Bibliotecas siglo XXI: un nuevo pacto con los lectores

La humanidad suele vaticinar la muerte de un objeto diseñado por las generaciones previas, en pos de los vientos de cambio que trae el presente. Ocurrió con el libro, vulnerable ante el presunto ocaso de los lectores y ante los incipientes materiales que sustituirían el papel. Esta predicción errada se trasladó a las bibliotecas. Sin embargo, los expertos hablan de un amanecer, que hoy, en su día, celebran con certezas y desafíos.



Las cifras son alentadoras: las bibliotecas de todo el mundo incorporan nuevos lectores cada año. Si en su origen eran un templo del saber, hoy abandonan ese lugar estático y salen a la conquista de nuevos públicos y a la fidelización de sus socios recientes.

El desafío es crear lugares dinámicos de encuentro de la comunidad y abandonar la solemnidad, para convertirse en sitios de concurrencia cotidiana. Una estrategia en la era de Internet es moverse en sintonía con el ritmo que marcan los bits.

A su vez, un nuevo pacto surge entre el lector y ese espacio de consulta y lectura. Y más allá de los edificios, ahora las bibliotecas también entran en las casas con sus catálogos digitalizados.

"Un mundo de conocimiento los rodea y ustedes pasan la noche entera jugando al póker", rumia el detective que interpreta Morgan Freeman en Siete pecados capitales a los guardias de seguridad de la Biblioteca Pública de Nueva York. Es allí, rodeada de libros, con un acceso privilegiado una vez cerradas las puertas al público general, y no en un callejón, donde la razón se ilumina y se resuelve el enigma de este policial negro. No solo el veterano investigador encuentra en esos clásicos el patrón que obedecía el asesino serial, sino que además logra dar con la identidad y el paradero del sádico, explícitos en las fichas manuscritas de los libros que llevaba a casa. Esta es la imagen arquetípica de las bibliotecas del siglo XX, incluso retratadas con una paleta oscura, donde los lectores constituyen un grupo reducido. Ya diez años después del estreno de esta película, con este mismo telón de fondo, en el mismo edificio y en pleno mediodía luminoso, Sex & the Cityubicaba allí a Carrie Bradshaw y su frustrada boda. Es decir, la biblioteca aparece como un lugar al que se acude no sólo en busca de libros.

"Usuarios." Este es el término que eligen los expertos. El número de personas vinculadas con estas instituciones crece de modo optimista. Alejandra Ramírez, titular de las Bibliotecas y Promoción de la Lectura de la Ciudad de Buenos Aires, destaca que desde 2010 se incrementó el número de socios de la red un 45%, y hoy suman 60 mil: "Buscamos instalar las bibliotecas en la vida cotidiana, que la gente vaya a consultar en Internet, a leer el diario y a participar de acciones que no tienen que ver sólo con la lectura". En esta línea, Courtney Young, presidenta de la American Library Association (ALA), que agrupa 56 mil bibliotecas en los Estados Unidos, dice que las bibliotecas "son un lugar para aprender, crear y compartir". Esta institución precisa que el nivel de participación de los lectores en las bibliotecas de su país se incrementó en la última década un 54%, es decir que 92,6 millones de personas hacen uso de ellas.

Espacios amigables y confortables que propicien tanto los encuentros entre personas como del libro con el lector. Ramírez destaca el caso de la biblioteca Joaquín V. González, en el barrio de La Boca, un edificio intervenido por Milo Lockett que desde su rediseño dejó de ser víctima del vandalismo. Este edificio fue pionero en regresar al sistema de estantería abierta con el que el lector puede pasear por los pasillos y dejarse tentar.

"Las bibliotecas que encuentren el balance entre su utilización innovadora del espacio para así satisfacer las necesidades de los usuarios -espacios silenciosos, salas de reunión, de talleres y de juego- y el acceso a recursos actualizados de información, tanto en formato digital como impreso, serán las más exitosas", sostiene el vicesecretario general de la Federación Internacional de Asociaciones e Instituciones Bibliotecarias (IFLA), Stuart Hamilton. Esta opinión la comparte la presidenta de ALA, quien resume en tres los ingredientes que deberán tener las bibliotecas en 2050: "Más tecnología, incluyendo centros de computación y lugares para aquellos que quieran tener acceso a wifi; más espacios para la comunidad, incluyendo auditorios y salas de reunión; y más espacios vibrantes y cómodos que incluyan áreas para los adolescentes".

