia la política”.

La relación fría y profesional entre la abogada española Nuria Menéndez Lugo –cómplice clave de la operación- y Remis, su guardaespaldas, está desarrollada con sagacidad: sólo son socios, o más apropiadamente ella es la patrona y él su peón, aunque esa situación no impide que mantengan relaciones. Sin embargo, el vasallo termina enamorándose de los encantos de la sofisticada dama.

En el último tramo de El puñal, Fernández Díaz demuestra ser un maestro del suspenso: sólo refiere los movimientos de Remis sin dar mayores detalles de sus propósitos y planes. El lector no sabe lo que está pasando, salvo que existe una amenaza latente que en cualquier momento aplastará a los narcotraficantes. Asimismo hay un estupendo manejo del recurso de la sorpresa, que generalmente es una agresión inesperada. En este sentido las escenas de acción y de tiroteos están desarrolladas con suma pericia y aparecen muchos recursos narrativos propios de las series norteamericanas.

El estilo de este libro sólido y contundente resulta duro y tajante, y en su prosa y en sus diálogos se emplean malas palabras, el lunfardo y la jerga propia del hampa.

Como afirma Arturo Pérez-Reverte en la contratapa: “Dura, negra, violenta, desencantada y apasionante novela. El puñal es tan argentina que estremece.”

Germán Cáceres

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