La biblioteca del siglo XXI debe adaptarse a la velocidad y a los criterios de búsqueda de información de sus usuarios. Elsa Barber, subdirectora de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, asegura que ya se han informatizado todos los procesos: "Se puso a disposición la consulta de sus colecciones a través de su nuevo catálogo en línea de acceso público desde su sitio web, que ofrece al mundo la información sobre los diferentes materiales que posee y el acceso al objeto digital del recurso, cuando este existe". Las necesidades de los lectores no se limitan a textos en términos estrictos. Esta biblioteca creó un repositorio de documentación en formato digital del acervo: la Biblioteca Digital Trapalanda, que contiene una selección de archivos audiovisuales y sonoros, fotografías, música impresa y manuscrita.

Ana Santos Aramburo, directora de la Biblioteca Nacional de España, precisa que esta institución recibió en la última década más consultas que en tres siglos de vida: "Se descargan millones de páginas cada año de la Biblioteca Digital Hispánica y de la Hemeroteca Digital y cada vez tenemos menos lectores y menos préstamos en las salas. La facilidad de uso de las colecciones es ahora mucho mayor y eso produce que el crecimiento de accesos sea exponencial".

La arquitectura es un aliado que fusiona las tendencias, la tecnología y las necesidades intelectuales. En Cataluña, como regalo para toda la comunidad, en la última Navidad se inauguró el edificio de la Biblioteca Pública de Girona, una construcción modelo de amplios ventanales y paredes traslúcidas para que los usuarios tengan luz natural y también estén conectados con espacios verdes a su alrededor. Otra biblioteca elogiada por su arquitectura es la de Stuttgart, en Alemania, que se ha convertido también en una atracción turística por su estética minimalista. Inaugurada en 2011 e ideada por el coreano Eun Young Yi, en su edificio diseñado como un cubo que atrae la luz solar impera el color blanco para transmitir serenidad.

Aunque resulte paradójico, si bien se rediseñan los espacios, las bibliotecas tienen cada vez menos lectores in situ, aunque las consultas son cada vez mayores. "Esos espacios que hasta hace poco se dedicaban a la consulta de los fondos de las bibliotecas deben utilizarse como salas de trabajo en grupo o para prestar nuevos servicios, como ayuda a determinados colectivos, a buscar trabajo, a facilitar la integración social a personas que viven en barrios en riesgo, por ejemplo, en el caso de las bibliotecas públicas", sostiene Santos Aramburo.

Las bibliotecas se repiensan a sí mismas y, claro, también sus profesionales. El director de la biblioteca Jorge Luis Borges de la Academia Argentina de Letras, Alejandro Parada, destaca este nuevo perfil: "No debe ser con el uso de las tecnologías de la información (fundamentales e imprescindibles) una especie de «bárbaro especializado», como sostenía Ortega y Gasset. Debe mirar a sus costados, debe tener sensibilidad social e interés intelectual, debe tratar de llegar a aquellos sectores a los cuales una biblioteca virtual les resulta algo totalmente ajeno". Parada es además docente de la primera Maestría en Bibliotecología y Ciencia de la Información, que nace a partir de un convenio entre la Universidad de Buenos Aires y la Biblioteca Nacional Mariano Moreno.

Las bibliotecas tienen la responsabilidad de reforzar los lazos de su hábitat. Courtney Young destaca el ejemplo de 2014 en EE.UU., con el asesinato de Michael Brown en Missouri, y la consecuente ola de violencia que ocasionó el cierre de los colegios: "Las bibliotecas se convirtieron en «escuelas ad hoc» donde maestros en ejercicio y retirados, así como también voluntarios, daban clase a los alumnos".

Sobre el reto de incorporar nuevos lectores a los dos segmentos tradicionales bien delimitados, los estudiantes y la población pasiva, Ramírez habla de un segmento intermedio que hay que atraer: "Tenemos clubes de lectura y clases de apoyo escolar. Esto abrió nuevos lectores, porque los chicos son acompañados por un adulto. Los invitamos a que pasen a leer mientras esperan a sus hijos". El profesional de las bibliotecas sale así a la caza de nuevos públicos.

Las bibliotecas y los gobiernos destinan fondos para llevar a cabo los costosos procesos de digitalizar sus obras y catálogos. Así, aparecen virtudes de esta apuesta, por ejemplo, que un mismo texto pueda ser consultado por más lectores. También se puede obtener de modo veloz un listado de las preferencias de una comunidad y, finalmente, de un país. La ALA publicó el ranking de los diez libros más prestados en los EE.UU. en 2014 y señala un hecho valioso: las dos novelas más leídas, The Absolutely True Diary of a Part-Time Indian, de Sherman Alexie, y Persépolis, de Marjane Satrapi, retratan una cultura muy diferente a la norteamericana.

Las bibliotecas tienen una mayor presencia en los hogares, donde los socios acceden a su caudal desde sus computadoras, e incluso tienen su presencia en las calles. En Madrid existe el Bibliometro, o bibliotecas exprés, ubicadas en distintas estaciones de subte, donde los pasajeros/lectores pueden acceder a volúmenes y novedades (como También esto pasará, de Milena Busquets, y Después del invierno, de Guadalupe Nettel). En la ciudad de Buenos Aires se incorporó en la estación de subte Plaza Italia una biblioteca virtual con 200 volúmenes a los que los usuarios pueden acceder de modo gratuito descargando una aplicación.

Ahora bien, así como la tecnología trae beneficios, también trae aparejada la necesidad de reaccionar ante este nuevo escenario. La IFLA, organismo no gubernamental con más de 1400 miembros en 150 países, asegura en su informe anual que así como una persona debe tener determinadas competencias para ser considerada un lector, quien no posea un índice de alfabetización digital "enfrentará obstáculos para su inclusión en una creciente gama de áreas". La digitalización no es la panacea de nada, sino apenas el puntapié de un debate que estudian las bibliotecas. "Estamos muy en el comienzo de la era de la e-lectura. No hemos llegado aún a la situación en la que todas las bibliotecas del mundo tengan acceso a su catálogo digitalizado. Hoy padecemos que no podemos comprar los libros digitales, sino sólo su licencia. Los e-préstamos pueden serles beneficiosos tanto a las bibliotecas (les ofrecen a los usuarios lo que ellos quieren) como a los autores (porque exponen sus textos a nuevas generaciones de lectores)", opina el vicesecretario general de la prestigiosa IFLA, con sede en La Haya, Stuart Hamilton.

Las bibliotecas se convirtieron en un referente al que miran los gobiernos y empresas porque son un tesoro eficaz de información personal de sus usuarios. Y aquí nace un debate sobre el fin de la privacidad. "¿Qué responsabilidades tienen las bibliotecas en la protección de los datos de sus usuarios? Si éstas son meros intermediarios de acceso entre los creadores y los distribuidores de contenidos, capaces de explotar los datos personales de sus usuarios; ¿las bibliotecas han pasado a formar parte del nuevo modelo de negocios de la Minería de la Información?", plantea la IFLA. En este escenario se resuelve el problema planteado al inicio. El detective de Siete pecados capitales, él y su carné de socio ya jubilados, podrían haber resuelto el enigma desde el sillón de su casa, con su usuario y contraseña, sin la necesidad de pasar la noche en la biblioteca, y con la veña del bibliotecario, quien habría cruzado en segundos los datos del sospechoso.
PALABRA DE BIBLIOTECARIO, EN SU DÍA
"La biblioteca del futuro debe de ser un lugar para dialogar, para intercambiar datos e informaciones. Una morada para elaborar conocimientos." Alejandro Parada (Academia Argentina de Letras)

"La idea es dar acceso no sólo a los recursos que se han digitalizado en cada biblioteca, sino también a las obras que han digitalizado otras bibliotecas e instituciones del mundo." Elsa Barber (Biblioteca Nacional Mariano Moreno)
"La explosión de las tecnologías obliga a una mayor capacidad de adaptación. El bibliotecario deberá dar servicios más novedosos." Ana Santos Aramburu (Biblioteca Nacional de España)

Laura Ventura
Diario La Nación, 13 de septiembre de 2015